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Sobre acoso escolar.

Empecemos con las malas noticias: nadie sabe arreglar el acoso escolar. De verdad. Si tuviéramos soluciones las habríamos aplicado. No hay sistema educativo del mundo que haya descubierto El Secreto, el protocolo post-acoso que siempre funciona. Si leéis “En Finlandia se crea la figura del blabliblú”, lo que yo leo es “en Finlandia también hay acoso”. Quien dice Finlandia dice El Colegio Santa María Donde Usan Ipads y Son Tan Modernos Que No Tienen Ni Paredes. Como con otras cosas, lo que sí puede funcionar es prevenir, aunque es difícil porque en lugar de un protocolo que aplicas a casos individuales, como si de una enfermedad se tratara, debe ser un hábito permanente.

El rasgo más importante es el más difícil de conseguir: tener una sociedad igualitaria, sin discriminaciones. Cuando más igualitaria la sociedad, menos acoso, y esto vale para el colegio, el trabajo y la calle. Los acosadores buscan impunidad, y atacar a gente en desventaja queda impune en las sociedades donde la discriminación y la desigualdad son grandes. Como crear esta sociedad se nos queda grande, consigamos que lo igualitario sean los centros educativos. Esto lo puedes conseguir desde el Ministerio de Educación hasta la Dirección de un colegio, cada uno en su ámbito.

Hay medidas en el entorno escolar que no siempre son fáciles de adoptar, porque dependen de la construcción del edificio, la disponibilidad de aulas y las guardias del profesorado: crear ambientes acogedores y al mismo tiempo vigilados. Que no haya rincones donde esconderse, y que haya lugares acogedores para los niños más vulnerables (por ejemplo, abrir la biblioteca en los recreos). Que sea fácil para los profesores ir de una clase a la siguiente sin dejar que pasen 5-10 minutos. Y así.

Entremos en el aula. La víctima de acoso o de maltrato psicológico está atrapada en una situación de la que suele desconocer “la teoría”, es decir, las dinámicas que la alimentan, cómo funciona la mente de su agresor… a él o ella le maltratan, le aíslan, y eso es todo. Un mensaje tan sencillo como “el acoso es culpa del que acosa. Son predadores. Si no estuvieras tú, irían a por el gordo o la de gafas”, NO es obvio. He visto muchas caras de sorpresa al decírselo a chicos y chicas que habían sufrido acoso. Por eso, ese sencillo mensaje (“el acoso responde a una tara del acosador”) debe repetirse de manera verbal, explícita, frecuente, en grupos y en privado.

El segundo mensaje que los niños necesitan oír hasta que se les quede es “la diferencia entre el acoso y una pelea es la repetición. Vuelve y me lo cuentas si se repite”. Esto lo tienen que oír los agresores, reales o potenciales, porque hay chicos (y chicas) que realmente no son conscientes de la gravedad de sus actos. Como cualquier otro maltratador, por otra parte, sólo que ellos son pequeños y todavía son educables en la mayoría de los casos. Es el único punto donde un “es que son cosas de críos” es cierta: el niño, a veces, no ve la diferencia entre pelearse con su amigo e insultar a Pepe El De Las Gafas porque a veces y al principio es una cuestión de frecuencia y proporción.

Para que una víctima te crea cuando le dices “me lo cuentas si se repite” tienes que haber creado confianza primero. Ya ha roto un tabú pidiendo ayuda; ahora tiene que creer que no le estás dando largas. Es importante crear un clima de cercanía y que se note que somos sinceros. Y los profesores, para saber si se repite, tenemos q estar en contacto, porque el niño quizá ha preferido hablar con su profesor favorito o con un testigo de una agresión en lugar de con su tutor. La comunicación niño-> tutor-> equipo educativo-> jefatura-> tutor del agresor tiene que ser fluida.

He dicho que a veces el agresor no es consciente de la gravedad de sus actos, o no vas a conseguir que la admita, que para el caso es lo mismo. Eso sí, las víctimas sí que distinguen pero que muy bien una pelea o broma de un acoso. Este es un tema en el que muy rara vez hay exageraciones o “denuncias falsas”. A veces sí hay un poco de timidez extra, o una situación de aislamiento previa que hace a los alumnos más sensibles o más vulnerables, así que un trabajo extra para el profesorado es darnos prisa en facilitar las habilidades sociales de quienes se sienten inseguros, la creación de amistades del alumno nuevo, etc. Es una pésima idea dejar “que espabilen solos” a los que puedan ser vulnerables aunque nos parezca que “todavía” no hay acoso real. Supongamos que hay un alumno vulnerable y un caso apenas comenzado; si hemos intervenido a tiempo, simplemente difundir toda la información relevante a todos los implicados (familias, tutor, decirle a los agresores que los tenemos calados) puede bastar porque ese niño debería contar con otros para que no se lo aísle.

Por supuesto, si hay un chico vulnerable o ya acosado lo que no debemos hacer nunca es participar nunca en una broma en su contra, por inofensiva que nos parezca, ni llamar la atención sobre él o ella, o hacer cualquier cosa que contribuya a aislarlo. Tampoco debemos decir nunca que “no queremos enterarnos” de algo. Una situación que vi y que me han contado mucho de la escuela de los años 80 (qué tiempos aquellos) era el profesor que repetía “no quiero saber nada de lo que ocurra fuera del horario escolar o fuera del centro”. Eso era en la práctica una provocación para trasladar lo peor del acoso al camino de vuelta a casa, que funcionaba muy bien si lo que el profesor quería era fomentar la violencia.

Para los agresores tenemos pocas medidas, sobre todo si no hay agresiones físicas o si todo es difícil de demostrar. Es bueno hablar con las familias para que nadie pueda decir que no sabía lo que estaba ocurriendo, incluso si nos va a suponer una escena desagradable. Es importante saber de antemano que los niños agresores no tienen rasgos en común: lo puede hacer cualquiera. Diría que los que están aislados no, porque hace falta el apoyo de la masa, así que fíate menos de los chicos populares y de las pandillas, pero hasta ahí.

Casi todas las conversaciones que he tenido sobre acoso escolar con no docentes (familias, adultos que fueron víctimas de pequeños…) se centran en cómo sancionar o cómo reparar los casos más graves. Las medidas más extremas en contra de los acosadores, como expulsarlos del centro, no sirven para mucho: deben estar escolarizados, así que los trasladas a otro centro, donde otra Jefatura, otro tutor, y otro Pepe el de las Gafas tendrá que bregar con ellos. Medidas como el internamiento en un centro de menores son más una fantasía de venganza que algo realizable; además supondría hacer cambios muy profundos en la ley, no algo que podamos hacer desde los centros.

Este post me sabe a poco; me gustaría poder decir “para prevenir el acoso hay que decir Esta Fórmula Mágica, y para arreglarlo si se produce, Cágima Lámufor Taes”. Pero no. Hay que decir, todos los días, muchas veces, las mismas obviedades. Y ni así.

 

 

 

 

Funciones del profesorado: las guardias.

Hay una noticia terrible estos días sobre una niña que ha sufrido una paliza en su colegio, en Mallorca. Ante esto es normal preguntarse qué estaban haciendo los profesores. No voy a hablar del caso, porque yo no estaba allí, y no conozco los detalles. Este post no entra en eso. Solo voy a hablar de la función de guardia y su relación con el resto del horario docente, y con los recortes en personal. Hay que recordar un par de cosas ante todo: no puedes pedir a la gente que trabaje gratis, es obligatorio permitir un breve descanso a mitad de la jornada, y los profesores tenemos que hacer cada hora (o fracción) una sola función que consta en nuestro horario, decidido a principio de curso. O estás en una reunión o estás en 1º C. No estás “a lo que surja”. Y lo que voy a decir se aplica a Secundaria en Andalucía aunque en general es así en el resto del país.

El horario de los profesores es bastante complejo. En primer lugar están las horas de clase, que ahora son por ley un mínimo de 20. En teoría el máximo son 21. Yo he llegado a tener 22 cuando el margen legal era de 18 a 21. Después de eso vienen las horas de obligada permanencia en el centro, hasta llegar a 25. En estas horas la mayoría de nosotros, que somos tutores, tenemos que encajar como mínimo lo siguiente: una hora de atender a las familias, una reunión de departamento, una reunión de tutores (así te reúnes con Orientación para saber cómo resolver problemas no académicos), y hasta este año, aquí se incluía una hora llamada de “tutoría académica”, para hacer papeleo como por ejemplo llevar las faltas de asistencia o llevar por escrito qué actividades haces con la tutoría, como por ejemplo resolver conflictos, llamar a una familia por teléfono, o lo que sea. Este año, esta última hora no forma parte de las 25, sino del llamado “horario no regular”. Aquí se recogen las actividades que se hacen con menos frecuencia, y no se pueden calcular por semanas. Se hacen según necesidad. Serían actividades de formación (os recuerdo que es un derecho del trabajador que la formación continua compute como tiempo trabajado), reuniones de evaluación, reuniones de equipo educativo (imprescindibles si te hueles un caso de acoso o tienes problemas de convivencia), participar en actividades extraescolares. Cosas así.

Ya tenemos treinta horas. Se supone que hay 7.5, hasta llegar a las 37.5, que vas a hacer donde quieras y que vas a dedicar a: preparar tus clases (os recuerdo que no queréis que use libros de texto), corregir actividades, y actividades administrativas o académicas de todo tipo. La formación suele cogernos bastante más de lo que oficialmente se considera “horario no regular”. Algunos profesores tenemos una coordinación, como por ejemplo “convivencia”, que significa que eres el responsable de las estrategias para evitar, prevenir, detectar y resolver el acoso y la violencia escolares.

¿Te has hecho un lío? Venga, te voy a dar un esquema.

  1. 20 horas: dar clase.
  2. 5 horas: horario regular no lectivo.
    1. Al menos 3 horas deberían ser reuniones.
    2. Si eres coordinador, 2 horas para eso.
    3. Lo que sobre son las guardias.
  3. 5 horas: horario no regular. Actividades que no son iguales todas las semanas. Al principio del curso se hace una estimación de qué vas a hacer.
    1. Reuniones no semanales. Entre quincenales y mensuales.
    2. Formación continua.
    3. Actividades extraescolares.
    4. Tareas administrativas.
  4. 7.5 horas: se supone que estás preparando clases, corrigiendo, o haciendo lo que no dio tiempo en las 10 horas anteriores.

¿Te parecen muchas reuniones? Quizá, pero si creo que estoy detectando un caso de acoso necesito hablar con Jefatura de Estudios que sanciona, con Dirección que también, con Orientación que propone soluciones, con los padres de víctima y agresor(es), con víctima, agresor(es) y testigos, con los demás profesores que dan clase a los mismos niños para saber si ellos han visto algo. Y eso solo se puede hacer si el horario de cada uno de los profesores tiene huecos que coincidan con los míos.

Cuando empecé en mi centro actual hace seis años, en las guardias de clase había tres personas, a veces dos. Entonces aumentaron las horas mínimas de clase de 18 a 20, y ahora estamos de guardia dos profesores, a veces uno. En las guardias de recreo había seis profesores y ahora hay cinco. Cada vez hay menos profesores de guardia porque las decide Dirección, que se ve atrapada entre la obligación de darle un horario legal a un profesorado insuficiente, y la obligación de que los estudiantes estén bien cuidados. “Pues que pongan más profesores”… ah, es que entonces ya no haría 25 horas, haría 26 o 27. ¿Que solo son dos horas? Primero que es ilegal. Y segundo, ¿por qué no quieres que yo siga con 18 o 19 horas de clase, 25 de permanencia en total, y así tengamos uno o dos profesores más, que nos hacen muchísima falta? ¿en serio quieres que estén en el paro todos esos aspirantes? Porque esa es la parte que se olvida cuando se dice que “los profesores se quejan por trabajar una hora más a la semana”: cada hora de más que hacemos supone un profesor menos por cada 30. No es “les vamos a pedir que trabajen más”, es “vamos a echar a la calle al 3% de los interinos”. Nunca se ha hecho para mejorar la educación sino para despedir o no renovar.

Visto esto, ¿en qué consiste hacer guardia? Es muy distinto hacer guardia de recreo o en horas lectivas. En una guardia de recreo tienes que vigilar todo esto:

  1. Que nadie se quede escondido dentro de las clases. A veces es muy difícil de impedir, y si hay algún hurto o pérdida se monta un lío.
  2. Que no quede nadie rondando por los pasillos. En mi centro hay cinco en dos plantas. En el anterior, ocho en cuatro plantas.
  3. Que vayan niñas al servicio de niñas, niños al de niños, que no se entre al servicio con objetos que puedan utilizarse para sabotearlos (en mi centro los atascaban con bocadillos, por diversión), que no se fume dentro. Esto lo haces sin entrar a menos que sea imprescindible, vigilas el pasillo.
  4. Hacer guardia de biblioteca. Puede que suponga llevar el servicio de préstamo, vigilar que los libros se devuelvan a donde corresponde, mantener el orden…
  5. Si se abre el gimnasio para que jueguen allí, vigilar el buen estado del material y que nadie entre con comida.
  6. Si el centro tiene cafetería a veces hay que controlarla. Depende del centro y de cómo sea el alumnado.
  7. Controlar el patio: que no haya peleas, que la gente que se esconde en los rincones no haga peleas o cualquier otra cosa ilegal, y ¡ay!, que no se tiren papeles al suelo.

Sí, todo esto lo hacemos entre cuatro y seis personas. ¿Dónde están los demás profesores? Disfrutando de su derecho legalmente reconocido al descanso a media jornada. O renunciando a él para adelantar trabajo que no se puede hacer en otro momento. Por ejemplo hablando con la Orientadora de un problema, llamando por teléfono a una familia, imprimiendo algo que vas a necesitar usar en clase, asegurándote de que el equipamiento tecnológico de un aula funciona para que eso no pise el tiempo de la clase, decirle al coordinador TIC que algo está roto, quedarte con niños a los que has castigado sin recreo, a veces ver a familias porque por la tarde no pueden venir y tú no tienes suficientes huecos en el horario en las horas de clase.

En las guardias en horas de clase las tareas son menos variadas. Lo más importante es que si falta un compañero, te vas a su aula, y vigilas a sus alumnos, que normalmente tienen una tarea que el profesor ausente ha dejado por escrito. No se nos sustituye hasta después de haber faltado dos semanas seguidas, así que si un profesor está enfermo esto es lo que toca. No das su clase, porque si eres de inglés y los alumnos de física, ya me dirás. Te limitas a decirles qué ha dicho el profesor que tienen que hacer.

Otra misión importantísima es controlar el pasillo entre clase y clase. Supongamos que son las 10:30. Ha terminado una clase e instantáneamente empieza la siguiente. Entre que un profesor que está en 1º A recoge sus cosas, sortea a los niños que hacen un corrillo a su alrededor, y llega a 2ºB, que puede estar en la punta opuesta del edificio, incluso si lo hace sin parar un instante va a pasar un tiempo en el que podría ocurrir cualquier cosa. Una que va a ocurrir segurísimo es que la gente va a salir al pasillo. Y ahí está el profesor de guardia, diciéndoles que vuelvan a meterse en su clase para no provocar aglomeraciones, peleas, accidentes y problemas varios. Parece una tontería, pero imagínate cuatro clases enfrentadas, cinco o seis niños de cada clase montando tertulia en mitad de un pasillo, y otro grupo más que necesita atravesarlo para llegar al gimnasio. Alguien se despista y le da por esconderse en los servicios, irse a la clase de otro con el que se ha peleado… en fin.

Si has estado dando clase y te toca guardia, los primeros cinco minutos necesitas hacerlo todo a la vez: acabar tu clase, vigilar pasillos e ir a sustituir a alguien. No te vale con saberlo desde las 8:30 porque si falta más de un profesor te tienes que coordinar con el resto del profesorado de guardia; si hay más profesores ausentes que de guardia (imagina un centro con 60 profesores, dos profes por cada guardia y la temporada de gripe) sigues lo que te mande Jefatura, que suele ser quedarte con los más pequeños.

Si la guardia es tranquila, tienes que estar localizable para por lo menos dos tareas. La primera es estar en el aulita pequeña a la que se manda a la gente expulsada de clase sobre la marcha, o a los alumnos que tienen una expulsión pero se considera conveniente que no falten al centro. La segunda es que si un alumno quiere avisar a casa para que lo recojan porque está enfermo, llamas tú. Si el instituto está muy cerca del centro de salud, puede que el protocolo sea llevarlos a Urgencias. En mi centro todos los días hay alumnado, por lo menos un par al día, llamando a casa porque les duele la cabeza o la barriga.  Si el centro es grande o hay problemas, puede que tengas que pasarte la guardia patrullando pasillos para ver si hay alguien escondido y escaqueándose con la excusa, por ejemplo, de ir al baño.

En conclusión: hacer guardias es un trabajo pesado y desagradecido para el que no tenemos personal suficiente. No te lo puedes llevar a casa, no lo puedes hacer al mismo tiempo que otra cosa, y cuantas más horas de clase damos, menos guardias podemos cumplir. Así de sencillo. Desgraciadamente, quinientos adolescentes en un sitio estrecho necesitan vigilancia aunque sean muy buenos y siempre puede pasar cualquier cosa. Con niños más pequeños, no me lo puedo ni imaginar. Así que las reclamaciones de los profesores para tener menos horas de clase no son para “trabajar menos”: son para tener más tiempo para estas tareas invisibles y necesarias.

Algunos consejos sobre el peso de las mochilas

Todos los meses de septiembre, las noticias nos recuerdan que los escolares españoles llevan peso de más en sus mochilas, y que casi todo ese peso es de libros de texto. Las dos soluciones que se suelen aportar son la sustitución del libro de texto por un tablet con libros digitales, y que los libros sean cuadernillos trimestrales para reducir su peso a un tercio del original.

Como profesora de la ESO, los cuadernillos no me parecen mala opción; al fin y al cabo en inglés tenemos libro normal y “libro de actividades”, dejando el peso en la mitad si solo te llevas uno de los dos a clase. Esto multiplica costes, como expliqué una vez, pero bueno. El tablet no me parece solución con alumnado de cierta edad y circunstancias si tenemos en cuenta los factores dinero-golpes-agua-hurtos-recarga de la batería. Así que voy a comentar solamente un par de detalles que pueden contribuir a aligerar el peso, o a llevarlo mejor.

Primero, la manera adecuada de llevar la mochila. En mi generación la llevamos colgada de un hombro, asegurando el sustento de los fisioterapeutas al tratarnos aquellas magníficas escoliosis (dicen que no, que no hay relación, no sé). Desde hace más o menos una década, la moda escolar es llevar los tirantes en su posición más larga, con lo que la mochila cuelga sobre las nalgas o aún más abajo. Llevar el peso así no lo reparte por la espalda sino que la fuerza toda entera hacia atrás, verticalizando las dorsales y exagerando la curva lumbar. He probado a colocarme una así un momento para hacer una demostración en clase; el dolor lumbar es insoportable y duradero. Puedo cargar bastante peso, pero no así. Por tanto, si los menores a tu cargo hacen esta barbaridad, no se lo permitas. La mochila va sobre la espalda. Este vídeo lo explica muy bien. Aviso: ellos no quieren, dicen que les resulta incómodo.

En segundo lugar, el tipo de cuaderno. Entiendo que los niños pequeños usen cuadernos en vez de blocs de anillas o carpetas con folios: está el riesgo de perder las hojas sueltas. Pero los libros de texto suelen ser finos, y los cuadernos pesan  más. Yo recomiendo a todos mis grupos usar cualquier opción de hojas sueltas: bloc, carpeta, o cuaderno microperforado. Rara vez me hacen caso. Llevan cinco de sus seis cuadernos diarios porque quieren y sólo porque quieren. O porque algún profesor les obliga, lo que me parece una barbaridad.

Y por último, que algunos, no todos, se traen libros que no necesitan. Por ejemplo, si un libro tiene suplemento (el famoso workbook de inglés) lo traen a diario por si acaso aunque en clase no se les pida. O material de alguna asignatura que no toca hoy (todas las clases de primer ciclo de ESO tienen “el niño que trae a diario los materiales de Plástica”). No sé si es desconfianza de los profesores, creyendo que vamos a “ir a pillarlos”, o por quedarse ellos más tranquilos sabiendo que están preparados para todo lo que les pueda ocurrir.

La mejor solución centralizada desde la escuela es facilitar taquillas. Como profesora tengo más estrategias: los deberes son un día fijo a la semana así que solo necesitan llevarlo de vuelta a casa una o dos veces semanales. Uso el libro poco, es más un  guión para mí que un material importante para ellos. Doy apuntes y si usamos el libro lo proyecto en la pizarra digital, de modo que pueden leerlo aunque no lo tengan delante. Por eso no penalizo que no se lo traigan, pero entonces tendrán que compartirlo con alguien; algunos, en cuanto ven que en mi clase no hay puntos negativos por falta de material, se organizan para compartir siempre con el compañero. A veces aviso de que no vamos a necesitar libro, e intento que sea siempre el mismo día de la semana para que se organicen mejor.

Solo con ajustar correctamente los tirantes de las mochilas y con asegurarnos de que llevan el material que hace falta ese día y nada más, conseguiremos aligerar la carga un poco y proteger esas espalditas que tanta responsabilidad tienen encima.

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Este post es parte de una iniciativa de sanitarios, que creo que comenzó la Dra. Blanca Usoz (por cierto, en su post estoy de acuerdo con todas las recomendaciones, sustituyendo “estudiar con el ordenador en casa” con “estudiar con apuntes” según la comodidad del niño o la metodología del profesor).  Aquí más posts sobre este tema, casi todos escritos por pediatras:

Un modelo educativo

P1010026En algún lugar de Extremadura.

Imaginad unos hermanos que rozan los 10 o 12 años. Niño y niña. Viven en Villa Chica, un pueblo que ronda los 2000 habitantes. Los centros educativos del pueblo son el colegio y un instituto donde sólo se imparte la ESO. Hay una o dos licenciadas en paro que dan clases particulares. Algunos estudiantes van al instituto al pueblo de al lado, donde hay dos institutos para la ESO, Bachillerato y dos o tres ciclos formativos de Formación Profesional. En Villa Media hay Escuela de Idiomas, a la que van adultos, y una escuela de idiomas privada. También hay banda de música y escuela municipal de música, pero no Conservatorio.

Villa Chica está a unos veinte o treinta minutos en coche de Villa Media, ambas a 50 minutos de la siguiente localidad comparable a Villa Media, donde la única diferencia está en la oferta de ciclos de FP. Estamos a hora y media en coche de la capital de provincia, aunque en autobús se tardan unas dos horas. Villa Chica sólo tiene buses a Villa Media. Villa Media tiene buses a Villa Chica, Pueblo Chico, Aldea Chica y dos capitales de provincia.

Villa Chica vive de la agricultura. El padre cultiva el campo. La madre trabaja en la casa, o en la fábrica que procesa los productos del campo. Casi todos los amigos de Niño y Niña viven en casas parecidas. Hay alguno sin padre, hay alguno viviendo con los abuelos. Niño y niña no pasan hambre pero sí van muy, muy justos.

Quiero el sistema educativo que estos niños necesitan. Cuando no te estás criando rodeado de olivares o trigales, a lo mejor no te das cuenta, pero allá va.

La guardería a la que irían para que la madre vaya, si quiere, a trabajar y no tenga que dejar a los niños con la abuela, cuidadora eterna por mayor que esté.

Bibliotecas con programas de animación a la lectura divertidos, eficaces, y para todas las edades. Ludotecas. Programas deportivos, musicales, y culturales. Todos servidos por funcionarios, de manera que no dependan de que este año haya presupuesto municipal.

Una programación televisiva educativa, creativa, cultural. Canales de televisión infantil pensados para estimular a los niños. Programas no sólo aptos para bebés. Menos repeticiones. Sï, ya sé que en internet hay de todo. Pero puede que estos niños y sus padres no lo sepan, o no sepan cómo encontrarlo. Y puedes dejar a un niño solo delante de la televisión, pero no delante del ordenador a según qué edad.

Quiero que los colegios sean extraordinariamente buenos. Quiero incentivos para trabajar en zonas rurales, no sólo para los llamados centros “de compensatoria”. Que los profesores de esas zonas no estén permanentemente rotando. Presupuesto para hacer excursiones y hacer visitas culturales y también de ocio a los alrededores. A las capitales de alrededor y a otros sitios. Por supuesto, quiero los libros de texto gratis. Quiero abundante material de consulta (diccionarios, gramáticas, enciclopedias) en los centros educativos. Que se pueda coger prestado, incluso.

Material informático en los centros, sí. Pero no me parece lo más importante. Facilidad para que las familias compren lo que les parezca lo más adecuado. Sencillamente, lo necesario para que todos los medios que se requieren para estudiar hasta acabar la ESO salgan gratis o muy asequibles.

Que nadie asuma que los niños van a necesitar ayuda por las tardes, al menos no en Primaria. Que un niño que pasa las tardes en una casa vacía mientras sus padres están trabajando no tenga más handicap que uno que vaya a clases particulares. Que nadie asuma que las madres están supervisando los deberes. ¿Y si no pueden,  no saben o no están? Si resulta que a partir de cierto nivel educativo es necesario ese repaso por las tardes, que los centros escolares lo proporcionen. Con empleo de calidad. Es decir: quiero que las academias de recuperación y refuerzo dejen de ser necesarias.

Quiero un programa de orientación que muestre a estos niños que existen muchas más profesiones que las que ven en su entorno. Y programas de desarrollo rural que funcionen. La mayoría de adolescentes que conozco quieren trabajar en lo mismo que sus padres, en el área sanitaria, o en la enseñanza, simplemente porque nadie les ha dicho que hay más cosas.

Si estos niños quieren estudiar fuera, becas a la movilidad que dependan de lo remoto de tu domicilio y no de la renta. Que no se los castigue por ser de pueblo.

Quiero que salir del pueblo sea fácil y quiero que den ganas de volver.

No me hables de libre elección de centro. No me hables de cultura del esfuerzo. No me hables de la autoridad del profesor.  ¿Esas cosas significan algo cuando estás rodeado de olivares hasta donde alcanza la vista?

Frío

Sí, esto está en la categoría educación. Tendrá sentido enseguida.

Hace meses me compré unos vestidos monísimos, de algodón elástico, de manga larga y bordados. El problema es que no tengo ninguna chaqueta que combine con ellos, y si me los pongo para ir a trabajar no quiero estar todo el día con el abrigo puesto. Así que me fui a las rebajas con una idea de qué chaqueta quería: algo suelto para poder correr por un pasillo, escribir en la pizarra, cargar con pesos, nada, lo típico. pero en las tiendas no me gustaba nada.

Hablé con una vendedora, que después de escuchar cada una de mis pegas a sus prendas, dijo “me ha dicho que los vestidos son de manga larga, ¿no? Entonces para qué necesita llevar puesta una chaqueta, habiendo calefacción?”

Y yo no le contesté nada. ¿Cómo le cuento que he trabajado en un instituto con el patio orientado al norte, donde era imposible mantener calientes todas las aulas de esa fachada? El problema no habría existido si hubieran construido el edificio con cualquier otra orientación, pero aquello es lo que había. ¿Cómo le cuento que trabajo en un instituto que está alicatado por entero? Es útil para que no se manche la pared, imagino que ahorramos mucho en pintura. Hablando de ahorro, también podría decir que como parte del ahorro energético la calefacción está puesta entre dos y cuatro horas al día. Y en realidad da igual, porque hay puertas y ventanas abiertas por todas partes.

El ahorro es necesario, y se hace bastante bien. Lo que no hay es eficiencia. He pasado de un instituto con una fachada norte y una fachada sur, con medio instituto helado y el otro medio sudando como pollitos, a un instituto que parece pensado para que demos clases en julio y agosto. Muy fresco, sí, pero entre Noviembre y Abril se pasa frío. Se pasa mal. Y parece tonto, pero esto influye en nuestro trabajo y en el rendimiento de los alumnos, que además de estar incómodos dedican un tiempo precioso a pelearse para sentarse cerca del radiador y de paso controlar si se abren las ventanas.

En fin. Dejaré mis vestiditos para días de más calor.

 

Olor a potencia, olores potentes.

En un centro de enseñanza hay muchos olores característicos: a fotocopia, a bocadillo, a ropa húmeda, a tiza en los clásicos y a tinta alcohólica de rotulador de pizarra blanca en los centros con ordenadores. Y a sudor.

Con la sobredosis hormonal propia de la edad, y con costumbres como los mini-partidos de fútbol del recreo, la hora de clase que viene justo después tiene un olor inconfundible. Mis veinte quinceañeros me recibían a las doce de la mañana con una oleada de feromonas y sal a la que yo estaba secretamente enganchada.

Comentamos que ese olor era natural e inevitable entre las protestas de los que querían abrir ventanas y los frioleros. Estuvimos todos de acuerdo en que una hora más tarde olería rancio (“a tigre, maestra”). Y aquel muchachillo que venía uno de cada tres días y no siempre abría el libro dijo: “es que no es un olor malo, es intenso. Como el olor de la gasolina. Huele a potencia”.

Gomina y sudor.
Colonia y gasolina.
Él y su moto.