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Mínima introducción a la formación del profesorado.

Al principio del verano siempre hay un runrún sobre qué estamos haciendo los docentes en julio y si no sería buena idea que nos dedicáramos a hacer cursos de formación. Por eso este mes me parece un buen momento para escribir algo muy básico sobre cómo funciona la formación continua del profesorado, al menos en Andalucía. Lo escribo pensando sobre todo en futuros profesores que no hayan opositado ni nada de eso y quieran saber cómo es seguir formándose (oficialmente) una vez ya estás trabajando.

La formación continua tiene un par de alicientes externos muy claros. El primero es que da puntos para el concurso de traslados. ¿Qué es eso? Pues verás, cuando eres profesor, tu experiencia, tu formación, y todo lo que hace currículum como haber sido jefe o coordinador de cualquier cosa, se convierte en “puntos” para que el baremo se lo más objetivo posible. Desde que entras en el proceso, te ponen en orden de puntos con los demás profesores de tu especialidad, tú solicitas dónde quieres trabajar, y te pasas unos años sin un lugar fijo, obligado a echar el papel de “los destinos” todos los años. Luego te hacen fijo, probablemente muy lejos de donde quieres estar, y cuando acumules suficientes puntos pues te planteas pedir traslado a donde sea. Casi nadie empieza trabajando donde quiere porque las ciudades y su zona metropolitana están muy disputadas, y las zonas rurales no, aunque en un centro lejano a las capitales se puede trabajar muy a gusto.

El segundo estímulo externo para formarse son los sexenios. Cada seis años puedes optar a un pequeño suplemento en el sueldo que está condicionado a haber hecho cursos de formación en los seis años anteriores. Son cuatro perras, pero ahí están.

Es decir: no estamos obligados a formarnos(*) pero tenemos dos estímulos externos para ello. Ahora, ¿qué cosas hacemos?

Una de las más populares son los cursos de idiomas. Una titulación oficial tiene valor en sí misma, y en segundo lugar, puede capacitarte para dar clase en centros bilingües. Una rareza del sistema es que si eres, como yo, profesora de idiomas, los títulos oficiales de la Escuela de Idiomas de la misma lengua de la que eres profesor puntúan igual que para otras personas, porque la Administración educativa, en su sabiduría, cree que una Filología no demuestra competencia comunicativa en el idioma. Capacidad de enseñarla sí, capacidad de comunicarme yo, no. Absurdo, ¿verdad? Los profesores de idiomas, de todas formas, no solemos sacarnos el título de la EOI de nuestra lengua. Las ventajas externas no son suficientes porque examinarte de algo que ya te sabes es caro y además aburrido.

Otra opción posible pero minoritaria es estudiar otra carrera o algún tipo de posgrado, como un doctorado o un máster. Conozco muy pocos doctores que sean profesores de Secundaria y casi todos lo hacen porque empezaron el doctorado, luego se metieron a profesores y quisieron terminar lo que habían empezado. Estudiar una segunda carrera se lo he visto hacer a profesores de asignaturas a los que se ha ido quitando importancia en la escuela, para tener una segunda opción: mi tío, profesor de Latín, hizo Filosofía y cambió de especialidad. Mi profesora de Latín del instituto hizo Filología Italiana y ahora es profesora de italiano. Un profesor de magisterio que me dio un curso hizo Derecho y acabó de asesoría jurídica en inspección educativa. Siempre es gente que estudia por puro placer y luego le busca uso práctico.

Si ya entramos en la formación específica para profesores, lo principal depende de los llamados “CEPs”, que son los “Centros de Formación del Profesorado”. Son comarcales; Huelva tiene tres. Esto ofrece posibilidades en el propio centro educativo. En la formación en centros puedes solicitar que un curso te lo den en tu mismo lugar de trabajo, por las tardes. También puedes crear un “grupo de trabajo”; un profesor coordina a unos cuantos y entre todos, a lo largo de todo un curso, con la ayuda del CEP, realizan alguna tarea como por ejemplo creación de materiales educativos. Esto suele coordinarse online porque hay que rendir cuentas al CEP de que efectivamente estás trabajando en algo.

Los cursos pueden ser presenciales, semipresenciales o a distancia. La parte “semi” o a distancia casi siempre es online. Durante el curso, la parte presencial casi siempre es por la tarde y la mayoría de los cursos son de unas 20-30 horas. También hay “jornadas”; la diferencia entre un curso y una jornada es mínima, pero las jornadas o encuentros suelen ser más cortas y ser más un “vamos a reunirnos todos”, o un conjunto de sesiones muy breves, por ejemplo cuatro talleres de una hora todos en el mismo día.

Es muy excepcional que la formación sea en días lectivos y por la mañana. Si lo solicitamos con antelación, nos dan permiso, aunque depende de que alguien juzgue que es realmente formación sobre educación.

Como puede verse, de las muchas alternativas que tenemos sólo algunas tienen sentido que se realicen, si uno quiere, en julio. Estudiar idiomas, una titulación universitaria, o montar un grupo de trabajo es algo que necesita un seguimiento continuado. Yo prefiero hacer cursos en el segundo trimestre, el más tranquilo académicamente. Si alguien quiere formarse en julio, me parecería, como mucho, un buen momento para encuentros y congresos de varios días, para vernos las caras, algo que durante el curso no hacemos para no tener que faltar a clase.

(*) En contadas ocasiones sí hay una obligación de formación. Por ejemplo, hay cursos para quienes son directores de centro educativo por primera vez.

Mañana, al EBE

Esta semana es Evento Blog en Sevilla, y es la segunda vez que voy; la anterior fue en el 2009. Y la verdad es que si no he vuelto hasta ahor es porque en aquella ocasión no me lo pasé demasiado bien. Hay razones que no tienen remedio, como que no se me da bien el “pasilleo” y que aquello tenía una orientación profesional que no tenía nada que ver con mis intereses. También hubo razones que sí habrían tenido solución: por ejemplo, yo apenas usaba twitter entonces y era la herramienta básica de comunicación de los presentes (o al menos eso parecía). Ir sin smartphone ni portátil tampoco fue una buena idea. Fue tanto por moticos técnicos como por ignorancia.

Esta vez, parte de estos problemas no se dan. Sigo siendo lo peor del mundo para el pasilleo, para esas conversaciones de tanteo con desconocidos, pero esta vez conozco a muchos asistentes, no como entonces. Me pongo de deberes no pegarme como un bebé asustado a mis viejos amigos (hola, @darkblue).

Esta vez sí tengo teléfono con conexión a internet. A veces es precisamente un iniciador de conversaciones (“¡qué pequeño!”). Y me manejo mejor por twitter. No, mentira: estoy malamente enganchada. También me pongo de deberes pasar más tiempo relacionándome con gente allí presente que tuiteando.

Lo mejor que saqué de mi primer evento blog fue twitter. Lo recuerdo así: conocer en persona a @annalibera, empezar a usar twitter, que ya tenía pero muy pequeñito, más que nada para continuar el germen de conversación empezado entonces. A través de Anna conocí a más gente. Ahora leo a casi doscientos, que de distintas maneras, me han enseñado de todo. Algunos son ahora amigos míos. No puedo prever cómo me va a cambiar este EBE la vida, pero me gustaría aprender algo, conocer alguna herramienta interesante y completamente nueva para mí. El contenido de las charlas está muy centrado en aspectos profesionales que no tienen mucho que ver conimgo, así que lo que descubra será una sorpresa.

Y esto es todo. Creo que son unas expectativas modestas. Estoy recelosa, aunque razonablemente optimista. La de los rizos soy yo, si me ves por allí, saluda.

 

EABE 12

Este fin de semana he participado en el Encuentro Andaluz de Blogs Educativos 2012 (EABE 12), que tuvo lugar en Carmona (Sevilla). No estaba allí por tener un blog educativo, ni yo ni la mayoría de los participantes, porque en sus cuatro convocatorias este encuentro ha acabado por convertirse en “Encuentro de la comunidad educativa con interés en la innovación”. Comunidad educativa y no profesorado porque allí había de todo. Infantil, primaria, secundaria, universidad. Familias, docentes, y personal tipo Orientación/Educación Social. Nada más que faltaba personal de limpieza y mantenimiento, y políticos.

Mi experiencia de novata total fue estupenda. El encuentro tenía un equilibrio excelente entre hacer contactos y vida social, trabajar pequeños proyectos en grupos de unas 10 personas, y sentarse a escuchar mesas redondas (había ronda de preguntas pero fueron mucho más breves que la parte de escucha). Además, a pesar de que muchos participantes tenían larga experiencia en EABEs o en los temas que se trataron, se nos acogió muy bien a los que no conocíamos a nadie o no tenemos las cosas nada claras cuando se está hablando de innovación educativa de calidad.

¿Y qué es eso de la innovación educativa? Pues lo llamo así porque no se trataba exactamente de hablar de “internet en el aula” o de nada parecido sino de una concepción global de una enseñanza más práctica y mejor. Las TIC se dan por supuestas, y lo que se comentó sobre ellas casi se limitó a comentar si en un centro o en otro se disponen de todos los medios necesarios para las actividades que quiere hacer un profesor. El centro del debate sobre el tema fueron más bien las redes profesionales, es decir, cómo el uso de todo tipo de tecnologías permiten expandir las redes de comunicación con el fin, ante todo, de mejorar lo que hacemos en las aulas todos los días. También se habló de las virtudes (e inconvenientes) de las redes físicas. Al fin y al cabo, el EABE es un creador físico de redes a distancia.

Otro axioma en el entorno EABE es la maldad de los libros de texto. La idea número uno es que el libro de texto es natural e inevitablemente malo, siempre, y que impide toda actividad creativa. No estoy de acuerdo, aunque creo que es difícil encontrar un libro que esté bien. No sólo que sea de un nivel de dificultad adecuado para unos alumnos concretos, y más o menos de mi gusto: objetivamente bien, bien para unos alumnos ideales. Hay pocos así. Pero de libros de texto hablo otro día. Aquí se habló fundamentalmente de que los libros favorecen un método de trabajo pasivo y con todos los defectos de la educación tradicional. Lo que se plantea como alternativa al libro de texto es, fundamentalmente, el aprendizaje colaborativo (que los alumnos se ayuden y enseñen unos a otros), y el trabajo por proyectos. Los proyectos empiezan en “escribe una redacción sobre un tema que vas a tener que investigar tú porque yo no te lo voy a explicar”, así que no hay por qué pensar que trabajar por proyectos tiene que ser necesariamente complicado. Dar clase de una manera que obligue a los alumnos a ser activos, intentando prescindir del libro de texto o usándolo solo como guía, es un reto, más un ideal al que intento llegar que la práctica diaria.

Se habló también mucho de familias, y aquí desgraciadamente estábamos hablando a quien ya está convencido, y si no dime a mí qué pintan unos padres echando un fin de semana metidos en un hotel hablando no de sus hijos sino del sistema educativo y la educación en general. Toma ya. Algo sí se dijo sobre la necssidad de los profesores de ser abiertos, de estar disponibles para las familias, y reconozco que en secundaria tenemos muy poca empatía con los padres de los alumnos que comienzan y terminan ciclo. Como no soy madre, no se me había pasado nunca por la cabeza la idea de que un padre puede estar muy preocupado o asustado simplemente porque su hijo cambia de centro o empieza etapa. Otros temas sí, pero no ese. Creo que debería haber más encuentros de padres y docentes no centrados en las notas, para que nos entendiéramos todos mejor.

Si algo cambiaría en los EABES del futuro es que sean más largos: intervenciones de 1 hora en vez de 45 minutos, y más descansos. Dos días en vez de uno y medio.

Al final, además de nuevos contactos vía twitter, después de dos días enteros de reposo las ideas que me quedan son sencillas, buenas para mis alumnos, y realistas: más TIC, más comunicación con otros profesores, más creatividad, más familia.

EABE 12

Este fin de semana he participado en el Encuentro Andaluz de Blogs Educativos 2012 (EABE 12), que tuvo lugar en Carmona (Sevilla). No estaba allí por tener un blog educativo, ni yo ni la mayoría de los participantes, porque en sus cuatro convocatorias este encuentro ha acabado por convertirse en “Encuentro de la comunidad educativa con interés en la innovación”. Comunidad educativa y no profesorado porque allí había de todo. Infantil, primaria, secundaria, universidad. Familias, docentes, y personal tipo Orientación/Educación Social. Nada más que faltaba personal de limpieza y mantenimiento, y políticos.

Mi experiencia de novata total fue estupenda. El encuentro tenía un equilibrio excelente entre hacer contactos y vida social, trabajar pequeños proyectos en grupos de unas 10 personas, y sentarse a escuchar mesas redondas (había ronda de preguntas pero fueron mucho más breves que la parte de escucha). Además, a pesar de que muchos participantes tenían larga experiencia en EABEs o en los temas que se trataron, se nos acogió muy bien a los que no conocíamos a nadie o no tenemos las cosas nada claras cuando se está hablando de innovación educativa de calidad.

¿Y qué es eso de la innovación educativa? Pues lo llamo así porque no se trataba exactamente de hablar de “internet en el aula” o de nada parecido sino de una concepción global de una enseñanza más práctica y mejor. Las TIC se dan por supuestas, y lo que se comentó sobre ellas casi se limitó a comentar si en un centro o en otro se disponen de todos los medios necesarios para las actividades que quiere hacer un profesor. El centro del debate sobre el tema fueron más bien las redes profesionales, es decir, cómo el uso de todo tipo de tecnologías permiten expandir las redes de comunicación con el fin, ante todo, de mejorar lo que hacemos en las aulas todos los días. También se habló de las virtudes (e inconvenientes) de las redes físicas. Al fin y al cabo, el EABE es un creador físico de redes a distancia.

Otro axioma en el entorno EABE es la maldad de los libros de texto. La idea número uno es que el libro de texto es natural e inevitablemente malo, siempre, y que impide toda actividad creativa. No estoy de acuerdo, aunque creo que es difícil encontrar un libro que esté bien. No sólo que sea de un nivel de dificultad adecuado para unos alumnos concretos, y más o menos de mi gusto: objetivamente bien, bien para unos alumnos ideales. Hay pocos así. Pero de libros de texto hablo otro día. Aquí se habló fundamentalmente de que los libros favorecen un método de trabajo pasivo y con todos los defectos de la educación tradicional. Lo que se plantea como alternativa al libro de texto es, fundamentalmente, el aprendizaje colaborativo (que los alumnos se ayuden y enseñen unos a otros), y el trabajo por proyectos. Los proyectos empiezan en “escribe una redacción sobre un tema que vas a tener que investigar tú porque yo no te lo voy a explicar”, así que no hay por qué pensar que trabajar por proyectos tiene que ser necesariamente complicado. Dar clase de una manera que obligue a los alumnos a ser activos, intentando prescindir del libro de texto o usándolo solo como guía, es un reto, más un ideal al que intento llegar que la práctica diaria.

Se habló también mucho de familias, y aquí desgraciadamente estábamos hablando a quien ya está convencido, y si no dime a mí qué pintan unos padres echando un fin de semana metidos en un hotel hablando no de sus hijos sino del sistema educativo y la educación en general. Toma ya. Algo sí se dijo sobre la necssidad de los profesores de ser abiertos, de estar disponibles para las familias, y reconozco que en secundaria tenemos muy poca empatía con los padres de los alumnos que comienzan y terminan ciclo. Como no soy madre, no se me había pasado nunca por la cabeza la idea de que un padre puede estar muy preocupado o asustado simplemente porque su hijo cambia de centro o empieza etapa. Otros temas sí, pero no ese. Creo que debería haber más encuentros de padres y docentes no centrados en las notas, para que nos entendiéramos todos mejor.

Si algo cambiaría en los EABES del futuro es que sean más largos: intervenciones de 1 hora en vez de 45 minutos, y más descansos. Dos días en vez de uno y medio.

Al final, además de nuevos contactos vía twitter, después de dos días enteros de reposo las ideas que me quedan son sencillas, buenas para mis alumnos, y realistas: más TIC, más comunicación con otros profesores, más creatividad, más familia.

Deseos

De mi primera lista de deseos se han cumplido dos. ¿Tendré la misma suerte esta vez? La clave debe ser tener deseos pequeños.

1. Comer algo frito y callejero. Pescado, lo que sea. El caso es que esté frito y no tener que prepararlo yo. Imagino que caerá en el EABE, que es la próxima vez que voy a salir por ahí.

2. Pasármelo bien y conocer a mucha gente en el EABE.

3. Leer por primera vez una historia de amor muy apasionada, muy bien escrita y muy larga. Una película también me serviría. Vamos, lo que quiero es no haber leído nunca Jane Eyre para poder leerla por primera vez.

¿Se cumplirá alguno?