Archivo de la etiqueta: consentimiento entusiasta

¿No al sexting? Algunos consejos.

sexting policiaUna de las campañas intermitentes más constantes de la cuenta de twitter de la Policía Nacional es la relacionada con el sexting. Si quitamos los chistecitos, se resume así: para evitar que te chantajeen o avergüencen difundiendo tus fotos íntimas, no compartas fotos íntimas. Aquí se puede observar cómo, cuando el delito es de naturaleza sexual, la responsabilidad de evitarlo se atribuye socialmente a las víctimas potenciales. La policía no nos dice “para evitar que te roben en vacaciones, no viajes”: te recomiendan unas medidas de protección de tu casa que no son una molestia. No dicen “Para evitar que te atropelle un borracho, no salgas los fines de semana”, sino que hacen campañas contra quienes conducen tras beber o consumir drogas. Ni te dicen que no vayas al fútbol porque está lleno de ultras sedientos de sangre, sino que avisan discretamente de que hay que tener “respeto” y que allí están ellos vigilando los estadios.  Es una diferencia notable de la que ya he hablado antes.

Aquí se está perdiendo una buena oportunidad de educar de verdad sobre el sexting, así que lo vamos a intentar aquí. Estos consejos son, para variar, para la persona que envía sus fotos, o sus mensajes. No pretendo culpar a ninguna víctima de lo que le ocurra (suponiendo que las fotos que envíes sean mal utilizadas), sino ayudarte a que te diviertas con más seguridad.

  1. El sexting resérvalo para gente que conozcas muy bien, preferiblemente quienes conozcas en persona. En internet es muy fácil asumir una personalidad falsa y hay quien lo hace expresamente para estas cosas. Es sencillísimo mentir por internet. Las personas más vulnerables a esto son los menores de edad, aunque nunca se sabe.
  2. Recorta tu cara o cualquier otra cosa que te identifique de las fotos que mandes. Si alguien insiste en pedir una foto en la que salga tu cara como prueba de confianza o algo así, HUYE. Nadie puede pedirte pruebas de confianza, de este tipo o de otro.
  3. Hablando de pruebas: si alguien te pide fotos porque tienes algo que demostrar, corta la relación con esa persona. Esto es como el consentimiento sexual: ni “si me quisieras lo harías”, ni “hazlo por mí”, ni “¿es que no confías en mí?”, ni nada. Si la relación depende de que cumplas los caprichos de quien te pide fotos, si por ejemplo te insulta o critica por no enviarlas (“reprimida, egoísta, presumida”), termina la relación. No es una cuestión de proteger tu intimidad, sino de que quieren manipularte y no te respetan.
  4. Repito: trata el envío de fotos sexys como tratarías el sexo. Hazlo cuando te apetezca a ti, sólo si a ti te resulta sexy y divertido. Tu misión no es complacer a la otra persona, sino disfrutar juntos.
  5. Del mismo modo, rompe una relación con alguien que te envía fotos no deseadas. Trata el envío de fotos no deseadas como tratarías el sexo no deseado. Por tanto, si quieres tomar la iniciativa tú, pregunta primero.
  6. Borra las imágenes. Conserva los chats. Releer chats e emails te puede dar mucha perspectiva cuando estés intentando decidir si estás o no a gusto en una relación.
  7. Y por supuesto, el momento de recurrir a la policía es tan pronto como te amenacen o chantajeen.

Evidentemente, lo más seguro de todo sería no mandar nunca imágenes sexuales. También sería más seguro no salir nunca de casa. Con esto, como con cualquier conducta sexual, primero la seguridad, luego el consentimiento de todos los participantes tú incluido, luego el placer. Si te falta alguno de esos tres elementos, no merece la pena.

El fracaso de los consejos para prevenir violaciones.

Recientemente, me preguntaron si era comparable dar instrucciones y consejos para evitar el hurto, del tipo “cierra siempre el coche o la casa con llave”, y dar el mismo tipo de consejos para prevenir la violencia sexual. Ya hay un post magnífico en Me Han Violado sobre el tema, pero siempre se puede añadir algo más. Veamos porqué no es lo mismo, y si esos consejos resultan machistas.

Hay un ejemplo muy ilustrativo del tipo de consejos que se dan contra la violación cortesía del Ministerio de Interior. Os pongo una foto por si desaparece de la web:

prevenir violación1. Los consejos de la lista son inútiles porque la mayoría de las violaciones las hace un conocido. La mayoría de los hurtos, no. No nos protegemos de los conocidos; es más, cualquier consejo que demos sobre protegernos de nuestros conocidos puede ser entendido como paranoia o como misandria: “no te quedes nunca sola con un compañero de trabajo, o con un amigo”. “Nunca le des fotos íntimas o comprometidas a tu pareja; hay gente que las usa para hacer chantaje o acosar después de la ruptura”. Decir “consejos para evitar agresiones sexuales” es incompleto. Son consejos para evitar ser demasiado vulnerable ante agresiones de desconocidos, que son, que se sepa, menos del 40% del total de las agresiones sexuales.

2. Me he encontrado muchos hombres que ante nuestra aplicación habitual de ese tipo de consejos, se ha sentido ofendido, personalmente atacado porque le parece que nos estamos protegiendo de él. Son medidas de uso secreto, discreto. Si hay hombres que te conocen y saben que las usas, pueden tratarte como a una maleducada, misándrica, o cosa similar.

3. Los consejos dan la sensación, falsa, de que la violación es evitable. No lo es, porque no depende de tomar medidas de seguridad, depende de estar cerca de un violador. Es más fácil evitar el hurto: los ladrones son un colectivo reducido, y no hay muchos ladrones ocasionales. En cambio, protegerte de la violación de manera efectiva requeriría no hacer vida social (como parece indicar el Ministerio del Interior)

4. Los consejos sugieren que la violación es culp de una víctima que no tomó todas las posibles medidas de seguridad. Si vienen de una autoridad, pueden desanimar a denunciar o a pedir ayuda, no vaya a ser que te pregunten qué hacías allí sola a esas horas.

5. Incluso cuando son útiles, los consejos son hipócritas cuando vienen de cuerpos de seguridad que se burlan de las víctimas, no las creen, o intentan disuadir de que denuncies cuando te presentas en comisaría.

6. La policía y demás cuerpos de seguridad hacen un trabajo constante de lucha contra la clase criminal. Esto se puede decir que empieza con la socialización en Infantil (usa tus cosas, no cojas nada sin permiso, devuelve lo prestado….) El civismo está orientado a respetar la propiedad. No existe tal lucha, social o estatal, contra los violadores. Cuando te proteges contra el hurto, tú haces tu parte, y el Estado la suya. Pero nadie está haciendo ninguna campaña, buena o mala, contra la violación, y menos que nadie los poderes públicos. Ante la agresión sexual, la víctima potencial está sola. Los consejos son un recordatorio de ello. Defiéndete, porque a tu violador no le hemos metido miedo a que lo pillemos.

Aquí se puede poner el ejemplo de las normas de tráfico. Cualquier conductor sabe que su integridad depende de: su habilidad como conductor, la protección que le ofrece su vehículo, y la habilidad de los demás conductores. Por eso tenemos formación de conductores, medidas de seguridad obligatorias en los coches, y a veces, campañas de publicidad sobre conductas que nos ponen a todos en peligro. Poca gente se siente ofendida ante un anuncio que diga “si bebes no conduzcas, porque matarás gente”. Nadie se siente ofendido porque los coches tengan que tener cinturones de seguridad. En cambio, las políticas de prevención anti-violación nunca se centran en el daño que podemos hacer, sólo en protegernos del que podemos recibir. Su equivalente son campañas de tráfico que nos animen a mirar muy bien antes de cruzar para que no nos atropellen.

7. Los ladrones tienen una gran desventaja respecto a los violadores: el botín es más difícil de alcanzar si se siguen las precauciones. Puedes poner tus pertenencias en un lugar seguro. Las vaginas, en cambio, no son de quita y pon, no se cierran con llave, y no se puede disimular que estan en nuestra posesión. Todas las mujeres somos accesibles; algunas un poco más y otras un poco menos. Pero ninguna puede protegerse de verdad y para siempre.

Como conclusión, contestemos a la pregunta: ¿los habituales consejos anti-violación son machistas? Cuando provienen de instituciones públicas o de educadores, es machista que sean el único enfoque que se trata. Es machista que se tome como algo natural que las mujeres perdamos la libertad de circular libremente. Y se observa que los únicos consejos de prevención que se dan son para proteger la propiedad, y para evitar la violación. Es decir: a todos nos enseñan a proteger nuestras cosas, y sólo a las mujeres, a intentar proteger nuestro cuerpo. Los hombres, que yo sepa, no reciben consejos contra las agresiones que les puedan venir (que les vienen, otra cosa es que de ello no se hable).

Cuando provienen de amigos o conocidos, son una inutilidad bienintencionada, y como tal se reciben. No es que sean machistas, pero al igual que cuando vienen de policías o educadores, se echa en falta la otra conversación. Esa que tendrías con tu amigo sobre que el sexo sin consentimiento activo es violación, aunque ella esté borracha o sea su mujer.

La forma correcta de comer un mango.

Es necesario tener:

Hambre. Los mangos son una fruta grande; no comas más con los ojos que con la boca. No busques algo que en realidad no te apetece. Hay que desearlo, pues ¿quién es el loco que se lanza a por lo que no quiere realmente?

Un mango en el momento adecuado. Será en parte verde y en parte amarillo con alguna mancha roja. Cede levemente a la presión, sobre todo cerca del rabito. Sin embargo, es mucho más difícil saber si quien está contigo es la persona adecuada o el momento adecuado. A veces hay que lanzarse, porque puedes llevarte una sorpresa.

Un cuchillo de hoja fina y a ser posible flexible. Siempre es mejor ser flexible. Sacas más jugo de la vida (y de los mangos). Puedes apurar mucho mejor lo que se queda pegado al hueso.

Qué hacer:

Clava el cuchillo en el mango y pártelo por la mitad. Tendrás la mitad grande con el hueso y la pequeña sin él. La mitad pequeña es más fácil de comer y debe ser para la persona más tímida, pasiva, aquel de los dos que necesita algo de ayuda. Si tienes el cuchillo, lo más probable es que esa persona no seas tú. Felicidades. Aunque por supuesto, que te den las cosas hechas tiene su encanto.

Coge la mitad sin hueso y corta una cuadrícula sobre la carne, diagonal a las fibras. Sé suave. Ten cuidado. Si aplicas demasiada fuerza cortarás la corteza y no quedará igual de limpio. Hazlo con mimo. Recuerda que lo estás haciendo para quien comparte este mango delicioso contigo. Ahora, presiona ligeramente desde la corteza hacia dentro para “darle la vuelta”. Quedará con un dibujo de rombos.

Pásaselo. Disfruta de su mirada de placer, anticipación, y hambre. Puedes jugar a no dárselo, pero no mucho tiempo, no seas cruel.

Coge la mitad que te queda. Corta tajaditas alrededor del hueso (¿ves cómo necesitabas un cuchillo flexible?). Introduce con cuidado el cuchillo entre el hueso y la carne para crear otra mitad como la que has dado. Córtale una cuadrícula y vuélvelo del revés como la otra mitad.

Muerde los cuadraditos. Come con los dedos y lámetelos. No se te ocurra coger un tenedor.

¿Quieres gemir de placer? Hazlo. ¿Quieres mirar a quien ya está acabándose la otra mitad y sonreír? Hazlo. Nunca ha comido mango antes, y está sorprendido. Cuéntale cómo fue tu primera vez (el mango estaba verde y fue una enorme decepción). Lame sin que te dé vergüenza las gotas de zumo que van a gotearte por la mano.

Ya que tu acompañante empezó a comer mientras tú todavía cortabas, terminará antes. Seguro que te pide más. Valora qué es más importante, tus ganas de comer mango o tus ganas de satisfacer. Actúa con generosidad, dale un pedacito, aunque sea haciéndote de rogar.

No hay mejor forma de acabar una comida que compartir un mango.

Hombres que me han enseñado sobre feminismo

Mi padre. Porque si el feminismo es la idea radical de que las mujeres somos seres humanos, el primero que me trató como tal fue mi padre.

Mi marido. El porqué sería largo de contar.

Tres de mis ex. Me enseñaron a gustarme. Y no deseaban “hacerme” cosas. Deseaban mi sí y me enseñaron a consentir en lugar de a dejarme hacer.

Joss Whedon. No soy su mayor fan, precisamente, pero me gusta cómo trabaja con sus ideas de “mujer fuerte”. Las series serían más aburridas sin él.

Charles Dickens. No era feminista; él quería un patriarcado amable. Se aprende mucho observando en sus novelas porqué eso es imposible.

Michael Kimmel. Autor de libros sobre roles de género. Le preocupa especialmente la masculinidad moderna. The Gendered Society es un libro suyo magnífico sobre sexismo.

James Eli Adams, catedrático de la Universidad de Cornell cuyo trabajo se centra en la masculinidad victoriana. También es un excelente profesor. Hay muchos buenos profesores y muchos victorianistas, pero me quedo con Adams porque me gustó verlo ejercer de padre de su hija.

Daryl Bem, otro profesor universitario en Cornell, éste de psicología. Me dio un curso breve pero intenso sobre formación de ideologías.

Bill, el marido de Suzanne, mi amiga que es cura episcopaliana. El primer hombre al que vi, en vivo y en directo, ser el apoyo logístico y emocional de su mujer y no al revés. Él compaginaba su propia carrera y sus hobbies con tener el rol de “cuidador” en la pareja. Sin problemas y sin alardes.

William Shakespeare, que inventó el personaje femenino con agencia. Exagero un poco, pero sólo un poquito.

Los comunistas en twitter. No todos, sólo algunos. Perdonad que no los mencione, prefiero no olvidarme de ninguno. Porque me recuerdan que no puedo hacer sólo feminismo para blancas y ricas.

Michel Foucault. Para recordar entre otras cosas que el sexo no libera. La libertad está en poder consentir o no.

Manuel Almagro y Brian Crews, profesores universitarios que me recomendaron a Jeanette Winterson. Otros editaron y publicaron mi artículo sobre una novela suya.

Donald Dutton escribió casi todo lo que sé sobre violencia de género. Miguel Lorente añadió otro poco. Juan José Millas remató con Hay algo que no es como me dicen.

Algunos feministas en twitter. No quiero dar nombres por si me olvido de alguno, pero ellos saben quiénes son. De su mirada de novato que se acaba de tomar la pastilla roja, de su odio por las injusticias, no sólo se aprende: se sacan fuerzas.

Algunos alumnos varones que no responden a los ideales de la masculinidad. “Hombres débiles”, como dice un hombre feminista; chicos no necesariamente amanerados ni homosexuales, pero que aún así, no responden a lo que se espera de ellos. Ellos lo saben. Procuran no llamar la atención. Estoy aprendiendo a convertir mi aula en un sitio donde puedan ser ellos mismos. Apenas estoy empezando.

Gustavo Bolívar, autor de la novela “Sin tetas no hay paraíso”. No os la perdáis. Buenísima.

Hayao Mizayaki, por tantas películas con buenos personajes femeninos, sobre todo con las mujeres más invisibles: las ancianas.

Roddy Doyle, novelista irlandés autor de entre otras “The Woman who Walked into doors”, una novela para mí con cualidades de exorcismo.

Michael Ende. Por Momo. Porque seguro que tuve mejor infancia que con un héroe masculino.

John Irving. Otro novelista. Porque en En Mundo Según Garp tuve mi primer contacto con feminismo pesimista, partidario de la segregación. Y en Las Normas de la Casa de la Sidra se habla de aborto como en ninguna otra obra de ficción que yo conozca.

Y tú, aliado posible, quién sabe si amigo, ¿vas a hablar de feminismo? ¿Vas a llamarte feminista? ¿Vas a enseñarme algo? ¿Vas a mejorar la vida de alguien? ¿Vas a echar abajo las injusticias a patadas? ¿O sólo piensas quedarte ahí, criticando?

Consentimiento entusiasta: introducción y verbalización.

El consentimiento entusiasta es la traducción de “enthusiastic consent”, un término que he encontrado fundamentalmente en activistas por la libertad sexual y contra la violación. Se intenta que dejemos de pensar en la violencia sexual como “sexo + violencia”, o como “violencia sexualizada” para pensar en “sexo sin consentimiento” y a definir qué es eso del consentimiento sexual. Puede ser problemático, porque hay quien malinterpreta que este entusiasmo consiste en pedir permiso de manera explícita, mecánica y fría. No es eso: el consentimiento entusiasta simplemente no se presupone, y se busca como un elemento fundamental de la relación sexual. Es eliminar la noción de conquista, con una parte invasora activa y otra receptora pasiva, y sustituirlo por una cooperación en la que todas las partes han podido decidir qué desean, y qué no desean; lo han podido comunicar; han sido escuchadas y aceptadas; y cada una de las fases de este proceso ha sido erótica.

Esta comunicación puede ser larga y compleja, necesitada de negociación, o puede ser muy simple. Eso dependerá de si las personas implicadas se conocen bien o no, de sus gustos, y de lo que en ese momento les apetezca. También depende de sus personalidades, porque hace falta cierta madurez y asertividad para tener claro lo que quieres, y comunicarlo. Ahí tenemos una dificultad, pues si la idea de comunicar abiertamente qué deseas, rechazar lo que no te gusta, y negociar términos medios, no te sale cuando el tema no es el sexo, quizá deberías practicar en otros aspectos de tu vida. Si te han educado para ser una persona pasiva, aprende a pedir. Si te han educado para exigir y tomar siempre la iniciativa, aprende a preguntar y a esperar. Puedes seguir en tu pasividad o en tu dominación, por supuesto, siempre y cuando sepas, repito: decidir dentro de tu cabecita qué quieres, comunicarlo, aceptar los deseos ajenos.

Muy importante también: el consentimiento entusiasta ni siquiera tiene por qué ser un disfrute entusiasta. Es más fácil aún. Es posible pensar “hago esto con todas mis ganas a pesar de que no me gusta mucho porque quiero verte disfrutar; quiero comprobar qué salió mal antes; quiero probar algo nuevo; luego vamos a hacer algo que sí me gusta mucho”. Lo importante aquí es la falta total de coacciones.

Para terminar y como ejemplo, una de las muchas maneras posibles de llevar a la práctica este consentimiento con ganas es la verbalización: tan simple como preguntar. Si vas a hacerlo, y esperas una respuesta verbal, pienso que es mejor decirlo de maneras que tengan una respuesta fácil: sí o no. No hay que dar largas explicaciones. Algunas maneras de buscar un sí son:
¿Puedo?
¿Sigo? ¿Quieres que siga?
¿Te gusta?
¿Quieres esto? ¿Quieres más?
¿Has pensado si quieres…..?
¿Te gustaría…?

Y algunas maneras de buscar un no son:
¿Quieres que pare?
Si no te gusta, paro.
¿Quieres otra cosa?
¿Te molesta?
¿Te desagrada?

Hay quien opina que todo esto no se puede hacer de forma erótica y placentera; mentiras para egoístas y vagos. Si podemos cantar dime que me quieres, podremos susurrar “dime que me deseas”.

Guía práctica para prevenir las violaciones.

¿Quieres saber qué hay que hacer para evitar la violencia sexual? Es fácil. No violes.

Ah, que querías algo más detallado. Quizá, cómo evitar que otros violen. Pues aquí tienes una lista de consejos. Son muchos, son exigentes. Son pedir demasiado. A mí me han pedido muchas tonterías antes, así que si por exigirte algunas cosas a ti la próxima generación de niñas va a pasar menos miedo, pues estoy en la obligaciónde exigirte.

  1. Edúcate sobre el consentimiento entusiasta. Te resumo la teoría: el consentimiento libre, consciente y explícito es erótico. Aquí hay más información. Aprende algo más que a ser un seductor-conquistador. Cuando te hayas educado sobre el tema, práctícalo y educa a otros.
  2. Las violaciones no son sexys ni divertidas. Ante una letra de canción como “los besos más bonitos son los robados” o “qué culpa tengo yo de que a las niñas les salgan las tetas antes que los dientes” (estoy dando ejemplos de poca intensidad, lo sé), analiza, critica, comenta. No te limites a absorber el mensaje.
  3. Para evitar que las mujeres que conoces sean agredidas por desconocidos, acompañarlas es una recomendación estándar. Ve más allá, porque la agresión por un desconocido es estadísticamente poco frecuente. Para evitar agresiones de sus parejas, sé un buen amigo y procura estar atento a las señales de alerta que dan los maltratadores (y las personas maltratadas).
  4. No culpes a las víctimas ni pongas en duda su testimonio. Si quieres y se puede, haz preguntas, pero no la pongas en duda. Compara con que te describan un atraco: piensa si preguntarías “¿Tanto dinero llevabas en la cartera? ¿de verdad te robaron, seguro que no lo has perdido?”, si dirías “bueno, por lo menos no te pegó, ¿no?”. ¿A que no?
  5. No obligues a una víctima real o potencial a hablar del tema. Además de respetar el cuerpo hay que respetar el silencio. Estarás enseñando a esa persona que su intimidad es valiosa para ti.
  6. Nunca les digas a las mujeres qué tienen que hacer para protegerse. Intenta salir de la cultura que nos marca que los delitos sexuales se previenen con el control físico y mental de las víctimas potenciales.
  7. No entres en “es que yo no soy un maltratador”, “no me pongas bajo sospecha”. No nos hagas perder tiempo consolándote. Busca para eso, si quieres, a otros hombres, o a personas que no se sientan vulnerables.
  8. El sexo con drogas o alcohol puede estar muy bien, pero resérvalo para personas y ocasiones con mucha confianza previa. Drogado o bebido te va a resultar más difícil detectar la falta de consentimiento, parar a tiempo si no lo hay… Vas a ser menos consciente si la otra persona no se lo está pasando bien. Igualmente, evita el sexo con personas que no estén en plenas facultades (volvemos al consentimiento entusiasta)
  9. Si conoces casos, habla de ellos sin dar nombres y la víctima te da permiso. Elimina con ejemplos prácticos la idea de que los maltratadores son monstruos. Compartir con discreción las experiencias de las mujeres maltratadas que conoces puede ser educativo para otros.
  10. Jerarquía + secretismo = abusos. Jerarquía + secretismo + discriminación o represión sexual = violencia sexual. Si estás en una situación de poder, aumenta la transparencia, la autocrítica de los líderes, la diversidad en la entrada de miembros y en la directiva. Ten una política previamente publicada sobre abusos. Que los depredadores potenciales sepan que sabes que existen y que vas a por ellos. Quieren víctimas indefensas, no las quieren protegidas por ti.
  11. Si eres responsable de niños, enséñales cosas como “a la gente no se la toca sin permiso. Pide permiso. Respeta el espacio de los demás”. Esto incluye, por supuesto, predicar con el ejemplo.
  12. No excuses a los violadores. Trátalos como tratarías a alguien que roba carteras a punta de navaja, como mínimo. Entiendo que puede ser duro cuando el violador es tu amigo, o tu cantante favorito. No dejes que se sientan cómodos.

Elaborado con la colaboración e inspiración de mis alumnos y alumnas del IES González de Aguilar; mi marido; @jaustral; @cora_alvarez; @ComandanteVimes; @minimaiko; @shakesphobic; @510nm; @undivaga; @ptraci. Muchísimas gracias.