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Consentimiento entusiasta: introducción y verbalización.

El consentimiento entusiasta es la traducción de “enthusiastic consent”, un término que he encontrado fundamentalmente en activistas por la libertad sexual y contra la violación. Se intenta que dejemos de pensar en la violencia sexual como “sexo + violencia”, o como “violencia sexualizada” para pensar en “sexo sin consentimiento” y a definir qué es eso del consentimiento sexual. Puede ser problemático, porque hay quien malinterpreta que este entusiasmo consiste en pedir permiso de manera explícita, mecánica y fría. No es eso: el consentimiento entusiasta simplemente no se presupone, y se busca como un elemento fundamental de la relación sexual. Es eliminar la noción de conquista, con una parte invasora activa y otra receptora pasiva, y sustituirlo por una cooperación en la que todas las partes han podido decidir qué desean, y qué no desean; lo han podido comunicar; han sido escuchadas y aceptadas; y cada una de las fases de este proceso ha sido erótica.

Esta comunicación puede ser larga y compleja, necesitada de negociación, o puede ser muy simple. Eso dependerá de si las personas implicadas se conocen bien o no, de sus gustos, y de lo que en ese momento les apetezca. También depende de sus personalidades, porque hace falta cierta madurez y asertividad para tener claro lo que quieres, y comunicarlo. Ahí tenemos una dificultad, pues si la idea de comunicar abiertamente qué deseas, rechazar lo que no te gusta, y negociar términos medios, no te sale cuando el tema no es el sexo, quizá deberías practicar en otros aspectos de tu vida. Si te han educado para ser una persona pasiva, aprende a pedir. Si te han educado para exigir y tomar siempre la iniciativa, aprende a preguntar y a esperar. Puedes seguir en tu pasividad o en tu dominación, por supuesto, siempre y cuando sepas, repito: decidir dentro de tu cabecita qué quieres, comunicarlo, aceptar los deseos ajenos.

Muy importante también: el consentimiento entusiasta ni siquiera tiene por qué ser un disfrute entusiasta. Es más fácil aún. Es posible pensar “hago esto con todas mis ganas a pesar de que no me gusta mucho porque quiero verte disfrutar; quiero comprobar qué salió mal antes; quiero probar algo nuevo; luego vamos a hacer algo que sí me gusta mucho”. Lo importante aquí es la falta total de coacciones.

Para terminar y como ejemplo, una de las muchas maneras posibles de llevar a la práctica este consentimiento con ganas es la verbalización: tan simple como preguntar. Si vas a hacerlo, y esperas una respuesta verbal, pienso que es mejor decirlo de maneras que tengan una respuesta fácil: sí o no. No hay que dar largas explicaciones. Algunas maneras de buscar un sí son:
¿Puedo?
¿Sigo? ¿Quieres que siga?
¿Te gusta?
¿Quieres esto? ¿Quieres más?
¿Has pensado si quieres…..?
¿Te gustaría…?

Y algunas maneras de buscar un no son:
¿Quieres que pare?
Si no te gusta, paro.
¿Quieres otra cosa?
¿Te molesta?
¿Te desagrada?

Hay quien opina que todo esto no se puede hacer de forma erótica y placentera; mentiras para egoístas y vagos. Si podemos cantar dime que me quieres, podremos susurrar “dime que me deseas”.

Lo aprendimos en secreto.

AVISO: hablo de las experiencias que suele tener una mujer occidental, heterosexual, criada en una familia sana, y que no fue víctima de abusos en su infancia, vamos, tu idea de una mujer normal . Es una visión incompleta pero es la que yo puedo conseguir. Si no quieres revivir experiencias traumáticas, aquí hay fotos de gatitos y aquí una web donde pedir ayuda.

En inglés, lo llaman “rape culture”, “la cultura de la violación”, y a veces se traduce como “la cultura de la violencia”. Es esa especie de niebla densa, de clima bochornoso, en el que vivimos. Se expresa de muchas maneras además de como violencia física real; por ejemplo, en lo que hoy os presento, el Manual de Instrucciones de la Cultura de la Violación. Son ideas, prejuicios, y normas, transmitidos a las mujeres. Los hay útiles, inútiles, y falsos. Ser mujer siempre incluye conocerlos todos, tanto si los crees y los aplicas como si no. No se puede escoger no saber. Es muy difícil comprobar cuáles son erróneos sin haber sido violada.

  1. En primer lugar, se adquiere una definición de violación teórica, sin ejemplos prácticos, por ejemplo a través de las noticias. En mi caso, la definición llegó cuando no tenía del todo claro cómo funcionaba el sexo en la práctica, así que debía tener más de ocho y menos de once años.
  2. Asociar el concepto teórico de violación con cosas reales que le ocurren a tu cuerpo o que ves en medios de comunicación. ¿Lo que veo en tal película es una violación? ¿Lo que me acaban de hacer es una violación?
  3. Adquisición de conductas de evitación. Las principales conductas de evitación son dos: no seas o parezcas sexualmente disponible, y no estés sola en lugares poco transitados.

avoid rapeNo salgas sola. No bebas demasiado. Cierra la puerta con llave. No mires a los ojos. No vayas a ese barrio. No salgas de noche. No te pongas esa minifalda. No te fíes de esos tíos. No vivas sola. No invites a hombres a tu casa. No le des tu teléfono. No vayas andando por esa calle. No bajes la guardia. No sonrías. Lleva un spray antivioladores. No abras la puerta. No vayas a su casa. No llames la atención. (No te sientas segura)

4. Es posible, pero no necesario, que la fase más intensa de aprendizaje que conductas de evitación coincida con la pubertad. Simultaneas familiarizarte con las nuevas funciones y sensaciones de tu cuerpo con aprender a ocultarlo y protegerlo.

5. Doblepensar. Debes estar prevenida siempre, porque la prevención se basa en hábitos. Los hombres que conoces no son violadores. Simultanea tus relaciones sanas y fluidas con hombres (familia, amigos, amantes, compañeros de trabajo) con la idea, sostenida en todas partes, de que la violación es posible y aleatoria.

6. Algunos conceptos, a veces incoherentes, sobre cómo predecir quién es un violador en potencia. Lo más génerico es “varón, joven pero no mucho, a solas, no-blanco, pobre”.

7. Cómo mostrarte disponible sí-pero-no cuando un hombre te resulta atractivo. Aprendes las diferencias entre ponerte guapa e “ir de loba herida” (el término que se usaba en mis recreos). Aprendes qué es “dar pie” y “dar mucho o demasiado pie”.

8. Desarrollo de un Plan B anticonceptivo, al menos teórico, en caso de que seas violada y te quedes embarazada. Como mínimo, tienes una opinión para distinguir o no distinguir “qué es moralmente correcto hacer en caso de embarazo por accidente” y “qué es moralmente correcto hacer en caso de embarazo tras una violación”. Puede que tengas información sobre tus derechos legales en ese caso.

9. Qué hacer si crees que estás a punto de ser violada, para evitar serlo. Más doblepensar de mensajes contradictorios sobre el efecto del intento de violación en la víctima, a veces vista como un trauma equivalente a la violación misma.

10. Qué hacer si no vas a poder evitar ser violada. Cómo salir viva de ésta, o la idea de que no merece la pena salir viva de ésta.

11. Información sobre qué debes hacer tras ser violada, a quién y a dónde acudir.

12.  Aprendizaje de quién tiene la culpa de que haya violaciones. Generalmente, las mujeres violadas.

13. El concepto de denuncias falsas, la idea de que una acusación falsa destruye a hombres inocentes, y la idea de que una violación es muy difícil de demostrar.Más doblepensar: él no lo hizo y la culpa fue de ella.

14. Más doblepensar: uso de palabrotas, chistes, y otros elementos culturales que equiparan la violación a la derrota o el fastidio. Pensar a la vez que la violación es Lo Peor Que Te Puede Pasar y algo parecido a suspender en un examen. Es imprescindible una desconexión mental y emocional entre los dos conceptos.

15. Transmisión de estos conocimientos a la siguiente generación, a ser posible en secreto.

Creado con ideas y colaboración de mi marido, @undivaga, @potipotiinlove, y @hablaqueescucho. Beta-readers: @ardeluxe y @pnique. Gracias.

¿Estás ovulando?

Antes de entrar en materia que sólo interesa a mujeres cis en edad fértil y que no tomen la píldora, una pregunta para lectores en general. Piensa en cuándo fue la última vez que una mujer te habló de su salud. ¿Ya? ¿Cuándo fue la última vez que presenciaste una referencia a la menstruación o a la semana anterior a la misma? y por último, ¿cuándo recuerdas la última referencia a la ovulación?

Mis respuestas son: ayer a mediodía, hace un minuto, y nunca, a menos que me incluya a mí misma. Y es que es así. De la ovulación no se habla. De hecho, mucha gente no sabe ni qué es, vamos, ni que existe. Si alrededor de la menstruación hay mil mitos absurdos y anticientíficos, y vamos hablando cada vez más del síndrome premenstrual, los otros 15 o 20 días del mes simplemente no existen. Son los días “normales”.

Yo me di cuenta de que mi estado físico variaba a lo largo del mes cuando hice yoga durante dos años. Siempre iba el mismo día de la semana, y a veces no era capaz de mantener las posturas igual de bien. Era sutil, pero me daba cuenta si me concentraba. La segunda vez que ocurrió, noté que coincidía con estar afónica sin resfriarme. Por estraño que parezca, no noté pronto que coindicía con el principio del ciclo menstrual. Es decir, estaba tan acostumbrada a forzar el cuerpo a un grado de rendimiento X, y a asumir que si la regla no me dolía lo mejor era ignorarla, que había desconectado el origen común de todos los síntomas de ese momento bajo del mes.

Así que os propongo algo tan simple como observar el ciclo. Necesitas papel, o un documento de texto, o una hoja de cálculo, y hacer una cuadrícula que incluya 30 días y estos factores:

  1. Dolor pélvico.
  2. Dolor de cabeza
  3. Rendimiento físico.
  4. Estado de ánimo.
  5. Energía, cansancio, sueño.
  6. Hambre poco explicable. Antojos.
  7. Libido.
  8. Flujo: color, textura, cantidad.

El día en el que empieza la regla es el día 1. Márcalo, y ve rellenando esos datos unos cuantos meses. Marca también el día que la regla termina. Si no sabes cómo de largo es tu ciclo (el mes completo de una regla hasta la siguiente), vas a tardar un poco más en encontrar pautas; necesitas por lo menos tres ciclos para saber cómo de largos suelen ser. Si estás pendiente de algunos cambios, empezarás a notar cuánto dura exactamente tu menstruación, el ciclo, la ovulación, y los días premenstruales, que no tienen por qué ser una semana entera. Puede que durante la regla te canses más, y tengas más tendencia a dolores que no tienen nada que ver con los genitales, así que acabarás acostumbrándote a no planear actividades físicas para esos días, si puedes evitarlo. Si notas cuándo ovulas, es posible que sea justo lo contrario de la menstruación: más energía, más contenta, y probablemente con más hambre y con más deseo sexual que el resto del mes.

Y esto, ¿para qué? Bueno, para conocerte, ¡te parecerá poco!. Hay más ventajas. Pero mejor las descubres tú.

Violencia y feminismo. Definiciones.

Hay áreas que se superponen, intereses particulares, ambigüedades, y palabras que cambian de valor según qué bibliografía usemos. Estoy terminando una tesis doctoral sobre este tema, y éstas son las definiciones que uso. Otro día os pongo la bibliografía de la “tesina”.

Crimen pasional: concepto sexista, patriarcal, para explicar el asesinato u homicidio en reaciones íntimas, casi siempre del hombre a la mujer, y si ella tiene amante, al mismo, en un arrebato incontrolable de celos o furia. Una búsqueda en Google, que no te recomiendo porque salen imágenes muy feas, revela que está en pleno uso en el periodismo latinoamericano. Aquí, un ejemplo gallego en el que la víctima es un hombre, el único uso que he encontrado en prensa española.

Violencia en relaciones íntimas:
la que comete un novio, novia, esposo, esposa, contra la otra parte. Puede ser de hombre a mujer, y viceversa, y en relaciones homosexuales.

Violencia de género: la que se comete contra una persona por la específica razón de qué género tiene o aparenta. Eso supondría: toda agresión misógina contra mujeres, las agresiones contra los hombres porque no parecen lo bastante heterosexuales para el gusto del agresor, y toda la transfobia. Pero en lugar de eso, que a mí la verdad, me gustaría, llamamos “violencia de género” a la violencia en relaciones íntimas de hombres a mujeres, incluyendo a las ex-parejas.

Violencia doméstica: Violencia en el entorno familiar. De padres a hijos y viceversa, incluye la violencia en relaciones íntimas.

Violencia machista:
violencia contra las mujeres porque son mujeres, ya sean familia del agresor o no. Incluye, por principio, toda violencia hombre-> mujer en relaciones íntimas. Es una etiqueta que no uso.

Violencia patriarcal: Un equivalente de violencia machista que pone el origen de la violencia contra la mujer en el patriarcado. Tampoco lo uso porque es demasiado ambiguo, pues tiene todos los inconvenientes de “violencia de género”.

Violencia sexual: actos sexuales que se realizan sin el consentimiento, o contra la voluntad, de la víctima.

Terrorismo machista: estrategias de agresión a la mujer dirigidas a mantener un clima de permanente alerta, control y terror en la población femenina.

Algunas de estas etiquetas se contradicen, pero ¿alguien se anima a hacer una representación visual? ¿Un diagrama de Venn, por ejemplo?

Los privilegios en acción: ejemplo práctico.

Nuestro primer encuentro con el concepto de “privilegio” puede ocurrir en áreas que produzcan mucha división social, áreas muy visibles como el género o la riqueza. Siel primer ejemplo que alguien conoce son sus propios privilegios, esto puede generar algo de resentimiento y una tendencia a ponerse a la defensiva. Yo entré por el camino fácil, leyendo sobre feminismo, donde evidentemente la privilegiada no soy yo, sino los hombres.Llevaba bastante tiempo leyendo sobre las consecuencias de ser una persona privilegiada cuando me di en las narices con algunos blogs transexuales, y entendí qué puede sentir un hombre al que se le dicen que tiene privilegios cuando leí sobre los privilegios cis. Aquí tenéis un ejemplo en inglés.

¿Es culpa mía, o de otras personas parecidas a mí, que ser trans* sea a menudo un asco tan grande? Pues no. Yo no decidí que sexo = género, ni soy la psiquiatra que quiere decididir si esa persona es hombre o mujer. Pero tengo privilegio cis, porque mi vida es más fácil que si no lo fuera, y porque ser cis no es mérito mío. Ea, ya tienes una definición de privilegio que excluye toda culpa y responsabilidad.  Ahora yo puedo elegir ser opresora, en este caso transfóbica, o ser cómplice y pasar del tema, o ser aliada y hacer lo que se pueda por los trans*, consiguiendo así reducir el privilegio cis o su impacto.

Un catálogo completo de privilegios sería, en la sociedad occidental moderna, varón, cis, blanco, nacional (no extranjero), heterosexual, rico, diestro, sin discapacidades, adulto joven, atractivo. Para terminar de explicarlo, aquí va un repaso de cuántos tengo yo, y algunos ejemplos de qué me benefician habitualmente.

Ser mujer no es un privilegio. Ser cis, sí, muchísimo. Puedo moverme por espacios femeninos sin ningún problema, y nunca tengo que dar explicaciones sobre la conjunción nombre-aspecto externo-personalidad-genitales. Hay más, pero os recomiendo que lo estudiéis vosotros. Ahí hay otro privilegio: puedo hablar de algunos no-privilegiados alegremente y mi opinión contará más que la de ellos, aunque yo tengo poca o ninguna experiencia, porque tengo formación académica y porque asumís mi objetividad.

Soy blanca según y cómo. En el sur de Europa es indudable (además soy paya); en el Reino Unido me aplican estereotipos bienintencionados de fiestera y alegre, por ser sureña; en Estados Unidos soy blanca hasta que abro la boca o el pasaporte, y entonces soy latina. Personalmente, me identifico con unas etiquetas o con otras dependiendo del contexto. A veces leo las experiencias negativas de no-blancas en Estados Unidos y pienso “eso me ha pasado a mí”. Pero en general, el privilegio de blanca es más beneficioso que cualquier lastre. Sirve, por ejemplo, para poder encontrar con facilidad novelas que me representan a mí y a mi experiencia de la vida; para que la gente asuma que soy nacional; participo en un sistema educativo que enseña a los niños las cosas que ha hecho gente como yo.

Ser nacional está estrechamente relacionado, pero si pensamos en los gitanos, que son nacionales pero no son considerados socialmente como blancos, vemos las diferencias. Si yo fuera la misma persona, pero gitana, probablemente recibiría comentarios condescendientes sobre lo bien que he “superado los estereotipos”, y bla, bla, bla. En el trabajo la gente me pediría mi opinión sobre Los Gitanos con mayúscula y cualquier cosa que hiciera que se saliera un poco del tiesto se atribuiría a mi origen.

Yendo a mis privilegios por ser nacional: es uno de los que más disfruto de tener, lo reconozco. Me encanta vivir en un sitio donde nadie me considera forastera y creo que he tenido mucha suerte por no tener que emigrar lejos. Mi familia está a una hora en coche. Domino el idioma, el lenguaje corporal y otras idiosincrasias de casi todas las personas que me rodean. Compartimos una cultura. El Estado del Bienestar, o lo que queda de él, está pensado para mí.

Mi educación es de clase media, y no paso hambre, así que digamos por simplificar que soy de clase media. Además, el azar me ha dado acento del norte de España, que en Andalucía Occidental significa “pijo”. De mi origen social he sacado educación superior, que me ha permitido acceder a trabajos estimulantes y motivadores, conocer a gente estupenda, y poder escoger con quién me relaciono y con quién no. La gente suele tomarme en serio cuando hablo. He observado algo parecido en algún otro norteño transplantado al sur. Ah: no se nos considera “inmigrantes”, por supuesto. Ir del norte al sur no es como ir del sur al norte.

El triángulo mujer-blanca-clase media suma “inofensiva y respetable”. La policía me hace más caso, y tienden a dejar pasar infracciones de tráfico. Me han hecho dos controles de alcoholemia en mi vida: me paran, y cuando me ven, me dicen que siga. Casi siempre llevo una navaja suiza en el bolso, y no me preocupa que me registren. No me vigilan en las tiendas, de hecho, lo normal es que me hagan caso.

Soy diestra y además no tengo discapacidades físicas. Bueno, tengo dolores que pueden cronificar si no dedico bastante tiempo a cuidarlos. Pero después del yoga y los analgésicos, el mundo está hecho a mi medida, literalmente. La cama, la mesa, los cacharros para comer y cocinar, el coche, TODO está pensado para mí y mi comodidad.

Adulta, joven: tengo todos los privilegios de los adultos, entre los que agradezco especialmente que está peor visto que me agredan mis cuidadores si los tengo, que tengo más derecho a mantener un espacio personal, que los desconocidos no hablan conmigo por la cara, y que mis rutinas diarias las creo yo. ¿Te parece que estoy diciendo una tontería? Piensa en la diferencia entre una enfermedad mental en un niño y en un adulto. Piensa en un niño con malos cuidadores. Piensa en la diferencia entre una niña y una mujer violadas. Hay cosas que no son mera consecuencia de la inmadurez física y mental, sino construcciones culturales y privilegios. Pasemos a que soy joven: por un lado tenemos joven-y-en-forma: volvemos a que no tengo discapacidades, o como dicen algunos, soy bípeda. Por otra parte, soy joven-y-atractiva. Creo que la principal consecuencia de ello es que caigo mejor que si fuera fea o mucho más mayor. Y me hace visible, literalmente. He visto a dependientes en tiendas ignorar a mi madre (atraversarla con la mirada, no oírla, una cosa extrema) y contestarme a mí a la primera. Además, creo que cierto aire de indefensión y bondad que no sé si retrendré para siempre suele despertar ganas de ayudarme en hombres y mujeres mayores que yo.

Delgada, lo que es delgada, no estoy. Estoy en el punto en el que personas sin formación médica opinan sobre mi comida, y antes del punto en el que una enfermedad mental se asociaría con mi cuerpo (“está gorda porque no se cuida porque no se gusta porque está deprimida” “está gorda porque no le gustan los hombres porque una vez….”).

Da igual si soy heterosexual o no: lo parezco porque estoy casada con un hombre y porque doy una imagen femenina. Me voy a repetir: casi toda la ficción romántica, casi toda la poesía, está pensada para mí. Puedo ser cariñosa con hombres, empezando por mi marido, en público, sin temor a represalias. El personal médico respeta mi sexualidad.  En el curriculum educativo que enseño, existimos yo y otros como yo (la soltería o el celibato no se presentan jamás como opciones deseables). Nadie cuestiona porqué estoy con mi pareja o porqué elegí a un hombre.

La suma de mis privilegios me hace visible. Soy la mujer por defecto, soy en lo que piensas cuando piensas “mujer”. Me ves y piensas “mujer”; las demás etiquetas están muy al fondo del cajón. Un político dice “ayudas a la mujer” y habla de mí. Un cantante dice “A esa mujer” y sabes que habla de mí. Abres el periódico, y salgo yo. Soy visible, soy de verdad, soy normal, soy neutra. Si has leído hasta aquí, observarás que nada de todo esto es culpa mía. Aún así, es de justicia que quiera cambiarlo; y no perderé nada que es mío cuando otros ocupen el lugar que merecen.

Entrada realizada con colaboración de Jorge Fuentes.

¿Piropos feministas?

Cuando se tiene poca o ninguna idea sobre desigualdades sociales, es fácil y frecuente pensar que las discriminaciones son todas agresiones reconocibles, con intención dañina, con la agresión física como principal y más grave ejemplo. El piropo o acoso callejero es un ejemplo de que esto no es, en absoluto, así.

piropo 1El piropo callejero a una desconocida es un recordatorio de que “ella es su cuerpo”. No importa si es apreciativo, o más o menos sexual. Las mujeres somos valoradas por nuestro cuerpo, por ser bellas, o bonitas; somos decoración. Es algo muy difícil de explicar mediante metáforas o analogías, como “imagínate que te lo dice un hombre homosexual”, porque no entra solo la amenaza más o menos plausible de agresión sexual, sino la falta de respeto, la opinión que no has pedido, el recordatorio de que quien te interpela pertenece a un grupo social con ventajas sobre el tuyo, que ese comentario o mirada se suma a todos los demás que has vivido.

piropo 2Pero si tú, amable lector hombre, o mujer que no se ha planteado nunca esto, te preguntas, ¿y no es posible el piropo feminista? ¿no le puedo decir nunca a una mujer que está guapa?, no sufras más. Aquí tienes una pequeña guía para poder halagar con gracia, estilo, y feminismo.

  1. Piropea a tus iguales. A gente en situación de inferioridad, no. Por ejemplo, ahórrate los comentarios a una empleada si eres jefe, o a una camarera, dependienta, etc. Esa persona no te lo puede devolver, no te puede contestar, y seguramente le han dicho muchas cosas parecidas aunque no sea con tu elegancia y con tu buena intención. Si por lo que sea, no puedes resistirse a elogiar a esa persona, hazlo al irte. Cuando despachaba en una freiduría, no era lo mismo un saludo con una broma que una despedida con una broma.
  2. No lo hagas en una situación de la que la mujer no puede salir. Por ejemplo, un medio de transporte. Sí, tú eres un encanto y tienes unas intenciones de lo más honorable. Pero si me haces algún comentario en el autobús, sería de lo más normal que me sintiera atrapada.
  3. A mí me gusta más que se refieran a lo que hago o tengo que a mi cuerpo. Me resulta menos sexual, y por lo tanto menos amenazador. Además, estoy acostumbrada a que otras mujeres comenten la ropa que llevamos, no sé si sería así en todas partes.
  4. Dime qué te gusta de mí, no qué te gustaría hacerme o que yo hiciera.
  5. Dirígete a mí, no a mis acompañantes. La de veces que mi marido y yo nos hemos reído después a espaldas de algún imbécil que ha intentado establecer con él algún tipo de solidaridad masculina por hablar con él de mí como si yo no estuviera delante.
  6. No piropees en un auditorio, y mucho menos profesional. Estás hablando de algo personal; no lo pases al ámbito público. Uno de los momentos más desagradables de mi vida profesional tuvo lugar cuando un inspector de educación se dirigió a una clase de alumnos míos de 3º de ESO comentando sus opiniones sobre mi cara, mi sonrisa y mi juventud. Tartamudeando.
  7. Elogiar a mujeres que conoces muy, muy poco, bueno. Elogiar a completas desconocidas, no, nunca. Yo llevaría muy bien algo dicho por el padre de un alumno, el dependiente en una tienda, el amigo de un amigo… y casi siempre me va a sentar mal algo dicho por la calle sin venir a cuento.

Pregunté por twitter a varias mujeres si alguna vez les habían dicho un piropo agradable, no amenazador, y esto fue lo que respondieron (edito lo justo para fundir varios tweets)

@Child_Deirdre: A mí el otro día me dijeron que debería usar lentillas porque con gafas se me ven menos los ojos y los tengo muy bonitos.Fue el amigo de una amiga, en un pub.

@Xiscally: Ya lo he contado muchas veces, pero un señor muy mayor en un supermercado qué me dijo “Tiene usted unos ojos preciosos, soñadores”. No resultó invasivo ni amenazador, en parte porque parecía una persona muy frágil, recuerdo pensar cómo podía venir a comprar solo. Y venía a ser una suerte de agradecimiento por haberle enseñado dónde estaba el pan, que no lo encontraba. O al menos yo lo vi así.

@Angua: no sé si cuenta pero un compañero de la radio al que no conocía mucho me dijo que tenía una voz muy bonita. No es un piropo al uso.

@MartaRichy: “Se me cuida, se me lava y me guarda el agua para hacer perfume”. El que más me ha gustado, me lo dijo una amiga chilena ^^

@Noeliammz: Los q te piropeen por la calle, en vez de llamarte tía buena, deberían llamarte tía inteligente.(Un compañero de clase hace 18 años)

@undivaga: el jardinero de la urbanización, un señor de unos 60 años, al verme salir de casa por la mañana: “tu sonrisa me alegra el día”. Me gustó porque más que un piropo, era una forma de decirme que me apreciaba como persona y le gustaba verme contenta.

@HelenaconH: Una vez me cruzó con dos chicos y uno le dijo al otro para que yo lo oyera y mirándome: mira que chavala más guapa. Ya.
@Hablaqueescucho: Lamentablemente, no recuerdo. Tampoco es que me entere mucho xD. Bueno, una cursilada dicha con cariño sobre ojos como estrellas xD.
¿Y el mío? Bueno, quizá éste:

 

Ábrete de orejas.

Hace una semana más o menos tuve una conversación muy interesante sobre el tema de los hombres como aliados en el feminismo, con Antonio Maestre y con Paleofreak, con el apoyo moral de @elgiro80 (muchísimas gracias). Lo que sigue a continuación no es una transcripción exacta de lo que dijimos, sino que me ha parecido que la parrafada que le solté al paciente Paleofreak (y digo paciente porque tiró del hilo bastante más tiempo que Maestre) sonaba mejor en forma de diálogo. Me he permitido unos cuantos cambios en lo que dijimos los tres. Así que los méritos socráticos son de ellos; cualquier error, sólo mío.

(Noche del 8 de Mayo; varios hombres y @elgiro80 discuten sobre si los hombres pueden o no formar parte de un movimiento feminista. Reproduzco sólo desde que yo entro sin avisar ni ser invitada)

Antonio Maestre: No admito que el feminismo sea un movimiento segregacionista. Si ese es un objetivo, yo estaré contra esa segregación.

La Guiri: No se trata de echar a nadie. Se trata de que a veces hay que callarse y escuchar, y a veces es mejor no participar.

Antonio Maestre Pero esa decisión le corresponde a cada individuo, ¿no?

La Guiri: Depende del tema, de qué se quiera decir. Por ejemplo, personalmente, me da patadas en los ovarios que nadie diga “las feministas debéis hablar de A o B”, porque es una crítica que no sirve para nada bueno. O también, puede que en un momento dado y en unas circunstancias concretas yo no quiera que un hombre opine sobre violaciones, si no es víctima o experto.

Antonio Maestre
: Pues lo siento, pero es que para eso está la libertad de expresión.

La Guiri: Ya, si el problema no es que los hombres participen. Escuchar, empatizar, preguntar, difundir, sí. Opinar sobre qué debería haber hecho una víctima de violación para no ser violada, por ejemplo, no.

Antonio Maestre Sigo pensando que la libertad de expresión es más importante.

La Guiri: ¿Entiendes que es posible que metas la pata, te equivoques, digas cosas que son una falta de tacto…?

Antonio Maestre Sí, como hablando del terrorismo, el aborto, o la ley de dependencia. Pero deberás aceptar mi opinión y rebatirla.

La Guiri: En ese caso, lo que más me importa decirte es que ante el problema “las feministas trabajan sobre A o sobre B”, la respuesta sencilla es “Si quieres que se hable más de J, hazlo tú”.

Paleofreak ¿Esto es en serio?

La Guiri: ¿El qué?

Paleofreak ¿Un hombre no debe opinar sobre violaciones si no es víctima o experto? ¿Sólo por el hecho de ser un hombre?

La Guiri: En determinadas ocasiones, puede ser una mala idea. No siempre. Era un ejemplo.

Paleofreak: A lo mejor piensas que las opiniones de un hombre sobre la violación son una mierda incluso antes de escucharlas.

La Guiri: No, no lo pienso. Era el primer ejemplo que se me ocurrió de una situación en la que os puede resultar un poco difícil poneros en nuestro lugar.

La Guiri: Ningún tema concreto debe estar vedado a los hombres. En cambio, sí pienso que deben estar dispuestos, ocasionalmente, a escuchar y callarse. En carne y en pantallas. Por otra parte, y era lo que más me interesaba decir antes, creo que es importante que hay una responsabilidad en ser un privilegiado y que es mala idea tomar como punto de partida definir el movimiento y su dirección. La participación debería ser más bien una actitud abierta de estar dispuesto a colaborar en lo que los oprimidos desean. Ejemplo: Yo soy cristiana. Privilegiada, por tanto. Deseo un Estado laico, pero la lucha es tuya, no mía. Mis opiniones valen una mierda, y lo que importa es lo que queréis vosotros. Yo sirvo, fundamentalmente, para negociar con el enemigo opresor, que me hace más caso a mí, y para haceros de animadora. Es una simplificación muy bruta, pero ¿te vale?

Paleofreak: Tus opiniones no valen una mierda hasta que no las digas. Si no las expresas ¿cómo puedo saber si valen una mierda?

La Guiri: Vale. entonces tengo que aceptar que cuando las suelte en un foro de escépticos, me digan “leete el FAQ, gilidiota”.

Paleofreak: ¿¿?? ¿qué tiene que ver?

La Guiri: Pues que si aceptamos que hay que escuchar a los privilegiados, ellos también tienen que aceptar que se les corrija si se equivocan. Y la opinión más criticada de los aliados feministas suele ser su tendencia a decir “el tema X no es digno de lucha y debate”.


Paleofreak:
A veces lo ponéis tan difícil… ;o)

La Guiri: es que nuestra vida ES difícil. 😛

Feminismo: Bibliografía recomendada.

Cuando escribí una breve historia del feminismo pensada como introducción para principiantes absolutos en teoría feminista, dije que iba a añadir una bibliografía. Repito la advertencia: mi formación es fundamentalmente anglosajona, lo que en teoría feminista casi siempre significa de Estados Unidos.

Voy a poner aquí cualquier libro que me resulte interesante, sea básico o no. Las siglas

Feminismo de primera generación, “protofeminismos”:

A Vindication of the rights of woman (Mary Wollstonecraft). Vindicación de los derechos de la mujer. Es corto, y los derechos que se reivindican están en general bastante conseguidos, pero leer que las mujeres dependen de “el arbitrario poder que les da la belleza” en el mercado matrimonial sigue siendo emocionante.

A Room of one’s own (Virginia Woolf). Una habitación propia. Un libro que empezó como conferencia, así que no es muy largo. Tras observar que los hombres han tomado a la mujer obsesivamente como objeto de estudio, definiéndola, explicándola, criticándola y creando ideales femeninos, señala algunas razones históricas por las que las mujeres no han alcanzado mucha fama como artistas, y qué necesitan para serlo. Y comenta algunas obras escritas por mujeres o sobre mujeres.

Teatro:
Lisístrata. Aristófanes. 411 BC. El cómic de Ralf König (1987) está muy bien también.

Mrs Warren’s Profession. Bernard Shaw. De todos los esritores clásicos, prestigiosos y populares, ninguno es más antiromántico y más anti-sexo que Bernard Shaw. Era un tema que ni le iba ni le venía. Mrs Warren’s Profession es una obra de teatro que argumenta que la pobreza es la principal causa de que exista la prostitución. Es decir, es abolicionista. Puedes no estar de acuerdo con lo que dice si defiendes que la prostitución es un trabajo como cualquier otro, pero viene muy bien como explicación clásica al tema.

Cómic:
Mary & Brian Talbot, Sally Heathcote, sufragista. Una historia del movimiento sufragista, muy bien contada a través de la biografía ficticia de una mujer inventada pero utilizando acontecimientos históricos.

Novela: Hay muchas, sobre todo realismo del S XIX, aquí indico solo alguna de mis favoritas.
Jane Eyre. Charlotte Brontë.
Puede que hayas visto películas o críticas que te hagan pensar que Jane Austen es protofeminista. Es dudoso, pero hay que leerla de todos modos. Aquí tienes una guía de lectura a sus seis novelas.
Remarkable Creatures, Tracy Chevalier. Su mérito es tratar un tema original: las primeras buscadoras de fósiles, y sus dificultades para que los científicos y los curiosos como ellas las tomaran en serio.

Feminismo de segunda generación.

The Feminine Mystique (Betty Friedan). La mística femenina. Publicado en 1963 después de que la autora entrevistara a antiguas compañeras de universidad, y comprobara que casi todas se sentían muy insatisfechas. Es el primer ataque frontal a ese concepto idealizado de ama de casa, madre de familia, con un marido que gane mucho dinero y con una buena casa. La mayor crítica que se le puede hacer es que está demasiado centrado en esa clase social por lo que ignora hasta el insulto las preocupaciones de las mujeres pobres, no blancas, o no heterosexuales.

Cartas a una idiota española. Lidia Falcón. La mejor explicación que conozco sobre ser española en los setenta. Tu madre se crió en esto.

Usos amorosos en la posguerra española. Carmen Martín Gaite. Por continuar con lo que fue la educación de nuestras madres.

Feminismo y raza.

Alice Walker. El artículo “In search of our mother’s gardens” es muy poético y cuenta cómo para una mujer negra que quiera ser artista, la inspiración y el apoyo de la comunidad se pueden encontrar en la creatividad de otras mujeres negras que recurrieron a una expresión como el bordado, la jardinería, etc. al no poder dedicarse al arte en sentido estricto.

I Know Why The Caged Bird Sings, Maya Angelou. Esta autora escribió su autobiografía en siete volúmenes. Este es el primero, y cuenta su infancia, una niña negra en una zona rural de Estados Unidos en los años 30. Maravilloso.

Global Woman. Varias autoras. Un libro sobre la relación entre flujos migratorios y género, que señala cómo las mujeres pobres suelen dedicarse a los cuidados cuando emigran (niñeras, cuidadoras de ancianos, etc). No todos los artículos son igual de buenos.

Teatro:
A Raisin in the Sun, Lorraine Hansberry. Una obra de teatro sobre una familia afroamericana que se va a vivir a un barrio donde todos son blancos menos ellos.

Toni Morrison, entera de principio a fin.

Feminismo radical.

El manifiesto SCUM  de Valerie Solanas un documento que mucha gente conoce de oídas: una justificación de la exterminación de los hombres. Si existe el “hembrismo”, está justo aquí. Puede interpretarse en serio, probable intención de la autora; como una sátira; o como un punto de partida para el resto del feminismo radical.  Está incluido en esta lista porque si lees sobre feminismo en internet te vas a encontrar críticas y fans, y bien está que sepas de qué hablan.

Andrea Dworkin: el clásico es Intercourse, pero yo no lo he leído. Recomiendo absolutamente el primer capítulo de Pornography: Men possessing women. Aquí hay un resumen en inglés. Dworkin es necesaria para cualquier estudio serio del sexo como agresión, tanto si estás de acuerdo con ella como si no, y ese también es su punto débil porque no ayuda nada a las visiones positivas del sexo. Otra crítica importante es que sus libros han sido utilizados para apoyar posiciones transfóbicas. No he estudiado lo suficiente como para acusar de transfobia directamente a la autora.

Violencia de género y violencia sexual:

Violencia de género y cotidianidad escolar: Carmen Gregorio Gil. Una guía breve y simple sobre desigualdad en los centros de enseñanza andaluces.

Mi marido me pega lo normal. Miguel Lorente. Completamente centrado en la violencia de género desde el punto de vista de la situación española, da explicaciones bastante sencillas y convincentes a porqué una ley asimétrica no es discriminatoria.

Ibamos a ser reinas: Nuria Varela. También sobre violencia de género, desde un punto de vista social al contrario que el de Lorente que entra más en Medicina y en Derecho.

Rape, Joanna Bourke. En español, Los Violadores, Ed. Crítica. Una análisis del tratamiento legal, social y médico dado a la violación en los últimos 150 años. Muy centrado en la cultura americana.

El maltrato a la mujer. Piedad Ruiz Castillo. El enfoque psicoanalítico lo hace menos accesible que los de Varela o Llorente. Es un libro excelente con el que redondear sobre el tema.

El Acoso Moral, Marie France Hirigoyen. No es un libro sobre feminismo pero sí muy útil para aprender sobre las trampas que se establecen en una relación abusiva. No dejo de recomendarlo.

Cualquier cosa de Donald Dutton. Sus estudios tienen un enfoque psicológico tirando a conductista.

The Battered Woman Syndrome, Lenore Walker. Es el libro que da nombre al síndrome de la mujer maltratada a imagen y semejanza del síndrome de indefensión adquirida. Un clásico.

Yes means yes, Varios Autores. Una colección muy irregular, en tono y en calidad, acerca de la violencia sexual desde un enfoque centrado en el sexo como placer y como libre expresión. Consentimiento entusiasta, educación sexual, sobrevivir al trauma… No todos los ensayos son buenos y casi todos son muy accesibles a principiantes en leer teoría feminista.

Novela:

The Tenant of Wildfell Hall. Anne Brontë. Una visión sorprendentemente explícita de un caso de maltrato en el S XIX.

This Charming Man, Marian Keyes. Dentro del género moderno de la “chick lit”, en plan comedia romántica.

Sexo, sexualidad:

Historia de la Sexualidad. Foucault. Es breve, pero denso. Para eliminar la creencia de que a más sexo más libres somos.

La sexualidad según Michel Foucault de Maite Larrauri. Por si leer a Foucault sin adaptar se te hace cuesta arriba.

Novela:
The Handmaids Tale. (Margaret Atwood). En español, El Cuento de la Doncella. Una novela distópica con muy, muy mala idea, una especie de 1984 feminista. Casi una reducción al absurdo de lo que ocurre cuando los cuerpos de las mujeres están al servicio del bien común. Principal tema: control de la sexualidad. En general, leer cualquier cosa de Margaret Atwood es buena idea.

Written on the Body;  The Passion; The Powerbook. Jeanette Winterson. Esta autora escribe de forma muy poética historias de amor donde hay personajes queer sin que ello sea lo más importante. La temática no es estrictamente feminista, pero el juego con personajes que a veces ni siquiera sabes si son hombres o mujeres tiene gran atractivo.

Masculinidad:

The Masculinity Studies Reader, ed. Rachel Adams y David Savran. Una antología de textos cortos que van de Freud al presente. Muy variado en enfoques y temas.

The Gendered Society, Michael Kimmel. Más que un estudio de la masculinidad, lo es de la construcción de los géneros como opuestos, y su relación. Muy bueno, mi libro favorito sobre el tema.

Filología.

The Feminist Critique of Language, ed. Deborah Cameron. 1º edición 1990, 2º edición 1998. Coinciden en la mitad de los artículos. Una recopilación de ensayos muy variada sobre sexismo y representación de lo femenino en el lenguaje.

Literary Theory. A very short introduction. Jonathan Culler. La colección “Very short introductions” de Oxford son libritos pequeños y cortos que explican alguna cuestión de manera elemental. Yo me he leído dos. Este de Culler no es sobre feminismo pero define algunos términos como teoría queer, teoría feminista, y habla aunque sea de pasada de muchos autores. Si vas a tener que hacer estudios teóricos en una carrera de humanidades, empieza por leerte este libro porque te aclarará bastante las ideas. Hay Very Short Introductions sobre temas feministas, y su único inconveniente es que son un poco caros: en web, 12 dólares el ejemplar.

Acts of Desire. Sos Eltis. Una historia de la presencia, como autoras y como personajes, de la mujer en el teatro inglés del siglo XIX. Habla mucho y bien sobre sexualidad femenina e historia de la actitud hacia la prostitución.

Novela:
Native Tongue trilogy. Suzette Haden Elgin. No comparto alguno de sus presupuestos teóricos, pero es una fantasía interesante sobre las consecuencias de desarrollar un idioma basado en las percepciones y experiencias típicamente femeninas. El último de la trilogía está poco conectado con los temas de los otros dos.

Salud. Medicina. Estética.

For her own good, Barbara Ehrenreich y Deirdre English. Editado en España como Por tu propio bien (Ed. Capitán Swing). El prólogo es una explicación magistral de la creación del concepto moderno de hogar y el ideal doméstico. La base del libro es que cómo con la ciencia como excusa se ha controlado a las mujeres los dos últimos siglos, con la medicina moderna (psiquiatría sobre todo), la “economía doméstica”, y el aura científica y pseudocientífica dada al cuidado de los niños. Suena a anticientífico, pero de verdad que no lo es.

The Body Project. An Intimate History of American Girls. Joan Jacobs Brumberg. Lo que dice el título: una historia de la relación de las adolescentes estadounidenses con su cuerpo, durante el siglo XX, y cómo la belleza física ha sido cada vez más importante. Algunos capítulos hablan de la menstruación, el acné, la delgadez, y la virginidad.

Fasting Girls. The History of Anorexia Nervosa. Joan Jacobs Brumberg. Es una pena que este libro no esté traducido. Cuenta la historia de la anorexia desde sus orígenes documentados en la Edad Media hasta nuestros días.

The Female Malady. Elaine Showalter. Una historia del tratamiento de la enfermedad mental de las mujeres, lo que la autora califica de “feminización de la locura”, con fuerte énfasis en el Reino Unido.

Novela:
The Bell Jar. Sylvia Plath. También la poesía. No se puede reducir La Campana de Cristal a un solo tema, en este caso el de la salud mental, pero aquí se queda, por clasificarlo. También se puede considerar que es sobre sexismo en cuidados sanitarios.

The Cider House Rules, John Irving. Las normas de la casa de la sidra. Hay una película algo simplona. Una novela que trata, entre otros temas, del derecho al aborto y de qué pasa con los niños no deseados.

Infantil y juvenil.

Narrativa.

Las mil y una barbas, Marie Farre. Un libro infantil, sencillo, cortito, precioso. Está descatalogado, pero si lo puedes conseguir, no lo dudes.

Terry Pratchett. Las novelas de Mundodisco que más tratan temas relacionados con el feminismo son las protagonizadas por las brujas, especialmente Tiffany Aching, pero en general sus personajes femeninos están bien, en la línea “strong female character” o heroínas de acción.

Otros:

Historia de las mujeres, una historia propia. Ed. Bonnie S. Anderson y Judith P Zinsser. Dos volúmenes. Ed. Crítica. Una revisión de la Historia de Occidente desde un punto de vista feminista. Puede resultar anticuada en cuestiones de raza, aunque es bastante interseccional en lo relativo a clases sociales. La parte sobre Grecia Clásica (Vol. I) me resultó muy amena en la adolescencia.

Eve’s Bible. A Woman’s Guide to the Old Testament. Sarah Forth. Este libro puede interpretarse como teología feminista o como una razón para el ateísmo. Es una explicación muy accesible de los orígenes del Viejo Testamento desde un enfoque feminista e histórico.

El aborto por supuestos y sus problemas

En primer lugar, como bien indica @indvbio, nadie es “pro-aborto”, porque a nadie le gusta el aborto. Hay absoluto consenso en que el aborto es el fracaso de la anticoncepción o de un embarazo (incluso deseado). Se puede ser pro-anticoncepción, pero pro-aborto no es nadie. Pro-derecho a decidir queda muy largo, pero de momento es lo que hay.

Supongamos que el embrión o feto es un ser humano. Ante esto, recomiendo este texto de Carl Sagan. Mi interpretación: ante los intereses de la embarazada y los intereses del embrión, una medida salomónica utilitaria es considerar humano al feto capaz de mostrar ondas cerebrales humanas típicas (semana 30). Otra medida que se puede aplicar es la capacidad de sentir, es decir, la presencia de cualquier clase de actividad cerebral (semana 22). De todas maneras, sigue dando igual: si el embrión es persona, tenemos que hacer frente a intereses contrapuestos, como en todas las demás situaciones jurídicamente relevantes.

Desde un punto de vista puramente práctico, no nos interesa que el embrión sea persona legal. Los abortos espontáneos deberían llevarnos a juicios por homicidio (involuntario, o negligente). 3 años de cárcel, por ejemplo, para una embarazada drogadicta. 25 años de cárcel por cada aborto. Si crees que eso no es bueno ni justo, es que el feto no es una persona.

Algunos defienden la existencia de supuestos legales para permitir abortar. Esto significa algo bastante ruin: que unos fetos son más valiosos que otros, y que quienes no están pasando por un embarazo (legisladores, jueces, personal sanitario) pueden decidir sobre el mismo, mejor que la mujer que sí está embarazada.

Algunos supuestos comunes son: la violación. Pensar que un feto puede ser abortado porque su madre no deseó el acto sexual quiere decir que el acto sexual deseado debe ser castigado con un embarazo. El tópico “si tuviste relaciones sexuales, enfréntate a las consecuencias” desvela una actitud de castigo. Creí que se trataba de salvar vidas. Y un aborto, queridos, ya es una consecuencia. Aparte, me repugna la idea de que si los embriones son personas, un embrión fruto de una violación tiene menos derechos que un embrión que no lo es.

Otro supuesto: el riesgo para la salud o la vida de la madre. Aquí el problema es fundamentalmente, cómo delimitamos “salud”, y “riesgo para la vida”. Y tendríamos médicos que no realizan una operación para no arriesgarse a que se les denuncie. Y la posibilidad de que la embarazada muera, e incluso el feto también, si se valora que lo que corre peligro no es la vida sino la salud, y no lo suficiente como para justificar el aborto. Por ejemplo, en caso de cáncer.

Un supuesto también complicadísimo, más que los anteriores: las malformaciones del feto. Pueden ir de inviabilidad completa, es decir, acortar un embarazo que no puede llegar a término porque el embrión morirá antes, o la expulsión provocada de fetos muertos, hasta abortar fetos que podrían ser personas discapacitadas pero sin mayores problemas. Por ejemplo, síndrome de Down. Que una ley permita abortar en cualquiera de estos casos, y no en general, supone una declaración estatal de inferioridad de seres que hemos supuesto, para empezar, que son seres humanos. Que no lo permita en absoluto, es una aberración y una tortura psicológica para las embarazadas.

Ante esto, el aborto libre supone, simplemente, confiar en que cada mujer embarazada sabe qué es lo mejor para ella y para su familia. Que somos capaces de tomar solas decisiones morales, y tomarlas bien. Suponer que si no se prohíbe el aborto, lo usaremos mal, es tratarnos como a niñas, asesinas, o animales de cría.

Aliados, compañeros, y otras cosas que llamar a los hombres.

En los últimos días, han pasado varias cosas como para hacerme reflexionar sobre cómo nos relacionamos las feministas y otros movimientos anti-opresión con quienes forman parte de grupos privilegiados y se quieren unir a la causa. En primer lugar, durante la ceremonia de los Oscars, la web The Onion creyó que insultar por Twitter a Quvenzhané Wallis, una niña de nueve años, era divertido, o satírico, o quién sabe.

Traduzco: “Parece que a todo el mundo le da miedo decirlo, pero Q W es un poco (…), ¿no?” La palabra escogida se podría traducir por “coño” y es oficialmente el insulto más fuerte que se le puede llamar a alguien, hombre o mujer, en inglés. Obsérvese el éxito del chiste, al que yo personalmente no le veo la gracia. Esto provocó un debate entre mujeres no-blancas en Twitter y ahí fue donde yo me enteré de puntos de vista que conocía un poco sobre la distancia entre el feminismo de las blancas y el de las demás. Eso también me permitió conocer a la maravillosa @graceishuman

En segundo lugar, una serie de tuiteros, mujeres y hombres, casi todos con muchos puntos en común, se pelearon por cuál debería ser el papel de los hombres dentro del feminismo, o sin etiquetas, de los movimientos por los derechos de la mujer (el feminismo no es el único). No tengo ganas de dar citas,  os vais a tener que fiar de mí. Había dos posiciones fundamentales: según @luzhilda, siguiendo una línea clásica en feminismo radical, los hombres no tienen cabida en el feminismo. Apoyo sí, parte del movimiento no. Y su opresión, caso de que exista, es irrelevante para nosotras. Según @MordorMirror, que no recuerdo que se refiriera a los problemas de la masculinidad para nada, defendía que los hombres pueden y deben ser feministas.

Y por último, ayer leí un tweet absolutamente magistral de @scaTX.

Traduzco: Si eres feminista, y blanca, y una mujer que no es blanca dice “El feminismo de las blancas no ha hecho X” y tú SÍ lo hiciste, esa mujer no está hablando contigo.

Esto tan sencillito de decir es muy difícil de tragar. A saber: la idea de que cuando un grupo oprimido protesta, no se está refiriendo a todos y cada uno de los miembros del colectivo opresor, o privilegiado por esa opresión. Cuando las feministas hablamos del patriarcado, no estamos culpando de todas las discriminaciones a todos los hombres. Y la conversación en la que estaba @scaTX me incluye en la parte culpable: como mujer blanca (a los efectos de esta discusión), lo único que puedo hacer si quiero tener un mínimo de ética es “oscurecer” los espacios que ya ocupo, no acudir en modo Gran Salvadora Blanca a donde están trabajando las demás, que bastante tienen con lo suyo.

En fin. Entiendo a las dos partes: el conflicto feministas radicales / hombres, y activistas no-blancas / mujeres blancas. Eso no quiere decir que esté de acuerdo con todo lo que dicen. Desde la parte que me toca como feminista blanca, creo que hay más razones para incluir a los hombres que para dejarlos de lado. Pero con condiciones.

Lo primero, los hombres feministas tienen que callarse y escuchar. Tienen que saber qué quieren las que elaboran sesudas teorías y qué necesitan las que no saben ni leer. “Tener lo mismo que ellos” dejó de ser la respuesta hace 50 años. Además,  deben entender que desde su posición de privilegio (que sí, que no es culpa suya, pero lo tienen) todo lo que digan va a ser más escuchado que lo que digamos las mujeres y que es inevitable que eso produzca resentimiento. Es muy normal que cuando una mujer dice algo, no se entere nadie, y cuando un hombre dice que está de acuerdo, la gente lo oiga como idea de él. ¿Cómo evitar eso? pues de nuevo, escuchando más.

Más. Antes me he referido a los espacios. Es ya un tópico del feminismo que no queremos que los hombres vengan a donde estamos nosotras, sino que hagan feministas los lugares que ocupan ellos. Un hombre que irrumpe en una conversación real o virtual entre feministas no nos está haciendo un favor. Que coja sus ideas  y se las lleve a donde no haya nadie hablando de igualdad salarial. O a donde haya gente diciendo burradas machistas.

Que no espere premios. Se los van a dar, pero que no los espere. A mí nadie me ha dado las gracias todavía por intentar ser una persona semidecente, ¿por qué te las íbamos a dar a ti?

De todas maneras, necesitamos a los hombres. Los hombres tienen el dinero, tienen el poder, tienen la tecnología y los medios de producción. Los hombres tienen hijas y esposas, y la construcción de la masculinidad de la que algunos protestan no sólo les da esa famosa incapacidad para mostrar sus sentimientos. La masculinidad mata, hombres y mujeres, pero más mujeres. Y la masculinidad sí que no la vamos a cambiar las mujeres solas.

Y como no me puedo resistir, para terminar le cederé la palabra a este grupito de hombres.