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Gente “de color”: un glosario.

human-pantone-shades¿”De color”? Parte de un proyecto de Angelica Dass para ilustrar la variedad de tonos de la piel humana y la artificialidad de la clasificación en razas. 

Damos nombres múltiples  a lo que no nos gusta nombrar, a lo que consideramos problemático. Uno de los procesos que lleva a esta clase de polisemia consiste en crear un eufemismo, que se vuelve de uso común, y luego pasa a ser una palabra despectiva. Así que necesitamos un nuevo eufemismo. A veces un tecnicismo se vuelve de uso general y aparece un nuevo tecnicismo de uso más restringido. El primero de estos fenómenos ha pasado con las palabras que sirven para describir las razas, particularmente a las personas que no son blancas. Primera pega: hay quien piensa que es racista colocar semánticamente a los blancos a un lado y al resto de la humanidad por otro. Evidentemente, un hombre marroquí, una mujer china y Michelle Obama tienen poquísimo en común. Pero en algunos contextos sí puede tener sentido, por ejemplo, si queremos hablar del racismo que viven todas las personas no-blancas de un país occidental.

En español tenemos mucha confusión con las palabras para referirnos a a este tema en inglés, especialmente en inglés americano. Así que aquí va un glosario para traducir las palabras de uso más común, con algunas opiniones personales. Por supuesto, si hablamos de una persona concreta nos referiremos a ella con la palabra que prefiera.

African American: Afroamericano. Nació como eufemismo y siempre lo ha sido. La precedieron otros compuestos como “Italian-American”, “Irish-American”, etc. nacidos en la oleada migratoria de la segunda mitad del siglo XIX.

Black:  Negro. Lo mismo que en español, o casi. Persona negra de origen africano. Un matiz es que en español teóricamente las personas de origen mixto o de color de piel claro son mulatas, mientras que en otros lugares como Estados Unidos, no importa tanto el tono de la piel, ya que ser negro es una identidad cultural. Al presidente Obama en España lo llamaríamos mulato pero en Estados Unidos no. La palabra “black” no es de por sí un insulto, no lo es ahora y no nació como tal, aunque durante mucho tiempo se consideró ofensiva y se usaron otras (colored, negro) como eufemismo.

Colored 1: “de color”. Un eufemismo popular en EEUU en la primera mitad del siglo XX, aunque creado mucho antes, para referirse a los negros. Un ejemplo aún en uso es la NAACP, o National Association for the Advancement of Colored People, una asociación de defensa de los derechos civiles, creada en 1909. Otro es la obra de teatro for colored girls who have considered suicide / when the rainbow is enuf (para chicas negras que han pensado en suicidarse / cuando el arcoiris basta), de 1976. Hoy día, esta palabra está completamente en desuso.

Coloured 2: “De color”. Ni blanco ni negro. Mulato, mestizo, de otras etnias distintas. Se utiliza o se ha utilizado en algunos países africanos donde el estatus legal dependía de la raza, como por ejemplo la Sudáfrica del Apartheid. A finales de los 90, diez años tras el fin de la segregación, se mantenía el uso informal de la palabra, que nunca fue un insulto. Conocí a sudafricanas que la usaban para autocalificarse.

Negro: El eufemismo que sigue cronológicamente a colored. Al igual que colored, hoy ya no se usa. Martin Luther King lo usa en su famoso discurso “I have a dream“, alternándolo con black cuando quiere contrastar con “white”. Obsérvese que escribe Negro con mayúscula y que es un nombre, como si fuera una nacionalidad, y black como adjetivo y con minúscula:

The life of the Negro is still sadly crippled by the manacles of segregation and the chains of discrimination.

La vida del Negro aún está tristemente paralizada por las esposas de la segregación y las cadenas de la discriminación.

One day right there in Alabama little black boys and black girls will be able to join hands with little white boys and white girls as sisters and brothers.

Algún día, aquí mismo en Alabama, niños y niñas negros podrán dar la mano a niños y niñas blancos, como hermanos y hermanas.

Nigger, the n-word. Esta palabra se refiere a las personas negras, nació como insulto y siempre es un insulto. Ocasionalmente, los negros la utilizan entre ellos, a veces como broma. Yo no la he oído utilizar jamás por hablantes nativos, ni en broma, ni en serio, ni para ponerla como ejemplo. No tienes ningún motivo para utilizarla, nunca.

Of color, person of color: “de color”. un término muy antiguo (ya se usaba durante la época esclavista) para todos los no blancos. No pretende ser un eufemismo sino referirse a la experiencia común que tienen todos ellos en una sociedad racista, aunque puede considerarse eufemismo porque sustituye a “nonwhites” y a “minorities”. Es de uso bastante escaso, con opositores en todos los frentes.

El orden cronológico, simplificando un poco porque hay superposiciones y contextos y matices, es: black -> colored es formal y black ofensivo -> Negro es formal y black lentamente deja de ser ofensivo -> African American es formal y black coloquial -> of color sustituye a nonwhite. Ahora mismo, con black difícilmente te vas a equivocar.

Y en español, ¿qué? Pues que a menos que estés refiriéndote a alguien que se autocalifica como “de color”, si buscas un eufemismo para evitar decir que alguien es negro estarás dando la impresión de que la palabra te parece fea. Me tendrás que explicar por qué, y qué circunloquio usas para no decir que un señor es blanco.

Mujeres que mueren, asesinos innombrables.

Dar noticias sobre delitos violentos no es fácil. Hay que evitar entrar en la intimidad de los implicados, especialmente si son menores de edad, no caer en el morbo fácil, y no cargarse la presunción de inocencia, algo que a veces lleva a meteduras de pata graves. A esto se añade que en el caso de la violencia de género, se diría que para la prensa española, la violencia de género, es decir, que tu pareja o ex-pareja te mate, es algo que las mujeres “nos” hacemos. A continuación, y para simplificar, no me voy a referir a la cuestión de la presunción de inocencia, sino a quién realiza la acción y quiénes deberían ser el centro de los titulares y de las noticias.

Empecemos por el núcleo de la oración: el verbo. Las opciones son morir, matar y asesinar. Morir coloca a la persona que fallece en el centro de atención. Hablando de delitos deberíamos reservarlo para accidentes o casos en los que no hay intención de matar, o de matar a alguien concreto. Matar te obliga a añadir quién realiza la acción, y por ello, o se indica que no hubo culpa, o entenderemos que el acto fue deliberado o negligente. Como los titulares deben ser concisos, evitaremos usar “matar” si no hay intención ni negligencia, pero lo preferiremos a “morir” si hay sujeto conocido de la acción. Por último, asesinar debe ser reservado para unos casos muy específicos: por recompensa o promesa (hay asesinos a sueldo, no homicidio a sueldo ni muertes a sueldo), con premeditación, con alevosía que quiere decir que el asesino tomó medidas especiales para tener éxito, o con especial crueldad. Si no sabemos cuáles fueron las circunstancias, es mejor no hablar de asesinato.

Veamos cómo contrastar estos verbos en casos que no son violencia de género.

Un accidente:
Seis trabajadores mueren en un accidente laboral en la fábrica de X (una pena, cosas que pasan; o también, ya les vale, ¿aplicaban las medidas de seguridad?).
Un accidente laboral mata a seis trabajadores en la fábrica de X (los accidentes laborales son una cosa terrible y hay que acabar con ellos).

Algo que escapa a nuestro control, o quizá queremos implicar que no:
Tres asistentes al concierto mueren en la avalancha.
La avalancha mata a tres asistentes al concierto (no implica intención pero sí que la avalancha tiene agencia, podría haberse evitado, la noticia hablará de la seguridad en la sala o el tono será sensacionalista).

Dos negligencias:
Mujer cordobesa muere tras una demora en Urgencias (vete a saber por qué, puede que ya estuviera muy grave)
Las demoras en Urgencias matan a una mujer cordobesa (el culpable es claro; recordemos que el slogan es “los recortes matan”, no “Con los recortes nos morimos”).
*
Tres muertos en accidentes de tráfico este fin de semana.
Los accidentes de tráfico / la carretera / un conductor borracho mata a tres personas este fin de semana (se insinúa o se declara que hay culpa).

Un atentado terrorista (hay intención de matar pero no a personas concretas).
Cinco policías mueren en un atentado en Roma (¿a que esto suena raro?)
Un atentado mata a cinco policías en Roma (vale, pero, ¿¡de quién!?)
Un atentado asesina a cinco policías en Roma (poco correcto: asesina la gente, no las acciones).
La banda terrorista GLAF asesina a cinco policías en Roma (está clarísimo quiénes son los malos, y los policías están claramente libres de toda participación en su muerte)

Un homicidio:
Muere un joven turista inglés en una pelea en las fiestas de la Villa (pudo ser un accidente, no tenemos ni idea de quién participó, al fin y al cabo en una pelea podía haber mucha gente).
Un homicidio en la fiesta de la Villa acaba con la vida de un turista inglés (un poco más de información)
Turistas ingleses, acusados de matar a un compatriota en las fiestas de la Villa (suavizamos con “acusados” pero estamos atribuyendo culpa clarísimamente).
Cualquier uso de “asesinato” es un error porque en una pelea no hay ni premeditación ni alevosía (a menos que lo sepáis con mucha seguridad).

Si comparamos estos casos inventados con la violencia de género, concluiremos que deberían estar en un plano superior de intencionalidad al del atentado terrorista, porque la víctima es escogida, y al del homicidio, porque hay clara intención de matar y a veces asesinato. En cambio, nos encontramos con titulares de prensa que una y otra vez convierten la violencia en una especie de clima, una circunstancia incontrolable en el que las mujeres tenemos la mala suerte de vivir. Como los accidentes. También hay un intento tras otro de volver invisibles a los agentes de esa violencia.

VG_titular_ABC_1ABC. 12/08/2015. Muere una mujer en Castelldefels apuñalada por su expareja. El presunto agresor ha pasado a disposición de los Mossos, que han abierto una investigación. Apuñala mortalmente a su expareja en Castelldefels. La Policía Local de Castelldefels ha detenido este miércoles a un hombre como presunto autor de la muerte….

Antes de entrar en el cuerpo de la noticia, el primer sujeto es una mujer que muere. El agresor, dos veces presunto, se oculta en estructuras pasivas (apuñalada por), acciones que se sufren (pasar a disposición), y sujetos elípticos (Apuñala… ¿quién apuñala?). Si hay que nombrarlo, es “presunto”. Si se lo oculta mediante la sintaxis, no (no se nos dice “presuntamente apuñalada”). En el cuerpo de la noticia, además, conocemos cuatro datos personales de ella (edad, otros familiares, barrio de residencia), y de él, solamente algunas de las agresiones que realizó. No es más que un monstruo que se vuelve invisible si lo miras de frente.

La misma noticia:VG_tuit_elpaís_1
VG_titular_elpaís_1El País, online y en twitter. 12/08/2015. Un hombre mata a su expareja con un machete en plena calle. Detenido un hombre por apuñalar a su exparej en la calle en Castelldefels. Los Mossos investigan un incendio en el piso de la víctima y de su coche hace unos meses. Un hombre mata a tiros a su esposa y a sus dos hijos y se suicida en Barcelona.

Aquí, además de que la mujer no se muere, sino que la matan, el cuerpo de la noticia nos da la misma cantidad de datos personales de ambos y más detalles sobre lo que ha debido ser un acoso grave y prolongado antes de que su expareja la matara. El agresor no es un accidente: es una persona y además aparentemente muy normal. El contraste entre los dos medios es muy intenso.

Con algunos ejemplos más se comprueba que cuando un hombre mata a una mujer, la noticia es sobre ella. Que vivía con él o no, que lo denunció o no, que había mantenido el contacto con él o no, que tenía una nueva pareja o no, y de la que sabemos como mínimo edad, nacionalidad y número de huérfanos que deja. De ellos no. Estos titulares dan a entender o que los titulares de VG dan a entender que las víctimas son responsables, pues son el agente del hecho (morir, romper una relación, denunciar), o que la violencia de género es un accidente que no tiene agente. En cualquier caso, se trata de ocultar tanto como sea posible que los agresores son hombres normalísimos en la mayor parte de los casos. Las noticias que como la de El País detallan el acoso en lugar de detallar las estrategias de supervivencia de la víctima son una excepción.

VG_titular_lainformación_2La Información, 12/08/2015. 790 mujeres han sido asesinadas en España por sus parejas o exparejas desde 2003. Al menos ocho niños han muerto a manos de sus padres, o los novios o exnovios de sus madres, sólo en lo que va de año. En todo caso, 2015 seguiría siendo el año con menos feminicidios desde 2003.

No se dice “790 hombres han asesinado a sus parejas en España desde 2003″(Serían más porque hay hombres que han asesinado a sus parejas homosexuales). No se dice “X hombres han asesinado a ocho niños, hijos suyos o de sus parejas”. Los feminicidios “son”, ni siquiera se cometen.

Hay cierta tendencia a indicar la actuación legal. Las mujeres se mueren y los hombres son detenidos.

VG_efe_3EFE, 29/06/2015. A la cárcel el marido de la mujer hallada muerta en el puerto de Barcelona.

Entre otras perlas esta noticia dice que un coche “se había precipitado, no de forma accidental, al mar”. Ni siquiera “el coche había sido empujado al mar intencionadamente”. No.

VG_palma_4Diario de Palma, 31/07/2015. Detenido por degollar a su expareja en Palma. Los hechos han ocurrido sobre las 4:15 en el domicilio de la víctima, ubicado en el número 115 del Camí de Sant Jordi. Este es el primer crimen de violencia de género que se registra en Baleares en 2015.

¿Detenido quién? Y de nuevo, tenemos más datos personales de la víctima que del agresor.
VG_lasprovincias_5Las Provincias, 06/08/2015. SUCESOS. Accidentes de tráfico. Violencia de género. Crímenes. Detenido un concejal de Serra por la muerte de su mujer en un incendio intencionado.

¿La noticia es que un concejal asesina a su mujer, que los incendios matan, o que los asesinos son detenidos? ¿Por qué no “Se investiga si un Concejal de Serra asesinó a su mujer en un incendio intencionado”, un titular menos confuso, o “Detenido por matar”?

Cambiar los titulares por otros en los que las mujeres dejen de ser las agentes de sus propias muertes no va a reducir la cantidad de asesinatos. Dejar de centrar la noticia en el grado de distanciamiento que la víctima consiguió de su agresor no va a sustituir que las que siguen vivas tengan una protección más eficaz. Se trata de que tenemos que cambiar cómo hablamos de la violencia de género para hablar menos de víctimas y más de agresores. De lo contrario, estaremos para siempre oscilando entre considerarlo una aberración monstruosa o un incidente banal, cotidiano. Sin método eficaz para entenderlo y sin medios reales para ponerle fin.

Criticar a feministas, 2

A veces se oye decir que es machista criticar a feministas, y dicho así tal cual, sin más matiz, no se me ocurre disparate mayor, dado que las feministas han tenido y siguen tenido enfrentamientos sobre todo tipo de cuestiones. Es natural: hay infinitas maneras de expresar una cultura patriarcal, ¿por qué íbamos a estar de acuerdo en cómo transformarla? Estos son algunos de los desacuerdos tradicionales entre diversas ramas del feminismo:

  1. Los inicios del movimiento fueron burgueses. Al principio, la reclamación del voto fue solamente para las mujeres más ricas. Había desacuerdo sobre la manera de conseguirlo: protesta pacífica o no, sufragio universal o no. No había conexión entre la reclamación de sufragio universal masculino y sufragio femenino sólo para burguesas. También había una lucha, que a menudo se recuerda en España, entre sufragistas que querían el voto para la mujer rápidamente y las que estaban preocupadas por la posibilidad de que eso supusiera un giro conservador.
  2. Hay feminismo que piensa que no conseguiremos casi nada sin la colaboración de los hombres y feminismo que piensa que no es así, ya sea porque no los necesitamos o porque son un aliado poco fiable.
  3. Acerca de la religión. Hay feministas que piensan que toda religión, especialmente toda religión organizada, es patriarcal. Otras, algo más light, rechazan aspectos concretos que no les gustan de las religiones ajenas (alguna críticas frecuentes son a la vestimenta de las musulmanas o a la jerarquía católica, enteramente masculina y con las mujeres en un papel subordinado).  Sin embargo, cada religión mayoritaria a nivel mundial tiene su propio movimiento feminista interno, por lo que hay feminismo islámico, cristiano, católico, etc. Finalmente, hay feministas que creen que hay algo sagrado en la feminidad, pero otras piensan que eso es una estupidez y que no hay nada divino en ser mujer, como no lo hay en ser hombre.
  4. Hay feministas que piensan que el feminismo es incompatible con comer carne, y que la violencia hacia los animales es una expresión del patriarcado (o del kyriarcado, en este caso). Esto ha sido atacado no sólo por omnívoros a los que no les convence la idea, sino también por movimientos por los derechos de los discapacitados, y por feministas (o afines) de países pobres, o de razas distintas de la blanca.
  5. Ah, las mujeres que no son blancas. Para empezar, han señalado que el feminismo burgués se benefició de la construcción patriarcal de la mujer blanca, deseable, protegible, y abandonó a su suerte no solo a las pobres sino también a las que no fueran blancas (las categorías de pobre y no-blanca son intercambiables en algunas situaciones dependiendo del país). A veces se ha rechazado el término “feminismo” en favor de “womanism”, por ejemplo. Algunos puntos de enfrentamiento han sido: el racismo de algunas feministas blancas, los cuidados llevados a cabo por mujeres pobres, migrantes y/o de razas distintas a la blanca, el desinterés de las blancas por las culturas ajenas, o los intentos bienintencionados pero mal dirigidos de “salvar” a personas adultas capaces de apañárselas solas (véase el tema de la religión, por ejemplo).
  6. Hay feministas que han rechazado lo doméstico. Otras se han casado y han tenido hijos, y han buscado personal pagado (a menudo muy mal), es decir, han externalizado los cuidados, como han hecho SIEMPRE la inmensa mayoría de los hombres y algunas de las mujeres más ricas. Otras han intentado realizar un feminismo de lo doméstico, llamar la atención sobre los cuidados, mejorar las condiciones de trabajo del personal que los realiza, o implicar a los hombres y los niños. Esto empezó con la profesionalización de la enfermería, así que viene de largo.
  7. La prostitución. Hay feministas que creen que es una profesión más (y fantástica), otras creen que es una profesión más (y por lo tanto un rollo, ¿a quién le gusta trabajar?), quien cree que es un problema debatible y quien cree que es la expresión máxima de lo patriarcal. Las dos primeras opiniones se conocen comúnmente como regulacionismo (la prostitución debe ser regulada) y las dos segundas, como abolicionismo (la prostitución debe ser eliminada).
  8. El sexo. Una de las bases del feminismo radical de los años 60-70 es que en el patriarcado la igualdad entre hombres y mujeres es imposible. Por lo tanto, el consentimiento verdadero no es posible en una relación heterosexual. A esto se añaden las condiciones materiales en las que casi siempre se unen hombres y mujeres: un matrimonio monógamo y permanente en el que el hombre casi siempre va a tener una superioridad económica sobre la mujer. Aquí hay posiciones variadas: rechazo total del sexo heterosexual, la negación de que el sexo sea liberador, o cierta cautela que ha desembocado en un estudio que empieza a ser profundo e interesante sobre la naturaleza del consentimiento. Enfrentado a esto tenemos un movimiento que defiende el sexo como una expresión necesaria de la personalidad, como un placer y una liberación, y a veces como modo de provocación.
  9. Todo lo dicho sobre prostitución y sexo es aplicable a la pornografía. Hay feministas que defienden que pornografía = patriarcado + capitalismo (es consumo de sexo a medida), otras piensan que lo que importa es el contenido (no les gusta el porno tradicional, pero consideran posible una pornografía feminista). Un tercer grupo piensa que la pornografía es una industria del ocio tan válida como cualquier otra y que lo importante es la libertad y las condiciones de trabajo de las actrices. Esta visión conectaría con la visión más favorable a la prostitución y al optimismo respecto al sexo, pero una misma feminista puede tener opiniones diferentes respecto al porno y la prostitución.
  10. Algunas feministas toman como termómetro de la igualdad la presencia de mujeres en el poder político y económico, y entre éstas, unas defienden medidas como las cuotas y las listas cremallera y otras las atacan. Otras feministas piensan que da igual que manden hombres o mujeres si hay una gran cantidad de mujeres muy pobres y que nuestras vidas no se ven beneficiadas por la existencia de mujeres poderosas.
  11. Algunas feministas piensan que el trabajo remunerado es la clave de la liberación. Parte de ellas son de derechas y otras no. Otras creen que da igual que tengamos empleos si no disfrutamos de seguridad e integridad física, de medidas intervencionistas que garanticen que podemos trabajar y tener tiempo libre o para estar con nuestras familias, o de una relación no conflictiva con los hombres.
  12. Hay feministas que se dedican al “feminismo para principiantes”. Hay quien piensa que la igualdad de la mujer debería explicarse sola y que no podemos perder más tiempo y energía con el nivel iniciación.
  13. Hay feminismo a favor y en contra de la existencia de espacios segregados para hombres y mujeres.
  14. Hay feministas que creen que la píldora anticonceptiva es lo mejor que nos ha podido pasar y otras que la critican debido a sus efectos secundarios y a que responsabiliza sólo a la mujer de la anticoncepción.

Creo que con estos ejemplos basta. Se podrían poner más, pero son más que suficientes para ejemplificar que criticar características concretas de feminismos concretos no siempre es machista y es a menudo inherente al propio movimiento. No hay apenas reclamaciones en las que las feministas estemos unánimemente de acuerdo.

Algunas de las ideas que acabo de exponer pueden ser tachadas de muchas cosas: tonterías, discriminatorias, egoístas, simplistas, falsas, equivocadas, irrealizables, de signo político contrario al que yo defiendo. Pero todas son feministas. Es imposible que estemos todas de acuerdo en todo, y así es como debe ser.

Introducción elemental a la postmodernidad.

En el principio, eran los grandes relatos. Eran muchos, y aunque se contradecían entre sí, todos estaban de acuerdo en una cosa: la vida tiene sentido y se dirige a un fin. Algunos de estos grandes relatos son el cristianismo, la Ilustración, el marxismo, y el capitalismo. Explicaciones morales, sociales y económicas que dicen no sólo de dónde venimos, sino sobre todo, a dónde vamos. Sigue estas reglas y llegarás a la meta. Por cierto, las cosas que están orientadas a un fin se llaman teleológicas. Los grandes relatos son teleológicos, no confundir con “teológicos”. Esto no tiene nada que ver con que sean optimistas: hay corrientes de pensamiento, o personas concretas, que creen que cualquier tiempo pasado fue mejor, pero porque hemos dejado de cumplir las reglas como antes. O porque hubo un progreso, y una Era Clásica, pero ya se acabó. Eso no es negar la idea de progreso: es ser pesimista.

Entonces llegó el siglo XX, dos guerras mundiales y el fascismo, y eso obligó a cambiar las ideas anteriores. Se abandonaron los discursos globales, oponiendo microvisiones, una defensa de lo pequeño, cambiante o único. Así surgió la posmodernidad.

Algunos de los teóricos que formularon ideas relacionadas con esto son Adorno, Lyotard y Vattimo. A mí me gusta Foucault. Otros que ya me gustan menos son Lacan y Derrida. No voy a explicar las ideas de ninguno de ellos, sino a dar características generales del conjunto de lo posmoderno junto con algunas de sus consecuencias.

La posmodernidad no cree en el progreso. No es que crea que desde principios del siglo XX estamos en crisis y cuesta abajo: es que todas las ideas anteriores de “progreso” eran falsas.  Descubrir América no fue un progreso para los nativos (y para los esclavos africanos, ya me dirás).

La posmodernidad se niega a ser definida. Desgraciadamente, muchos textos posmodernos (ya sean de “teoría sobre qué es la posmodernidad” o una crítica de cine, por poner un ejemplo) son deliberadamente confusos. Más allá de esto, lo posmoderno asume que no es posible hallar explicaciones del mundo que sean coherentes, globales y sistemáticas. Eso afecta a la propia posmodernidad. En el mejor de los casos, es una búsqueda de la importancia de lo olvidado, lo pequeño y lo múltiple. De aquí se deriva el valor que damos hoy día a la multiculturalidad y a los derechos de las minorías. Cualquier discusión acerca de si es posible la coexistencia pacífica de grupos diferentes, si es necesario que las minorías se “integren”, si podemos convivir sin aplastarnos, viene de aquí. Todo esto es posmoderno (no la existencia de minorías, sino tener estos debates teóricos).

¿Alguna vez has leído o escuchado que Esto-O-Aquello es una construcción cultural? Posmodernidad pura. La idea de que, por ejemplo “las mujeres no somos como vosotros nos habéis definido” es muchísimo más antigua (Mary Wollstonecraft ya lo decía hace dos siglos) pero la posmodernidad la lleva al máximo. Asumir que casi todo lo que crees que es natural es una construcción cultural es la base de muchas teorías feministas y sobre los géneros (cuidado, que los trans nos han enseñado que no todo es cultural en el género).

La posmodernidad rechaza la alta cultura, o pone otras manifestaciones al mismo nivel. Lo moderno es pensar que los clásicos educan, nos hacen mejores personas, transmiten los valores más importantes de la civilización. Lo posmoderno, que el gusto por las obras de arte está completamente desconectado de la moral y la bondad. Se pueden poner ejemplos sobre la relación de los nazis con el arte clásico. Una consecuencia de dejar de atribuir unos valores especiales a la alta cultura es el interés por estudiar otras expresiones culturales (series, anuncios, videojuegos) con el mismo rigor que antes se reservaba para lo clásico.

La posmodernidad desconfía de la ciencia como forma de progreso. La ciencia trae cosas buenas, pero también cámaras de gas, la bomba atómica y el cambio climático. El negacionismo científico, lo “ecológico”, etc. , no son una vuelta a una era tradicional premoderna, sino un rechazo posmoderno.

La posmodernidad cree que la comunicación es imposible, o muy difícil. Que siempre es un problema. Que nadie puede conocer de verdad a otra persona. Estudiar la relación y desconexión entre lenguaje y pensamiento, o la diferencia entre conocer o estudiar algo y que eso te haya pasado a ti, es posmoderno.

¿La posmodernidad se ha acabado? Bueno… hay quien piensa que esta época es posmoderna aunque no te guste, y quien piensa que se terminó con la globalización y el actual auge del neoliberalismo. Si le preguntas a un neoliberal medio si cree que hay reglas claras para el progreso, te dirá que sí.

¿La posmodernidad es mala o buena? Ni una cosa ni otra. Ha dado lugar a mucha basura, muchas tonterías, entre las que destacaría todo lo anticientífico, los escritos innecesariamente complejos hasta lo incomprensible, y llevar el relativismo a extremos absurdos o dañinos. Además, ¿cómo defender la justicia social si no crees en el progreso? Pero creo que ha aportado suficientes buenas ideas.

¿El feminismo es posmoderno? O dicho de otro modo, ¿hay feminismo posmoderno? Por supuesto. Aunque sus expresiones son, como no podría ser de otra manera, múltiples. Definir un feminismo como posmoderno lo único que hace es situarlo en los últimos 60 años. Usar el término para insultar no aclara nada.

Esta entrada ha contado con la colaboración imprescindible de @octubrista (al que he copiado la idea general y algunas frases); Indvbio, que escribió otra introducción a la posmodernidad; @annngst; e @ismamullor.

 

El problema de la “revisión de privilegios”

El post de hoy es la traducción de un artículo de Tom Midlane, que me llamó la atención por lo acertado de su crítica al fenómeno de la “revisión de privilegios” entendida como eje y centro de la izquierda, del activismo, o de la práctica de la justicia social. Es de las mejores críticas que he leído hacia el activismo online, a pesar de que el autor no se refiere específicamente a lo que hacemos en Internet. También me gusta porque no critica activismos concretos; leo con demasiada frecuencia cosas del estilo de “el problema del feminismo online es…” y no veo ese tipo de escrutinio para casi nada más.

En lo que no estoy de acuerdo con el autor es en la simplificación que da título: “mientras nosotros discutimos, ellos nos roban nuestros derechos”. Hay problemas más complejos detrás de cómo y por qué la derecha ha ocupado el poder sin mucha reacción en contra. No creo que la dinámica de la revisión de privilegios, particularmente en redes sociales, sea principal responsable de ello, ni tampoco de la proverbial división de la izquierda.

Sobre la “revisión de privilegios” mi pregunta es ¿y luego qué? Dejadme que compare con la religión. En el catolicismo, primero pides perdón, entonces eres perdonado y entonces realizas algún tipo de reparación de tus errores. Esta es una dinámica con la que todos en España estamos familiarizados aunque no seamos católicos. En el calvinismo, el reconocimiento de tu pecado, que no es un acto sino que forma parte de tu impura naturaleza de ser despreciable, no sirve para mucho. Tú por tus propios medios no puedes hacer nada para “reparar” tu condición. La “revisión de privilegios” funciona exactamente así. No cumple ningún propósito útil ni para ti ni para los demás más allá del masoquismo de decir “yo para esto no valgo”. Y quien más alto dice “yo reviso mi privilegio” es quien más ha expiado sus culpas. Mira, pues no.

Y ya os dejo con el artículo.

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El problema de la revisión de privilegios.
Mientras nos preocupamos por nuestros posibles prejuicios, no estamos luchando contra la Coalición.

La izquierda, hay que decirlo, tiene una larga tradición de luchas internas. Grupos separados por diferencias ideológicas mínimas se separan en facciones rivales, defendiendo agresivamente su interpretación de La Ruta Verdadera. Es el ejemplo perfecto de lo que Freud llamó “el narcisismo de las pequeñas diferencias”: comunidades adyacentes y con objetivos aparentemente idénticos, que están en una disputa constante, adoptando poses extravagantes para distinguirse unas de otras.

Durante un tiempo, parecía que la caída del Muro de Berlín y el auge de internet podrían traernos una nueva era de protestas: más comunal, con menos apoyo en los viejos dogmas. Pero en el mundo de internet, individualista, anárquico, y frecuentemente anónimo, los progresistas modernos se han topado con un medio muy efectivo de dividirse entre sí: la revisión de privilegios.

Para los no iniciados: “revisar tu privilegio” consiste en mantener una alerta permanente sobre las formas en las que puedes estar obteniendo algún tipo de beneficio social, cultural o económico como resultado de tus orígenes: tu clase social, raza, género, orientación sexual, y así sucesivamente. Si alguien habla cuando no le toca, se le dará la orden de revisar sus privilegios. Es una colleja, una manera de decir: “piensa en cómo tus circunstancias personales influyen en lo que estás diciendo”.

En Octubre [de 2012], Ariel Meadow Stallings, fundadora de Offbeat Empire (una serie de blogs sobre estilos de vida alternativos) escribió un post brillante llamado “Activismo para matones: revisión de privilegios y riñas semánticas como deporte online”. Meadow Stallings diagnosticó el problema como que los progresistas se pasaban en su entusiasmo por revisar sus privilegios hasta atacarse unos a otros, pero yo no estoy tan seguro. A pesar de que la idea surge, obviamente, de unas intenciones honorables, creo que todo el discurso alrededor de los privilegios es destructivo por su propia naturaleza – en el mejor de los casos, una distracción colosal, y en el peor, un medio para auto-investirnos a todos de guardianes morales dispuestos a regular las palabras y la conducta hasta de nuestros compañeros de viaje.

¿Te preguntas porqué importa esto? La respuesta es simple: importa porque la revisión de privilegios ha infectado absolutamente el pensamiento progresista. Mientras una amplia sección de la izquierda está atacando obsesivamente deslices verbales en Twitter, la derecha está actuando: desmontando sistemáticamente no sólo el Estado del Bienestar sino el Estado mismo.

La revisión de privilegios asume la peligrosa falacia posmoderna según la cual sólo podemos entender aquello de lo que tenemos experiencia directa. Sin conceptos como la empatía y la imaginación, que nos ayudan a reconocer nuestra humanidad compartida, nos atomiza en una serie de grupos taxonómicos cada vez más pequeños: transexual de clase obrera, mujer negra discapacitada, hombre heteronormativo.

Peor aún, bloquea la actividad política. Una amistad mía, con mucho talento, leyó Chavs de Owen Jones y dijo que le hizo “muy consciente de mis privilegios de clase media”. A mí me hizo querer prenderle fuego al Ministerio de Trabajo y Seguridad Social. Mi amistad es profundamente activista, pero para muchos, simplemente ser conscientes de su privilegio cubre la misma función que firmar en una petición online: una manera de creer que has hecho algo sin implicarte de verdad.

En muchos respectos, el sistema de revisión de privilegios es el espejo perverso del capitalismo salvaje: mientras que la creencia absoluta en el libre mercado requiere una actitud de triunfalismo y una agresiva falta de empatía, los “privilegios” requieren una actitud de autohumillación constante digna de alguien en Alcohólicos Anónimos.

Ni por un momento estoy defendiendo que los prejuicios sean irrelevantes. Creo firmemente en que hay que llamarle la atención a la gente que utilice términos que inciten al odio, pero una cosa es imponer consecuencias a expresar opiniones racistas, sexistas o transfóbicas, y otra distinta ladrarle a alguien que revise sus privilegios porque se han expresado de manera un poco torpe. Sin detenerse al acusarnos a todos de intolerancia y discriminación, la revisión de privilegios busca convertirnos en detectives privados a la búsqueda constante de errores lingüísticos.

La revisión semántica quisquillosa que nos anima a hacer el “privilegio” es un pensamiento distante, desconectado de cuestionar o intentar cambiar el orden hegemónico. Es una política de la identidad que asume la posición post-ideológica como un hecho y acepta que nada va a cambiar excepto pequeños detalles. Dentro de la red de seguridad adoptada a priori, se te concede un parque en el que jugar a juegos de palabras divisivos y deliberadamente confusos. Los lobbies corporativos no podrían haber inventado un sistema mejor para neutralizar la acción colectiva.

En esta concepción del “privilegio” está implícita una idea simple: cuantos más puntos tengas en el bingo, menos peso tiene tu opinión. Esto tiene el efecto catastrófico de convertir debates sobre racismo, sexismo, transfobia, clase y discapacidad en un juego de piedra-tijera-papel, pero también es importante que descarta la larga historia de reformadores sociales, de Karl Marx a Tony Benn, con orígenes privilegiados.

El privilegio se convierte en un círculo vicioso: cualquier intento de criticar esta dinámica se da con la acusación “como tienes privilegios puedes permitirte no pensar en el tema”. Pero esa no es la cuestión. Siempre he sido consciente de que al ser el hijo de una familia blanca y de clase media, mi vida es más fácil que la de otras personas – pero es que es precisamente eso lo que me empuja a buscar la justicia social por los que han tenido menos suerte que yo. Los prejuicios existen. Vivimos en un mundo tremendamente injusto. Pero convertir nuestras circunstancias personales en una especie de concurso no consigue absolutamente nada.

Aquí, un ejemplo de lo ridícula que puede llegar a ser la cultura de la revisión de privilegios. Gethin Jones, un hombre transexual, escribió esto sobre transfobia en la web feminista The F Word. “al ser un hombre trans, [blogueras transfóbicas] me han acusado de ser misógino, querer obtener privilegios masculinos y de ser una lesbiana reprimida (algo poco probable teniendo en cuenta que soy bisexual). Que me acusen de haber transicionado para obtener privilegios me irrita, considerando el privilegio cis que he perdido en el proceso”.

Es un ejemplo de libro de esta clase de pensamiento llevada a su conclusión lógica. ¿Así es como queremos vivir, comparando toda y cada una de nuestras acciones con alguna lista teórica? La ironía cósmica de todo esto es que el mismo concepto de “privilegio” es inherentemente privilegiado, y requiere una comprensión sofisticada de ideas sociológicas complejas sobre la raza, el género y la sexualidad.

Mientras tanto, allá en el mundo real, están desmantelando la Seguridad Social, el sector público se está privatizando, van a romper en pedazos cualquier resto de bienestar social, y todavía les quedan recortes por hacer. En lugar de convertir cada cosa que decimos en un problema, dejemos de lado nuestras diferencias y contraataquemos.

Control del discurso, otra más: demuéstramelo.

Voy a traducir, con el amable permiso de la autora, una serie de tweets de Bayley the Bookworm, conocida en Twitter como . La secuencia completa está en inglés aquí.

¿Qué es lo que les pasa a los tíos que piensan que pueden exigir que las mujeres “demuestren” su experiencia? (ya sé lo que les pasa a los tíos, no estoy preguntando de verdad). Es importante recordar que cuando un tío dice “demuéstralo”, lo que quiere decir es “no voy a aceptar ninguna prueba que puedas darme”. ¿Tu experiencia personal? No basta. ¿Experiencias de varias mujeres? No basta. ¿Encuestas? No basta. ¿Estudios científicos? No basta. ¿Otro tío que te da la razón? Quizá funcione, a veces.

Es porque no se trata, de verdad, de que los tíos quieran pruebas. Saben que las hay. Lo que quieren es agotarte, es un juego de poder. Saben que sus voces tienen más peso, así que dan por hecho que pueden exigir trabajo emocional e intelectual para divertirse. Ya se han declarado árbitros de si tu experiencia cuenta o no, y ya han decidido que no.

Añadiría esto a algo dicho por @undivaga, y cito de memoria. Quien te pide que clarifiques más de una vez o dos no quiere entenderte mejor, quiere agotarte.

Introducción mínima a la interseccionalidad.

Todos lo hemos oído: “pues hay quien está peor”. Es un primer intento, fallido pero intento, de interseccionalidad. Tú eres pobre, pero no estás discapacitado. Eres una mujer y cuidas de tu madre enferma, pero por lo menos tienes trabajo para manteneros a las dos. En este primer acercamiento, la realidad es una escalera, y cada privilegio que no tienes te hace bajar un escalón. Arriba están los hombres blancos ricos. El segundo escalón está ocupado por las mujeres blancas ricas. Y todo lo demás es una pirámide perfecta. Sencillo, pero incorrecto.

La interseccionalidad es algo más complejo que eso. El término lo creó Kimberlé Crenshaw en los 80, aunque la idea existía desde mucho antes, para referirse a la interacción de múltiples tipos de opresión, es decir, a cómo diversos privilegios y la falta de ellos afectan de distinta manera en distintos contextos. Evidentemente, una persona a la que le “falten” cinco o seis privilegios de la lista (no es tan difícil) tiene una vida más dura que alguien a quien falte uno, o ninguno. Pero muchas veces, lo que se supone que es una característica común a todos los miembros de un colectivo oprimido, sólo lo es de la parte más privilegiada de los mismos. En otras palabras: sin un enfoque interseccional, la lucha contra un privilegio tiende a beneficiar a quienes sólo echan en falta ese privilegio y ninguno más, a costa del resto del grupo. Así es como, en palabras de Ardeluxe, se puede ser comunista y machista, feminista y transfóbica, o gay de derechas.

Si queda un poco abstracto, como mejor puede entenderse es con ejemplos. Voy a poner uno que se beneficiaría de más feminismo, y una crítica al feminismo.

1. La lucha contra la pobreza, la lucha obrera… ese tipo de reinvidicaciones de izquierdas. Por ejemplo, es fácil tomar como héroes, como símbolos, a colectivos muy reivindicativos como los mineros. Símbolos como el del Sindicato de Estudiantes (llave inglesa que se convierte en lápiz) o la hoz y el martillo, apuntan a profesiones típicamente masculinas. Otro símbolo que me encanta a pesar de lo excluyente que es, es el albañil de Manel Fontdevila. currito fontdevilaCuando Fontdevila dibuja a su hombrecillo del casco, no está representando a un albañil sino al conjunto de la clase obrera. No sería muy difícil pensar en una camarera con uniforme, una enfermera, o una profesora, por decir mujeres fáciles de caricaturizar, como representantes del sector servicios (el autor es consciente de ello pero no sé hasta qué punto ha hecho algo por arreglarlo).

Otro ejemplo reciente y no humorístico es el reportaje de Jordi Évole “Precariado”, emitido en La Sexta hace pocos meses. Los ejemplos de profesiones que son o que se han vuelto inestables y mal pagadas: obreros de fábrica de automoción (y de refilón alguna mujer), y un hombre que ha estudiado comunicación audiovisual, como ejemplo de sobrecualificación. Esto, a mi parecer, es un enfoque completamente equivocado sobre el empleo de mala calidad. La peluquera autónoma, su empleada con el salario mínimo, infinidad de dependientas de tiendas, licenciadas que malviven dando clases particulares… estamos rodeados de un ejército invisible de mujeres con empleo precario, con problemas distintos o peores de los que tienen los hombres en su misma situación laboral, y ellas no son el símbolo de nada. Evidentemente, cualquier mejora global de las condiciones de trabajo las beneficia a ellas, pero no parece que nadie las tenga en cuenta.

Del mismo modo, cualquier análisis del empleo más estable que tenemos, el funcionariado, es incompleto sin tener en cuenta que somos una mayoría de mujeres, y por qué. Es fácil, la Administración es el único jefe que no nos pregunta nuestro estado civil.

Lo que busco no es que haya más personajes femeninos en los chistes, o que Jordi Évole entreviste a más mujeres: todo lo que he descrito no es el verdadero problema, sino síntomas de que la imagen mental que se tiene de “la clase obrera” excluye a las mujeres. Esto puede llevar a favorecer políticas, campañas de promoción, etc. que no lleguen al público que más lo necesita y se beneficiaría de ello. Podría decirse mucho más, pero como sólo quiero ilustrar un punto de encuentro (o de choque), lo dejaré aquí.

2. El feminismo también necesita ser más interseccional. Aquí me voy a limitar a explicar algo magníficamente contado por @DrJaneChi. Laurie Penny es una feminista inglesa, blanca, rica, que acaba de publicar una columna en New Statesman acerca de la imposición patriarcal de llevar el pelo largo. Opiniones de mujeres: dos, la suya y la de su hermana. Problemas prácticos de tener pelo largo: no siempre está bonito y lleva tiempo y dinero que lo esté. Penny universaliza su propia experiencia, sin tener en cuenta algunos factores importantes que no la afectan.Parece una cuestión nimia escoger el pelo corto, pero no lo es, y el colectivo menos afectado por ello es precisamente el que Penny escoge como universal, el suyo.

Por ejemplo, las mujeres trans* deben presentar un aspecto hiperfemenino para ser tomadas en serio. De esto puede depender el resto de su vida: cuando una mujer trans decide que quiere hacer los cambios legales y médicos para ser considerada la mujer que sabe que es, tiene que pasar por una serie de barreras puestas por la ley y por profesionales sanitarios para que demuestre cómo se siente, y uno de los puntos que se tienen en cuenta es si la mujer muestra una feminidad convencional. Una trans puede tenerlo complicado para elegir llevar el pelo corto.

En segundo lugar, el ideal de pelo largo es un ideal basado en la belleza de la mujer blanca. Las mujeres negras, o con el pelo más rizado que esto de aquí, tienen que hacer una inversión en tiempo y dinero que no tiene nada que ver con la que hacemos las demás. Además, las mujeres blancas con el pelo de una calidad parecida tampoco se enfrentan a los mismos problemas: lo que en nosotras puede verse como un estilo original, en las mujeres negras puede ser motivo de rechazo. Por eso, para ellas, llevar el pelo corto tiene unas motivaciones diferentes. Un análisis español de esta cuestión hablaría, por cierto, de la obsesión de las mujeres españolas con el pelo liso.

Más cuestiones: la edad. De las mujeres jóvenes y guapas se espera pelo largo, pero a partir de cierta edad, se espera que lo tiñamos y cortemos. Si ya no se es joven, tener el pelo largo, o largo y sin teñir, es más desafiante que ser joven y tenerlo corto.

No puedo terminar sin mencionar a las mujeres que pierden el pelo por una enfermedad. Penny menciona a su hermana, a la que se le cayó el pelo por estrés. ¿Tan difícil era citar dos líneas sobre los efectos de la quimioterapia?

Añadir un enfoque interseccional a una lucha por la justicia y contra la discriminación puede salir natural, sobre todo cuando nos afecta personalmente, o puede ser muy difícil. Es el único activismo que merece la pena. De lo contrario, lo único que estaremos defendiendo es un mundo aún en forma de pirámide, pero con nuestro escaloncito un poco más arriba.

El aborto, ¿cosa de dos?

En estos días en los que se ha criticado tanto la reforma del aborto que quiere hacer Gallardón, he oído un argumento peligroso: “el aborto es cosa de dos”; “en una pareja estable el padre debe ser escuchado”. Esto parte de una fantasía, que es la siguiente situación:

Había una vez una pareja estable, sin problemas reseñables. La mujer se quedó embarazada (de su pareja estable) y abortó sin el consentimiento, quizá contra la voluntad, de su abnegada pareja, que deseaba ese bebé más que nada.

Los creyentes en este cuento tienen opiniones variadas sobre cómo limitar el daño que hace esa mujer de fantasía. He oído que el aborto debe ser libre “pero”; también que escuchar la opinión del padre-caso-de-haberlo debe formar parte de las vallas de la carrera de obstáculos que se ponen entre la mujer y el aborto, al nivel de medidas como los días de espera. Y también, lo más extremo, que las leyes de supuestos y no de plazos tienen la virtud de eliminar este peligroso “aborto sin consentimiento del padre”.

El cuento se desmorona a poco que lo observemos. En primer lugar, está qué pasa dentro de las parejas estables. Una de las cosas que podrían estar ocurriendo es una situación de violencia de género, con su consiguiente coerción reproductiva. Sí, hasta que no te lo explican no caes en la cuenta: los maltratadores quieren tener a su víctima controlada, y pocas cosas te tienen más controlada que ser madre. Aquí hay mucha más información, en inglés. Esa mujer en una pareja estable que aborta a escondidas puede que se quedara embarazada a consecuencia de una violación que no quiere denunciar; tras un sabotaje a su anticoncepción; o simplemente, no quiere estar embarazada de un hombre que podría matarla.

Y si no es el caso ¿por qué querría ocultar algo tan serio una mujer que hemos dicho que es razonablemente feliz con su pareja? Aquí se oculta la misoginia, el miedo a que la mujer sea mentirosa o egoísta. ¿No te has parado a pensar qué razones tiene ella para desear acabar con ese embarazo? ¿No confías en ella?

Además, pedir hijos es sencillamente pedir demasiado. Los hombres abandonan a sus hijos impunemente, todos los días. Eso lo sabe la mujer desde que veía quién le ponía la comida y quién le cambiaba los pañales; cuando la llevaban al colegio y veía que había niños con madres solteras y niños al cuidado de los abuelos, pero niños al cuidado del padre, pues no. No lo llevamos en la sangre: es una lección que hemos aprendido. Dado que los hombres pueden desentenderse si quieren, es desmesurado que si deciden implicarse tenga que ser a costa de la autonomía personal y la salud de una persona que no desea estar embarazada.

Hay que insistir en este tema de la salud y la autonomía. Ninguna persona te debe nada; no puedes obligar a nadie, ni a tus padres, ni a tus hijos, a darte, por ejemplo, sangre o médula ósea, ni a arriesgar su vida por ti. Un embarazo no es una enfermedad pero conlleva molestias, pérdida de calidad de vida, y potencialmente, trastornos agudos y crónicos. Como mínimo te pasas nueve meses sin poder tomar ni una pastilla para el dolor de cabeza. Vómitos, cansancio, dolor, diabetes, hipertensión, incontinencia urinaria, estreñimiento, hemorroides. Una anestesia y que te rajen la barriga, o un proceso doloroso por naturaleza y que la medicina vuelve humillante, que incluye que te rajen los genitales, explicado muy bien aquí. Y aunque el embarazo no fuera una situación en la que te estás jugando la vida, es la única situación en la que te permites opinar sobre mis órganos internos.

A veces toda esta fantasía se disfraza de corresponsabilidad. Los hijos son de los dos, los cuidados son de los dos, hagamos el embarazo también de los dos. Es una trampa: es seguir manteniendo la propiedad patriarcal del aparato reproductor. ¿Quieres hijos? Asume obligaciones después de que nazcan. Antes, no pidas lo que no es tuyo.

La denuncia falsa.

Había una vez una sociedad en la que las denuncias por violación o violencia de género tenían un peso social tan grande, y eran una acusación tan grave, con tal estigma, que los hombres vivían aterrorizados ante la posibilidad de la calumnia.

– Pero vamos a ver, ¿tú qué le has hecho a ella para que te denuncie?
– ¿Yo? Yo, nada, de verdad tío, yo no le he hecho nada.
Bueno, algo le habrás hecho, ¿no? No te va a denunciar por las buenas, hay que calentar mucho a una mujer para que haga una cosa tan extrema como esa.
– En serio, que no. No le hice nada. Salimos a dar una vuelta, nos tomamos algo como siempre, la dejé en su casa como siempre, me fui, y lo siguiente que sé es que tengo a la policía en casa tomándome muestras biológicas hasta del cielo de la boca.
– Jodeeeeeerrrrrr, pero es que cómo se te ocurre. ¿Qué bebiste?
– Pero eso qué tiene que ver.
– Pues tiene todo que ver. Tú vas, te emborrachas, te pasas, te crees que ella tiene ganas, no las tiene, y ¡POM!, la violaste. Y encima es tu novia, o sea que es violencia de género. Da gracias a que la denuncia es por la violación nada más y no por maltratador.
– ¿Cómo te tengo que decir que no la violé? Que no es que ella no consintiera, que es que no hubo sexo, ni del bueno ni del malo. No. Sexo.
– Eso es lo que dices ahora, tío que soy tu amigo y creo que no tienes mala intención, pero si habías bebido, ¿cómo sabes que no la violaste?
– A ver, si te pones así, uno no está nunca seguro de nada, en fin, ni del suelo bajo los pies, yo qué sé, si hubiera habido sexo me acordaría.
– Aparte es que tú, también, es que da igual, es que eso es ir provocando. Vas y te tomas unas cervezas, y luego os vais a su casa, y claro, por aquellas calles tan vacías, pues ella, normal. Se asusta. Le entra miedo, y hace, pues lo normal en una situación así. Se asusta,  va y te denuncia.
– Pero ¿tú de parte de quién estás?
– Es que no es cuestión de parte de quién estoy, que sabes que eres mi amigo y me importa lo que te pase, pero es que tíos como tú sois los que nos dan mala fama a los demás. ¿Por qué no me llamaste para que fuera con vosotros? Yo también estaba por la parte de los bares, nos vamos los tres a su casa y ya está. Tienes tranquilidad, un testigo, y la seguridad de que no la violas. A ver, como si no te hubieran dicho mil veces que uno no se puede quedar solo con una mujer. Vamos, desde chicos en el colegio.
– ¿Y si nos acusa a los dos?
– Venga ya, que Silvia no es de esas. Silvia es legal.
– Será todo lo legal que tú quieras, ¡pero me acaba de calumniar!
– Ehhhhhh, que calumniar es una palabra muy gorda. Te ha denunciado.
– Me vas a venir a mí con qué palabras son gordas. ¡Que me han puesto un cartel al cuello!
– Venga, no dramatices. Espera a que se le pase un poco el enfado, hablas con ella, le pides perdón, y a ver si retira la denuncia, que yo creo que sí, que es una persona razonable y si le explicas tu versión, te comprenderá.
– Entre los que decís que algo hice y la culpa es mía, y los que decís que las mujeres no pueden evitarlo, y la culpa no es de ella, me tenéis todos harto ya. Voy a ver qué ponen en la tele.

En un canal de televisión hay un documental que se centra en los aspectos más tristes del día a día en prisión de hombres denunciados por violación y violencia de género. Todas las mujeres que aparecen son funcionarias de prisiones, juezas, y mujeres policía.

En otro canal están echando una comedia donde algunas actrices hacen chistes sobre un hombre que es demasiado feo para calumniarlo: no querrían que nadie las relacionara con él.

En otro canal donde también hay una película, es un drama romántico. Una mujer seduce a un hombre. Lo amenaza con denunciarlo, tras lo cual él se enamora de ella, seducido por su chantaje.

En otro canal hay un debate sobre la función que el sistema educativo debe tener enseñando a los chicos a evitar ponerse en situaciones que les lleven a ser calumniados, ya que se produce una escalada del “rumor” a la “acusación” al “chantaje” a la “denuncia” que los chicos deben saber detectar y frenar antes de que sea grave. En ningún momento se dice “las mujeres denuncian”, sino “los hombres reciben denuncias”.

– Estoy harto de toda la mierda antimasculina y calumniante que echan.
– Nah, no tendrías que ser tan radical. Tomátelo más a la ligera que no es algo personal, tío.

Teoría y práctica del activismo.

Puede parecer que hay cierta superioridad del activismo callejero frente al que se hace en redes sociales, ante lo cual quienes pasamos mucho tiempo frente a un ordenador tenemos la tentación de defendernos, en nuestro método o en la validez de las herramientas que usamos. Pienso que es una distinción inútil, pues la diferencia clave no está entre activismo online y activismo en la calle, sino en los grados de separación con la realidad. Leer lo que escribo aquí es tan real como leerlo en papel, escucharme en un aula, o comentarlo en una cafetería. Veamos a qué me refiero con qué es la realidad.

El grado 1 del activismo son las acciones encaminadas a conseguir justicia o eliminar discriminación. Pongamos un ejemplo que se puede hacer dentro y fuera de redes sociales: el uso del femenino plural como genérico. Supongamos una asociación cultural que pone en sus estatutos que el femenino plural se entiende como genérico; da igual si están en un centro cívico de barrio, en un blog o en facebook. El póster que dice “ESTÁIS TODAS INVITADAS A NUESTRA FIESTA DE ANIVERSARIO” es un acto reivindicativo.

El grado 2 es la elaboración o difusión de teoría que explique, divulgue o eduque sobre el activismo. Los estatutos de esa asociación explican porqué van a tomar esa medida. A los nuevos se les dice “no hay actividades sólo para chicas, el femenino es genérico, si hacen una exposición de fotos Pepe, Juan y Miguel pondrá “Tres conocidos fotógrafos malagueños”, pero si es mixto o genérico, será femenino”. Y se les explica porqué. “Es para dar visibilidad a las mujeres artistas, para que en las actividades mixtas no parezca que las mujeres están como invitadas, porque decimos “personas” en femenino, y para fastidiar al concejal de Cultura”.

El grado 3 es la evaluación de las acciones en función de la teoría. En mi ejemplo: ¿hemos sido coherentes y toda la documentación está en femenino? ¿es sólo por escrito o también es oral?

El grado 4, ya a tres escalones de distancia de la práctica, es la evaluación de la teoría: decidir si es útil, o no, si estamos de acuerdo con ella, o no. “No tiene sentido que nos pasemos un cuarto de hora de cada reunión con el Concejal de Cultura aguantando sus sermones sobre los estatutos”. “El femenino genérico no integra a las mujeres, sólo disfraza”. “El femenino plural genérico no sirve para lo que queréis que sirva”.

Grado 4 sería tambien la evaluación del grado 3. ¿Se puede evaluar un evaluación? Por supuesto, aunque a esta altura normalmente estamos opinando sobre personas. Es decir: Emi dice “los carteles muy bien, pero cuando hay un taller de pintura con niños y niñas, les habláis en masculino”. Fran dice: “Lo importante es que se apunten, no lo que te parezca a ti que tenemos que llamarlos, Emi, vamos a lo serio”. O dice, en privado, por ejemplo: “Emi siempre se fija en lo más tonto”.

Grado 5, sí, lo hay, es evaluar el grado 4: opinar sobre las críticas a la teoría. ¿Parece retorcido? Sólo hay que decir “Los que dicen que el femenino plural genérico no sirve para nada son todos unos saboteadores”. Censurar a Fran del ejemplo anterior específicamente por criticar a Lola. Censurar a la persona que dice: “no acepto tu teoría”. Supongamos que alguien dice “A Fran lo que le pasa es que se agarra a lo que sea para tener más razón que Emi”. Grado 5. Estamos a cuatro escalones de la realidad.

He establecido 5 grados. Pero incluso charlando con un café delante, el grado de cotilleo-sobre-cotilleo sube más. Es fácil decir: ¿Leo? Paso de Leo. Es de la pandillita de Fran. Grado 6. Y así hasta el infinito.

Hay que teorizar y hay que evaluar, pero eso no pude serlo todo. Como activista, considera hasta qué punto tu actuación está más cerca de cambiar el mundo, online o no, o más lejos, ya sea considerando teorías o evaluando el trabajo de los demás. No se trata de si tu acción es exitosa, sino de si es directa. Se trata de la respuesta a la pregunta: ¿qué has hecho hoy contra la injusticia?