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Trucos y consejos para aspirantes a madre: de la pre-concepción al fin del embarazo.

Lo que viene a continuación podría ir en masculino genérico porque va orientado también a las parejas y demás personas cercanas a la madre, pero prefiero el femenino para estas cuestiones. Me sale más natural. Pero va para todos.

Cuando quería quedarme embarazada, me dijeron muchas veces “no te agobies”. Y cuando estaba embarazada, había dos comentarios que se repetían en todas las conversaciones: “disfrútalo, que es una época muy bonita” y “aprovecha para dormir ahora, que luego no vas a poder”. Yo no estaba agobiada antes, no lo disfruté, dormía fatal, y tuve un niño que duerme trechos de 4 horas varias veces al día, así que me deja dormir aunque sea por etapas. Los consejos que se dan tomando café son insuficientes, y a veces erróneos porque cada embarazo, y cada pareja madre-bebé, son diferentes, así que puede que nada de lo que te cuente sea útil para ti. En cualquier caso, allá va.

Antes de concebir:

Tener un poco de miedo a que algo salga mal o a no ser “una buena madre” es completamente normal. Lo raro es no tener nada de miedo. Si no pegas al niño, lo mantienes limpio, caliente y alimentado, y lo llevas al pediatra para las cosas que no se arreglan con un poco de apiretal, has empezado bien.

Hay gente a la que el sexo mirando el calendario le agobia y aburre; no des por hecho que a ti o a tu pareja os va a pasar. Quién sabe, igual os motiva. Y hay gente a la que le gusta sentirse en control del proceso desde antes de empezar. Para eso necesitas saber cuándo ovulas y cómo se comporta tu cuerpo en ese momento. Te sirve la observación sin más, apuntar en un papel, o usar una app del tipo de Clue. Ahí vas apuntando cómo te sientes en cada momento del mes, y predecir cuándo será tu próxima ovulación. Otra manera de medir cuándo ovulas es comprar online tests de ovulación; son como los test de embarazo, pero para saber cuándo eres más fértil. Lo que debes tener en cuenta es que el óvulo sale del ovario y aguanta vivo alrededor de un día, pero el esperma está nadando por ahí alrededor de cuatro. Eso significa que el óvulo debería encontrar espermatozoides esperándole.  Por eso no se trata de tener relaciones sexuales el día que ovulas, sino justo antes. ¿Cómo sabes cuándo es eso? Porque a base de medir, en un par de meses puedes predecirlo. En general, no ovulas en mitad del ciclo, sino catorce días antes de la regla. Es decir, si tienes un ciclo de 31 días y la regla te vino el 1 de marzo, ovulaste alrededor del día 16 o 17. La opción blanda para todo esto es calcular qué semana ovulas, y tener relaciones en días alternos de esa semana. Hay que tomárselo con calma; igual ese mes, justo esa semana tienes la gripe, o no tienes nada de ganas, por el motivo que sea. Date meses. Y si al cabo de seis meses o un año no te has quedado embarazada, ve al médico.

Mientras tanto, haz el ejercicio físico que quieras, pero hazlo. Hay algunas limitaciones: no aumentes la intensidad que alcanzabas antes del embarazo, ni hagas nada con lo que tengas un riesgo grande de caerte (esquí, montar a caballo). Sea cual sea tu actividad física favorita, haz sentadillas. Cuando estés embarazada lo agradecerás: la nueva disposición de tu barriga y la pelvis te harán caminar, sentarte y levantarte con las piernas abiertas, y sobrecargarán las piernas.

Las embarazadas necesitan suplementar un par de minerales: ácido fólico, yodo y vitamina B12, aunque no a todas nos recetan yodo preconceptivo. El ácido fólico solo, y un cóctel con yodo y vitamina B12,  los cubre la Seguridad Social, así que ve al médico y le pides la receta. Hay suplementos prenatales más variados pero no necesitas más, como se explica en Escéptica, y además no están cubiertos por la SS. Una vez embarazada muchas necesitamos suplementar hierro, pero no hace falta que lo tomes si no te ven anemia en un análisis de sangre.

De paso que vas al médico, dile si no estás absolutamente segura de estar inmunizada contra la rubeola. Te pueden hacer un análisis para ver si tienes anticuerpos, o directamente ponerte la vacuna. Si te la tienen que poner, no debes quedarte embarazada en las siguientes 6 a 8 semanas.

En principio la vacuna de la gripe se la ponen a embarazadas, no a mujeres que estén buscando concebir, pero si puedes y llega la temporada, póntela.

Hay muchas cosas que no debes comer si estás embarazada. Este es el mejor artículo que conozco sobre el tema, y los he leído a puñados. Si quieres tener mucho cuidado, puedes ir mentalizándote comiendo “en modo embarazo” ya, o al menos desde el día 10 del ciclo. O una semana “normal” y tres que no. Eso es lo que hacía yo, sobre todo con el alcohol.

Estoy embarazada, ¿y ahora qué?

Un resumen muy rápido sobre tus derechos laborales: hay diferencias legales entre riesgo durante el embarazo por las características de éste, riesgo en el embarazo por las circunstancias de tu trabajo, y enfermedad común durante el embarazo. Cada una de esas causas tiene un trámite distinto para que te den la baja. Cuida tu salud y tus derechos al máximo y pregunta a un abogado laboralista o a un sindicato al mínimo problema. Piensa que cosas como el ruido y el estrés os hacen a los dos daño a largo plazo, y que un dolor de espalda se puede convertir en qué sé yo, una hernia de disco. Sé precavida.

Voy a dar por hecho que tienes un embarazo sano y lo vas a llevar en la sanidad pública. Si tienes alguna enfermedad crónica, tanto si requiere medicación como si no, consulta tus planes de concebir con tu especialista habitual porque el embarazo puede afectar a tu salud, y la medicación interferir con tu fertilidad o hacer daño al embrión. A continuación, te doy algunas ideas prácticas por trimestres.

Primer trimestre:

Las primeras señales de embarazo se parecen mucho al síndrome premenstrual, así que tú tranquila y espera al día adecuado para hacerte un test. Es normal, incluso, manchar. El dolor al nivel de la regla y un leve manchado son frecuentes. De hecho, a lo largo de la primera mitad del embarazo, si vas a urgencias con estos problemas la primera pregunta que te haran será: “¿Más, o menos que la regla?”. Cuando tengas un test positivo, mira cuándo te vino la última regla y desde ahí cuentas semanas. Es decir, no puedes saber si estás embarazada antes de la semana 5 como muy pronto, y las semanas 1, 2, y a veces 3, son las de la regla y la ovulación. Olvídate de los meses, las semanas son más claras.

Esto va a sonar muy bestia, pero el primer trimestre de embarazo es un poco de prueba. Nadie te cuenta que es frecuente abortar espontáneamente y cuando te pasa, todo el mundo te dice “ah, sí, eso le pasó a mi hermana/prima/mujer”. No lo digo para que pases miedo, pero hay que estar informada.

Tienes que ir al centro de salud para que te remitan a tu matrona, que te verá una o dos veces el primer trimestre y te derivará a la ecografía de la semana 11. En las ecografías anteriores (semana 7 u 8) solo se ve si hay un embrión o más, y si le late el corazón. En la semana 11 se ve su tamaño, se fija una fecha probable de parto y se hace el cribado genético, para saber si hay una probabilidad estadística de varias malformaciones genéticas.

Tu salud y la del feto está controlada por el Servicio de Ginecología del hospital, en el que te verán ginecólogos, probablemente uno diferente cada vez y otros distintos en el parto; por la matrona de tu centro de salud, y por tu médico de cabecera. Los tres tienen puntos de vista ligeramente distintos y tienen que conseguir un equilibrio complicado entre tu bienestar y el del feto, que a veces están contrapuestos (véanse todas las cosas que te van a doler en los próximos meses). A veces, estos profesionales, sobre todo los ginecólogos, no tienen la paciencia o el tacto necesarios y las embarazadas acaban con la sensación de que todo va mal o de que los médicos “pasan de ellas”. En esto te diría que seas fuerte y práctica, y que te fijes sobre todo en que te cuenten todo sobre el estado del feto, lo que se ve en las ecografías… no esperes consuelo ni palmaditas en la espalda. Puede que te los lleves, pero no los esperes. Tampoco pienses que trabajar con un equipo de personas te da un trato de menos calidad (yo agradecí contar con muchas opiniones y tantos ojos sobre nosotros). Lo importante es que todo lo que te pase quede reflejado en tu cartilla y en la historia clínica.

Cómprate un buen protector solar y úsalo a diario. Con el embarazo pueden salirte manchas o rojeces en la cara, que a veces se van y aveces no. Sobre las estrías, no sé qué decirte: dicen que ponerse crema no sirve para nada. Como la barriga me picaba y me molestaba al estirarse la piel, me puse hidratante a menudo, y todas las estrías me salieron en la semana entre acabar un bote y comprar otro.

Sobre dolores y molestias he escrito ya. Identifica qué desayunos te sientan bien, las mañanas son el peor momento del día. Yo tenía que comer algo salado, proteico, digestible y que no fuera queso porque lo vomitaba. Y los desayunos dulces me hacían tener náuseas y más hambre un par de horas más tarde.

Segundo trimestre:

Si te preguntabas cuándo empiezas a parecer embarazada y necesitar ropa premamá: a lo mejor te ha aumentado el pecho en el primer trimestre. A partir de la semana 10 es normal que la barriga cambie su forma sin cambiar de volumen y se te vaya poniendo redondita; a partir de la semana 15, el 4º mes, a lo mejor se te empiezan a quedar pequeños los pantalones que no sean elásticos. Aprovecha un cambio de estación para quitar de en medio la ropa que no te vas a poner en una temporada. Lo más seguro es que uses ropa premamá algunos meses tras el parto; calcula entre uno y tres por lo menos. Piensa también si quieres dar el pecho. La ropa de lactancia no tiene por qué ser abierta por delante, también es discreto levantarte las camisetas desde abajo. Lo que tendrás que descartar son los jerseys gordos o de cuello vuelto (levantarlos es muy engorroso) y los vestidos cerrados por arriba, que son inaccesibles en todas las direcciones. Todo lo demás depende de tu gusto.

Lee todo lo que quieras sobre crianza y no te creas ni la mitad. Los consejos de tu madre, tus amigas o el pediatra tienen la ventaja de que son incompletos y parciales. Sí, he dicho ventaja. Son para el caso concreto y para ese momento. Ellos no han tenido que elaborar una Teoría del Bebé, y además, cada niño es distinto y cambia. Hoy se consuela meciendo la cuna y mañana con música. Tu sobrino es de hábitos regulares pero nocturnos, el hijo de tu amiga solo duerme bien si está acompañado. Los autores de libros tienen que hacer una teoría global que incluso si te gusta, a lo mejor no funciona, o por lo menos no completa. Mi ejemplo más inmediato es que a mi bebé no le gusta estar tumbado en mi cama, prefiere su propia cuna. Fin de las bonitas teorías sobre el colecho.

Me han dicho que si para el cuarto mes sigues con náuseas, las tendrás hasta el final. No sé si es verdad. Lo que sí sé es que la pérdida de movilidad y el cansancio físico van subiendo escalones a toda velocidad desde que estás en la mitad del embarazo.

La semana 20 te hacen la segunda ecografía del sistema público. Sirve para comprobar si hay una serie de malformaciones; el médico (normalmente es ginecólogo, pero podría ser un radiólogo, que también hacen ecografías) comprueba si están bien una larga lista de partes del cuerpo, una a una, y completa un informe que no es más que picar casillas. La gente conoce esta ecografía popularmente como “la de saber el sexo del bebé”, aunque desde que sepan que estás embarazada todo el mundo (TODO el mundo) te va a preguntar si es niño o niña. Seguramente las mismas personas que desde la semana 10 te reñían con un “¿pero todavía no sabes el sexo?” te dirán que te hagas una ecografía sin indicación médica para tener más, para que te den un DVD con vídeo y fotos, o porque es muy larga y en la del hospital solo van al grano, y te largan deprisa. Lo último en mi caso no fue cierto, y además, si no te queda algo claro, pregunta. O pide que te enseñen lo que haga falta otra vez. A mí casi todas las veces me sacaron una fotillo (sácale una foto con el móvil o escanéala, porque ese papel se borra con el tiempo). Lo más importante es que tanto ginecólogos como  radiólogos, desaconsejan las ecografías sin indicación médica. Aquí un pdf en inglés lo explica.  Y aquí, diversas críticas de muchas instituciones médicas.

Notarás las primeras pataditas en algún momento a partir de la semana 20. Al principio no las sabes identificar. Las mías eran igual, igual, que el vacío/cosquillas en el estómago de una montaña rusa, pero mucho más abajo. Luego ya sí son como pataditas o toquecitos.

Tercer trimestre:

El segundo consejo muy generalizable que te puedo dar, junto con el de las sentadillas (lo digo en serio: haz sentadillas desde antes de quedarte embarazada), es que consigas una silla o taburete de ducha. Cuestan unos 30 euros. No necesitas que tenga respaldo. Te vendrá bien al principio del embarazo si te dan bajadas de tensión, al final si estás muy cansada y para poder lavarte tú sola los pies, en la cuarentena sobre todo si te han hecho cesárea, y supongo que lo usaré para estar cómoda sin tener que agacharme dentro de un par de años, en las primeras duchas del niño. De verdad, te facilitará la vida aunque solo la uses dos meses.

Tu tercera y quizá última ecografía tiene como fin principal saber si el feto está bien colocado para salir. Si no lo está, es decir, si viene de nalgas, te programarán una cesárea. Otra cita médica importante es la vacuna de la tosferina para que el bebé esté inmunizado antes de sus primeras vacunas a los dos meses de edad.

La presión del útero hacia arriba cambia la posición del estómago y da reflujo. La única solución que conozco es comer cantidades pequeñas.

No te agobies ni te preocupes si estás siempre muy cansada. Es lo más normal del mundo. Duerme siestas, pero procura mantenerte tan activa como el cuerpo te deje.

Los cursos de preparación al parto varían mucho de un sitio a otro. Asegúrate de que te has enterado, ahí o por tu cuenta, de todo esto. Pregunta a la matrona, a madres de las que te fíes, o en webs de crianza, preferiblemente creadas por sanitarios.

  1. Cómo es un parto normal, cuánto dura y cuándo ir al hospital. Aquí lo explican.
  2. Algunas de las intervenciones más frecuentes, por qué se hacen, ventajas e inconvenientes. La epidural.
  3. Algunas de las causas más comunes de que te hagan una cesárea. Cómo es el posoperatorio de una cesárea (sigue leyendo y te cuento mi experiencia).
  4. Qué pasa en el hospital entre expulsar el bebé e irte a casa. Protocolos habituales de tu hospital de referencia.
  5. Cómo se te va a quedar el cuerpo en la cuarentena. Cómo cuidarte y cuidar del bebé los primeros días.
  6. Lo básico sobre cómo dar el pecho. Cómo extraer y conservar leche.

Leí por ahí que el instinto de nido existe, es un impulso real, que te puede dar mucha energía si tienes suerte, o ansiedad porque esté todo bien si no. Las ganas de limpiar, ordenar y estar equipada se pueden canalizar. Estas son las cosas que me parecen más necesarias:

  1. Preparar el cuarto del bebé. Sobre cacharritos para bebé te cuento en otro post, pero aquí tienes una lista de la compra lo más amplia posible. Crea la tuya propia y si te preguntan qué quieres de regalo, no te cortes en ir tachando cosas de la lista.
  2. Haz una compra gigante de comida no perecedera, productos de limpieza, menaje del hogar… compra de todo lo que no se estropea, desde detergente a servilletas, para 3 meses. Si eres muy perfeccionista o te sientes muy perdida, calcula tu gasto semanal y multiplica por 15. Lo más seguro es que te salga una cantidad tan grande de cosas que no puedas comprarlas todas de una vez, así que repártelo en dos o tres compras.
  3. Asegúrate de que tienes la despensa y el congelador llenos hasta arriba de comida fácil y rápida de preparar y comer. En mi caso eso fue salsa de tomate, salsa de pimientos, latas de pescado, salchichas, frutos secos, caldo congelado, caldo de tetrabrik, filetes de cerdo y de pollo, albóndigas, croquetas, hamburguesas, y verdura troceada y congelada.
  4. Haz una pequeña compra de caprichos que no puedes comer mientras estés embarazada. Queso azul, embutido…

Acepta, ahora y cuando llegue el bebé, toda la ayuda que te ofrezcan, todos los regalos y todas las “herencias”. No sabes lo que puedes llegar a necesitar. Si tienes algo duplicado y ninguno de los dos se puede devolver a la tienda, guarda el más feo, viejo o que menos te guste, por si el otro se rompe. Compra lo mínimo.

Lo más tarde posible, la semana 36 por ejemplo, ve a la peluquería y hazte un corte bonito y que requiera poco mantenimiento. Si sueles teñirte, organízate para hacerlo más o menos ahora, cuanto más tarde mejor. En la cuarentena lo más seguro es que no tengas tiempo.

Si puedes escoger dónde parir, escoge un hospital con UCI pediátrica. Eso suele querer decir un hospital público.

Dedicaré el próximo post a la cesárea, que es lo que conozco, a la cuarentena y al bebé.

 

Sobre acoso escolar.

Empecemos con las malas noticias: nadie sabe arreglar el acoso escolar. De verdad. Si tuviéramos soluciones las habríamos aplicado. No hay sistema educativo del mundo que haya descubierto El Secreto, el protocolo post-acoso que siempre funciona. Si leéis “En Finlandia se crea la figura del blabliblú”, lo que yo leo es “en Finlandia también hay acoso”. Quien dice Finlandia dice El Colegio Santa María Donde Usan Ipads y Son Tan Modernos Que No Tienen Ni Paredes. Como con otras cosas, lo que sí puede funcionar es prevenir, aunque es difícil porque en lugar de un protocolo que aplicas a casos individuales, como si de una enfermedad se tratara, debe ser un hábito permanente.

El rasgo más importante es el más difícil de conseguir: tener una sociedad igualitaria, sin discriminaciones. Cuando más igualitaria la sociedad, menos acoso, y esto vale para el colegio, el trabajo y la calle. Los acosadores buscan impunidad, y atacar a gente en desventaja queda impune en las sociedades donde la discriminación y la desigualdad son grandes. Como crear esta sociedad se nos queda grande, consigamos que lo igualitario sean los centros educativos. Esto lo puedes conseguir desde el Ministerio de Educación hasta la Dirección de un colegio, cada uno en su ámbito.

Hay medidas en el entorno escolar que no siempre son fáciles de adoptar, porque dependen de la construcción del edificio, la disponibilidad de aulas y las guardias del profesorado: crear ambientes acogedores y al mismo tiempo vigilados. Que no haya rincones donde esconderse, y que haya lugares acogedores para los niños más vulnerables (por ejemplo, abrir la biblioteca en los recreos). Que sea fácil para los profesores ir de una clase a la siguiente sin dejar que pasen 5-10 minutos. Y así.

Entremos en el aula. La víctima de acoso o de maltrato psicológico está atrapada en una situación de la que suele desconocer “la teoría”, es decir, las dinámicas que la alimentan, cómo funciona la mente de su agresor… a él o ella le maltratan, le aíslan, y eso es todo. Un mensaje tan sencillo como “el acoso es culpa del que acosa. Son predadores. Si no estuvieras tú, irían a por el gordo o la de gafas”, NO es obvio. He visto muchas caras de sorpresa al decírselo a chicos y chicas que habían sufrido acoso. Por eso, ese sencillo mensaje (“el acoso responde a una tara del acosador”) debe repetirse de manera verbal, explícita, frecuente, en grupos y en privado.

El segundo mensaje que los niños necesitan oír hasta que se les quede es “la diferencia entre el acoso y una pelea es la repetición. Vuelve y me lo cuentas si se repite”. Esto lo tienen que oír los agresores, reales o potenciales, porque hay chicos (y chicas) que realmente no son conscientes de la gravedad de sus actos. Como cualquier otro maltratador, por otra parte, sólo que ellos son pequeños y todavía son educables en la mayoría de los casos. Es el único punto donde un “es que son cosas de críos” es cierta: el niño, a veces, no ve la diferencia entre pelearse con su amigo e insultar a Pepe El De Las Gafas porque a veces y al principio es una cuestión de frecuencia y proporción.

Para que una víctima te crea cuando le dices “me lo cuentas si se repite” tienes que haber creado confianza primero. Ya ha roto un tabú pidiendo ayuda; ahora tiene que creer que no le estás dando largas. Es importante crear un clima de cercanía y que se note que somos sinceros. Y los profesores, para saber si se repite, tenemos q estar en contacto, porque el niño quizá ha preferido hablar con su profesor favorito o con un testigo de una agresión en lugar de con su tutor. La comunicación niño-> tutor-> equipo educativo-> jefatura-> tutor del agresor tiene que ser fluida.

He dicho que a veces el agresor no es consciente de la gravedad de sus actos, o no vas a conseguir que la admita, que para el caso es lo mismo. Eso sí, las víctimas sí que distinguen pero que muy bien una pelea o broma de un acoso. Este es un tema en el que muy rara vez hay exageraciones o “denuncias falsas”. A veces sí hay un poco de timidez extra, o una situación de aislamiento previa que hace a los alumnos más sensibles o más vulnerables, así que un trabajo extra para el profesorado es darnos prisa en facilitar las habilidades sociales de quienes se sienten inseguros, la creación de amistades del alumno nuevo, etc. Es una pésima idea dejar “que espabilen solos” a los que puedan ser vulnerables aunque nos parezca que “todavía” no hay acoso real. Supongamos que hay un alumno vulnerable y un caso apenas comenzado; si hemos intervenido a tiempo, simplemente difundir toda la información relevante a todos los implicados (familias, tutor, decirle a los agresores que los tenemos calados) puede bastar porque ese niño debería contar con otros para que no se lo aísle.

Por supuesto, si hay un chico vulnerable o ya acosado lo que no debemos hacer nunca es participar nunca en una broma en su contra, por inofensiva que nos parezca, ni llamar la atención sobre él o ella, o hacer cualquier cosa que contribuya a aislarlo. Tampoco debemos decir nunca que “no queremos enterarnos” de algo. Una situación que vi y que me han contado mucho de la escuela de los años 80 (qué tiempos aquellos) era el profesor que repetía “no quiero saber nada de lo que ocurra fuera del horario escolar o fuera del centro”. Eso era en la práctica una provocación para trasladar lo peor del acoso al camino de vuelta a casa, que funcionaba muy bien si lo que el profesor quería era fomentar la violencia.

Para los agresores tenemos pocas medidas, sobre todo si no hay agresiones físicas o si todo es difícil de demostrar. Es bueno hablar con las familias para que nadie pueda decir que no sabía lo que estaba ocurriendo, incluso si nos va a suponer una escena desagradable. Es importante saber de antemano que los niños agresores no tienen rasgos en común: lo puede hacer cualquiera. Diría que los que están aislados no, porque hace falta el apoyo de la masa, así que fíate menos de los chicos populares y de las pandillas, pero hasta ahí.

Casi todas las conversaciones que he tenido sobre acoso escolar con no docentes (familias, adultos que fueron víctimas de pequeños…) se centran en cómo sancionar o cómo reparar los casos más graves. Las medidas más extremas en contra de los acosadores, como expulsarlos del centro, no sirven para mucho: deben estar escolarizados, así que los trasladas a otro centro, donde otra Jefatura, otro tutor, y otro Pepe el de las Gafas tendrá que bregar con ellos. Medidas como el internamiento en un centro de menores son más una fantasía de venganza que algo realizable; además supondría hacer cambios muy profundos en la ley, no algo que podamos hacer desde los centros.

Este post me sabe a poco; me gustaría poder decir “para prevenir el acoso hay que decir Esta Fórmula Mágica, y para arreglarlo si se produce, Cágima Lámufor Taes”. Pero no. Hay que decir, todos los días, muchas veces, las mismas obviedades. Y ni así.

 

 

 

 

Tesis doctorales, salidas profesionales, y las raciones del McDonald’s.

Los que ya lo hemos intentado, con más o menos éxito, se lo hemos dicho mil veces a los que quieren probar su suerte. Primero, que no empieces una tesis doctoral. Segundo, que no intentes ser profesor universitario. Leed el post que os enlazo, es buenísimo sobre la situación española. Ahora me voy a dirigir a la gente que está terminando una carrera y no tiene muy claro qué quiere hacer el curso que viene.

Terminé la carrera en pleno boom económico, y las cosas han cambiado bastante, pero conocí entonces y también después a bastante gente que quería empezar una tesis sólo porque no sabía qué hacer con su vida, o porque les gustaba mucho estudiar. Esto luego me ha recordado a los alumnos que después de la ESO empiezan Bachillerato por inercia, porque no tienen claro qué quieren estudiar ahora, o porque no se ven cogiéndose una FP o empezando a trabajar a sus tiernas edades, independientemente de las salidas profesionales. El estudiante de último curso de universidad que se plantea el doctorado, desgraciadamente, a veces tiene los mismos conocimientos sobre el mundo laboral que ese adolescente que empieza Bachillerato por hacer algo.

En fin, la cosa es que nuestro casi-graduado quiere seguir estudiando. Lo hace bien, le encanta y se lo puede permitir. Estas son sus opciones: un máster, una formación profesional de grado superior, la tesis, y otro grado.

Ventaja de los másters: tienes un título en uno o dos años, pueden ser útiles para buscar trabajo dependiendo de qué máster hagas, y vas a tenr que hacer una tesis de máster, que te permitirá saber si escribir textos de investigación largos es lo tuyo, o no. Inconvenientes de un máster: son específicos y muy caros. Así que hacer uno depende, sobre todo, de qué temas te interesan.

La formación profesional te la puedes tomar como una especialización. Por ejemplo, no me escandalizaría que un biólogo hiciera Industria Alimentaria: en año y medio estás haiendo prácticas en un control de calidad. O que alguien que haya terminado cualquier carrera de Humanidades con intención de ser docente haga Integración Social para ver qué tal lleva el contacto directo con (por ejemplo) alumnado en riesgo de exclusión social. Es una formación tan específica como un máster, incluye formación laboral, y es lo más barato que puedes hacer. El inconveniente es que por mucho que eches pestes de Bolonia, la asistencia obligatoria y todas esas cosas que ocurren ahora en la universidad,  sigues teniendo más libertad que a los quince años y seguro que te cuesta readaptarte a la disciplina cuasi-escolar del instituto. Un horario muy estricto de entrada y salida, control de asistencia, tener que cumplir normas pensadas para niños de doce años… No hay adulto que lo aguante.

Ahora, qué pasa con la tesis. Pero primero, hablemos de McDonalds. La guarnición estrella del McDonald’s son las patatas fritas, que se sirven en tres tamaños. El más grande equivale a casi, casi, dos pequeñas: son 70, 100, y 150 gramos. Qué tontería, ¿no? ¿por qué lo hacen así? Pues hacen esto, en vez de tener dos tamaños o solo uno y te pides más, porque la gente es muy reacia a pedirse dos bolsas de papas. No quieren sentirse glotones o exagerados. No es por el dinero. Esto está explicado en el excelente libro Fast Food Nation de Eric Schlosser; por un determinado sesgo cognitivo cuyo nombre desconozco, estamos más dispuestos a ampliar algo que ya tenemos (en este caso la ración de patatas) que a repetirlo o cambiar. Algunos trabajadores de alto nivel de McDonalds lo estudiaron hasta el aburrimiento porque el fundador de la empresa se negaba a hacerles caso y servir raciones de varios tamaños.

Te preguntarás qué tiene que ver esto con tus estudios. Muy fácil: el estudiante un poco confuso e indeciso en su último año considera la tesis una pequeña extensión de su asignatura favorita de la carrera. Algo así como repetir el placer de cursarla unos pocos años seguidos. Y no, no funciona así. Vas a tener que aprender cosas que no sabes ni que existen. Vas a tener que llegar a un grado de profundización que ni te imaginas. Te va a costar mucho más caro. Vas a pasar mucho, muchísimo tiempo solo y muy poco en el aula. Y sobre todo: la inversión en tiempo va a ser como mínimo igual, pero probablemente mayor, que la de estudiar un segundo grado. Por otra parte, desde el punto de vista metodológico, lo único que has hecho que te ha preparado para la tesis es el trabajo de fin de carrera. Si no crees que es lo más fascinante, entretenido, y adecuado a tus capacidades que has hecho en toda la carrera, olvídate. No valen los “es que el tema no lo escogí yo” ni ninguna otra excusa similar.

Si lo que quieres es seguir aprendiendo cosas nuevas en un ambiente universitario, mi recomendación es que estudies otro grado. Es posible que te convaliden asignaturas ya cursadas y ese compromiso de cuatro años se reduzca mucho.

Suerte.

 

Violencia de género, estado de alerta.

En España, tenemos estados de especial alerta en algunas situaciones predecibles. Por ejemplo, las fechas en las que mucha gente sale de vacaciones y hay que vigilar más el tráfico. Fechas de calor, frío o precipitaciones. Pero hay una situación predecible que no genera alertas: la suma de vacaciones y calor que hace que más hombres maten a sus parejas en verano (y también que más hombres y mujeres maten a sus familiares más vulnerables, como niños y ancianos). Se ha desmentido que las competiciones deportivas (un momento que une consumir alcohol con los ánimos exaltados) aumente las agresiones, pero sí es verdad que la mayoría de los feminicidios se registran en verano o en fin de semana. Ahora no tenemos ese problema, pero dejola entrada publicada para cuando sea relevante. A lo mejor es útil en diciembre, con tantos festivos. A continuación voy a usar indistintamente “violencia de género”, y violencia familiar, para tener en cuenta a quienes son víctimas de alguien que no es su pareja.

Si conoces algún caso de violencia de género, ofrece ayuda especialmente en esos momentos. Es complicado porque a menudo, si le insistes a una mujer víctima en lo malo que es su pareja para ella, puede sentirse obligada a defenderlo. Es una reacción esperable: ella puede sentirse culpable de que él sea violento, culpable de haber elegido a una pareja que la maltrata, en fin, puede sentirse obligada a justificarse. Qué tipo de ayuda es útil depende mucho de la situación. Algunas mujeres necesitan tomar conciencia de lo atrapadas que están y de que lo que ocurre no es culpa suya. Otras ya están listas para dar el salto y pueden necesitar apoyo material. Siempre es útil ofrecer apoyo material, información, pasar unos días en tu casa, etc. En días festivos, no sabemos si poder pasar un rato fuera de casa, o no dejarla a solas con su maltratador, podría salvarle la vida.

Puede que quien lee esto sea víctima de violencia familiar. El “síntoma” más fácil de explicar es que tienes miedo de tu pareja (o de tus padres, o de quien sea que convive contigo). Piensa bien si es tu caso. Si eres víctima de violencia, seguro que ya sabes predecir los arranques de tu agresor. Te has preparado para ello. Quizá te has dado cuenta ya de que si tenéis que pasar mucho tiempo juntos, como en vacaciones, o cuando viene una ola de calor, el mal humor aumenta y una consecuencia es que se ponen más violentos contigo. Si te estás planteando cortar con tu agresor, planifícalo bien si puedes, y pide ayuda material a gente en la que confíes. Ahora puede ser tu momento.

Puede que no estés preparada para romper o que tengas miedo de las consecuencias que tenga para ti hacerlo. Es verdad que las rupturas son peligrosas, pero no más que continuar la convivencia. De todos modos, si no puedes romper la relación, piensa en estrategias para pasar menos tiempo juntos. Quédate en donde más apoyos tengas.

Desgraciadamente, hay que tener en cuenta que son momentos en los que a lo mejor es más difícil conseguir apoyo institucional. Servicios sociales tienen sus vacaciones, los sanitarios están bajo mínimos, y la policía también o pueden estar muy ocupados con la Operación Salida y otras emergencias propias de las fechas. Por eso también pienso que si estás dudando sobre terminar la relación, si ya tienes un plan o una sospecha, ponte en marcha antes del fin de semana o el día festivo.

Espero que en un futuro, alguien con responsabilidades en el tema examine con cuidado las estadísticas y establezca planes de prevención específicos en torno a momentos que son más peligrosos por este tipo de causas externas.

 

Educación y rentabilidad

La Education Endowment Foundation es una fundación creada por el Ministerio de Educación británico. El Ministerio está ahora en manos del gobierno conservador pero la fundación es, en teoría, independiente. Su principal interés es mejorar el desarrollo educativo del alumnado pobre en las escuelas más deprimidas. Y recientemente ha publicado un estudio del que hay un resumen aquí, sobre la rentabilidad de algunas estrategias para impulsar ese rendimiento académico. La rentabilidad es importante, claro, aunque no sea el único factor, ya que también hay que pensar en la formación integral, en los derechos de las familias, el alumnado y el profesorado, en su satisfacción, etc. Pero en un sistema público de enseñanza, será mejor optar por las medidas más económicas. El estudio se ha hecho en las escuelas inglesas, así que no tienen por qué ser universales, aunque son una buena pista.

Veamos las estrategias que el estudio considera más rentables:

Las dos medidas más rentables son el feedback y las técnicas de estudio. El feedback es para los alumnos y los profesores: para los alumnos, consistiría en dar no solo notas numéricas sino una explicación lo más detallada posible de la calidad de sus tareas, de sus progresos y de sus métodos de estudio o trabajo. Es decir, una evaluación continua y motivada. Para los profesores, la verdad es que recibimos bastante poco de esto. El uso de técnicas de estudio y también de autoevaluación es tan importante que sorprende que haya que recordarlo.

Las siguientes estrategias con un buen nivel de efectividad y rentabilidad son muchas a un nivel similar. El EEF mide en “meses lectivos en los que se compensa una desigualdad  educativa” y les da a todas un valor de cinco. Destacan en Primaria reforzar la expresión oral y la comprensión lectora; evidentemente sin comprensión lectora, que debe ser trabajada durante toda la educación obligatoria hasta alcanzar un nivel maduro y crítico, no podemos aprender nada más. El trabajo de la expresión oral obliga a crear clases lo más participativas posible, y que sea posible que los alumnos mantengan discusiones y no solo “reciten la lección” o resuelvan ejercicios. Además, esto sugiere que es bueno reducir el tamaño de los grupos o hacer que se trabaje en equipos supervisados. El aprendizaje colaborativo y supervisión a cargo de compañeros de clase son, por lo tanto, dos estrategias con beneficios múltiples. Por una parte, se ha demostrado que produce mejoras organizar un trabajo en equipo que garantice que todo el mundo hace algo (no vale mandar trabajo para casa y ya está). Y por otra, si se trabaja en grupitos en el aula en tareas sencillas, el profesor puede supervisar los grupos y atender a más frentes a la vez. La supervisión por compañeros no se haría tanto en el aula sino por ejemplo a la hora de hacer los deberes. Un poco al modo de clases particulares. Para realizarla puede ser muy práctico que haya jornadas un poco más cortas y horas de estudio libre o guiado en el centro escolar. Si no, se convierte en una extensión de los deberes.

Otras técnicas con el mismo nivel de eficacia son hacer deberes en Secundaria (en Primaria no), y una técnica de trabajo llamada en inglés “mastery learning” consistente en dividir el aprendizaje en bloques pequeños y hasta que no superas uno no avanzas. La estimulación temprana, es decir, ir a la guardería o recibir apoyo antes de los 7 años, junto con el apoyo individual o clases particulares son dos métodos útiles pero que salen carísimos. Es decir, yo los consideraría ineficientes. Pero claro, los niños no van a la guardería o a Infantil solo para garantizar su aprendizaje cinco años más tarde: van a socializar, a no estar todo el día metidos en casa, a aprender cosas que les gusten y les sean útiles en ese momento de sus vidas, y a dejar a sus padres hacer algo que no sea cuidarlos, unas horas al día. No todo se hace por criterios globales de eficiencia, como dije al principio.

Veamos las técnicas que suponen una compensación cercana a un trimestre, es decir, un impacto positivo pero muy moderado. Para empezar, los programas a nivel de centro o de aula para reducir la conflictividad requiere formación del profesorado, crear un programa con sus protocolos y demás, y trato individualizado al alumnado o los grupos más disruptivos. Sin tener en cuenta la mejora académica, es una medida básica porque contribuye al bienestar de todos. Sorprendentemente, tienen un nivel similar de eficacia la introducción de tecnología digital para apoyar el aprendizaje y la práctica de actividades deportivas al aire libre. Sí, como suena: dedicar un día a aprender escalada o una semanita a irnos de camping genera actitudes positivas (resiliencia, fuerza de voluntad…) y contribuye al trabajo en equipo, que ya hemos visto que funciona muy bien. También puede tener un valor para la motivación del alumnado: tan simple como “si os portáis bien os llevamos al rocódromo al final del trimestre”. Curiosamente las actividades artísticas o deportivas tienen un impacto un poco menor.

La implicación de las familias se pone en este nivel, aunque aquí dudo y me parece que debe haber problemas metodológicos. Y por último, reducir el tamaño de las clases, aunque es muy incompleto porque los estudios parecen centrados en reducciones pequeñas, por ejemplo de 30 a 25. Para que la reducción sea efectiva a corto plazo debe ser suficiente para permitir que el profesor haga cambios metodológicos que faciliten una dinámica más participativa. También es uno de los cambios más caros de efectuar.

Ahora, ¿qué es lo que no tiene ninguna efectividad? Intentar motivar a los alumnos a largo plazo con la orientación laboral. Tiene sentido: “si estudias cinco años más podrás trabajar de….” no tiene mucho sentido para las edades en las que comienzan las desigualdades educativas. Tampoco sirve de nada alargar las clases (es decir, 4 o 5 clases de 90 minutos en lugar de 5 o 6 de una hora). Sirve de poco alargar el curso o la jornada, e ir a clases extra en verano. Resumiendo: los niños ya tienen todas las horas que necesitan.

Pagar más a los profesores si los alumnos aprueban no sirve para que los estudiantes aprendan más. Me ahorro el sarcasmo. Os recuerdo que estos estudios provienen de un gobierno conservador; vaya, que muy a favor de mejorar las condiciones del profesorado no están. A ver si así se enteran algunos.

La medida más negativa de todas, que hace que los alumnos incluso retrocedan en el aprendizaje, es repetir curso. Y es carísima. Entonces ¿por qué seguimos haciéndolo? Porque no tenemos otra alternativa. Algo hay que hacer con el alumnado que no ha aprendido. De momento la propuesta de la LOMCE es sacarlos del itinerario estándar, pero seguro que hay medidas mejores, tanto preventivas como a posteriori. Por cierto, agrupar a los alumnos por habilidad, tal como la LOMCE propone, también es una medida ineficaz que provoca un retroceso en el aprendizaje según el mismo informe. Otra cosa es que a veces esa segregación se hace para que los alumnos no abandonen.

La verdad es que estos estudios tienen mucha miga. Tienen muchas medidas que el profesorado no puede llevar a cabo por sí mismo pero siempre es bueno saber qué es lo que ha demostrado que funciona.

Algunos consejos sobre el peso de las mochilas

Todos los meses de septiembre, las noticias nos recuerdan que los escolares españoles llevan peso de más en sus mochilas, y que casi todo ese peso es de libros de texto. Las dos soluciones que se suelen aportar son la sustitución del libro de texto por un tablet con libros digitales, y que los libros sean cuadernillos trimestrales para reducir su peso a un tercio del original.

Como profesora de la ESO, los cuadernillos no me parecen mala opción; al fin y al cabo en inglés tenemos libro normal y “libro de actividades”, dejando el peso en la mitad si solo te llevas uno de los dos a clase. Esto multiplica costes, como expliqué una vez, pero bueno. El tablet no me parece solución con alumnado de cierta edad y circunstancias si tenemos en cuenta los factores dinero-golpes-agua-hurtos-recarga de la batería. Así que voy a comentar solamente un par de detalles que pueden contribuir a aligerar el peso, o a llevarlo mejor.

Primero, la manera adecuada de llevar la mochila. En mi generación la llevamos colgada de un hombro, asegurando el sustento de los fisioterapeutas al tratarnos aquellas magníficas escoliosis (dicen que no, que no hay relación, no sé). Desde hace más o menos una década, la moda escolar es llevar los tirantes en su posición más larga, con lo que la mochila cuelga sobre las nalgas o aún más abajo. Llevar el peso así no lo reparte por la espalda sino que la fuerza toda entera hacia atrás, verticalizando las dorsales y exagerando la curva lumbar. He probado a colocarme una así un momento para hacer una demostración en clase; el dolor lumbar es insoportable y duradero. Puedo cargar bastante peso, pero no así. Por tanto, si los menores a tu cargo hacen esta barbaridad, no se lo permitas. La mochila va sobre la espalda. Este vídeo lo explica muy bien. Aviso: ellos no quieren, dicen que les resulta incómodo.

En segundo lugar, el tipo de cuaderno. Entiendo que los niños pequeños usen cuadernos en vez de blocs de anillas o carpetas con folios: está el riesgo de perder las hojas sueltas. Pero los libros de texto suelen ser finos, y los cuadernos pesan  más. Yo recomiendo a todos mis grupos usar cualquier opción de hojas sueltas: bloc, carpeta, o cuaderno microperforado. Rara vez me hacen caso. Llevan cinco de sus seis cuadernos diarios porque quieren y sólo porque quieren. O porque algún profesor les obliga, lo que me parece una barbaridad.

Y por último, que algunos, no todos, se traen libros que no necesitan. Por ejemplo, si un libro tiene suplemento (el famoso workbook de inglés) lo traen a diario por si acaso aunque en clase no se les pida. O material de alguna asignatura que no toca hoy (todas las clases de primer ciclo de ESO tienen “el niño que trae a diario los materiales de Plástica”). No sé si es desconfianza de los profesores, creyendo que vamos a “ir a pillarlos”, o por quedarse ellos más tranquilos sabiendo que están preparados para todo lo que les pueda ocurrir.

La mejor solución centralizada desde la escuela es facilitar taquillas. Como profesora tengo más estrategias: los deberes son un día fijo a la semana así que solo necesitan llevarlo de vuelta a casa una o dos veces semanales. Uso el libro poco, es más un  guión para mí que un material importante para ellos. Doy apuntes y si usamos el libro lo proyecto en la pizarra digital, de modo que pueden leerlo aunque no lo tengan delante. Por eso no penalizo que no se lo traigan, pero entonces tendrán que compartirlo con alguien; algunos, en cuanto ven que en mi clase no hay puntos negativos por falta de material, se organizan para compartir siempre con el compañero. A veces aviso de que no vamos a necesitar libro, e intento que sea siempre el mismo día de la semana para que se organicen mejor.

Solo con ajustar correctamente los tirantes de las mochilas y con asegurarnos de que llevan el material que hace falta ese día y nada más, conseguiremos aligerar la carga un poco y proteger esas espalditas que tanta responsabilidad tienen encima.

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Este post es parte de una iniciativa de sanitarios, que creo que comenzó la Dra. Blanca Usoz (por cierto, en su post estoy de acuerdo con todas las recomendaciones, sustituyendo “estudiar con el ordenador en casa” con “estudiar con apuntes” según la comodidad del niño o la metodología del profesor).  Aquí más posts sobre este tema, casi todos escritos por pediatras:

Cuidados del pelo rizado para gente vaga o con prisas.

IMG_20141115_193017Yo soy la de la izquierda.

Tengo el pelo rizado, con el rizo bastante duro. Las ondas son blandas y se deshacen con facilidad. Me he encontrado con mucha gente que tiene poca idea de cómo cuidar el pelo rizado, o que no les gusta, y gente que lo trabaja de más sin necesidad, aparte de que tenemos expectativas poco realistas sobre lo que nuestros rizos puede hacer. Échale la culpa a la publicidad y al miedo a que parezca despeinado. A continuación va una pequeña guía sobre cómo cuidarlo con mínimo esfuerzo.

Lo primero, un aviso: una vez el pelo está sano e hidratado, solo los rizadores en caliente modificarán su forma. El rizo que tienes es lo que hay. No existe el producto que te dé tirabuzones, rizos más apretados o una forma distinta a tus ondas. Puedes notar una diferencia bastante grande hasta que des con la combinación de champú/crema/producto de peinado que mejor te vaya, eso sí.

Empecemos por el lavado: lávalo poco. Tras baños de mar, piscina, suciedad extraordinaria o cuando veas que las raíces están grasas. Cuanto menos mejor. No necesitas más. Los dermatólogos desaconsejan los diversos métodos de no lavarlo con champú (no lavar nunca, o “lavar” con crema suavizante) y yo me fío de ellos. No se trata de que lavar el pelo sea malo, sino de que te acostumbres a no necesitar lavarlo para peinarte. No necesita lavados diarios, de verdad que no.

El pelo rizado suele ser seco, o de raíces grasas y puntas secas. Puedes notar diferencia entre marcas de champú, pero yo no la veo entre champú etiquetado para rizos, para pelo seco o dañado o en su caso, teñido. Sin salir del supermercado, me gusta Elvive en cuanto  relación calidad-precio, especialmente la línea para pelo teñido. Cuando hay más dinero uno de mis favoritos es Trichomania de Lush, un champú sólido de aplicación cremosa y olor a coco. Es caro, pero dura muchísimo, como otros productos sólidos de Lush.  Si andamos cortos de dinero, el champú es de donde se puede recortar, ya echaremos crema suavizante. A mí me da igual crema que mascarilla: mi pelo está hambriento y lo absorbe todo igual. Tengo rachas de usar solo mascarilla porque para qué tener veinte botes en la ducha y total, si me lavo el pelo un par de veces a la semana no me acuerdo de cuándo fue la última vez que usé uno u otro. Igual que con el champú: un producto pensado para pelo rizado, seco, dañado o teñido. Sin dinero o pillando una oferta, Elvive. En una visita a Lush con ganas de dejar la cartera vacía, American Cream (carísimo), Happy Happy (no es lo más hidratante pero huele a gloria divina) o Jungle (sólido, un rollo de aplicar pero efectivo). A veces alterno con las mascarillas de las que venden en la peluquería, o en tiendas de productos de peluquería con marcas anónimas a bastante buen precio, y no soy fiel a ninguna marca, menos las ya nombradas, a las que acabo volviendo si nada me ha llamado la atención por ahí.

En la ducha, con la crema en el pelo, te peinas con un peine de púas un poco anchas. Y es el único momento en el que te quiero ver coger esos chismes. La crema hará de lubricante para facilitar quitarte los enredos, y si tu pelo tiene una tendencia natural a formar tirabuzones, saldrán cuando el pelo esté seco. Insisto: nunca te cepilles el pelo seco. No hay ninguna razón para ello. Sólo sirve para romperlo y abrir el rizo, o incluso para deshacerlo completamente hasta el próximo lavado. No todos los cabellos necesitan el mismo tipo de cuidado y el pelo rizado no necesita cepillarse. Si te gusta cepillarte, puedes hacer dos cosas: usar agua de peinado para reducir el daño (sigue leyendo), o aprender a masajearte la cabeza, si lo que buscas es esa sensación de “cosquillas”.

Para un extra de hidratación o reparación, o para ir a la playa, uso dos mascarillas diferentes: o aceite de coco, o un huevo batido con un par de cucharadas de aceite de oliva. El aceite puro es más difícil de aplicar; el huevo batido con aceite es pringoso pero una vez aplicado se seca y no gotea. Lo dejo puesto un rato, o varias horas, si me voy a la playa, y luego a la ducha. Queda más suave, y me encanta peinarme el pelo engrasado, relaja mucho.

Evito como la peste los serum reparadores de puntas y demás productos que son fundamentalmente siliconas con un olorcito agradable. No me importa si el cuarto o quinto ingrediente de mi suavizante es una silicona, pero no voy a comprar un producto supuestamente reparador o que dice ser un aceite vegetal a precio de oro, cuando en realidad es un aceite mineral que embadurna el pelo y que a la larga hace que parezca grasiento. No me gusta cómo queda y además esos reparadores salen mucho más caros que una simple gota de aceite de oliva o de crema. En los ingredientes figuran como Cyclomethicone, Dimethicone, Methicone, Amodimethicone, Dimethiconol, o Cyclomethicone/Cyclopentasiloxane.

Vale, tu pelo está ya todo lo hidratado y cuidado que puede estar sin un corte de puntas. Toca peinar: Si está completamente seco, mójalo con un spray. Los tienes en los “gremios” de peluquería, y en los bazares chinos. Si quieres puedes echar en el bote del spray un chorro de crema o mascarilla y agitar bien con el agua: “agua de peinado” instantánea, que te cobran a precio de crema de verdad. Ojo: este truco no sirve con productos que sean 100% grasa, sólidos o sin conservantes. Los grasos no se disuelven y los sólidos o hippies, “naturales” sin conservantes fermentarán o se pudrirán. Me pasó con un producto de Lush. Te mojas el pelo un poco, todo por igual. Te lo peinas con los dedos y decide, según cómo lo veas, si vas a ir natural, te vas a poner un poco de crema sin aclarado, o un producto fijador del tipo de gomina o espuma. Si te pones crema, ten cuidado: solo las puntas, o de medios a puntas, porque si te tocas las raíces te las vas a engrasar.

Si quieres un poco más de fijación, puedes usar espuma para ondas, gomina para rizos y tirabuzones, o una mezcla de gomina con crema. Peina un poco con los dedos, boca abajo si quieres extra de volumen. Y hala, a la calle.

¿Y el secador? ¿Y los rizadores? Para mí, ningún tratamiento de calor merece la pena. Destrozan el pelo, consumen mucho tiempo… los reservaría para días especiales.

Esta entrada puede quedar un poco rara en un blog dedicado sobre todo al feminismo y la educación, pero espero que sirva un poco para los dos propósitos. A mucha gente no le gusta su pelo, o no sabe cuidarlo porque la publicidad confunde o porque nos han enseñado que el pelo rizado es feo; como se decía en mi colegio, “de gitanas” o “de piojosas”. Y si me está leyendo alguien que prepara niñas para la vuelta al cole, espero que ahora vayan guapas, con tirabuzones, y sin dramas por los tirones y los enredos.

Advertencias, lugares seguros y aprendizaje.

En los últimos años, han llegado a España ecos y juegos del teléfono roto de una tendencia en las universidades norteamericanas:  discutir si parte del contenido de carreras universitarias, especialmente de Humanidades, deben tener en cuenta que en ocasiones el temario de las asignaturas puede herir las sensibilidades de los alumnos. Suele saltar a las noticias cuando algún estudiante o grupo de ellos se niega a tratar una parte del temario, una medida extrema y con la que no estoy en absoluto de acuerdo.

No voy a comentar las medidas concretas que haya tomado un departamento o universidad, sino a exponer cuáles son algunas quejas habituales y de qué forma podrían resolverse los problemas que tenemos ahora. Voy a hablar de tres cuestiones: inclusividad de los temarios, avisos de contenido y lugares seguros.

Llevamos algunos años, décadas quizá, teniendo debates a nivel no universitario sobre cómo hacer la escuela más inclusiva. Más diversa en teoría no hace falta, porque de los 5 a los diecimuchos presuponemos que la gente esté escolarizada, y de lo que se trata es de educar sin adoctrinar, sin menguar. Permitir que todo el mundo se sienta aceptado. Esto ha sido positivo para la escolarización de los más pobres, y para la mejora de la educación de las mujeres (en este caso de las niñas). Tiene sus efectos no del todo positivos, como la creencia de que “todas las opiniones son válidas” de la que ya he hablado aquí. La alternativa es peor.

También surgen de vez en cuando pequeños escándalos cuando los libros de texto preuniversitarios son sexistas, homófobos, o manipulan datos históricos. En un primer nivel, lo que se busca con la inclusividad a nivel universitario es lo mismo. Una vez conseguido que los libros no digan mentiras (ni los profesores), el siguiente paso es conseguir una mayor inclusión de los grupos o colectivos que hayan estado excluidos o poco tratados anteriormente. En España se trataría solamente de los temarios, pero en países como Estados Unidos, donde te vas a vivir a la universidad y por eso hay muchas actividades de ocio y culturales, tiene un alcance más amplio. Evidentemente, si metes una semana de clase para tratar a poetisas del siglo XVII vas a tener que sacar a uno de los autores hombres, y el titular va a ser “En la Universidad de Villa Grande se puede estudiar Arte sin estudiar a Autor Super Importante”. Veréis, si metes una cosa nueva tienes que sacar una vieja o arriesgarte a que tratemos superficialmente las dos. También podemos confiar en que los estudiantes saben usar una bibliografía crítica y una biblioteca.

La siguiente cuestión es la de los avisos de contenido, o trigger warnings. Es el problema estrella, el que se usa para representar el resto, y sinceramente, soy incapaz de entender por qué. Se trata de algo tan sencillo como avisar, en clase o por escrito (por ejemplo, si los alumnos reciben una fotocopia al principio del curso con el plan semanal de la asignatura), de que determinados contenidos que se van a tratar pueden herir sensibilidades, ya sea en la teoría o en el debate en clase. Los ejemplos que suelen darse en la prensa están relacionados con violencia sexual, ya sea en literatura, al estudiar Derecho Penal, en Ciencias de la Salud… También los he visto con menor frecuencia en cuestiones de violencia contra minorías, con el suicidio, temas así, duros.

Cuando alguien decide estudiar Derecho sabe que va a haber Derecho Penal, terrorismo, cuestiones sobre los límites de la vida, etc. Y qué decir si estudiamos cualquier carrera sanitaria. Sería poco factible y bastante absurdo hacer avisos de contenido en situaciones así, salvo quizá si se van a tratar materias especialmente escabrosas, casos prácticos basados en hechos reales, vídeos, etc. Si quieres ser médico o trabajador social te vas  encontrar cosas igual de horribles en persona. Por ello los avisos donde pueden ser útiles de verdad es en aquellos estudios en los que los contenidos sensibles sean tangenciales o puntuales; por ejemplo, al leer Otello o al estudiar una asignatura de periodismo en la que se hable de reportajes de guerra o en crisis humanitarias.

¿Para quién son los avisos de contenido? Estoy de acuerdo en que entender que se dirigen al público general es infantilizar a los estudiantes universitarios. La mayoría de los jóvenes de diecimuchos son capaces de ver las noticias y discutir temas dolorosos sin venirse abajo. Mi enfoque personal va dirigido a aquellos que tienen algún problema psicológico o han vivido la clase de temas a los que me refiero. Para las personas que han sufrido un trauma, estar sobre aviso de que se les viene encima una situación relacionada puede servir muchos propósitos, como por ejemplo:

  • Aliviar una sorpresa desagradable. Solamente estar avisado ya amortigua.
  • No ponerse a estudiar en un momento de cansancio o tristeza sino mentalizándose primero.
  • Estudiar en compañía si preferimos hablar de cómo nos hace reaccionar la lectura, o a solas si creemos que nos va a afectar fuertemente (la verdad es que a mí me pasaba algo así con algunas lecturas relacionadas con mi tesis; planeaba poder hcer algo relajante y distraído después de leer porque sabía que se me iba a quedar el cuerpo malo).
  • Programar citas con el psicólogo alrededor de las fechas en las que se va a hablar de temas desagradables en clase.
  • Pedir una tutoría con el profesor para comentarle que el tema es tan desagradable que preferiríamos que no nos señalara para hablar en un debate. O incluso lo contrario, decir que tenemos experiencia personal y podríamos aportar un punto de vista no esperado.

Es decir: un aviso de contenido en un contexto académico sirve, sobre todo, para que personas que encuentran ciertos temas muy duros puedan planear cómo amortiguar el estrés que prevén que les va a provocar. Quejarse de una petición de trigger warnings es pensar que estudiar debe incluir llevarse sorpresas desagradables, o confundirlas con una petición de que el tema no se estudie. No hay más.

Por último, están los “lugares seguros”. Esta expresión no me gusta porque es demasiado amplia y cabe en ella cualquier cosa. Se trataría de la expresión en la dinámica de clase de la inclusividad que hemos tratado en primer término: conseguir que un aula sea un lugar en el que todos los participantes se sientan respetados, cómodos, no amenazados, y con dereho a participar (si la clase es un debate). Esto debería ser el grado cero del aprendizaje, pero incluso formulado en unos términos tan neutros, algunos parecen creer que se refiere a que los alumnos buscan el nivel de apoyo propio de las aulas de Primaria. Traduzco un fragmento de la carta que la Universidad de Chicago ha enviado a sus alumnos de primer curso de este año:

Esperamos que los miembros de nuestra comunidad participen en un debate riguroso, que discutan, y que a veces haya desacuerdo. A veces esto puede ser un desafío o incluso haceros sentir incómodos.

Nuestro compromiso con la libertad académica significa que no apoyamos los mal llamados “avisos de contenido” (…) y no aprobamos la creación de “lugares seguros” intelectuales en los que los individuos se puedan aislar de ideas y perspectivas contrarias a las suyas. 

Mi pregunta es: ¿en qué afecta un aviso de contenido a la libertad de expresión? ¿Por qué se asume que un “lugar seguro” en un contexto académico consiste en eximir a los estudiantes de trabajar contenidos concretos? Se asume que el problema son “cosas con las que el alumno está en desacuerdo”, y que el estrés que los alumnos van a sufrir se debe a que van descubrir que, vaya, no todo el mundo es tan amable como los profesores del instituto y que aquí no se sobreentiende que todo el mundo puede dar su opinión. Que cuando das tu opinión, te la devuelven toda machacada.

Fuera de las aulas, el término “safe space” se ha utilizado para la creación de asociaciones o grupos informales de todo tipo de minorías. Las universidades americanas siempre han sido muy activas en esta cuestión; la fraternidad aún activa más antigua se fundó en 1776. Sin embargo, solo la creación de clubs feministas, LGBT, de minorías raciales, etc., ha recibido la crítica de que “en ellas no hay libertad de expresión”.

Como en este blog nos encanta dar consejos, basado en mi experiencia como alumna aquí van unos cuantos sobre cómo hacer un aula universitaria (o para adultos) un lugar seguro según mi definición.

  1. Deja muy claro al principio del curso (sobre todo en primer ciclo) que no todas las opiniones son válidas y sobre todo, por qué.
  2. No utilices el sarcasmo contra tus alumnos, ni lo permitas. Sé respetuoso.
  3. Asume que tu alumnado tiene una experiencia vital muy distinta de la tuya y que aunque ello puede afectar a su aprendizaje, no los hará peores estudiantes.
  4. Asume que a veces vais a tratar contenidos que los alumnos han experimentado, o visto de cerca. Los más horribles también. Y las más raras.
  5. Da margen para circunstancias personales extraordinarias. Ten criterios para entregar cosas tarde, para la ausencia justificada, etc.
  6. Infórmate sobre las necesidades de los estudiantes con discapacidad.

Un poco de empatía no debería impedir la libertad académica, sino crear un ambiente estimulante que facilite la discusión y el aprendizaje de los temas más espinosos.

 

Cosas que no decir a las aspirantes a madre

Ahora mismo, al menos tres mujeres de mi entorno cercano quieren tener hijos y están teniendo dificultades para ello. Digo mujeres y no parejas porque no conozco a todos los hombre implicados. Las mujeres hablamos más de estas cosas, y también se nos pregunta y se nos exige más.

Es fácil explicar que es de pésima educación meter miedo o echar sermones a las mujeres que no planean tener hijos, ya sea porque han decidido no tenerlos o porque “ahora no”. El tema no se toca, y ya está. Pero ¿qué decir cuando sabes que una mujer (o una pareja) quiere tener niños, y no pueden? Si tienes confianza como para saber algo tan íntimo, seguro que quieres consolar o aconsejar, pero te arriesgas a decir algo que lo empeore. A continuación, unas cuantas cosas que es mejor que no digas,  y luego algo más constructivo.

“¿Has pensado en la adopción?”. A ver. La adopción es una opción tan obvia, tan pública, que es como preguntar si sabe cómo se hacen los niños. De verdad que no necesita que se la recuerdes. Si no ha intentado adoptar todavía, tendrá sus razones.

“¿Has pensado en la fecundación in vitro?”. A menos que te haya contado su historial médico y el de su pareja también, no tienes ni idea de por qué no tiene niños. Igual hay contraindicaciones. Igual es caro. Igual los recovecos del sistema de salud de donde ella vive la dejan fuera de la cobertura. Además, hay parejas que no lo consiguen a pesar de que sobre el papel ambos son fértiles. De nuevo, ella ya sabe que esto existe.

Cualquier cosa que signifique “si deseas quedarte embarazada, no te quedas. Te quedarás cuando no pienses en ello”. Además de cruel, es mentira. Puede que el estrés tenga algún efecto que dificulta la concepción, pero el cuerpo no va a distinguir “estrés por exceso de trabajo” de “estrés por ganas de quedarse embarazada”. Lo único que consigues es culpabilizarla. Y ¿no es curioso que en un mundo que repite que la voluntad es mágica y todo lo consigue, justo esto se gafa si lo deseas? Venga ya.

“Todavía eres joven” a las mujeres de más de treinta y pico. Sobre todo si ella dice que no se siente joven o que siente que se le acaba el tiempo. Da igual si tienes razón o no, porque no estamos en una conversación filosófica sobre si la juventud es un estado de ánimo, sino sobre las posibilidades objetivas de tener un embarazo con éxito.

“Mi prima tuvo tres abortos espontáneos y ahora tiene un bebé”. “Mi prima lo intentó diez años y tuvo un bebé con 47”. “Mi prima lo consiguió con su tercer marido”. Nos alegramos mucho por tu prima. Sabemos que es posible tener niños después de mucho esperar y mucho sufrimiento. Pero ahora mismo, los niños de los demás y las historias de terror sobre embarazos complicados son la última y la penúltima cosa de las que apetece hablar.

Cualquier consejo médico si no eres su médico. Primero porque igual te equivocas. Segundo porque la concepción es cosa de dos y no sabes si pasa algo con la segunda persona.

“A lo mejor no te quedas porque estás gorda/demasiado delgada”. Esto suele venir acompañado de un “mi prima no se quedaba porque estaba gorda/demasiado delgada, se lo dijo el médico”. Sin comentarios.

Y estas son algunas cosas que puedes decir, además de “sé que es muy duro, lo estás pasando muy mal. ¿Quieres un café?”.

¿Te ha visto el médico? ¿te han dicho por qué os pasa esto? Si estás preocupada, ve al médico si aún no lo has hecho. Hay muchos problemas que tienen una solución muy sencilla, como tomar medicación.

Algún comentario positivo sobre su pareja o su relación que NO sea “bueno, vosotros ya sois felices juntos sin tener niños”. Es decir, algo del estilo de “os queréis mucho, se os ve bien juntos, cuando vengan será un buen padre, esto es muy duro pero seguro que os dais mucho apoyo”.

“Todavía eres joven” acerca de la crianza. Algo que se resuma en “ahora tienes más experiencia de la vida que con 25 años, y cuando vengan, serás una buena madre”.

“Hacer dieta/hacer ejercicio puede que te haga sentirte mejor, y si te quedas embarazada estarás más sana y mejor preparada”. No hablo de recomendar hacer dieta a una mujer gorda porque está gorda, sino de animar a quien lleva una vida sedentaria, o a quien no está comiendo sano, a hacerlo por sí misma, no por sus supuestos beneficios para la concepción.

Sugerencias de cosas concretas, útiles y agradables que alivien el estrés y la ansiedad, si tiene.

“A mí me pasó lo mismo que a ti”. Cuando es relevante, claro.

Y si estás en esta situación y has llegado aquí buscando consejo, ve al médico. Y si no te da solución, busca otro. Si eso ya está controlado, mucho ánimo y suerte.

Deberes, cómo sí y cómo no.

Internet está lleno, y con razón, de blogs de padres (madres) y de docentes en contra de los deberes. Que son injustos  porque unos niños tienen ayuda en casa y otros no, que son excesivos, y que no mejoran el rendimiento. Todo esto es verdad a menudo. Ahora bien, a partir de un momento en la educación de una persona, que no siempre es la misma edad ni el mismo nivel para todos, concentrarte en lo que se hace en clase no resulta suficiente, y hay que trabajar en casa. Pueden ser deberes mecánicos, tareas más creativas o estudiar teoría.

Como ese momento llega alguna vez, aquí van unas pautas sobre cómo organizarnos como docentes. Un factor importantísimo es la coordinación en el departamento, ya que hay una tendencia fuerte a que los profesores que den la misma materia evalúen igual (por ejemplo, que los exámenes sean el 80% de la nota final), que trabajen al mismo ritmo para poder cumplir la programación, etc. Si está recogido que los deberes son evaluables, tienes que mandarlos. Para eso están las reuniones de departamento y el enendimiento entre compañeros. Si eres anti-deberes, siempre tienes margen para mandar pocos.

Lo más importante: los deberes tienen que servir para algo por sí mismos. “Crear hábito de estudio” no es una razón, te pongas como te pongas, de ninguna de las maneras. Es como ir al gimnasio a ver a la gente trabajar para crear hábito de ir al gimnasio. Los niños no van al colegio a crear rutinas ni a ser adiestrados: van a aprender. Esto significa que la razón por la que se suelen poner deberes en Primaria no es válida. No pongas deberes “para crear hábito”. Nunca. Es inútil, y encargar tareas inútiles es cruel.

Ante esto te puede surgir una duda: ¿y si les cuesta mucho esfuerzo el salto a un nivel educativo en el que sean imprescindibles los deberes, o estudiar a diario? ¿y si en ese desajuste fracasan? Pues verás: a casi todos los estudiantes les llega un momento en el que la cantidad de trabajo del curso anterior no basta. Los estudiantes bastante dotados, esos que aprueban sin ningún esfuerzo, un día se estrellan y suspenden unas cuantas, o bajan del notable al aprobado raspadito. Entonces se espabilan y se ponen a hacer deberes y a estudiar por las tardes, o si están en una etapa postobligatoria cambian de estudios, porque el fracaso escolar no depende de la capacidad de hacer deberes, y donde sí depende, es que el sistema es absurdo: ¿cómo puedes querer que los estudiantes de Primaria y Secundaria trabajen más en su casa que en tu clase?

Otro problema: cuántos deberes. La jornada escolar es muy larga, y el tiempo libre excluido comer y descansar que tienen los niños y jóvenes es de 5 a 9. Los deberes no deberían ocupar más de un par de horas diarias en la ESO, como límite. Tienes 6 horas diarias de clase de unas 10 materias, y si todas mandan 15 min de deberes diarios juntas 90 minutos sin descansos. Es decir: hay que poner poco. No siempre podemos coordinarnos con el resto del equipo educativo para mandar una cantidad equilibrada de tareas, pero podemos tomar dos medidas muy sencillas. Una: preguntar a los alumnos. Pasas por lo menos dos horas semanales con ellos, puedes dedicar un cuarto de hora a preguntar qué profesores  mandan más deberes y qué días de la semana dejan la agenda temblando. Entonces, actúa en consecuencia. Dos: manda en clase tareas similares a las que van a ser los deberes, y mide el tiempo que se tarda en completarlas. No mandes más de lo que los alumnos pueden hacer en casa en, digamos, una hora semanal, como mucho dos para las asignaturas de 4-5 horas semanales. Si tus alumnos tardan diez minutos en sacar el cuaderno, entender tus instrucciones, hacer UN ejercicio y compararlo con el del compañero mientras cotillean, puedes mandar de seis a diez ejercicios a la semana como máximo. Sé realista: en casa están cansados y tienen muchas distracciones. No tienen por qué trabajar más y mejor que en clase; al contrario.

Sobre la organización, ¿qué pasaría si hoy mismo tuvieras que hacer un recado inesperado de una o dos horas? ¿podrías hacer todas las demás cosas que sueles hacer? ¿a que no? Pues los deberes igual. Igual mañana hay un examen de otra materia, o esta tarde tienen fútbol o dentista o ganas de dormir siesta. No mandes tarea de un día para el siguiente. Te recomiendo escoger uno o dos días semanales y que sean “los días de los deberes”. Ahora yo pongo en 4 de mis 5 clases “el lunes para el jueves, y el jueves para el lunes”. Repito esa frase en clase TODOS los días. Así se genera una rutina de trabajo (OJO: creo rutinas que faciliten el trabajo, no mando trabajo para crear rutinas) y es menos probable que se nos olvide, a mí también, qué toca. El quinto grupo no tiene inglés el jueves así que ellos van de lunes a miércoles y viceversa.

Por último, qué poner como deberes. Los deberes se usan a menudo para lo que no da tiempo en el aula. Explicamos la teoría, y a continuación ponemos ejercicios, y si no se terminan a tiempo, los mandamos para casa. Esto es un problema grave si los alumnos no tienen la oportunidad de preguntar todas y cada una de sus dudas en clase antes de hacer deberes en casa. Los factores son muchos: falta de tiempo, una metodología que no da un turno de preguntas, timidez, cansancio. El resultado es que tendrás quien no hace los deberes o simplemente los copia de un amigo porque no sabe hacer la tarea, y no sabe hacerla porque no ha podido entender las instrucciones. En dos palabras: los deberes tienen que ser fáciles y tienen que hacerse sobre contenidos que han quedado claros en clase. Una posible solución a este problema es un método que se llama “la clase al revés”, que en su definición más simple es que en casa, los estudiantes se familiarizan con la teoría (lectura, vídeo, presentación de diapositivas, lo que el profesor considere) y en clase se trabajan actividades más dinámicas. Tienes un inconveniente de los deberes (invades el tiempo personal del estudiante) pero pierdes otros, como el trabajo en solitario sin ayuda.

Por último, en ESO y Bachillerato evaluamos hacer los deberes, no que estén bien o mal, a menos que pongamos una tarea más o menos larga y creativa. ¿Por qué? porque hacer tareas es más efectivo como método de aprendizaje que estudiar teoría, y queremos convencer a la clase de que trabajar un ratito por las tardes va a ser productivo y útil. La segunda vez que un alumno reciba una nota negativa por hacer los deberes mal no va a volver a hacerlos. ¿Para qué, si ha perdido tiempo y además una nota? Distinto es mandar con mucho tiempo e instrucciones una tarea creativa puntuable, como por ejemplo una redacción en idiomas.

Y ¿cuánto deben puntuar los deberes? Depende de cuánto quieras que puntúe todo lo demás. Lo habitual es hacer medias ponderadas: por ejemplo, 50% el examen, 10% la “actitud”, 20% un proyecto o tarea práctica y 20% los deberes. Yo no soy partidaria de que ninguna de las partes, especialmente los deberes, sea clave. Si un alumno no hace NUNCA los deberes y es capaz de aprobar los exámenes, le ponemos cero en ese aspecto y calculamos la media. Esto perjudica de verdad a dos tipos de alumno. Primero, a los  que sacan muy buenas notas en los exámenes y que verdaderamente no necesitan hacer deberes para aprender a ese nivel. Podemos dejarles con el 6 o 7 de media que se les va a quedar y que se fastidien, o hacerles una adaptación para que puedan avanzar, dándoles deberes más difíciles o más creativos. Y en segundo lugar, a los que no pueden hacer deberes, ni bien ni mal, porque tienen algún problema personal (familiar, de salud) y en los exámenes se quedan muy raspaditos, cerca del aprobado. Estos ya quedan al criterio de cada profesor, porque cada caso es diferente.

En resumen, lo importante es la empatía. No intentes recordar cómo eras tú a su edad: piensa cómo te sientes ahora respecto a hacer horas extras, a pasarte las tardes corrigiendo en casa, y dales lo que te gustaría tener.