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El Test de Bechdel

Inicialmente publicado en el blog de Ana Aldea.

Allison Bechdel es una autora de cómics estadounidense, popular por su tira “Dykes to Watch out for”, (en español “Unas bollos de cuidado”, Egalés). En una de sus tiras más antiguas, una mujer le explica a otra que sólo ve películas que cumplan tres sencillas normas. Tiene que haber como mínimo dos personajes femeninos, con nombre, y tienen al menos una conversación sobre algo que no es un hombre.

No es ninguna novedad que la industria del cine es sexista. El test de Bechdel demuestra en parte hasta qué punto. En cartelera, sobre todo si son de Hollywood, tenemos películas que no cumplen el test porque:

  1. No hay mujeres. No las hay, y punto.
  2. Hay una o dos desconectadas entre sí. Esto es lo más frecuente. Tienes la novia, y la exnovia. O en películas de acción o superhéroes, tienes el líder, el ingeniero, la fuerza bruta, el gracioso, y La Chica.
  3. Si hay más de una mujer, sólo hablan acerca de hombres. No se trata de que hablen de amor, o de relaciones amorosas. Hablan de hombres.

El Test de Bechdel me obsesiona. ¿qué dicen las películas sobre las mujeres? ¿sólo podemos ser la novia? ¿Sólo podemos ser la única mujer del Consejo de Administración? ¿Son los hombres lo único que nos interesa?

No son preguntas tontas. Hace algún tiempo, Linda Holmes escribió una carta abierta a Pixar. Resumen: Querido Pixar: has hecho diez películas muy buenas. ¿Podrías, por favor, hacer una película sobre una protagonista femenina que no sea una princesa? Gracias, Linda. A mí no me parece mucho pedir. Para alguno de los más de cien comentarios, sí lo era, pues hay muchos divididos entre “Las chicas tenéis bastante con Studio Ghibli, si es que lo queréis todo” y “¿pero qué tienen de malo las princesas?”

En otros contextos, se dice que la tercera parte de la regla no se cumple porque a las mujeres nos gustan las películas románticas, es decir, que sólo nos interesa ver a mujeres heterosexuales hablando de sus parejas. Por otra parte, cuando he hablado del test a hombres y adolescentes españoles, el comentario que me he encontrado es “es que yo no me fijo en eso, es que yo no voy al cine a ver mujeres o ver hombres”. Qué suerte tenéis los que podéis ir al cine a ver gente que es igual a vosotros, y lo consideráis normalidad invisible.

Acabé por fijarme en otra cosa. ¿Cuántas películas en las que aparecen mujeres, no muestran violencia sexual y además no son infantiles? De verdad que en aquel momento no recordaba ni una. En cuando una película saca a una mujer un poco de rato seguido, o tiene más de una mujer, ¡BAM!La idea es “si una mujer sale en pantalla más de 20 minutos seguidos, acabará por hacerse violar”. Si crees que exagero, por favor ponme ejemplos de películas que no cumplan esto. Y aprovecharé para incluirlas en mi listado de pelis que cumplen el Test de Bechdel Avanzado.

Breve historia del feminismo

El 10 de Septiembre, aniversario de la muerte de Mary Wollstonecraft, puse en Twitter una breve historia del feminismo con el hashtag #feminismo101, acompañada de la advertencia de que mi punto de vista es fundamentalmente anglosajón, porque esa es la formación que he tenido. Hay más teorías y escuelas, fundamentalmente francesas.

Como muchos movimientos políticos, el feminismo ha pasado por fases que a veces son contradictorias entre sí. Algo domina al principio: la clave es que se ha preocupado durante unos dos siglos (desde finales del XVIII) sólo por las mujeres burguesas. Por lo tanto, el “pecado original” no ha sido atacar a los hombres, sino ser un movimiento discriminatorio contra muchas mujeres.

Aunque hay precedentes más antiguos, las primeras reivindicaciones, en los siglos XVIII-XIX las reivindicaciones fueron: el voto, el acceso a la educación y a las profesiones, y la propiedad. Un malentendido común es que se pedía la “incorporación al mercado laboral”. Esto es una simplificación. Las mujeres trabajaban en la industria, la agricultura, el servicio doméstico y alguna otra tarea más. Siempre fuera de la clase media. Las primeras feministas no defendían mejores condiciones o igualdad salarial con los hombres para estas mujeres.

La sociedad del siglo XIX aplicaba un triple estándar: por un lado, estaba su construcción de lo masculino. Y por otra parte, se predicaba un naturaleza completamente diferente para las mujeres obreras y para las burguesas. El ideal femenino tenía características incompatibles con estudiar o con ser profesional: inocencia sexual, ingenuidad, pasividad, ausencia de instintos animales como la violencia, falta de competitividad, fragilidad física, hipersensibilidad, miedo, espíritu de sacrificio, domesticidad. Las burguesas feministas rechazaron la feminidad de su tiempo sin atacar la contradicción que era la existencia de lecheras, mineras, cocineras, etc.

La reclamación de derechos civiles también beneficiaba a las mujeres ricas. En aquel momento y hasta bien entrado el siglo XX, las mujeres casadas no eran personas ante la ley. Sus propiedades, y su salario caso de tenerlo, pertenecían a su marido. Para solucionar posibles injusticias, hubo dos corrientes que se llevaron mal entre sí: la defensa del divorcio y la defensa de la personalidad ante la ley de la mujer casada.

A la larga, la primera oleada tuvo éxito. Sólo 5 naciones niegan hoy los derechos civiles básicos.

En los 50-60, surge el “Feminismo de 2º generación”. Simplificando, mujeres blancas, ricas, heterosexuales reclamaron la igualdad social con los hombres blancos, ricos y heterosexuales. Aunque tenía buenas intenciones y consiguió algunos resultados muy positivos, fue profundamente racista y clasista, a veces por omisión y otras veces activamente. Resulta algo embarazoso leer en algunos de sus textos principales cómo para que las madres salieran a trabajar, se presupone un servicio doméstico de mujeres negras (en Estados Unidos) y/o pobres (en todas partes). La domesticidad es un concepto muy atacado y se propone que es una trampa para mantener a las mujeres alejadas del mundo laboral y económico. También se ataca la feminidad tal como se entendía en aquel momento: coquetería, suavidad, romanticismo, instinto maternal.

El feminismo original no había hablado de sexo, excepto en casos contados para referise al control de la natalidad. En la segunda ola, las actitudes respecto al sexo son variadas, aunque tienden a ser positivas. Rechazar la coquetería no es rechazar el sexo.

En los años 70 la cosa empieza a ponerse complicada cuando aparecen dos movimientos contra las limitaciones del feminismo de 2º generación: el womanism (“mujerismo”) y el feminismo radical. Es importante recordar que la década de los 60 es la de la lucha por los derechos civiles en Estados Unidos (donde hasta 1965 había un régimen muy parecido al apartheid) y que en los 70 tienen lugar muchas reivindicaciones por los derechos de los homosexuales.

El womanism se resume fácil: el feminismo es racista, y todas las mujeres blancas se benefician del racismo. Como mujer blanca, leer a autoras mujeristas me da la sensación que imagino que deben sentir los hombres cuando oyen hablar de feminismo: una vaga sensación de que me están acusando de unos actos de violencia que no he realizado yo personalmente. Aquí se explica que la feminidad no ha sido inventada sólo por oposición a los hombres, haciendo de las mujeres anti-hombres (no-violentas, no-fuertes, no-sexuales, etc, etc) sino que además se crea por oposición a la mujer de cualquier otra raza, que se convierte en todo lo que interesa a los blancos, hombres y mujeres: no es delicada, ni frágil, pura o inocente, tiene unos irreprimibles deseos sexuales…

El feminismo radical es otra cosa. Las principales voces son lesbianas que reaccionan en contra de los ideales masculinizados de la 2º generación, que había caído en la trampa de aspirar excesivamente a lo masculino. Si antes se quería “ser como hombres”, las radicales querían lo contrario: evitar todo lo masculino. El movimiento era (es) provocativo, a veces anti-heterosexual, a veces misándrico, a veces anarquista y otras de izquierda. No todas sus propuestas son serias ni viables, sino que buscan hacer pensar. Algunas radicales piensan que la feminidad es una estrategia de supervivencia en un mundo hostil a la mujer, y su opinión sobre la domesticidad es parecida a la de la segunda ola: no, gracias. Comparte con el womanismo la búsqueda de un modo-de-ser-mujer nuevo, libre, algo más que un “quiero los derechos de los hombres”.

La mejor herencia del feminismo radical es su anticapitalismo, y la idea de que los diversos sistemas de opresión están interconectados. Por ejemplo: el hombre primero determina que las mujeres deben pertenecer a los hombres, y a cada hombre los hijos de su mujer o mujeres. De ahí se deriva por una parte la propiedad, y la idea accesoria de que los ricos son mejores y mandan sobre los pobres, y por otra parte, la idea de que los más mayores mandan sobre los más jóvenes. Lo siguiente puede ser la lucha por el territorio, las cosas, o las mujeres de los demás hombres. O un ejemplo positivo: las mujeres deberían sentirse unidas entre sí y debería haber más solidaridad entre ricas y pobres, pues sus problemas son muy diferentes pero el “enemigo común” es el patriarcado.

La tercera ola, por último, quiere ser un movimiento global que supere los errores de la segunda. Empieza entre finales de los 80 y principios de los 90. Se asume que si no luchamos contra todas las desigualdades a la vez, sólo estamos manteniendo un equilibrio violento y frágil. Si la sociedad tiene forma de pirámide escalonada con los hombres blancos y ricos arriba, y las mujeres como yo en segundo lugar, no podemos desear una pirámide truncada con los hombres a nuestra altura: tenemos que derribar toda la pirámide entre todos.

Los principales intereses de la tercera generación son la violencia de género, la violencia sexual, las alternativas a la familia nuclear, la mujer en el 3er Mundo, y el colectivo LBGT. Se piensa que la feminidad es una construcción social, pero ni positiva ni negativa a menos que atrape o sea impuesta, al igual que la domesticidad.

Quienes critican el término “feminismo” aunque estén a favor de la igualdad de hombres y mujeres suelen malentender “1º generación”, un movimiento superado porque funcionó, y dicen “¡pero si ya hay igualdad!”. Pregúntaselo a, no sé, una familia pobre en el sur de la India a la hora de decidir cómo reparten la carne y cuántos años van a la escuela sus hijas. Otros malentienden “feminismo radical”, es decir, que todas creemos que la mujer es mejor o que la convivencia es imposible. Nada más falso. Claro que hay feministas radicales, pero también hay muchas que no.

En otros dos posts, pronto: preguntas surgidas de Twitter, y lecturas recomendadas.