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Prevenir o reducir la violencia de género. España en un contexto internacional.

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Mujeres víctimas de violencia de género en Europa.

Hace unos veinte años, coincidiendo con el caso de Ana Orantes, que la violencia de género está presente en España en los medios de comunicación, el discurso político y el sistema educativo. No todo el mundo le da la misma importancia, pero por fin se reconoce que existe y que es un problema grave. Por eso puede resultar algo sorprendente saber que en España hay menos denuncias y menos feminicidios que en otros países de Europa. Establecer el grado de violencia familiar en una sociedad es muy difícil por todo lo que no se denuncia, así que podemos tener varias hipótesis. De momento no estoy defendiendo ninguna de ellas, solo las expongo.

1. La violencia de género es un fenómeno que busca el poder y el control. En sociedades con mujeres más igualadas a los hombres, la inseguridad de los hombres que tengan tendencias violentas, psicopáticas, etc. los llevará a agredir a sus parejas. La sociedad española es en algunos aspectos bastante igualitaria y en otros muy poca. No es un aspecto en el que nuestro país destaque.

2. Las mujeres españolas sufren una desigualdad económica muy alta, y a menudo dependen económicamente de su agresor, por lo que les resulta más difícil denunciar. Además la posibilidad de que la mujer salga de la relación es uno de los factores que según la OMS puede aumentar el riesgo de feminicidio.

3. Hay más feminicidio en los países donde el acceso a armas de fuego es muy fácil, en los países con mucha violencia interpersonal independientemente de la causa, y donde la criminalidad en general es alta. Ninguno de los tres factores se da en España. Somos un país de gente excepcionalmente pacífica.

4. El alcohol y el uso de drogas también son un catalizador (ojo: no son una causa, sino un factor para el empeoramiento). En España el consumo de drogas es bastante alto pero el alcoholismo es más bajo que en el Este y Norte de Europa.

5. La falta de servicios sociales es un factor que disuade a las mujeres de denunciar o de salir de una relación violenta. Ejemplo: te animas a denunciar porque puedes dejar a los niños en la guardería. O vas a Urgencias en un país en el que el médico puede denunciar por ti.

6. La presencia de hijos de relaciones anteriores de la mujer. Es decir: un hombre con tendencias violentas será más violento hasta llegar al feminicidio si su actual pareja trae hijos de una relación anterior. En España, factores como los noviazgos largos y la natalidad tardía hacen que esto sea menos frecuente.

En resumen, no podemos saber con los medios de los que disponemos si somos un país “moderadamente violento” en lugar de muy violento, o si somos un país en el que hay tanta violencia como en otros que quedan peor sobre el papel, solo que aquí no se denuncia.

Dicho esto, para situarnos, ¿qué podemos hacer para reducir el nivel de violencia? La verdad es que los expertos a nivel internacional todavía no lo tienen muy claro. En estudios a nivel mundial, se observan una serie de factores relacionados con la violencia en una sociedad en su conjunto, y que está vinculados también a la violencia contra la mujer. Es decir: una sociedad muy violenta en general también produce más violencia de los hombres contra sus parejas. Reducir niveles globales de criminalidad, violencia interpersonal, alcoholismo, drogadicción, desigualdad económica y discriminación de la mujer baja los niveles de violencia de género hasta un suelo, pero no más. Un ejemplo lo da Japón: tiene tasas bajísimas de todo lo malo, y niveles de violencia contra la mujer que no descienden. Así que, ¿qué soluciones hay? Tenemos que distinguir la protección para que la violencia no llegue a producirse por un lado, y la capacidad de las mujeres de salir de una situación violenta por otro.

Para lo primero, casi toda la responsabilidad está en la educación de los niños varones, y en la conducta de los hombres adultos. ¿Cómo me protejo de empezar una relación con un hombre violento? Está claro que no es posible.  No puedo aislarme de los hombres, especialmente si soy una mujer que desea tener relaciones románticas con ellos, y los que tienen un potencial agresor no llevan un cartel. Además están los casos en los que él ataca precisamente porque ella no quiere epezar la relación: un par de ejemplos. Desgraciadamente, “educación contra la violencia de género” suele querer decir “educación en el entorno escolar para que las adolescentes aprendan a salir de relaciones que ya se han vuelto violentas”. En este sentido, se deben dan a conocer las señales tempranas de maltrato, salir por pies antes de que la cosa vaya a más, y ahí quedó. La realidad es que por más que se diga que “esto se arregla con educación”, tenemos varios problemas.

  1. Esa educación tiene que ser de los varones, por las razones expuestas. Las mujeres y las chicas jóvenes no pueden protegerse de todos los hombres ni tampoco identificar rápidamente a los agresores antes de que sea tarde. No es malo educar a las chicas, pero es muy insuficiente.
  2. Esa educación tiene que ser necesariamente en el entorno familiar. La educación escolar al respecto llega muy tarde, y es poca.
  3. Nadie tiene del todo claro qué ocurre en la educación de los hombres maltratadores para que hayan llegado a ser así. Hay muchas teorías distintas.

Sí, ya sé que es difícil.

Sigamos. Una vez que la violencia es inevitable y frecuente (en España, parece que menos frecuente que en otros sitios), ¿qué hacemos para que sea fácil y seguro salir de ella? Partamos de estudios internacionales unidos a las particularidades de este país.

  1. Red de apoyo. La víctima necesita tener a quien recurrir. Familia, amigos, servicios sociales, en ese orden. Primero emocional y luego estratégico, económico…
  2. Un sistema sanitario preparado para prevenir y detectar, trabajando en conjunción con servicios sociales. Servicio de salud mental en condiciones.
  3. Una policía muy bien preparada y en la que las víctimas puedan confiar.
  4. Un sistema judicial eficaz.
  5. Un mercado laboral igualitario y que funcione. Para ambos: el desempleo del hombre es factor de riesgo para el feminicidio, y la desigualdad social de las mujeres contribuye a que haya más violencia en total. Una mujer independiente económicamente podrá también salir antes de una relación.
  6. El alcoholismo y el consumo de drogas del agresor son factores de riesgo, no para que haya más casos de violencia sino para agravar los ya existentes, por lo que es necesaria una buena política social de prevención de ambas cosas.
  7. Fácil acceso a la anticoncepción para la mujer. No tener hijos facilita salir de la relación. También hay agresores que utilizan la concepción o los hijos para aislar, privar de libertad o maltratar a la mujer.
  8. Una sociedad en la que creamos a las mujeres y eliminemos los tópicos sobre qué tipo de hombre puede ser un agresor. Es imprescindible que cuando hablamos de “educación”, sobre todo a nivel escolar, dejemos clarísimo a las chicas que no hay ninguna relación entre ser un agresor y el estereotipo de los “malotes”. Hay agresores de todas las personalidades (en apariencia) y de todas las clases sociales.

Todo esto está entre lo utópico y las declaraciones vagas de buenas intenciones, pero son un mínimo para reducir tanto la cantidad de muertes como la violencia en su conjunto. NI los manifiestos, ni los actitos oficiales, ni las campañas escolares de un día al año nos sacarán de ésta.

Criticar a feministas, 2

A veces se oye decir que es machista criticar a feministas, y dicho así tal cual, sin más matiz, no se me ocurre disparate mayor, dado que las feministas han tenido y siguen tenido enfrentamientos sobre todo tipo de cuestiones. Es natural: hay infinitas maneras de expresar una cultura patriarcal, ¿por qué íbamos a estar de acuerdo en cómo transformarla? Estos son algunos de los desacuerdos tradicionales entre diversas ramas del feminismo:

  1. Los inicios del movimiento fueron burgueses. Al principio, la reclamación del voto fue solamente para las mujeres más ricas. Había desacuerdo sobre la manera de conseguirlo: protesta pacífica o no, sufragio universal o no. No había conexión entre la reclamación de sufragio universal masculino y sufragio femenino sólo para burguesas. También había una lucha, que a menudo se recuerda en España, entre sufragistas que querían el voto para la mujer rápidamente y las que estaban preocupadas por la posibilidad de que eso supusiera un giro conservador.
  2. Hay feminismo que piensa que no conseguiremos casi nada sin la colaboración de los hombres y feminismo que piensa que no es así, ya sea porque no los necesitamos o porque son un aliado poco fiable.
  3. Acerca de la religión. Hay feministas que piensan que toda religión, especialmente toda religión organizada, es patriarcal. Otras, algo más light, rechazan aspectos concretos que no les gustan de las religiones ajenas (alguna críticas frecuentes son a la vestimenta de las musulmanas o a la jerarquía católica, enteramente masculina y con las mujeres en un papel subordinado).  Sin embargo, cada religión mayoritaria a nivel mundial tiene su propio movimiento feminista interno, por lo que hay feminismo islámico, cristiano, católico, etc. Finalmente, hay feministas que creen que hay algo sagrado en la feminidad, pero otras piensan que eso es una estupidez y que no hay nada divino en ser mujer, como no lo hay en ser hombre.
  4. Hay feministas que piensan que el feminismo es incompatible con comer carne, y que la violencia hacia los animales es una expresión del patriarcado (o del kyriarcado, en este caso). Esto ha sido atacado no sólo por omnívoros a los que no les convence la idea, sino también por movimientos por los derechos de los discapacitados, y por feministas (o afines) de países pobres, o de razas distintas de la blanca.
  5. Ah, las mujeres que no son blancas. Para empezar, han señalado que el feminismo burgués se benefició de la construcción patriarcal de la mujer blanca, deseable, protegible, y abandonó a su suerte no solo a las pobres sino también a las que no fueran blancas (las categorías de pobre y no-blanca son intercambiables en algunas situaciones dependiendo del país). A veces se ha rechazado el término “feminismo” en favor de “womanism”, por ejemplo. Algunos puntos de enfrentamiento han sido: el racismo de algunas feministas blancas, los cuidados llevados a cabo por mujeres pobres, migrantes y/o de razas distintas a la blanca, el desinterés de las blancas por las culturas ajenas, o los intentos bienintencionados pero mal dirigidos de “salvar” a personas adultas capaces de apañárselas solas (véase el tema de la religión, por ejemplo).
  6. Hay feministas que han rechazado lo doméstico. Otras se han casado y han tenido hijos, y han buscado personal pagado (a menudo muy mal), es decir, han externalizado los cuidados, como han hecho SIEMPRE la inmensa mayoría de los hombres y algunas de las mujeres más ricas. Otras han intentado realizar un feminismo de lo doméstico, llamar la atención sobre los cuidados, mejorar las condiciones de trabajo del personal que los realiza, o implicar a los hombres y los niños. Esto empezó con la profesionalización de la enfermería, así que viene de largo.
  7. La prostitución. Hay feministas que creen que es una profesión más (y fantástica), otras creen que es una profesión más (y por lo tanto un rollo, ¿a quién le gusta trabajar?), quien cree que es un problema debatible y quien cree que es la expresión máxima de lo patriarcal. Las dos primeras opiniones se conocen comúnmente como regulacionismo (la prostitución debe ser regulada) y las dos segundas, como abolicionismo (la prostitución debe ser eliminada).
  8. El sexo. Una de las bases del feminismo radical de los años 60-70 es que en el patriarcado la igualdad entre hombres y mujeres es imposible. Por lo tanto, el consentimiento verdadero no es posible en una relación heterosexual. A esto se añaden las condiciones materiales en las que casi siempre se unen hombres y mujeres: un matrimonio monógamo y permanente en el que el hombre casi siempre va a tener una superioridad económica sobre la mujer. Aquí hay posiciones variadas: rechazo total del sexo heterosexual, la negación de que el sexo sea liberador, o cierta cautela que ha desembocado en un estudio que empieza a ser profundo e interesante sobre la naturaleza del consentimiento. Enfrentado a esto tenemos un movimiento que defiende el sexo como una expresión necesaria de la personalidad, como un placer y una liberación, y a veces como modo de provocación.
  9. Todo lo dicho sobre prostitución y sexo es aplicable a la pornografía. Hay feministas que defienden que pornografía = patriarcado + capitalismo (es consumo de sexo a medida), otras piensan que lo que importa es el contenido (no les gusta el porno tradicional, pero consideran posible una pornografía feminista). Un tercer grupo piensa que la pornografía es una industria del ocio tan válida como cualquier otra y que lo importante es la libertad y las condiciones de trabajo de las actrices. Esta visión conectaría con la visión más favorable a la prostitución y al optimismo respecto al sexo, pero una misma feminista puede tener opiniones diferentes respecto al porno y la prostitución.
  10. Algunas feministas toman como termómetro de la igualdad la presencia de mujeres en el poder político y económico, y entre éstas, unas defienden medidas como las cuotas y las listas cremallera y otras las atacan. Otras feministas piensan que da igual que manden hombres o mujeres si hay una gran cantidad de mujeres muy pobres y que nuestras vidas no se ven beneficiadas por la existencia de mujeres poderosas.
  11. Algunas feministas piensan que el trabajo remunerado es la clave de la liberación. Parte de ellas son de derechas y otras no. Otras creen que da igual que tengamos empleos si no disfrutamos de seguridad e integridad física, de medidas intervencionistas que garanticen que podemos trabajar y tener tiempo libre o para estar con nuestras familias, o de una relación no conflictiva con los hombres.
  12. Hay feministas que se dedican al “feminismo para principiantes”. Hay quien piensa que la igualdad de la mujer debería explicarse sola y que no podemos perder más tiempo y energía con el nivel iniciación.
  13. Hay feminismo a favor y en contra de la existencia de espacios segregados para hombres y mujeres.
  14. Hay feministas que creen que la píldora anticonceptiva es lo mejor que nos ha podido pasar y otras que la critican debido a sus efectos secundarios y a que responsabiliza sólo a la mujer de la anticoncepción.

Creo que con estos ejemplos basta. Se podrían poner más, pero son más que suficientes para ejemplificar que criticar características concretas de feminismos concretos no siempre es machista y es a menudo inherente al propio movimiento. No hay apenas reclamaciones en las que las feministas estemos unánimemente de acuerdo.

Algunas de las ideas que acabo de exponer pueden ser tachadas de muchas cosas: tonterías, discriminatorias, egoístas, simplistas, falsas, equivocadas, irrealizables, de signo político contrario al que yo defiendo. Pero todas son feministas. Es imposible que estemos todas de acuerdo en todo, y así es como debe ser.

El aborto, ¿cosa de dos?

En estos días en los que se ha criticado tanto la reforma del aborto que quiere hacer Gallardón, he oído un argumento peligroso: “el aborto es cosa de dos”; “en una pareja estable el padre debe ser escuchado”. Esto parte de una fantasía, que es la siguiente situación:

Había una vez una pareja estable, sin problemas reseñables. La mujer se quedó embarazada (de su pareja estable) y abortó sin el consentimiento, quizá contra la voluntad, de su abnegada pareja, que deseaba ese bebé más que nada.

Los creyentes en este cuento tienen opiniones variadas sobre cómo limitar el daño que hace esa mujer de fantasía. He oído que el aborto debe ser libre “pero”; también que escuchar la opinión del padre-caso-de-haberlo debe formar parte de las vallas de la carrera de obstáculos que se ponen entre la mujer y el aborto, al nivel de medidas como los días de espera. Y también, lo más extremo, que las leyes de supuestos y no de plazos tienen la virtud de eliminar este peligroso “aborto sin consentimiento del padre”.

El cuento se desmorona a poco que lo observemos. En primer lugar, está qué pasa dentro de las parejas estables. Una de las cosas que podrían estar ocurriendo es una situación de violencia de género, con su consiguiente coerción reproductiva. Sí, hasta que no te lo explican no caes en la cuenta: los maltratadores quieren tener a su víctima controlada, y pocas cosas te tienen más controlada que ser madre. Aquí hay mucha más información, en inglés. Esa mujer en una pareja estable que aborta a escondidas puede que se quedara embarazada a consecuencia de una violación que no quiere denunciar; tras un sabotaje a su anticoncepción; o simplemente, no quiere estar embarazada de un hombre que podría matarla.

Y si no es el caso ¿por qué querría ocultar algo tan serio una mujer que hemos dicho que es razonablemente feliz con su pareja? Aquí se oculta la misoginia, el miedo a que la mujer sea mentirosa o egoísta. ¿No te has parado a pensar qué razones tiene ella para desear acabar con ese embarazo? ¿No confías en ella?

Además, pedir hijos es sencillamente pedir demasiado. Los hombres abandonan a sus hijos impunemente, todos los días. Eso lo sabe la mujer desde que veía quién le ponía la comida y quién le cambiaba los pañales; cuando la llevaban al colegio y veía que había niños con madres solteras y niños al cuidado de los abuelos, pero niños al cuidado del padre, pues no. No lo llevamos en la sangre: es una lección que hemos aprendido. Dado que los hombres pueden desentenderse si quieren, es desmesurado que si deciden implicarse tenga que ser a costa de la autonomía personal y la salud de una persona que no desea estar embarazada.

Hay que insistir en este tema de la salud y la autonomía. Ninguna persona te debe nada; no puedes obligar a nadie, ni a tus padres, ni a tus hijos, a darte, por ejemplo, sangre o médula ósea, ni a arriesgar su vida por ti. Un embarazo no es una enfermedad pero conlleva molestias, pérdida de calidad de vida, y potencialmente, trastornos agudos y crónicos. Como mínimo te pasas nueve meses sin poder tomar ni una pastilla para el dolor de cabeza. Vómitos, cansancio, dolor, diabetes, hipertensión, incontinencia urinaria, estreñimiento, hemorroides. Una anestesia y que te rajen la barriga, o un proceso doloroso por naturaleza y que la medicina vuelve humillante, que incluye que te rajen los genitales, explicado muy bien aquí. Y aunque el embarazo no fuera una situación en la que te estás jugando la vida, es la única situación en la que te permites opinar sobre mis órganos internos.

A veces toda esta fantasía se disfraza de corresponsabilidad. Los hijos son de los dos, los cuidados son de los dos, hagamos el embarazo también de los dos. Es una trampa: es seguir manteniendo la propiedad patriarcal del aparato reproductor. ¿Quieres hijos? Asume obligaciones después de que nazcan. Antes, no pidas lo que no es tuyo.

La denuncia falsa.

Había una vez una sociedad en la que las denuncias por violación o violencia de género tenían un peso social tan grande, y eran una acusación tan grave, con tal estigma, que los hombres vivían aterrorizados ante la posibilidad de la calumnia.

– Pero vamos a ver, ¿tú qué le has hecho a ella para que te denuncie?
– ¿Yo? Yo, nada, de verdad tío, yo no le he hecho nada.
Bueno, algo le habrás hecho, ¿no? No te va a denunciar por las buenas, hay que calentar mucho a una mujer para que haga una cosa tan extrema como esa.
– En serio, que no. No le hice nada. Salimos a dar una vuelta, nos tomamos algo como siempre, la dejé en su casa como siempre, me fui, y lo siguiente que sé es que tengo a la policía en casa tomándome muestras biológicas hasta del cielo de la boca.
– Jodeeeeeerrrrrr, pero es que cómo se te ocurre. ¿Qué bebiste?
– Pero eso qué tiene que ver.
– Pues tiene todo que ver. Tú vas, te emborrachas, te pasas, te crees que ella tiene ganas, no las tiene, y ¡POM!, la violaste. Y encima es tu novia, o sea que es violencia de género. Da gracias a que la denuncia es por la violación nada más y no por maltratador.
– ¿Cómo te tengo que decir que no la violé? Que no es que ella no consintiera, que es que no hubo sexo, ni del bueno ni del malo. No. Sexo.
– Eso es lo que dices ahora, tío que soy tu amigo y creo que no tienes mala intención, pero si habías bebido, ¿cómo sabes que no la violaste?
– A ver, si te pones así, uno no está nunca seguro de nada, en fin, ni del suelo bajo los pies, yo qué sé, si hubiera habido sexo me acordaría.
– Aparte es que tú, también, es que da igual, es que eso es ir provocando. Vas y te tomas unas cervezas, y luego os vais a su casa, y claro, por aquellas calles tan vacías, pues ella, normal. Se asusta. Le entra miedo, y hace, pues lo normal en una situación así. Se asusta,  va y te denuncia.
– Pero ¿tú de parte de quién estás?
– Es que no es cuestión de parte de quién estoy, que sabes que eres mi amigo y me importa lo que te pase, pero es que tíos como tú sois los que nos dan mala fama a los demás. ¿Por qué no me llamaste para que fuera con vosotros? Yo también estaba por la parte de los bares, nos vamos los tres a su casa y ya está. Tienes tranquilidad, un testigo, y la seguridad de que no la violas. A ver, como si no te hubieran dicho mil veces que uno no se puede quedar solo con una mujer. Vamos, desde chicos en el colegio.
– ¿Y si nos acusa a los dos?
– Venga ya, que Silvia no es de esas. Silvia es legal.
– Será todo lo legal que tú quieras, ¡pero me acaba de calumniar!
– Ehhhhhh, que calumniar es una palabra muy gorda. Te ha denunciado.
– Me vas a venir a mí con qué palabras son gordas. ¡Que me han puesto un cartel al cuello!
– Venga, no dramatices. Espera a que se le pase un poco el enfado, hablas con ella, le pides perdón, y a ver si retira la denuncia, que yo creo que sí, que es una persona razonable y si le explicas tu versión, te comprenderá.
– Entre los que decís que algo hice y la culpa es mía, y los que decís que las mujeres no pueden evitarlo, y la culpa no es de ella, me tenéis todos harto ya. Voy a ver qué ponen en la tele.

En un canal de televisión hay un documental que se centra en los aspectos más tristes del día a día en prisión de hombres denunciados por violación y violencia de género. Todas las mujeres que aparecen son funcionarias de prisiones, juezas, y mujeres policía.

En otro canal están echando una comedia donde algunas actrices hacen chistes sobre un hombre que es demasiado feo para calumniarlo: no querrían que nadie las relacionara con él.

En otro canal donde también hay una película, es un drama romántico. Una mujer seduce a un hombre. Lo amenaza con denunciarlo, tras lo cual él se enamora de ella, seducido por su chantaje.

En otro canal hay un debate sobre la función que el sistema educativo debe tener enseñando a los chicos a evitar ponerse en situaciones que les lleven a ser calumniados, ya que se produce una escalada del “rumor” a la “acusación” al “chantaje” a la “denuncia” que los chicos deben saber detectar y frenar antes de que sea grave. En ningún momento se dice “las mujeres denuncian”, sino “los hombres reciben denuncias”.

– Estoy harto de toda la mierda antimasculina y calumniante que echan.
– Nah, no tendrías que ser tan radical. Tomátelo más a la ligera que no es algo personal, tío.

Hombres que me han enseñado sobre feminismo

Mi padre. Porque si el feminismo es la idea radical de que las mujeres somos seres humanos, el primero que me trató como tal fue mi padre.

Mi marido. El porqué sería largo de contar.

Tres de mis ex. Me enseñaron a gustarme. Y no deseaban “hacerme” cosas. Deseaban mi sí y me enseñaron a consentir en lugar de a dejarme hacer.

Joss Whedon. No soy su mayor fan, precisamente, pero me gusta cómo trabaja con sus ideas de “mujer fuerte”. Las series serían más aburridas sin él.

Charles Dickens. No era feminista; él quería un patriarcado amable. Se aprende mucho observando en sus novelas porqué eso es imposible.

Michael Kimmel. Autor de libros sobre roles de género. Le preocupa especialmente la masculinidad moderna. The Gendered Society es un libro suyo magnífico sobre sexismo.

James Eli Adams, catedrático de la Universidad de Cornell cuyo trabajo se centra en la masculinidad victoriana. También es un excelente profesor. Hay muchos buenos profesores y muchos victorianistas, pero me quedo con Adams porque me gustó verlo ejercer de padre de su hija.

Daryl Bem, otro profesor universitario en Cornell, éste de psicología. Me dio un curso breve pero intenso sobre formación de ideologías.

Bill, el marido de Suzanne, mi amiga que es cura episcopaliana. El primer hombre al que vi, en vivo y en directo, ser el apoyo logístico y emocional de su mujer y no al revés. Él compaginaba su propia carrera y sus hobbies con tener el rol de “cuidador” en la pareja. Sin problemas y sin alardes.

William Shakespeare, que inventó el personaje femenino con agencia. Exagero un poco, pero sólo un poquito.

Los comunistas en twitter. No todos, sólo algunos. Perdonad que no los mencione, prefiero no olvidarme de ninguno. Porque me recuerdan que no puedo hacer sólo feminismo para blancas y ricas.

Michel Foucault. Para recordar entre otras cosas que el sexo no libera. La libertad está en poder consentir o no.

Manuel Almagro y Brian Crews, profesores universitarios que me recomendaron a Jeanette Winterson. Otros editaron y publicaron mi artículo sobre una novela suya.

Donald Dutton escribió casi todo lo que sé sobre violencia de género. Miguel Lorente añadió otro poco. Juan José Millas remató con Hay algo que no es como me dicen.

Algunos feministas en twitter. No quiero dar nombres por si me olvido de alguno, pero ellos saben quiénes son. De su mirada de novato que se acaba de tomar la pastilla roja, de su odio por las injusticias, no sólo se aprende: se sacan fuerzas.

Algunos alumnos varones que no responden a los ideales de la masculinidad. “Hombres débiles”, como dice un hombre feminista; chicos no necesariamente amanerados ni homosexuales, pero que aún así, no responden a lo que se espera de ellos. Ellos lo saben. Procuran no llamar la atención. Estoy aprendiendo a convertir mi aula en un sitio donde puedan ser ellos mismos. Apenas estoy empezando.

Gustavo Bolívar, autor de la novela “Sin tetas no hay paraíso”. No os la perdáis. Buenísima.

Hayao Mizayaki, por tantas películas con buenos personajes femeninos, sobre todo con las mujeres más invisibles: las ancianas.

Roddy Doyle, novelista irlandés autor de entre otras “The Woman who Walked into doors”, una novela para mí con cualidades de exorcismo.

Michael Ende. Por Momo. Porque seguro que tuve mejor infancia que con un héroe masculino.

John Irving. Otro novelista. Porque en En Mundo Según Garp tuve mi primer contacto con feminismo pesimista, partidario de la segregación. Y en Las Normas de la Casa de la Sidra se habla de aborto como en ninguna otra obra de ficción que yo conozca.

Y tú, aliado posible, quién sabe si amigo, ¿vas a hablar de feminismo? ¿Vas a llamarte feminista? ¿Vas a enseñarme algo? ¿Vas a mejorar la vida de alguien? ¿Vas a echar abajo las injusticias a patadas? ¿O sólo piensas quedarte ahí, criticando?

Cuándo criticar a feministas

Lo primero que hay que tener en cuenta y que es importantísimo si somos feministas y queremos criticar el movimiento desde dentro es que cada minuto que pasemos criticando a otras feministas es tiempo que no pasamos pateando el patriarcado. Para mí no es una cuestión de que el movimiento tenga que estar unido: hay tanta diversidad de frentes que es normal que haya desacuerdos. Es cuestión de prioridades: ¿criticar a otras feministas, o desmantelar lo que nos oprime? Por eso, criticar a compañeras o aliados es algo necesario a veces, pero que no debe hacerse a la ligera.

Un tema sencillo de ver es la feminista que se dedica a temas que no nos interesan. “Ya está Anita Sarkeesian hablando de videojuegos en vez de pobreza, discriminación salarial o burkas”. Esta actitud no sirve para nada. Anita Sarkeesian está hablando de juguetes: del uno al diez, un tres. Y tú estás hablando…. de Anita Sarkeesian. Del uno al diez…. ¿qué? Desengáñate: no estás luchando contra la pobreza, estás criticando a una persona que al menos hace algo. Ante la feminista que se preocupa por temas que no te van, en público no hay mucho que decir. Y en privado, si la conoces, busca interesarla por lo que a ti te parece importante pero sin sobreexplicar. Sin condescendencia ni críticas destructivas.

Un segundo motivo es la agresividad o el radicalismo. Sobre el radicalismo ya he hablado: las muy radicales son necesarias para hacernos pensar a las demás.Sin Andrea Dworkin y su actitud radicalmente negativa ante el sexo heterosexual y la pornografía, quizá no habríamos sentido que vivimos inmersas en una sopa de violencia y que necesitamos crear la cultura del consentimiento. Yo, desde luego, sin Dworkin argumentando que la convivencia con los hombres es imposible porque nos odian, no estaría dándole vueltas a hasta qué punto tiene razón, y cómo relacionarme con ellos, aliados o no, de maneras positivas para todos.

La agresividad es otra cosa, y propongo medirla con el estándar Risto Mejide – Mourinho – Dr House. Veamos: ¿hay gente a la que no interese el fútbol, o que era madridista y ya no lo es, porque no le gustaban los modos de Mourinho? ¿La serie House, MD ha sido un éxito, o un fracaso? Una posibilidad para cuestiones menos intrascendentes: revisa tu opinión sobre el activismo agresivo cuando es más genérico o lo realizan hombres. ¿Qué opinas de los escraches, por ejemplo? ¿Qué opinabas, en su día, de lo que llamaron “primavera árabe”? Ahora, compara esa opinión con lo que piensas de las feministas modernas que consideras agresivas y considera muy seriamente si hay coherencia ahí.

Algunas feministas, no por feministas sino porque los seres humanos somos así, son bordes. ¿Se dedican al acoso o al ataque personal? ¿Son terroristas y atacan a individuos o dañan sus posesiones? Entonces, critícalo y denúncialo donde haga falta. Que yo sepa, el terrorismo feminista no existe; desgraciadamente, el acoso por parte de feministas, sí. Ahora, si lo que hacen es pegar gritos (véase Femen), hablar de vaginas usando palabras tabú (véase Inga Muscio) o simplemente hacer del enfado bandera (véase @Angerforyou), criticar es destructivo, poco coherente y… un poquito machista, sobre todo si esos métodos sí te parecen bien para otras cosas.

¿Quién se pasa de la raya según mi propio criterio? Pues, por ejemplo, Valerie Solanas.

Lo más criticable, en mi opinión, son las actitudes privilegiadas o directamente discriminatorias. Las actitudes clasistas, racistas, homófobas, hacen daño a compañeras y a aliados, perjudican al movimiento y son, desde cualquier punto de vista, una falta ética. Algunos ejemplos de actitudes privilegiadas que merecen todos los ataques que les podamos dar son:

– La transfobia. Hay feministas radicales misándricas para las que si naces con pene, eres hombre para siempre. Les importa la segregación, a veces claramente con el objetivo de excluir a las mujeres trans. Mal, mal, fatal. En otros casos, como el de la ya mencionada Inga Muscio, es sólo ignorancia y tiene arreglo. Muscio escribió un libro llamado “Cunt” (coño), una introducción al feminismo radical que desgraciadamente identificaba demasiado ser mujer con tener genitales de mujer. Al cabo de los años, la autora se dio cuenta de que su libro, aunque no fuera insultante, era excluyente, y ha hecho mucho trabajo en favor de los trans.

– El racismo. Un ejemplo antiguo: la americana Amanda Marcotte publicó un libro sobre feminismo llamado “It’s a Jungle Out There”, y no se les ocurrió mejor cosa que ilustrarlo con imágenes de una guerrera rubia luchando con salvajes africanos. Como chiste, no tenía ni gracia. Marcotte ha sido acusada también de plagiar a blogueras negras.

A menudo el problema es que las feministas blancas y ricas se preocupan de sus intereses solamente. No es una voluntad de perjudicar a las marrones o pobres, pero, por ejemplo, está claro que somos generaciones enteras de mujeres que hemos ascendido en las escalas laborales de los hombres porque había otra mujer, pobre, marrón, dispuesta a cuidar de nuestros hijos y limpiar nuestra casa por una miseria.

– Clasismo. Virginia Woolf, la grande, única, maravillosa Woolf, dijo que lo único que una mujer necesitaba para escribir era dinero y un cuarto donde poder cerrar con llave, pero sólo estaba defendiendo la posible existencia del genio femenino, en absoluto abogando por “habitaciones propias para todas”. Tenía varias criadas que cobraban lo normal en ese tiempo, y que compartían cuartito.

En el caso moderno, estas actitudes continúan. Supongamos una que diga que “las mujeres tenemos que pelear por estar en la élite profesional” y ponga en ello todo su interés, despreciando o ignorando a las demás, las amas de casa, las pobres, y así.

Entremos ahora, porque lo estás deseando, en el caso de FEMEN. Temas de interés: tan válidos como cualquier otro (excepto quizá el ataque a la prostitución legal). Métodos: De momento no han puesto bombas. Nada que nos parezca mal cuando se hace por otro motivo. Nada que objetar. Actitudes discriminatorias: Pues mira, sí. FEMEN hace, más que habla, pero algunos datos hay. La web oficial de FEMEN dice esto:

Activists of FEMEN – are morally and physically fit soldiers, who every day make civil actions of the high degree of difficulty and provocativity. (…) 

FEMEN – is a hot boobs, a cool head and clean hands.

Y en femen.info:

We unite young women….

We build up a national image of femininity, maternity and beauty based on the Euro-Atlantic women’s movements experience.

Hot boobs. Para ser de Femen hay que estar buena. Physically fit – para ser de Femen hay que estar en forma. Y hay que ser joven. Tienen un planteamiento absolutamente eurocéntrico, y están orgullosas de ello (aunque existen secciones de Femen en varios países fuera de Europa, algo fuera de mi comprensión). Por otra parte, una de las bases del grupo es el rechazo de toda la industria sexual, libre o no, incluida la pornografía. Es decir, son ampliamente discriminadoras.

Declara a Madriz una activista de Femen, Lara Alcázar:

El sistema de opresión a las mujeres es el mismo en todas las partes del mundo. Creemos que la manera de hacer de Femen apela a la individualidad de la mujer de hacerlo como le dé la gana y de expresarse como quiera, apela a que su cuerpo lo puede gestionar de una manera inteligente y política.

y también:
Hemos construido nuestra teoría de manera muy libre, cada una de nosotras tiene unos referentes distintos, yo vengo de un feminismo de colectivos de militancia de acción local, de cooperación internacional, luego compañeras mías de Francia tiene más como referente el feminismo de la segunda ola, otras vienen de fanzines de chicas de riot grrrl, etc. Podemos tener desde “El segundo sexo” hasta las teorías queer, porque defendemos que hay una diversidad, no entendemos que hay solo hombre o mujer.
Es decir: las activistas de Femen sólo tienen en común que son contrarias a la religión y a la prostitución, y su manera de actuar. Más allá, ancha es Castilla. La principal crítica que les hago es ese límite de la belleza física: imagino a valientes abuelitas, o a discapacitadas, o a mastectomizadas semidesnudas en una manifestación, y oye, ahí podemos empezar a hablar de ser transgresoras.
Dice Alcázar, y no es la única, que si van medio desnudas salen en los medios, y si no, no. Buen argumento para la protesta, mal argumento para cómo está construido el grupo. No cuela.
Entiendo los grupos que no me incluyen por tener ventajas de más: nada que criticar a un grupo de mujeres trans, o negras, o discapacitadas. O de negras trans discapacitadas. Sé perfectamente que si sus grupos me admitieran, el público general no las vería ni las escucharía, se fijarían en mí. Voy como subida en zancos, sería como ese hombre en una reunión de mujeres que no se sabe muy bien cómo, centra toda la conversación. Pero un grupo feminista que utiliza esa visibilidad de la mujer blanca joven y bella está acaparando la atención que no se llevan todas las demás, e ignorandolas formas en las que los cuerpos de mujer no-blancos, no-jóvenes, no-bellos, lo tienen mucho más difícil para expresar ninguna protesta.
Varios ejemplos de feministas que critico me los dieron @DrJaneChi, @ardeluxe, y @angerforyou, entre otros. Los ejemplos son suyos, la crítica, mía.

penetrar es humillar

Andrea Dworkin escribió esto en Right Wing Women:

“Thou shalt not lie with mankind, as with womankind: it is abomination.’ (Leviticus 18:22). That means simply that it is foul to do to other men what men habitually, proudly, manfully do to women: use them as inanimate, empty, concave things; fuck them into submission; subordinate them through sex.”

 

“No yacerás con un hombre como se hace con una mujer: es una abominación” (Levítico 18:22) Eso significa simplemente que es asqueroso hacerles a otros hombres lo que los hombres habitualmente, orgullosamente, con hombría, le hacen a las mujeres: usarlas como objetos inanimados, vacíos, cóncavos. Follárselas hasta la sumisión. Subordinarlas mediante el sexo.

Aquí tenemos a la misma autora en Intercourse:

“How can anyone love someone who is less than a full person, unless love itself is domination per se?”

 

“¿Cómo amar a alguien que es menos que una persona de pleno derecho, a menos que el amor sea en sí mismo dominación?”

Y para terminar: también Dworkin, en un discurso, 1974.

“A commitment to sexual equality with men is a commitment to becoming the rich instead of the poor, the rapist instead of the raped, the murderer instead of the murdered.”

 

“Un compromiso con la igualdad sexual entre hombres y mujeres es comprometernos con llegar a ser ricas y no pobres, violar y no ser violadas, asesinar y no ser asesinadas”.

Puede parecer muy exagerado, muy radical. Decir que el sexo, así en general, particularment el sexo entre los desiguales, es siempre una expresión de violencia y dar a entender eso no tiene remedio es una cosa muy antigua en estos tiempos “sex-positive”. Pero el uso diario de la lengua, si no la práctica real, deja muy clara una cosa en la que la más radical de las radicales tenía toda la razón. El sexo es humillar, y follar, transitivo.

Sólo si el sexo significa perder, derrotar, humillar, se entiende la equiparación del sexo con examinarse.

examen peh
El sexo se parece a perder en un juego:

Danimoreno peh

Y cómo no, es inevitable, perder en un deporte de equipo también es que te follen. Transitivo siempre. Follar, diría yo, es lo que haces CON el compañero, no AL contrario. Pero el lenguaje lo han hecho los hombres, y para ellos, el sexo es agredir.

futbol pehHay ejemplos creativos, originales, de esto. Por ejemplo: el verso “follarse a las pijas es follarse a la derecha” (muy al final del vídeo).

Aquí la letra entera.

Las mujeres han intentado apropiarse del concepto del sexo como humillación. Este ejemplo es clásico (gracias a @ilse0001 por cortar y subtitular)

La película “La Teniente O’Neill”, de la que sale el clip, cuenta la historia de una mujer en un proceso de masculinización completa, en la que esta escena es una apoteosis, una celebración. La mujer puede humillar a un superior jerárquico mediante una alusión sexual porque ya está plenamente masculinizada; sus compañeros de rango celebran qu es una de los suyos.

Veamos casos un poco más del día a día. Mujeres usando la misma idea para insultar. El sexo oral como humillación.

Luzhilda peh 2

Luzhilda peh

AnaOjea peh

chirri peh

Ante este tema, creo que la apropiación no sirve como respuesta. No quiero una equivalencia entre el sexo y la humillación, venga de donde venga, porque siempre podrá volverse contra mí. Entiendo, y a veces comparto, respuestas agresivas. No creo que la agresividad sea exclusiva del patriarcado; los animales pueden ser agresivos. Pero con el lenguaje del sexo como humillación no veo más solución que el rechazo. No quiero y no lo tolero. No voy a compartir las armas de mi enemigo. 

Test: ¿qué tipo de feminismo practicas?

Este test, apto para todos los públicos incluso los que no se consideran feministas, te puede enseñar qué punto de la evolución histórica del feminismo se ajusta más a tus ideas. Las soluciones se pueden interpretar si dejas preguntas en blanco, y puedes contestar 2 de 4 opciones si estás muy indeciso, pero eso hará que el resultado sea algo más impreciso. Aunque esté formulado en femenino, está pensado para que lo puedan hacer hombres y mujeres. Aquí tienes las soluciones. ¡Cuenta qué te ha salido en los comentarios!

NOTA: Desde que lo creé, este test ha recibido varias críticas, entre las que destacan que los lectores no se sienten identificados con todas las opciones,  es decir, que a veces echan en falta un “niguna de las anteriores”; y que está sesgado o que pretendo criticar lo que sólo estoy exponiendo. Este test no está pensado para adivinar o diagnosticar nada, sino para mostrar con un ejemplo que dentro del feminismo hay ideas contradictorias porque es un movimiento muy amplio. Todas las respuestas del test son ideas que han defendido activistas feministas en algún momento de los últimos 50 años. No pasa nada si no te identificas con una respuesta por cada pregunta o con un movimiento coherente. Casi nadie lo hace y eso es lo mejor.

Y sobre que este test pretende ser una crítica sutil y retorcida, pues no. El blog está lleno de críticas, unas explícitas y otras retorcidas. Este test no es una de ellas. Si os sirve de algo, la segunda ola es como la típica madre de los chistes machistas sobre madres pesadas: le debo la vida y la quiero un montón, pero me tiene harta y no la aguanto.

1 Los objetivos del feminismo son:
1 La igualdad entre hombres y mujeres.
2 Compensar la discriminación histórica de la mujer.
3 La destrucción del patriarcado, es decir, todo el sistema de opresión visible e invisible que afecta a toda la sociedad, a las mujeres más que a los hombres.
4 Un principio necesario pero parcial e insatisfactorio para resolver el conjunto de las injusticias sociales.

2 ¿Qué opinas de la discriminación positiva y las cuotas?
1 Sólo benefician a las mujeres que ya han llegado a “casi” lo más alto, que son una minoría privilegiada.
2 Estoy en contra. La igualdad ante la ley y la aplicación de méritos objetivos debería ser más que suficientes.
3 Estoy a favor. Es necesario que haya mujeres en las altas esferas de poder.
4 Estoy a favor, pero no me parecen una solución suficiente.

3 Contra la violencia de género:
1 Leyes específicas y medidas de protección concretas.
2 Información, independencia económica de la mujer, garantizar que los mecanismos legales de separación, denuncia por lesiones, etc. funcionen bien. Sin leyes específicas.
3 Las medidas legales son un parche, necesario pero parche. Es vital destruir el concepto del amor romántico y la feminidad sumisa.
4 No terminará hasta que cambie el concepto de masculinidad patriarcal. Hay que trabajar mucho con los hombres.

4 Prostitución:
1 Es el horror. Una muestra palpable de la opresión patriarcal.
2 Existe porque hay pobreza y miseria. Sería deseable que no existiese, pero mejor que prohibir la prostitución, arregla la pobreza.
3 Si hay igualdad entre hombres y mujeres, que haya prostitución masculina también.
4 Criticar la prostitución es insultar a las que la ejercen libremente. Que opinen ellas.

5 La pornografía.
1 Es irrelevante a los intereses del feminismo.
2 Puede ser no sólo feminista, sino además una expresión del feminismo.
3 No me gusta, pero eh, libertad de expresión.
4 Es una expresión de misoginia.

6 Espacios segregados:
1 Sí. A veces hay que descansar de tener tanto machote alrededor. Yo por mí me iba a una comuna lesbiana.
2 Están bien cuando no hay igualdad, pero cuando ya se ha conseguido la igualdad, debemos eliminarlos.
3 No. Las mujeres tienen que entrar en los espacios masculinos.
4 Puede haber quien los necesite. Si se trata de una necesidad cultural, por ejemplo.

7 Se le puede criticar al feminismo:
1 No ha conseguido que la mujer consiga igualdad en aspectos básicos como el laboral.
2 No ha conseguido la unidad de las mujeres contra el patriarcado.
3 No tiene en cuenta que los intereses de las mujeres poderosas (blancas, ricas, occidentales, heterosexuales) van directamente en contra de las demás mujeres.
4 Muchas de sus reivindicaciones están desfasadas o son extremistas.

8 El lenguaje inclusivo o no sexista:
1 Es una estupidez porque desvirtúa el lenguaje y sólo lleva a malentendidos y cursilerías.
2 A mí me va a dar igual que digas “personas en situación de pobreza” o “personas negras” si no vas a solucionar la pobreza y el racismo.
3 Puede ser conveniente y útil.
4 Es una necesidad y una prioridad.

9 ¿Dónde quieres ver a muchas feministas?
1 En el barrio chungo de mi ciudad, no “ayudando”, sino aprendiendo.
2 En la Universidad.
3 En los consejos de ministros.
4 En el Vaticano. Con motosierras.

10 “Una mujer donde tiene que estar es en casa con sus hijos”.
1 No, si contrata ayuda externa.
2 Ojalá. Hay muchas que quieren dedicarse más a su vida doméstica, pero no pueden.
3 Desgraciadamente, una mujer puede elegir entre la vida familiar o el éxito.
4 El hogar y la domesticidad son inventos del patriarcado.

11 Una afirmación como “Si las mujeres mandasen no habría guerras”.
1 Es falsa. Existirían discriminaciones por raza, clase social, etc. sobre las que se basarían nuevos conflictos.
2 No es cierta. Si ocupamos el mismo lugar de poder que los hombres haríamos lo mismo, porque somos iguales.
3 Es intrigante.
4 Es cierta, o al menos habría menos conflicto, porque el patriarcado provoca muchos de ellos.

12 Los ideales de belleza sobre la mujer:
1 Se usan para oprimirnos. Ser fea y aceptarlo es una liberación, ¡vivan las feas!
2 Para muchas son una opresión, pero también son un arma que se utiliza en contra de mujeres a los que jamás son aplicables. Las que no son blancas, por ejemplo.
3 Son injustos. No puede ser que tu vida entera dependa de ser guapa o fea.
4 Son arbitrarios, reivindico que cualquier mujer puede ser bella.

13 Hablemos de hombres:
1 No pintan nada en el feminismo. O muy difícilmente.
2 La igualdad jurídica y la existencia de una meritocracia verdadera requiere de su participación.
3 Deben ocuparse no sólo del feminismo sino de crear una masculinidad diferente. Y de las diferencias de raza y clase, que a veces dividen más que los sexos.
4 Deben sumarse al feminismo.

14 ¿Qué te inspira como feminista?
1 Las feministas radicales y los movimientos revolucionarios.
2 La lucha de las pioneras o de las mujeres en países en vías de desarrollo. Qué fuerza y qué valentía.
3 Las mujeres que consiguen poder en un mundo de hombres.
4 Luchas no necesariamente feministas, como el movimiento trans*, los derechos de los homosexuales, la lucha contra el racismo.

15 Eres concejal en tu pueblo y puedes financiar un curso. Escoge.
1 Talleres de economía y emprendimiento para amas de casa.
2 Talleres sobre anticonceptivos en el instituto.
3 Talleres de español para extranjeras.
4 Talleres de defensa personal.

16 ¿Qué ha contribuido más a liberar a la mujer?
1 Rebelarse
2 La lavadora.
3 El acceso a la educación.
4 ¿A qué mujeres?

17 Te enfadarías con una feminista porque:
1 Se dedique a intentar tener contento a todo el mundo. Con blanduras y simpatías no vamos a conquistar nada.
2 Traicione las raíces del movimiento con reivindicaciones superficiales. Esto es un asunto serio y lo que hay que cambiar son las leyes, no hacer chistecitos o criticar dibujos animados.
3 Es homófoba. O nos liberamos todos a la vez, o esto no va a ninguna parte.
4 Quiera pedirse dos años de baja de maternidad. ¿Para esto he luchado yo?

18 Recomiéndame algo para inspirar a mi sobrinita (suponte que todo va a ser de su gusto y apropiado a su edad).
1 El viaje de Chihiro.
2 Mafalda.
3 Buffy Cazavampiros.
4 Jane Eyre

19 Sólo una de estas reivindicaciones es extraordinariamente urgente (OJO: urgente no es lo mismo que importante)
1 Más gasto social.
2 Igualdad legal.
3 No a la violencia sexual.
4 Romper el techo de cristal.

20 Una feminista debería preocuparse…
1 Por si su liberación se basa en la explotación de otros/otras.
2 Por eliminar la acumulación de opresiones patriarcales en su día a día.
3 Por las corrientes tipo “crianza natural”. La reivindicación de la baja maternal de tres años es machismo.
4 Por liberar a las que aún están oprimidas en otros países donde no hay, por ejemplo, derecho al voto.

Varias preguntas son sugerencias de @undivaga. Gracias.

Espacios segregados, 1: Introducción, y gimnasios.

Los espacios segregados, que a veces se llaman con eufemismos como “diferenciados”, han existido siempre: lugares sagrados sólo con sacerdotes o con sacerdotisas, o con adoradores hombres o adoradoras mujeres. Lugares donde se ejerce el poder, también: donde las mujeres no pueden ejercerlo, o tienen prohibida la adquisición de conocimientos, se crean espacios masculinos: el Consejo de Ministros, el Parlamento, la Junta Directiva, la Universidad, el cuartel. Espacios segregados de facto, donde las mujeres no tienen prohibida la entrada pero son mal recibidas y no se las anima a entrar. El bar. El estudio de grabación. La nave espacial. No son espacios creados para que los hombres estén tranquilamente solos sin mujeres, es decir, lugares que buscan “crear comunidad masculina”. No, son lugares donde se hacen cosas, de los que se ha excluido a las mujeres. Unos más que otros, depende del momento y el lugar.

Luego están los espacios femeninos donde los hombres no tienen acceso. En muchas culturas pero no todas, el paritorio. La cocina. El convento. La escuela de niñas. Son muy pequeños, pero abundantes, y se caracterizan por no ser espacios de poder.

Cuando las mujeres salimos del espacio doméstico, no tenemos más remedio que incorporarnos a los lugares masculinos, porque al entrar en el espacio público desde cero, sin ningún poder adquirido, crear lugares-espejo de los lugares de poder masculino es menos efectivo que invadir el espacio masculino, y en ocasiones, imposible. Hay una escala de lo efectivo y lo posible: no es lo mismo crear una empresa 100% femenina siendo mujer, que crear una Universidad, que crear un Parlamento.

Así pues, ¿qué interés pueden tener los espacios segregados en la situación actual de Occidente? Tenemos igualdad ante la ley y libertad de movimientos, más o menos. Sólo por argumentar, veamos cuáles pueden ser las ventajas de un espacio exclusivamente femenino.

1. La protección: suponer que donde no hay hombres no se van a dar agresiones de tipo patriarcal (agresiones sexuales, hipervigilancia del aspecto físico de las mujeres, preferencia por las virtudes estereotípicamente masculinas, etc.) Este es un error bastante ingenuo, y a cualquiera que desconozca el papel que pueden tener las mujeres en la opresión de otras mujeres le recomiendo “Leer Lolita en Teherán”, “Persépolis”, o “El Mito de la Belleza”, o cualquier biografía de mujeres poderosas que cuente como trataban a sus subordinados. Sí que es verdad que bien cuidados pueden hacer que nos sintamos más seguras. No estarlo, sino sentirnos.

2. Poder hablar y ser escuchadas. Es verdad que en un grupo donde hay hombres, incluso si son minoría, hablan más, interrumpen más, se les escucha más. A veces apetece estar un rato en un grupo que no da ese pequeño extra a nadie. Pero luego hay que salir ahí fuera a contarle al resto (hombres, mujeres ajenas al grupo) lo que se ha estado cociendo dentro. Si no, ¿para qué?

3. Poder hablar de “cosas de mujeres” o de cosas que no quieres hablar delante de hombres. Temas como salud sexual y reproductiva, crianza de los hijos, o feminismo, en mi opinión no deberían dejar a los hombres fuera por sistema. Al final, hablar sin hombres delante quiere decir que se va a hablar de hombres. El cotilleo es un excelente lubricante social. Lo cual está muy bien, si es sólo un rato.

Por lo tanto, y mientras no encontremos más razones, vemos que los espacios segregados pueden ser un mal necesario mientras vivamos en un patriarcado. Dan sensación de seguridad y protección, eliminan a un grupo que tiene el privilegio de que si ellos hablan se les escucha más, y favorece conversaciones que suelen ser privadas. Para que sean efectivos, lo que se trabaje en el espacio segregado luego hay que difundirlo fuera, aunque sólo sea que ha cambiado para mejor tu estado de ánimo.

También hay que tener en cuenta que los espacios segregados tienen que tener una política muy clara de inclusión a las personas trans* para que puedan participar sin problemas donde por justicia les corresponde. Reducir la cantidad de espacios segregados es una manera de facilitar la inclusión trans*, y de quien no responden a una división de género binaria.

Ahora mismo hay un espacio segregado muy visible: los gimnasios femeninos. Su existencia me sorprende, porque un gimnasio no es un espacio de poder en absoluto. Donde se practica un deporte, sí, pero un gimnasio, no. Un lugar donde se practiquen deportes puede ser hostil, pero las agresiones vienen de quien tiene poder: los entrenadores. Hay muchos casos, desgraciadamente, de entrenadores que han abusado de sus alumnos y alumnas. Por lo tanto, en un gimnasio femenino, si se crea un vínculo emocional fuerte con el preparador físico, la vulnerabilidad sigue ahí, quizá más intensa cuanto más asimétrica sea la relación, pero en cualquier caso el problema no son los compañeros.

¿Comunicación? Los gimnasios no son, que yo sepa, tampoco un lugar de comunicación. Acudimos a uno a seguir instrucciones. Lo mismo ocurre en una escuela deportiva. En fin, que los gimnasios femeninos no dan ninguna ventaja respecto a los mixtos, más alla de que como son franquicias, son muy visibles y usan métodos de trabajo estandarizados.

Pero se explica observando las webs de estas franquicias. Aquí ímágenes de portadas:

femgym 4 femgym 5Y ahora, de otras páginas de las webs:

femgym 6 femgym 8 femgym 1femgym 7 femgym 2 femgym 3Es fácil darse cuenta de varias cosas. La primera: son centros para la pérdida de peso. Las webs, después de textos como los insertados, añaden una lista esquemática de beneficios del ejercicio físico, como para salir del paso. Pero están pensados para lograr objetivos (véanse las menciones de “efectividad”, “resultados”) y el objetivo principal es perder peso.

Además, el ejercicio físico se ve como una tarea compleja, tediosa y amenazante. Lo más repetido es que los métodos son sencillos. Empezar una tarea nueva, como ir al gimnasio por primera vez, puede ser un poco intimidante, pero no complicado. A la posible clienta se la trata como a una niña pequeña, que no sabe lo que necesita, que está allí por necesidad pero no realmente por su propia voluntad. El ejercicio físico no es un placer en absoluto.

Se insiste en que las sesiones son breves. De nuevo, el ejercicio no es un placer, y no estamos en el gimnasio para disfrutar, aprender habilidades nuevas, conseguir fuerza física o hacer vida social. No: vamos a conseguir los beneficios a posteriori de la actividad física, y por eso se presumo de que este esfuerzo físico en sí va a ser corto. Sesiones de media hora es la norma, en circuitos prediseñados.

Y ¿por qué hacer todo esto en espacios segregados femeninos? ¿por qué no utilizar idénticas salas de circuitos en los gimnasios mixtos? Pues a mí me parece que para evitar que seamos, horror, gordas en público. Porque podemos hacer dieta en público: abstenernos de comer es una acción virtuosa. Pero el ejercicio físico en público es un desafío. Además de que sienta bien a la salud y nos pone fuertes, supone aceptar que a veces somos torpes, sudamos, adoptamos posturas poco fotogénicas. Y que estar mona no pasa por casualidad. Así que algunos listos, viendo que hay mujeres a las que desgraciadamente les da vergüenza hacer ejercicio físico en público, en lugar de formar a preparadores físicos sensibles a nuestros problemas, nos han dado otro lugar donde escondernos.

En conclusión, el gimnasio femenino es otro espacio de opresión. Como el servicio de señoras, la peluquería, o la reunión de tappersex, es otro lugar en el que disimular que la feminidad es una construcción y que tenemos una tercera jornada laboral para estar atractivas.

Radical, complicada y agresiva.

Cuando estamos hablando de movimientos que buscan cambios sociales, a veces surgen debates sobre si es necesario ser moderados en nuestras posturas como una manera de captar nuevos miembros, y también por no “asustar” a los poderes establecidos. Yo aquí tengo una opinión muy clara: dentro del feminismo no tiene ningún sentido un debate entre la validez de las posiciones agresivas y conciliadoras, especialmente si pretende dividir a feministas “bordes” de “amables”.

La base del conflicto está en la confusión entre varios problemas diferentes: radicales frente a moderadas, investigadores e innovadores frente a transmisores y educadores, y agresividad frente a conciliación o pacifismo. Sí, estoy mezclando géneros gramaticales y términos impersonales a propósito.

Tratemos la agresividad en primer lugar, porque es lo más sencillo. Le cedo la palabra a @hijabinist porque creo que nunca lo había leído expresado con tal claridad:

that level of politeness

El nivel de cortesía necesario para que los privilegiados escuchen a quienes oprimen NO EXISTE.

Puedes no estar de acuerdo, así que te lo voy a suavizar: cuando a un colectivo le faltan un puñado de privilegios, hay un equilibrio muy delicado entre hablar lo bastante alto como para que se te oiga, y no tan alto que te manden callar porque eres una maleducada. Además, algunos tenemos determinadas etiquetas que son un peso extra, destinado a silenciarnos o a exagerar nuestro comportamiento: los adolescentes son agresivos, las mujeres histéricas, charlatanas y pesadas, y así. La agresividad no es objetiva: lo que la sociedad consiente a ciertos tipos de personas, no lo acepta en otras. Imagina una manifestación política con el mismo grado de violencia o agresividad que la que se produce antes y después de un partido de fútbol importante: lo que el deporte justifica como una necesidad normal de desahogarse, se condenaría en una reivindicación contraria al poder establecido.

“Radical” significa varias cosas. Veámoslo en el sentido de “extremista” como opuesto a “moderado”. Se tiende a pensar que los radicalismos son propios de personas agresivas, y las posiciones moderadas propias de personas más pacíficas o más interesadas en la conciliación. Tonto error; es fácil pensar en moderados agresivos. Mi experiencia más inmediata es con adolescentes. Chicas que no tienen unas ideas muy extremas, que más o menos creen en “la igualdad”, que a veces se escandalizan con algunas de las cosas que les cuento en clase, pero ahora: no vayas a darles ni un atisbo de lo que ellas puedan percibir como injusticia, que su opinión la dirán alta y clara. Sobre todo, alta. Y no tienen ningún problema en defenderse mediante la violencia. No a todas se les pasa con la edad. Otro ejemplo de moderadas agresivas son las mujeres de derechas, que practican cierta clase de feminismo mutilado que puede ser muy agresivo en sus reacciones contra algunos hombres pero sobre todo contra las demás feministas.

Los pensadores radicales abstractos, poco interesados en el nivel básico de captación de adeptos o de movilización contra los opresores, actúan como maestros de los demás. Algunos renuncian al didactismo porque son pesimistas. En cualquier caso, son imprescindibles. Todos los activismos necesitan quien eduque a los curiosos, pero ninguno se sostiene sólo con ese nivel elemental. En mi caso, para enseñar a doceañeros a respetar el espacio personal tuve que leer a Margaret Atwood, Andrea Dworkin, y Twisty Faster. De hecho, estas tres magníficas mujeres, en particular Twisty Faster, que mantuvo durante años un blog del más absoluto radicalismo, demuestran que los modales exquisitos son compatibles con no dejar pasar ni una.

Yo, desde luego, no soy moderada. Puedo parecerlo porque sé cambiar de discurso, eso es todo. He escogido tomarme la molestia de tomar varios discursos muy extremistas, muy radicales, y simplificarlos sin moderarlos. Añádase un poco de paciencia y un mucho de pesadez y de pacifismo y el resultado es una feminista extremista que parece moderada sólo porque no chilla.

Es decir: hay moderados agresivos, y radicales conciliadores porque lo que quieren es educar. La radicalidad no es en sí misma agresiva, sólo lo parece porque amenaza a los privilegios, y eso escuece. Y mantener un discurso extremista, pacifista, sencillo, al alcance casi de cualquiera, es necesario para educar a las masas pero sólo se sostiene si quien educa tiene buena formación y algo de apoyo de los vanguardistas de quienes aprende, cuyas ideas transmite.

Dedicado con cariño a @pezzzglobo. Gracias por la inspiración y la ayuda a @Ilse0001, @potipotiinlove, y quienes intentaron ayudarme a hacer la ilustración que de momento no acompaña a esta entrada.