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Dinner, tea, supper: los nombres de las comidas en inglés.

Una de las cosas en las que más variación nos encontramos dentro del mismo idioma son los nombres de las cosas de comer. En España cambian los nombres de los alimentos (alubias, habichuelas, judías, frijoles), pero no las ocasiones en las que comemos, así que cuando los españoles aprendemos inglés y viajamos al Reino Unido y demás países donde la gente habla y come raro, nos sorprendemos. Lo que voy a contar se basa en mi experiencia y puede que quien lea sepa algo distinto.

Empecemos con el desayuno: los ingleses desayunan más o menos igual de mal que nosotros aunque la bebida es té y no café. Tostadas de pan de molde con mermelada, o cereales, son la dieta básica. En Escocia son tradicionales las gachas de avena, calientes, y se pueden incluso comprar instantáneas para hacer una especie de papilla ahorrando los dos minutos de cocción que necesitan las de verdad. El desayuno típico no es algo que se coma todos los días y muchos locales lo sirven como “all-day breakfast”. Cuando se toma para cenar, en novelas lo he visto descrito como “a fry” o “a fry-up”, “una fritura” o más bien “fritanga”. Sus elementos son:

– Huevos fritos o revueltos, nunca escalfados o cocidos.
– Bacon.
– Salchichas.
– una rodajita de morcilla.
– “baked beans”, alubias blancas con salsa de tomate.
– Medio tomate pasado por la sartén.
– Champiñones salteados o a la plancha.

Las verduras son una incorporación moderna. En Escocia también te puedes encontrar un poco de haggis, y en Irlanda entre otros sitios, algo de patata. Tortitas de patata, por ejemplo. Esto se acompaña con té fuerte.

Ah, el té. Los británicos no se lo toman con ninguna ceremonia: casi siempre es de bolsitas y he les he visto hacerlo en el microondas (blehhhhh). Eso sí, es mucho más fuerte y de mejor calidad que las marcas que se encuentran por aquí. Es una necesidad del agua de Londres, por otra parte: el té con agua dura tiene menos sabor. Lo beben a todas horas. Lo entiendo, porque hace mucho frío, y además el alcohol se supone que sirve para emborracharse y se bebe por pintas, así que bueno, algo hay que beber. A la mayoría de la gente no les gustan nada las infusiones.

El desayuno siempre es breakfast. La palabra “elevenses” para referirse a comer algo a media mañana existe, pero sólo la he visto en El Señor de Los Anillos y referida a los hobbits.

Y llegamos a la hora de comer, que empieza a las doce y es bastante corta; a las dos ya es tarde, aunque en realidad esto es así en todas partes menos en España.  Esta comida se llama lunch… menos cuando se llama dinner. ¿Y eso cuándo es? Primero, es la principal comida del día. Eso le pasa a los escolares (en inglés británico, la comida de comedor se llama school dinner y las personas que te dan de comer son dinner ladies) y lo he visto también en un convento (qué hacía yo en un convento es otra película). También ocurre que en determinadas comunidades de clase obrera, donde se trabajaba hasta la puesta de sol en lugar de hasta media tarde, la comida de mediodía tenía que ser fuerte para tener energía lo que quedaba de jornada. Ahora eso se asocia al norte de Inglaterra y a partes del sur de Estados Unidos. En un contexto tipo Downton Abbey, los criados llamaban dinner a su comida de mediodía y lunch a la de los señores, porque no era la misma clase de comida. Los restaurantes siempre sirven lunch.

Suponte que has comido temprano o que estás de celebración: el famoso “té de las cinco” se tomaba más o menos de cuatro a cinco, no a partir de las cinco. Al fin y al cabo, se cena entre las siete y las ocho. Nadie lo llama “five o’clock tea“. Se puede llamar high tea o cream tea si lo que vas a tomar es una merienda elegante con pastelitos y sandwiches, y quieres distinguirlo del té con dos galletas de cualquier otro día.

Pasamos a la cena. Aquí tenemos tres palabras: dinner, supper y tea. Su uso depende de muchas cosas.

  • Dinner: la palabra mayoritaria. La usas si lo que vas a tomar es la comida más fuerte del día y si comes en un restaurante. Es ir sobre seguro, seguro que no te equivocas. Lo que comiste al mediodía se llamaba lunch.
  • Tea, meat tea o high tea: La usan en el norte de Inglaterra y es muy de clase obrera. A mí me suena muy a Billy Elliott. Lo que se comió a mediodía probablemente se llamaba dinner. Si la usas fuera de este contexto tan limitado social y geográficamente la gente se va a quedar como un andaluz que pidiera “manchao y media” a las ocho de la mañana en una cafetería de Bilbao(1).
  • Supper: la usas si dinner fue al mediodía, y eres demasiado pijo para llamar tea a la cena. Por ejemplo, es la cena de los empleados de Downton Abbey, que considerarían una vulgaridad decir “tea”. Lo más seguro es que sea algo frío o ligero.

Supper también puede ser lo que mi madre llama “resopón”, es decir, algo ligero que se come por la noche. A ver, si cenaste a las siete, a las nueve te apetece picar algo. Siempre me suena a las galletitas con queso de Wallace, el de Wallace & Gromit. Los locales de comida rápida en Escocia añaden supper como sufijo para indicar que algo va acompañado de patatas fritas: “fish supper”, “sausage supper”, y así, da igual a qué hora del día lo pidas.

Deberían tener un nombre para la cena de madrugada que hacen cuando los echan del pub o la discoteca a medianoche, y van a por comida rápida para acabar de arreglar la borrachera, pero aún no lo han inventado.

(1) En Andalucía occidental, un manchado es un café con leche con un poco más de leche que de café. Media, o media tostada, es una sola rebanada de pan tostado, normalmente la mitad de alguna clase de bollito. Los británicos no son los únicos raros.

Cómo comer bien en un piso de estudiantes.

Por ahí hay muchas webs y muchos libros sobre cómo comer fácil y barato. En ese sentido, recomiendo la iniciativa “5 euros al día” de Anna Mayer (el enlace es al tag en su blog) y Jorge Guitián (posts de él: introducción, continuación, conclusiones).En este blog no hablo de cocina porque ya tengo uno de recetas: éste es el archivo y ésta es la ubicación actual. Lo que voy a hacer hoy es añadir a la iniciativa de Jorge y Anna algunos consejos sobre mi propia experiencia, viviendo sola y compartiendo piso, por eso lo de “presupuesto de estudiante”. Compartir la cocina puede tener inconvenientes para la convivencia, pero a la hora de ahorrar dinero es lo mejor.

Primero, una palabra sobre materiales. Algunas cosas que puedes pedir que te regalen por Navidad son:

– Una batidora de brazo desmontable, si te apetece aprender a hacer recetas que requieran picados finos, salsas que van batidas, gazpacho, crema de verduras, etc.

– Cuchillos de buena calidad. Uno de chef y uno pequeño para pelar son el equipo mínimo. Ejemplos. Y para cortar, una tabla, nada de cortar en el aire, que te vas a quedar sin dedos.

– Una olla rápida. Son la siguiente generación de ollas a presión. Si tienes que pagar tú el gas, es caro guisar carne y legumbres en olla normal. Las legumbres son maravillosas una vez que sabes prepararlas.

Cualquier otra cosa (sartenes, ollas, etc) asumo que la tienes en el piso. Estas son cosas que no suele haber en pisos de alquiler y que, aunque no son baratas, son fáciles de transportar. Piensa a largo plazo: compra los mejores que te puedas permitir. He usado dos batidoras de brazo: la que me regalaron hace 12 años era de calidad y está como nueva. La malilla que compré en una emergencia no me duró un curso porque el plástico se rajó. A esto lo llamamos “Ley de Vimes”(1): lo barato sale caro.

A continuación, hablemos de los compañeros. El peor reparto posible es “comemos juntos, un día cocinas tú, mañana yo, tú pagas lo tuyo y yo lo mío”, porque nunca sabes qué vas a comer, puede no gustarte, y además, el presupuesto de cada uno puede variar. Cuando he comido así ha sido con alguien que ganaba mucho más dinero que yo, lo que me ponía en una posición incómoda. También me he visto en el extremo opuesto: todo el mundo contribuye dinero, y una sola persona cocina. Bueno, yo cocinaba y decidía el menú a partir de los ingredientes escogidos por todos. Lo malo de esto es que genera tensiones en el reparto de poder (sí, sí, poder): quien cocina decide, quien come pone pegas, si “quien cocina no friega” los friegaplatos acaban hartos…. lo mejor es algo más equilibrado.

Las cosas hay que hablarlas. Lo ideal es saber cuánto dinero podemos y queremos poner, qué manías tiene cada uno, y qué necesidades. Hay alimentos que tienen que quedar fuera (uno toma café, otra merienda galletas) y es posible que alguien sólo quiera hacer un reparto parcial porque come fuera o cena poco. En cuanto a poner dinero, a mí me ha funcionado el sistema del fondo común. Cuando sabemos qué gastos son comunes, se coge un monedero o caja o algo así y echamos dinero a partes iguales. Cuando haga falta comprar algo, quien quiera y pueda hace la compra. Así nos ahorramos echar cuentas de si esta vez yo compré servilletas y tú manzanas. El dinero común va al fondo, y el fondo sólo se gasta en las cosas comunes. Si a alguien le dan comidas caseras de su familia los fines de semana, y las quiere compartir, se puede acordar que puntúe como “añadido al fondo común” o hacer un trueque por fregar los platos, la guarnición, etc. Si resulta que un miembro del grupo es de algún lugar con comida deliciosa y barata, y puede traer carne de la sierra, pescado, fruta del huerto de su tío… Estas cosas o se compran con dinero del fondo, o se calcula cuánto valen y ajustamos cuentas. Parece muy calculado y frío, pero hay tantas cosas que pueden producir roces desagradables y pequeñas injusticias cotidianas, que si nos peleamos, que no sea por dinero.(2)

Ya tenemos descartados los descartes y hemos juntado dinero, hagamos primero el menú, luego la compra, y luego arreglamos el menú. ¿Es laborioso? Un poco, hasta que aprendes, pero luego ahorras muchísimo tiempo y dinero. Un ejemplo: Los lunes no vamos a tener nunca nada hecho porque el domingo se lo hemos dedicado a la vida social o los deberes. Así que todos los lunes toca algo rápido (supongamos filetes y ensalada como base, y ya variaremos). Alguien no tiene clase el miércoles y puede vigilar una olla: no comeremos lentejas todos los miércoles, pero si comemos lentejas, será ese día. De esta manera, nos queda un “esqueleto” del menú. En plan “lunes pasta, martes pollo, miércoles nada porque comemos en la facultad, jueves puchero, viernes lo que sobró de puchero, sábado arroz, domingo decidimos sobre la marcha porque estaremos con resaca”. Y con las cenas más o menos igual. Entonces, sobre lo que nos apetece (“esta semana os voy a hacer mi famosa Pasta a la Yo“) hacemos la lista de la compra. Lo mejor es comprar semanalmente. Y cuando vamos a hacer la compra, miramos qué está de oferta. Si pensabas comprar pollo pero están de oferta el pavo, pues pavo. Si hay 3 x 2 en pasta, pues compra para que dure. Y así.

A la hora de cocinar y comer, unos cuantos consejos:

– Evita las salchichas, los fiambres, y demás inventos. Parecen baratos porque se comen porciones pequeñas, pero mira los ingredientes y el precio por kilo. Es comprar agua, fécula de patata, harina de soja, tendones y grasa a precio de carne (3).

– Evita, o programa al mínimo, los precocinados. Los hay de calidad, pero todos salen caros. Los semipreparados (por ejemplo, verdura troceada) no salen a cuenta tampoco si lo que quieres es ahorrar.

– En el supermercado mira el precio por kilo de todo, sobre todo lo fresco. Puede que manzanas en bandeja, manzanas a granel y manzanas en una bolsa tengan precios diferentes.

– Los fritos caseros gastan una cantidad de aceite muy grande. Yo como cosas fritas casi siempre que tapeo, porque me encantan, pero intento no freír en casa. Una especialidad de la comida de supervivencia: la tortilla de patata cocida.

– Cocina para reutilizar. Ahorras tiempo y gas. Por ejemplo: haz el doble de patatas cocidas y con la segunda parte haz ensalada, revuelto, sopa… Otros platos muy reciclables son la sopa, el caldo, la salsa de tomate, el pisto, el arroz blanco. La pasta cocida sobrante está buena frita en tortilla, mejor que recalentada.

– Aprende a trocear bien el pollo. En un momento en el que convivíamos 3 personas, con un pollo hacía: caldo con las alas y la carcasa (sopa y ropavieja o empanada con la carne pegada al hueso); un guiso con los cuartos traseros (para comer con arroz y verdura) y salteado como comida china con las pechugas. Entre 4 y 5 comidas. Entre 8 y 15 raciones, por alrededor de 8 euros (sólo la carne).

– Plantea las comidas más o menos así: 1/3 hidratos de carbono, 1/3 proteínas que no tienen por qué ser animales, 1/3 verdura. Fruta de postre. Esto, si no hay ningún problema nutricional. Es variable, pero no reduzcas la cantidad de verdura. Si piensas en un esquema con “cajones” que tienes que llenar, planear el menú y no comer siempre lo mismo es más fácil. Varía la manera de preparar la parte de hidratos de carbono (arroz blanco, caldoso, en guiso, en ensalada, en sopa…)

– Trabaja las recetas y las técnicas básicas como fórmulas con “variables” que rellenar. Por ejemplo: mucha gente sabe hacer crema de calabacín: un poquito de puerro o cebolla se rehoga con aceite, 1/3 de papas y 2/3 de calabacín, agua, sal, cocemos 20 minutos, trituramos, queso. ¿sí? Pues esto no es la receta de la crema de calabacín, sino la de todas las verduras del mundo. Te puedes inventar la crema de coliflor, o la de espinacas. Y así hasta el infinito.

– Si comes muchos días a la semana fuera de casa, llevarte tupper a diario puede ser pesado, siempre bocadillo es poco sano, y siempre comer fuera es carísimo. Si llegas al extremo de comer fuera 4 días en semana, por ejemplo, puedes alternar. Un día bocadillo (mira, una fórmula para hacer bocadillos ricos), un día comedor universitario, dos días tupper.

– El consejo “usa especias, así no te aburrirás” es cierto. Y salsas. Aprender a hacer salsa de tomate casera o a adornar (con mostaza, especias….) una mayonesa de bote puede apañarte muchos menús y dar variedad. C. M. O. T. Dibbler tenía razón: con suficiente cebolla frita y salsa, nos comeríamos cualquier cosa.(4)

– El café, ese pilar de la dieta del estudiante. La cafetera italiana que se pone al fuego es barata y el café, muy fuerte. La de émbolo también puede ser barata, y el café, más flojo, más o menos igual que el café de filtro, pero es un sistema más rápido. El café de filtro es el de peor calidad. Una cafetera expreso como las de los bares es la máquina más cara, pero si adoras el café fuerte y quieres que te quedo como en los bares, pide que te regalen una. Una cafetera expreso de cápsulas puede tener un precio intermedio pero las cápsulas pueden salir muy caras, y a menudo sólo puedes usar las cápsulas concretas de la marca de tu máquina. Y genera mucha basura, una cápsula por taza de café. Es decir: ahorradores de café fuerte, italiana. Ahorradores de café flojo, francesa o filtro. Fanáticos del café gourmet, pide que te regalen una expreso pequeña pero de verdad, sin cápsulas.

(cita 1) La Ley de Vimes: La razón por la que los ricos eran ricos, razonaba Vimes, era que se las arreglaban para gastar menos dinero.

Tomemos el caso de las botas, por ejemplo. Él ganaba treinta y ocho dólares al mes más complementos. Un par de botas de cuero realmente buenas costaba cincuenta dólares. Pero un par de botas, las que aguantaban más o menos bien durante una o dos estaciones y luego empezaban a llenarse de agua en cuanto cedía el cartón, costaban alrededor de diez dólares. Aquélla era la clase de botas que Vimes compraba siempre, y las llevaba hasta que las suelas quedaban tan delgadas que le era posible decir en qué lugar de Ankh-Morpork se encontraba durante una noche de niebla, solo por el tacto de los adoquines.

Pero el asunto era que las botas realmente buenas duraban años y años. Un hombre que podía permitirse gastar cincuenta dólares disponía de un par de botas que seguirían manteniéndole los pies secos dentro de diez años, mientras que un pobre que solo podía permitirse comprar botas baratas se habría gastado cien dólares en botas durante el mismo tiempo y SEGUIRÍA TENIENDO LOS PIES MOJADOS.

Esa era la teoría “Botas” de la injusticia socioeconómica del capitán Samuel Vimes. (Terry Pratchett en Hombres de Armas)

(2) En La Verdad, se explica que los enanos no se casan hasta que pueden pagar a sus futuros suegros el coste entero de haber criado a su pareja. Luego pueden recibir un regalo, pero lo importante es que entras en el “mundo adulto” saldando toda la deuda que supuso la crianza. Y esta es la reacción de un humano al saberlo:

-Supongo que para un humano, eso suena un poco…. frío – dijo William.
Buenamontaña lo miró otra vez con atención. – ¿Quieres decir, en comparación con la maneras cálidas y maravillosas en las que los seres humanos resuelven sus asuntos? – dijo- No hace falta que contestes.

(3) Olían bien. Siempre pasaba. Y entonces mordías una, y descubrías una vez más que Voy-A-La-Ruina Escurridizo podía encontrar usos para partes de un animal que el animal no sabía que tenía. Moving Pictures.

(4) De Moving Pictures. Pero Dibbler no decía “salsa” sino, concretamente, mostaza.

La forma correcta de comer un mango.

Es necesario tener:

Hambre. Los mangos son una fruta grande; no comas más con los ojos que con la boca. No busques algo que en realidad no te apetece. Hay que desearlo, pues ¿quién es el loco que se lanza a por lo que no quiere realmente?

Un mango en el momento adecuado. Será en parte verde y en parte amarillo con alguna mancha roja. Cede levemente a la presión, sobre todo cerca del rabito. Sin embargo, es mucho más difícil saber si quien está contigo es la persona adecuada o el momento adecuado. A veces hay que lanzarse, porque puedes llevarte una sorpresa.

Un cuchillo de hoja fina y a ser posible flexible. Siempre es mejor ser flexible. Sacas más jugo de la vida (y de los mangos). Puedes apurar mucho mejor lo que se queda pegado al hueso.

Qué hacer:

Clava el cuchillo en el mango y pártelo por la mitad. Tendrás la mitad grande con el hueso y la pequeña sin él. La mitad pequeña es más fácil de comer y debe ser para la persona más tímida, pasiva, aquel de los dos que necesita algo de ayuda. Si tienes el cuchillo, lo más probable es que esa persona no seas tú. Felicidades. Aunque por supuesto, que te den las cosas hechas tiene su encanto.

Coge la mitad sin hueso y corta una cuadrícula sobre la carne, diagonal a las fibras. Sé suave. Ten cuidado. Si aplicas demasiada fuerza cortarás la corteza y no quedará igual de limpio. Hazlo con mimo. Recuerda que lo estás haciendo para quien comparte este mango delicioso contigo. Ahora, presiona ligeramente desde la corteza hacia dentro para “darle la vuelta”. Quedará con un dibujo de rombos.

Pásaselo. Disfruta de su mirada de placer, anticipación, y hambre. Puedes jugar a no dárselo, pero no mucho tiempo, no seas cruel.

Coge la mitad que te queda. Corta tajaditas alrededor del hueso (¿ves cómo necesitabas un cuchillo flexible?). Introduce con cuidado el cuchillo entre el hueso y la carne para crear otra mitad como la que has dado. Córtale una cuadrícula y vuélvelo del revés como la otra mitad.

Muerde los cuadraditos. Come con los dedos y lámetelos. No se te ocurra coger un tenedor.

¿Quieres gemir de placer? Hazlo. ¿Quieres mirar a quien ya está acabándose la otra mitad y sonreír? Hazlo. Nunca ha comido mango antes, y está sorprendido. Cuéntale cómo fue tu primera vez (el mango estaba verde y fue una enorme decepción). Lame sin que te dé vergüenza las gotas de zumo que van a gotearte por la mano.

Ya que tu acompañante empezó a comer mientras tú todavía cortabas, terminará antes. Seguro que te pide más. Valora qué es más importante, tus ganas de comer mango o tus ganas de satisfacer. Actúa con generosidad, dale un pedacito, aunque sea haciéndote de rogar.

No hay mejor forma de acabar una comida que compartir un mango.

Eso, por gorda.

El 31 de Agosto, en Twitter, tuvo lugar una larga conversación, con muchos participantes, sobre qué efectos sociales negativos tiene estar gorda. Esto fue a raíz de que un desconocido que no recuerdo dijera algo en la línea del tópico “las mujeres gordas son atractivas, no deben preocuparse tanto por gustar a los hombres”, así que quise contar porqué para mí los problemas derivados de estar gorda tieen poco que ver con atraer a los hombres. Para muchas mujeres es parecido; al fin y al cabo, muchas gordas tenemos relaciones felices con hombres que nos quieren así.

Los problemas se pueden resumir en: los médicos te hacen poco caso, la mayoría de la gente asume que eres vaga y no tienes autoestima, las otras mujeres te tratan peor, y es muy difícil encontrar ropa de tu talla. Pero mejor lees lo que todos estos gordos y gordas tenemos que decir sobre nuestras vidas (mis observaciones son las que están sin firma). Gracias a los participantes, a los que he dejado fuera también, y a los delgados que dieron apoyo.

Comida, culpabilidad y educación.
Condenada a mantener una relación de amor-odio con la comida y tu cuerpo mientras la sociedad te prejuzga (@sibylbanshee)

Sentirte culpable al comerte un donut, porque tu madre lleva toda la vida diciéndote que tú lo que tienes q hacer es ponerte a dieta. (@Child_Deirdre)

Cuando una flaca come en el McDonalds, todo bien. Ven una gorda y piensan: “claro, por eso está así de gorda”. (@Child_Deirdre)

Y ya no os hablo de la relación entre nivel económico y obesidad. “Pero la culpa es tuya, que no te sabes alimentar” (@AnaLangstrump)

Deporte.
Si estás gorda y corres por la ciudad, antes o después alguien se va a reír de ti. (@Child_Deirdre)

Y si ya te cuesta encontrar ropa de calle de tu talla, ni se te ocurra entrar en una tienda de ropa de deporte. (@Child_Deirdre)

Los gordos no corremos, ni jugamos al fútbol, o nos peleamos, somos patosos en gimnasia. Aunque seamos listos, nos tratan de gilis. (@carlos28051)

Os estoy leyendo con lo de #EsoPorGorda y me estoy acordando de las clases de gimnasia y el test de cooper con la alergia y el asma… (@LordTesla)

La gordura es un tabú. Porque sabéis que es un insulto aunque lo neguéis.
Cuando dices que estás gorda, te dicen “mujer, tú no estás gorda”. Como si hubieras dicho algo terrible. (@Child_Deirdre)

No eres gorda, eres rellenita (@perdidiya)

Que la gente que te aprecia se espante cuando te autodefines como gorda, porque creen que es un insulto.

La ropa. La que no hay.
Comprar ropa es difícil, sobre todo si eres una mujer joven o quieres ropa que podríamos llamar pija, formal, o profesional. Tu talla no se encuentra. De la 46 o 48 en adelante, tienes ropa fea y conservadora pero sin llegar a elegante (resumiendo: “para viejas”), algo de ropa deportiva, y todo caro.

De bañadores mejor no hablar. Por encima de una determinada talla, todos son negros o marrones. Enterizos. Nada de bikinis.

¿No estará buscando ropa para usted, verdad? Aquí no tenemos esas tallas -No, estudio cómo se gana la vida una impertinente. (@De MadridAlCiel1)

Comprando ropa: “A ver si tengo algo, es que es usted tan… abundante” (@_equaliza)

– ¿Te llevas el vestido? – No me gusta cómo me queda. – Pues con esas anchuricas que tienes y este precio, no sé qué esperas. (@maiteolondriz)

Que preguntes por una talla y te miren como su estuvieras loca o te traten como si tuvieras la peste. (@annaga94)

Es difícil encontrar sujetadores por encima de la 95B. Cuando los hay, a menudo son caros, feos, o las dos cosas. Luego ya veremos si realmente sujetan.

Imposible encontrar un sujetador que no desborde, barato y que te siente bien. (@AnaLangstrump)

Estar gorda o delgada importa más que cualquier logro personal.
Oído por la calle: La celulitis de Serena Williams levanta el ánimo de cualquier chica (@rosarmario)

Marion Bartoli, campeona de Wimbledon, presentador de la BBC: te ha dicho tu padre que nunca serás un bombón? (@rosarmario)

Que se hable más del físico de Adele que de su música. (@LauraLunaMun)

Tu capacidad profesional está en entredicho. Y tu fuerza de voluntad, y tu disciplina.

Maneras de convencerte de que no vales. Las gordas somos tontas y raras.
“Que lástima que sea gorda, con la cara tan bonita que tiene” (@Analangstrump)

Tener miedo de encontrarte con chicas más delgadas que tú por la calle por si te miran con desprecio (@annaga94)

No eres una persona más, sino una víctima de estereotipos y menciones por tu peso y volumen como #EsoPorGorda (@sibylbanshee)

Sorprenderte a ti misma haciéndote chistes y insultos sobre tu peso para evitar el juicio de las delgadas (@Lasti_)

Que cada dos por tres el TT sea de chistes sobre gordas. (@LauraLunaMun)

Que tus amistades hagan “bromas” con tu cuerpo. (@annaga94)

Las niñas somos tontas, y los niños, empollones.

Nos consideran torpes, tontos, sudorosos…(@carlos28051)

Asociar obesidad y sobrepeso a dejadez, poca autoestima y poca higiene, y no, en su mayoría no (@AnaLangstrump)

No ver mujeres parecidas a ti en ningún medio de comunicación. Sólo de vez en cuando, y de “graciosas”. Siempre solteras.

No ver NIÑAS parecidas a ti en ningún medio de comunicación. Jamás.

Los niños gordos que salen en los medios de comunicación siempre son matones o tontos perdidos.

Los hombres empiezan contigo, o sin ti pero en tu presencia, conversaciones que no son asunto tuyo ni quieres oír sobre qué tipos de mujer les gustan.

Si tienes una enfermedad mental, la gente la asociará a tu gordura. Estás gorda porque no te quieres.

Otras personas hablan de ti a tus espaldas de problemas emocionales reales o imaginados que te impiden adelgazar.

Otras personas quieren opinar e incluso decidir sobre el ejercicio físico que haces.

Otras personas te dan consejos que no les has pedido, sobre lo que comes o sobre tu salud. (Añade @laeme: y sobre cualquier cosa)

La identificación tetas=sexo es tan intensa que si te pones la misma ropa que otra mujer, tú resultas basta, provocativa y poco profesional.

Hay gente que te recuerda como “la gorda”. Te encasillan en un papel sobre cómo creen que deben ser los gordos.

Los médicos te toman menos en serio. Vas al médico porque tienes tos y te dice que pierdas peso.

Deseos

De mi primera lista de deseos se han cumplido dos. ¿Tendré la misma suerte esta vez? La clave debe ser tener deseos pequeños.

1. Comer algo frito y callejero. Pescado, lo que sea. El caso es que esté frito y no tener que prepararlo yo. Imagino que caerá en el EABE, que es la próxima vez que voy a salir por ahí.

2. Pasármelo bien y conocer a mucha gente en el EABE.

3. Leer por primera vez una historia de amor muy apasionada, muy bien escrita y muy larga. Una película también me serviría. Vamos, lo que quiero es no haber leído nunca Jane Eyre para poder leerla por primera vez.

¿Se cumplirá alguno?