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Algunas aclaraciones sobre la brecha salarial.

La brecha salarial es algo que provoca grandes polémicas porque no se tiene clara su definición y además parece difícil de aceptar, y también de creer que en una empresa pueda mantenerse en su definición más restringida sin que nadie se dé cuenta o proteste con éxito. Los negacionistas de la discriminación salarial de la mujer la definen así: «que las mujeres cobren menos dinero por hacer el mismo trabajo, con la misma capacitación, en el mismo puesto profesional con el mismo nombre y título hasta la última coma, sin tener encuenta más ventajas que el sueldo bruto y no, por ejemplo, otras ventajas concedidas por la empresa». Por ejemplo, que un profesor y una profesora de Matemáticas cobren diferente sueldo por las mismas horas. Si son un profesor de Matemáticas y una profesora de Historia, aducen «es que ya no están haciendo el mismo trabajo». Cuando nos referimos a brecha salarial queremos decir que las mujeres ganan menos dinero que los hombres a igual capacitación, en puestos equivalentes, con nivel de responsabilidad equivalente, y también de manera más ampliada, al uso de mecanismos varios que provocan, de facto, que las mujeres ganen menos dinero que los hombres. Esto está recogido y demostrado mil veces; una muestra muy conservadora de ello es el Índice de Desigualdad de Género que mide el Foro Económico Mundial, una asociación internacional de empresas que elabora un informe sobre este tema. Explico en otro post en qué consiste exactamente este informe. Aquí se puede consultar el más reciente, que señala esto respecto a España:

  • Estamos en la posición 29 global, y si la igualdad es el 1, alcanzamos el 0,74.
  • En participación económica y laboral estamos en el puesto 80 con un nivel de desigualdad del 0.66 y esto es una mejora.
  • Las mujeres ganan un 66%, aproximadamente, de lo que ganan los hombres, en valores absolutos (es decir, sin referirnos al tipo de ocupación de unos y otras)
  • Estamos en la posición 49 en cuanto a nivel educativo con un nivel de paridad del 0.95 así que no es un problema de formación de las mujeres.

Insisto en que el Foro no es una asociación de gobiernos sino de empresas, es decir, esto es lo que están diciendo ellas sobre el funcionamiento del país en su conjunto. No todo lo que produce brecha salarial por género se debe a que las empresas sean «malas», no todo es «culpa» suya. A veces es deliberado, a veces es inconsciente y a veces escapa a lo que las empresas pueden arreglar ellas solas.

Veamos algunas de las maneras en las que las mujeres ganan menos dinero que los hombres. Lo primero es «mismo sueldo base, complementos diferentes». Como ejemplos, una noticia y una anécdota. La noticia: un hotel paga, por la vía de un complemento, 204 euros más al mes a los camareros que a las camareras. Los hombres que limpian se llaman «fregadores» y cobran más que las mujeres que limpian. La anécdota: Me contaron que en Altos Hornos de Vizcaya, en una zona donde todos los trabajadores cobraban un plus por la peligrosidad de los tóxicos que allí había, las limpiadoras no tenían ese plus. A «es que era por ser limpiadoras, no por ser mujeres»: no estamos examinando motivaciones que pertenecen al campo de lo psicológico, estamos examinando efectos. Si trabajar al lado de un tóxico lleva un plus, y no lo lleva para todos, hay discriminación.

Otra opción se da que se da muy a menudo, entre otros lugares en industria alimentaria y en agricultura, es «Todos los hombres hacen la misma tarea, y todas las mujeres hacen otra distinta, categoría laboral distinta, sueldo distinto». Son tareas que requieren un nivel de formación similar, una responsabilidad sobre la producción también parecida, aunque sean de naturaleza diferente. En industria alimentaria es muy habitual que las mujeres trabajen en la «cinta» (no se mueven de su sitio, y manipulan alimentos o envases en una cinta transportadora) y los hombres como «mozos». A los hombres no se les ofrece trabajar en cinta, ni a las mujeres fuera de ella, independientemente de su experiencia o habilidades personales. En la cinta se cobra menos. Si pensáis que es que es un trabajo menos peligroso: puede tener cuchillas como guillotinas, por ejemplo. Y en muchas máquinas se puede quedar atrapada una parte del cuerpo. Si trabajas en un escritorio, como teleoperador por ejemplo, tienes derecho a descansos breves por hacer un trabajo repetitivo, pero en una cinta no, así que incluso contando con una pausa para comer puedes encadenar horas haciendo exactamente el mismo movimiento, con un nivel de atención constante, sin parar un segundo. Aquí hay un buen ejemplo en una envasadora hortofrutícola de Almería, que además explica que ellas tenían funciones más diversas que los hombres y a veces los sustituían. La distinción envasadora/mozo era artificial.

A pesar de la jurisprudencia en contra, esto sigue ocurriendo. Octavio Prieto, profesor en Castilla-La Mancha, cuenta que en su región la cosecha y preparación del ajo es un trabajo estacional. En los almacenes a las chicas se les paga 5,20 euros la hora por un trabajo «de cinta» (pelar ajos) y a los chicos 5,90 por cargar cajas. 0,70 la hora en una jornada completa es un 12% del sueldo y quiere decir 117 euros al mes. Para estudiantes que lo hacen en sus vacaciones escolares, 232 euros de más o de menos con los que empezar el curso. La justificación es que la tarea es diferente, pero los varones no necesitan más formación, ya no se cargan cajas sino que se usan «toros» así que la fuerza física no es un requisito, las mujeres a veces tienen que ocuparse de trabajos que no son el pelado sin que eso suponga aumentarles el sueldo (lo mismo que ocurría en la envasadora almeriense) y no hay diferencia en cuál de los dos trabajos es más importante. Algunos almacenes lo han cambiado cuando se ha protestado, y otros no. Evidentemente, una chica de 17 años que necesita pasarse el verano en un almacén de verduras para poder pagarse sus estudios tiene cosas más urgentes que hacer con sus ahorros que demandar a esa empresa. Así la situación se perpetúa porque afecta a las más vulnerables.

Una situación relacionada, que en twitter ha contado Desiré Carmona entre otras, es que a las mujeres se les reconocen habilidades superiores para la gestión, la administración, la mentorización o la docencia… y no se pagan o no se consideran parte del horario. Es decir: de las mujeres se presupone que van a coordinar, que van a ser sus propias administrativas, y que van a ser las supervisoras de compañeros con la misma categoría profesional. Esto puede ser una pérdida salarial (coordinador o docente puede ser un sueldo mayor que el que se está cobrando) y es siempre una pérdida de tiempo (porque haces tarea y media) y de oportunidades: como trabajas demasiado no tienes tiempo de aceptar nuevos retos y se te va la jornada solo en estar al día.

En otros aspectos la brecha salarial afecta desde la contratación. En profesiones cualificadas, a las mujeres se les exige más currículum, tanto por formación como por experiencia, porque llegan a la selección de personal con menos contactos. Los hombres acceden a la posibilidad de ser contratados (o al puesto en sí) gracias a oportunidades anteriores, por haber hecho más relaciones públicas, mientras que las mujeres tienden a ser más «cumplidoras» en lo académico y laboral. Por voluntad propia o por tener obligaciones familiares, etc., no han desarrollado esos contactos a medio camino entre lo laboral y lo social. Esto afecta por ejemplo al trabajo en medios de comunicación, en tecnologías de la información, etc, en los que no es imprescindible tener una titulación universitaria concreta (o tener una en absoluto). Los estudiantes o aprendices varones empiezan a encadenar pequeños trabajos y van haciendo agenda, mientras que las chicas estudian. Aquí hay más anecdotario que noticias, aunque espero poder contar más en el futuro.

Está relacionado con esto que los logros de las mujeres se evalúan con más rigor y dureza. Puede ser porque los hombres tienen más tendencia a exagerar, y sus interlocutores a aceptarlo, o porque las mujeres tienen más tendencia a ser precisas, realistas o modestas en la exposición de sus logros o de sus objetivos, y sus interlocutores además desprecian este estilo comunicativo. Un estudio reciente sobre solicitudes de becas de investigación que se presentaban anónimamente, para evitar sesgos, muestra que las mujeres recibían menos becas que los hombres pero que si obtenían la beca, publicaban más artículos científicos que ellos, es decir, no eran peores investigadoras. La diferencia que perjudicaba a las mujeres tenía que ver con el estilo del lenguaje: en ellas era más conciso y en ellos más general. h

También hay casos en los que directamente se paga menos a las mujeres. Porque sí y ya. Quien lo sabe, calla, aunque siempre sabemos de algún caso, como quien contó en twitter que siendo becario supo que una empleada con un puesto superior cobraba 6.000 al año menos que sus compañeros hombres. Picanúmeros compartió varias gráficas sacadas de la Encuesta de Estructura Salarial del Instituto Nacional de Estadística, con datos de 2014. Comparando 81 puestos de trabajo distintos de personas con idéntica jornada laboral, duración de contrato, sector y nacionalidad (española/extranjera) (ojo que nos referimos a ocupaciones, no a 81 personas) obtuvo que en un 56,8%, los hombres cobraban un 10% o más que las mujeres, y en un 9,8%, las mujeres cobraban un 10% o más que los hombres.

Es decir, en resumen: las causas inmediatas de la brecha salarial son la creación de dos puestos de trabajo con distinto nombre para funciones del mismo valor para la empresa, la creación de complementos y ventajas que se les dan a los puestos ocupados por hombres y no a los ocupados por mujeres, y directamente, pagar menos a las mujeres y ya está.

De una manera menos inmediata, más indirecta o a medio-largo plazo, los hombres consiguen más ascensos que las mujeres. Y también, las mujeres trabajan más a tiempo parcial, en parte porque se hacen cargo del cuidado de los hijos y de la casa, y sus parejas no. Esta es una cuestión que va un poco más allá de la responsabilidad de las empresas, aunque ayudaría tener medidas como la jornada continua.

Una crítica que se oye a veces sobre este tema es que «si fuera verdad que a las mujeres les pagan menos, las contratarían preferentemente a ellas y tendrían menos paro». Es legítimo preguntarse esto, es decir, si es verdad que un empresario puede salirse con la suya y pagar a las mujeres por debajo del salario adecuado a la ocupación, ¿por qué no contratar a más mujeres para todo o casi todo? Todas las razones son machistas, pero unas tienen más sentido económicamente que otras. La primera, desconfiar de las mujeres en edad de ser madres, no solo porque se cojan el permiso de maternidad sino porque durante bastantes años, los niños requieren estar acompañados, se ponen enfermos, ocupan bastante tiempo de los adultos, y los empresarios asumen que son las madres y no los padres quienes se harán cargo de todo esto. En otros casos, ni siquiera se cuenta con mujeres, de manera inconsciente quizá, como en algunas tareas peligrosas o que requieren cargar pesos. Es el caso de los estibadores, por ejemplo, aunque ahora sea un trabajo muy mecanizado. Además, hay pocas mujeres con formación o vocación para algunos empleos masculinizados, y no estoy pensando en los que requieren más estudios sino por ejemplo los relacionados con ciencia y tecnología que requieren una formación media (es más fácil encontrar una ingeniera que una fontanera). Por último, aunque de esto solo tengo anécdotas, en empleos muy feminizados se valora mucho la presencia masculina, formal o informalmente, y los escasos hombres ocupan enseguida posiciones de prestigio y de poder. He visto esto ocurrir en la enseñanza, y me han dicho que ocurre en enfermería y en servicios sociales. No tiene por qué ser universal, pero ocurrir ocurre.

La realidad es que las mujeres en el mundo ganan menos dinero que los hombres, y que realizan similar trabajo remunerado y mucho más trabajo no remunerado. Las causas, al final, son irrelevantes. Lo importante es dar fin a esta situación, dejar de cronificar la pobreza femenina, y valorar justamente nuestro trabajo.

En contra del turismo

DSC_0020Un bar cerrado desde hace meses en el centro de Ayamonte (Huelva).

Seguramente has oído decir que no está bien basar la economía en el turismo. Esto a veces se dice como «turismo y servicios». No suscribo esto, no me parece que el conjunto del sector servicios se pueda tratar como la industria turística. Y el sector turístico, desde luego, hay que aprovecharlo económicamente. Pero aquí tienes algunas razones para no tratarlo como principal motor económico.

1. El turismo siempre está subordinado a que las personas de los países donde te has dado publicidad tengan dinero de más. Ir de vacaciones es un lujo. Por eso, ante una crisis económica es de lo primero que sufre. Dependes mucho del bienestar ajeno. No vale bajar los precios: ser turismo barato es peligroso a largo plazo. Quienes desean unas vacaciones baratas siempre las van a encontrar más baratas aún en otro país. Ah, ¿todavía te creías que vienen porque les gusta España?

2. El turismo y la hostelería pueden usarse para el desarrollo, pero no es lo más frecuente. No es que «no produzca»; el sector servicios tampoco. Pero un abogado resuelve conflictos, una médica cura, una peluquera me corta el pelo, sin el transporte no funciona nada más. Son cosas que mejoran la calidad de vida de la gente. El turismo podría estar relacionado con el desarrollo, sobre todo el cultural: restauración de monumentos, museología, gastronomía, por ejemplo. Pero sabemos que no es lo que se suele hacer. Tenemos hoteles, bares, chiringuitos y hamburgueserías. Nada de esto supone una mejora en el bienestar de los habitantes del país. Y en el bienestar de los usuarios…. qué quieres que te diga, no me parece que emborracharse y quemarse al sol sean actividades muy enriquecedoras.

3. Visto por el lado del conocimiento: es la más clara expresión del «que inventen ellos». Si lo que quieres desarrollar, en un esfuerzo global y sistemático, es el turismo, sobre todo el barato, estás cortando la capacidad de creación de conocimiento del país. Repito: con excepciones en lo cultural y gastronómico, que no son el grueso del turismo en España.

4. Casi todo el trabajo relacionado con la hostelería y el turismo es poco cualificado. Eso significa que estará mal pagado y que los trabajadores son fáciles de sustituir. Además es muy estacional, si dependes de que la gente vaya a la playa. En conjunto es un empleo muy frágil.

5. El turismo aumenta el coste de la vida en la zona turística, lo que es un problema para la población local. Algunas de las zonas con más pobreza de España son muy turísticas. Eso no trae riqueza: sirves hamburguesas por el salario mínimo y los pisos están el doble de caros que a 50 km.

6. El turismo ahuyenta a la población local, convirtiendo ciudades antes estupendas en parques temáticos hostiles a quienes llevaban allí toda la vida. Algunos ejemplos muy conocidos son Venecia y Barcelona.

7. El turismo, especialmente el playero, agrede el medio ambiente.

8. Las soluciones tipo «parque de atracciones/megacomplejo turístico» no son rentables. Hay una fuerte inversión al principio, y luego pérdidas. En España hay cuatro (Isla Mágica en Sevilla, Terra Mítica en Benidorm, Parque Warner en Madrid y Port Aventura en Salou). De los cuatro, sólo Port Aventura da beneficios.

Los únicos que sacan tajada de verdad de todo esto son los constructores, y alguna multinacional instaladora de franquicias. Un ejemplo de cómo se nos ha convencido de que la industria turística española tiene algún sentido es la normalización de la segunda residencia, que para una familia de ingresos medios es económicamente un despropósito. Suponte que pagas 400 euros al mes por la hipoteca y los gastos del piso de la playa. Por doce meses, 4800 euros. ¿Qué vacaciones de lujo no te darías con ese dinero?

No estoy en contra del turismo, así, en bloque. Está muy bien ir de vacaciones. Está muy bien que haya bares y hoteles. Lo que no está nada bien, porque es mentira, es convertirlo en la clave de la economía de un país, que es lo que está ocurriendo. Sólo va a servir para hundirnos más.

Cultura emprendedora

Hace un tiempo, iba yo dando una vuelta por mi barrio una mañana. Tenía que ir al supermercado y es más práctico y agradable andar que coger el coche si no tengo que cargar con pesos grandes. Entonces me crucé con un niño y una niña de unos seis años, que habían pinchado en un tablón pulseras y collares hechos por ellos con bolitas de plástico. Me hizo mucha gracia y compré un colgante: un búho plateado colgado de un cordón de plástico negro. La confección no era de muy buena calidad, pero bueno, el detalle. He vuelto a ver a estos niños otros días, siempre en vacaciones.

Para mí era un ejemplo de cómo no es nada, nada fácil eso de «emprender». Parece muy sencillo, pero estos dos nenes estaban disfrutando de unas condiciones privilegiadas de las que no creo que disfruten la mayoría de niños españoles.

Viven en un barrio, no en una urbanización. Eso permite que haya adultos y jóvenes que caminan por delante de su casa, ya sea con un destino concreto o simplemente paseando. El conjunto de la ciudad en la que estamos invita al paseo.

El barrio es razonablemente seguro. Se puede dejar salir a los niños a la calle porque la visibilidad es buena y la acera es ancha (el tráfico, eso sí, es muy peligroso). Además los padres permiten a los dos niños salir a la calle. Los padres del varón permiten que tenga un hobby que puede considerarse «afeminado». Los padres de la niña dejan que se quede sola en la calle.

Los niños cuentan con suficientes recursos como para hacer sus colgantitos.

Todo esto es necesario sólo para que los niños saquen el tablón a la calle. Para vender, necesitan haber tenido una educación que les anime a acercarse a un adulto desconocido a invitarle a mirar la mercancía y al mismo tiempo ser lo bastante listos como para entender que a muchos adultos es mejor no acercarse. Y ciertas habilidades sociales para hacer el trabajo entre dos, claro. Y que los adultos y jóvenes de la zona tengan dinero para gastar.

No basta con desearlo. No basta con esforzarse.  Si empezaste tu empresa en el garage de tus padres, es porque tenías garage y padres. Afortunado tú.

El informe sobre desigualdad de género según el Foro Económico Mundial

De vez en cuando, nos dicen que España ocupa el lugar número 12, o 20, o algo así, en una clasificación de los países según su grado de desigualdad entre hombres y mujeres. Se trata de un informe que realiza cada año el Foro Económico Mundial.

Esta institución se considera a sí misma una «asociación sin ánimo de lucro», lo cual puede hacernos pensar que tiene algún noble propósito para el desarrollo internacional. No es el concepto que usamos coloquialmente de ONG: en realidad se trata de una asociación de grandes empresas, o de empresas más pequeñas que destaquen en su sector o en su región. Aquí se puede ver una lista de miembros: Audi, Coca-Cola, DuPont, Yahoo!, vamos, lo mejor de cada casa. El Foro sostiene que su objetivo es mejorar el mundo, realizando informes y «fomentando el diálogo», y organizando reuniones en las que «expertos» van a comunicar a los líderes mundiales soluciones para resolver problemas. Resumiendo: organizan encuentros entre políticos y empresarios, con el objetivo de que el mundo en el que vivimos no cambie en un ápice en lo fundamental. Resumiendo más aún: son un lobby muy bien organizado aunque con unos intereses muy divergentes: ¿qué pueden tener en común Nestlé y Fujitsu? Si queréis sacar conclusiones propias, aquí está la declaración de intenciones.

Desde 2006, este Foro (WEF en sus siglas en inglés) realiza un informe sobre la desigualdad entre hombres y mujeres. España acaba de pasar del puesto 11 en 2010 al 30, lo que puede sonar preocupante. En realidad, el salto más grande se produjo entre 2011 (puesto 12) a 2012 (puesto 26). Veamos porqué. Estos son los factores que se miden:

  1. Participación económica e igualdad de oportunidades.
  • Participación: una comparación de la ocupación de hombres y mujeres. Más mujeres trabajando, menos  desigualdad.
  • Desigualdad en los ingresos: una ponderación entre los ingresos mediso de hombres y mujeres independientemente de a qué se dediquen, y de la desigualdad salarial en el mismo puesto de trabajo.
  • Brecha de poder: la proporción entre hombres y mujeres entre legisladores, altos cargos, y directivos.

2. Logros educativos.

  • Grado educativo logrado por las mujeres comparadas con los hombres, en educación primaria, secundaria y superior.
  • Tasa de alfabetización femenina comparada con la masculina.

3. Salud y supervivencia.

  • Proporción entre los sexos al nacer. Esto busca detectar el aborto selectivo de fetos hembra y el asesinato de niñas recién nacidas.
  • Diferencia entre la esperanza de vida de hombres y mujeres.

4. Poder político.

  • Qué proporción de ministerios los ocupan mujeres.
  • Qué proporción de parlamentarios son mujeres.
  • Ratio de los años ocupados por hombres y por mujeres como presidente o primer ministro en los últimos 50 años.

Se pueden observar aquí algunas cosas. En primer lugar, el fuerte peso que tiene que haya mujeres gobernando. También, el poder económico de las mujeres. Y también, que sólo se observan datos en los que se puede comparar fácilmente un dato femenino con uno masculino, y la falta de interés para el WEF de lo que llamamos en sentido amplio «conciliación de la vida laboral y familiar». Acceso fácil al aborto legal, existencia o no de una baja maternal, son cuestiones que a esta organización no interesan. Puede verse en ello dos cuestiones. La primera, que «gender gap» o «desigualdad de género» la definen como en qué son diferentes hombres y mujeres cuando se puede comparar exactamente el mismo valor. Los hombres no se quedan embarazados, así que todo parámetro relacionado con un aspecto tan decisivo para la vida de la mujer queda fuera.

La segunda cuestión es que el informe probablemente sirve como herramienta eficaz para que una empresa sepa la probabilidad de que sus usuarios, clientes, empleados, ejecutivos, y legisladores a los que hacer lobby sean mujeres. Esto permite, imagino, decidir dónde quieres poner una fábrica, utilizar la disparidad salarial a tu favor, entender dónde no es probable que las mujeres tengan poder adquisitivo para adquirir tus productos, etc. Es un medidor aceptable de la relaciones mujeres-empresa.

El puesto de España se desglosa así: si convertimos la igualdad entre hombres y mujeres en un 1, en España sería del 0,7266. Participación económica: puesto 76, proporción 0,6521. Educación, puesto 40, teniendo en cuenta que 25 países empatan en primera posición,0,9971. Salud y supervivencia, puesto 75, otro caso con muchos empates, proporción del 0,973 y finalmente, poder político, puesto 27, proporción 0,2841.

De aquí se puede deducir: que aunque las mujeres españolas están logrando una educación cada vez mejor, eso no se convierte en ventajas laborales ni salariales, comparadas con las de otros países. Los países que tienen un nivel económico y una cultura comparables, y mayor desigualdad en ingresos, son Italia (puesto 97), Grecia (puesto 75) y Malta (108). Ya fuera de nuestro entorno cultural,  Japón (104) Corea (118) Omán (123) y Arabia Saudí (134). Peor desigualdad estudios/ingresos que en España, siempre en países en nuestro grupo por renta per cápita, se halla en Eslovaquia (86/1), República Checa (95/1) Emiratos Árabes Unidos (122/1) y Kuwait (115/57).

Eso no son indicadores de la posición absoluta de las mujeres, repito, sino de su posición de desigualdad respecto a los hombres. Es decir: España es el tercer país de Europa, después de Eslovaquia y la República Checa, con mayor desigualdad salarial a pesar del buen nivel de estudios. Y también somos el sexto país de Europa, y el octavo país rico y democrático, con mayor desigualdad salarial del mundo, sin tener en cuenta el aspecto de los estudios.

Entrando al análisis de algunos de los factores: Aquí tenéis una bonita captura de la página 340 del informe: WEF gender gap SpainAnalicemos punto por punto: Descartemos salud y supervivencia. La tasa de esperanza de vida es buena y la ratio de sexos al nacer podemos atribuirla al azar (dudo mucho que en España se practique el aborto selectivo, al menos de manera significativa).

Yendo al principio, a participación económica, observamos un buen dato: hay paridad en lo que el informe llama «professional and technical workers», es decir, profesionales, y personal altamente cualificado. No es del todo mala la proporción respecto a la población activa: 0.82. Los problemas nos los encontramos en: desigualdad salarial ante el mismo trabajo, 0,54. Ingresos respecto a los hombres, 0,59 y altos cargos, 0,48. Es decir: las mujeres llegamos a profesionales y a trabajadoras cualificadas, pero no a altos cargos, y ganamos alrededor de un 60% de lo que ganan los hombres. Es, creo, el peor dato de todos en lo que afecta al día a día de más mujeres.

En educación, si algo falla es que la alfabetización es muy ligeramente menor en las mujeres que en los hombres. Resulta preocupante que los hombres estudien menos en la universidad que ellas.

Por último, en poder político: el PP, que ahora tiene mayoría absoluta, tiene como política de igualdad abierta y declarada no utilizar cuotas de representatividad, lo que se traduce en que la representación de las mujeres es inferior a la de los hombres aunque sin desaparecer. También está la cuestión de que en España, el jefe del ejecutivo nunca ha sido una mujer.

Resumiendo: Aunque el WEF no incluya algunos indicadores de igualdad y de bienestar que serían muy útiles, como los relacionados con la salud sexual y reproductiva, parece más bien un indicador de hasta qué punto es probable que las mujeres estén en la misma situación económica que los hombres de su misma clase social (esa es otra cuestión: aquí no se miden indicadores de desarrollo, sólo comparaciones hombre/mujer). Sería deseable incorporar estos factores sociales a un índice más

Respecto a España, si nos atenemos estrictamente a este índice, estamos en una posición relativamente buena, aunque nuestro mercado laboral es abismalmente injusto.

Una nota en 2016: Cuando hice este post no me fijé en la gran diferencia entre el factor «Participación política», que en España es alto (puesto 26), y el de «Participación económica» que está en la zona media de la tabla (puesto 67). Algunas consideraciones con los datos de 2015: España es un país con muchas mujeres ricas en el poder, y con mujeres mucho más pobres que los hombres. En España, a la mujer media le afecta bastante poco el poder político de las burguesas. Los países con más participación política y más desigualdad económica que España en 2015 son: Nicaragua, Bolivia, Cuba, Argentina y Costa Rica en América; Cabo Verde y Sudáfrica, en África. India y Bangladesh, en Asia. Italia es el único país europeo y con una economía comparable a la nuestra en el que el poder político de las burguesas no se corresponde con una mejora de las condiciones de vida del resto de las mujeres.

Los países con alta participación política y también en los factores más sociales son: los escandinavos, Irlanda, Eslovenia, Suiza, Alemania, Holanda, Filipinas y Nueva Zelanda.

La «cultura del esfuerzo» de los bazares chinos.

Últimamente, se dice y se repite algo que ha dicho Juan Roig, presidente de Mercadona: que cada vez hay más bazares chinos porque practican la cultura del esfuerzo. Roig también ha dicho que España es un país de derroche. Lo de los bazares chinos me desagrada más que la otra cuestión. Porque, veamos, ¿qué ocurre de verdad en los bazares chinos?

Lo que más notamos desde fuera es el horario, que es largo. Generalmente, un bazar chino abre unas 15 horas al día, por redondear, 7 días en semana. Eso quiere decir que están incumpliendo la ley, ya que lo normal es que abran en domingo. El pequeño comercio no abre en domingo porque sus dueños sean unos vagos: cierran en domingo porque es ilegal y no quieren arriesgarse a la multa. Las panaderías, los kioscos, y los demás negocios que pueden abrir legalmente en domingo siempre lo hacen. No es una cuestión de esfuerzo: es una cuestión de ley.

Además, no sé en qué condiciones laborales están los trabajadores de un bazar chino, pero para empezar, es obvio que son emigrantes. Eso te deja sin una red social protectora que casi siempre tienes en tu país. No es esfuerzo: es que no tienes más remedio.

La calidad del servicio es, por lo general, muy baja. Muchos dependientes no saben español. Es difícil que te contesten cualquier pregunta sobre lo que venden, para empezar por la barrera del idioma. No es frecuente que acepten las devoluciones, ni siquiera de lo defectuoso, aunque depende de la tienda.

La calidad del producto es casi siempre muy mala. ¿Le tienes cariño a algo comprado en las chinos? ¿Hay algo comprado en los chinos que has podido usar durante años sin que se te rompiera? Yo tampoco.

Los bazares chinos venden mierda de usar y tirar dando un mal servicio al cliente. Eso no es cultura del esfuerzo. Eso es que los españoles estamos haciendo la vista gorda a un colectivo que no cumple las leyes sobre comercio minorista, y que además estamos dispuestos a comprar muchas cosas que se van a romper rápido. Eso sí es derrochar.