Archivo de la etiqueta: el entorno físico

Experiencias y consejos tras diez años en el aula.

Así de repente, hace diez años que soy profesora de Secundaria. En este tiempo, mis puestos y funciones han sido menos variados que la media, porque he tenido la suerte de trabajar en solo dos centros, en lugar de que el sistema me tenga dando vueltas por cada instituto de Andalucía. He sido tutora de bachillerato y de la ESO (y siempre me toca 2º, oye), solo he dado clases de inglés, he sido jefa de departamento como alguna vez nos toca a todos, y coordino la biblioteca. En dos institutos bastante buenos de pueblos grandes y prósperos, un instituto muy grande y otro tirando a pequeño. Y más o menos eso es todo.

Estas son algunas de las cosas que he aprendido:

Sobre orden y organización:

No vas a tener un espacio propio donde quepan todas tus cosas y vas a tener que acostumbrarte a trabajar donde te pille. Seguramente tendrás taquilla, la posibilidad de dejar tus cosas en el departamento, cosas del trabajo en tu casa, y cosas que necesitas llevar al aula. Por eso, necesitas mantener el orden. Dedica un rato a la semana a despejar tu rincón o rincones favoritos.

Las taquillas tienden a convertirse en cementerios de papelotes. Se reproducen y tienen hijitos ahí. Es una tentación, pero no se lo permitas. Lo mismo pasa con los bolsos.

Sobre bolsos, yo uso dos: el que va del trabajo a casa y el que uso por el instituto. Así tengo las manos libres en lugar de llevar un bolso, un montoncito de libros y un estuche por el centro, y no corro el riesgo de llevarme cosas del trabajo a casa. Con esto no me refiero a “no trabajar en casa”, que inevitablemente ocurre, sino por no cargar con pesos innecesarios.

En las salas de profesores suele haber varios ordenadores. No trabajes en el de al lado de la impresora: te van a interrumpir “un momentito de nada” quienes necesitan usarla para imprimir y quienes tengan cualquier duda técnica para imprimir en red.

Si algo está roto, avisa a quien está encargado de repararlo porque si no, no se enterará.

Entérate tan rápidamente como puedas de qué equipamiento electrónico e informático funciona, qué no, y cómo se usan las cosas que son nuevas para ti.

Sobre gestión del tiempo:

El trabajo es inabarcable. En serio. No es posible hacerlo todo y hacerlo bien. Vive con ese conocimiento, y prioriza.

Lo que más se va a notar si está hecho o no es el papeleo.

Lo que más tiempo consume es la tutoría.

Lo segundo que más tiempo consume es preparar clases de algo que no dominas.

No calcules a mano las notas medias aunque parezca muy fácil. Consume muchísimo más tiempo del que parece, sobre todo si haces una variedad de pruebas y tienes una media ponderada complicadilla. Usa una hoja de cálculo. Si no sabes, pide a alguien que te la diseñe o usa una aplicación para profesores.

Cuando tengas tu horario, seguramente tendrá “huecos”, es decir, horas de permanencia obligatoria en el centro para hacer tareas administrativas. Intenta hacer siempre lo mismo en los mismos días; por ejemplo, ordenar papeles los viernes después del recreo.

Descansa en los recreos, pero evita los corrillos en las horas muertas.

Evita en lo posible llevarte trabajo a casa. Una opción para ello es estar en el centro la jornada completa. Es decir, llega a las 8:15 y vete a las 14:45 o 15:00 todos los días tanto si tienes clases como si no. Haz llamadas a familias, prepara clases, corrige, lo que sea que tengas que hacer, sin llevártelo a casa.

Relacionado: el peor horario posible es entrar y salir cada día a una hora diferente.

Usa agenda. A mí me gusta usar Trello para mis cosas y una agenda de papel para apuntar lo mismo que los alumnos. Trello al ser una aplicación la puede ver en el móvil y en el ordenador, y la agenda de papel está entre las cosas que no salen del instituto.

Separa agendas para tus asuntos personales y laborales, por si se la cedes a un sustituto o se la enseñas a alguien a quien no le importa cuándo cumple años tu padre.

Sobre salud laboral:

Necesitas un termo de infusión o una botella rellenable con agua. Los alumnos bromearán al principio porque son opacas y no saben qué estás bebiendo. Pasa de ellos, se acostumbrarán. No lleves café, es fácil pasarse y además mancha, ni bebidas dulces: acabas por tener más sed. Agua o infusiones. En cantidad.

En tus primeros años, ve a un logopeda o a clases de cómo cuidarte la voz. Pide al centro de formación de profesores que organice un curso sobre el tema. Aplica lo que te enseñen.

Te pasas el día de pie y cargas pesos moderados. Este trabajo no es tan sedentario como parece. Necesitas una actividad física agradable que compense las sobrecargas y te despeje la cabeza.

Prevé los días que vas a quitar trastos del departamento, o de tu aula si tienes una tutoría, a principio y al final del curso. Lleva calzado deportivo y ropa que pueda mancharse.

El color rojo es muy cansado de leer. Si tus correcciones son algo más que números y X, es decir, usa bolígrafo verde u otros colorines raros como turquesa.

Es bastante probable que tengas ansiedad, depresión, o una sobrecarga de estrés muy gorda en pocos años. Si te parece que tu relación con el trabajo cambia bruscamente, que las cosas han cambiado de forma que ya no sabes cómo llevarlas, te pones a llorar al llegar a casa o te da angustia volver el lunes, ve al médico. Son baches, todo el mundo los tiene, y se sale de ellos.

Sobre relaciones con los compañeros:

Siempre te van a decir que en este centro todo el mundo se lleva bien. Es fácil darse cuenta de cuándo no es verdad.

Asume que nada de lo que haga el equipo directivo es personal. Solo están haciendo su trabajo. Que te digan que has metido la pata no quiere decir que les caigas mal o que te la guarden.

Aprende rápido la dinámica de trabajo de Conserjería. Son muchos, son pocos, quién hace rápido las fotocopias, si alguien se escaquea. Tu vida depende de este personal.

Cuando dejes algo para que te lo fotocopien, aunque lo expliques, apunta exactamente qué es. “7 copias por las dos caras para Eugenia del Depto de Inglés, es para mañana”.

Sobre tus materiales:

Si usas pizarra blanca, nunca tienes suficientes rotuladores.

Las tizas resecan las manos hasta romper la piel y las uñas. Lávate las manos varias veces al día y usa crema de manos.

Necesitas guardar en la taquilla un par de calcetines por si llueve camino del instituto.

A veces, los centros tienen material escolar para el alumnado (por ejemplo en el mío las cartulinas para pósters y cosas así). Nunca les des material escolar tuyo solo porque se les ha olvidado. Tampoco un pañuelo. Tienes cien alumnos, no puedes ser el plan B de todos.

Sobre el alumnado:

Tienes alumnos a los que pegan en su casa. Hay familias que pegaron a los chicos hasta que crecieron demasiado y ya les dio reparo. Bastantes problemas de convivencia se deben a que ya no saben “disciplinar” porque se han quedado sin recursos.

Tienes alumnos que no están nada acostumbrados a que alguien les lleve la contraria.

¿Los alumnos te han mentido alguna vez? Pues imagínate a sus familias. Ante la duda,  creerán a su hijo o te dirá que es culpa tuya por no avisar antes.

Tienes alumnos que pasan hambre o que están desnutridos. Ellos han normalizado la pobreza y sus familias la disimulan. Sí, aunque tengan smartphones o ropa de marca.

Tener smartphone no significa tener acceso a internet. Muchos de tus alumnos tienen una tarifa de datos que racionan para acceder a redes sociales, sin internet en casa.

No, no todo el mundo puede estudiar lo que quiera. Las becas no son suficiente manutención para ir a la universidad. Si no estás en una ciudad, la elección de ciclos formativos está condicionada por la oferta local, que es muy reducida. La mayoría de tus alumnos suele ser consciente, aunque sea vagamente, de estos condicionantes, desde que son muy pequeños.

Los niños a veces llaman “estudiar” a ir a la universidad. Al principio de la ESO creen que después de Primaria vienen seis cursos preuniversitarios. Al final, que después de la ESO hay dos cursos preuniversitarios. Vas a tener que trabajar duro para cambiar ese prejuicio, que a menudo comparten en su casa.

A pesar de todo lo que he dicho, tus alumnos son gente que merece la pena. Mucho.

Haz lo que te dé la gana con el lenguaje inclusivo (yo en este post uso unos cuantos masculinos genéricos) pero usa “familias” mejor que “padres”. He tenido tutorías con: padre, madre, ambos, madre y su pareja, padre y su pareja, abuelo, abuela, adoptantes no oficiales. Si haces en clase una tarea que incluya mencionar a sus progenitores y no estás 100% seguro de lo que tienes entre manos, deja claro que si quieren pueden hablar de “vuestros abuelos, o quien vosotros queráis”.

Gestión del aula.

Ayuda mucho que el principio y el final de las clases sean siempre iguales. También que por ejemplo los lunes siempre hay lectura, los martes siempre deberes y los jueves siempre juegos.

Siempre hay problemas para dar permiso para ir al baño, sobre todo si hay una norma de dejar salir al alumnado de uno en uno. Yo doy prioridad a las chicas por si tienen la regla y para compensar, si necesito algo de conserjería, me lo trae un chico.

No hay un solo método correcto y efectivo para mantener el orden.

No hay un solo método correcto y efectivo de relacionarse (o no) con el alumnado en redes sociales. La única certeza es que te van a buscar, y te encontrarán. Puede que te agreguen, y puede que solo te espíen.

Asegúrate de que el alumnado usa la agenda.

Todas las clases que he dado de “técnicas de estudio” han sido de gestión del tiempo. Aprender a priorizar es dificilísimo y a los alumnos les cuesta.

Busca cualquier lista de “frases típicas de profesores” y evita decirlas. Todas. No importa si tienes muletillas, pero que no sean esas.

Nunca amenaces sin consecuencias. “A la próxima te voy a […]” tiene que cumplirse siempre. En general, esto sorprende, porque están muy acostumbrados a que los adultos les amenacen sin cumplir, les retiren los castigos inmediatamente… sé coherente y sobre todo previsible.

No seas sarcástico nunca jamás, aunque para ti sea solo una forma de hacer humor o de reñir. Es innecesariamente cruel y los más pequeños no te entienden.

Gritar está mal y lo sabes, pero alguna vez perderás los nervios y ocurrirá. Si te has pasado mucho con la bronca, discúlpate. Puede que seas el único adulto que lo haya hecho en sus vidas.

Y fin. De momento.

Si dejáis comentarios los añadiré a la entrada principal. Y mañana habrá una entrada invitada  sobre papeleos y trucos para interinos, gestión de tutorías y relaciones con las familias.

Que tengáis muy buen curso.

 

Cómo empezar de cero una biblioteca escolar.

La biblioteca que coordino, lista para empezar el curso.

Casi todos los bibliotecarios escolares que he conocido fueron el primero de su centro, o el primero en muchos años, y comenzaron con una biblioteca que era un almacén de trastos hasta que la pusieron en marcha. No sé si eso será la norma, pero sí es muy frecuente. Además, la legislación educativa nacional no dice casi nada de las bibliotecas escolares, cuyo día a día queda a criterio de las comunidades autónomas. Que alguien me corrija si me equivoco, pero en ninguna parte de España existe la figura del bibliotecario escolar, es decir, una persona con esas funciones exclusivas o casi. Lo que tenemos son “coordinadores de biblioteca”, profesorado que dedica parte de su horario a esa función. En este post sobre las guardias explico cómo nuestro horario se divide en clases, guardias, reuniones, y diversas tareas. Pues cuando llevas la biblioteca, normalmente se hace en el horario en el que no das clase; en algunos centros estar en la biblioteca es un tipo de guardia y le toca por turnos a todo el mundo.

¿Formación? La que hagamos voluntariamente. Cuando estudias y opositas, las bibliotecas escolares no existen. ¿Medios? Los que ponga el equipo directivo de cada centro. La biblioteca existe solamente por la buena voluntad de quienes participan en ella. ¿Y por qué lo hacemos? Por gusto, para no hacer otro tipo de tareas no lectivas, porque da puntos para el concurso de traslado, o porque nos lo han pedido. Aclarado esto, me voy a dirigir a un profesor que llega nuevo al centro, pregunta por la biblioteca y le dicen que no se usa.

Lo primero, dile al equipo directivo que quieres hacerte cargo. Los primeros días del curso hace falta adjudicar jefaturas de departamento, coordinaciones, y otros asuntos de ese estilo. Si nadie mantiene la biblioteca abierta, estás resolviendo un problema. Entérate de cuál es tu reducción horaria. Puede que sean 2 o 3 horas de la parte no lectiva del horario, o quizá tengan que asignarte menos guardias; dependerá de la comunidad autónoma. Decide si quieres que esas horas sean en el recreo, para abrir al público, o si el primer año no vas a abrir. Yo que tú abría 4 recreos, que son dos horas. Y claro, que no te pongan en el cuadrante de las guardias de recreo. Según cómo sean las cosas en tu comunidad autónoma, busca un equipo de apoyo, es decir, más profesorado que se comprometa a ayudarte aunque sea un poquito. En qué te van a ayudar va a depender de lo que necesites y lo que ellos sepan y puedan hacer, así que ahí no entro aún. En fin, este es el momento de mirar la legislación que se te aplique en tu comunidad, que seguramente te diga que tienes que hacer un plan de trabajo. A veces se te exige un formato concreto; al menos como documento para ti, como una especie de programación de aula, te propongo un esquema. Intento que mis posts sean muy ordenados, pero por una cuestión de fluidez desde aquí va a haber un poco de desajuste entre el orden del esquema, que me parece claro cuando ya tienes las ideas hechas, y el orden en el que os expongo cómo puedes actuar.

  1. Evaluación de la situación previa.
  2. Nombre y funciones del profesorado de apoyo.
  3. Funciones del alumnado de apoyo.
  4. Objetivos.
    1. Medios básicos y acondicionamiento de la sala.
    2. Organización del fondo.
    3. Formación bibliotecaria del alumnado.
    4. Comunicación con el profesorado y los departamentos.
    5. Relación con el resto de la comunidad educativa (familias, antiguo alumnado).
    6. Relación con la comunidad (bibliotecas públicas y otras instituciones).
  5. Criterios para la adquisición de nuevos fondos.
  6. Criterios para el expurgo.
  7. Calendario de actividades.
  8. Actividades extraescolares.
  9. Autoevaluación.

En esta web de la Junta de Andalucía hay algunos manuales de referencia, muy elementales, en los que destacan los dos primeros para estas tareas iniciales.

Además de un plan de trabajo más o menos teórico, te recomiendo usar un cuaderno, un simple cuaderno de papel o quizá tu medio electrónico favorito, y cada vez que hagas una tarea, lo apuntes, con su fecha. Lo que completas se vuelve invisible y la sensación de que no has progresado desmotiva mucho.

A continuación mira a ver la sala y saca sin compasión la basura. Todo lo que esté roto, o se arregla o fuera. Todo lo que no te haga falta en la biblioteca, se lo dices al secretario y que vaya a otro sitio. No puedo insistir suficiente: una biblioteca no puede funcionar bien con trastos estorbando. Tiene que ser un sitio acogedor. Si las estanterías tienen cristales, FUERA. No quieres que se den un cabezazo con ellas. Con los recursos materiales que tengas ahora mismo, según empiezas, plantéate dividir zonas de trabajo para los alumnos, y tu esquina. Necesitas un escritorio, y un ordenador a ser posible con conexión a internet. Vas a necesitar sitio y materiales para escribir a mano, y una impresora, aunque no tienes por qué tenerla aquí si la hay común en otra parte del centro.

Volvamos a la zona que usan los alumnos. Debería haber mesas grandes, o pupitres agrupados. No debe parecer un aula, aunque sea necesario usarla a veces para dar clase (los profesores que la utilicen se adaptarán a ella, y no al revés). Y por supuesto, no debe usarse NUNCA como el cuarto al que se manda a los alumnos expulsados de clase. Si a la biblioteca se va castigado, no se irá a otra cosa. Al principio de todo tu objetivo es que se pueda entrar sin ningún obstáculo, que no haya nada que no deba estar allí, y que haya sitios en los que sentarse a charlar tranquilos, leer o hacer un trabajo en equipo. La decoración mejor la pospones o la delegas, a menos que te guste mucho.

Ahora vamos a fijarnos en los libros. En dos aspectos: qué tenemos y si está catalogado en un programa informático útil. El que se nos recomienda es ABIES. Reconozco que hay detalles técnicos que olvido de una vez para otra, como por ejemplo la instalación de una lista de alumnos. Pero Abies es fácil de usar una vez que te pones a ello. Si no lo tienes, solicítalo. No te doy un enlace porque depende, de nuevo, de tu comunidad autónoma. Si lo tienes, enhorabuena. Te toca comprobar si los libros están catalogados. ¿Que sí? Bueno… a menos que la biblioteca estuviera en uso, te recomiendo comprobar que las fichas están bien hechas. En mi biblioteca había duplicados porque se había intentado poner en marcha en 2005 y 2010, y muchas incoherencias con libros introducidos como “Historia Interminable, La” o “La Historia Interminable”. En serio, repásalos. Y ni que decir tiene que un catálogo en fichas de papel solo te sirve a la desesperada. Usa el programa que quieras, pero hazlo a ordenador.

Si el catálogo no está hecho o está incompleto, es la tarea prioritaria. Habrá quien piense que hay que involucrar al alumnado, a las familias, hacer actividades de fomento de la lectura, y cosas así. Todo eso es muy importante, pero tu primera responsabilidad es la biblioteca y sin catálogo, lo que tienes un almacén desordenado. Es una tarea invisible y lenta, así que te puedes organizar para hacer, si tienes 3 horas por ejemplo, dos de catalogar y una de otras actividades. Date tiempo y no te agobies.

Cuando empieces a catalogar, empieza por tener claro cómo quieres clasificar. Te explico cómo lo hago yo. Uso la CDU, la Clasificación Decimal Universal, con algunas modificaciones. Tenemos una sección de narrativa juvenil que incluye libros infantiles; narrativa general, con los libros “adultos”. Siempre hay solapamiento, así que ante la duda el libro es juvenil, porque narrativa adulta puede intimidar un poco. Se me ocurren algunas circunstancias en las que necesites distinguir infantil de juvenil:

  1. En un colegio de Infantil y Primaria.
  2. En un centro rural que imparta hasta 2º de ESO.
  3. En un centro privado o concertado de los que tienen a los niños desde los 3 a los 18 años.
  4. En un Instituto de Secundaria con muchos alumnos con trastornos de aprendizaje. Es una pena que haya pocas lecturas muy fáciles que no tengan temática infantil, pero bueno.
  5. En un Instituto de Secundaria donde se impartan algunos ciclos formativos de la familia profesional de servicios socioculturales y a la comunidad, como por ejemplo el de educación infantil.

Si estás en un instituto de Secundaria, tanto si hay Bachillerato como si no, no te molestes. De verdad.

Aparte de esas narrativas, tenemos cómic, poesía y teatro. Y luego, todo lo demás está organizado según la CDU. Eso significa que si tienes una colección, por ejemplo Las Maravillas de la Naturaleza, no se guarda como colección. Separas Física de Biología de Matemáticas de Astronomía.  Algunos solapamientos: como si se tratara de un juego de piedra, tijera, papel, cómic gana a todo. Si parece un cómic da igual si es Historia o Matemáticas: va a Cómic. ¿Por qué? Porque es la categoría más popular. Así mientras buscan un Astérix, o un bikini furtivo, o -dios mío- un desnudo, se encuentran con la biografía de Marie Curie. Y si cuela, cuela.  Y ya puedes ponerte a clasificar y a poner tejuelos.

Ah, los tejuelos. Se pueden imprimir pegatinas y códigos de barras. Yo, como no tengo lector de códigos de barras y tengo alumnos dispuestos a hacer de voluntarios con cinta adhesiva, imprimo en folios y recortamos. Abies te genera los pdf de tejuelos automáticamente. Yo los imprimo cada vez que catalogo 20 o 30 libros, los recorto, los meto en la primera página del libro correspondiente, y le doy el montón a un grupo de voluntarios para que los peguen. Si usas pegatinas, yo que tú usaba cinta adhesiva o forro encima del lomo, porque del manoseo se ponen feas.

Recapitulemos un poquito. Tienes otros profesores que pueden ayudarte, una sala sin basura (no hemos mirado los libros todavía) y sabes cómo catalogar o corregir el catálogo que ya tienes. Siguiente paso: el expurgo, que debes hacer antes de catalogar, o al mismo tiempo. Expurgar es quitar de la biblioteca los materiales que no sirven. En mi primer expurgo hacía las dos cosas a la vez: pila de libros, cogía uno, y lo catalogaba o al montón. Antes de empezar debes tener una lista de criterios, por ejemplo:

  1. Material obsoleto.
  2. Material deteriorado.
  3. Ejemplares repetidos dependiendo de su interés (a lo mejor es un libro muy demandado o una lectura obligatoria; yo no tendría repetido Anna Karenina, pero Colmillo Blanco sí).

Puedes tener más criterios. Es conveniente ponerlos por escrito. En serio, si te parece que en la vida lo va a querer coger nadie, FUERA. Lo que esté en buen estado pero no coincida con vuestros intereses se puede vender en un mercadillo y así tienes dinero para comprar.

Ah, comprar libros. Al principio tómatelo con calma. Tienes que familiarizarte con lo que hay, con las necesidades de los profesores y los intereses de los alumnos.  Cuando te parezca que ya controlas la situación, le preguntas al secretario con cuánto puedes contar. Si la biblioteca no la ha llevado nadie en mucho tiempo, será insuficiente. Si tienes tiempo y ganas, pide libros directamente a quien te los pueda dar: alumnado y familias que den libros que ya no quieren, un mercadillo con los expurgos o con donaciones… yo he pedido con cierto éxito en redes sociales y a algunas editoriales. También puedes hablar con los departamentos que tienen lecturas obligatorias, para que dediquen parte de su presupuesto a comprar unos cuantos ejemplares pero que estén en la biblioteca. No puedo darte de sopetón unos criterios sobre qué adquirir, porque cada centro es diferente. Un buen objetivo son 10-15 libros por alumno, de manera que si en tu centro hay 200 alumnos empezarás a notar que tienes una colección adecuada a partir de los dos mil ejemplares. También deberías buscar un equilibrio entre los libros populares entre los alumnos, libros de estilo similar que ellos no conocen y podrían gustarles, las partes de la colección que no son narrativa juvenil, las lecturas obligatorias y los libros de consulta. Pero todo esto es a largo plazo.

Han pasado diez días sin sentir, y empiezan las clases. Las decisiones que tienes que tomar son:

  1. ¿Vas a abrir la sala? ¿los recreos o en algún otro horario? ¿con qué reglas? Mi sugerencia es la más laxa: prohibido comer y molestar. Se puede trabajar, leer, charlar, y si crees que funciona, jugar a juegos muy tranquilos que requieran una mesa.
  2. ¿Vas a prestar libros desde el principio?¿Con qué reglas?
  3. ¿Decoras? ¿Tú, el alumnado, o mitad y mitad?
  4. ¿Vas a buscar un equipo de apoyo de alumnos que hagan tareas auxiliares?
  5. ¿Por qué medio vas a informar al alumnado de las funciones de la biblioteca? Una posibilidad es una pequeña circular, o cartelesYo hago un miniconcurso para los de 1º de ESO, un pequeño cuestionario que dejan en una urna, y entre las respuestas correctas rifo un desayuno en la cafetería, o material escolar.

Y ya tienes todo lo básico para empezar tu “año cero”. Tómatelo con calma. Luego ya podrás colaborar con la biblioteca municipal, hacer extraescolares y crear todo tipo de actividades. La biblioteca puede ser el corazón del instituto o simplemente un rincón tranquilo para refugiarse del alboroto del patio.  Te deseo muchos buenos momentos en ella.

Sobre acoso escolar.

Empecemos con las malas noticias: nadie sabe arreglar el acoso escolar. De verdad. Si tuviéramos soluciones las habríamos aplicado. No hay sistema educativo del mundo que haya descubierto El Secreto, el protocolo post-acoso que siempre funciona. Si leéis “En Finlandia se crea la figura del blabliblú”, lo que yo leo es “en Finlandia también hay acoso”. Quien dice Finlandia dice El Colegio Santa María Donde Usan Ipads y Son Tan Modernos Que No Tienen Ni Paredes. Como con otras cosas, lo que sí puede funcionar es prevenir, aunque es difícil porque en lugar de un protocolo que aplicas a casos individuales, como si de una enfermedad se tratara, debe ser un hábito permanente.

El rasgo más importante es el más difícil de conseguir: tener una sociedad igualitaria, sin discriminaciones. Cuando más igualitaria la sociedad, menos acoso, y esto vale para el colegio, el trabajo y la calle. Los acosadores buscan impunidad, y atacar a gente en desventaja queda impune en las sociedades donde la discriminación y la desigualdad son grandes. Como crear esta sociedad se nos queda grande, consigamos que lo igualitario sean los centros educativos. Esto lo puedes conseguir desde el Ministerio de Educación hasta la Dirección de un colegio, cada uno en su ámbito.

Hay medidas en el entorno escolar que no siempre son fáciles de adoptar, porque dependen de la construcción del edificio, la disponibilidad de aulas y las guardias del profesorado: crear ambientes acogedores y al mismo tiempo vigilados. Que no haya rincones donde esconderse, y que haya lugares acogedores para los niños más vulnerables (por ejemplo, abrir la biblioteca en los recreos). Que sea fácil para los profesores ir de una clase a la siguiente sin dejar que pasen 5-10 minutos. Y así.

Entremos en el aula. La víctima de acoso o de maltrato psicológico está atrapada en una situación de la que suele desconocer “la teoría”, es decir, las dinámicas que la alimentan, cómo funciona la mente de su agresor… a él o ella le maltratan, le aíslan, y eso es todo. Un mensaje tan sencillo como “el acoso es culpa del que acosa. Son predadores. Si no estuvieras tú, irían a por el gordo o la de gafas”, NO es obvio. He visto muchas caras de sorpresa al decírselo a chicos y chicas que habían sufrido acoso. Por eso, ese sencillo mensaje (“el acoso responde a una tara del acosador”) debe repetirse de manera verbal, explícita, frecuente, en grupos y en privado.

El segundo mensaje que los niños necesitan oír hasta que se les quede es “la diferencia entre el acoso y una pelea es la repetición. Vuelve y me lo cuentas si se repite”. Esto lo tienen que oír los agresores, reales o potenciales, porque hay chicos (y chicas) que realmente no son conscientes de la gravedad de sus actos. Como cualquier otro maltratador, por otra parte, sólo que ellos son pequeños y todavía son educables en la mayoría de los casos. Es el único punto donde un “es que son cosas de críos” es cierta: el niño, a veces, no ve la diferencia entre pelearse con su amigo e insultar a Pepe El De Las Gafas porque a veces y al principio es una cuestión de frecuencia y proporción.

Para que una víctima te crea cuando le dices “me lo cuentas si se repite” tienes que haber creado confianza primero. Ya ha roto un tabú pidiendo ayuda; ahora tiene que creer que no le estás dando largas. Es importante crear un clima de cercanía y que se note que somos sinceros. Y los profesores, para saber si se repite, tenemos q estar en contacto, porque el niño quizá ha preferido hablar con su profesor favorito o con un testigo de una agresión en lugar de con su tutor. La comunicación niño-> tutor-> equipo educativo-> jefatura-> tutor del agresor tiene que ser fluida.

He dicho que a veces el agresor no es consciente de la gravedad de sus actos, o no vas a conseguir que la admita, que para el caso es lo mismo. Eso sí, las víctimas sí que distinguen pero que muy bien una pelea o broma de un acoso. Este es un tema en el que muy rara vez hay exageraciones o “denuncias falsas”. A veces sí hay un poco de timidez extra, o una situación de aislamiento previa que hace a los alumnos más sensibles o más vulnerables, así que un trabajo extra para el profesorado es darnos prisa en facilitar las habilidades sociales de quienes se sienten inseguros, la creación de amistades del alumno nuevo, etc. Es una pésima idea dejar “que espabilen solos” a los que puedan ser vulnerables aunque nos parezca que “todavía” no hay acoso real. Supongamos que hay un alumno vulnerable y un caso apenas comenzado; si hemos intervenido a tiempo, simplemente difundir toda la información relevante a todos los implicados (familias, tutor, decirle a los agresores que los tenemos calados) puede bastar porque ese niño debería contar con otros para que no se lo aísle.

Por supuesto, si hay un chico vulnerable o ya acosado lo que no debemos hacer nunca es participar nunca en una broma en su contra, por inofensiva que nos parezca, ni llamar la atención sobre él o ella, o hacer cualquier cosa que contribuya a aislarlo. Tampoco debemos decir nunca que “no queremos enterarnos” de algo. Una situación que vi y que me han contado mucho de la escuela de los años 80 (qué tiempos aquellos) era el profesor que repetía “no quiero saber nada de lo que ocurra fuera del horario escolar o fuera del centro”. Eso era en la práctica una provocación para trasladar lo peor del acoso al camino de vuelta a casa, que funcionaba muy bien si lo que el profesor quería era fomentar la violencia.

Para los agresores tenemos pocas medidas, sobre todo si no hay agresiones físicas o si todo es difícil de demostrar. Es bueno hablar con las familias para que nadie pueda decir que no sabía lo que estaba ocurriendo, incluso si nos va a suponer una escena desagradable. Es importante saber de antemano que los niños agresores no tienen rasgos en común: lo puede hacer cualquiera. Diría que los que están aislados no, porque hace falta el apoyo de la masa, así que fíate menos de los chicos populares y de las pandillas, pero hasta ahí.

Casi todas las conversaciones que he tenido sobre acoso escolar con no docentes (familias, adultos que fueron víctimas de pequeños…) se centran en cómo sancionar o cómo reparar los casos más graves. Las medidas más extremas en contra de los acosadores, como expulsarlos del centro, no sirven para mucho: deben estar escolarizados, así que los trasladas a otro centro, donde otra Jefatura, otro tutor, y otro Pepe el de las Gafas tendrá que bregar con ellos. Medidas como el internamiento en un centro de menores son más una fantasía de venganza que algo realizable; además supondría hacer cambios muy profundos en la ley, no algo que podamos hacer desde los centros.

Este post me sabe a poco; me gustaría poder decir “para prevenir el acoso hay que decir Esta Fórmula Mágica, y para arreglarlo si se produce, Cágima Lámufor Taes”. Pero no. Hay que decir, todos los días, muchas veces, las mismas obviedades. Y ni así.

 

 

 

 

Funciones del profesorado: las guardias.

Hay una noticia terrible estos días sobre una niña que ha sufrido una paliza en su colegio, en Mallorca. Ante esto es normal preguntarse qué estaban haciendo los profesores. No voy a hablar del caso, porque yo no estaba allí, y no conozco los detalles. Este post no entra en eso. Solo voy a hablar de la función de guardia y su relación con el resto del horario docente, y con los recortes en personal. Hay que recordar un par de cosas ante todo: no puedes pedir a la gente que trabaje gratis, es obligatorio permitir un breve descanso a mitad de la jornada, y los profesores tenemos que hacer cada hora (o fracción) una sola función que consta en nuestro horario, decidido a principio de curso. O estás en una reunión o estás en 1º C. No estás “a lo que surja”. Y lo que voy a decir se aplica a Secundaria en Andalucía aunque en general es así en el resto del país.

El horario de los profesores es bastante complejo. En primer lugar están las horas de clase, que ahora son por ley un mínimo de 20. En teoría el máximo son 21. Yo he llegado a tener 22 cuando el margen legal era de 18 a 21. Después de eso vienen las horas de obligada permanencia en el centro, hasta llegar a 25. En estas horas la mayoría de nosotros, que somos tutores, tenemos que encajar como mínimo lo siguiente: una hora de atender a las familias, una reunión de departamento, una reunión de tutores (así te reúnes con Orientación para saber cómo resolver problemas no académicos), y hasta este año, aquí se incluía una hora llamada de “tutoría académica”, para hacer papeleo como por ejemplo llevar las faltas de asistencia o llevar por escrito qué actividades haces con la tutoría, como por ejemplo resolver conflictos, llamar a una familia por teléfono, o lo que sea. Este año, esta última hora no forma parte de las 25, sino del llamado “horario no regular”. Aquí se recogen las actividades que se hacen con menos frecuencia, y no se pueden calcular por semanas. Se hacen según necesidad. Serían actividades de formación (os recuerdo que es un derecho del trabajador que la formación continua compute como tiempo trabajado), reuniones de evaluación, reuniones de equipo educativo (imprescindibles si te hueles un caso de acoso o tienes problemas de convivencia), participar en actividades extraescolares. Cosas así.

Ya tenemos treinta horas. Se supone que hay 7.5, hasta llegar a las 37.5, que vas a hacer donde quieras y que vas a dedicar a: preparar tus clases (os recuerdo que no queréis que use libros de texto), corregir actividades, y actividades administrativas o académicas de todo tipo. La formación suele cogernos bastante más de lo que oficialmente se considera “horario no regular”. Algunos profesores tenemos una coordinación, como por ejemplo “convivencia”, que significa que eres el responsable de las estrategias para evitar, prevenir, detectar y resolver el acoso y la violencia escolares.

¿Te has hecho un lío? Venga, te voy a dar un esquema.

  1. 20 horas: dar clase.
  2. 5 horas: horario regular no lectivo.
    1. Al menos 3 horas deberían ser reuniones.
    2. Si eres coordinador, 2 horas para eso.
    3. Lo que sobre son las guardias.
  3. 5 horas: horario no regular. Actividades que no son iguales todas las semanas. Al principio del curso se hace una estimación de qué vas a hacer.
    1. Reuniones no semanales. Entre quincenales y mensuales.
    2. Formación continua.
    3. Actividades extraescolares.
    4. Tareas administrativas.
  4. 7.5 horas: se supone que estás preparando clases, corrigiendo, o haciendo lo que no dio tiempo en las 10 horas anteriores.

¿Te parecen muchas reuniones? Quizá, pero si creo que estoy detectando un caso de acoso necesito hablar con Jefatura de Estudios que sanciona, con Dirección que también, con Orientación que propone soluciones, con los padres de víctima y agresor(es), con víctima, agresor(es) y testigos, con los demás profesores que dan clase a los mismos niños para saber si ellos han visto algo. Y eso solo se puede hacer si el horario de cada uno de los profesores tiene huecos que coincidan con los míos.

Cuando empecé en mi centro actual hace seis años, en las guardias de clase había tres personas, a veces dos. Entonces aumentaron las horas mínimas de clase de 18 a 20, y ahora estamos de guardia dos profesores, a veces uno. En las guardias de recreo había seis profesores y ahora hay cinco. Cada vez hay menos profesores de guardia porque las decide Dirección, que se ve atrapada entre la obligación de darle un horario legal a un profesorado insuficiente, y la obligación de que los estudiantes estén bien cuidados. “Pues que pongan más profesores”… ah, es que entonces ya no haría 25 horas, haría 26 o 27. ¿Que solo son dos horas? Primero que es ilegal. Y segundo, ¿por qué no quieres que yo siga con 18 o 19 horas de clase, 25 de permanencia en total, y así tengamos uno o dos profesores más, que nos hacen muchísima falta? ¿en serio quieres que estén en el paro todos esos aspirantes? Porque esa es la parte que se olvida cuando se dice que “los profesores se quejan por trabajar una hora más a la semana”: cada hora de más que hacemos supone un profesor menos por cada 30. No es “les vamos a pedir que trabajen más”, es “vamos a echar a la calle al 3% de los interinos”. Nunca se ha hecho para mejorar la educación sino para despedir o no renovar.

Visto esto, ¿en qué consiste hacer guardia? Es muy distinto hacer guardia de recreo o en horas lectivas. En una guardia de recreo tienes que vigilar todo esto:

  1. Que nadie se quede escondido dentro de las clases. A veces es muy difícil de impedir, y si hay algún hurto o pérdida se monta un lío.
  2. Que no quede nadie rondando por los pasillos. En mi centro hay cinco en dos plantas. En el anterior, ocho en cuatro plantas.
  3. Que vayan niñas al servicio de niñas, niños al de niños, que no se entre al servicio con objetos que puedan utilizarse para sabotearlos (en mi centro los atascaban con bocadillos, por diversión), que no se fume dentro. Esto lo haces sin entrar a menos que sea imprescindible, vigilas el pasillo.
  4. Hacer guardia de biblioteca. Puede que suponga llevar el servicio de préstamo, vigilar que los libros se devuelvan a donde corresponde, mantener el orden…
  5. Si se abre el gimnasio para que jueguen allí, vigilar el buen estado del material y que nadie entre con comida.
  6. Si el centro tiene cafetería a veces hay que controlarla. Depende del centro y de cómo sea el alumnado.
  7. Controlar el patio: que no haya peleas, que la gente que se esconde en los rincones no haga peleas o cualquier otra cosa ilegal, y ¡ay!, que no se tiren papeles al suelo.

Sí, todo esto lo hacemos entre cuatro y seis personas. ¿Dónde están los demás profesores? Disfrutando de su derecho legalmente reconocido al descanso a media jornada. O renunciando a él para adelantar trabajo que no se puede hacer en otro momento. Por ejemplo hablando con la Orientadora de un problema, llamando por teléfono a una familia, imprimiendo algo que vas a necesitar usar en clase, asegurándote de que el equipamiento tecnológico de un aula funciona para que eso no pise el tiempo de la clase, decirle al coordinador TIC que algo está roto, quedarte con niños a los que has castigado sin recreo, a veces ver a familias porque por la tarde no pueden venir y tú no tienes suficientes huecos en el horario en las horas de clase.

En las guardias en horas de clase las tareas son menos variadas. Lo más importante es que si falta un compañero, te vas a su aula, y vigilas a sus alumnos, que normalmente tienen una tarea que el profesor ausente ha dejado por escrito. No se nos sustituye hasta después de haber faltado dos semanas seguidas, así que si un profesor está enfermo esto es lo que toca. No das su clase, porque si eres de inglés y los alumnos de física, ya me dirás. Te limitas a decirles qué ha dicho el profesor que tienen que hacer.

Otra misión importantísima es controlar el pasillo entre clase y clase. Supongamos que son las 10:30. Ha terminado una clase e instantáneamente empieza la siguiente. Entre que un profesor que está en 1º A recoge sus cosas, sortea a los niños que hacen un corrillo a su alrededor, y llega a 2ºB, que puede estar en la punta opuesta del edificio, incluso si lo hace sin parar un instante va a pasar un tiempo en el que podría ocurrir cualquier cosa. Una que va a ocurrir segurísimo es que la gente va a salir al pasillo. Y ahí está el profesor de guardia, diciéndoles que vuelvan a meterse en su clase para no provocar aglomeraciones, peleas, accidentes y problemas varios. Parece una tontería, pero imagínate cuatro clases enfrentadas, cinco o seis niños de cada clase montando tertulia en mitad de un pasillo, y otro grupo más que necesita atravesarlo para llegar al gimnasio. Alguien se despista y le da por esconderse en los servicios, irse a la clase de otro con el que se ha peleado… en fin.

Si has estado dando clase y te toca guardia, los primeros cinco minutos necesitas hacerlo todo a la vez: acabar tu clase, vigilar pasillos e ir a sustituir a alguien. No te vale con saberlo desde las 8:30 porque si falta más de un profesor te tienes que coordinar con el resto del profesorado de guardia; si hay más profesores ausentes que de guardia (imagina un centro con 60 profesores, dos profes por cada guardia y la temporada de gripe) sigues lo que te mande Jefatura, que suele ser quedarte con los más pequeños.

Si la guardia es tranquila, tienes que estar localizable para por lo menos dos tareas. La primera es estar en el aulita pequeña a la que se manda a la gente expulsada de clase sobre la marcha, o a los alumnos que tienen una expulsión pero se considera conveniente que no falten al centro. La segunda es que si un alumno quiere avisar a casa para que lo recojan porque está enfermo, llamas tú. Si el instituto está muy cerca del centro de salud, puede que el protocolo sea llevarlos a Urgencias. En mi centro todos los días hay alumnado, por lo menos un par al día, llamando a casa porque les duele la cabeza o la barriga.  Si el centro es grande o hay problemas, puede que tengas que pasarte la guardia patrullando pasillos para ver si hay alguien escondido y escaqueándose con la excusa, por ejemplo, de ir al baño.

En conclusión: hacer guardias es un trabajo pesado y desagradecido para el que no tenemos personal suficiente. No te lo puedes llevar a casa, no lo puedes hacer al mismo tiempo que otra cosa, y cuantas más horas de clase damos, menos guardias podemos cumplir. Así de sencillo. Desgraciadamente, quinientos adolescentes en un sitio estrecho necesitan vigilancia aunque sean muy buenos y siempre puede pasar cualquier cosa. Con niños más pequeños, no me lo puedo ni imaginar. Así que las reclamaciones de los profesores para tener menos horas de clase no son para “trabajar menos”: son para tener más tiempo para estas tareas invisibles y necesarias.

Algunos consejos sobre el peso de las mochilas

Todos los meses de septiembre, las noticias nos recuerdan que los escolares españoles llevan peso de más en sus mochilas, y que casi todo ese peso es de libros de texto. Las dos soluciones que se suelen aportar son la sustitución del libro de texto por un tablet con libros digitales, y que los libros sean cuadernillos trimestrales para reducir su peso a un tercio del original.

Como profesora de la ESO, los cuadernillos no me parecen mala opción; al fin y al cabo en inglés tenemos libro normal y “libro de actividades”, dejando el peso en la mitad si solo te llevas uno de los dos a clase. Esto multiplica costes, como expliqué una vez, pero bueno. El tablet no me parece solución con alumnado de cierta edad y circunstancias si tenemos en cuenta los factores dinero-golpes-agua-hurtos-recarga de la batería. Así que voy a comentar solamente un par de detalles que pueden contribuir a aligerar el peso, o a llevarlo mejor.

Primero, la manera adecuada de llevar la mochila. En mi generación la llevamos colgada de un hombro, asegurando el sustento de los fisioterapeutas al tratarnos aquellas magníficas escoliosis (dicen que no, que no hay relación, no sé). Desde hace más o menos una década, la moda escolar es llevar los tirantes en su posición más larga, con lo que la mochila cuelga sobre las nalgas o aún más abajo. Llevar el peso así no lo reparte por la espalda sino que la fuerza toda entera hacia atrás, verticalizando las dorsales y exagerando la curva lumbar. He probado a colocarme una así un momento para hacer una demostración en clase; el dolor lumbar es insoportable y duradero. Puedo cargar bastante peso, pero no así. Por tanto, si los menores a tu cargo hacen esta barbaridad, no se lo permitas. La mochila va sobre la espalda. Este vídeo lo explica muy bien. Aviso: ellos no quieren, dicen que les resulta incómodo.

En segundo lugar, el tipo de cuaderno. Entiendo que los niños pequeños usen cuadernos en vez de blocs de anillas o carpetas con folios: está el riesgo de perder las hojas sueltas. Pero los libros de texto suelen ser finos, y los cuadernos pesan  más. Yo recomiendo a todos mis grupos usar cualquier opción de hojas sueltas: bloc, carpeta, o cuaderno microperforado. Rara vez me hacen caso. Llevan cinco de sus seis cuadernos diarios porque quieren y sólo porque quieren. O porque algún profesor les obliga, lo que me parece una barbaridad.

Y por último, que algunos, no todos, se traen libros que no necesitan. Por ejemplo, si un libro tiene suplemento (el famoso workbook de inglés) lo traen a diario por si acaso aunque en clase no se les pida. O material de alguna asignatura que no toca hoy (todas las clases de primer ciclo de ESO tienen “el niño que trae a diario los materiales de Plástica”). No sé si es desconfianza de los profesores, creyendo que vamos a “ir a pillarlos”, o por quedarse ellos más tranquilos sabiendo que están preparados para todo lo que les pueda ocurrir.

La mejor solución centralizada desde la escuela es facilitar taquillas. Como profesora tengo más estrategias: los deberes son un día fijo a la semana así que solo necesitan llevarlo de vuelta a casa una o dos veces semanales. Uso el libro poco, es más un  guión para mí que un material importante para ellos. Doy apuntes y si usamos el libro lo proyecto en la pizarra digital, de modo que pueden leerlo aunque no lo tengan delante. Por eso no penalizo que no se lo traigan, pero entonces tendrán que compartirlo con alguien; algunos, en cuanto ven que en mi clase no hay puntos negativos por falta de material, se organizan para compartir siempre con el compañero. A veces aviso de que no vamos a necesitar libro, e intento que sea siempre el mismo día de la semana para que se organicen mejor.

Solo con ajustar correctamente los tirantes de las mochilas y con asegurarnos de que llevan el material que hace falta ese día y nada más, conseguiremos aligerar la carga un poco y proteger esas espalditas que tanta responsabilidad tienen encima.

*

Este post es parte de una iniciativa de sanitarios, que creo que comenzó la Dra. Blanca Usoz (por cierto, en su post estoy de acuerdo con todas las recomendaciones, sustituyendo “estudiar con el ordenador en casa” con “estudiar con apuntes” según la comodidad del niño o la metodología del profesor).  Aquí más posts sobre este tema, casi todos escritos por pediatras:

Un modelo educativo

P1010026En algún lugar de Extremadura.

Imaginad unos hermanos que rozan los 10 o 12 años. Niño y niña. Viven en Villa Chica, un pueblo que ronda los 2000 habitantes. Los centros educativos del pueblo son el colegio y un instituto donde sólo se imparte la ESO. Hay una o dos licenciadas en paro que dan clases particulares. Algunos estudiantes van al instituto al pueblo de al lado, donde hay dos institutos para la ESO, Bachillerato y dos o tres ciclos formativos de Formación Profesional. En Villa Media hay Escuela de Idiomas, a la que van adultos, y una escuela de idiomas privada. También hay banda de música y escuela municipal de música, pero no Conservatorio.

Villa Chica está a unos veinte o treinta minutos en coche de Villa Media, ambas a 50 minutos de la siguiente localidad comparable a Villa Media, donde la única diferencia está en la oferta de ciclos de FP. Estamos a hora y media en coche de la capital de provincia, aunque en autobús se tardan unas dos horas. Villa Chica sólo tiene buses a Villa Media. Villa Media tiene buses a Villa Chica, Pueblo Chico, Aldea Chica y dos capitales de provincia.

Villa Chica vive de la agricultura. El padre cultiva el campo. La madre trabaja en la casa, o en la fábrica que procesa los productos del campo. Casi todos los amigos de Niño y Niña viven en casas parecidas. Hay alguno sin padre, hay alguno viviendo con los abuelos. Niño y niña no pasan hambre pero sí van muy, muy justos.

Quiero el sistema educativo que estos niños necesitan. Cuando no te estás criando rodeado de olivares o trigales, a lo mejor no te das cuenta, pero allá va.

La guardería a la que irían para que la madre vaya, si quiere, a trabajar y no tenga que dejar a los niños con la abuela, cuidadora eterna por mayor que esté.

Bibliotecas con programas de animación a la lectura divertidos, eficaces, y para todas las edades. Ludotecas. Programas deportivos, musicales, y culturales. Todos servidos por funcionarios, de manera que no dependan de que este año haya presupuesto municipal.

Una programación televisiva educativa, creativa, cultural. Canales de televisión infantil pensados para estimular a los niños. Programas no sólo aptos para bebés. Menos repeticiones. Sï, ya sé que en internet hay de todo. Pero puede que estos niños y sus padres no lo sepan, o no sepan cómo encontrarlo. Y puedes dejar a un niño solo delante de la televisión, pero no delante del ordenador a según qué edad.

Quiero que los colegios sean extraordinariamente buenos. Quiero incentivos para trabajar en zonas rurales, no sólo para los llamados centros “de compensatoria”. Que los profesores de esas zonas no estén permanentemente rotando. Presupuesto para hacer excursiones y hacer visitas culturales y también de ocio a los alrededores. A las capitales de alrededor y a otros sitios. Por supuesto, quiero los libros de texto gratis. Quiero abundante material de consulta (diccionarios, gramáticas, enciclopedias) en los centros educativos. Que se pueda coger prestado, incluso.

Material informático en los centros, sí. Pero no me parece lo más importante. Facilidad para que las familias compren lo que les parezca lo más adecuado. Sencillamente, lo necesario para que todos los medios que se requieren para estudiar hasta acabar la ESO salgan gratis o muy asequibles.

Que nadie asuma que los niños van a necesitar ayuda por las tardes, al menos no en Primaria. Que un niño que pasa las tardes en una casa vacía mientras sus padres están trabajando no tenga más handicap que uno que vaya a clases particulares. Que nadie asuma que las madres están supervisando los deberes. ¿Y si no pueden,  no saben o no están? Si resulta que a partir de cierto nivel educativo es necesario ese repaso por las tardes, que los centros escolares lo proporcionen. Con empleo de calidad. Es decir: quiero que las academias de recuperación y refuerzo dejen de ser necesarias.

Quiero un programa de orientación que muestre a estos niños que existen muchas más profesiones que las que ven en su entorno. Y programas de desarrollo rural que funcionen. La mayoría de adolescentes que conozco quieren trabajar en lo mismo que sus padres, en el área sanitaria, o en la enseñanza, simplemente porque nadie les ha dicho que hay más cosas.

Si estos niños quieren estudiar fuera, becas a la movilidad que dependan de lo remoto de tu domicilio y no de la renta. Que no se los castigue por ser de pueblo.

Quiero que salir del pueblo sea fácil y quiero que den ganas de volver.

No me hables de libre elección de centro. No me hables de cultura del esfuerzo. No me hables de la autoridad del profesor.  ¿Esas cosas significan algo cuando estás rodeado de olivares hasta donde alcanza la vista?

Frío

Sí, esto está en la categoría educación. Tendrá sentido enseguida.

Hace meses me compré unos vestidos monísimos, de algodón elástico, de manga larga y bordados. El problema es que no tengo ninguna chaqueta que combine con ellos, y si me los pongo para ir a trabajar no quiero estar todo el día con el abrigo puesto. Así que me fui a las rebajas con una idea de qué chaqueta quería: algo suelto para poder correr por un pasillo, escribir en la pizarra, cargar con pesos, nada, lo típico. pero en las tiendas no me gustaba nada.

Hablé con una vendedora, que después de escuchar cada una de mis pegas a sus prendas, dijo “me ha dicho que los vestidos son de manga larga, ¿no? Entonces para qué necesita llevar puesta una chaqueta, habiendo calefacción?”

Y yo no le contesté nada. ¿Cómo le cuento que he trabajado en un instituto con el patio orientado al norte, donde era imposible mantener calientes todas las aulas de esa fachada? El problema no habría existido si hubieran construido el edificio con cualquier otra orientación, pero aquello es lo que había. ¿Cómo le cuento que trabajo en un instituto que está alicatado por entero? Es útil para que no se manche la pared, imagino que ahorramos mucho en pintura. Hablando de ahorro, también podría decir que como parte del ahorro energético la calefacción está puesta entre dos y cuatro horas al día. Y en realidad da igual, porque hay puertas y ventanas abiertas por todas partes.

El ahorro es necesario, y se hace bastante bien. Lo que no hay es eficiencia. He pasado de un instituto con una fachada norte y una fachada sur, con medio instituto helado y el otro medio sudando como pollitos, a un instituto que parece pensado para que demos clases en julio y agosto. Muy fresco, sí, pero entre Noviembre y Abril se pasa frío. Se pasa mal. Y parece tonto, pero esto influye en nuestro trabajo y en el rendimiento de los alumnos, que además de estar incómodos dedican un tiempo precioso a pelearse para sentarse cerca del radiador y de paso controlar si se abren las ventanas.

En fin. Dejaré mis vestiditos para días de más calor.

 

Olor a potencia, olores potentes.

En un centro de enseñanza hay muchos olores característicos: a fotocopia, a bocadillo, a ropa húmeda, a tiza en los clásicos y a tinta alcohólica de rotulador de pizarra blanca en los centros con ordenadores. Y a sudor.

Con la sobredosis hormonal propia de la edad, y con costumbres como los mini-partidos de fútbol del recreo, la hora de clase que viene justo después tiene un olor inconfundible. Mis veinte quinceañeros me recibían a las doce de la mañana con una oleada de feromonas y sal a la que yo estaba secretamente enganchada.

Comentamos que ese olor era natural e inevitable entre las protestas de los que querían abrir ventanas y los frioleros. Estuvimos todos de acuerdo en que una hora más tarde olería rancio (“a tigre, maestra”). Y aquel muchachillo que venía uno de cada tres días y no siempre abría el libro dijo: “es que no es un olor malo, es intenso. Como el olor de la gasolina. Huele a potencia”.

Gomina y sudor.
Colonia y gasolina.
Él y su moto.