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Medidas concretas (y no tanto) para mejorar la educación en España.

Me podía haber salido un título más pegadizo, con más gancho, pero mira, esto es lo que hay.  A raíz de una conversación en la que se concluyó que los gobiernos a veces hacen exactamente lo contrario de lo que la comunidad educativa necesita, me planteo: ¿qué haría yo para arreglar este embrollo?

Ya he hablado un poco de los problemas de la educación en una zona rural. Aquí voy a ser un poco más concreta en las sugerencias y más general en su ámbito de aplicación. Intento hablar lo justito de lo que desconozco (Infantil y Primaria) y sé que voy a hablar de medidas difíciles o imposibles de llevar a cabo. Siempre por falta de financiación o de voluntad, no porque sean de por sí imposibles.

Medidas específicas para Infantil y Primaria:

  1. Guarderías públicas, muchas,  buenas y baratas.
  2. Ninguna prueba estandarizada en Primaria.
  3. Orientadores en todos los centros, no equipos de orientación manejando varios centros a la vez. Medidas de apoyo rápidas y específicas para el alumnado que las necesite desde Primaria.
  4. El fracaso escolar no empieza donde quieren arreglarlo los sistemas educativos, que es cuando los alumnos están entre 2º y 4º de ESO (13 años si no han repetido nunca, alrededor de 15 o 16 si han repetido). Está antes, y es en 2º a 3º cuando se culmina un proceso que comenzó mucho antes. Por eso, medidas de apoyo, adaptaciones, entrevistas con los padres, grupos reducidos (no segregados por nivel) y demás deben ponerse en práctica intensivamente desde Primaria. ¿Que ya se hace? Pues que se haga más.
  5. Retrasar el inicio de las clases de lengua extranjera. Sí, has leído bien. Explico muy brevemente: una cantidad muy pequeña de horas de clase no sirve de nada a ninguna edad. Los niños aprenden un idioma más rápido que los adultos cuando el sistema es de inmersión (es decir, irnos a vivir a donde se habla dicho idioma o ir a clases en un sistema bilingüe), pero eso no significa que haya diferencia entre empezar a recibir clases a los 3, 6, o 9 años. Es perfectamente posible adquirir un uso aceptable de una lengua extranjera empezando alrededor de los 10 años (un ejemplo: en Finlandia empiezan con unos 9-10 años). Sencillamente: o das clases en un sistema verdaderamente bilingüe, o todo lo que hagas antes de cierta edad es perder el tiempo. Podemos debatir si la edad útil empieza hacia los 7 o hacia los 10 años.
  6. Criterios más estrictos para la entrada en Magisterio.
  7. Más formación en contenidos en la carrera de Magisterio. Tengo entendido que tienen bastante carga de pedagogía, algo de formación general y muy poca formación específica.

Medidas específicas para la ESO:

  1. Una pequeña reducción de las horas semanales de clase en Secundaria. Un aumento equivalente en la longitud del curso escolar (profesorado y alumnado trabajaríamos la misma cantidad de horas).
  2. Más personal en los departamentos de Orientación.
  3. Lectura: si quieres que en la ESO conozcan el argumento de los clásicos, ¿por qué librito adaptado mejor que película? Si quieres que en la ESO conozcan el estilo de los clásicos, ¿por qué adaptación mejor que antología? Si quieres que en la ESO cojan costumbre de leer, ¿por qué leer lo que les mandes mejor que lo que les apetezca? Conclusión: que no haya clásicos de la literatura española adaptados como lecturas obligatorias. Nunca. No hay ningún motivo pedagógico para ello.

Medidas para los niveles post-obligatorios:

  1. Becas de movilidad para FP y la universidad. Es decir, que las becas deben tener en cuenta la distancia entre el centro de estudios y el domicilio familiar.
  2. Mantenimiento en Bachillerato de la hora de tutoría de ESO. ¿Por qué? porque si no, al final pierdes clases de la asignatura que da el tutor con cuestiones de tutoría.

Medidas para todo el profesorado, independientemente del nivel educativo que imparte:

  1. Los profesores tenemos un complemento salarial por formación, los sexenios. Multiplicaría cuánto dinero es y cuántas horas de formación son necesarias por sexenios. Digamos, triplicar el dinero que recibimos y doblar las horas necesarias para cobrar ese suplemente.
  2. No implantaría ni un solo cambio curricular sin al menos dos años de plazo para que los profesores se formen. Cinco, si hablamos de aprender un idioma. ¿Por qué dos años? Porque a lo mejor los interesados en ser el nuevo profesor de ajedrez o encaje de bolillos no consiguen plaza este año, y el que viene sí.
  3. Unas oposiciones menos basadas en lo memorístico. Más duras que ahora, pero no por el requisito de memorizar largos temas.
  4. Nadie debería poder dar clase sin cumplir los requisitos legales de un profesor en España. Eso incluye a los asistentes de conversación o profesorado nativo (aunque éstos no pasarían por las oposiciones)
  5. Menos horas de clase para que los profesores podamos tener más horas de trabajo presenciales. Para que os hagáis una idea por días en vez de por semanas,  en Secundaria tengo una media de 4 horas de clase, 1 de reuniones o guardias, y media de recreo. En Primaria tienen menos «huecos» en el horario que yo. Por eso reducir las horas me parece más importante en Primaria que en Secundaria. Hay trabajo que te puedes llevar a casa, pero hay cosas que quieres hacer en el centro, cuando hay alumnos y compañeros.
  6. Más y mejor formación en prácticas. Los tutores de prácticas deberían tener una reducción horaria y un complemento salarial acorde al trabajo extra que van a tener (ahora mismo, un tutor de prácticas trabaja gratis).
  7. Nadie debe acceder a un puesto antes de recibir formación específica. Ni los coordinadores (por ejemplo TIC, de biblioteca), ni los cargos de gestión como la jefatura de departamento o la dirección. Ahora la formación suele ser posterior a conseguir el cargo.
  8. Que el profesorado ausente sea sustituido rápido. Hasta hace pocos años, la cobertura de las ausencias del profesorado era errática. Ahora empieza a partir de los 15 días de ausencia.
  9. Que las observaciones dejen de ser un tabú: que nos acostumbremos a dar clase en compañía. De un evaluador, de un profesor de apoyo o de un profesor en prácticas.
  10. Derivado de lo anterior: evaluaciones periódicas que no midan los resultados académicos del alumnado. Deberían servir para asesorar y para orientar cursos de reciclaje, no para suponer una contrapartida económica. Reconozco que creo que debemos ser evaluados periódicamente, pero que no sabría decir cuáles deberían ser las consecuencias.

Medidas multinivel no referidas al profesorado:

  1. Una auditoría energética de todos los centros. Centros escolares construidos o reformados según criterios estrictos de eficiencia energética.  Aire acondicionado o ventiladores de techo donde se superen los 30 grados en septiembre y mayo. Calefacción que funcione y presupuesto para que esté encendida.
  2. Descansos de 5 minutos entre hora y hora de clase. Siempre. En todos los niveles.
  3. Criterios más rigurosos a la hora de aprobar libros de texto. Materiales curriculares bien diseñados (unidades didácticas completas, o programaciones enteras fáciles de adaptar) de creación pública. Es decir: el Ministerio o las Consejerías de Educación deberían poner a disposición del profesorado y de las familias, a precios bajos, materiales digitales y en papel. En papel también porque a veces se va la luz, o internet, o quieres subrayar, o lo que sea.
  4. Que los medios materiales funcionen, y si se rompen, se arreglen. Me he pasado meses y años en departamentos con impresoras rotas, pizarras digitales sin audio, proyectores con el color distorsionado….
  5. Comedores escolares. Más y mejores. Comedores en Secundaria.
  6. ¿Sistema bilingüe? En principio vale, pero con ningún profesor con un nivel inferior al B2 de la Escuela de Idiomas, que quiere decir C1 en la mayoría de certificaciones oficiales. El nivel que avala el First Certificate de Cambridge es lo que quieres que consigan los alumnos, no un requisitosuficiente para el profesor.
  7. Organizar el uso de los centros educativos por las tardes, en horas no lectivas, ya sea con monitores o con el profesorado. No para dar clase, sino para usar el recreo, dar talleres, usar la biblioteca escolar, etc.
  8. Un respeto escrupuloso de las ratios, y reducir la de Bachillerato. No se puede dar clase en aulas en las que los alumnos no caben.
  9. Mientras exista la escuela concertada, la prohibición absoluta de cobrar ni un solo euro a su alumnado, por ningún concepto. Si no se pueden apañar con el dinero del concierto, que salgan del negocio. Vamos, que trabajen en igualdad de condiciones con la escuela pública.

Medidas que se salen del centro educativo:

  1. Las bibliotecas públicas deberían abrir 12 horas al día, 6 días en semana, 45 semanas al año. Deberían tener salas de silencio, de trabajo e infantiles, wifi gratis, ordenadores, e impresión a precio de coste.
  2. Actividades culturales y de ocio a nivel municipal o de distrito.
  3. Controles mucho más estrictos para homologar los libros de texto.
  4. Los libros de texto, caso de utilizarse, deberían tener algún tipo de subvención. Los profesores que no los usen deberían poder utilizar ese dinero para material de consulta (libros que no sean de texto, diccionarios, etc).
  5. Una causa del fracaso escolar es que el alumnado cree que estudiar no sirve para nada. Nadie puede hacer bien algo que no le resulta ni agradable ni útil. Aquí el problema no es del sistema educativo, es del mercado laboral, ese «modelo productivo» tan mencionado. El niño y la niña de once o doce años ya piensan «si lo que me espera es el ladrillo, la fruta, servir copas y cuidar de bebés, ¿para qué estudiar primero?». Los profesores no podemos estar solos en la tarea de explicarles por qué ese no es un razonamiento válido.
  6. Del mismo modo, soluciones reales y efectivas a la pobreza infantil. Con hambre se estudia fatal.
  7. El fin de los debates sobre si los profesores hacemos nuestro trabajo…. casualmente justo durante las campañas electorales, la aprobación de presupuestos y similares momentos políticamente claves. Que dejemos de ser un arma arrojadiza.

Sé que son inconexas y difusas, algunas muy obvias, y que si fuera una experta en gestión educativa debería poder decir de dónde saldrá el dinero y con qué estrategia se aplicaría algo de todo esto. Pero creo que es, al menos, un principio. Y sin apenas cambios legislativos ni curriculares.

Las «tutorías con las familias» en educación.

Una de las partes más invisibles del trabajo del profesorado es la entrevista con las familias. Cuando hice cursos de preparación pedagógica y metodológica nunca se las mencionó, excepto para decir, de pasada, que hay quien protesta porque «hemos suspendido a su niño». Sí, a veces la cita con la familia puede tener que resolver un conflicto, pero hay bastante más que saber.

Para empezar, el protocolo que se sigue. Yo puedo hablar del que me he encontrado en los institutos de secundaria de Andalucía. La cita puede ser a petición de la familia, que normalmente te lo comunica a través del alumno, o del profesor. Los profesores tenemos montones de cosas que hacer que nos vienen impuestas, y es difícil tener iniciativa para citar tú, pero en algunos momentos (esas rebeldías adolescentes, el paso de Primaria a ESO, esa criatura que ves venir que va a suspender muchas como no cambie…) una llamada de teléfono a tiempo puede arreglar mucho.

Si eres tutor, legalmente se reserva a esta tarea una hora semanal, que en muchos casos es por la tarde. Como yo me extiendo bastante en esas reuniones, me da tiempo a ver a pocas familias y por eso también meto algunas citas en huecos que tengo en mi horario de mañana. Entre llamar por teléfono, hablar con otros profesores, la reunión en sí, y llevar un registro, probablemente me coge un par de horas semanales de media. Pero nada, cita cogida y lo siguiente es conseguir que los demás profesores rellenen una hojita con la información que consideren relevante sobre el alumno: cómo se porta, si hace las tareas, y qué notas saca. Las primeras veces me extrañó, yo creía que los niños llegan a casa y cuentan qué les han puesto en tal examen o si tienen deberes, pero resulta que no, que algunos mienten o disimulan. Algunos padres se enfadan mucho cuando se enteran, y otros se resignan a que sus hijos no hablen en casa de ningún problema académico.

Y entonces llega la cita. Tienes que tener preparada la hoja en la que los profesores han apuntado sus observaciones y cualquier otra información que consideres necesaria. Aunque parezca una tontería, con la persona que venga lo primero que tienes que hacer es identificarte (sabe que eres el tutor o tutora pero quizá no sabe ni cómo te llamas ni qué materia das) e identificar a quien ha venido. En mi experiencia, la cita suele ser con la madre, pero también veo a padres, abuelas, abuelos, tutores legales, y cuidadores de facto sin relación de sangre, además de a la actual pareja de la madre y a hermanas mayores.

Las familias vienen casi siempre a que se las informe del progreso académico, pero no es lo único que quieren saber. En época de notas vienen a que se les cuente la causa de los suspensos, y eso no debe ponernos a la defensiva, ya que muchas veces quien parece que viene a protestar porque cree que su hijo mereció otra cosa lo que quiere saber son los motivos: ¿necesita refuerzo? ¿tiene dificultades porque trabaja y aún así no comprende? ¿no ha trabajado lo suficiente? ¿por qué no me avisaron de que no hacía nunca los deberes? (y aquí es donde te das cuenta que deberías haber citado tú a esa familia semanas antes). También hay familias con hijos que trabajan más y mejor si están un poco «controlados», y vienen a verte una o dos veces al trimestre para que su hijo sienta esa vigilancia. A veces, si el alumno está en un curso inmediatamente anterior a que haya optatividad, es bueno orientar a los padres sobre cuáles son las opciones futuras de sus hijos sin necesidad de que pregunten.

Hay reuniones agradables, tipo «yo lo que quería era ponerle cara porque si no es muy frío, que mi hijo pasa aquí con usted todo el día» y reuniones muy desagradables, como cuando te toca arreglar un caso de acoso escolar o cuando una familia está enfrentada con un profesor (tú o un compañero). En cualquier caso, las desagradables son una excepción. Lo más importante es tener toda la información muy clarita antes de que la familia llegue, y si no puedes tenerla, saber a quién tienes que preguntar.

Muy pocas veces he tenido una reunión simultánea con la familia y un alumno (exactamente dos veces en toda mi carrera). No suele ser una buena idea porque el adolescente va a sentirse demasiado presionado por tanto adulto hablando de él, y se puede cerrar en banda. Estas reuniones sí son una buena idea cuando ha habido malentendidos: el alumno nos ha mentido y queremos aclararlo entre todos, hay un caso de acoso y la presencia de un familiar adulto es reconfortante, queremos orientar unas técnicas de estudio que el adulto puede asistir porque el niño solo no va a saber… es decir, algunas situaciones muy puntuales.

Por supuesto, se puede atender por teléfono o email. Yo reservo el teléfono solo para lo que es urgentísimo, y el email lo uso siempre que la propia familia me lo pide. Aunque sea lo más rápido, me gusta el trato en persona.

La cita con los padres es una rutina más del profesorado que no se valora lo suficiente. Hay que tratarlas con el respeto que merecen y no verlas como un fastidio, aunque como no son una tarea sistemática, siempre parecen un «extra». Un par de reuniones con una familia pueden aclarar dudas, prevenir conflictos posteriores, e incluso salvar la trayectoria de un niño.

Cultura libre, innovación educativa.

cursos_bibhuelvaCursos de introducción al uso de internet en la Biblioteca Pública de Huelva.

Inauguramos el curso escolar con una colaboración de Undívaga, que dio estas opiniones en forma de tuits el 30 de agosto. Donde ella dice «cultura libre», yo leo «innovación educativa». Y me lo aplico hasta donde alcanzo. Bienvenidos al nuevo curso.

La cultura libre no es solamente ponerte un sellito de copyleft en el blog. Es sobre todo luchar por una educación pública de calidad.

Cultura libre es dotar adecuadamente las bibliotecas y dejar que se llenen de gente con ganas de leer.

Cultura libre es dotar de recursos a los institutos para inspirar a los jóvenes que pasan allí la etapa más creativa de su vida.

Cultura libre es que recibir una beca no te condene a trabajar para evitar morir de hambre y perder la beca al año siguiente.

Cultura libre es que el hijo del burgués quiera entrar en FP.

Cultura libre es que ningún niño llegue sin desayunar al colegio.

Cultura libre es luchar (de verdad) para acabar con el fracaso escolar en España. Y no, esto no tiene que ver con la «cultura del esfuerzo».

Cultura libre es no permitir que los niños más vulnerables tengan miedo o vergüenza de ir al colegio.

Cultura libre es, por último, permitir que vuelvan al sistema educativo todos los que un día se marcharon de él para pasar a sostenerlo.

21 días, día 21. Conclusiones.

DSC_0389Dedicar cada día un rato a escribir sobre la marcha normal de un momento normalísimo del año académico me ha hecho reflexionar, y darme cuenta de cosas que normalmente me pasan desapercibidas. Cualquiera que haya leído las 20 entradas anteriores podrá sacar sus propias conclusiones, que me encantaría saber. Estas son las conclusiones que saco yo.

1. Yo ya sabía que el trabajo no se termina nunca, pero no me había parado a contar cuánto hago de verdad. Eliminadas todas las pausas, me salen 113 horas efectivas, que dan una media de 7,5 horas si sólo trabajase los días laborables, es decir, una típica jornada de 40 horas porque en esas 7,5 no hay ni un solo momento de descanso. No trabajamos así, claro: hay momentos de más y de menos trabajo. Los funcionarios, seamos docentes o no, trabajamos en teoría 35 horas a la semana. Es decir, que estas tres semanas os he regalado, a mis alumnos, a la Administración, y a vosotros que sois los beneficiarios últimos de la función pública, una media de una hora de trabajo al día. Tened en cuenta que como Jefa de Departamento tengo un grupo-clase menos que mis compañeros, es decir, que otro año haría alguna hora más. Hay momentos del curso que son peores (todo el primer trimestre, el mes que viene, y Junio) y un momento más tranquilo (Enero).

Insisto en que el trabajo no termina nunca. Hay tareas no urgentes que estaban pendientes hace tres semanas, y siguen pendientes.

2. El trabajo se hace a pequeños golpes de un máximo de una hora-cincuenta minutos. Las interrupciones son constantes. Si necesitas concentrarte, lo haces en casa.

3. Hay centros donde los profesores no se llevan bien. No es mi caso. Las relaciones son cordiales y eso beneficia mucho cómo se trabaja.

4. No es un trabajo físicamente duro pero sí activo. Pasas frío (mucho) y calor (a veces). Estás todo el día en movimiento. Se trabaja de pie. Cargas pesos: libros, un portátil, cuadernos de alumnos. Mi bolsa suele pesar alrededor de 5 kilos y la cargo todo el día. Bajas y subes escaleras varias veces al día. Hablas. Elevas la voz. Y a tu alrededor, el ruido es alto y constante. Los alumnos disfrutan mucho haciendo ruido, tanto si están hablando como si no.

5. Todo lo que no es dar clase se hace a base de buena voluntad y generalmente fuera de horario. Dos ejemplos: la biblioteca y el mantenimiento informático. El profesor que se encarga de esas cosas arregla unas cosas y remite otras a un servicio técnico que actúa tarde y mal. El personal de un centro somos profesores, una orientadora, conserjes y uno o dos administrativos, no hay personal altamente cualificado para ese tipo de tareas. No he hablado de la orientadora porque como no soy tutora trabajo poco con ella, pero no dan abasto porque hay una sola para todo el centro.

6. Los medios materiales son pocos, viejos y si se estropean se arreglan, repito, tarde y mal. Encontrar una impresora que funcione conectada a un ordenador que funcione SIEMPRE es una aventura. Como me decía alguien que trabaja en la empresa privada, trabajamos con presupuestos de juguete.

7. La evaluación depende mucho del profesor. Desde que decides qué porcentaje de la nota va a ser el examen, y cómo diseñas ese examen, a cómo trabajas la materia en clase. Los mismos contenidos se pueden trabajar con distintos niveles de dificultad: hay, digamos, una «horquilla» de posibilidades variadas para el mismo curso. Esto no es un simple «subir o bajar» el nivel, porque, por ejemplo, puedes dar más o menos importancia a la parte práctica, o a la comunicativa, a la teórica, etc.

8. Mis grupos son mejores que la media porque tengo un solo grupo de primer ciclo de la ESO, y porque este año me ha tocado la lotería de los niños buenos. Aún así, casi todos los días hay algún problema. Hay muchos más problemas de convivencia leves de los que yo era consciente. Además, los alumnos, sobre todo los de 11 a 14 años, demandan mucha atención. A veces es obvio que lo único que busca el mal comportamiento es obtener atención. Hay una conexión muy clara entre familias de pocos recursos y bajo nivel académico.

Hay pocos recursos para integrar a quienes vienen con bajo nivel o un historial de mala conducta. En una clase de 1º de ESO se puede empezar a adivinar quiénes se van a salir del sistema en 1-3 años. En 1º suele haber unos 100 alumnos. En 4º, han sobrevivido unos 50.

Para los estudiantes que no se salen nunca de los raíles, el futuro no va a ser fácil. Sus salidas académicas y profesionales están condicionadas por la oferta de estudios local (Bachillerato y 3 grados de FP en el instituto grande del mismo pueblo), padres que quieren que estudien una carrera tradicional, la escasez de becas, la ausencia de ayudas que compensen nuestra situación periférica.

21 días, día 20. Mansplaining en miniatura.

DSC_0433Empezamos con 4º. Cantamos. Dos veces la misma canción, una conmigo y otra sin mí. No me parece fácil, y lo hacen bastante bien. Pasamos a ver el tema de vocabulario que preparé ayer. Yo creía que era simple y breve, pero me quedo corta. Odio dejar temas de vocabulario a medio explicar, siempre procuro que cojan una sola sesión. Les cuento, dibujando mal un mapilla en la pizarra, cómo es el urbanismo de Manhattan. Ese tipo de detalles culturales suele gustar; de hecho, nombro todas las islas del archipiélago menos Long Island y alguien me pregunta cómo se llama la isla que me ha faltado.

Reunión de departamento. Los que damos clase en 1º tenemos una reunión el lunes por la tarde con los maestros de primaria de los colegios; les pido información a los otros dos profesores que dan clase ese año. Sobra tiempo y me voy a la biblioteca, a seguir con el proceso de pegar tejuelos y guardar libros con el que llevo toda la semana.

Clase en 1º. Cantamos Don’t worry, be happy, nuestra nueva canción, una sola vez. Llevamos poco tiempo con ella y no se la saben. Como es larga, hacemos un solo intento. Pasamos al libro: hacemos un par de ejercicios relacionados con la escritura: seleccionar información de un texto, resumir, el orden de las palabras en la oración. Aquí les hago comparar con la sintaxis del español para que vean dónde están las principales diferencias. Una niña no está haciendo nada. Le digo que tiene muchas habilidades (dibuja muy bien) y dice que ella no quiere trabajar de eso. Eso es algo desgraciadamente muy frecuente: los alumnos asocian directamente sus habilidades con profesiones. El bueno en matemáticas se plantea ser profesor de matemáticas, la niña que dibuja se plantea (y descarta) ser pintora. No hay nada más allá. Le pongo algunos ejemplos de profesiones donde su atención al detalle, ya sea o no para dibujar, es necesaria: todo lo relacionado con la moda…un niño sugiere arquitectura. Aquí me preguntan «qué hay que hacer para trabajar de….» y contesto alguno.

Llega nuestro pequeño mansplainer: un niño que me pregunta qué hay que hacer para ser policía. Le cuento en qué consisten las oposiciones. El niño levanta la mano, pero no para preguntar, sino para contarme, él a mí, qué le han dicho en su casa sobre el tema (le han hablado de la academia de policía, pero no de las oposiciones). Le pregunto: «¿por qué me estás explicando esto?» No lo sé. «¿Yo te he preguntado?» No. «Cuando me has hecho la pregunta, ¿sabías ya la respuesta?» No. «¿Me he equivocado con lo que te he dicho?» No. «Entonces, ¿para qué interrumpes?» No lo sé. «Está feo que quieras explicarle una cosa a quien te está resolviendo tus dudas». No es mi intención, pero muchos se ríen. Cambio rápidamente de tema.

Este tipo de interrupción, o que me contradigan, por ejemplo cuando se confunden con la polisemia y creen que el error es mío, es frecuente. Suele haber un par de alumnos en cada clase que intentan quedar por encima. No son rebeldes, suelen ser buenos estudiantes; es otra cosa. Suelen ser ferozmente competitivos. Otra cosa bien distinta son los alumnos críticos o rebeldes, los que cuando propongo un tema para una redacción dicen que prefieren hacer otra cosa o los que dicen que no les gusta la película o la canción que he puesto, por ejemplo.

En el recreo, más biblioteca. Unas niñas y yo casi terminamos de pegar tejuelos en los libros que tenemos amontonados en las mesas. Al final del día, cuento los libros que me quedan. Son unos 80. Eso son unas tres semanas más. Las siguientes tareas gordas son elaborar y comprar una lista de libros, y conseguir que niños con más arte que yo me hagan unos cuantos carteles, que la biblioteca se ve muy sosa. Eso cerraría todas las tareas del año aparte del mantenimiento normal.

Guardia. Llamo a las familias de varios niños enfermos, paso a limpio las actas de la reunión de horas antes, y miro unas estadísticas. Ya tengo las notas medias de 1º: también están en el 5 raspado, y si el curso acabara hoy, suspendería a un tercio de la clase.

Y 3º. Tienen su sesión semanal de trabajar en grupos y toca que revisen su examen.La clase pasa sin más incidente que una pelea de tirarse bolas de papel cuando no miro, entre los alumnos varones de la clase, que no paran.

En 4º, terminamos de ver Romeo y Julieta. No se quieren creer el final. Debatimos un poco sobre la visión que presenta del amor romántico y las relaciones familiares. No son conscientes de que la diferente personalidad de Romeo y de Julieta se debe a que él es libre y ella no, porque son un hombre y una mujer. Romeo les parece «más liberal» y ella «más mimada».

Este fin de semana no quiero trabajar. Cojo un par de papeles que necesito para escribir esto. Mi última lista de tareas es a un mes vista, la hice el lunes, tenía doce elementos y he hecho la mitad.

Horas lectivas: 4.
Horas no lectivas: 2:30
Horas reales trabajadas: 6:30

* No habrá día 21 mañana. Pronto, unas conclusiones.

 

21 días, día 18. Futuro lejano.

L's nailsLos miércoles empiezo con una guardia. Falta un profesor para 4º y como son pocos me los llevo a la biblioteca. Ellos estudian o charlan mientras yo pongo tejuelo a una pila de libros. Me preguntan alguna duda. Surge algo relacionado con el Bachillerato, y alguien no sabe si por aquí se puede estudiar la variedad de Artes Escénicas. Me voy al ordenador a consultarlo en Internet. Aquí, el drama: al menos cuatro chicas quieren estudiar bachillerato de arte o de artes escénicas, pero o los padres se lo prohíben porque quieren que estudien algo del estilo de Derecho, o de todas maneras da igual porque vivimos a una hora y media de la ciudad donde pueden estudiar artes escénicas. En el otro instituto de nuestra localidad, el grande, sí hay artes visuales. Pero artes escénicas, sólo en tres institutos de Sevilla capital. Me cuentan algo sobre el punto de vista de los padres, que quieren para ellas una trayectoria parecida a la que tuve yo hace veinte años.

No existen facilidades de ningún tipo para los estudiantes que quieren estudiar algo que requiera desplazarse. Esto afecta a los que quieren estudiar ciclos formativos más que a los que hacen Bachillerato. Es muy difícil animarse a estudiar viviendo en una esquina del país. Mucho.

A continuación, clase con los mismos alumnos y un puñadito más que se nos incorpora. Hoy, repito la misma clase sin variación a dos horas diferentes. He cogido una lectura de uno de los libros de texto que trataba el tema de nuestro último vocabulario, la he pasado a ordenador porque queda mejor y más limpio que en fotocopia, y le he añadido más preguntas de comprensión lectora de las que el libro proponía. Texto teóricamente difícil, preguntas fáciles. El texto no les engancha, pero contestan a mis preguntas sin problema. Recomiendo que vean Nueve Reinas y Luna de Papel, y veo alguna niña tomar notitas. Alguien tendrá sesiones de cine este fin de semana.

En 3º, nada nuevo que contar. Hacemos ejercicios salteados del libro, vuelvo atrás en el temario, no tengo prisa por terminar temas porque me he adelantado.

En 1º, a raíz de llamar la atención a una niña que no hace nada, pregunto cuántos han repetido una vez en en colegio y una vez 1º. Son 4 o 5 en una clase de 25 alumnos. En primaria se puede repetir una sola vez, y en secundaria sólo te puedes matricular con menos de 18. Resumiendo: los niños españoles tienen dos oportunidades de repetir en la educación obligatoria, que puedes ser una en primaria y una en ESO o dos en ESO. Los niños de esta clase en esa situación puede que consigan terminar la ESO con 18, si no repiten más veces, pero en algunos casos están esperando a cumplir 16 para que dejen de obligarlos a venir. Y de verdad: yo no conozco nada que anime o motive a los alumnos en huelga de brazos caídos.

A pesar de esto hoy la clase va muy bien. Trabajamos con verbos de movimiento y casi toda la clase quiere resolver ejercicios. Me enfado con un niño que suele intentar corregirme y le digo que para el lunes tiene que dar él  una miniclase de 15 minutos.

Horas lectivas: 4.
No lectivas: 1:30

21 días, día 16. De reuniones.

DSC_0041Hoy tengo lo de todos los lunes, y reuniones de propina por la tarde. Las grandes novedades son la calefacción y que el despachito del departamento de inglés vuelve a tener ordenador. Eso sí, no lo apagamos por si luego no se puede volver a encender.

Empezamos con 4º. Les comento muy brevemente los resultados desastrosos de sus exámenes, les hago un simulacro de qué nota tendrían si el curso acabara hoy (suspenderían 5 de 15) y les digo quién debe repetir la redacción para mejorar esa nota. Se lo toman bien, nadie protesta. Uso unas fotos sacadas de internet para que vean en el proyector cómo era el teatro isabelino, y vemos unos 45 minutos de Romeo y Julieta. Llegamos a la muerte de Mercuccio y me encanta verlos serios y sorprendidos.

En mi hora de biblioteca, recatalogo. Es un trabajo que he tenido que aprender sobre la marcha. La coordinación de la biblioteca se le asigna a algún voluntario o a quien la directiva considere adecuado, y la formación es escasa y parcheada. Los cursos de formación son para todos los niveles, desde Infantil, y aúnan fomento de la lectura con gestión de la biblioteca. Es todo demasiado amplio. Yo he estado en tres o cuatro minicursos presenciales de «Plan de Lectura y Bibliotecas» y nunca me han dado información de gestión bibliotecaria propiamente dicha. Podría haber hecho algún curso no presencial, pero por unas cosas o por otras no lo he hecho, y por eso todo ha ido improvisado, sobre la marcha. La catalogación de los libros de «no ficción» ha sufrido por ello. Cuando llegué, estaban sin catalogar casi todos y yo los añadí a las categorías «Ensayo» y «Otros». Entonces descubrí la clasificación decimal universal y con la ayuda de algunos tuiteros como @srpichon y @marmota_llorona, reordené esa sección. Tengo bien clasificada la mitad. Son muy pocos libros y muy en su mayoría muy poco útiles en un centro de Secundaria, donaciones y cosas así. Más tarde, en el recreo, mis ayudantes pegan tejuelos en estos libros.

En 3º, algunos alumnos no paran de reírse e incordiar en toda la hora. Explico un tema de teoría que  mí me parece complejo pero no hacen preguntas ni ponen pegas. Cuando alguien dice que un tipo de ejercicio se le da mal, les cuento lo que a mí me enseñaron en la carrera: que para alcanzar un nivel «intermedio» en una lengua extranjera hay que trabajarla, se dice, unas 4,000 horas. Calculamos cuántas llevan ellos: desde que entraron en el colegio, unas 1200. Les pongo como tarea para Junio que calculen aproximadamente las horas de este curso, redondeando las vacaciones, y separando leer, escribir, escuchar, hablar y gramática, y que busquen maneras de aumentar la parte comunicativa con canciones, películas, etc. Digo «Si no habéis hecho miles de horas, no podéis decir que se os da mal: sólo es que no habéis trabajado lo suficiente». Por sus caras, parece que me creen.

Termino la mañana con 1º. Están muy revoltosos y se enteran de las cosas regular. El nivel está muy dividido en tres tercios, y se nota. Un niño que va bien me interrumpe y me pide que vaya a su mesa para contarme naderías como si fueran secretos importantes. Esta necesidad de contar cosas en privado, de que se les preste atención individualizada,  veces es muy agobiante en este nivel, pero en esta clase pasa poco. Algunas niñas no trabajan; si se les pregunta, dicen que no sabían qué tenían que hacer.

Por la tarde, tenemos reuniones de equipo educativo. Antes, se convocaban cuando el tutor lo consideraba necesario para comentar algún problema concreto de la clase pero ahora las tenemos todos a la vez en mitad de trimestre. Sirven para comentar la marcha general de los grupos, conflictos que haya, propuestas de mejora tanto sencillas como cambiar la distribución de la clase o protocolos que necesitan de la intervención de la orientadora. Y se comentan también los problemas individuales de los alumnos. Es una información muy valiosa porque interesa saber si tal o cual alumno tiene problemas en general o sólo contigo, por ejemplo.

Estamos citados a las 4:30, con una lista ordenada de los grupos, que no están programados cada uno a una hora sino todos seguidos para ahorrar tiempo. Eso nos obliga a pasar la tarde entera en el centro por si ya le toca a un grupo en el que nosotros demos clase. Cada reunión dura alrededor de media hora. Antes de que los profesores lleguemos, los alumnos de 4º han puesto el tenderete de la foto, con su termo de café y su leche, para vendernos la merienda y pagar su excursión de fin de curso. Me recuerdan a ese eslogan que decía «ojalá los ejércitos se financiaran con rifas y pasteles y en los colegios no faltara de nada».

Entre reunión y reunión, corrijo los exámenes de 1º. Efectivamente la clase está muy dividida, unos muy bien y otro muy mal. Lectura y escucha bien, vocabulario muy bien, gramática y escribir entre mal y muy mal. Nadie lo deja en blanco. Entre 2 y 5 personas tienen problemas de comprensión o motivación que empiezan a parecerme insalvables.

Cuando termino mi última reunión, a algunos compañeros aún les queda otra hora. Dos alumnos de 4º, chico y chica, esperan pacientemente a que alguien les compre trozos de la media tarta que les queda.

Horas lectivas: 3.
Horas no lectivas: 1:30
Horas reales trabajadas: 8:30.

 

21 días, día 11. Exámenes.

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Hoy tengo, en principio, un día tranquilo: guardia, una clase, tres exámenes. En la guardia, falta un profesor. Me confirman que no tengo que darles ninguna tarea. Como el grupo ocupa el aula de al lado de la biblioteca, me los llevo. Se sientan todos al fondo. Mientras hacen sus cosas, catalogo libros y hago fotos. No les obligo a estudiar, pero algunas niñas me preguntan dudas de inglés. Aviso varias veces de que pueden jugar con sus portátiles, pero no poner música ni ningún juego con sonidos. No es por mi dolor de cabeza, sino porque siempre me molesta ese ruido añadido al griterío que están montando. Es la única regla que impongo, porque me parece demasiado duro hacerles guardar el silencio de los exámenes y no saben estar en un término medio.
Un compañero me releva y voy a hacer fotocopias de los partes que puse ayer. Cuando a se pone un parte, hay que hacer fotocopias para el tutor, para el jefe de estudios y para el alumno, y llamar a su casa para informar de lo ocurrido. La comunicación es doble, oral y escrita, para estar completamente seguros de que la familia está informada de un proceso que puede acabar en expulsión.

De ahí me voy a mis exámenes. Espero a que guarden el material; siempre hay alguien repasa sus apuntes hasta que digo dos o tres veces que no reparto los exámenes hasta que lo retiren todo. Explico en español qué hay que hacer en cada ejercicio. No leen o no comprenden los enunciados: me preguntan varias veces «en este ejercicio, ¿qué hay que hacer?». Es la primera vez en mi vida que un examen me queda demasiado largo, y en todas las clases doy cinco minutos más, lo que se come cerca de un cuarto de hora del recreo. Me da tiempo a tomarme un café.

En 1º, vemos los adverbios acabados en -ly. El libro trae pocos ejemplos. Me he inventado una familia donde cada uno conduce con un estilo y escribo las frases en la pizarra, según las voy diciendo: «My mother is a good driver. She drives well». Una niña dice que su madre no tiene carnet. Un niño bromea «tu madre es una sinpapeles». La niña se ofende, me llama, y quienes los rodean le dan la razón a ella. Comento que es desagradable, y que es muy triste valorar a las personas por su documentación, lo que lleva a un minidebate porque han visto en televisión algo sobre los inmigrantes sin tarjeta sanitaria y no les gusta la idea. Me hacen muchas preguntas que contesto brevemente, diciendo la verdad pero procurando no asustarlos. Volviendo a los adverbios, los entienden en teoría pero sólo la cuarta parte de la clase es capaz de resolver a la primera un ejercicio para convertir adjetivos añadiendo -ly. Habrá que insistir.

Mientras tanto, la niña a la que puse un parte ayer se lleva un chasco, porque ha dado por supuesto que cuando le entregue su parte la expulsaré de la clase y no era mi intención hacerlo. Hace todo lo que puede para que la eche. Se niega a copiar de la pizarra. Distrae a sus amigas, sentadas varias mesas más atrás. Le digo que si sigue así, la sentaré sola. La siento sola. Dice que no se va a mover porque no quiere. Hace ruido: habla sola, tira bolígrafos al suelo y vuelve a cogerlos, se ríe. Al terminar la clase, voy a hablar con el Jefe de Estudios a contarle lo que ha pasado. La alumna ha pasado de no querer trabajar a querer echarme un pulso, y la verdad, me daría pena que la echaran del centro una semana a base de ponerle partes, que sería lo fácil. El jefe dice que hablaremos con ella.

Me llevo a casa las redacciones que los grupos de 3º y 4º me han entregado, hechas en casa. 43 alumnos, 4 que no la han traído. Cada día de retraso resta 0,1. A mí me gustaría tenerlo todo para mañana, pero imposible. Tardo dos horas con pausas mínimas en corregir las 15 redacciones de 3º. Son amenas de leer: la biografía de alguien que no sea famoso. Todos han escogido a su familia. No es fácil ponerles nota numérica. Cuento y corrijo sus errores en gramática, vocabulario, expresión (3 puntos cada cosa), y ortografía/puntuación (1 punto), pero no voy descontando X puntos por error. Casi todas tienen errores graves pero son legibles, y algunas, amenas. Al final, apunto los errores más repetidos que no sean un simple despiste, para comentarlos en clase el próximo día.

Horas lectivas: 4.
Horas no lectivas: 1.
Horas reales de trabajo: 7:30.
Recursos que he echado en falta: no tengo grabaciones para poner ejercicios de escucha en los exámenes de 4º: es un material que no se compra, las editoriales lo regalan si los alumnos se compran el libro.
Los recursos para trabajar con alumnos con problemas de conducta graves son muy limitados. Puedo hacer poco más que echarlos de la clase o dejarlos sin recreo. Y cuento con un equipo directivo excelente, si no lo fueran no sé qué sería de mí.

Nuevo método de trabajo: conclusiones sobre la marcha.

En Enero, conté que había empezado a trabajar de otra manera, a partir de no poder dar clase con libro de texto en 4º de ESO. Según avanzó el curso, algunas cosas cambiaron. Mis alumnos tenían, en general, una hora a la semana para ver una película con subtítulos o trabajar con una canción, otra hora a la semana de trabajar en grupos en lo que ellos quisieran, que casi siempre era gramática porque yo no pongo ejercicios mecánicos de rellenar huecos; y el resto del tiempo, dependía.

Algunas cosas han salido muy bien. Una evaluación basada casi a partes iguales en exámenes y en distintos trabajos ha servido para que aprendieran y aprobaran (que no es lo mismo) algunos alumnos a los que se les atravesaba la materia. Ni un solo suspenso en 4º de la ESO, por ejemplo. Vistos más de cerca, estos resultados siguen siendo muy mejorables: en clase hay 110 alumnos que trabajen algo, aunque sea poco. Saco de las cuentas a los que no vienen nunca, a los que vienen de vez en cuando, y a los que vienen para no hacer nada de nada. De esos 110, mando para Septiembre a 18: 16%. Mi tasa de suspensos real es más alta, porque hay alrededor de 10 niños más que vienen para no hacer nada, nunca, en ninguna materia, y no los he podido involucrar, pero ahora lo que me interesa es comprobar que es verdad lo que les digo a los grupos en Septiembre: «conmigo, quien trabaja, aprueba».

Ahora, veamos de cerca otros resultados. 42 alumnos, el 38%, habrían suspendido si el examen fuese el 100% de la nota. Incluyo a los que tienen notas por encima del 4. Es decir: mi tasa de aprobados de 62% habría estado algo más cerca de lo normal en mi asignatura. Aún así, sigue siendo bastante alta. Una cosa preocupante es que mis alumnos no están muy preparados en gramática, lo que puede darles problemas si su profesor del año siguiente es más exigente que yo con eso. Conclusión: Tengo que supervisarlos más cuando trabajan en gramática.

Trabajos escritos: quienes los entregan, ya los hacen bastante bien. Mis alumnos de 4º y algunos de 2º escriben redacciones a un nivel que muchos estudiantes no consiguen en Bachillerato. Aquí el problema es otro: No se debe encargar ningún trabajo susceptible de ser cortapegado. En primer ciclo de ESO no saben documentarse y resumir, y en segundo ciclo siguen creyéndose inmunes a que les pille los plagios. Se les puede enseñar a documentarse, y a no utilizar traductor online, pero se tarda mucho tiempo.

Hacerles trabajar en grupos una vez en semana ha servido para motivar a la gente que estaba al borde del abandono, y para que los que más inglés saben no se aburran. Una buena organización de los grupos, y que sea una actividad evaluable objetivamente, es fundamental.

Sobre el cuaderno de apuntes, al final del curso no lo entregaron 28 alumnos, el 25% del total, y entregaron un cuaderno desordenado, incompleto, sucio o de alguna otra forma merecedor de una nota por debajo del notable diez alumnos más. Están acostumbrados a que les revisen el cuaderno de clase… para ver que tienen los ejercicios hechos. Esta ha sido, para todos, incluso para los mayores, su primera experiencia de dar clase tomando apuntes. Y el 65% ha aprendido a hacerlo bastante bien. Conclusión: El alumnado de la ESO es perfectamente capaz de aprender a coger apuntes, centrándose sobre todo en copiar la pizarra, pero pasando a limpio según su gusto personal.

Una cosa para mí muy importante: yo no mando deberes. Me entregan dos trabajos escritos, individuales o por grupos, cada trimestre, y el cuaderno de apuntes. Mandar deberes tiene poco o ningún efecto en el rendimiento académico de mis clases. Sin embargo, los estudiantes lo echan de menos.

No estoy contenta de cómo he llevado la producción oral en inglés. Tengo que pensar en más tareas fáciles, breves, progresivas y distinguir la correción fonética de la capacidad para hablar en público y de la capacidad de comunicación «natural».

Otras cuestiones, derivadas sobre todo de la encuesta de satisfacción que les hice hace unos meses:

  1. Los más pequeños tardaron dos películas en superar su rechazo a los subtítulos. Los de 2º de ESO, un rato. Las películas hay que ponerlas con subtítulos en español, aunque se quejen. Ya se callarán. Queda pendiente normalizar los subtítulos en inglés.
  2. Es arriesgado encargar trabajos evaluables por parejas porque si uno de los dos no puede trabajar por el motivo que sea, hay un riesgo de que el otro se desentienda.
  3. Como me han enseñado mis amigos informáticos, repetir varias veces el mismo trabajo debe evitarse a toda costa. Eso quiere decir hacer las cosas pensando en reutilizarlas. Por ejemplo, la misma canción se puede trabajar en muchos niveles diferentes. Donde 1º canta, 2º practica verbos irregulares y 4º hace un trabajo difícil de comprensión lectora (además de cantar y recordar los verbos).
  4. Tengo que trabajar más la lectura, en clase y fuera de ella.

Hablando claro: me pongo un sobresaliente. Un diez no, pero sobresaliente sí. Nunca había conseguido unos resultados tan buenos, sobre todo teniendo en cuenta el punto de partida. Me he tirado sin red y he aterrizado de pie. El año que viene, más.

Problemas con los libros de texto 1: niveles de dificultad.

No hay profesores a los que gusten mucho los libros de texto. Algún profesor que conozco, como @jlantinolo, los llama «libros detesto». A veces, especialmente ahora que tenemos a nuestra disposición recursos online, se habla de que sería mejor no usar libros. Y uno se preguntaría, ¿dónde está el problema, si los hemos usado toda la vida y no hemos salido tan mal? Pues bien, esta es mi opinión sobre cuáles son los problemas con los libros de texto.

Lo primero de todo: los recursos digitales son infinitos, ocupan poco o ningún espacio, muchos son gratis, y no se estropean con el uso. Los libros sí.

Como profesora de inglés, cuando cojo un libro de texto nuevo para ver si lo puedo usar, lo primero que observo es si tiene un grado de dificultad apto para mis alumnos. Las editoriales de libros de texto en inglés han decidido, en su sabiduría, que los libros fáciles tengan un aspecto más organizado con poco texto e imágenes y más fondo blanco, mientras que en los libros difíciles hay más fotos y más colorines. Observen el soso aspecto de English for you (fácil), y disculpen si no incluyo fotografías para comparar (que si derechos de autor, que si me puedo meter en un lío…). Pero si yo quisiera hablar de huracanes, o de Nueva Orleans, o del Katrina, en una clase de nivel bajo de la ESO, no metería poquito texto y una sola foto. Pondría poco texto y una docena de fotos, aunque fueran pequeñas.

La segunda gran diferencia entre libros fáciles y difíciles con la misma gramática es que los fáciles tienen menos actividades comunicativas. Como lo oyen. Los jóvenes con nivel bajo en inglés machacan gramática. Los jóvenes con nivel alto, pasan la gramática un poco por encima, y se dedican a leer y a mantener mini-diálogos. El libro más novedoso de nivel tirando-a-difícil  de la misma editorial que English for You tiene seis actividades específicamente orales por unidad didáctica, mientras que el libro más novedoso y fácil, Build Up, tiene entre dos y tres. Algo parecido ocurre con las actividades orientadas a desarrollar las técnicas de escritura.

Resumiendo: los libros que las editoriales nos quieren colar como «fáciles» suelen ser muy malos. Terminar con éxito la educación obligatoria con uno de ellos no prepara en absoluto ni para apañárselas (servir un café, despachar en una tienda, ir de vacaciones al extranjero) ni para el Bachillerato.