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21 días, día 16. De reuniones.

DSC_0041Hoy tengo lo de todos los lunes, y reuniones de propina por la tarde. Las grandes novedades son la calefacción y que el despachito del departamento de inglés vuelve a tener ordenador. Eso sí, no lo apagamos por si luego no se puede volver a encender.

Empezamos con 4º. Les comento muy brevemente los resultados desastrosos de sus exámenes, les hago un simulacro de qué nota tendrían si el curso acabara hoy (suspenderían 5 de 15) y les digo quién debe repetir la redacción para mejorar esa nota. Se lo toman bien, nadie protesta. Uso unas fotos sacadas de internet para que vean en el proyector cómo era el teatro isabelino, y vemos unos 45 minutos de Romeo y Julieta. Llegamos a la muerte de Mercuccio y me encanta verlos serios y sorprendidos.

En mi hora de biblioteca, recatalogo. Es un trabajo que he tenido que aprender sobre la marcha. La coordinación de la biblioteca se le asigna a algún voluntario o a quien la directiva considere adecuado, y la formación es escasa y parcheada. Los cursos de formación son para todos los niveles, desde Infantil, y aúnan fomento de la lectura con gestión de la biblioteca. Es todo demasiado amplio. Yo he estado en tres o cuatro minicursos presenciales de “Plan de Lectura y Bibliotecas” y nunca me han dado información de gestión bibliotecaria propiamente dicha. Podría haber hecho algún curso no presencial, pero por unas cosas o por otras no lo he hecho, y por eso todo ha ido improvisado, sobre la marcha. La catalogación de los libros de “no ficción” ha sufrido por ello. Cuando llegué, estaban sin catalogar casi todos y yo los añadí a las categorías “Ensayo” y “Otros”. Entonces descubrí la clasificación decimal universal y con la ayuda de algunos tuiteros como @srpichon y @marmota_llorona, reordené esa sección. Tengo bien clasificada la mitad. Son muy pocos libros y muy en su mayoría muy poco útiles en un centro de Secundaria, donaciones y cosas así. Más tarde, en el recreo, mis ayudantes pegan tejuelos en estos libros.

En 3º, algunos alumnos no paran de reírse e incordiar en toda la hora. Explico un tema de teoría que  mí me parece complejo pero no hacen preguntas ni ponen pegas. Cuando alguien dice que un tipo de ejercicio se le da mal, les cuento lo que a mí me enseñaron en la carrera: que para alcanzar un nivel “intermedio” en una lengua extranjera hay que trabajarla, se dice, unas 4,000 horas. Calculamos cuántas llevan ellos: desde que entraron en el colegio, unas 1200. Les pongo como tarea para Junio que calculen aproximadamente las horas de este curso, redondeando las vacaciones, y separando leer, escribir, escuchar, hablar y gramática, y que busquen maneras de aumentar la parte comunicativa con canciones, películas, etc. Digo “Si no habéis hecho miles de horas, no podéis decir que se os da mal: sólo es que no habéis trabajado lo suficiente”. Por sus caras, parece que me creen.

Termino la mañana con 1º. Están muy revoltosos y se enteran de las cosas regular. El nivel está muy dividido en tres tercios, y se nota. Un niño que va bien me interrumpe y me pide que vaya a su mesa para contarme naderías como si fueran secretos importantes. Esta necesidad de contar cosas en privado, de que se les preste atención individualizada,  veces es muy agobiante en este nivel, pero en esta clase pasa poco. Algunas niñas no trabajan; si se les pregunta, dicen que no sabían qué tenían que hacer.

Por la tarde, tenemos reuniones de equipo educativo. Antes, se convocaban cuando el tutor lo consideraba necesario para comentar algún problema concreto de la clase pero ahora las tenemos todos a la vez en mitad de trimestre. Sirven para comentar la marcha general de los grupos, conflictos que haya, propuestas de mejora tanto sencillas como cambiar la distribución de la clase o protocolos que necesitan de la intervención de la orientadora. Y se comentan también los problemas individuales de los alumnos. Es una información muy valiosa porque interesa saber si tal o cual alumno tiene problemas en general o sólo contigo, por ejemplo.

Estamos citados a las 4:30, con una lista ordenada de los grupos, que no están programados cada uno a una hora sino todos seguidos para ahorrar tiempo. Eso nos obliga a pasar la tarde entera en el centro por si ya le toca a un grupo en el que nosotros demos clase. Cada reunión dura alrededor de media hora. Antes de que los profesores lleguemos, los alumnos de 4º han puesto el tenderete de la foto, con su termo de café y su leche, para vendernos la merienda y pagar su excursión de fin de curso. Me recuerdan a ese eslogan que decía “ojalá los ejércitos se financiaran con rifas y pasteles y en los colegios no faltara de nada”.

Entre reunión y reunión, corrijo los exámenes de 1º. Efectivamente la clase está muy dividida, unos muy bien y otro muy mal. Lectura y escucha bien, vocabulario muy bien, gramática y escribir entre mal y muy mal. Nadie lo deja en blanco. Entre 2 y 5 personas tienen problemas de comprensión o motivación que empiezan a parecerme insalvables.

Cuando termino mi última reunión, a algunos compañeros aún les queda otra hora. Dos alumnos de 4º, chico y chica, esperan pacientemente a que alguien les compre trozos de la media tarta que les queda.

Horas lectivas: 3.
Horas no lectivas: 1:30
Horas reales trabajadas: 8:30.

 

21 días, día 11. Exámenes.

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Hoy tengo, en principio, un día tranquilo: guardia, una clase, tres exámenes. En la guardia, falta un profesor. Me confirman que no tengo que darles ninguna tarea. Como el grupo ocupa el aula de al lado de la biblioteca, me los llevo. Se sientan todos al fondo. Mientras hacen sus cosas, catalogo libros y hago fotos. No les obligo a estudiar, pero algunas niñas me preguntan dudas de inglés. Aviso varias veces de que pueden jugar con sus portátiles, pero no poner música ni ningún juego con sonidos. No es por mi dolor de cabeza, sino porque siempre me molesta ese ruido añadido al griterío que están montando. Es la única regla que impongo, porque me parece demasiado duro hacerles guardar el silencio de los exámenes y no saben estar en un término medio.
Un compañero me releva y voy a hacer fotocopias de los partes que puse ayer. Cuando a se pone un parte, hay que hacer fotocopias para el tutor, para el jefe de estudios y para el alumno, y llamar a su casa para informar de lo ocurrido. La comunicación es doble, oral y escrita, para estar completamente seguros de que la familia está informada de un proceso que puede acabar en expulsión.

De ahí me voy a mis exámenes. Espero a que guarden el material; siempre hay alguien repasa sus apuntes hasta que digo dos o tres veces que no reparto los exámenes hasta que lo retiren todo. Explico en español qué hay que hacer en cada ejercicio. No leen o no comprenden los enunciados: me preguntan varias veces “en este ejercicio, ¿qué hay que hacer?”. Es la primera vez en mi vida que un examen me queda demasiado largo, y en todas las clases doy cinco minutos más, lo que se come cerca de un cuarto de hora del recreo. Me da tiempo a tomarme un café.

En 1º, vemos los adverbios acabados en -ly. El libro trae pocos ejemplos. Me he inventado una familia donde cada uno conduce con un estilo y escribo las frases en la pizarra, según las voy diciendo: “My mother is a good driver. She drives well”. Una niña dice que su madre no tiene carnet. Un niño bromea “tu madre es una sinpapeles”. La niña se ofende, me llama, y quienes los rodean le dan la razón a ella. Comento que es desagradable, y que es muy triste valorar a las personas por su documentación, lo que lleva a un minidebate porque han visto en televisión algo sobre los inmigrantes sin tarjeta sanitaria y no les gusta la idea. Me hacen muchas preguntas que contesto brevemente, diciendo la verdad pero procurando no asustarlos. Volviendo a los adverbios, los entienden en teoría pero sólo la cuarta parte de la clase es capaz de resolver a la primera un ejercicio para convertir adjetivos añadiendo -ly. Habrá que insistir.

Mientras tanto, la niña a la que puse un parte ayer se lleva un chasco, porque ha dado por supuesto que cuando le entregue su parte la expulsaré de la clase y no era mi intención hacerlo. Hace todo lo que puede para que la eche. Se niega a copiar de la pizarra. Distrae a sus amigas, sentadas varias mesas más atrás. Le digo que si sigue así, la sentaré sola. La siento sola. Dice que no se va a mover porque no quiere. Hace ruido: habla sola, tira bolígrafos al suelo y vuelve a cogerlos, se ríe. Al terminar la clase, voy a hablar con el Jefe de Estudios a contarle lo que ha pasado. La alumna ha pasado de no querer trabajar a querer echarme un pulso, y la verdad, me daría pena que la echaran del centro una semana a base de ponerle partes, que sería lo fácil. El jefe dice que hablaremos con ella.

Me llevo a casa las redacciones que los grupos de 3º y 4º me han entregado, hechas en casa. 43 alumnos, 4 que no la han traído. Cada día de retraso resta 0,1. A mí me gustaría tenerlo todo para mañana, pero imposible. Tardo dos horas con pausas mínimas en corregir las 15 redacciones de 3º. Son amenas de leer: la biografía de alguien que no sea famoso. Todos han escogido a su familia. No es fácil ponerles nota numérica. Cuento y corrijo sus errores en gramática, vocabulario, expresión (3 puntos cada cosa), y ortografía/puntuación (1 punto), pero no voy descontando X puntos por error. Casi todas tienen errores graves pero son legibles, y algunas, amenas. Al final, apunto los errores más repetidos que no sean un simple despiste, para comentarlos en clase el próximo día.

Horas lectivas: 4.
Horas no lectivas: 1.
Horas reales de trabajo: 7:30.
Recursos que he echado en falta: no tengo grabaciones para poner ejercicios de escucha en los exámenes de 4º: es un material que no se compra, las editoriales lo regalan si los alumnos se compran el libro.
Los recursos para trabajar con alumnos con problemas de conducta graves son muy limitados. Puedo hacer poco más que echarlos de la clase o dejarlos sin recreo. Y cuento con un equipo directivo excelente, si no lo fueran no sé qué sería de mí.

21 días, día 4. Miércoles musical.

Seguimos sin calefacción.

Le cuento al jefe de estudios el secreto que me dijeron ayer. No es algo muy importante, pero sí merece la pena vigilar.

El día empieza con una guardia. Un profesor falta desde hace un par de días. Es un imprevisto, por lo que no tengo tarea para los niños. No me gusta nada hacer guardia: los alumnos suelen portarse mucho peor que en clase. Les dejo que se queden los portátiles para jugar un rato, y pongo distintos juegos de freerice.com en la pizarra digital. Eso entretiene a unos cuantos.

Hoy en los grupos de 4º hacemos una tarea diferente. Tienen que extraer un vocabulario de un reportaje de prensa en español sobre derechos legales de los adolescentes, traducir ciertas expresiones sueltas y hacer un gráfico. Es la primera vez en mi carrera que pongo un ejercicio de traducción, aunque sea de palabras sueltas. En uno de los grupos funciona muy bien y trabajan muy deprisa. Ante la parte sobre edad del consentimiento para las relaciones sexuales, les aclaro algunas dudas sobre qué se quiere decir con ello. Les interesa muchísimo, las diferencias entre violación y abuso, sus derechos y ese tipo de cosas. En el tipo de pregunta comprometida que surge espontáneamente en clase, 1º es el año del racismo y la orientación sexual, 3º el del interés por las drogas y 4º el del sexo.

En una de las clases hay un problema. Una chica muy enfadada porque un compañero de trabajo en equipo ha dicho en una red social online algo ofensivo a las chicas. Como la chica da todos los detalles y nadie niega lo ocurrido, al final opto por la decisión salomónica de que los grupos tienen que seguir siendo mixtos y que las chicas decidirán entre ellas quién acepta trabajar con el chico. Creo que saberse juzgado va a ser suficiente sanción.

Es el único día de la semana en el que no paso el recreo en la biblioteca. Me voy a tomar un café con compañeros.

En 3º la clase transcurre sin novedad. Me he aburrido de la canción que estamos ensayando. Hoy estamos bastante pegados al libro.

En 1º están mucho más tranquilos de lo habitual aunque hay un par de personas que no paran de hablar en toda la hora. Alguien acaba castigado a sentarse solo. Leemos un texto del libro y hablamos sobre deportes que les gustan. Noto que entienden bien el texto y mal las preguntas. Pido que levanten la mano y confirman mi sospecha: entienden los textos de lectura mejor que los ejercicios. Les digo que si se portan bien, de ahora en adelante las preguntas de los textos del libro las pondré yo y serán tipo test, o verdadero o falso, algo simple que realmente demuestre que entienden lo que leen y no su habilidad para contestar preguntas retorcidas.

Están deseando grabar la canción que estamos ensayando. Ya no quieren cantar Starman así que votamos otra y gana “don’t worry, be happy”.

Horas lectivas: 4.
Horas no lectivas: 1
Horas reales: 5
Recursos que he echado en falta: La calefacción. Reproductor de sonido en las clases de 4º.

21 días, día 3. Los martes me matan.

Los martes pueden conmigo porque tengo un horario malísimo. Dos clases, tres huecos, una clase.

Según la AEMET, tenemos máximas de 14. No hay calefacción. En la calle hay hojas escarchadas. Llevo el jersey más gordo que tengo; los niños no se quitan los chaquetones en todo el día.

Primera clase: 3º. Me preguntan si hay huelga de alumnos de miércoles a viernes. Manejan información contradictoria de varios profesores y los rumores del otro instituto. No saben quién convoca las “huelgas de alumnos”, y su idea es que hay que obedecer la información de quienes hacen Bachillerato en el otro centro. Les explico, otra vez, que no son trabajadores y que sus paros y faltas a clase los regula la LOE, y cómo (no necesitan que convoque un sindicato, fundamentalmente). Se nos va el tiempo que habría que dedicar a cantar.

Pasamos al tema que toca: ver una lista de vocabulario. El del libro no me gusta nada: partes y funciones del teléfono móvil. Trabajamos de distintas maneras la lista que traigo yo para ampliar: cacharros electrónicos y electrodomésticos, y para qué sirven, cada nombre con su verbo. La tostadora sirve para tostar el pan.

Segunda clase: 4º B. Otro repaso a sus derechos porque no saben si mañana pueden faltar a clase o no. Cantamos Enjoy the Silence. Lo hacen muy bien. Les doy el último tema de gramática que vamos a ver este trimestre. En 4º no usamos libro, por lo que tiene que ir todo por apuntes. Tampoco tenemos pizarra digital (en todas las demás clases hay pizarra o proyector). Cuando terminamos el tema, hacemos un ejercicio que les pasé yo en una fotocopia, para repasar vocabulario y lectura de la semana pasada.

Ahora viene la primera de 3 horas y media sin dar clase. Un hueco, teóricamente dedicado a la jefatura del departamento. Este es un puesto que puede suponer mucho trabajo unos años y poco otros. Este año es de los tranquilos. Los martes me traigo mi portátil porque dos ordenadores estaban rotos. Uno de ellos está arreglado. Me voy a la sala de profesores a preparar un examen. El libro del profesor tiene muchos exámenes distintos que tengo en Word, y cortopego lo que me parece mejor de varios de ellos.

Viene un profesor que sustituye al recién jubilado. Lo avisaron el viernes y está trabajando desde ayer lunes. Es del norte de Córdoba y no tiene coche. Las sustituciones llegan así.

Hoy me puedo comer el bocadillo en este hueco, y menos mal porque en la biblioteca es no parar. Los alumnos no captan la idea de trabajar en silencio, y los sitios que más les gustan son los de en medio del paso. Le digo a alguien que no pongan sillas en el pasillo 4 veces en 20 minutos. Vienen algunos alumnos que no quieren leer ni estudiar, sólo molestar a los que están trabajando. Mantengo el orden, coloco libros en las estanterías, doy tareas a tres ayudantes y los vigilo, registro préstamos en el ordenador, recomiendo un libro, enseño a usar la enciclopedia de papel.

4º hora: Alternativa, es decir la clase de los que no tienen religión. Es un grupo guerrillero. Pongo películas mientras ellos estudian. Algunos charlan. Hoy empezamos El Viaje de Chihiro. Tengo que disolver una pela por el método de sacar a los dos implicados al pasillo: sin público se desinflan.

5º hora: guardia. Es una hora para vigilar a las clases en las que falta un profesor. Dedico 5 minutos a hacer de carcelera: los niños quieren salir de su aula a estar en el pasillo, impidiendo el paso de los profesores y de quienes tienen un cambio de aula. No obedecen. Cuando el profesor correspondiente ha entrado en cada clase, como no tengo que irme a vigilar a nadie me vuelvo a la biblioteca y ordeno. Coloco libros en estanterías (estoy reordenando) y quito basura del estante de los expurgos. Acabo cansada.

6º hora: 1º. Cuando llego, hay mesas y sillas volcadas a consecuencia de una pelea entre dos niños normalmente buenos. Una “pelea en broma” que ha terminado mal. Esas peleas en broma son constantes. Hoy he visto al menos seis. Todos hablan a la vez y un niño me agarra. Le grito (mal, lo sé) que no se toca. Mando callar y sentarse a todo el mundo. Siguen interrumpiéndose. Riño a los que hablan, a los que peleaban, a los que me llevan la contraria. No les hago nada más a los que se estaban peleando. Cuando todos están callados, les digo que se organicen en los grupos habituales. Les encanta trabajar así: los grupos son fijos, y se ayudan unos a otros trabajando en lo que más les apetezca. Los favoritos son los ejercicios simples con el ordenador, y la lectura libre. Yo voy de grupo en grupo comprobando que trabajan o sugiriendo tareas a los que no saben qué hacer.

Un niño me pide “una historia cortita, como la del otro día”. Quiere leer ficción ultracorta y en los libros de texto no hay. Le digo que la buscaré. La clase termina con problemas. Una niña quiere hacer algo que tiene prohibido y e insiste por más que le digo que no. Se pone violenta. Me da un últimatum, y yo otro: si no se calla, se llevará un “parte” (un aviso a los padres que supone una expulsión, si se acumulan). Se calla. Al final, una niña rezagada me dice que alguien la ha amenazado si me cuenta un secreto, y me lo cuenta. Tengo que decidir si informar al Jefe de Estudios.

Acabo el día con un dolor de garganta que aquí sigue, horas después de terminar la jornada.

Descanso fuera de horario: 15 minutos.
Horas lectivas: 4.
Horas no lectivas: 2 y media.
Horas reales: 6 y cuarto.
Recursos que he echado en falta: La calefacción. El ordenador del departamento de inglés está roto.

 

 

21 días, día 2. Un lunes tranquilo.

Los lunes son, para mí, el mejor día. Son tranquilos.

Hoy no hay calefacción, algo frecuente. Según la web de la AEMET, tenemos máximas de 14 grados. El IES tiene fachada norte y aulas orientadas al norte o al sur. Llevo un jersey de cuello vuelto y tengo las manos heladas. La sala más cálida es la sala de profesores, con un radiador, y la biblioteca porque es pequeña y tiene orientación sur.

Mis clases de hoy son 4º A, 3º, 1º. En la primera, a las 8.30 de la mañana, algunos que no suelen participar están especialmente comunicativos y atentos. Empezamos con un discursito sobre las obligaciones de los famosos, porque un corrillo está leyendo una fotocopia en defensa de Justin Bieber después de que lo pillaran conduciendo bebido. Seguimos cantando. Estamos con “Love is all around”. Cantar les motiva y ha mejorado enormemente su pronunciación; todas mis clases cantan unos 10 minutos al principio de la sesión. Dedicamos la segunda mitad de la clase a empezar con “Romeo + Julieta”, la versión de Baz Luhrmann.  Empiezo situando la película en su contexto (Leonardo di Caprio no era famoso, el director es el de Moulin Rouge….) a Shakespeare (no, no es un autor romántico, es contemporáneo de Cervantes). Y luego hago pausas para ver si se van enterando y no han aprovechado para echarse una siesta.

Ahora tengo la única hora dedicada oficialmente a llevar la biblioteca de toda la semana, aparte de los recreos. Catalogo libros y ordeno un poco.

En 3º, lo primero es cantar. Los chicos son minoría y algunos enredan. Uno acaba con una nota en la agenda para que la firmen los padres. Suelo seguir una política de tres avisos y el tercero ha sido por pelearse a manotazos; siempre dicen que es en broma.

Después de cantar, pasamos a un tema algo árido. Aunque teóricamente no debería, doy explicaciones teóricas de gramática. Me ocupan alrededor de una clase de cada diez. Hablo en español, escribo toda la teoria y todos los ejemplos en inglés en la pizarra, y los alumnos lo copian porque el libro de texto no tiene explicaciones teóricas de gramática. Al final del trimestre me entregarán el cuaderno pasado a limpio.

Recreo. Me como un bocadillo en la puerta de la biblioteca (no, no tengo ningún descanso). Se va formando un corrillo de niñas para que les abran la puerta del servicio, porque ese servicio de niñas solo abre los recreos. Entro en la biblioteca para dar instrucciones a mis dos ayudantes voluntarios de hoy, que están encargados de la pesada tarea de pegar cada tejuelo a su libro correspondiente. No uso papel pegatina para imprimir, sino folios normales y cinta adhesiva. La sala tiene una mezcla de estudiosos y niños que se aburren en el patio y no quieren dejar estudiar. Nadie está callado. Hago un par de préstamos.Cuando toca el timbre, lo dejo todo tirado, con montoncitos de libros que hay que colocar en su lugar correcto.

Y por último 1º. En la clase de después del recreo siempre están muy alborotados. Mando callar muchas veces. La última, me tiro cinco minutos de brazos cruzados esperando que se callen y tengan todo el material preparado en la mesa. Unos niños me devuelven hechas unas líneas copiadas, un castigo de último recurso que puse la semana pasada. Un par de personas no paran de hablar en toda la clase, pero son casos donde reñir demasiado no sirve de nada: mejor que hablen y trabajen poco a castigar y que no trabajen nada.

Primero cantamos (cómo no). Estamos terminando con esta canción y no tengo claro cuál sera la siguiente. Hacemos una prueba con el estribillo de Starman. Corean el estribillo después de mí y les pongo la canción entera re ruido de fondo mientras hacen un ejercicio. Les ha gustado. Starman, pues.

Tenemos una sesión de las que más me gustan: vocabulario. Uso el tema del libro, los deportes, y alguno de los ejercicios, pero hacemos más ejercicios y vemos más palabras.

Y ahí quedó. A casa.

Horas lectivas: 3
Horas no lectivas: 1:30
Horas reales trabajadas: 4:30
Recursos que he echado en falta: Calefacción.

La selección de cursos en Secundaria

Me ha pasado varias veces que en Junio, alguna familia me pregunta si el curso próximo voy a volver a dar clase a sus hijos. Es uno de mis mayores orgullos como profesora: que los niños y las familias quieran repetir. En esos casos, yo siempre tengo que contestar “espero que sí, lo sabremos en Septiembre”.

La elección de grupos de cada mes de Septiembre la espero con los nervios con los que esperaba cualquier primer día de curso cuando era pequeña. tenemos que escoger en Septiembre por dos motivos. El primero es que algunos profesores, por razones administrativas que no vienen al caso, no llegan al centro educativo hasta Septiembre. El segundo, que a veces no sabemos seguro cuántos grupos va a haber de cada nivel. Por ejemplo, dependiendo de la matriculación podemos tener 3 o 4 grupos de 1º de ESO y no lo sabemos con seguridad hasta Septiembre.

Bien, para escoger grupos nos reunimos todos los profesores del mismo departamento, y nos repartimos las clases, a veces con un poco de fricción y a veces amistosamente. El proceso se supone que es consensuado, y algo de debate siempre hay. Si no es posible escoger simplemente por consenso, primero escogen los catedráticos, luego los profesores definitivos por orden de antigüedad y luego los interinos. Pero esto la norma no lo explica muy claro, y puede ser que Andrés escoja lo que quiera, y luego Bea y Carlos se queden con las migas, o puede ser que se haga como repartiendo naipes: escoge Andrés, luego Bea, luego Carlos. Otra vez Andrés y así hasta que nos hemos repartido todos los grupos. A esto se llama “hacer rondas” y es el método más frecuente. De hecho, en casi todos mis repartos hasta ahora, primero se hace ronda, y luego se hacen algunos cambios si la ronda ha dejado cosas mejorables.

Es normal tener en cuenta que haya continuidad, si se puede: si Andrés el año pasado dio 2º de la ESO, este año es normal que quiera dar 3º. No a todo el mundo le importa este criterio. Hay profesores que después de haber tenido buenos resultados con unos materiales y recursos concretos, tengan ganas de reutilizarlos con alumnos nuevos. También hay gente que quiere dar la menor cantidad posible de niveles distintos, y gente a la que no le importa tener cursos de muchos niveles. Aquí, mis preferencias personales son: dar pocos niveles, y tener continuidad, en ese orden. Me agota tener más de tres niveles distintos. He llegado a tener cinco.

También es importante que las horas de clase sumadas de cada profesor sean 20 o 21. En mi departamento de Inglés tenemos bloques de 2, 3, y 4 horas semanales, así que la suma no siempre es sencilla.

Finalmente, ¿por qué el reparto no es fácil? Porque los cursos superiores tienen fama de mejores: niños menos rebeldes y contenidos más estimulantes para los profesores. No es tan simple, os lo cuento curso por curso.

Primero de la ESO es duro, porque los alumnos son niños, no son adolescentes, y no saben estar en el aula. Hay gente a la que les gusta su falta de cinismo, y la posibilidad de hacer con ellos actividades más o menos infantiles (dibujitos, Halloween, etc).

Segundo de ESO puede hacerse más duro que 1º porque es el tapón de atascado de repetidores y del alumnado más conflictivo. No tiene por qué ser malo, pero si hay problemas, van a estar aquí. Es un motivo para preferir 1º.

Tercero de ESO es mi curso favorito. Los alumnos son definitivamente adolescentes, no niños, pero la mayoría aún no ha pegado el estirón definitivo, y como no son los mayores, todavía te tienen cierto respeto. En mi asignatura, inglés, es un año crítico para enseñar a redactar. Hay profesores, en cambio, a los que precisamente no les gusta ese carácter indeterminado, “a medio hacer”, del quinceañero, y evitan este curso y 4º también.

Cuarto de ESO tiene un enorme ventaja: las características del sistema de repetición de cursos hace que muy raramente haya alumnado conflictivo aquí. Es el año con menos repetidores. Es un año a veces un poco difícil porque definitivamente, ya no son niños y se pueden subir un poco a las barbas por esa razón. Empiezan a sentirse adultos.

Primero de Bachillerato es la gran estrella, el año favorito de casi todos. Inconveniente: demasiados alumnos llegan con mal nivel desde la ESO. Ventaja: A algunos profesores les parece que el nivel que se imparte en Bachillerato es más complejo y estimulante que el trabajo en la ESO. Yo no estoy entre esos profesores; no me divierte más trabajar la pasiva que trabajar el presente continuo.

Finalmente, en segundo de bachillerato vas a tener un alumnado con mucha motivación para terminar, sin conflictos graves, y donde se supone (puede ser mucho suponer) que la gente tiene las ideas claras y va a trabajar. Inconveniente: lo más seguro es que te mates a corregir exámenes y trabajos.

Así que por eso, cuando los profesores terminamos un curso, no tenemos ni idea de si vamos a repetir con las mismas clases al año siguiente. Depende de nuestros gustos, y también de hacer un reparto justo con los compañeros de departamento.

Nuevo método de trabajo: conclusiones sobre la marcha.

En Enero, conté que había empezado a trabajar de otra manera, a partir de no poder dar clase con libro de texto en 4º de ESO. Según avanzó el curso, algunas cosas cambiaron. Mis alumnos tenían, en general, una hora a la semana para ver una película con subtítulos o trabajar con una canción, otra hora a la semana de trabajar en grupos en lo que ellos quisieran, que casi siempre era gramática porque yo no pongo ejercicios mecánicos de rellenar huecos; y el resto del tiempo, dependía.

Algunas cosas han salido muy bien. Una evaluación basada casi a partes iguales en exámenes y en distintos trabajos ha servido para que aprendieran y aprobaran (que no es lo mismo) algunos alumnos a los que se les atravesaba la materia. Ni un solo suspenso en 4º de la ESO, por ejemplo. Vistos más de cerca, estos resultados siguen siendo muy mejorables: en clase hay 110 alumnos que trabajen algo, aunque sea poco. Saco de las cuentas a los que no vienen nunca, a los que vienen de vez en cuando, y a los que vienen para no hacer nada de nada. De esos 110, mando para Septiembre a 18: 16%. Mi tasa de suspensos real es más alta, porque hay alrededor de 10 niños más que vienen para no hacer nada, nunca, en ninguna materia, y no los he podido involucrar, pero ahora lo que me interesa es comprobar que es verdad lo que les digo a los grupos en Septiembre: “conmigo, quien trabaja, aprueba”.

Ahora, veamos de cerca otros resultados. 42 alumnos, el 38%, habrían suspendido si el examen fuese el 100% de la nota. Incluyo a los que tienen notas por encima del 4. Es decir: mi tasa de aprobados de 62% habría estado algo más cerca de lo normal en mi asignatura. Aún así, sigue siendo bastante alta. Una cosa preocupante es que mis alumnos no están muy preparados en gramática, lo que puede darles problemas si su profesor del año siguiente es más exigente que yo con eso. Conclusión: Tengo que supervisarlos más cuando trabajan en gramática.

Trabajos escritos: quienes los entregan, ya los hacen bastante bien. Mis alumnos de 4º y algunos de 2º escriben redacciones a un nivel que muchos estudiantes no consiguen en Bachillerato. Aquí el problema es otro: No se debe encargar ningún trabajo susceptible de ser cortapegado. En primer ciclo de ESO no saben documentarse y resumir, y en segundo ciclo siguen creyéndose inmunes a que les pille los plagios. Se les puede enseñar a documentarse, y a no utilizar traductor online, pero se tarda mucho tiempo.

Hacerles trabajar en grupos una vez en semana ha servido para motivar a la gente que estaba al borde del abandono, y para que los que más inglés saben no se aburran. Una buena organización de los grupos, y que sea una actividad evaluable objetivamente, es fundamental.

Sobre el cuaderno de apuntes, al final del curso no lo entregaron 28 alumnos, el 25% del total, y entregaron un cuaderno desordenado, incompleto, sucio o de alguna otra forma merecedor de una nota por debajo del notable diez alumnos más. Están acostumbrados a que les revisen el cuaderno de clase… para ver que tienen los ejercicios hechos. Esta ha sido, para todos, incluso para los mayores, su primera experiencia de dar clase tomando apuntes. Y el 65% ha aprendido a hacerlo bastante bien. Conclusión: El alumnado de la ESO es perfectamente capaz de aprender a coger apuntes, centrándose sobre todo en copiar la pizarra, pero pasando a limpio según su gusto personal.

Una cosa para mí muy importante: yo no mando deberes. Me entregan dos trabajos escritos, individuales o por grupos, cada trimestre, y el cuaderno de apuntes. Mandar deberes tiene poco o ningún efecto en el rendimiento académico de mis clases. Sin embargo, los estudiantes lo echan de menos.

No estoy contenta de cómo he llevado la producción oral en inglés. Tengo que pensar en más tareas fáciles, breves, progresivas y distinguir la correción fonética de la capacidad para hablar en público y de la capacidad de comunicación “natural”.

Otras cuestiones, derivadas sobre todo de la encuesta de satisfacción que les hice hace unos meses:

  1. Los más pequeños tardaron dos películas en superar su rechazo a los subtítulos. Los de 2º de ESO, un rato. Las películas hay que ponerlas con subtítulos en español, aunque se quejen. Ya se callarán. Queda pendiente normalizar los subtítulos en inglés.
  2. Es arriesgado encargar trabajos evaluables por parejas porque si uno de los dos no puede trabajar por el motivo que sea, hay un riesgo de que el otro se desentienda.
  3. Como me han enseñado mis amigos informáticos, repetir varias veces el mismo trabajo debe evitarse a toda costa. Eso quiere decir hacer las cosas pensando en reutilizarlas. Por ejemplo, la misma canción se puede trabajar en muchos niveles diferentes. Donde 1º canta, 2º practica verbos irregulares y 4º hace un trabajo difícil de comprensión lectora (además de cantar y recordar los verbos).
  4. Tengo que trabajar más la lectura, en clase y fuera de ella.

Hablando claro: me pongo un sobresaliente. Un diez no, pero sobresaliente sí. Nunca había conseguido unos resultados tan buenos, sobre todo teniendo en cuenta el punto de partida. Me he tirado sin red y he aterrizado de pie. El año que viene, más.

Memoria de la biblioteca escolar, 2.

La semana pasada hice recuento de las cosas que hemos hecho en la biblioteca este año. Estas son las que quiero corregir, o incorporar el año que viene. Es una versión retocada del documento oficial que se incorpora a la Memoria de Dirección de mi centro.

En relación al espacio físico:

  1. Quitar las puertas de cristal de las estanterías. Dificultan el acceso a los libros, la circulación dentro de la sala, y pueden provocar accidentes.
  2. Retirada de las mesas con soporte para escribir y sustitución por más escritorios. Actualmente contamos con 7, y los alumnos los prefieren.
  3. Decoración de la sala. Hay algún cartelito suelto, pero se la ve de lo más sosa.

En relación a la comunidad educativa:

  1. Mejora de la comunicación con los departamentos, acerca de actividades de fomento de la lectura,  necesidades de dotación de fondos, y recursos de la biblioteca.
  2. Información a la comunidad educativa sobre convocatorias de concursos literarios o de divulgación.
  3. Formación de usuarios en 1º ciclo de la ESO acerca de las normas de la biblioteca, el servicio de préstamo, y el equipo de voluntarios.
  4. Organización de un calendario de actividades complementarias y extraescolares repartidas a lo largo del curso (visitas a la biblioteca municipal local, a la de Huelva en caso de actividad para público juvenil, etc)
  5. Creación de un equipo estable de alumnado ayudante para los recreos. Estos alumnos podrían recibir al final del trimestre un premio similar al del concurso Aula Limpia (un desayuno, una salida del centro).

 Funcionamiento interno y nuevas adquisiciones:

  1.  Puesta por escrito de los criterios para la adquisición de nuevos fondos. Yo sé porqué compro lo que compro, pero estaría bien tenerlo en un documento por si me lo piden en Inspección o algo así.
  2. Recopilación de materiales de interés creados por los propios alumnos (en concursos literarios, etc).
  3. Catalogación de los fondos de los departamentos. Esto sólo cambiaría su ubicación el tiempo imprescindible para catalogarlos. La puesta en préstamo sería una decisión de cada departamento.
  4. Creación de un catálogo consultable (en papel o digital) de los departamentos que presten sus materiales.
  5. Mejora y nueva redacción de las reglas de uso y funcionamiento de la biblioteca. Incorporación a las normas del centro. En particular: acostumbrar a los alumnos a no formar grupos en el pasillo de la biblioteca durante el recreo. Este año se ha experimentado con permitir utilizar un banco en ese pasillo y ha presentado inconvenientes (basura, ruido que molesta a los que estudian).

El balance de mi primer año como bibliotecaria es que, como casi todo, he tenido que aprender el trabajo sobre la marcha. He cometido algunos errores, y empecé a trabajar de verdad bastante tarde. Tengo ganas de seguir el año que viene y seguir convirtiendo la biblioteca en una parte activa del instituto.

Memoria de la biblioteca escolar, 1.

Ahora que termina el curso, tengo que presentar un documento detallando qué he hecho en la biblioteca escolar como coordinadora de este año, y qué planeo o propongo mejorar el curso que viene. Esta es la primera mitad, algo retocada.  La segunda parte, las propuestas de mejora, la terminaré en uno o dos días.

ACTIVIDADES REALIZADAS:
En relación a los fondos de la biblioteca:

  1. Adquisición de nuevos ejemplares: compré 20 libros, con algo menos de 200 euros. También busqué donaciones, y conseguí 30 cómics donados por la editorial Astiberri (gracias, gracias) y 30 ejemplares variados de literatura juvenil donados por la librería de segunda mano “Libros Libres” (gracias). Esto, junto con algunas donaciones de particulares, ha aumentado el fondo en unos 100 libros en total.
  2. He catalogado algo más de 300 libros, incluyendo las nuevas adquisiciones. El catálogo está prácticamente actualizado, gracias sobre todo al trabajo de la bibliotecaria del curso pasado.
  3. Corrección de la catalogación equivocada de aproximadamente 400 libros más: fuera de sección, catalogados bajo el nombre de autor incorrecto, etc.
  4. Expurgo de material diverso (libros, manuales, material audiovisual). Expurgar puede parecer una tontería, pero quitar basura despeja el ambiente que no veas.

En relación a la comunidad educativa y el fomento de la lectura:

  1. La biblioteca abre como sala de estudio y lectura los recreos de lunes a jueves, oficialmente. Luego aparte abro los viernes, si tengo ganas. Es trabajar gratis, pero bueno.
  2. Puesta en marcha del servicio de préstamo, que ha cuajado entre los alumnos de 1º y 2º de ESO. Los de 4º sacan libros que leen por obligación, y algunos profesores leen por gusto y por trabajo.
  3. Se me ocurrió tarde empezar la actividad “El libro del Año”, una propuesta de lectura anual para toda la comunidad educativa, este año con Romeo y Julieta y el próximo con El Principito. Se recomendará a las familias y a los profesores además de a los alumnos.
  4. En clase de inglés se vieron una o dos versiones de Romeo y Julieta.
  5. Hice pósters con lecturas recomendadas y algunos alumnos, con las normas de la biblioteca.
  6. Tuve un equipo grande pero inconstante de alumnado ayudante de la biblioteca.

En relación con el resto de la comunidad:

  1. Un grupo de 2º y yo participamos en el maratón de lectura de Miguel Delibes organizado por la Biblioteca Municipal.
  2. Asistí al Encuentro Provincial de Bibliotecas escolares, donde aprendí algo sobre expresión corporal y nada sobre bibliotecas

Para ser mi primer año como bibliotecaria, creo que lo he hecho bastante bien. Otro día, os hablo de lo que veo mejorable.

Mi obsesión por los apuntes perfectos.

Parte de la responsabilidad de mi éxito educativo posterior la tuvieron los profesores de Geografía e Historia de 2º y 3º de BUP. Los dos daban clase por apuntes, sin libro, y los dos revisaban los cuadernos, de entrega obligatoria pero sin nota numérica. Con el primero de los dos profesores, estuve dándome cabezazos con la pared un trimestre entero: por más que intentaba esmerarme con la letra, siempre me los devolvía con mala nota. Así que me harté y empecé a pasarlos a ordenador. Y me pasó lo mismo durante dos trimestres: dejaba la tarea de pasar a limpio hasta el último momento, me tiraba sin dormir la noche antes del examen, y no me daba tiempo a estudiar. Vaya, ni una sola relectura les daba.

  • Lección 1: Pasar a limpio a ordenador lleva tiempo, pero es una tarea más agradable que hacer codos.
  • Lección 2: Pasar a limpio es como leer tres veces, o mejor.

Al año siguiente, de nuevo sin libro de texto, hubo un cambio fundamental: los exámenes eran larguísimos, y de memoria. Historia de España. Con montones de temas sobre las idas y venidas en la Conquista. Y en todos los exámenes caía todo, es decir, siempre te jugabas el curso entero al próximo examen. Solución: hice una plantilla con un mapa de España pequeñito, de cartón, y cada vez que venía a cuento, dejaba un hueco para explicar esa fase de la invasión o de lo que fuera con un mapa de colores. Cogí mi colección de postales e ilustré los temas de Arte con fotos de cuadros y monumentos.

  • Lección 3: Mima tus apuntes incluso cuando de ellos no deriva una nota numérica. Que sean bonitos, si puedes. Vas a pasearlos mucho.
  • Lección 4: Añade cualquier cosa que esté relacionada y te guste, aunque no caiga en el examen.

Un poco más tarde, entré en la universidad y desarrollé una especie de taquigrafía. Todo lo que podía ser una abreviatura, lo era. Por ejemplo, “persona”, una palabra que en 1º de Derecho oyes sopotocientas veces al día, era ps. El siguiente paso fue aprender a escribir sin la letra e. Es decir: s·gu·nt paso fue aprndr a scr·b·r sin la ltra E. Esto tuvo  ventajas añadidas:

  • Lección 5: cultiva unos apuntes sucios ilegibles. Eso te obligará a pasarlos a limpio y disuadirá a otros de pedírtelos. Los limpios se pueden copiar; los sucios son irremplazables y no se prestan.

Pasé por Derecho sin pena ni gloria y empecé Filología Inglesa, donde topé con un nuevo reto: el límite de papel en los exámenes del Departamento de Literatura.. Yo siempre he hecho exámenes muy cortos, voy al grano. Pero tengo la letra muy grande, y tenía que vigilar eso. Así que eché cuentas del tamaño de mi letra y cuánto texto me cabía en el folio por las dos caras en el que tenía que encajar cada tema de Introducción a los Textos Literarios Ingleses, comprobé cuántas líneas eran eso en Times New Roman pt11, y tmé eso como objetivo.

Primero, pasaba a limpio todo lo que hubiera apuntado en clase. Naturalmente, al coger apuntes en inglés y en otra área de conocimiento tuve que desarrollar abreviaturas nuevas (y mientras escribo esto, mis dedos casi quieren escribir dsrllar). Una vez pasado todo a limpio, se convertía en párrafos ordenados. Y entonces, a recortar sin compasión. Cada tema tenía que ocupar ni más ni menos de media carilla. Dos temas por carilla. Lo mismo un pequeño poema menor del siglo XVII que Shakespeare.

  • Lección 6: Hay apuntes para aprender y apuntes para aprobar exámenes. Distínguelos bien. Y ante la duda, haz una copia de seguridad de los apuntes de aprender, puedes necesitarlos más adelante.
  • Lección 7: El cuentapalabras es tu amigo.
  • Lección 8: el cortapega (de tus mismos apuntes) es tu otro mejor amigo.
  • Lección 9: a menos que la prueba sea ferozmente competitiva, presta tus apuntes con generosidad.  Tú los dominas; los otros tienen que aprenderlos. Puede que necesites que alguien te preste sus sucios. 

Y un par de años más tarde llegaron las presentaciones orales.

  • Lección 10. Las fases de los apuntes son: tomar apuntes en clase, pasar el sucio hasta que sea legible, revisar estilo, ajustar a una plantilla si el examen tiene límite de tiempo o papel, corregir erratas. Eso son cuatro lecturas.
  • Lección 11. Si un texto va a ser presentado oralmente o leído por otras personas, necesita siete lecturas: las cuatro de la Lección 10, y al menos tres más.

Y después llegaron las oposiciones, que en este sentido me enseñaron poco que no supiera ya.

  • Lección 12: la letra con la que imprimas los apuntes debe ser cómoda de leer, y necesitas un buen margen donde tomar notas. Siempre te vas a olvidar de algo.

Ahora, enseño a mis alumnos a tomar apuntes. Les cuesta. Son muy pequeños, y no están acostumbrados. No entienden por qué me tienen que entregar el cuaderno pasado a limpio, por qué está prohibido usar ciertos tipos de letra, por qué me da igual que puedan prestárselos unos a otros. Me da igual. Sé que en unos años ellos se van a acordar de mí como yo me acuerdo de los profesores que me enseñaron a coger apuntes.