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Qué queremos decir con “conciliación”: guía para no padres.

El título completo es “Guía para no padres y para gente rica que no necesita preocuparse del cuidado de sus hijos, porque siempre tendrán suficiente ayuda”, pero quedaba muy largo.

Cuando no tienes hijos, sólo ves a las madres ir con mucha prisa a todas partes. Puede que tu madre estuviera siempre quejosa o cansada. Y a veces se debaje sobre si la baja maternal es demasiado corta. Son dieciséis semanas  El colegio (Educación Infantil) empieza a los tres años. ¿Qué hacemos las familias los dos años y medio en los que la madre no tiene baja maternal pagada y el niño no tiene educación gratuita? Y sobre todo, ¿qué queremos? No buscamos todos lo mismo, pero aquí una pequeña guía. Para quien lo desconozca, y para políticos despistados que hacen propuestas que no resuelven gran cosa.

Los primeros días:  Una madre reciente, más si ha sufrido una cesárea, y más si da el pecho porque el bebé es totalmente dependiente de ella, necesita toda la ayuda que tenga. En cualquier caso, el bebé duerme trechos muy cortos, mama (o toma biberón) despacio y con frecuencia. La baja por paternidad ahora son dos semanas y debería ser, como mínimo, un par de meses y me quedo corta. Seis estaría bien. Y esta baja debería ser irrenunciable, como las vacaciones, para que fuera no sólo ilegal sino imposible que hubiera presiones en el trabajo para no cogerla. Para evitar la discriminación hay quien dice que debería ser tan larga como la de las madres.

El bebé: la recomendación oficial es lactancia materna exclusiva y a demanda hasta los seis meses. Eso son 26 semanas. Ahora, las madres tenemos derecho a 16 semanas de baja maternal, y a un permiso de lactancia de chiste: un ratito al día que podemos concentrar en forma de 2 semanas seguidas, y así tener 18. Suponte que entonces te coges las vacaciones (no siempre se puede) y tienes 22 semanas, y un bebé de cinco meses. Aún no se tiene sentado solo. Empieza a jugar arrastrándose por el suelo. Es muy, muy pequeño. Y tú tienes que volver a trabajar, si no te han despedido, a menos que te pidas un tiempo sin sueldo. ¿Qué necesitamos? Pues como mínimo, una baja maternal de 26 semanas, no las 16 de ahora. Mejor que eso: un año para la madre y seis meses para el padre.

El bebé de 6 meses a un año: Es un período muy largo y de grandes cambios en el niño. Sus necesidades y las de la familia cambian sin parar. Los niños empiezan a demandar mucha atención cuando se mueven solos (redondeando, reptan o gatean desde los 9 meses, caminan alrededor del año). Hay quien piensa que cuando todavía no llegan al año, para ellos no es especialmente beneficioso ir a la guardería. Además con 11 y 12 meses se ponen gran cantidad de vacunas importantes y el sistema inmune es más maduro ante el bombardeo de infecciones que es inevitable que pille en la guardería. Mucha gente, por una cuestión emocional, pone la fecha en “cuando anden solos”. Luego está la madre. Hay madres que quieren estar con sus bebés el mayor tiempo posible y otras que tienen ganas de ver a adultos, recuperar parte de sus costumbres anteriores, salir de casa… es una cuestión muy personal. Yo volví al trabajo cuando mi bebé tenía 7 meses y para mí fue el tiempo perfecto. No necesitaba tanto trabajar como tener un rato para algo que no fuera la casa y la familia, y para eso tenía que salir.

Del año a los tres años: Necesitamos escuelas infantiles. Pequeñas para que todo el mundo se conozca y porque deben ser muchas para tenerlas al lado de casa. El personal que trabaja en ellas debe tener una formación excelente. En España esto se consigue: las maestras de Infantil son unas fenómenas. Debería haber suficientes guarderías públicas y una oferta de plazas suficiente. Y una ratio decente de maestras o cuidadoras/aula. Y deberían ser baratas, porque lo de ahora es de llorar. Cuestan una fortuna. Os pongo un ejemplo: en Andalucía las guarderías públicas, que son pocas (en mi pueblo cubren cerca de la mitad de la demanda) tienen un precio máximo de 280 euros, y pagas menos, por tramos, según tu renta. Necesitamos todo esto tanto si somos trabajadoras por cuenta ajena como si no, porque llevamos meses pasando 24 horas al día con un bebé y necesitamos un rato para buscar trabajo, ir al médico, oírnos pensar, dormir la siesta, o cortarnos el pelo. No todas las mujeres están de acuerdo conmigo. Pero tú danos una escuela infantil por si acaso.

A veces se sugiere el teletrabajo como medida de conciliación. Se lo he visto hacer a políticas de derechas. Como profesora, soy partidaria de llevarte papeleo a casa si estás más cómodo haciendo tus cosas en pijama, delante de la tele. Pero como madre, el teletrabajo es entre horrible e inviable. Un niño pequeño no sabe dejarte tranquila. Los adultos tampoco es que respeten mucho, pero los niños no, nada de nada. El teletrabajo no ahorra tiempo ni te permite hacer varias cosas a la vez. Solo te ahorra el tiempo del transporte, suponiendo que puedas concentrarlo en jornadas completas.

Con el niño ya escolarizado: En la escuela infantil se puede escoger la longitud de la jornada, pero no el horario. Son todas por la mañana. Eso es bueno para los niños y significa que las empresas deberían estar obligadas a dar horario de mañana si lo desean a todas las personas que tengan niños pequeños a su cuidado. Otras medidas útiles son:

  • El horario flexible. Trabajas X horas a la semana pero tú decides cuándo.
  • La reducción de jornada sin reducción de sueldo.
  • La reducción de jornada con reducción de sueldo no proporcional a las horas reducidas (es decir, si calculas euros/hora en realidad es mejor para la madre).
  • La jornada intensiva para todos los trabajadores.
  • La planificación eficaz del trabajo. Suele ponerse de ejemplo no poner reuniones por las tardes. Incluyo aquí el teletrabajo parcial.
  • El traslado a otro centro de la misma empresa (suponte que ser madre o padre diera preferencia para traslado más cerca de tu casa).
  • Facilidades varias para el trabajo autónomo y las PYMES. Muchas madres se dedican al autoempleo porque no las quiere contratar nadie, y eso no es lo mejor, pero como es una situación que ya se da, lo dejaré mencionado. No me refiero a fomentarlo, sino a que ya que ocurre, que no sea tan difícil.

Hay más, pero estas son algunas bastante básicas.

Y por último: ¿hacen falta medidas que alarguen el tiempo que los niños están al cuidado de otras personas? Claramente, no. Los niños españoles tienen una jornada escolar inusualmente larga (en Alemania son cuatro horas y media). Las vacaciones también son largas, pero no se trata de que pasen más tiempo en la escuela, sino de que sus familias puedan pasar tiempo con ellos, o como mucho, que puedan ir a actividades de ocio organizadas, del tipo de campamentos, para no estar todo el día metidos en casa.

Es decir: la conciliación del trabajo con el cuidado de los niños (porque “vida familiar” tenemos todos) requiere muchas medidas distintas, unas grandes y otras pequeñas, en función de las necesidades de los padres y del desarrollo de los hijos. Queremos algo de tiempo de dedicación exclusiva, algo de reducción de la carga o el tiempo de trabajo, facilitar las condiciones laborales de una manera que beneficia también a quienes no sean padres y madres, y que alguien que no sean los padres se encargue de los niños unas pocas (he dicho pocas) horas al día. Y repito, las condiciones son variables y cambiantes. Lo más sencillo es alargar las jornadas de todos, sobrecargando de trabajo a las familias, a los cuidadores externos, y haciendo que los niños no puedan ejercer su derecho a estar con sus padres. También es la peor manera de resolver el problema.

 

La “carga mental” de las tareas domésticas en Navidad

¿Recordáis aquello de la carga mental y el “habérmelo pedido”? Si no sabes de qué hablo, te lo explico. El pasado mayo, la dibujante Emma Clit hizo un cómic que tienes aquí, sobre cómo para las mujeres, cada tarea de la casa es, como mínimo, doble: saber que hay que hacerla, coordinarla, delegarla, supervisarla, por un lado; y hacerla si es nuestra responsabilidad, por otra. Su título, “Me lo podías haber pedido”, se refería a parejas masculinas que creen que hacen “la mitad de las tareas de la casa”, pero nunca se encargan de nada por iniciativa propia.

Las fiestas son una época de enorme carga mental para quien administre las tareas domésticas, y aquí os sugiero una lista de tareas para que se observe cómo debe ser un reparto justo. Cada casa es diferente, pero estas son, en general, las tareas más habituales.

  1. Decidir donde y con quién se celebra cada festivo. Sólo decidir, sin organizar.
  2. Hacer regalos.
    1. Decidir qué comprar.
    2. Comprarlo.
    3.  Envolverlo.
    4. Multiplica por tu familia, la de tu pareja, y vuestros hijos en común si los hay.
  3. Organizar vuestro transporte.
    1. Sólo organizarlo. ¿Vais a viajar? ¿Os vais a encontrar atascos? ¿Qué hacer para evitarlos?
    2. Si vais en coche, ponerlo a punto. Si vais en transporte público, comprar billetes o comprobar horarios.
    3. Hacer las maletas de cada miembro de la familia.
    4. Si vais en coche, conducir.
  4. Saber quién está invitado a vuestra casa, y cuándo. Sí, saber quién viene a merendar el día 2 de enero es una tarea, porque hay que coordinar con todas las tareas restantes.
  5. Planear qué se va a comer durante toda la quincena, y comprar los ingredientes.
  6. Cocinar.
  7. Tener la casa lista para recibir invitados.
    1. Decoración.
    2. Limpieza, orden, suministros de todo.
  8. Limpieza post-fiesta.
  9. Tener lista la ropa de fiesta.
    1. Puede ser comprarla, o asegurarnos de que está limpia y planchada y es la talla correcta.
    2. La tuya.
    3. La de tu pareja.
    4. La de los niños.
  10.  Mantener una comunicación fluida con todas las personas con las que vais a quedar, en sus casas, las vuestras, o en la calle.
    1. Enviar felicitaciones, si queréis.

Lo que aquí queda formulado como diez tareas puede expandirse si se considera el trabajo de cada uno de los días festivos, pero sirve como aproximación general. A lo mejor se te ocurren más tareas, sobre todo si tienes hijos.

Ahora puedes hacer lo de siempre, es decir, hacerlo casi todo y maldecir, y decir que el año que viene la Nochebuena la va a organizar Rita porque tú te quedarás en casa viendo pelis tú sola, o puedes coger el toro por los cuernos. Coge esta lista e imprímela. Ahora coge la agenda, el móvil, papel, bolígrafos, y a tu pareja en un momento de buen humor y con tiempo por delante. Y explícale que  lo justo es que hagas la mitad de las tareas, y que eso no es “yo cocino y tú limpias”.

Cuando hayáis hablado todo lo que tengáis que repartir, haz la mitad. Sólo la mitad. Presta especial cuidado a la coordinación y cubriros el uno al otro si os comunicáis un despiste. Apuntad recados en un lugar bien visible. Pero sobre todo, no hagas más de la mitad.

Felices fiestas.

El descanso de la clase obrera, y sus jueces.

La sociedad victoriana mantuvo un intenso debate social acerca del descanso dominical, que tuvo dos vertientes fundamentales. La socialista y obrera estaba a favor de un aumento del tiempo libre y una reducción de la jornada laboral, contra la voluntad, por supuesto, de los empresarios y de la clase media. Las jornadas industriales eran muy largas: doce horas, seis días a la semana era corriente. Las más largas eran las del servicio doméstico: unas quince horas diarias, seis días en semana, y medio día los domingos. No todo el mundo tenía jornadas tan largas pero el fin de semana de dos días no era la norma.

El debate en la clase media no era si las jornadas eran largas o cortas, sino qué era adecuado hacer en el tiempo libre. Aquí nos encontramos a Charles Dickens, que en sus escritos periodísticos tomó partido en varias ocasiones. A Dickens  no le interesaba demasiado el derecho al descanso laboral, que presuponía, sino el libre disfrute del tiempo de ocio. Cuando este autor escribía (1830-70) existía una opinión dominante, la de los sabbatarians, un nombre derivado del nombre hebreo del sábado (Sabbat). Éstos eran cristianos, normalmente protestantes evangélicos, que hacían una interpretación muy restrictiva de la norma religiosa y pensaban que el domingo tenía que cerrar todo. Era aún pronto para que alguien pensara en garantizar el descanso de los trabajadores de la incipiente industria del ocio, y ese no era el motor de los sabbatarians, sino obligar a la gente a ir a misa porque literalmente no habría nada más que hacer. O vas a misa o te quedas en casa. Además, consideraban que muchas diversiones eran pecado, siempre o en el Día del Señor. El sabbatarianismo tenía cierto arraigo a mediados del siglo XIX, y en otros novelistas, como Anne Brontë, leemos que había incluso gente que iba a la iglesia mañana y tarde.

¿Qué podía hacer la mayor parte de la población un domingo por la tarde? En los pueblos, era fácil ir al campo y llevarte un picnic, si hacía sol. En ciudad, necesitabas un parque público en tu barrio, algo que no era habitual: los bloques de pisos iban comiendo terreno a campo que nunca había sido muy acogedor. De hecho, los parques públicos nacen a menudo como parte del altruismo de las clases altas que donan todo o parte del jardín de una mansión, para que los pobres disfruten de un poco de verde. Lo mismo tienes el Parque de María Luisa en Sevilla que el Duthie Park en Aberdeen.

¿Y si llueve? Había pubs, que servían alcohol. Los restaurantes eran más bien para ricos, y una hostelería del placer, que no fuera parte de las necesidades de los viajeros, estaba casi recién inventada. Dickens escribió sobre la necesidad de  crear un término medio entre el pub y el restaurante caro, para los obreros. Cuando la gente de cualquier clase social quedaba con sus amigos, casi siempre era en sus casas. Las fiestas eran a menudo bailes.

También estaba el teatro, que iba desde las obras clásicas a las modernas (normalmente muy populares y de no demasiada calidad literaria) y el teatro de variedades. A la ópera iban los ricos, y a las operetas, pantomimas y musicales iba todo el mundo.

Sobre el ocio de la clase obrera, Dickens veía con acierto que era una cuestión de lucha de clases. Los ricos podían hacer fiestas, estar en sus jardines, ir al campo en coche de caballos, leer libros, sentarse al piano, aunque alguna madre severa indicara que la lectura y la música deberían ser de temas religiosos o como mínimo serios. Los obreros no tenían nada de todo esto: un par de horas en la iglesia, y el resto del día mano sobre mano. Por eso le parecía que mantener parques públicos, pubs, y otros entretenimientos obreros abiertos en domingo era una necesidad urgente.

Siglo y medio más tarde, supuestamente con jornadas más cortas, aún debatimos sobre qué es ético que hagan los demás con su descanso. Concentrémonos en alargarlo. Todo lo demás es sabatarianismo.