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Trucos y consejos para aspirantes a madre: de la pre-concepción al fin del embarazo.

Lo que viene a continuación podría ir en masculino genérico porque va orientado también a las parejas y demás personas cercanas a la madre, pero prefiero el femenino para estas cuestiones. Me sale más natural. Pero va para todos.

Cuando quería quedarme embarazada, me dijeron muchas veces “no te agobies”. Y cuando estaba embarazada, había dos comentarios que se repetían en todas las conversaciones: “disfrútalo, que es una época muy bonita” y “aprovecha para dormir ahora, que luego no vas a poder”. Yo no estaba agobiada antes, no lo disfruté, dormía fatal, y tuve un niño que duerme trechos de 4 horas varias veces al día, así que me deja dormir aunque sea por etapas. Los consejos que se dan tomando café son insuficientes, y a veces erróneos porque cada embarazo, y cada pareja madre-bebé, son diferentes, así que puede que nada de lo que te cuente sea útil para ti. En cualquier caso, allá va.

Antes de concebir:

Tener un poco de miedo a que algo salga mal o a no ser “una buena madre” es completamente normal. Lo raro es no tener nada de miedo. Si no pegas al niño, lo mantienes limpio, caliente y alimentado, y lo llevas al pediatra para las cosas que no se arreglan con un poco de apiretal, has empezado bien.

Hay gente a la que el sexo mirando el calendario le agobia y aburre; no des por hecho que a ti o a tu pareja os va a pasar. Quién sabe, igual os motiva. Y hay gente a la que le gusta sentirse en control del proceso desde antes de empezar. Para eso necesitas saber cuándo ovulas y cómo se comporta tu cuerpo en ese momento. Te sirve la observación sin más, apuntar en un papel, o usar una app del tipo de Clue. Ahí vas apuntando cómo te sientes en cada momento del mes, y predecir cuándo será tu próxima ovulación. Otra manera de medir cuándo ovulas es comprar online tests de ovulación; son como los test de embarazo, pero para saber cuándo eres más fértil. Lo que debes tener en cuenta es que el óvulo sale del ovario y aguanta vivo alrededor de un día, pero el esperma está nadando por ahí alrededor de cuatro. Eso significa que el óvulo debería encontrar espermatozoides esperándole.  Por eso no se trata de tener relaciones sexuales el día que ovulas, sino justo antes. ¿Cómo sabes cuándo es eso? Porque a base de medir, en un par de meses puedes predecirlo. En general, no ovulas en mitad del ciclo, sino catorce días antes de la regla. Es decir, si tienes un ciclo de 31 días y la regla te vino el 1 de marzo, ovulaste alrededor del día 16 o 17. La opción blanda para todo esto es calcular qué semana ovulas, y tener relaciones en días alternos de esa semana. Hay que tomárselo con calma; igual ese mes, justo esa semana tienes la gripe, o no tienes nada de ganas, por el motivo que sea. Date meses. Y si al cabo de seis meses o un año no te has quedado embarazada, ve al médico.

Mientras tanto, haz el ejercicio físico que quieras, pero hazlo. Hay algunas limitaciones: no aumentes la intensidad que alcanzabas antes del embarazo, ni hagas nada con lo que tengas un riesgo grande de caerte (esquí, montar a caballo). Sea cual sea tu actividad física favorita, haz sentadillas. Cuando estés embarazada lo agradecerás: la nueva disposición de tu barriga y la pelvis te harán caminar, sentarte y levantarte con las piernas abiertas, y sobrecargarán las piernas.

Las embarazadas necesitan suplementar un par de minerales: ácido fólico, yodo y vitamina B12, aunque no a todas nos recetan yodo preconceptivo. El ácido fólico solo, y un cóctel con yodo y vitamina B12,  los cubre la Seguridad Social, así que ve al médico y le pides la receta. Hay suplementos prenatales más variados pero no necesitas más, como se explica en Escéptica, y además no están cubiertos por la SS. Una vez embarazada muchas necesitamos suplementar hierro, pero no hace falta que lo tomes si no te ven anemia en un análisis de sangre.

De paso que vas al médico, dile si no estás absolutamente segura de estar inmunizada contra la rubeola. Te pueden hacer un análisis para ver si tienes anticuerpos, o directamente ponerte la vacuna. Si te la tienen que poner, no debes quedarte embarazada en las siguientes 6 a 8 semanas.

En principio la vacuna de la gripe se la ponen a embarazadas, no a mujeres que estén buscando concebir, pero si puedes y llega la temporada, póntela.

Hay muchas cosas que no debes comer si estás embarazada. Este es el mejor artículo que conozco sobre el tema, y los he leído a puñados. Si quieres tener mucho cuidado, puedes ir mentalizándote comiendo “en modo embarazo” ya, o al menos desde el día 10 del ciclo. O una semana “normal” y tres que no. Eso es lo que hacía yo, sobre todo con el alcohol.

Estoy embarazada, ¿y ahora qué?

Un resumen muy rápido sobre tus derechos laborales: hay diferencias legales entre riesgo durante el embarazo por las características de éste, riesgo en el embarazo por las circunstancias de tu trabajo, y enfermedad común durante el embarazo. Cada una de esas causas tiene un trámite distinto para que te den la baja. Cuida tu salud y tus derechos al máximo y pregunta a un abogado laboralista o a un sindicato al mínimo problema. Piensa que cosas como el ruido y el estrés os hacen a los dos daño a largo plazo, y que un dolor de espalda se puede convertir en qué sé yo, una hernia de disco. Sé precavida.

Voy a dar por hecho que tienes un embarazo sano y lo vas a llevar en la sanidad pública. Si tienes alguna enfermedad crónica, tanto si requiere medicación como si no, consulta tus planes de concebir con tu especialista habitual porque el embarazo puede afectar a tu salud, y la medicación interferir con tu fertilidad o hacer daño al embrión. A continuación, te doy algunas ideas prácticas por trimestres.

Primer trimestre:

Las primeras señales de embarazo se parecen mucho al síndrome premenstrual, así que tú tranquila y espera al día adecuado para hacerte un test. Es normal, incluso, manchar. El dolor al nivel de la regla y un leve manchado son frecuentes. De hecho, a lo largo de la primera mitad del embarazo, si vas a urgencias con estos problemas la primera pregunta que te haran será: “¿Más, o menos que la regla?”. Cuando tengas un test positivo, mira cuándo te vino la última regla y desde ahí cuentas semanas. Es decir, no puedes saber si estás embarazada antes de la semana 5 como muy pronto, y las semanas 1, 2, y a veces 3, son las de la regla y la ovulación. Olvídate de los meses, las semanas son más claras.

Esto va a sonar muy bestia, pero el primer trimestre de embarazo es un poco de prueba. Nadie te cuenta que es frecuente abortar espontáneamente y cuando te pasa, todo el mundo te dice “ah, sí, eso le pasó a mi hermana/prima/mujer”. No lo digo para que pases miedo, pero hay que estar informada.

Tienes que ir al centro de salud para que te remitan a tu matrona, que te verá una o dos veces el primer trimestre y te derivará a la ecografía de la semana 11. En las ecografías anteriores (semana 7 u 8) solo se ve si hay un embrión o más, y si le late el corazón. En la semana 11 se ve su tamaño, se fija una fecha probable de parto y se hace el cribado genético, para saber si hay una probabilidad estadística de varias malformaciones genéticas.

Tu salud y la del feto está controlada por el Servicio de Ginecología del hospital, en el que te verán ginecólogos, probablemente uno diferente cada vez y otros distintos en el parto; por la matrona de tu centro de salud, y por tu médico de cabecera. Los tres tienen puntos de vista ligeramente distintos y tienen que conseguir un equilibrio complicado entre tu bienestar y el del feto, que a veces están contrapuestos (véanse todas las cosas que te van a doler en los próximos meses). A veces, estos profesionales, sobre todo los ginecólogos, no tienen la paciencia o el tacto necesarios y las embarazadas acaban con la sensación de que todo va mal o de que los médicos “pasan de ellas”. En esto te diría que seas fuerte y práctica, y que te fijes sobre todo en que te cuenten todo sobre el estado del feto, lo que se ve en las ecografías… no esperes consuelo ni palmaditas en la espalda. Puede que te los lleves, pero no los esperes. Tampoco pienses que trabajar con un equipo de personas te da un trato de menos calidad (yo agradecí contar con muchas opiniones y tantos ojos sobre nosotros). Lo importante es que todo lo que te pase quede reflejado en tu cartilla y en la historia clínica.

Cómprate un buen protector solar y úsalo a diario. Con el embarazo pueden salirte manchas o rojeces en la cara, que a veces se van y aveces no. Sobre las estrías, no sé qué decirte: dicen que ponerse crema no sirve para nada. Como la barriga me picaba y me molestaba al estirarse la piel, me puse hidratante a menudo, y todas las estrías me salieron en la semana entre acabar un bote y comprar otro.

Sobre dolores y molestias he escrito ya. Identifica qué desayunos te sientan bien, las mañanas son el peor momento del día. Yo tenía que comer algo salado, proteico, digestible y que no fuera queso porque lo vomitaba. Y los desayunos dulces me hacían tener náuseas y más hambre un par de horas más tarde.

Segundo trimestre:

Si te preguntabas cuándo empiezas a parecer embarazada y necesitar ropa premamá: a lo mejor te ha aumentado el pecho en el primer trimestre. A partir de la semana 10 es normal que la barriga cambie su forma sin cambiar de volumen y se te vaya poniendo redondita; a partir de la semana 15, el 4º mes, a lo mejor se te empiezan a quedar pequeños los pantalones que no sean elásticos. Aprovecha un cambio de estación para quitar de en medio la ropa que no te vas a poner en una temporada. Lo más seguro es que uses ropa premamá algunos meses tras el parto; calcula entre uno y tres por lo menos. Piensa también si quieres dar el pecho. La ropa de lactancia no tiene por qué ser abierta por delante, también es discreto levantarte las camisetas desde abajo. Lo que tendrás que descartar son los jerseys gordos o de cuello vuelto (levantarlos es muy engorroso) y los vestidos cerrados por arriba, que son inaccesibles en todas las direcciones. Todo lo demás depende de tu gusto.

Lee todo lo que quieras sobre crianza y no te creas ni la mitad. Los consejos de tu madre, tus amigas o el pediatra tienen la ventaja de que son incompletos y parciales. Sí, he dicho ventaja. Son para el caso concreto y para ese momento. Ellos no han tenido que elaborar una Teoría del Bebé, y además, cada niño es distinto y cambia. Hoy se consuela meciendo la cuna y mañana con música. Tu sobrino es de hábitos regulares pero nocturnos, el hijo de tu amiga solo duerme bien si está acompañado. Los autores de libros tienen que hacer una teoría global que incluso si te gusta, a lo mejor no funciona, o por lo menos no completa. Mi ejemplo más inmediato es que a mi bebé no le gusta estar tumbado en mi cama, prefiere su propia cuna. Fin de las bonitas teorías sobre el colecho.

Me han dicho que si para el cuarto mes sigues con náuseas, las tendrás hasta el final. No sé si es verdad. Lo que sí sé es que la pérdida de movilidad y el cansancio físico van subiendo escalones a toda velocidad desde que estás en la mitad del embarazo.

La semana 20 te hacen la segunda ecografía del sistema público. Sirve para comprobar si hay una serie de malformaciones; el médico (normalmente es ginecólogo, pero podría ser un radiólogo, que también hacen ecografías) comprueba si están bien una larga lista de partes del cuerpo, una a una, y completa un informe que no es más que picar casillas. La gente conoce esta ecografía popularmente como “la de saber el sexo del bebé”, aunque desde que sepan que estás embarazada todo el mundo (TODO el mundo) te va a preguntar si es niño o niña. Seguramente las mismas personas que desde la semana 10 te reñían con un “¿pero todavía no sabes el sexo?” te dirán que te hagas una ecografía sin indicación médica para tener más, para que te den un DVD con vídeo y fotos, o porque es muy larga y en la del hospital solo van al grano, y te largan deprisa. Lo último en mi caso no fue cierto, y además, si no te queda algo claro, pregunta. O pide que te enseñen lo que haga falta otra vez. A mí casi todas las veces me sacaron una fotillo (sácale una foto con el móvil o escanéala, porque ese papel se borra con el tiempo). Lo más importante es que tanto ginecólogos como  radiólogos, desaconsejan las ecografías sin indicación médica. Aquí un pdf en inglés lo explica.  Y aquí, diversas críticas de muchas instituciones médicas.

Notarás las primeras pataditas en algún momento a partir de la semana 20. Al principio no las sabes identificar. Las mías eran igual, igual, que el vacío/cosquillas en el estómago de una montaña rusa, pero mucho más abajo. Luego ya sí son como pataditas o toquecitos.

Tercer trimestre:

El segundo consejo muy generalizable que te puedo dar, junto con el de las sentadillas (lo digo en serio: haz sentadillas desde antes de quedarte embarazada), es que consigas una silla o taburete de ducha. Cuestan unos 30 euros. No necesitas que tenga respaldo. Te vendrá bien al principio del embarazo si te dan bajadas de tensión, al final si estás muy cansada y para poder lavarte tú sola los pies, en la cuarentena sobre todo si te han hecho cesárea, y supongo que lo usaré para estar cómoda sin tener que agacharme dentro de un par de años, en las primeras duchas del niño. De verdad, te facilitará la vida aunque solo la uses dos meses.

Tu tercera y quizá última ecografía tiene como fin principal saber si el feto está bien colocado para salir. Si no lo está, es decir, si viene de nalgas, te programarán una cesárea. Otra cita médica importante es la vacuna de la tosferina para que el bebé esté inmunizado antes de sus primeras vacunas a los dos meses de edad.

La presión del útero hacia arriba cambia la posición del estómago y da reflujo. La única solución que conozco es comer cantidades pequeñas.

No te agobies ni te preocupes si estás siempre muy cansada. Es lo más normal del mundo. Duerme siestas, pero procura mantenerte tan activa como el cuerpo te deje.

Los cursos de preparación al parto varían mucho de un sitio a otro. Asegúrate de que te has enterado, ahí o por tu cuenta, de todo esto. Pregunta a la matrona, a madres de las que te fíes, o en webs de crianza, preferiblemente creadas por sanitarios.

  1. Cómo es un parto normal, cuánto dura y cuándo ir al hospital. Aquí lo explican.
  2. Algunas de las intervenciones más frecuentes, por qué se hacen, ventajas e inconvenientes. La epidural.
  3. Algunas de las causas más comunes de que te hagan una cesárea. Cómo es el posoperatorio de una cesárea (sigue leyendo y te cuento mi experiencia).
  4. Qué pasa en el hospital entre expulsar el bebé e irte a casa. Protocolos habituales de tu hospital de referencia.
  5. Cómo se te va a quedar el cuerpo en la cuarentena. Cómo cuidarte y cuidar del bebé los primeros días.
  6. Lo básico sobre cómo dar el pecho. Cómo extraer y conservar leche.

Leí por ahí que el instinto de nido existe, es un impulso real, que te puede dar mucha energía si tienes suerte, o ansiedad porque esté todo bien si no. Las ganas de limpiar, ordenar y estar equipada se pueden canalizar. Estas son las cosas que me parecen más necesarias:

  1. Preparar el cuarto del bebé. Sobre cacharritos para bebé te cuento en otro post, pero aquí tienes una lista de la compra lo más amplia posible. Crea la tuya propia y si te preguntan qué quieres de regalo, no te cortes en ir tachando cosas de la lista.
  2. Haz una compra gigante de comida no perecedera, productos de limpieza, menaje del hogar… compra de todo lo que no se estropea, desde detergente a servilletas, para 3 meses. Si eres muy perfeccionista o te sientes muy perdida, calcula tu gasto semanal y multiplica por 15. Lo más seguro es que te salga una cantidad tan grande de cosas que no puedas comprarlas todas de una vez, así que repártelo en dos o tres compras.
  3. Asegúrate de que tienes la despensa y el congelador llenos hasta arriba de comida fácil y rápida de preparar y comer. En mi caso eso fue salsa de tomate, salsa de pimientos, latas de pescado, salchichas, frutos secos, caldo congelado, caldo de tetrabrik, filetes de cerdo y de pollo, albóndigas, croquetas, hamburguesas, y verdura troceada y congelada.
  4. Haz una pequeña compra de caprichos que no puedes comer mientras estés embarazada. Queso azul, embutido…

Acepta, ahora y cuando llegue el bebé, toda la ayuda que te ofrezcan, todos los regalos y todas las “herencias”. No sabes lo que puedes llegar a necesitar. Si tienes algo duplicado y ninguno de los dos se puede devolver a la tienda, guarda el más feo, viejo o que menos te guste, por si el otro se rompe. Compra lo mínimo.

Lo más tarde posible, la semana 36 por ejemplo, ve a la peluquería y hazte un corte bonito y que requiera poco mantenimiento. Si sueles teñirte, organízate para hacerlo más o menos ahora, cuanto más tarde mejor. En la cuarentena lo más seguro es que no tengas tiempo.

Si puedes escoger dónde parir, escoge un hospital con UCI pediátrica. Eso suele querer decir un hospital público.

Dedicaré el próximo post a la cesárea, que es lo que conozco, a la cuarentena y al bebé.

 

De embarazos y eufemismos

Una expresión que me desagradaba muchísimo cuando estaba embarazada era la frase hecha “las molestias del embarazo”. Una picadura de mosquito es una molestia; lo del embarazo es otra cosa.

Un listado de todas las cosas que cambian en el cuerpo durante el embarazo está siempre incompleto, porque cada embarazo es diferente, incluso para la misma mujer. Hay dos carreras universitarias dedicadas a este tema (las especialidades de matrona en enfermería y obstetricia y ginecología en medicina). Pero por dar una idea de cuántas cosas pueden cambiar, aquí están las que me han pasado a mí o a gente que conozco. No cuento nada sobre el parto, porque eso sí que es inabarcable.

Pelo: A muchas no se nos cae en meses, lo que da una melenaza impresionante. Después del parto se espera que se caiga todo a la vez, hasta volver a su estado anterior al embarazo. Casi dos meses tras el nacimiento, el mío está fatal: seco, de aspecto despeinado siempre, feo. Conozco casos de mujeres que han perdido el rizo con los embarazos.

Piel: Pueden salir manchas en la cara: no son pecas sino que tienen forma de “careta” o de cachetes colorados a lo Heidi. Mis chapetas se agravaron con el nacimiento, luego se pusieron marrones, y ahora siempre parece que me haya puesto colorete. No sé si se irán algún día. Una de las dos mejillas tiene una leve “telaraña” (cuperosis). Creo que eso no ya no se va.

Mientras la barriga crece puede que la piel, al estirarse, pique o moleste. Luego están las estrías y la piel descolgada de la barriga. Las estrías son para siempre. La piel descolgada, puede que sí o que no. Una cosa que me ha sorprendido de las estrías es que esa zona está muy sensible. Escuece, pica, por ejemplo con el sudor, el roce de los elásticos de la ropa… Esto ha ido a peor después del nacimiento.

Ojos: La retención de líquidos y la relajación de los músculos y ligamentos puede modificar un poco la visión. No suele ser permanente. No se recomienda graduar la vista ahora, ni tomar medidas para poner lentillas.

Sistema nervioso: Muchas embarazadas tienen pérdidas de memoria, despistes, menos capacidad de concentración… luego se recupera, pero tarda, sobre todo porque con un bebé duermes poco e interrumpido. Bueno, cuando estás embarazada también. Te duelen cosas, puedes tener ansiedad, te estorba la barriga, o porque sí. Yo dormía fatal. Además, aunque duermas bien puede ocurrir que tengas mucho sueño todo el rato, sobre todo en el primer trimestre. Yo dormía nueve horas de noche, y siesta.

No sé hasta qué punto esto es nervioso o no, pero aquí lo pongo: los cambios en la forma del cuerpo alteran tu cetro de gravedad y tu autopercepción de una forma que favorece que pierdas el equilibrio. Hay que tener cuidado con las caídas.

He visto en muchas páginas web que las embarazadas tienden a sufrir estrés y ansiedad. Se suma el miedo a que os pase algo, el desequilibrio hormonal, y que cada vez se vuelve más difícil cumplir con tus obligaciones o rutinas habituales con un cuerpo más y más cansado y dolorido.  Quiero decir que no son solo “las hormonas” sino una suma de factores que es normal que te pesen. Dependiendo del médico, te dirán que puedes tomar ansiolíticos o que no. Lo que no puedes tomar son antidepresivos. Existe la “depresión gestacional”, que se va con el parto. Hay que pasarla tal cual o con psicoterapia.

Dientes: Se estropean más, por los vómitos, la sequedad de boca y los cambios alimentarios. También porque se aflojan en la encía. Pueden salirte caries o caerse. Se recomienda hacer un par de revisiones. Eso sí, no te pueden hacer radiografías (unos dentistas piensan que en caso de necesidad merece la pena hacer alguna y que el riesgo no es tanto).

Problemas digestivos: Algunas embarazadas tienen náuseas al principio, y otras todo el embarazo. Algunas solo por la mañana, y otras todo el día. A veces te lo provocan alimentos concretos (yo dejé de comer queso y de beber café). “Náuseas” puede ir desde “sensación de asco que se pasa comiendo algún alimento ligero” a que vomites todo lo que comes. Algunas mujeres no son capaces de retener nada, ni los líquidos, lo que es una situación grave que requiere control médico. Vomitar varias veces al día destroza los dientes y hace que te duela la zona del diafragma. No sabes lo horrible que es hasta que te pasa. En algunos casos te sientes llena y empachada con unos bocados, y con ganas de vomitar o muy debilucha si estás hambrienta, así que te pasas el día haciendo comidas pequeñitas.

El tercer trimestre, el útero ha crecido hasta empujar al estómago hacia arriba. A partir de ahora lo que se tiene es reflujo. Yo pasé mucho peor los dos últimos meses que el resto del embarazo. Comer cantidades normales me hacía vomitar porque la comida no me cabía dentro. Todo lo que comía me daba ardor de estómago.

La digestión se vuelve más lenta para obtener la máxima cantidad posible de nutrientes. Eso provoca estreñimiento y gases. La suma de problemas de tránsito y circulatorios suele producir hemorroides o empeorar las que ya tuvieras. Y si no te pasa en el embarazo, espérate al parto.

Hay muchos alimentos que hay que eliminar, modificar o reducir. Este artículo lo explica muy bien. Mucha gente sabe lo del jamón, pero ¿te habían contado que verdura cruda sin pelar tampoco? ¿Y comida que habitualmente se coma fría o del tiempo? Je. Lee, lee.

Desarreglos endocrinos: Si tenías hipotiroidismo antes, suele empeorar. Si no, el embarazo puede provocarlo y puede ser permanente. Puedes desarrollar diabetes gestacional y ésta se puede volver permanente, o desaparecer con un poco de suerte, tras el parto.

La diabetes gestacional se produce más a menudo en embarazadas con sobrepeso previo, antecedentes familiares o dieta alta en hidratos de carbono, pero a algunas les toca sin tener esas características. Es una lotería.

Circulación: Pueden salirte varices o empeorar las que ya tuvieras. Y no sólo en las piernas, pueden ser pélvicas. La tensión arterial baja al principio del embarazo, y si eras hipotensa de antes eso provoca desmayos y mareos. A mí me pasaba a menudo, sin avisar y sin haber hecho esfuerzos. También puede subir, sobre todo en el tercer trimestre. Los desajustes de la tensión pueden dar dolores de cabeza.

La retención de líquidos provoca hinchazón en las piernas y los pies. Eso a veces duele o molesta, y otras no.

Son frecuentes los calambres en las piernas, sobre todo de noche. A mí me daba tan fuerte que por la mañana tenía agujetas.

Aparato respiratorio: En el tercer trimestre, la presión del útero contra el resto de órganos desplaza los pulmones hacia arriba. Pierden capacidad y te ahogas, te quedas sin aire. Esto puede ocurrir incluso en reposo; en mi caso no parecía conectado con hacer esfuerzos, pasaba porque sí. También puedes tener la sensación de que te dan un puñetazo al plexo solar con ciertos movimientos. En mi caso, los dos últimos meses, cada vez que me sentaba.

Cuidado con los resfriados. Primero, porque si te da fiebre es peligroso para el feto. Segundo, porque a partir de que tengas barriga la tos y los estornudos duelen; los abdominales están sobrecargados y el “impacto” va hacia abajo. Yo sentía los estornudos como puñaladas en la pelvis.

Aparato locomotor: Vale, aquí tenemos para largo.

Síndrome del tunel carpiano. En serio, no me lo invento: tiene que ver con el estado de los ligamentos y con la retención de líquidos, surgen inflamaciones donde menos las esperas. Dolores en las costillas (patadas del bebé o presión del útero hacia arriba). Dolores de espalda, sobre todo lumbares. Hernias de disco. Ciática. Dolores en la pelvis y en las caderas. Llega un punto en el que abres ligeramente las piernas al andar y al sentarte y levantarte, lo que provoca dolores en los muslos, sobre todo en la cara interna, o en las rodillas. Duelen los pies como si hubieras estado todo el día caminando. Todo esto hay que pasarlo son analgésicos o con dosis bajas de paracetamol, depende de lo que te diga el médico.

Desde el final del 1º trimestre puedes tener el que se conoce coloquialmente como “dolor del ligamento”, que afecta a toda la banda baja de la barriga (casi el pubis).  Se debe a que la zona se está estirando. Aunque se dé en la misma parte del cuerpo, es distinto a la disfunción de la sínfisis púbica, que es un dolor muy intenso, en forma de pinchazos o continuo, muy abajo, en el mismísimo pubis. En el embarazo o ya en el parto, la estructura de la pelvis se puede ensanchar para siempre y aunque pierdas todo el peso te puedes quedar con una o dos tallas más de pantalón. Lo mismo le puede pasar a los pies. De todo esto, está claro que lo peor por ser irreversible son las hernias de disco, y a veces la ciática, pero los tres o cuatro meses de dolor articular constante (no molestias: dolor) tienen su miga.

Sobre la pérdida de movilidad. Primero no puedes tumbarte boca abajo, tan pronto como te empieza a salir barriga (unos 3 meses). Luego no puedes tumbarte boca arriba, porque el útero presiona el resto de órganos y te ahogas. Luego no puedes doblarte por la cintura, por ejemplo para coger algo del suelo. Luego no puedes sentarte con las piernas juntas o cruzadas.

Aparato reproductor: Las mamas no son reproductivas, pero aquí lo digo: duelen, o se ponen muy sensibles.

Una cantidad alta de embarazos, más o menos el 25%, acaba en aborto espontáneo. Siento ser así de dura, pero el primer trimestre es “de prueba”. Como para no creerte nada hasta que veas la ecografía de la semana 10-12.

En el primer trimestre lo normal es que te duela la barriga más o menos igual que con la regla, solo que seguido, durante semanas. La progresión es que primero te duele así, luego ya no duele durante un par de meses, y luego el dolor es más bien muscular, como describo en la sección anterior (lumbares, cara interna del muslo, ligamentos). En mi experiencia, el paracetamol no alivia estos dolores musculares, y te dicen que no debes tomar ningún otro analgésico; desde luego, ibuprofeno nunca.

Desde el principio del tercer trimestre puedes tener contracciones falsas. Es una buena señal. El dolor empieza muy arriba, donde antes estaba tu cintura, y baja en forma de ola o calambre. Dura unos segundos y son más frecuentes si estás cansada. Finalmente, hacia el final del embarazo la barriga entera te puede doler entera y de una forma sorda. Si el feto se encaja bien, listo para salir, alrededor del octavo mes, se te puede clavar en el pubis y duele. A mí eso me daba dentera.

La presión del útero hacia abajo daña el suelo pélvico, sobre todo si tienes varios hijos o realizas tareas pesadas en el embarazo o los meses siguientes. Eso te puede provocar incontinencia, temporal o permanente, ahora o más adelante.

Hacia el final del embarazo, las “pataditas” duelen, porque el feto no cabe. Dan en cualquier parte, lo mismo en las costillas que abajo del todo.

Sistema inmune: Te bajan las defensas. Eso te hace más proclive a coger infecciones; muchas amigas mías han tenido candidiasis  durante meses. También altera los síntomas de las enfermedades autoinmunes. Si eras alérgica de antes, los síntomas pueden empeorar.

Aspecto físico, imagen corporal: Algunas embarazadas se ponen muy guapas, o se ven ellas así. No va a ser todo malo. Luego está el tema del peso. Hay quien engorda mucho y es todo retención de líquidos; quien engorda mucho y lo pierde con la lactancia; quien engorda mucho y no pierde. Algunas embarazadas, sobre todo si estábamos gordas y comemos en el embarazo una dieta saludable y no muy alta en calorías, perdemos peso. Comparando con amigas he visto que engordar o adelgazar está más desconectado que nunca de cuánto comemos. Está desaconsejado hacer dieta de adelgazamiento porque podrías privarte a ti y al feto de nutrientes esenciales, pero las recomendaciones sobre qué debes comer se parecen bastante a hacer dieta, y si tienes náuseas no vas a tener muchas ganas de comer de todos modos.

Enfermedades previas y sobrevenidas; medicación. Espero que no cojas ninguna enfermedad que requiera algo más que paracetamol, porque en el primer trimestre médicos y farmacéuticos te cogen con unas pincitas y te dicen “eso en el primer trimestre no se puede”. Ánimo, que dura poco tiempo.

Si tienes una enfermedad crónica es muy probable que el embarazo la afecte, y al revés, que tu problema o tu medicación habitual afecten al feto. Esto lo lleva tu especialista habitual, no el ginecólogo. Cada situación es diferente.

Concluyo: la sensación básica de un embarazo sano y normal se parece a combinar resaca y agujetas. Como si el día anterior hubieras ido al gimnasio y luego de borrachera. Pero hoy no es domingo, no puedes pasar el día en el sofá, y estoy no es solo ahora, va a ser así durante semanas. Cuarenta.

Cosas que no decir a las aspirantes a madre

Ahora mismo, al menos tres mujeres de mi entorno cercano quieren tener hijos y están teniendo dificultades para ello. Digo mujeres y no parejas porque no conozco a todos los hombre implicados. Las mujeres hablamos más de estas cosas, y también se nos pregunta y se nos exige más.

Es fácil explicar que es de pésima educación meter miedo o echar sermones a las mujeres que no planean tener hijos, ya sea porque han decidido no tenerlos o porque “ahora no”. El tema no se toca, y ya está. Pero ¿qué decir cuando sabes que una mujer (o una pareja) quiere tener niños, y no pueden? Si tienes confianza como para saber algo tan íntimo, seguro que quieres consolar o aconsejar, pero te arriesgas a decir algo que lo empeore. A continuación, unas cuantas cosas que es mejor que no digas,  y luego algo más constructivo.

“¿Has pensado en la adopción?”. A ver. La adopción es una opción tan obvia, tan pública, que es como preguntar si sabe cómo se hacen los niños. De verdad que no necesita que se la recuerdes. Si no ha intentado adoptar todavía, tendrá sus razones.

“¿Has pensado en la fecundación in vitro?”. A menos que te haya contado su historial médico y el de su pareja también, no tienes ni idea de por qué no tiene niños. Igual hay contraindicaciones. Igual es caro. Igual los recovecos del sistema de salud de donde ella vive la dejan fuera de la cobertura. Además, hay parejas que no lo consiguen a pesar de que sobre el papel ambos son fértiles. De nuevo, ella ya sabe que esto existe.

Cualquier cosa que signifique “si deseas quedarte embarazada, no te quedas. Te quedarás cuando no pienses en ello”. Además de cruel, es mentira. Puede que el estrés tenga algún efecto que dificulta la concepción, pero el cuerpo no va a distinguir “estrés por exceso de trabajo” de “estrés por ganas de quedarse embarazada”. Lo único que consigues es culpabilizarla. Y ¿no es curioso que en un mundo que repite que la voluntad es mágica y todo lo consigue, justo esto se gafa si lo deseas? Venga ya.

“Todavía eres joven” a las mujeres de más de treinta y pico. Sobre todo si ella dice que no se siente joven o que siente que se le acaba el tiempo. Da igual si tienes razón o no, porque no estamos en una conversación filosófica sobre si la juventud es un estado de ánimo, sino sobre las posibilidades objetivas de tener un embarazo con éxito.

“Mi prima tuvo tres abortos espontáneos y ahora tiene un bebé”. “Mi prima lo intentó diez años y tuvo un bebé con 47”. “Mi prima lo consiguió con su tercer marido”. Nos alegramos mucho por tu prima. Sabemos que es posible tener niños después de mucho esperar y mucho sufrimiento. Pero ahora mismo, los niños de los demás y las historias de terror sobre embarazos complicados son la última y la penúltima cosa de las que apetece hablar.

Cualquier consejo médico si no eres su médico. Primero porque igual te equivocas. Segundo porque la concepción es cosa de dos y no sabes si pasa algo con la segunda persona.

“A lo mejor no te quedas porque estás gorda/demasiado delgada”. Esto suele venir acompañado de un “mi prima no se quedaba porque estaba gorda/demasiado delgada, se lo dijo el médico”. Sin comentarios.

Y estas son algunas cosas que puedes decir, además de “sé que es muy duro, lo estás pasando muy mal. ¿Quieres un café?”.

¿Te ha visto el médico? ¿te han dicho por qué os pasa esto? Si estás preocupada, ve al médico si aún no lo has hecho. Hay muchos problemas que tienen una solución muy sencilla, como tomar medicación.

Algún comentario positivo sobre su pareja o su relación que NO sea “bueno, vosotros ya sois felices juntos sin tener niños”. Es decir, algo del estilo de “os queréis mucho, se os ve bien juntos, cuando vengan será un buen padre, esto es muy duro pero seguro que os dais mucho apoyo”.

“Todavía eres joven” acerca de la crianza. Algo que se resuma en “ahora tienes más experiencia de la vida que con 25 años, y cuando vengan, serás una buena madre”.

“Hacer dieta/hacer ejercicio puede que te haga sentirte mejor, y si te quedas embarazada estarás más sana y mejor preparada”. No hablo de recomendar hacer dieta a una mujer gorda porque está gorda, sino de animar a quien lleva una vida sedentaria, o a quien no está comiendo sano, a hacerlo por sí misma, no por sus supuestos beneficios para la concepción.

Sugerencias de cosas concretas, útiles y agradables que alivien el estrés y la ansiedad, si tiene.

“A mí me pasó lo mismo que a ti”. Cuando es relevante, claro.

Y si estás en esta situación y has llegado aquí buscando consejo, ve al médico. Y si no te da solución, busca otro. Si eso ya está controlado, mucho ánimo y suerte.

El aborto de ella, el aborto de él.

Había una vez una pareja que se quería mucho. Cuando ella se quedó embarazada, necesitó un aborto, y los dos sufrieron mucho. Les afectaba a los dos.

Ella se había estudiado los recovecos legales del permiso de maternidad. Él no.

Ella tuvo que faltar al trabajo para ir al médico, y mentir. Él podía ir, o no.

A ella le hicieron preguntas. Le sacaron sangre. Le metieron instrumental en el cuerpo. Eso era solo para explorarla, el aborto vino luego.

Los dos recibieron con pena la noticia de que esta vez quizá era mejor abortar.

Ella hizo una composición mental de calendario para volver a intentarlo, la baja por maternidad unida a las vacaciones. Él no.

Ella tuvo que volver a faltar al trabajo sin remedio el día del aborto y pensarse si faltaba o no un par de días más. El la acompañó.

A ella le dolía. A ella le hicieron un procedimiento médico más o menos igual de doloroso que un empaste dental. A él no.

Ella se arriesgaba, poco pero se arriesgaba, a una infección. Él no.

Ella podía ser juzgada como buena o mala madre potencial; una mujer, según se mire, responsable o egoísta. Él no.

Los conocidos y familiares le hablaban a ella con pena. A él no.

A ella le preguntaban “¿lo vas a volver a intentar?” o le aconsejaban “sigue intentándolo, pero no te obsesiones”. A él no.

Los dos veían cómo el aborto, el embarazo, y el hijo tan deseado pero que no fue, se asumía, en las leyes, en la prensa,  en el trabajo, en la calle, como un asunto de ella. Siempre de ella. Y de él, no.

Feminismo interseccional, cuestión de vida o muerte.

kasturbaUn paritorio en Nueva Delhi. Fotografía de Lynsey Addario.

El feminismo es una cuestión de vida o muerte. Cuando se es una mujer blanca, con trabajo, razonablemente sana y que no pasa hambre, las cuestiones de vida o muerte se reducen, pero una mirada a la prensa nos recuerda de dónde venimos, y también, que la lucha feminista no nos afecta a todas por igual. Por ejemplo, publicaba El País hace un par de días que entre los “Objetivos del Milenio”, el quinto, la mejora de la salud materna, no se está cumpliendo según lo previsto. “Mejora de la salud materna” es una manera afirmativa de decir “que las mujeres no se mueran en el embarazo, el parto, o poco después de parir”.

En este riesgo de muerte entran muchos factores. Es transversal y terrorífico. A continuación voy a desmenuzar algunas de las causas por las que parir en muchas partes del mundo es jugarte la vida.

Si las niñas estudian, retrasan el matrimonio y el primer hijo. Ello repercutirá en su salud. Que ello ocurra depende de que la educación sea gratuita o barata, que la familia disponga de medios para gastos escolares, que los padres no piensen que vender a su hija les reportará un beneficio, y de que los padres consideren que las niñas merecen una educación, tanto si van a ser amas de casa como si no. Casi todos estos factores son económicos, o de clase. Algunos pueden afectar a niños y a niñas: se puede organizar un sistema público de educación que sea mixto, igualitario, segregado, con medidas específicas de apoyo para las niñas…. En muchos países, subvencionar los comedores escolares o el uniforme de todos o de las niñas puede hacer que las niñas sean menos vistas como una carga.

Puede que tengas acceso a un sistema de salud decente, y puede que no. En algunos países no lo hay para nadie, pero lo normal es que los ricos y sus mujeres sí tengan sanidad a su disposición. La salud también depende de la higiene: tener agua corriente, cuartos de baño. Esto también es cuestión de clase.

Una cuestión que no es tanto de clase es que la medicina trata a la mujer como un hombre con mamas y útero. Se toman los valores normales para los hombres, se observa su efecto en el sistema reproductor femenino, y ya tienes lo que la medicina considera la normalidad. En ese punto de vista, una embarazada no es un ser humano: es un útero con patas.El artículo enlazado señala cómo está poco estudiado el efecto de la maternidad en enfermedades infecciosas.

Además, ¿hay presión social para tener muchos niños? Más partos, más riesgo. Donde eso ocurre, suele ser porque los niños trabajan o son considerados, da igual por qué motivo, una inversión. Por ejemplo, porque cuidarán de sus padres cuando sean viejos. Porque se asume que van a morir varios, así que mejor tener trece y que sobrevivan cinco. Donde los niños y niñas no trabajan, donde las niñas no tienen que cuidar de sus hermanitos, donde hijos o hijas no son un seguro para la vejez, hay menos necesidad de tener muchos hijos.

¿Cómo son los primeros días o semanas tras el parto? ¿La recién parida puede descansar? ¿Puede ir al consultorio? ¿Puede comer adecuadamente? ¿Hay personas que pueden cuidarla a ella o a los hijos pequeños mientras ella se encarga del recién nacido? Aquí pesa la clase y también la familia. El padre, ante todo, o la red familiar que la mujer tenga. Quién se haga cargo dependerá de cada cultura. Sería ideal que estos cuidados fueran profesionales. Lo que sí va a depender más del padre es que la familia pueda prescindir del trabajo de la mientras descansa o va al consultorio. En algunos casos, será incluso concienciar a los hombres no para que se encarguen ellos de lo doméstico, sino para que den permiso a sus esposas. Esta tarea de educación no se puede dejar exclusivamente en la interesada. Corresponde a la sociedad… a los otros hombres.

También dependerá de factores económicos y de la educación de los hombres el acceso a anticonceptivos.

Por terminar con una reflexión, ¿estamos en una sociedad que valora a las mujeres como seres humanos, o como mulas y parideras? ¿interesa que sobrevivamos?

Morir tras parir en un país pobre es una situación extrema, pero ejemplos hay a patadas. Vayamos al otro extremo, a la situación de mujeres blancas y ricas. Cuenta Verónica del Carpio en su blog que el 50% de la judicatura en España son mujeres. Y muy pocas llegan a la élite: Tribunal Supremo, etc. El blog facilita un par de datos objetivos sobre la evolución de la carrera profesional de las juristas. Hace décadas que las mujeres son mayoría entre quienes se licencian en Derecho, por una parte, y la inmensa mayoría de las excedencias por cuidado de hijos entre jueces y fiscales se las cogen mujeres y no hombres.

¿Qué lleva a las chicas que acaban la carrera de Derecho a no sacarse unas oposiciones? El machismo de los tribunales de oposición, quizá. También lo caro que sale prepararse unas oposiciones. La necesidad de dedicarte en cuerpo y alma a estudiar, mucho más que durante la carrera, y además sin becas. Una vez en la judicatura, ¿qué? De nuevo: cuestión de clase: ¿puedo permitirme preparar esa oposición, esa mudanza, ese dejar a los niños solos? Y también un problema con los hombres. Novios, esposos, el padre de los hijos, que no ponen las cosas fáciles. Nos encontramos el machismo en la carrera profesional, pero el dato sobre excedencias para cuidar de los hijos revela que también lo tenemos en casa.

Yo lo tengo claro. Si el feminismo va a llegar a alguna parte, va a ser teniendo en cuenta la intersección género/clase, e implicando a los hombres hasta en lo más pequeño. Eso no significa que deje de hablar de series de TV, chistes, o zapatos. Me refiero a dónde está la solución de los problemas graves. Y en un mundo con muchas mujeres con dinero/tiempo de ocio (¡clase!) y facilidad para producir cultura (¡clase!), imaginad qué películas habría.

El aborto, ¿cosa de dos?

En estos días en los que se ha criticado tanto la reforma del aborto que quiere hacer Gallardón, he oído un argumento peligroso: “el aborto es cosa de dos”; “en una pareja estable el padre debe ser escuchado”. Esto parte de una fantasía, que es la siguiente situación:

Había una vez una pareja estable, sin problemas reseñables. La mujer se quedó embarazada (de su pareja estable) y abortó sin el consentimiento, quizá contra la voluntad, de su abnegada pareja, que deseaba ese bebé más que nada.

Los creyentes en este cuento tienen opiniones variadas sobre cómo limitar el daño que hace esa mujer de fantasía. He oído que el aborto debe ser libre “pero”; también que escuchar la opinión del padre-caso-de-haberlo debe formar parte de las vallas de la carrera de obstáculos que se ponen entre la mujer y el aborto, al nivel de medidas como los días de espera. Y también, lo más extremo, que las leyes de supuestos y no de plazos tienen la virtud de eliminar este peligroso “aborto sin consentimiento del padre”.

El cuento se desmorona a poco que lo observemos. En primer lugar, está qué pasa dentro de las parejas estables. Una de las cosas que podrían estar ocurriendo es una situación de violencia de género, con su consiguiente coerción reproductiva. Sí, hasta que no te lo explican no caes en la cuenta: los maltratadores quieren tener a su víctima controlada, y pocas cosas te tienen más controlada que ser madre. Aquí hay mucha más información, en inglés. Esa mujer en una pareja estable que aborta a escondidas puede que se quedara embarazada a consecuencia de una violación que no quiere denunciar; tras un sabotaje a su anticoncepción; o simplemente, no quiere estar embarazada de un hombre que podría matarla.

Y si no es el caso ¿por qué querría ocultar algo tan serio una mujer que hemos dicho que es razonablemente feliz con su pareja? Aquí se oculta la misoginia, el miedo a que la mujer sea mentirosa o egoísta. ¿No te has parado a pensar qué razones tiene ella para desear acabar con ese embarazo? ¿No confías en ella?

Además, pedir hijos es sencillamente pedir demasiado. Los hombres abandonan a sus hijos impunemente, todos los días. Eso lo sabe la mujer desde que veía quién le ponía la comida y quién le cambiaba los pañales; cuando la llevaban al colegio y veía que había niños con madres solteras y niños al cuidado de los abuelos, pero niños al cuidado del padre, pues no. No lo llevamos en la sangre: es una lección que hemos aprendido. Dado que los hombres pueden desentenderse si quieren, es desmesurado que si deciden implicarse tenga que ser a costa de la autonomía personal y la salud de una persona que no desea estar embarazada.

Hay que insistir en este tema de la salud y la autonomía. Ninguna persona te debe nada; no puedes obligar a nadie, ni a tus padres, ni a tus hijos, a darte, por ejemplo, sangre o médula ósea, ni a arriesgar su vida por ti. Un embarazo no es una enfermedad pero conlleva molestias, pérdida de calidad de vida, y potencialmente, trastornos agudos y crónicos. Como mínimo te pasas nueve meses sin poder tomar ni una pastilla para el dolor de cabeza. Vómitos, cansancio, dolor, diabetes, hipertensión, incontinencia urinaria, estreñimiento, hemorroides. Una anestesia y que te rajen la barriga, o un proceso doloroso por naturaleza y que la medicina vuelve humillante, que incluye que te rajen los genitales, explicado muy bien aquí. Y aunque el embarazo no fuera una situación en la que te estás jugando la vida, es la única situación en la que te permites opinar sobre mis órganos internos.

A veces toda esta fantasía se disfraza de corresponsabilidad. Los hijos son de los dos, los cuidados son de los dos, hagamos el embarazo también de los dos. Es una trampa: es seguir manteniendo la propiedad patriarcal del aparato reproductor. ¿Quieres hijos? Asume obligaciones después de que nazcan. Antes, no pidas lo que no es tuyo.

El aborto por supuestos y sus problemas

En primer lugar, como bien indica @indvbio, nadie es “pro-aborto”, porque a nadie le gusta el aborto. Hay absoluto consenso en que el aborto es el fracaso de la anticoncepción o de un embarazo (incluso deseado). Se puede ser pro-anticoncepción, pero pro-aborto no es nadie. Pro-derecho a decidir queda muy largo, pero de momento es lo que hay.

Supongamos que el embrión o feto es un ser humano. Ante esto, recomiendo este texto de Carl Sagan. Mi interpretación: ante los intereses de la embarazada y los intereses del embrión, una medida salomónica utilitaria es considerar humano al feto capaz de mostrar ondas cerebrales humanas típicas (semana 30). Otra medida que se puede aplicar es la capacidad de sentir, es decir, la presencia de cualquier clase de actividad cerebral (semana 22). De todas maneras, sigue dando igual: si el embrión es persona, tenemos que hacer frente a intereses contrapuestos, como en todas las demás situaciones jurídicamente relevantes.

Desde un punto de vista puramente práctico, no nos interesa que el embrión sea persona legal. Los abortos espontáneos deberían llevarnos a juicios por homicidio (involuntario, o negligente). 3 años de cárcel, por ejemplo, para una embarazada drogadicta. 25 años de cárcel por cada aborto. Si crees que eso no es bueno ni justo, es que el feto no es una persona.

Algunos defienden la existencia de supuestos legales para permitir abortar. Esto significa algo bastante ruin: que unos fetos son más valiosos que otros, y que quienes no están pasando por un embarazo (legisladores, jueces, personal sanitario) pueden decidir sobre el mismo, mejor que la mujer que sí está embarazada.

Algunos supuestos comunes son: la violación. Pensar que un feto puede ser abortado porque su madre no deseó el acto sexual quiere decir que el acto sexual deseado debe ser castigado con un embarazo. El tópico “si tuviste relaciones sexuales, enfréntate a las consecuencias” desvela una actitud de castigo. Creí que se trataba de salvar vidas. Y un aborto, queridos, ya es una consecuencia. Aparte, me repugna la idea de que si los embriones son personas, un embrión fruto de una violación tiene menos derechos que un embrión que no lo es.

Otro supuesto: el riesgo para la salud o la vida de la madre. Aquí el problema es fundamentalmente, cómo delimitamos “salud”, y “riesgo para la vida”. Y tendríamos médicos que no realizan una operación para no arriesgarse a que se les denuncie. Y la posibilidad de que la embarazada muera, e incluso el feto también, si se valora que lo que corre peligro no es la vida sino la salud, y no lo suficiente como para justificar el aborto. Por ejemplo, en caso de cáncer.

Un supuesto también complicadísimo, más que los anteriores: las malformaciones del feto. Pueden ir de inviabilidad completa, es decir, acortar un embarazo que no puede llegar a término porque el embrión morirá antes, o la expulsión provocada de fetos muertos, hasta abortar fetos que podrían ser personas discapacitadas pero sin mayores problemas. Por ejemplo, síndrome de Down. Que una ley permita abortar en cualquiera de estos casos, y no en general, supone una declaración estatal de inferioridad de seres que hemos supuesto, para empezar, que son seres humanos. Que no lo permita en absoluto, es una aberración y una tortura psicológica para las embarazadas.

Ante esto, el aborto libre supone, simplemente, confiar en que cada mujer embarazada sabe qué es lo mejor para ella y para su familia. Que somos capaces de tomar solas decisiones morales, y tomarlas bien. Suponer que si no se prohíbe el aborto, lo usaremos mal, es tratarnos como a niñas, asesinas, o animales de cría.