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Algunas ideas para organizar una biblioteca doméstica.

Pero qué cosa más bonita es una pared forrada de libros. Aunque estén mal ordenados.

Ahora que está de moda hablar de sistemas organizativos domésticos gracias a Marie Kondo, veamos cómo racionalizar una biblioteca doméstica, y cómo aplicar en casa algunos de los principios que se usan en las bibliotecas profesionales. Va a ser un artículo muy elemental, sin entrar en herramientas de catalogación, por ejemplo.

Recordar qué quieres adquirir.

Puede que quieras todas las novelas de Agatha Christie y no te acuerdes de cuáles tienes ya. Puede que alguien te pregunte qué quieres por tu cumpleaños y te quedes en blanco. Puede que vayas juntando recomendaciones en redes sociales o en prensa y quieras ir a la feria del libro con todo apuntadito. Por lo que sea, si te gusta mucho leer te interesa registrar lo que te apetece leer en algún sitio unificado. Puede ser la misma herramienta que uses para tomar nota de lo que ya tienes o lo que vas leyendo, algún tipo de catálogo. Hay programas pensados para uso doméstico, o te puedes hacer una hoja de cálculo simplona. Otras opciones son un cuadernito, como los “bullet journal” de moda, o Goodreads, que es lo que uso yo. Goodreads tiene el inconveniente de ser de Amazon y que la versión para móvil es una castaña. Pero de verdad, usa algo.

Dónde poner los libros.

Para mí hay un solo lugar: en estanterías del suelo al techo, sin puertas, y con estantes que puedan cambiarse de posición. En la práctica y con mi presupuesto eso significa estanterías Billy de IKEA. Nada tiene mejor relación calidad/precio. La hay siempre en blanco y varios tonos de madera; a veces la hay en ediciones limitadas de colores. Las estanterías tienen que estar clavadas a la pared, por seguridad. Puedes poner estantes en sitios estratégicos, primando siempre aprovechar bien el espacio.

Cualquier sitio es bueno menos el baño y la cocina. He llegado a instalar una estantería en un vestíbulo. Evita, si puedes, colocar objetos de adorno delante de los libros (esto no lo he cumplido en mi vida, pero bueno, es un ideal).

Cómo ordenar los libros.

Cómo ordenes los libros va a depender de cuánto sitio dispones. Debería ser un método que los haga fáciles de encontrar y que aproveche al máximo el espacio, aunque estos dos objetivos a veces están contrapuestos.

Lo más obvio es por colecciones. Yo evito mantener las colecciones juntas. Queda estético y compacta el espacio… solo si todos tus libros son colecciones. No sabes dónde está nada a menos que memorices los títulos de la colección. Mira, que no. Lo mismo se aplica a ordenar los libros según su editorial. Tu casa parece una librería, y de la misma manera, no hay orden real porque no se puede encontrar un libro a la primera.

Ordenar por tamaño es casi perfectamente compatible con ordenar “bien”, por temas, porque casi todos los libros van a ser de tres tamaños: libros de bolsillo muy pequeños, algún libro un poco más grande, y los más grandes. Puedes hacer que la balda más baja de tus estanterías sea muy ancha, en lugar de tener la estantería de los libros grandes. Observa estos dos esquemas:

Los grandes, abajo.

Los grandes, aparte.

El primero de ellos es útil si todos los libros son de la misma categoría y colocas abajo los grandes. El segundo esquema te viene bien si reservas una columna, por ejemplo, a cómic, que tiene un formato más irregular y más grande que los libros. Siempre vas a querer buscar algo mirando de arriba a abajo así que no funciona reservar a un tema la zona baja o alta, es decir una sección horizontal que atraviese columnas.

Entremos ahora en cómo ordenar por temas. Las bibliotecas usan muchos sistemas clasificatorios diferentes. Uno de los más populares es la Clasificación Decimal Universal, que es bastante flexible. No es necesario aplicarlo tan estrictamente como en una biblioteca pública, donde casi seguro que hay una colección más variada en lo que respecta a “no ficción”. La primera división útil es narrativa / todo lo demás. En ese “Todo lo demás”, yo separo poesía, teatro, biografía, cómic, libros de cocina (porque son muchos). Lo que nos queda, la CDU lo organiza así:

0 Generalidades.Enciclopedias. Biblioteconomía.
1 Filosofía y psicología.
2 Religión. Teología.
3 Ciencias sociales, sin incluir geografía e historia.
4 Vacío. Ya ves qué tontería.
5 Matemáticas y ciencias naturales, es decir ciencias “puras”.
6 Ciencias aplicadas, incluyendo Medicina y Tecnología.
7 Bellas artes. Juegos. Artes escénicas. Deportes
8 Lenguaje.* Lingüística.* Literatura
9 Geografía. Biografías. Historia

En mi caso está adaptado a mis libros: Filosofía incluye feminismo (de hecho, es una de las categorías de las que más libros tengo), y pongo seguidos educación / pedagogía / metodología de la enseñanza de lenguas extranjeras (para mí una sola categoría), lingüística, y Literatura (libros del tipo de análisis literario, teoría e historia de la literatura…). En una biblioteca pública serían las categorías 37 y partes de la 80 y 81 (simplifico). Prefiero tener las biografías cerca de la narrativa por una cuestión de espacio. Es decir: usa el sistema que más te guste y adáptalo a la cantidad de libros que tengas, cres subcategorías si te viene bien. Lo importante es separar.

Dentro de cada categoría, el orden siempre es alfabético por apellido del autor. Puedes poner las antologías por el editor, por Varios, o al final. En casa, yo las pongo al final. Los libros del mismo autor los pongo cronológicos si tengo muchos y es uno de mis autores favoritos, y en cualquier orden en el resto de los casos. Cuando ya sabes más o menos qué vas a separar, no lo hagas todo de golpe. Ponte una mesa cerca, saca unos cuantos libros, mete unos cuantos y así. No saques más de lo que puedes recoger en diez minutos.

Algunas cuestiones sobre subdividir la literatura: yo no separo literaturas nacionales ni idiomas, porque mi colección es muy asimétrica y no me gusta que haya categorías muy pequeñas. Veo poco sentido separar literaturas nacionales en una biblioteca doméstica. Si tienes libros en varios idiomas y tiene mucho sentido en tu casa, separa, pero si lees indistintamente entre ellos, ni te molestes.

Tampoco separo libros infantiles, si son míos. En una casa con niños, tendría aparte los libros de su propiedad, que pueden estar en su cuarto o en estantes aparte dentro de los libros de la familia. Esto puede incluir libros que no sean estrictamente infantiles, por supuesto, y es muy personal. Si los padres tienen ya una buena cantidad de libros infantiles y los niños van llegando a la edad de cogerlos prestados, su clasificación y ubicación depende de la voluntad de todos. A mí sólo me importaría que cada libro tuviera una ubicación permanente y que se respetara.

Una curiosidad: un libro ordenado temáticamente tiene una signatura, un código, que se lee por ejemplo 396 WOO hab, si el libro fuera Una habitación propia de Virginia Woolf clasificado en “Feminismo” (396). En bibliotecas gigantescas los libros se guardan según se adquieren, porque son demasiado grandes para estar todo el día ordenando estantes, y porque el espacio se convierte en una prioridad. Entonces, para que los libros puedan encontrarse, su código tiene que indicar esa localización. Por ejemplo, ABC 4/46 podría querer decir “Estantería o columna ABC, estante 4, libro 46”. Una versión de esto se da en El nombre de la rosa, y es cierto que es un método muy antiguo, anterior a nuestra obsesión clasificatoria moderna. Solo tiene sentido aplicarla en una biblioteca doméstica si tienes miles de libros, digamos más de cinco mil, y un programa clasificador.

El expurgo.

Si la idea de deshacerte de material impreso te da mareos, o ganas de gritar a la pantalla, sáltate esta sección y pasa a la siguiente. Oye, eres muy libre. Yo decidí mantener una colección reducida a pesar de tener un gran amor por los libros y por los lugares donde se acumulan. Hay muchos criterios para hacer expurgo y estos son algunos de los míos.

¿Voy a querer releerlo? Consulta rápida también es relectura.
¿Asocio recuerdos muy bonitos a este libro, por ejemplo quién me lo regaló?
¿Forma parte de una colección que me gusta que esté completa?
¿Quiero prestarlo o dejarlo disponible para mi familia u otras personas?
Este libro técnico, ¿sigue siendo útil? Los manuales se quedan obsoletos bastante pronto.

Observa que no incluyo “soy demasiado mayor para leer este libro”. No soy nada partidaria de desechar libros infantiles por el hecho de serlo. Conservo los de mi infancia. Si te animas a hacer un expurgo grande, el mejor momento es cuando ordenes. Ve apartando los que consideres conveniente.

Qué hacer con los libros expurgados depende. Si tienes gran cantidad de material obsoleto, por ejemplo, en casa de tus padres están guardados todos tus libros de texto desde el colegio, busca un trapero o chatarrero que compre al peso y así sacas para un libro de bolsillo.Con poca cantidad de material obsoleto: a reciclar sin remordimientos. Con novelas y otros libros con interés actual, puedes intentar venderlos a una librería de segunda mano, donarlos a la biblioteca pública, o donarlos a una biblioteca escolar, según su temática y lo que te pille cerca.

Suena a chorrada de libro de autoayuda y organización casera, pero de verdad, cuando quitas los libros que conservabas por pena, los otros lucen más. Hay libros que no los quieres por el ejemplar en sí, sino porque es parte de Tu Biblioteca. La biblioteca está ahí, no se ha ido a ninguna parte. Ya llegarán otros libros que ocupen ese hueco.

Cómo racionalizar nuevas adquisiciones.

No, esto no va al principio con “apunta lo que te interesa” sino justo después de expurgar. Si quieres mantener tu biblioteca ordenada y parecida a una profesional, el último requisito es pensarte bien qué va a entrar. Es poco frecuente manejar un presupuesto que te permita usar más criterios que “este mes me lo puedo permitir”, pero por sugerir: usa la biblioteca pública, y si te gusta muchísimo un libro, cómpralo después de leerlo. Controla tus compras recordando cuánto llevas leído este año, y no compres más de lo que puedes leer. Y también, sé sincero contigo mismo si tiendes a acumular mucho de un tipo de libro que no sueles leer. A mí me pasa con las biografías y a veces con el ensayo. Me atraen, y luego me da pereza leerlos. También leo más los libros pequeños, así que he aprendido a evitar las ediciones en tapa dura y selecciono mucho al comprar cómic.

Espero que estos consejos te resulten útiles. Si te han gustado, quédate con los que te funcionen, porque no hay un método perfecto. Tienes una biblioteca de un solo usuario, que es quien tiene que estar contento con ella.

Cuidados del pelo rizado para gente vaga o con prisas.

IMG_20141115_193017Yo soy la de la izquierda.

Tengo el pelo rizado, con el rizo bastante duro. Las ondas son blandas y se deshacen con facilidad. Me he encontrado con mucha gente que tiene poca idea de cómo cuidar el pelo rizado, o que no les gusta, y gente que lo trabaja de más sin necesidad, aparte de que tenemos expectativas poco realistas sobre lo que nuestros rizos puede hacer. Échale la culpa a la publicidad y al miedo a que parezca despeinado. A continuación va una pequeña guía sobre cómo cuidarlo con mínimo esfuerzo.

Lo primero, un aviso: una vez el pelo está sano e hidratado, solo los rizadores en caliente modificarán su forma. El rizo que tienes es lo que hay. No existe el producto que te dé tirabuzones, rizos más apretados o una forma distinta a tus ondas. Puedes notar una diferencia bastante grande hasta que des con la combinación de champú/crema/producto de peinado que mejor te vaya, eso sí.

Empecemos por el lavado: lávalo poco. Tras baños de mar, piscina, suciedad extraordinaria o cuando veas que las raíces están grasas. Cuanto menos mejor. No necesitas más. Los dermatólogos desaconsejan los diversos métodos de no lavarlo con champú (no lavar nunca, o “lavar” con crema suavizante) y yo me fío de ellos. No se trata de que lavar el pelo sea malo, sino de que te acostumbres a no necesitar lavarlo para peinarte. No necesita lavados diarios, de verdad que no.

El pelo rizado suele ser seco, o de raíces grasas y puntas secas. Puedes notar diferencia entre marcas de champú, pero yo no la veo entre champú etiquetado para rizos, para pelo seco o dañado o en su caso, teñido. Sin salir del supermercado, me gusta Elvive en cuanto  relación calidad-precio, especialmente la línea para pelo teñido. Cuando hay más dinero uno de mis favoritos es Trichomania de Lush, un champú sólido de aplicación cremosa y olor a coco. Es caro, pero dura muchísimo, como otros productos sólidos de Lush.  Si andamos cortos de dinero, el champú es de donde se puede recortar, ya echaremos crema suavizante. A mí me da igual crema que mascarilla: mi pelo está hambriento y lo absorbe todo igual. Tengo rachas de usar solo mascarilla porque para qué tener veinte botes en la ducha y total, si me lavo el pelo un par de veces a la semana no me acuerdo de cuándo fue la última vez que usé uno u otro. Igual que con el champú: un producto pensado para pelo rizado, seco, dañado o teñido. Sin dinero o pillando una oferta, Elvive. En una visita a Lush con ganas de dejar la cartera vacía, American Cream (carísimo), Happy Happy (no es lo más hidratante pero huele a gloria divina) o Jungle (sólido, un rollo de aplicar pero efectivo). A veces alterno con las mascarillas de las que venden en la peluquería, o en tiendas de productos de peluquería con marcas anónimas a bastante buen precio, y no soy fiel a ninguna marca, menos las ya nombradas, a las que acabo volviendo si nada me ha llamado la atención por ahí.

En la ducha, con la crema en el pelo, te peinas con un peine de púas un poco anchas. Y es el único momento en el que te quiero ver coger esos chismes. La crema hará de lubricante para facilitar quitarte los enredos, y si tu pelo tiene una tendencia natural a formar tirabuzones, saldrán cuando el pelo esté seco. Insisto: nunca te cepilles el pelo seco. No hay ninguna razón para ello. Sólo sirve para romperlo y abrir el rizo, o incluso para deshacerlo completamente hasta el próximo lavado. No todos los cabellos necesitan el mismo tipo de cuidado y el pelo rizado no necesita cepillarse. Si te gusta cepillarte, puedes hacer dos cosas: usar agua de peinado para reducir el daño (sigue leyendo), o aprender a masajearte la cabeza, si lo que buscas es esa sensación de “cosquillas”.

Para un extra de hidratación o reparación, o para ir a la playa, uso dos mascarillas diferentes: o aceite de coco, o un huevo batido con un par de cucharadas de aceite de oliva. El aceite puro es más difícil de aplicar; el huevo batido con aceite es pringoso pero una vez aplicado se seca y no gotea. Lo dejo puesto un rato, o varias horas, si me voy a la playa, y luego a la ducha. Queda más suave, y me encanta peinarme el pelo engrasado, relaja mucho.

Evito como la peste los serum reparadores de puntas y demás productos que son fundamentalmente siliconas con un olorcito agradable. No me importa si el cuarto o quinto ingrediente de mi suavizante es una silicona, pero no voy a comprar un producto supuestamente reparador o que dice ser un aceite vegetal a precio de oro, cuando en realidad es un aceite mineral que embadurna el pelo y que a la larga hace que parezca grasiento. No me gusta cómo queda y además esos reparadores salen mucho más caros que una simple gota de aceite de oliva o de crema. En los ingredientes figuran como Cyclomethicone, Dimethicone, Methicone, Amodimethicone, Dimethiconol, o Cyclomethicone/Cyclopentasiloxane.

Vale, tu pelo está ya todo lo hidratado y cuidado que puede estar sin un corte de puntas. Toca peinar: Si está completamente seco, mójalo con un spray. Los tienes en los “gremios” de peluquería, y en los bazares chinos. Si quieres puedes echar en el bote del spray un chorro de crema o mascarilla y agitar bien con el agua: “agua de peinado” instantánea, que te cobran a precio de crema de verdad. Ojo: este truco no sirve con productos que sean 100% grasa, sólidos o sin conservantes. Los grasos no se disuelven y los sólidos o hippies, “naturales” sin conservantes fermentarán o se pudrirán. Me pasó con un producto de Lush. Te mojas el pelo un poco, todo por igual. Te lo peinas con los dedos y decide, según cómo lo veas, si vas a ir natural, te vas a poner un poco de crema sin aclarado, o un producto fijador del tipo de gomina o espuma. Si te pones crema, ten cuidado: solo las puntas, o de medios a puntas, porque si te tocas las raíces te las vas a engrasar.

Si quieres un poco más de fijación, puedes usar espuma para ondas, gomina para rizos y tirabuzones, o una mezcla de gomina con crema. Peina un poco con los dedos, boca abajo si quieres extra de volumen. Y hala, a la calle.

¿Y el secador? ¿Y los rizadores? Para mí, ningún tratamiento de calor merece la pena. Destrozan el pelo, consumen mucho tiempo… los reservaría para días especiales.

Esta entrada puede quedar un poco rara en un blog dedicado sobre todo al feminismo y la educación, pero espero que sirva un poco para los dos propósitos. A mucha gente no le gusta su pelo, o no sabe cuidarlo porque la publicidad confunde o porque nos han enseñado que el pelo rizado es feo; como se decía en mi colegio, “de gitanas” o “de piojosas”. Y si me está leyendo alguien que prepara niñas para la vuelta al cole, espero que ahora vayan guapas, con tirabuzones, y sin dramas por los tirones y los enredos.

Eso, por gorda.

El 31 de Agosto, en Twitter, tuvo lugar una larga conversación, con muchos participantes, sobre qué efectos sociales negativos tiene estar gorda. Esto fue a raíz de que un desconocido que no recuerdo dijera algo en la línea del tópico “las mujeres gordas son atractivas, no deben preocuparse tanto por gustar a los hombres”, así que quise contar porqué para mí los problemas derivados de estar gorda tieen poco que ver con atraer a los hombres. Para muchas mujeres es parecido; al fin y al cabo, muchas gordas tenemos relaciones felices con hombres que nos quieren así.

Los problemas se pueden resumir en: los médicos te hacen poco caso, la mayoría de la gente asume que eres vaga y no tienes autoestima, las otras mujeres te tratan peor, y es muy difícil encontrar ropa de tu talla. Pero mejor lees lo que todos estos gordos y gordas tenemos que decir sobre nuestras vidas (mis observaciones son las que están sin firma). Gracias a los participantes, a los que he dejado fuera también, y a los delgados que dieron apoyo.

Comida, culpabilidad y educación.
Condenada a mantener una relación de amor-odio con la comida y tu cuerpo mientras la sociedad te prejuzga (@sibylbanshee)

Sentirte culpable al comerte un donut, porque tu madre lleva toda la vida diciéndote que tú lo que tienes q hacer es ponerte a dieta. (@Child_Deirdre)

Cuando una flaca come en el McDonalds, todo bien. Ven una gorda y piensan: “claro, por eso está así de gorda”. (@Child_Deirdre)

Y ya no os hablo de la relación entre nivel económico y obesidad. “Pero la culpa es tuya, que no te sabes alimentar” (@AnaLangstrump)

Deporte.
Si estás gorda y corres por la ciudad, antes o después alguien se va a reír de ti. (@Child_Deirdre)

Y si ya te cuesta encontrar ropa de calle de tu talla, ni se te ocurra entrar en una tienda de ropa de deporte. (@Child_Deirdre)

Los gordos no corremos, ni jugamos al fútbol, o nos peleamos, somos patosos en gimnasia. Aunque seamos listos, nos tratan de gilis. (@carlos28051)

Os estoy leyendo con lo de #EsoPorGorda y me estoy acordando de las clases de gimnasia y el test de cooper con la alergia y el asma… (@LordTesla)

La gordura es un tabú. Porque sabéis que es un insulto aunque lo neguéis.
Cuando dices que estás gorda, te dicen “mujer, tú no estás gorda”. Como si hubieras dicho algo terrible. (@Child_Deirdre)

No eres gorda, eres rellenita (@perdidiya)

Que la gente que te aprecia se espante cuando te autodefines como gorda, porque creen que es un insulto.

La ropa. La que no hay.
Comprar ropa es difícil, sobre todo si eres una mujer joven o quieres ropa que podríamos llamar pija, formal, o profesional. Tu talla no se encuentra. De la 46 o 48 en adelante, tienes ropa fea y conservadora pero sin llegar a elegante (resumiendo: “para viejas”), algo de ropa deportiva, y todo caro.

De bañadores mejor no hablar. Por encima de una determinada talla, todos son negros o marrones. Enterizos. Nada de bikinis.

¿No estará buscando ropa para usted, verdad? Aquí no tenemos esas tallas -No, estudio cómo se gana la vida una impertinente. (@De MadridAlCiel1)

Comprando ropa: “A ver si tengo algo, es que es usted tan… abundante” (@_equaliza)

– ¿Te llevas el vestido? – No me gusta cómo me queda. – Pues con esas anchuricas que tienes y este precio, no sé qué esperas. (@maiteolondriz)

Que preguntes por una talla y te miren como su estuvieras loca o te traten como si tuvieras la peste. (@annaga94)

Es difícil encontrar sujetadores por encima de la 95B. Cuando los hay, a menudo son caros, feos, o las dos cosas. Luego ya veremos si realmente sujetan.

Imposible encontrar un sujetador que no desborde, barato y que te siente bien. (@AnaLangstrump)

Estar gorda o delgada importa más que cualquier logro personal.
Oído por la calle: La celulitis de Serena Williams levanta el ánimo de cualquier chica (@rosarmario)

Marion Bartoli, campeona de Wimbledon, presentador de la BBC: te ha dicho tu padre que nunca serás un bombón? (@rosarmario)

Que se hable más del físico de Adele que de su música. (@LauraLunaMun)

Tu capacidad profesional está en entredicho. Y tu fuerza de voluntad, y tu disciplina.

Maneras de convencerte de que no vales. Las gordas somos tontas y raras.
“Que lástima que sea gorda, con la cara tan bonita que tiene” (@Analangstrump)

Tener miedo de encontrarte con chicas más delgadas que tú por la calle por si te miran con desprecio (@annaga94)

No eres una persona más, sino una víctima de estereotipos y menciones por tu peso y volumen como #EsoPorGorda (@sibylbanshee)

Sorprenderte a ti misma haciéndote chistes y insultos sobre tu peso para evitar el juicio de las delgadas (@Lasti_)

Que cada dos por tres el TT sea de chistes sobre gordas. (@LauraLunaMun)

Que tus amistades hagan “bromas” con tu cuerpo. (@annaga94)

Las niñas somos tontas, y los niños, empollones.

Nos consideran torpes, tontos, sudorosos…(@carlos28051)

Asociar obesidad y sobrepeso a dejadez, poca autoestima y poca higiene, y no, en su mayoría no (@AnaLangstrump)

No ver mujeres parecidas a ti en ningún medio de comunicación. Sólo de vez en cuando, y de “graciosas”. Siempre solteras.

No ver NIÑAS parecidas a ti en ningún medio de comunicación. Jamás.

Los niños gordos que salen en los medios de comunicación siempre son matones o tontos perdidos.

Los hombres empiezan contigo, o sin ti pero en tu presencia, conversaciones que no son asunto tuyo ni quieres oír sobre qué tipos de mujer les gustan.

Si tienes una enfermedad mental, la gente la asociará a tu gordura. Estás gorda porque no te quieres.

Otras personas hablan de ti a tus espaldas de problemas emocionales reales o imaginados que te impiden adelgazar.

Otras personas quieren opinar e incluso decidir sobre el ejercicio físico que haces.

Otras personas te dan consejos que no les has pedido, sobre lo que comes o sobre tu salud. (Añade @laeme: y sobre cualquier cosa)

La identificación tetas=sexo es tan intensa que si te pones la misma ropa que otra mujer, tú resultas basta, provocativa y poco profesional.

Hay gente que te recuerda como “la gorda”. Te encasillan en un papel sobre cómo creen que deben ser los gordos.

Los médicos te toman menos en serio. Vas al médico porque tienes tos y te dice que pierdas peso.

La “cultura del esfuerzo” de los bazares chinos.

Últimamente, se dice y se repite algo que ha dicho Juan Roig, presidente de Mercadona: que cada vez hay más bazares chinos porque practican la cultura del esfuerzo. Roig también ha dicho que España es un país de derroche. Lo de los bazares chinos me desagrada más que la otra cuestión. Porque, veamos, ¿qué ocurre de verdad en los bazares chinos?

Lo que más notamos desde fuera es el horario, que es largo. Generalmente, un bazar chino abre unas 15 horas al día, por redondear, 7 días en semana. Eso quiere decir que están incumpliendo la ley, ya que lo normal es que abran en domingo. El pequeño comercio no abre en domingo porque sus dueños sean unos vagos: cierran en domingo porque es ilegal y no quieren arriesgarse a la multa. Las panaderías, los kioscos, y los demás negocios que pueden abrir legalmente en domingo siempre lo hacen. No es una cuestión de esfuerzo: es una cuestión de ley.

Además, no sé en qué condiciones laborales están los trabajadores de un bazar chino, pero para empezar, es obvio que son emigrantes. Eso te deja sin una red social protectora que casi siempre tienes en tu país. No es esfuerzo: es que no tienes más remedio.

La calidad del servicio es, por lo general, muy baja. Muchos dependientes no saben español. Es difícil que te contesten cualquier pregunta sobre lo que venden, para empezar por la barrera del idioma. No es frecuente que acepten las devoluciones, ni siquiera de lo defectuoso, aunque depende de la tienda.

La calidad del producto es casi siempre muy mala. ¿Le tienes cariño a algo comprado en las chinos? ¿Hay algo comprado en los chinos que has podido usar durante años sin que se te rompiera? Yo tampoco.

Los bazares chinos venden mierda de usar y tirar dando un mal servicio al cliente. Eso no es cultura del esfuerzo. Eso es que los españoles estamos haciendo la vista gorda a un colectivo que no cumple las leyes sobre comercio minorista, y que además estamos dispuestos a comprar muchas cosas que se van a romper rápido. Eso sí es derrochar.

IKEA y los propósitos de año nuevo.

Un paseo por la sección de cocinas del IKEA es enternecedor. Le devuelve a una la fe en la humanidad. El único sitio donde la gente hace más propósitos que allí es en el supermercado, sección de verduras (o yogures desnatados). En el Ikea todo el mundo quiere mejorar y hacer sus vidas más interesantes, y sus casas más bonitas y acogedoras, que es lo verdaderamente raro. Sobre todo la sección de cocina.

La cosa funciona más o menos así: vamos al ikea a comprar muebles, vasos o cortinas. Pero en la sección de cocina, al lado de los platos y cubiertos, hay todo tipo de cacharrines monos. Descorazonador de manzanas (no sé cómo pude vivir sin él). Cucharillas de medir (evítalas, son malísimas). De todo. Si eres cotilla, como yo, en cinco minutos en la sala de menaje oirás a parejas que compran más platos de los que necesitan, “por si vienen visitas”. Quienes compran pequeñas herramientas para facilitar la vida a madres con articulaciones fastidiadas. A quien le entran ganas de aprender a cocinar platos nuevos y hasta a hornear dulces y por eso se van a comprar unos moldes. Entras a comprar muebles y decides que éste va a ser el año que aprendas a hacer pan, que invites a la familia a comer el domingo, que por fin uses esos libros de cocina que cogen polvo en la estantería.

Sí, el ikea nos muestra traicioneramente un ideal de vida para que nos ilusionemos y les compremos cacharritos. Pero me encanta.

 

 

 

 

Tallas

Tengo una talla inglesa 14. En España eso quiere decir M, L, 44, 46, la-46-es-pequeña-y-48-no-tenemos, y muy de vez en cuando 42. Tengo dos prendas (un jersey y una chaqueta entallada) de talla 36… premamá, lo cual quiere decir que un diseñador decidió que tengo el cuerpo de una mujer muy menuda pero con una barriga por delante. Ninguna de estas cosas me preocupa demasiado.

El tallaje español quiere decir que en las tiendas, o mi talla no existe, o se acaba muy deprisa, o las cosas que se supone que deberían ser de mi talla no me sientan bien. Lo mejor que me puede pasar en una tienda es que mi talla sea la más grande, o que haya una talla justo por encima de la mía. Hace más de 15 años que compro ropa y todavía no he aprendido del todo qué empresas quieren mi dinero y cuáles no.

En las últimas semanas he vivido unas cuantas experiencias bastante deprimentes sobre este tema. Lo primero, parte de la culpa del problema lo tienen las consumidoras españolas. Como suena. Me he encontrado cosas como éstas:

– Compañeras de trabajo a las que les entraba la risa tonta hablando con repelú de que en alguna tienda de tipo coste medio-bajo había tallas muy grandes. Es decir, no les gustaba que la misma prenda que ellas se iban a comprar en una talla 42 o 44 estuviera disponible en la 54. No les gustaba que las tallas grandes compartieran local con las otras. Y no podían imaginar quién podía necesitar una camiseta mona y de colorines en la talla 54.

– Compañeras mías que no se quieren creer que uso mi talla. A ojo, me atribuyen entre una y tres tallas menos, porque de la misma manera que la 36 es el ideal de la delgadez, la 42 parece ser el ideal de la mujer curvilínea y “madura” (quiero decir, no infantilizada), y cualquier cosa por encima se entiende como “tallas grandes”, es decir tallas de gorda, y como yo no me parezco a la pesadilla obesa de su imaginación, creen que exagero o que no me gusto.

– En general, gente que piensa que te tienes que ajustar a la ropa y no la ropa a ti. Pero esto es una batalla perdida.

Ayer estuve de tiendas en dos boutiques multimarca muy modernitas y caras de Sevilla. En la primera de ellas, había sobre todo ropa francesa. Camisetas, chaquetas y vestidos de 300 euros, rebajadas a la mitad. Pregunté a la vendedora cuál era la talla más grande que trabajan, y básicamente se hizo un lío. Lo que entendí mirando las etiquetas es que en lugar de las habituales cinco o como mucho seis tallas (de la 36 a la 46), trabajan menos, entre tres y cuatro tallas por marca de ropa, y que empiezan entre la 32 y la 34. Es decir, que habría sido necesario que las marcas tuvieran al menos seis tallas para que me mereciera la pena entrar en la tienda. La vendedora no hizo el menor esfuerzo por animarme a probarme alguna de las prendas más grandes de la tienda, y me dijo que el problema es que las prendas más grandes se las quitan de las manos antes de las rebajas. Vamos, que la culpa es mía por salir de tiendas en Enero.

En la segunda tienda tuve una experiencia parecida, aunque no me paré a hablar con la vendedora. Me pregunto cuántas mujeres de la talla 36 pueden disponer alegremente de 200 euros para gastar en una sola prenda. Y cuántas mujeres de la talla 50 están en la misma situación que yo: con mucho dinero para gastar.

Al final acabé comprando en un local nuevo para mí, donde por primera vez en mi vida los pantalones me quedan perfectos. Aquí, las vendedoras tenían una verdadera preocupación porque las clientas no pensáramos que la etiqueta nos estaba llamando gordas. Desde el probador escuché decir unas cuatro veces “la etiqueta dice 46 pero esa es la talla italiana, usted en verdad tiene la talla 44, ¿eh?”. No fuera a ser que alguien se negara a comprar algo solamente porque la etiqueta no favorece.

Y es un curioso contraste el de la primera y la última vendedora. La primera me dijo, “yo no me puedo poner los vestidos que vendo porque a pesar de que tengo la talla 38, soy ancha de hombros”. La vendedora a la que dejé la tienda vacía me dijo “es cuestión de encontrar la tienda donde el patronaje te sienta bien. Esta marca que vendo no hace pantalones que me queden bien a mí”. Una le echaba la culpa a su cuerpo. La otra se lo echaba al diseño.