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Consejos a docentes, segunda parte: interinidad, familias y tutorías

Una experiencia que no he tenido como profesora es la de la interinidad. Las sustituciones, hacerse cargo de lo empezado por otros, un centro nuevo cada año… puede salir bien pero es una situación dura. Elena González ha puesto en twitter sus consejos para afrontarla, junto con otros sobre el trato con alumnado y sus familias. Aquí os los dejo. Gracias por compartirlos.

Para interinos y quienes están a la espera, en bolsa de trabajo.

Cuando veas que bajas del 100 en la lista de sustituciones, pide cita con tu médico de cabecera para que te haga el certificado médico personal que te van a pedir. De la misma forma, ten preparados tus títulos (licenciatura/grado y máster/CAP) y fotocopia de los mismos. Tampoco es mala idea que obtengas número de la seguridad social si no lo tienes ya (es decir, si tus padres son también funcionarios y hasta ahora has estado con ellos en una mutua privada). Tenlo todo preparado, lo agradecerás el día D hora H.

Cuando te llamen, si te ofrecen varias sustituciones, pregunta la duración si no te la dicen.  Si no tienes claro dónde está cada pueblo, pídele 5 minutos para pensártelo, y pregunta sobre tus días de permiso por mudanza. Si cambias de provincia tienes derecho a ellos, pero no te avisan.

Una vez has aceptado, hay dos posibilidades: o te dicen que vayas a delegación a firmar y luego al instituto, o que vayas directamente al instituto. Salvo que te digan una hora concreta, NUNCA llegues al instituto antes de media mañana. Ten en cuenta que tus compañeros estarán deseando que llegues para meterte en clase, así que llega a una hora prudente, localiza al jefe de estudios y al jefe de departamento, pide libros, listas de alumnos, y el cuaderno de notas que haya dejado el profesor al que sustituyes, si hay. También infórmate de cómo funciona el tema disciplinario (partes, aula de convivencia, etc) antes de entrar en clase, si puede ser. Habla con el profe al que sustituyes, si se puede.

Importantísimo: si te toca sustituir al jefe de departamento u otro cargo, pregunta desde el primer momento si te van a respetar la reducción horaria (porque el cargo no lo vas a cobrar). Si lo hacen, ejerce el cargo como buenamente puedas, pero si no, no.

Primer contacto con el aula (no sólo para sustitutos).

Antes de entrar en clase, establece una lista de normas de lo que vas y no vas a permitir y la sanción aparejada. Redáctala e imprímela, si puedes. Prepárate un par de dinámicas de grupo para romper el hielo.

Cuando entres en clase, sé lo que estás pensando y la respuesta es NO, no muerden (normalmente). NUNCA le digas a tus alumnos que no has dado clase antes. Huelen el miedo, así que tranquilo, y aplica las normas que has llevado. A rajatabla y desde el minuto uno. Los primeros días todo va a ir muy bien porque estarán callados estudiándote, a ver cómo respiras. Y luego, cuando te confíes, empezarán a probarte. Normas a rajatabla y palante.

No te sientas mal por expulsar alumnos o poner partes. Hay profesores que nunca jamás han puesto un parte. Hay otros que se hinchan a ponerlos las primeras semanas y luego va como la seda. Hay otros que los ponen todo el año. Y ninguno de ellos es ni mejor ni peor. Tendrás compañeros que inspirarán autoridad por diversos motivos (ser director o jefe de estudios, ser un peso pesado en el centro, forma de ser, complexión física, ser del pueblo de toda la vida…). Tú, en cambio, vas a ser el recién llegado. Paciencia.

El trato con el alumnado, sobre todo en tutorías.

No permitas que tus alumnos te falten al respeto. No te permitas faltar al respeto a tus alumnos. Son adolescentes, no tontos. No les trates como si lo fueran. No les mientas. Ten empatía. Intenta llevarte bien con ellos, pero sin olvidar que eres el profesor.

Lleva un registro de todo lo que hagas: actividades de tutoría, reuniones con familias, llamadas y mensajes. Utiliza las observaciones y avisos de Séneca/Pasen para informar (Séneca el portal online andaluz de gestión del sistema educativo; Pasen es una app para  familias similar a tener la agenda electrónica de sus hijos, y para recibir mensajes del profesorado) . Queda grabado en el sistema informático y te puede salvar la vida más de una vez. Gran parte del trabajo administrativo docente consiste en apuntar todo lo que hacemos para salvaguardarnos si aparecen familias o alumnado con el no me dijo, no me informó o no me enteré. Es triste pero es así, asumámoslo.

Por este mismo interés preventivo, no te quedes solo con uno o dos alumnos a puerta cerrada. Más importante: si algún alumno te cuenta algo delicado (como una situación de abusos, maltrato, acoso, etc) pídele que lo repita estando otro profesor delante antes de actuar. Mejor si es el tutor (aunque Orientación puede ser una posibilidad). Esto último parece una tontada, pero si empiezas a trabajar siendo joven y a poco que muestres algo de cercanía te van a contar todos su vida, y se van a confesar contigo a niveles bestiales.

Gestión de la tutoría, 2: las familias:

Cómo tratar a la familia, mi receta mágica: busca algo bueno que decir de su churumbel, lo que sea. Ten mano izquierda: presenta los aspectos negativos con realismo, pero no te ensañes, y ofrece propuestas de mejora, alternativas. Finaliza siempre con algo constructivo. Un ejemplo: “Bueno, Jony es un chico muy simpático, en el recreo me río mucho con sus ocurrencias. Desgraciadamente no estudia mucho y las ha suspendido todas. Pero fíjate, sin apenas dar golpe tiene un 3 en Biología, esto quiere decir que a poco que se esfuerce lo puede sacar”.

Prueba a hablar bien de un alumno del que todos esperan que hables mal, incluso sus propios padres. Te sorprenderás del resultado. En el fondo muchos “malos” alumnos sólo necesitan atención, autoestima y cariño. Igualmente, busca la mínima excusa para alabar en clase a ese descarriado que nunca da golpe si un día le da por participar o corregir un ejercicio. Elógialo, ponle positivo, hazle la ola. Parece otra tontería, pero así he motivado yo a chavales que con otros no hacían nada.
Si llegas a la reunión inicial con padres, entre todo lo que les tendrás que contar, es importantísimo comprobar los teléfonos. Señala cuál es el teléfono en el que hay más posibilidades de que te lo cojan, porque ese progenitor no trabaja o tiene un trabajo que le permite atender llamadas. Aún más importante para mí: busca formas de comunicación alternativa al teléfono, porque vas a tener pocas horas para llamar, y en algunos centros el teléfono está muy solicitado. Pregúntales si tienen email, o que se instalen Pasen, si hace falta se lo instalas tú. Soy la defensora número 1 del combo Séneca/Pasen, pero es que está infravalorado y te puede hacer ahorrar una cantidad de tiempo absurda. He perdido la cuenta de los padres a los que se lo he instalado en el móvil y solicitado la clave en el ordenador de mi aula.

Muchas gracias, Elena, por esta fantástica colección de consejos prácticos.

Experiencias y consejos tras diez años en el aula.

Así de repente, hace diez años que soy profesora de Secundaria. En este tiempo, mis puestos y funciones han sido menos variados que la media, porque he tenido la suerte de trabajar en solo dos centros, en lugar de que el sistema me tenga dando vueltas por cada instituto de Andalucía. He sido tutora de bachillerato y de la ESO (y siempre me toca 2º, oye), solo he dado clases de inglés, he sido jefa de departamento como alguna vez nos toca a todos, y coordino la biblioteca. En dos institutos bastante buenos de pueblos grandes y prósperos, un instituto muy grande y otro tirando a pequeño. Y más o menos eso es todo.

Estas son algunas de las cosas que he aprendido:

Sobre orden y organización:

No vas a tener un espacio propio donde quepan todas tus cosas y vas a tener que acostumbrarte a trabajar donde te pille. Seguramente tendrás taquilla, la posibilidad de dejar tus cosas en el departamento, cosas del trabajo en tu casa, y cosas que necesitas llevar al aula. Por eso, necesitas mantener el orden. Dedica un rato a la semana a despejar tu rincón o rincones favoritos.

Las taquillas tienden a convertirse en cementerios de papelotes. Se reproducen y tienen hijitos ahí. Es una tentación, pero no se lo permitas. Lo mismo pasa con los bolsos.

Sobre bolsos, yo uso dos: el que va del trabajo a casa y el que uso por el instituto. Así tengo las manos libres en lugar de llevar un bolso, un montoncito de libros y un estuche por el centro, y no corro el riesgo de llevarme cosas del trabajo a casa. Con esto no me refiero a “no trabajar en casa”, que inevitablemente ocurre, sino por no cargar con pesos innecesarios.

En las salas de profesores suele haber varios ordenadores. No trabajes en el de al lado de la impresora: te van a interrumpir “un momentito de nada” quienes necesitan usarla para imprimir y quienes tengan cualquier duda técnica para imprimir en red.

Si algo está roto, avisa a quien está encargado de repararlo porque si no, no se enterará.

Entérate tan rápidamente como puedas de qué equipamiento electrónico e informático funciona, qué no, y cómo se usan las cosas que son nuevas para ti.

Sobre gestión del tiempo:

El trabajo es inabarcable. En serio. No es posible hacerlo todo y hacerlo bien. Vive con ese conocimiento, y prioriza.

Lo que más se va a notar si está hecho o no es el papeleo.

Lo que más tiempo consume es la tutoría.

Lo segundo que más tiempo consume es preparar clases de algo que no dominas.

No calcules a mano las notas medias aunque parezca muy fácil. Consume muchísimo más tiempo del que parece, sobre todo si haces una variedad de pruebas y tienes una media ponderada complicadilla. Usa una hoja de cálculo. Si no sabes, pide a alguien que te la diseñe o usa una aplicación para profesores.

Cuando tengas tu horario, seguramente tendrá “huecos”, es decir, horas de permanencia obligatoria en el centro para hacer tareas administrativas. Intenta hacer siempre lo mismo en los mismos días; por ejemplo, ordenar papeles los viernes después del recreo.

Descansa en los recreos, pero evita los corrillos en las horas muertas.

Evita en lo posible llevarte trabajo a casa. Una opción para ello es estar en el centro la jornada completa. Es decir, llega a las 8:15 y vete a las 14:45 o 15:00 todos los días tanto si tienes clases como si no. Haz llamadas a familias, prepara clases, corrige, lo que sea que tengas que hacer, sin llevártelo a casa.

Relacionado: el peor horario posible es entrar y salir cada día a una hora diferente.

Usa agenda. A mí me gusta usar Trello para mis cosas y una agenda de papel para apuntar lo mismo que los alumnos. Trello al ser una aplicación la puede ver en el móvil y en el ordenador, y la agenda de papel está entre las cosas que no salen del instituto.

Separa agendas para tus asuntos personales y laborales, por si se la cedes a un sustituto o se la enseñas a alguien a quien no le importa cuándo cumple años tu padre.

Sobre salud laboral:

Necesitas un termo de infusión o una botella rellenable con agua. Los alumnos bromearán al principio porque son opacas y no saben qué estás bebiendo. Pasa de ellos, se acostumbrarán. No lleves café, es fácil pasarse y además mancha, ni bebidas dulces: acabas por tener más sed. Agua o infusiones. En cantidad.

En tus primeros años, ve a un logopeda o a clases de cómo cuidarte la voz. Pide al centro de formación de profesores que organice un curso sobre el tema. Aplica lo que te enseñen.

Te pasas el día de pie y cargas pesos moderados. Este trabajo no es tan sedentario como parece. Necesitas una actividad física agradable que compense las sobrecargas y te despeje la cabeza.

Prevé los días que vas a quitar trastos del departamento, o de tu aula si tienes una tutoría, a principio y al final del curso. Lleva calzado deportivo y ropa que pueda mancharse.

El color rojo es muy cansado de leer. Si tus correcciones son algo más que números y X, es decir, usa bolígrafo verde u otros colorines raros como turquesa.

Es bastante probable que tengas ansiedad, depresión, o una sobrecarga de estrés muy gorda en pocos años. Si te parece que tu relación con el trabajo cambia bruscamente, que las cosas han cambiado de forma que ya no sabes cómo llevarlas, te pones a llorar al llegar a casa o te da angustia volver el lunes, ve al médico. Son baches, todo el mundo los tiene, y se sale de ellos.

Sobre relaciones con los compañeros:

Siempre te van a decir que en este centro todo el mundo se lleva bien. Es fácil darse cuenta de cuándo no es verdad.

Asume que nada de lo que haga el equipo directivo es personal. Solo están haciendo su trabajo. Que te digan que has metido la pata no quiere decir que les caigas mal o que te la guarden.

Aprende rápido la dinámica de trabajo de Conserjería. Son muchos, son pocos, quién hace rápido las fotocopias, si alguien se escaquea. Tu vida depende de este personal.

Cuando dejes algo para que te lo fotocopien, aunque lo expliques, apunta exactamente qué es. “7 copias por las dos caras para Eugenia del Depto de Inglés, es para mañana”.

Sobre tus materiales:

Si usas pizarra blanca, nunca tienes suficientes rotuladores.

Las tizas resecan las manos hasta romper la piel y las uñas. Lávate las manos varias veces al día y usa crema de manos.

Necesitas guardar en la taquilla un par de calcetines por si llueve camino del instituto.

A veces, los centros tienen material escolar para el alumnado (por ejemplo en el mío las cartulinas para pósters y cosas así). Nunca les des material escolar tuyo solo porque se les ha olvidado. Tampoco un pañuelo. Tienes cien alumnos, no puedes ser el plan B de todos.

Sobre el alumnado:

Tienes alumnos a los que pegan en su casa. Hay familias que pegaron a los chicos hasta que crecieron demasiado y ya les dio reparo. Bastantes problemas de convivencia se deben a que ya no saben “disciplinar” porque se han quedado sin recursos.

Tienes alumnos que no están nada acostumbrados a que alguien les lleve la contraria.

¿Los alumnos te han mentido alguna vez? Pues imagínate a sus familias. Ante la duda,  creerán a su hijo o te dirá que es culpa tuya por no avisar antes.

Tienes alumnos que pasan hambre o que están desnutridos. Ellos han normalizado la pobreza y sus familias la disimulan. Sí, aunque tengan smartphones o ropa de marca.

Tener smartphone no significa tener acceso a internet. Muchos de tus alumnos tienen una tarifa de datos que racionan para acceder a redes sociales, sin internet en casa.

No, no todo el mundo puede estudiar lo que quiera. Las becas no son suficiente manutención para ir a la universidad. Si no estás en una ciudad, la elección de ciclos formativos está condicionada por la oferta local, que es muy reducida. La mayoría de tus alumnos suele ser consciente, aunque sea vagamente, de estos condicionantes, desde que son muy pequeños.

Los niños a veces llaman “estudiar” a ir a la universidad. Al principio de la ESO creen que después de Primaria vienen seis cursos preuniversitarios. Al final, que después de la ESO hay dos cursos preuniversitarios. Vas a tener que trabajar duro para cambiar ese prejuicio, que a menudo comparten en su casa.

A pesar de todo lo que he dicho, tus alumnos son gente que merece la pena. Mucho.

Haz lo que te dé la gana con el lenguaje inclusivo (yo en este post uso unos cuantos masculinos genéricos) pero usa “familias” mejor que “padres”. He tenido tutorías con: padre, madre, ambos, madre y su pareja, padre y su pareja, abuelo, abuela, adoptantes no oficiales. Si haces en clase una tarea que incluya mencionar a sus progenitores y no estás 100% seguro de lo que tienes entre manos, deja claro que si quieren pueden hablar de “vuestros abuelos, o quien vosotros queráis”.

Gestión del aula.

Ayuda mucho que el principio y el final de las clases sean siempre iguales. También que por ejemplo los lunes siempre hay lectura, los martes siempre deberes y los jueves siempre juegos.

Siempre hay problemas para dar permiso para ir al baño, sobre todo si hay una norma de dejar salir al alumnado de uno en uno. Yo doy prioridad a las chicas por si tienen la regla y para compensar, si necesito algo de conserjería, me lo trae un chico.

No hay un solo método correcto y efectivo para mantener el orden.

No hay un solo método correcto y efectivo de relacionarse (o no) con el alumnado en redes sociales. La única certeza es que te van a buscar, y te encontrarán. Puede que te agreguen, y puede que solo te espíen.

Asegúrate de que el alumnado usa la agenda.

Todas las clases que he dado de “técnicas de estudio” han sido de gestión del tiempo. Aprender a priorizar es dificilísimo y a los alumnos les cuesta.

Busca cualquier lista de “frases típicas de profesores” y evita decirlas. Todas. No importa si tienes muletillas, pero que no sean esas.

Nunca amenaces sin consecuencias. “A la próxima te voy a […]” tiene que cumplirse siempre. En general, esto sorprende, porque están muy acostumbrados a que los adultos les amenacen sin cumplir, les retiren los castigos inmediatamente… sé coherente y sobre todo previsible.

No seas sarcástico nunca jamás, aunque para ti sea solo una forma de hacer humor o de reñir. Es innecesariamente cruel y los más pequeños no te entienden.

Gritar está mal y lo sabes, pero alguna vez perderás los nervios y ocurrirá. Si te has pasado mucho con la bronca, discúlpate. Puede que seas el único adulto que lo haya hecho en sus vidas.

Y fin. De momento.

Si dejáis comentarios los añadiré a la entrada principal. Y mañana habrá una entrada invitada  sobre papeleos y trucos para interinos, gestión de tutorías y relaciones con las familias.

Que tengáis muy buen curso.

 

Cómo empezar de cero una biblioteca escolar.

La biblioteca que coordino, lista para empezar el curso.

Casi todos los bibliotecarios escolares que he conocido fueron el primero de su centro, o el primero en muchos años, y comenzaron con una biblioteca que era un almacén de trastos hasta que la pusieron en marcha. No sé si eso será la norma, pero sí es muy frecuente. Además, la legislación educativa nacional no dice casi nada de las bibliotecas escolares, cuyo día a día queda a criterio de las comunidades autónomas. Que alguien me corrija si me equivoco, pero en ninguna parte de España existe la figura del bibliotecario escolar, es decir, una persona con esas funciones exclusivas o casi. Lo que tenemos son “coordinadores de biblioteca”, profesorado que dedica parte de su horario a esa función. En este post sobre las guardias explico cómo nuestro horario se divide en clases, guardias, reuniones, y diversas tareas. Pues cuando llevas la biblioteca, normalmente se hace en el horario en el que no das clase; en algunos centros estar en la biblioteca es un tipo de guardia y le toca por turnos a todo el mundo.

¿Formación? La que hagamos voluntariamente. Cuando estudias y opositas, las bibliotecas escolares no existen. ¿Medios? Los que ponga el equipo directivo de cada centro. La biblioteca existe solamente por la buena voluntad de quienes participan en ella. ¿Y por qué lo hacemos? Por gusto, para no hacer otro tipo de tareas no lectivas, porque da puntos para el concurso de traslado, o porque nos lo han pedido. Aclarado esto, me voy a dirigir a un profesor que llega nuevo al centro, pregunta por la biblioteca y le dicen que no se usa.

Lo primero, dile al equipo directivo que quieres hacerte cargo. Los primeros días del curso hace falta adjudicar jefaturas de departamento, coordinaciones, y otros asuntos de ese estilo. Si nadie mantiene la biblioteca abierta, estás resolviendo un problema. Entérate de cuál es tu reducción horaria. Puede que sean 2 o 3 horas de la parte no lectiva del horario, o quizá tengan que asignarte menos guardias; dependerá de la comunidad autónoma. Decide si quieres que esas horas sean en el recreo, para abrir al público, o si el primer año no vas a abrir. Yo que tú abría 4 recreos, que son dos horas. Y claro, que no te pongan en el cuadrante de las guardias de recreo. Según cómo sean las cosas en tu comunidad autónoma, busca un equipo de apoyo, es decir, más profesorado que se comprometa a ayudarte aunque sea un poquito. En qué te van a ayudar va a depender de lo que necesites y lo que ellos sepan y puedan hacer, así que ahí no entro aún. En fin, este es el momento de mirar la legislación que se te aplique en tu comunidad, que seguramente te diga que tienes que hacer un plan de trabajo. A veces se te exige un formato concreto; al menos como documento para ti, como una especie de programación de aula, te propongo un esquema. Intento que mis posts sean muy ordenados, pero por una cuestión de fluidez desde aquí va a haber un poco de desajuste entre el orden del esquema, que me parece claro cuando ya tienes las ideas hechas, y el orden en el que os expongo cómo puedes actuar.

  1. Evaluación de la situación previa.
  2. Nombre y funciones del profesorado de apoyo.
  3. Funciones del alumnado de apoyo.
  4. Objetivos.
    1. Medios básicos y acondicionamiento de la sala.
    2. Organización del fondo.
    3. Formación bibliotecaria del alumnado.
    4. Comunicación con el profesorado y los departamentos.
    5. Relación con el resto de la comunidad educativa (familias, antiguo alumnado).
    6. Relación con la comunidad (bibliotecas públicas y otras instituciones).
  5. Criterios para la adquisición de nuevos fondos.
  6. Criterios para el expurgo.
  7. Calendario de actividades.
  8. Actividades extraescolares.
  9. Autoevaluación.

En esta web de la Junta de Andalucía hay algunos manuales de referencia, muy elementales, en los que destacan los dos primeros para estas tareas iniciales.

Además de un plan de trabajo más o menos teórico, te recomiendo usar un cuaderno, un simple cuaderno de papel o quizá tu medio electrónico favorito, y cada vez que hagas una tarea, lo apuntes, con su fecha. Lo que completas se vuelve invisible y la sensación de que no has progresado desmotiva mucho.

A continuación mira a ver la sala y saca sin compasión la basura. Todo lo que esté roto, o se arregla o fuera. Todo lo que no te haga falta en la biblioteca, se lo dices al secretario y que vaya a otro sitio. No puedo insistir suficiente: una biblioteca no puede funcionar bien con trastos estorbando. Tiene que ser un sitio acogedor. Si las estanterías tienen cristales, FUERA. No quieres que se den un cabezazo con ellas. Con los recursos materiales que tengas ahora mismo, según empiezas, plantéate dividir zonas de trabajo para los alumnos, y tu esquina. Necesitas un escritorio, y un ordenador a ser posible con conexión a internet. Vas a necesitar sitio y materiales para escribir a mano, y una impresora, aunque no tienes por qué tenerla aquí si la hay común en otra parte del centro.

Volvamos a la zona que usan los alumnos. Debería haber mesas grandes, o pupitres agrupados. No debe parecer un aula, aunque sea necesario usarla a veces para dar clase (los profesores que la utilicen se adaptarán a ella, y no al revés). Y por supuesto, no debe usarse NUNCA como el cuarto al que se manda a los alumnos expulsados de clase. Si a la biblioteca se va castigado, no se irá a otra cosa. Al principio de todo tu objetivo es que se pueda entrar sin ningún obstáculo, que no haya nada que no deba estar allí, y que haya sitios en los que sentarse a charlar tranquilos, leer o hacer un trabajo en equipo. La decoración mejor la pospones o la delegas, a menos que te guste mucho.

Ahora vamos a fijarnos en los libros. En dos aspectos: qué tenemos y si está catalogado en un programa informático útil. El que se nos recomienda es ABIES. Reconozco que hay detalles técnicos que olvido de una vez para otra, como por ejemplo la instalación de una lista de alumnos. Pero Abies es fácil de usar una vez que te pones a ello. Si no lo tienes, solicítalo. No te doy un enlace porque depende, de nuevo, de tu comunidad autónoma. Si lo tienes, enhorabuena. Te toca comprobar si los libros están catalogados. ¿Que sí? Bueno… a menos que la biblioteca estuviera en uso, te recomiendo comprobar que las fichas están bien hechas. En mi biblioteca había duplicados porque se había intentado poner en marcha en 2005 y 2010, y muchas incoherencias con libros introducidos como “Historia Interminable, La” o “La Historia Interminable”. En serio, repásalos. Y ni que decir tiene que un catálogo en fichas de papel solo te sirve a la desesperada. Usa el programa que quieras, pero hazlo a ordenador.

Si el catálogo no está hecho o está incompleto, es la tarea prioritaria. Habrá quien piense que hay que involucrar al alumnado, a las familias, hacer actividades de fomento de la lectura, y cosas así. Todo eso es muy importante, pero tu primera responsabilidad es la biblioteca y sin catálogo, lo que tienes un almacén desordenado. Es una tarea invisible y lenta, así que te puedes organizar para hacer, si tienes 3 horas por ejemplo, dos de catalogar y una de otras actividades. Date tiempo y no te agobies.

Cuando empieces a catalogar, empieza por tener claro cómo quieres clasificar. Te explico cómo lo hago yo. Uso la CDU, la Clasificación Decimal Universal, con algunas modificaciones. Tenemos una sección de narrativa juvenil que incluye libros infantiles; narrativa general, con los libros “adultos”. Siempre hay solapamiento, así que ante la duda el libro es juvenil, porque narrativa adulta puede intimidar un poco. Se me ocurren algunas circunstancias en las que necesites distinguir infantil de juvenil:

  1. En un colegio de Infantil y Primaria.
  2. En un centro rural que imparta hasta 2º de ESO.
  3. En un centro privado o concertado de los que tienen a los niños desde los 3 a los 18 años.
  4. En un Instituto de Secundaria con muchos alumnos con trastornos de aprendizaje. Es una pena que haya pocas lecturas muy fáciles que no tengan temática infantil, pero bueno.
  5. En un Instituto de Secundaria donde se impartan algunos ciclos formativos de la familia profesional de servicios socioculturales y a la comunidad, como por ejemplo el de educación infantil.

Si estás en un instituto de Secundaria, tanto si hay Bachillerato como si no, no te molestes. De verdad.

Aparte de esas narrativas, tenemos cómic, poesía y teatro. Y luego, todo lo demás está organizado según la CDU. Eso significa que si tienes una colección, por ejemplo Las Maravillas de la Naturaleza, no se guarda como colección. Separas Física de Biología de Matemáticas de Astronomía.  Algunos solapamientos: como si se tratara de un juego de piedra, tijera, papel, cómic gana a todo. Si parece un cómic da igual si es Historia o Matemáticas: va a Cómic. ¿Por qué? Porque es la categoría más popular. Así mientras buscan un Astérix, o un bikini furtivo, o -dios mío- un desnudo, se encuentran con la biografía de Marie Curie. Y si cuela, cuela.  Y ya puedes ponerte a clasificar y a poner tejuelos.

Ah, los tejuelos. Se pueden imprimir pegatinas y códigos de barras. Yo, como no tengo lector de códigos de barras y tengo alumnos dispuestos a hacer de voluntarios con cinta adhesiva, imprimo en folios y recortamos. Abies te genera los pdf de tejuelos automáticamente. Yo los imprimo cada vez que catalogo 20 o 30 libros, los recorto, los meto en la primera página del libro correspondiente, y le doy el montón a un grupo de voluntarios para que los peguen. Si usas pegatinas, yo que tú usaba cinta adhesiva o forro encima del lomo, porque del manoseo se ponen feas.

Recapitulemos un poquito. Tienes otros profesores que pueden ayudarte, una sala sin basura (no hemos mirado los libros todavía) y sabes cómo catalogar o corregir el catálogo que ya tienes. Siguiente paso: el expurgo, que debes hacer antes de catalogar, o al mismo tiempo. Expurgar es quitar de la biblioteca los materiales que no sirven. En mi primer expurgo hacía las dos cosas a la vez: pila de libros, cogía uno, y lo catalogaba o al montón. Antes de empezar debes tener una lista de criterios, por ejemplo:

  1. Material obsoleto.
  2. Material deteriorado.
  3. Ejemplares repetidos dependiendo de su interés (a lo mejor es un libro muy demandado o una lectura obligatoria; yo no tendría repetido Anna Karenina, pero Colmillo Blanco sí).

Puedes tener más criterios. Es conveniente ponerlos por escrito. En serio, si te parece que en la vida lo va a querer coger nadie, FUERA. Lo que esté en buen estado pero no coincida con vuestros intereses se puede vender en un mercadillo y así tienes dinero para comprar.

Ah, comprar libros. Al principio tómatelo con calma. Tienes que familiarizarte con lo que hay, con las necesidades de los profesores y los intereses de los alumnos.  Cuando te parezca que ya controlas la situación, le preguntas al secretario con cuánto puedes contar. Si la biblioteca no la ha llevado nadie en mucho tiempo, será insuficiente. Si tienes tiempo y ganas, pide libros directamente a quien te los pueda dar: alumnado y familias que den libros que ya no quieren, un mercadillo con los expurgos o con donaciones… yo he pedido con cierto éxito en redes sociales y a algunas editoriales. También puedes hablar con los departamentos que tienen lecturas obligatorias, para que dediquen parte de su presupuesto a comprar unos cuantos ejemplares pero que estén en la biblioteca. No puedo darte de sopetón unos criterios sobre qué adquirir, porque cada centro es diferente. Un buen objetivo son 10-15 libros por alumno, de manera que si en tu centro hay 200 alumnos empezarás a notar que tienes una colección adecuada a partir de los dos mil ejemplares. También deberías buscar un equilibrio entre los libros populares entre los alumnos, libros de estilo similar que ellos no conocen y podrían gustarles, las partes de la colección que no son narrativa juvenil, las lecturas obligatorias y los libros de consulta. Pero todo esto es a largo plazo.

Han pasado diez días sin sentir, y empiezan las clases. Las decisiones que tienes que tomar son:

  1. ¿Vas a abrir la sala? ¿los recreos o en algún otro horario? ¿con qué reglas? Mi sugerencia es la más laxa: prohibido comer y molestar. Se puede trabajar, leer, charlar, y si crees que funciona, jugar a juegos muy tranquilos que requieran una mesa.
  2. ¿Vas a prestar libros desde el principio?¿Con qué reglas?
  3. ¿Decoras? ¿Tú, el alumnado, o mitad y mitad?
  4. ¿Vas a buscar un equipo de apoyo de alumnos que hagan tareas auxiliares?
  5. ¿Por qué medio vas a informar al alumnado de las funciones de la biblioteca? Una posibilidad es una pequeña circular, o cartelesYo hago un miniconcurso para los de 1º de ESO, un pequeño cuestionario que dejan en una urna, y entre las respuestas correctas rifo un desayuno en la cafetería, o material escolar.

Y ya tienes todo lo básico para empezar tu “año cero”. Tómatelo con calma. Luego ya podrás colaborar con la biblioteca municipal, hacer extraescolares y crear todo tipo de actividades. La biblioteca puede ser el corazón del instituto o simplemente un rincón tranquilo para refugiarse del alboroto del patio.  Te deseo muchos buenos momentos en ella.

Fórmulas mágicas en educación.

Entre tanto “pues resulta que en Finlandia…” se olvida a menudo que un sistema educativo es mucho más que lo que hacen los profesores en el aula, y también que depende de cosas que ocurren en el conjunto de la sociedad. Es peligroso decir que algo es “cultural”, “depende de la sociedad entera”, o “es estructural” porque hace que parezca que no puede resolverse y diluye las responsabilidades cuando las hay. Veamos algunos de los elementos que contribuyen desde fuera al funcionamiento del aula.

Primero, el debate como herramienta educativa, y el valor de la participación en clase (en grupos pequeños o grandes) están condicionados por si nos hallamos en una cultura que favorezca el debate en general, la participación pública, o todo lo contrario. Empezando por la participación política: ¿hay cauces suficientes, eficaces y transparentes para la participación ciudadana? Por lo que vemos en los medios de comunicación: ¿en un debate en televisión, radio, o podcast, la gente se escucha con atención para hablar reposadamente de temas interesantes, o se monta un griterío en el que solo importa hablar más que el contrario? ¿Los niños tienen modelos positivos fuera del aula? En el caso español, diría que todas las respuestas son pesimistas. Con todos los defectos que veo en el debate escolar, no conozco un ambiente con un intercambio de ideas más valioso y respetuoso. Sí, estoy hablando de quinceañeros.

¿La gente tiende a cumplir las normas sin que se les obligue? ¿Cómo andamos de civismo? Desde tirar papeles al suelo al volumen con el que se hbla en lugares públicos. Difícilmente vamos a tener una buena convivencia escolar si no hay buena convivencia en la calle.

El sistema se asienta sobre la formación del profesorado, inicial y continua. Las leyes españolas que han cambiado el sistema educativo llevan al menos 25 años sin ir acompasadas con los cambios en la formación del profesorado, y nuestra formación continua deja mucho que desear. La formación inicial es demasiado breve y genérica, es un máster caro en lugar de ser prácticas pagadas, y la formación continua es insuficiente y parcheada. Hay demasiadas cosas que podemos hacer y muy poco tiempo. Y algo que ocurre una y otra vez es que los cambios primero se imponen, y luego se nos forma para hacerles frente. Pero esto tenemos que compararlo con cómo funciona, en general, la formación continua en nuestro país. Abuso de los becarios, incumplimiento de las leyes, gente trabajando en puestos para los que no ha recibido formación específica, exigencia de la CEOE de que tal formación la imparta la educación pública, accidentes laborales que al menos en parte deberían haberse prevenido con formación… no, los problemas de la formación del profesorado no son exclusivos nuestros.

Sobre las lenguas extranjeras: habrá que ver si estamos en un país donde a la gente le gusta o necesita utilizar lenguas extranjeras. En España, el doblaje es una batalla perdida. La mayoría de la gente ha pasado de pensar que los idiomas no van con ellos a tratarlos como un requisito importantísimo en el mundo laboral, en lugar de una fuente de placer que amplía tus posibilidades de ocio y de comunicación. Con los niños ha pasado igual: lo importante es “que se saquen el B2“. Da igual si saben un idioma y les gusta, lo que necesitan es un papel que lo demuestre. Y por supuesto, el inglés es el único idioma que existe. Ante esta actitud, no hay escuela bilingüe ni método educativo que funcione como pastillita mágica.

Se insiste en que una de las claves del éxito educativo es la comprensión lectora, y también se dice que la de los niños españoles deja mucho que desear. Pero ¿qué modelo están dando los adultos a los niños? ¿Los padres leen a los niños? ¿Mucha gente lee por placer? ¿Cómo está la cosa de bibliotecas públicas? ¿Y de bibliotecas escolares? MI impresión a raíz de lo que se encuentra en las librerías es que si alguien lee en este país son los niños. Pero nada, vamos a seguir diciendo que el problema es que no les enseñamos.

Ya que estoy con el modelo que los padres dan a los hijos: ¿qué nivel educativo han alcanzado los padres y abuelos de los niños? Esto tiene varios efectos. Primero, que los niños “captan” que estudiar es algo que se hace y punto, o que es algo más bien opcional. Pueden estar captando de manera más o menos implícita que estudiar lo haces para conseguir un trabajo (y mis alumnos traen de casa esa visión utilitarista desde Primaria) o ni cuestionarlo: estudiar es lo que hacen los niños y jóvenes, sin más. Un segundo efecto es la posibilidad que las familias de los niños les puedan ayudar cuando tengan dudas con sus estudios. Una tercera cuestión que mezcla el poder adquisitivo, el tiempo libre y las inclinaciones de los padres, es estimularlos leyéndoles cuentos, haciendo actividades culturales en familia, etc. Esto no está necesariamente ligado a la educación formal de los padres pero sí a una visión de la educación como algo natural, divertido y continuo.

Sigamos con las familias: ¿cómo es la implicación de las mismas en educación? Esto se conecta con lo que dije al principio sobre participación ciudadana. Podemos tener padres desentendidos de la escuela (el profe que haga lo suyo que yo haré lo mío), padres que buscan una comunicación con el centro sobre SU hijo, y asociacionismo familiar que busca una participación global en aspectos del funcionamiento del centro. En España hemos pasado de la primera opción a la segunda.

Hablemos de dinero. Es más que sabido que el nivel adquisitivo de las familias afecta al rendimiento educativo de los niños (con hambre y frío se estudia fatal). No me refiero a eso. Lo que propongo considerar es si el sistema educativo se ha creado con un determinado poder adquisitivo de la población en mente, nivel que puede ser nacional o regional, y si nos hallamos en un lugar con muchas desigualdades. ¿El sistema educativo se ha diseñado para la media de la población, para la sección más favorecida económicamente, o para paliar desigualdades? ¿Son esas desigualdades tan graves que impiden el acceso a la educación a mucha gente? Pongo un ejemplo: en España no hay nada que compense las dificultades económicas a las que se enfrentan quienes no viven a un ratito de autobús de un centro de educación no obligatoria (ya sea FP o universidad). El sistema educativo, la distribución de centros con FP y las becas están pensados para gente que vive en ciudad y con sus padres. Esto condiciona los estudios del alumnado rural desde la Primaria: “maestra, es que yo no voy a seguir estudiando”, te dice un niño de 12 años.

Y por último de momento, están las condiciones de acceso a la educación post-obligatoria y el mercado laboral que los estudiantes se van a encontrar después.

Todo esto, que queda fuera del control del profesorado, afecta al sistema educativo, a su gestión y al aula. Se nos pueden pedir muchas cosas, pero no que vayamos a la contra de toda la sociedad.

Educación y rentabilidad

La Education Endowment Foundation es una fundación creada por el Ministerio de Educación británico. El Ministerio está ahora en manos del gobierno conservador pero la fundación es, en teoría, independiente. Su principal interés es mejorar el desarrollo educativo del alumnado pobre en las escuelas más deprimidas. Y recientemente ha publicado un estudio del que hay un resumen aquí, sobre la rentabilidad de algunas estrategias para impulsar ese rendimiento académico. La rentabilidad es importante, claro, aunque no sea el único factor, ya que también hay que pensar en la formación integral, en los derechos de las familias, el alumnado y el profesorado, en su satisfacción, etc. Pero en un sistema público de enseñanza, será mejor optar por las medidas más económicas. El estudio se ha hecho en las escuelas inglesas, así que no tienen por qué ser universales, aunque son una buena pista.

Veamos las estrategias que el estudio considera más rentables:

Las dos medidas más rentables son el feedback y las técnicas de estudio. El feedback es para los alumnos y los profesores: para los alumnos, consistiría en dar no solo notas numéricas sino una explicación lo más detallada posible de la calidad de sus tareas, de sus progresos y de sus métodos de estudio o trabajo. Es decir, una evaluación continua y motivada. Para los profesores, la verdad es que recibimos bastante poco de esto. El uso de técnicas de estudio y también de autoevaluación es tan importante que sorprende que haya que recordarlo.

Las siguientes estrategias con un buen nivel de efectividad y rentabilidad son muchas a un nivel similar. El EEF mide en “meses lectivos en los que se compensa una desigualdad  educativa” y les da a todas un valor de cinco. Destacan en Primaria reforzar la expresión oral y la comprensión lectora; evidentemente sin comprensión lectora, que debe ser trabajada durante toda la educación obligatoria hasta alcanzar un nivel maduro y crítico, no podemos aprender nada más. El trabajo de la expresión oral obliga a crear clases lo más participativas posible, y que sea posible que los alumnos mantengan discusiones y no solo “reciten la lección” o resuelvan ejercicios. Además, esto sugiere que es bueno reducir el tamaño de los grupos o hacer que se trabaje en equipos supervisados. El aprendizaje colaborativo y supervisión a cargo de compañeros de clase son, por lo tanto, dos estrategias con beneficios múltiples. Por una parte, se ha demostrado que produce mejoras organizar un trabajo en equipo que garantice que todo el mundo hace algo (no vale mandar trabajo para casa y ya está). Y por otra, si se trabaja en grupitos en el aula en tareas sencillas, el profesor puede supervisar los grupos y atender a más frentes a la vez. La supervisión por compañeros no se haría tanto en el aula sino por ejemplo a la hora de hacer los deberes. Un poco al modo de clases particulares. Para realizarla puede ser muy práctico que haya jornadas un poco más cortas y horas de estudio libre o guiado en el centro escolar. Si no, se convierte en una extensión de los deberes.

Otras técnicas con el mismo nivel de eficacia son hacer deberes en Secundaria (en Primaria no), y una técnica de trabajo llamada en inglés “mastery learning” consistente en dividir el aprendizaje en bloques pequeños y hasta que no superas uno no avanzas. La estimulación temprana, es decir, ir a la guardería o recibir apoyo antes de los 7 años, junto con el apoyo individual o clases particulares son dos métodos útiles pero que salen carísimos. Es decir, yo los consideraría ineficientes. Pero claro, los niños no van a la guardería o a Infantil solo para garantizar su aprendizaje cinco años más tarde: van a socializar, a no estar todo el día metidos en casa, a aprender cosas que les gusten y les sean útiles en ese momento de sus vidas, y a dejar a sus padres hacer algo que no sea cuidarlos, unas horas al día. No todo se hace por criterios globales de eficiencia, como dije al principio.

Veamos las técnicas que suponen una compensación cercana a un trimestre, es decir, un impacto positivo pero muy moderado. Para empezar, los programas a nivel de centro o de aula para reducir la conflictividad requiere formación del profesorado, crear un programa con sus protocolos y demás, y trato individualizado al alumnado o los grupos más disruptivos. Sin tener en cuenta la mejora académica, es una medida básica porque contribuye al bienestar de todos. Sorprendentemente, tienen un nivel similar de eficacia la introducción de tecnología digital para apoyar el aprendizaje y la práctica de actividades deportivas al aire libre. Sí, como suena: dedicar un día a aprender escalada o una semanita a irnos de camping genera actitudes positivas (resiliencia, fuerza de voluntad…) y contribuye al trabajo en equipo, que ya hemos visto que funciona muy bien. También puede tener un valor para la motivación del alumnado: tan simple como “si os portáis bien os llevamos al rocódromo al final del trimestre”. Curiosamente las actividades artísticas o deportivas tienen un impacto un poco menor.

La implicación de las familias se pone en este nivel, aunque aquí dudo y me parece que debe haber problemas metodológicos. Y por último, reducir el tamaño de las clases, aunque es muy incompleto porque los estudios parecen centrados en reducciones pequeñas, por ejemplo de 30 a 25. Para que la reducción sea efectiva a corto plazo debe ser suficiente para permitir que el profesor haga cambios metodológicos que faciliten una dinámica más participativa. También es uno de los cambios más caros de efectuar.

Ahora, ¿qué es lo que no tiene ninguna efectividad? Intentar motivar a los alumnos a largo plazo con la orientación laboral. Tiene sentido: “si estudias cinco años más podrás trabajar de….” no tiene mucho sentido para las edades en las que comienzan las desigualdades educativas. Tampoco sirve de nada alargar las clases (es decir, 4 o 5 clases de 90 minutos en lugar de 5 o 6 de una hora). Sirve de poco alargar el curso o la jornada, e ir a clases extra en verano. Resumiendo: los niños ya tienen todas las horas que necesitan.

Pagar más a los profesores si los alumnos aprueban no sirve para que los estudiantes aprendan más. Me ahorro el sarcasmo. Os recuerdo que estos estudios provienen de un gobierno conservador; vaya, que muy a favor de mejorar las condiciones del profesorado no están. A ver si así se enteran algunos.

La medida más negativa de todas, que hace que los alumnos incluso retrocedan en el aprendizaje, es repetir curso. Y es carísima. Entonces ¿por qué seguimos haciéndolo? Porque no tenemos otra alternativa. Algo hay que hacer con el alumnado que no ha aprendido. De momento la propuesta de la LOMCE es sacarlos del itinerario estándar, pero seguro que hay medidas mejores, tanto preventivas como a posteriori. Por cierto, agrupar a los alumnos por habilidad, tal como la LOMCE propone, también es una medida ineficaz que provoca un retroceso en el aprendizaje según el mismo informe. Otra cosa es que a veces esa segregación se hace para que los alumnos no abandonen.

La verdad es que estos estudios tienen mucha miga. Tienen muchas medidas que el profesorado no puede llevar a cabo por sí mismo pero siempre es bueno saber qué es lo que ha demostrado que funciona.

Funciones del profesorado: las guardias.

Hay una noticia terrible estos días sobre una niña que ha sufrido una paliza en su colegio, en Mallorca. Ante esto es normal preguntarse qué estaban haciendo los profesores. No voy a hablar del caso, porque yo no estaba allí, y no conozco los detalles. Este post no entra en eso. Solo voy a hablar de la función de guardia y su relación con el resto del horario docente, y con los recortes en personal. Hay que recordar un par de cosas ante todo: no puedes pedir a la gente que trabaje gratis, es obligatorio permitir un breve descanso a mitad de la jornada, y los profesores tenemos que hacer cada hora (o fracción) una sola función que consta en nuestro horario, decidido a principio de curso. O estás en una reunión o estás en 1º C. No estás “a lo que surja”. Y lo que voy a decir se aplica a Secundaria en Andalucía aunque en general es así en el resto del país.

El horario de los profesores es bastante complejo. En primer lugar están las horas de clase, que ahora son por ley un mínimo de 20. En teoría el máximo son 21. Yo he llegado a tener 22 cuando el margen legal era de 18 a 21. Después de eso vienen las horas de obligada permanencia en el centro, hasta llegar a 25. En estas horas la mayoría de nosotros, que somos tutores, tenemos que encajar como mínimo lo siguiente: una hora de atender a las familias, una reunión de departamento, una reunión de tutores (así te reúnes con Orientación para saber cómo resolver problemas no académicos), y hasta este año, aquí se incluía una hora llamada de “tutoría académica”, para hacer papeleo como por ejemplo llevar las faltas de asistencia o llevar por escrito qué actividades haces con la tutoría, como por ejemplo resolver conflictos, llamar a una familia por teléfono, o lo que sea. Este año, esta última hora no forma parte de las 25, sino del llamado “horario no regular”. Aquí se recogen las actividades que se hacen con menos frecuencia, y no se pueden calcular por semanas. Se hacen según necesidad. Serían actividades de formación (os recuerdo que es un derecho del trabajador que la formación continua compute como tiempo trabajado), reuniones de evaluación, reuniones de equipo educativo (imprescindibles si te hueles un caso de acoso o tienes problemas de convivencia), participar en actividades extraescolares. Cosas así.

Ya tenemos treinta horas. Se supone que hay 7.5, hasta llegar a las 37.5, que vas a hacer donde quieras y que vas a dedicar a: preparar tus clases (os recuerdo que no queréis que use libros de texto), corregir actividades, y actividades administrativas o académicas de todo tipo. La formación suele cogernos bastante más de lo que oficialmente se considera “horario no regular”. Algunos profesores tenemos una coordinación, como por ejemplo “convivencia”, que significa que eres el responsable de las estrategias para evitar, prevenir, detectar y resolver el acoso y la violencia escolares.

¿Te has hecho un lío? Venga, te voy a dar un esquema.

  1. 20 horas: dar clase.
  2. 5 horas: horario regular no lectivo.
    1. Al menos 3 horas deberían ser reuniones.
    2. Si eres coordinador, 2 horas para eso.
    3. Lo que sobre son las guardias.
  3. 5 horas: horario no regular. Actividades que no son iguales todas las semanas. Al principio del curso se hace una estimación de qué vas a hacer.
    1. Reuniones no semanales. Entre quincenales y mensuales.
    2. Formación continua.
    3. Actividades extraescolares.
    4. Tareas administrativas.
  4. 7.5 horas: se supone que estás preparando clases, corrigiendo, o haciendo lo que no dio tiempo en las 10 horas anteriores.

¿Te parecen muchas reuniones? Quizá, pero si creo que estoy detectando un caso de acoso necesito hablar con Jefatura de Estudios que sanciona, con Dirección que también, con Orientación que propone soluciones, con los padres de víctima y agresor(es), con víctima, agresor(es) y testigos, con los demás profesores que dan clase a los mismos niños para saber si ellos han visto algo. Y eso solo se puede hacer si el horario de cada uno de los profesores tiene huecos que coincidan con los míos.

Cuando empecé en mi centro actual hace seis años, en las guardias de clase había tres personas, a veces dos. Entonces aumentaron las horas mínimas de clase de 18 a 20, y ahora estamos de guardia dos profesores, a veces uno. En las guardias de recreo había seis profesores y ahora hay cinco. Cada vez hay menos profesores de guardia porque las decide Dirección, que se ve atrapada entre la obligación de darle un horario legal a un profesorado insuficiente, y la obligación de que los estudiantes estén bien cuidados. “Pues que pongan más profesores”… ah, es que entonces ya no haría 25 horas, haría 26 o 27. ¿Que solo son dos horas? Primero que es ilegal. Y segundo, ¿por qué no quieres que yo siga con 18 o 19 horas de clase, 25 de permanencia en total, y así tengamos uno o dos profesores más, que nos hacen muchísima falta? ¿en serio quieres que estén en el paro todos esos aspirantes? Porque esa es la parte que se olvida cuando se dice que “los profesores se quejan por trabajar una hora más a la semana”: cada hora de más que hacemos supone un profesor menos por cada 30. No es “les vamos a pedir que trabajen más”, es “vamos a echar a la calle al 3% de los interinos”. Nunca se ha hecho para mejorar la educación sino para despedir o no renovar.

Visto esto, ¿en qué consiste hacer guardia? Es muy distinto hacer guardia de recreo o en horas lectivas. En una guardia de recreo tienes que vigilar todo esto:

  1. Que nadie se quede escondido dentro de las clases. A veces es muy difícil de impedir, y si hay algún hurto o pérdida se monta un lío.
  2. Que no quede nadie rondando por los pasillos. En mi centro hay cinco en dos plantas. En el anterior, ocho en cuatro plantas.
  3. Que vayan niñas al servicio de niñas, niños al de niños, que no se entre al servicio con objetos que puedan utilizarse para sabotearlos (en mi centro los atascaban con bocadillos, por diversión), que no se fume dentro. Esto lo haces sin entrar a menos que sea imprescindible, vigilas el pasillo.
  4. Hacer guardia de biblioteca. Puede que suponga llevar el servicio de préstamo, vigilar que los libros se devuelvan a donde corresponde, mantener el orden…
  5. Si se abre el gimnasio para que jueguen allí, vigilar el buen estado del material y que nadie entre con comida.
  6. Si el centro tiene cafetería a veces hay que controlarla. Depende del centro y de cómo sea el alumnado.
  7. Controlar el patio: que no haya peleas, que la gente que se esconde en los rincones no haga peleas o cualquier otra cosa ilegal, y ¡ay!, que no se tiren papeles al suelo.

Sí, todo esto lo hacemos entre cuatro y seis personas. ¿Dónde están los demás profesores? Disfrutando de su derecho legalmente reconocido al descanso a media jornada. O renunciando a él para adelantar trabajo que no se puede hacer en otro momento. Por ejemplo hablando con la Orientadora de un problema, llamando por teléfono a una familia, imprimiendo algo que vas a necesitar usar en clase, asegurándote de que el equipamiento tecnológico de un aula funciona para que eso no pise el tiempo de la clase, decirle al coordinador TIC que algo está roto, quedarte con niños a los que has castigado sin recreo, a veces ver a familias porque por la tarde no pueden venir y tú no tienes suficientes huecos en el horario en las horas de clase.

En las guardias en horas de clase las tareas son menos variadas. Lo más importante es que si falta un compañero, te vas a su aula, y vigilas a sus alumnos, que normalmente tienen una tarea que el profesor ausente ha dejado por escrito. No se nos sustituye hasta después de haber faltado dos semanas seguidas, así que si un profesor está enfermo esto es lo que toca. No das su clase, porque si eres de inglés y los alumnos de física, ya me dirás. Te limitas a decirles qué ha dicho el profesor que tienen que hacer.

Otra misión importantísima es controlar el pasillo entre clase y clase. Supongamos que son las 10:30. Ha terminado una clase e instantáneamente empieza la siguiente. Entre que un profesor que está en 1º A recoge sus cosas, sortea a los niños que hacen un corrillo a su alrededor, y llega a 2ºB, que puede estar en la punta opuesta del edificio, incluso si lo hace sin parar un instante va a pasar un tiempo en el que podría ocurrir cualquier cosa. Una que va a ocurrir segurísimo es que la gente va a salir al pasillo. Y ahí está el profesor de guardia, diciéndoles que vuelvan a meterse en su clase para no provocar aglomeraciones, peleas, accidentes y problemas varios. Parece una tontería, pero imagínate cuatro clases enfrentadas, cinco o seis niños de cada clase montando tertulia en mitad de un pasillo, y otro grupo más que necesita atravesarlo para llegar al gimnasio. Alguien se despista y le da por esconderse en los servicios, irse a la clase de otro con el que se ha peleado… en fin.

Si has estado dando clase y te toca guardia, los primeros cinco minutos necesitas hacerlo todo a la vez: acabar tu clase, vigilar pasillos e ir a sustituir a alguien. No te vale con saberlo desde las 8:30 porque si falta más de un profesor te tienes que coordinar con el resto del profesorado de guardia; si hay más profesores ausentes que de guardia (imagina un centro con 60 profesores, dos profes por cada guardia y la temporada de gripe) sigues lo que te mande Jefatura, que suele ser quedarte con los más pequeños.

Si la guardia es tranquila, tienes que estar localizable para por lo menos dos tareas. La primera es estar en el aulita pequeña a la que se manda a la gente expulsada de clase sobre la marcha, o a los alumnos que tienen una expulsión pero se considera conveniente que no falten al centro. La segunda es que si un alumno quiere avisar a casa para que lo recojan porque está enfermo, llamas tú. Si el instituto está muy cerca del centro de salud, puede que el protocolo sea llevarlos a Urgencias. En mi centro todos los días hay alumnado, por lo menos un par al día, llamando a casa porque les duele la cabeza o la barriga.  Si el centro es grande o hay problemas, puede que tengas que pasarte la guardia patrullando pasillos para ver si hay alguien escondido y escaqueándose con la excusa, por ejemplo, de ir al baño.

En conclusión: hacer guardias es un trabajo pesado y desagradecido para el que no tenemos personal suficiente. No te lo puedes llevar a casa, no lo puedes hacer al mismo tiempo que otra cosa, y cuantas más horas de clase damos, menos guardias podemos cumplir. Así de sencillo. Desgraciadamente, quinientos adolescentes en un sitio estrecho necesitan vigilancia aunque sean muy buenos y siempre puede pasar cualquier cosa. Con niños más pequeños, no me lo puedo ni imaginar. Así que las reclamaciones de los profesores para tener menos horas de clase no son para “trabajar menos”: son para tener más tiempo para estas tareas invisibles y necesarias.

Educación en Alemania (entrevista a Farándula)

Hace unos días me llamó la atención un tuit sobre las dificultades para la escolarización de una niña española en Munich. Lo vi como una oportunidad de comparar sistemas educativos, si a la familia le parecía bien, y aquí tenéis una entrevista a la madre, que nos da todo lujo de detalles sobre cómo funciona la educación en Baviera, o al menos el acceso a la misma.

 ¿En qué parte de Alemania estás? ¿Hace cuánto tiempo que te fuiste?
Vinimos a Múnich hace apenas 11 meses, pero con tantos cambios se me ha hecho largo.

¿Cuántos sois en tu familia? ¿Qué edad tenían los niños cuando llegasteis a Alemania?
Somos tres: mi marido, mi hija y yo; ella cumplió 11 años al poco de llegar.

¿Qué le pareció al principio la idea de irse a vivir allí?
No se lo tomó nada bien. Intentamos mentalizarla, pero no hubo manera, yo creo que aún no se ha hecho a la idea.

Háblanos un poco de ella: sus gustos, sus estudios en España…
En España tenía muy buenas notas, aunque más por insistencia nuestra que porque le guste especialmente el estudio. Adora los videojuegos, antes quería diseñarlos y últimamente quiere ser youtuber, como todos. Siempre le gustó el trabajo artístico y procuramos fomentar esa afición, dibuja muy bien y me ha preguntado si se puede vivir de ello. Intenta vender todo lo que hace: pulseras, papiroflexia, pixelart, dibujos… siempre quiere hacer dinero, supongo que porque lleva toda la vida oyendo nuestras quejas de lo caro que es todo.

Hablemos de educación en Alemania. Aquí en España hay pública, privada y concertada. ¿Cómo funciona allí ese tema?
No existe un “sistema educativo alemán” como tal. Cada Bundesland (estado federal) es soberano en materia educativa y puede haber grandes diferencias entre ellos. En Baviera, donde vivo, la mayoría de centros son públicos (estatales o municipales, según quién los financie) y en general gozan de buena reputación. Quienes eligen privados suelen hacerlo movidos por su filosofía de enseñanza, motivos religiosos o porque ofrezcan alguna ventaja especial (determinado idioma, grupos reducidos, atención especializada a problemas de aprendizaje), no porque consideren el nivel de los públicos inferior.

Los centros privados pueden ser de dos tipos, centros “reconocidos”, que siguen el currículum bávaro, tienen los mismos requisitos y garantizan la misma titulación que los públicos; y centros “aprobados”, con modelos pedagógicos “alternativos” (Montessori, Waldorf) o que otorgan titulación propia como el bachillerato europeo, algunos bilingües y escuelas internacionales. En estos los alumnos deben realizar pruebas externas al finalizar sus estudios para obtener el título alemán de secundaria y el de bachillerato, que da el acceso a la universidad. Concertados como los de España no hay, pero hay algunas ayudas estatales a esos centros y ventajas fiscales a los usuarios. Curiosamente, pese a que aquí los sueldos y el nivel de vida son muy superiores, el coste del colegio privado no es mucho
mayor que en España, supongo que por la fuerte implantación del sistema público.

Nuestro interés es la atención a la diversidad y las medidas que se toman para ello. ¿Qué medidas se toman en Alemania para los alumnos con dificultades?
Es un tema complejísimo debido que hay muchas vías, basadas en la idea de un “itinerario educativo individualizado”. Esto suena muy bien,  pero en la práctica consiste en separar a los alumnos desde etapas muy tempranas; aunque se habla con los padres, la decisión final no depende de ellos ni del niño.

La escuela comienza a los 6 años. Los niños deben pasar una “prueba de madurez” con  en entrevistas, pequeñas pruebas y un reconocimiento médico. Si consideran que el niño no está maduro para la escuela, pueden retrasar un año su ingreso. Los alumnos con dificultades de aprendizaje o socialización (por ejemplo, algún nivel de autismo), con déficit motórico, ceguera o sordera, deben acudir a un centro de educación especial, Förderschule, con apoyo específico hasta secundaria y formación profesional. Algunos institutos tienen proyectos de inclusión donde no se realiza esta separación. Desconozco si existe algo concreto para los alumnos superdotados.

Los alumnos con enfermedades crónicas que requieran tratamiento permanente (incluyendo TDAH, asma, diabetes, alergias severas, epilepsia, anorexia…) o largas hospitalizaciones (por ejemplo, tras un accidente, cáncer, problemas cardíacos), son enviados a la Schule für Kranke, de enseñanza semipresencial. Sobre la dislexia, conozco un caso de madre e hijas disléxicas, brasileñas pero germanoparlantes, en secundaria ordinaria. La madre estaba muy enfadada porque en su país los profesores sabían enseñar atendiendo al problema particular de su hija y aquí había una incomprensión total.

Creo que el sistema genera unas expectativas muy concretas sobre lo que se puede esperar de los alumnos de cada tipo de centro, por lo que es posible que carezcan de medios o de formación pedagógica para atender lo imprevisto; son poco dados a hacer excepciones o probar cosas nuevas. La timidez y ser poco participativo en clase se valora negativamente.

Respecto al rendimiento académico, existen clases gratuitas de refuerzo escolar y apoyo
psicopedagógico por las tardes, generalmente fuera del cole, llevadas por asociaciones y
financiadas por el Estado. Allí donde existe Ganztagschule, esto es, clases de 8 a 15:30 con  comedor (algo relativamente reciente, la primaria y los primeros años de secundaria suelen ser de 8 a 12:30 sin comedor, con los consiguientes problemas de conciliación) suelen tener algunas horas donde los niños se dedican sólo a estudiar o hacer ejercicios. Todos los colegios cuentan también con un trabajador social unas horas a la semana.

¿Hasta qué edad es obligatoria la educación? ¿Cómo son las etapas o ciclos?
La educación obligatoria básica termina en 9º curso, con 15 años, pero es obligatorio realizar después o un curso de un año de preparación para el trabajo, o tres años de
formación profesional, o seguir estudiando por otras vías hasta los 21 años. Primaria empieza a los 6 años y abarca de 1º a 4º; secundaria de 5º a 9º o 10º, según el
instituto (hay de tres tipos); y el bachillerato de 11º a 12º curso. Es importante que no todas las vías de secundaria ofrecen las mismas posibilidades.

Paralelamente se imparte la famosa formación profesional dual con prácticas en
empresas, que deja muchísimas plazas sin cubrir, y la formación profesional básica, desde los que se puede llegar a distintos tipos de formación profesional media y superior. A la universidad y otros estudios superiores que en España serían universitarios,
(Fachhochschule, Bellas Artes, Arte Dramático, música) sólo se accede por Bachillerato (Abitur) o por formación profesional superior, esta generalmente para carreras de una rama concreta. También hay escuelas para adultos y a distancia donte obtener el
bachillerato y pruebas de acceso externas.

¿A partir de qué edad se separa a los alumnos en la ruta universitaria y las, digamos, alternativas? ¿El camino es reversible? ¿Qué criterios se usan para la segregación?
A los 10 años, cuando terminan cuarto de primaria y pasan a 5º, que ya es secundaria. Según la recomendación de los profesores y la nota media en lengua, matemáticas y sociales, los niños irán a un instituto u otro, cuyo contenido se orienta a la universidad (Gymnasium, hasta 10º y acceso directo a bachillerato), la formación profesional (Realschule, hasta 10º, con requisitos especiales para acceder a bachillerato) o la formación profesional básica (Mittelschule, antiguamente llamados Hauptschule, hasta 9º). Los dos primeros permiten obtener el título de secundaria al terminar 10º, el Mittelschule expide un título propio en 9º, tras el que puedes hacer una formación profesional básica. Los cambios de uno a otro son posibles, pero muy difíciles según pasan los años, siempre
condicionados a la nota media obtenida en alemán, matemáticas e inglés y requieren
emplear más años en prácticamente todos los casos.

Desde el Realschule es posible cambiar al Gymnasium con muy buenas notas en 5º
o 6º, pero hay que repetir curso.  Puede darse el camino inverso, Gymnasium a
Realschule, pero en ese caso es voluntario. Tras terminar la Realschule pueden pasar a la formación profesional superior; para acceder a bachillerato, tienen que repetir 10º en el Gymnasium, hacer un curso puente específico, o tener media de 9 o 10 si están en la rama de idiomas.

Desde el Mittelschule al Gymnasium sólo puedes cambiar si terminas 5º con media de
notable y además repitiendo; al Realschule entre 5º y 6º con notas algo inferiores. A partir
de 6º sólo queda la opción, siempre con nota mínima de acceso, de ir, o bien a una
“escuela de negocios” (Wirtschaftsschule) o a una clase especial dentro de algunos Mittelschule (M-Zug), de 7º a 10º. En ambos se obtiene el título de secundaria, por
lo que también podrías acceder a bachillerato, pero en ese caso se exige hacer el curso
puente y una recomendación de tu centro anterior.

Siempre es posible la entrada directa en cualquier curso e instituto pasando exámenes de acceso externos y periodos de prueba; pero, obviamente, si has estado recibiendo una educación de menor nivel, difícilmente aprobarás, por mucho que fueras “cabeza de ratón” en tu centro. Todo esto supone una inestabilidad emocional y una presión enorme para los niños, ya que acceder a la Universidad partiendo del Mittelschule puede implicar pasar por varios centros entre los 11 y los 18 años, además de necesitar más años para el mismo título. La separación temprana es el aspecto más criticado por los padres y en otros estados alemanes se han unificado Mittelschule y Realschule o han aumentado primaria hasta sexto. Existe además una clarísima correlación entre nivel socioeconómico familiar, origen y tipo de instituto. El 68% de los alemanes de clase alta va al Gymnasium, frente al 14% de los de clase baja. Las diferencias socioeconómicas entre alumnos con Migrationhintergrund (al menos un progenitor extranjero) son similares, con la diferencia de que la mitad de los extranjeros de Baviera pertenece al nivel económico inferior. El 25% de los extranjeros acude a centros privados.

¿Cómo se enfrenta la educación alemana a la inmigración? ¿Cómo ha sido el proceso de tu hija?
En el consulado no existe asesoramiento en materia educativa y antes de venir me
informé como pude por internet, preguntando en los Gymnasiums (ya que mi hija tenía unas notas muy buenas y por edad debía entrar en secundaria), y en el servicio de información a extranjeros de la Consejería de Educación bávara. En los Gymnasiums, me dijeron que no dan valor al expediente académico español y no saber alemán se trata como si no tuviera las competencias correspondientes, incluso en matemáticas, por ejemplo. En la Consejería me confirmaron que los niños sin idioma deben pasar por una “clase de transición”, Ü-Klass, para aprenderlo. Están siempre en una Mittelschule sin ninguna clase en común con otros niños. En teoría, tras el periodo de transición, te dan unas notas con las que podrías pasar a los otros institutos. Me lo vendieron como una cosa muy positiva y me resigné.

La enviaron a un instituto a una hora de distancia de mi casa, con clases de 8 a 12:30 y
un horario normal, pero al preguntarle a ella vi que nunca se cumplía. Se juntaban 25 niños entre 8 y 13 años. No había libros ni deberes, solo traía manualidades y a veces una lista de palabras sobre un tema. Una vez los tuvieron media mañana haciendo ejercicios para aprender a contar. También hacían muchas excursiones. Mientras yo avanzaba a buen ritmo en la universidad popular, mi hija no pasaba del “Entschuldigung” y olvidaba lo aprendido en primaria; si me hubieran dejado, habría pasado del colegio para llevármela conmigo a clase de alemán.

Hablé con la profesora, en mi alemán rudimentario, porque ella apenas sabía ningún otro idioma. Defendió su sistema de enseñar alemán a base de listas de vocabulario, y me explicó que además de las diferencias de edad, allí había niños que nunca habían ido al
colegio y no sabían leer ni escribir; otros con traumas (por ejemplo, llegados a Alemania
escondidos en un container) y problemas psiquiátricos importantes, además de vivir la
mayoría en situación de pobreza. Comprendía que el contexto no era el mejor, pero se
supone que estaban allí para aprender alemán y aquello no funcionaba, era más un
centro de día para tener a los niños entretenidos que uno de enseñanza. Me enteré de que no era una medida breve, de emergencia, puesto que muchos pasaban allí hasta dos años. Visto el panorama, busqué un profesor particular y, tras mucho discutir, conseguí el
cambio a una clase regular de un Mittelschule cercano a casa, con un nivel bajísimo y sin
apoyo, pero que al menos imparte materia y lo hace en alemán. En los seis meses de curso que quedaban avanzó mucho con el idioma y aprobó todo salvo lengua.

Hay dos programas experimentales de clases intensivas de alemán con integración progresiva de los niños en otras materias junto a los demás alumnos: SPRINT en Realschule e In-Gym en Gymnasium. Para el primero me dijeron que no, una porque mi hija aún no sabía suficiente alemán (?), para el segundo el requisito era estar ya matriculado como “alumno invitado” en otro Gymnasium, que, como dije al principio, es imposible porque no te aceptan si no hablas alemán. Es decir, un círculo vicioso que siempre te deja fuera.

¿Cómo ha encontrado tu hija el sistema en cuanto al trato? ¿Es fácil integrarse
socialmente, hacer amiguitos?
Debido a los dos cambios de escuela y la barrera idiomática ha sido complicado, pero en
el último centro hizo un par de amistades. Obviamente, que nosotros mismos no
tengamos trato con familias alemanas, pues nuestro entorno personal y laboral no lo
favorece, es una desventaja. También existen en todos los barrios los Jugendtreffpunkt,
puntos de encuentro para niños y jóvenes donde no se permite la entrada de padres: tienen cafetería, juegos de mesa o sillones para simplemente quedar allí y charlar con tus amigos.. Hay puntos de encuentro específicos para familias con niños pequeños (Familientreff) y alguno más general (Mehrgenerationenhaus). Suelen dirigirlos asociaciones y tienen un componente lúdico y social fuerte. En general hay muchas opciones, el problema es conseguir forjar los primeros vínculos que te permitan disfrutarlas, aquí a estas edades se espera que los niños no vayan de la mano de sus padres.

En mi opinión, el otro factor que más está dificultando la socialización es internet.
Ella juega online y habla con sus amigos de España todos los días, así que prefiere quedarse en casa y conectar por Skype. Espero que según mejore con el idioma se sienta más segura para hablar con sus compañeros y hacer planes juntos.

Ya has dejado claro cómo funciona la segregación, pero, ¿repasamos lo que no te gusta en este sistema?
Para empezar, no me gusta lo que el sistema hace con los niños en general,
etiquetándolos a los 6 o los 10 años. Eso les afecta a todos; aparte, el caso de mi hija ejemplifica los errores de la atención a extranjeros. A mi hija, por sus notas de España, le correspondía un Gymnasium, pero la separan en una clase-gueto para extranjeros donde ni siquiera aprenden alemán. La clasifican como poco apta académicamente con el único criterio del idioma y además, por su fecha de nacimiento, la hacen repetir 5º. Ahora que está integrada en el sistema regular, solo puede optar, con suerte, a estudiar el doble
y cambiar tres veces de instituto en cinco o seis años si es que quiere ir a la universidad. Que la carencia idiomática repercute en las notas es evidente, y no vería mal unas horas de refuerzo separada del resto (por ejemplo, durante las clases de lengua) o incluso repetir un año si hace falta; entiendo que necesita unos años de adaptación hasta que pueda rendir como en España. Pero esas dificultades son independientes de su aptitud académica, y si le niegan un entorno de inmersión lingüística e instrucción óptimos no hacen sino agravar el problema.

Una funcionaria de la consejería, escandalizada con mis pretensiones, fue particularmente
sincera: “su hija no puede ir al Gymnasium porque bajaría el nivel y perjudicaría a sus
compañeros”. Que ellos estén perjudicando a miles de niños venidos de fuera les importa
una mierda.

He optado por la solución del 25% de los extranjeros de Baviera, que serán los que se lo puedan permitir: entrar a un Gymnasium privado no homologado y confiar en que pase las pruebas externas para el título de secundaria dentro de cuatro años. La ironía es que es un centro bilingüe inglés-alemán.

¿Hay más formas en las que se practica segregación?
La clase de gimnasia suele segregar a niños y niñas a partir de 5º curso, aunque no es de
aplicación obligatoria hasta 7º. A la profesora de mi hija le cayó una bronca de la tutora,
porque un día faltó un profesor, y se le ocurrió hacer la clase con todos juntos. Hay
desequilibrios numéricos importantes entre niños y niñas en las clases, y ningún interés
en corregirlo. No sé si hacen cosas diferentes y mi hija no sabe decirme, pero me parece
llamativo que la felicitaran por ser tan buena deportista (sacó un 10). Si bien en España
siempre hizo deporte en extraescolares, ni es una fuera de serie ni pasó nunca del 7 en
gimnasia.

¿Cuál es la posición de la religión en el sistema educativo?
Es una asignatura calificable, a elegir entre religión o ética. La diferencia es que en algunos centros suele ofrecerse más de una confesión. En el de mi hija había religión católica (mayoritaria en Baviera), evangélica y musulmana. El calendario general de vacaciones escolares se ajusta a las festividades cristianas habituales (navidad, carnaval, pascua), más otras como las vacaciones de otoño, y si se solicita es posible faltar a clase en festividades religiosas propias. El velo está permitido, salvo en clase de gimnasia. Hay cruces en las aulas de los centros públicos. También hay centros privados religiosos.

Dejando de lado estas cuestiones y mirando el currículum alemán más riguroso como si fuera universal, ¿te parece más difícil que el español? Cuál de los dos sistemas es más práctico, más participativo en las técnicas de trabajo? ¿Cuál es más conservador?
Antes que nada, debo decir que a mí no me importa tanto la dureza de los contenidos como el hecho de clasificar a los niños y que ello limite o dificulte sus opciones futuras, especialmente cuando el resultado de esta política facilita el camino a quien de por sí ya parte con ventaja.

Del nivel del Gymnasium solo puedo hablar mirando los libros, que si bien en cuanto a
contenidos son similares a España, me parecen mucho más densos y enrevesados; me recuerdan mucho a mis libros de la EGB. La diferencia fundamental es  que se imparten dos idiomas, y un tercero en la rama de lenguas, normalmente inglés, francés, latín o
español. El buen nivel de inglés, aunque no es ni mucho menos generalizado, creo que tiene mucho que ver con que se viaja muchísimo y con los programas de intercambio, que para esto no ven mal la inmersión lingüística. Antes de empezar la universidad es común irse un año a ver mundo, con tus medios o como Au-Pair. Estás más motivado para aprender idiomas si sabes que los vas a usar.

Del Mittelschule, el instituto de menor exigencia académica, sí puedo contar más: en
Lengua, Matemáticas e Inglés es claramente inferior, incluso ateniéndonos solo a los libros, que tienen mucha más materia de la que se imparte realmente. Son y no son conservadores: es obligatorio usar pluma, pero no tienen inconveniente en recurrir a calculadoras en quinto curso, sin haber aprendido aún a dividir; cosas sencillas se tratan de forma compleja. La morfosintaxis se reduce a marcar con colorines sustantivos y adjetivos, acusativos y dativos, sin explicar qué es cada cual (observar sus relaciones con el verbo, u observar concordancias, es una cosa así como muy innovadora).

Son muy puntillosos con el orden, la puntualidad, la vestimenta, el material (los libros se
dan en préstamo) y la ortografía, todo tiene su valoración específica y van haciendo
pequeños controles, también mandan algún trabajo para hacer en casa. La nota final es
la nota media aunque el alumno haya progresado durante el curso. Esto evita discusiones por las notas, que están muy claras, pero no me parece que reflejen el trabajo realizado durante el año.

Se fomenta mucho la autonomía del niño, aunque yo sufro viéndolo: van solos al colegio
desde los seis años, y si falta un profesor a última hora o hay “ola de calor” (30 grados) los
mandan a casa sin avisar.

Por otra parte, veo muy positivo, además de unas instalaciones acojonantes respecto a los centros españoles (o, al menos, los canarios), el abanico de materias tan amplio que tratan: una la asignatura tipo “pretecnología”, con un taller para trabajar madera, coser a máquina, etc., otra para aprender a cocinar platos sencillos y nutrición básica, con una cocina en el colegio para eso; música y plástica como asignaturas independientes, con dos horas semanales cada una. Se hacen muchas salidas (granja, academia de teatro, cine), y se trabaja mucho el tema de la bicicleta: suelen tener un circuito en el patio para ello, y
dan a los niños un “carné” de ciclista.  Hay optativas de teatro, deportes, etc. Muchos centros tienen acuerdos con las piscinas municipales para dar clases de natación. Me parece que la formación cubre un espectro de habilidades mayor que en España, pero a la hora de la verdad el propio sistema que las imparte no las valora.

Gracias a Farándula por esta visión de un sistema educativo tan diferente del nuestro.

Mínima introducción a la formación del profesorado.

Al principio del verano siempre hay un runrún sobre qué estamos haciendo los docentes en julio y si no sería buena idea que nos dedicáramos a hacer cursos de formación. Por eso este mes me parece un buen momento para escribir algo muy básico sobre cómo funciona la formación continua del profesorado, al menos en Andalucía. Lo escribo pensando sobre todo en futuros profesores que no hayan opositado ni nada de eso y quieran saber cómo es seguir formándose (oficialmente) una vez ya estás trabajando.

La formación continua tiene un par de alicientes externos muy claros. El primero es que da puntos para el concurso de traslados. ¿Qué es eso? Pues verás, cuando eres profesor, tu experiencia, tu formación, y todo lo que hace currículum como haber sido jefe o coordinador de cualquier cosa, se convierte en “puntos” para que el baremo se lo más objetivo posible. Desde que entras en el proceso, te ponen en orden de puntos con los demás profesores de tu especialidad, tú solicitas dónde quieres trabajar, y te pasas unos años sin un lugar fijo, obligado a echar el papel de “los destinos” todos los años. Luego te hacen fijo, probablemente muy lejos de donde quieres estar, y cuando acumules suficientes puntos pues te planteas pedir traslado a donde sea. Casi nadie empieza trabajando donde quiere porque las ciudades y su zona metropolitana están muy disputadas, y las zonas rurales no, aunque en un centro lejano a las capitales se puede trabajar muy a gusto.

El segundo estímulo externo para formarse son los sexenios. Cada seis años puedes optar a un pequeño suplemento en el sueldo que está condicionado a haber hecho cursos de formación en los seis años anteriores. Son cuatro perras, pero ahí están.

Es decir: no estamos obligados a formarnos(*) pero tenemos dos estímulos externos para ello. Ahora, ¿qué cosas hacemos?

Una de las más populares son los cursos de idiomas. Una titulación oficial tiene valor en sí misma, y en segundo lugar, puede capacitarte para dar clase en centros bilingües. Una rareza del sistema es que si eres, como yo, profesora de idiomas, los títulos oficiales de la Escuela de Idiomas de la misma lengua de la que eres profesor puntúan igual que para otras personas, porque la Administración educativa, en su sabiduría, cree que una Filología no demuestra competencia comunicativa en el idioma. Capacidad de enseñarla sí, capacidad de comunicarme yo, no. Absurdo, ¿verdad? Los profesores de idiomas, de todas formas, no solemos sacarnos el título de la EOI de nuestra lengua. Las ventajas externas no son suficientes porque examinarte de algo que ya te sabes es caro y además aburrido.

Otra opción posible pero minoritaria es estudiar otra carrera o algún tipo de posgrado, como un doctorado o un máster. Conozco muy pocos doctores que sean profesores de Secundaria y casi todos lo hacen porque empezaron el doctorado, luego se metieron a profesores y quisieron terminar lo que habían empezado. Estudiar una segunda carrera se lo he visto hacer a profesores de asignaturas a los que se ha ido quitando importancia en la escuela, para tener una segunda opción: mi tío, profesor de Latín, hizo Filosofía y cambió de especialidad. Mi profesora de Latín del instituto hizo Filología Italiana y ahora es profesora de italiano. Un profesor de magisterio que me dio un curso hizo Derecho y acabó de asesoría jurídica en inspección educativa. Siempre es gente que estudia por puro placer y luego le busca uso práctico.

Si ya entramos en la formación específica para profesores, lo principal depende de los llamados “CEPs”, que son los “Centros de Formación del Profesorado”. Son comarcales; Huelva tiene tres. Esto ofrece posibilidades en el propio centro educativo. En la formación en centros puedes solicitar que un curso te lo den en tu mismo lugar de trabajo, por las tardes. También puedes crear un “grupo de trabajo”; un profesor coordina a unos cuantos y entre todos, a lo largo de todo un curso, con la ayuda del CEP, realizan alguna tarea como por ejemplo creación de materiales educativos. Esto suele coordinarse online porque hay que rendir cuentas al CEP de que efectivamente estás trabajando en algo.

Los cursos pueden ser presenciales, semipresenciales o a distancia. La parte “semi” o a distancia casi siempre es online. Durante el curso, la parte presencial casi siempre es por la tarde y la mayoría de los cursos son de unas 20-30 horas. También hay “jornadas”; la diferencia entre un curso y una jornada es mínima, pero las jornadas o encuentros suelen ser más cortas y ser más un “vamos a reunirnos todos”, o un conjunto de sesiones muy breves, por ejemplo cuatro talleres de una hora todos en el mismo día.

Es muy excepcional que la formación sea en días lectivos y por la mañana. Si lo solicitamos con antelación, nos dan permiso, aunque depende de que alguien juzgue que es realmente formación sobre educación.

Como puede verse, de las muchas alternativas que tenemos sólo algunas tienen sentido que se realicen, si uno quiere, en julio. Estudiar idiomas, una titulación universitaria, o montar un grupo de trabajo es algo que necesita un seguimiento continuado. Yo prefiero hacer cursos en el segundo trimestre, el más tranquilo académicamente. Si alguien quiere formarse en julio, me parecería, como mucho, un buen momento para encuentros y congresos de varios días, para vernos las caras, algo que durante el curso no hacemos para no tener que faltar a clase.

(*) En contadas ocasiones sí hay una obligación de formación. Por ejemplo, hay cursos para quienes son directores de centro educativo por primera vez.

¿Qué quieren decir los niveles de idiomas A1, A2, etc.?

Oigo mucho decir “mi prima tiene el B2 de inglés” “Me estoy sacando el B1”. Estas expresiones son poco correctas, porque los A1, A2, etc. que tantos quebraderos de cabeza nos dan no son títulos o diplomas, sino niveles homologados. Eso significa que esperamos que todas las clases y todos los exámenes en todos los idiomas al nivel B2 (por ejemplo) traten más o menos acerca de lo mismo.Hablar de dificultad es espinoso, porque por ejemplo para un hispanohablante el B2 de italiano va a ser bastante más sencillo que el de ruso. Mejor que hablar de dificultad, se piensa en grado de independencia que tiene el hablante en una variedad cada vez mayor de situaciones comunicativas.

Todo esto se llama “Marco Común Europeo de Referencia para las Lenguas“, proviene de Suiza, un país de tradición políglota, fue adoptado por el Consejo de Europa, y se aplica por comodidad y mayor proyección internacional a algunos idiomas no europeos, como el chino. Su utilidad va mucho más allá de los cursos de inglés de las academias privadas. Desde que se ha generalizado, si uno solicita empleo o estudios, no tiene que recurrir a decir “Francés: nivel intermedio”, y esperamos que con el tiempo ya no sea necesario explicar y justificar tus estudios a un entrevistador que no domina el idioma como tú. Suponte que tienes un B2 en finlandés porque estuviste de Erasmus en Helsinki, y que tienes que contar qué organismo finlandés te lo concedió y cuánto finlandés sabes de verdad.

A continuación, qué significan cada uno de los seis niveles.

A1.

  • Expresiones cotidianas de uso muy frecuente.
  • Necesidades básicas.
  • El interlocutor coopera activamente: repite lo que ha dicho o a lo dice con otras palabras y a una velocidad más lenta. Nos  ayuda a formular lo que intentamos decir.
  • Es el nivel que tenemos cuando podemos ir de vacaciones a un lugar y entender lo más básico.
  • Es el nivel que cualquier persona aficionada y con soltura podría desarrollar en muy pocos meses o semanas.
  • No hay muchos títulos oficiales disponibles. Los de inglés se publicitan para niños. Nos interesa tener un título oficial solo cuando se trata de un idioma muy difícil y alejado de nuestra lengua materna, como el chino. En ruso, que sería buena idea, no hay título oficial.

A2.

  • Es el nivel al que “nos defendemos” en conversaciones elementales.
  • Puedes hacer tareas sencillas de comunicación que no sean sobre necesidades básicas.
  • Podrías tener un trabajo donde la comunicación sea fácil pero sobre todo predecible (camarero, por ejemplo), o estudiar la ESO.
  • Es el nivel mínimo que en España esperamos tener al final de la ESO, si nos hemos dedicado como es debido a la comunicación más que a la gramática.
  • Casi todos los idiomas que ofrecen titulación homologada empiezan por un nivel A2.

B1

  • Es el nivel “Intermedio”, aunque se puede quedar un poco corto. Suele ser el nivel intermedio de las Escuelas Oficiales de Idiomas.
  • Se trata del primer nivel en el que podremos tener comunicación natural no guiada.
  • Es el nivel que necesitarías para buscar trabajo, ver películas sin subtitular que no sean muy complicadas, leer libros fáciles sin adaptar.
  • Puedes comunicarte con bastante corrección en contextos familiares. Puedes tener conversaciones naturales.
  • Es el nivel que busca el Bachillerato (si trabajas equilibrando gramática y comunicación).

B2

  • Es el nivel en el que superamos el “me defiendo”.
  • Podemos hablar y escribir sobre una variedad de temas.
  • Podemos hablar de cosas abstractas y tener conversaciones sobre casi todo.
  • Es el nivel mínimo que necesitas para trabajar en una profesión que requiera comunicarte en contextos poco predecibles (por ejemplo, ser profesor, o cualquier sanitario)

C1  Certifica que te comunicas casi tan bien como un nativo.

C2 Certifica que te comunicas como un nativo “ideal”. Lo malo de estas dos últimas certificaciones es que como estamos hablando de comunicación en contextos cada vez más impredecibles y variados, un examen no facilita esa “variedad de contextos”. Son pruebas difíciles, sí, pero también porque requiren conocer un contexto cultural. Hay muchos idiomas de los que no se ofrece un examen de nivel C2 y en España las Escuelas Oficiales de Idiomas a menudo no tienen ninguna de las “C”.

¿Crees que me he olvidado del acento? Pues no. Los españoles ahí suelen tener un complejito bastante tonto. Tener “acento” no tiene nada que ver con tu nivel en un idioma, puesto que lo importante es que se nos entienda. Tal vez al viajar nos encontremos gente antipática o racista a la que le desagrade cómo hablamos pero lo importante es la corrección en su conjunto. También puedes observar la ausencia de elementos gramaticales concretos. Evidentemente, necesitas poder utilizar tiempos verbales pasados para contestar a “qué hiciste el fin de semana” (que estaría en un A2), oraciones condicionales para amenazar: “como no hagas esto no pienso hacer aquello”, que nos sitúa más cerca de los niveles B, y así. Pero no hablamos de saber gramática sino de desenvolvernos en una variedad de contextos progresivamente más impredecibles.

Ahora hablemos de qué títulos hay.  Muchos países tienen una institución que hace las veces de embajada cultural, de relaciones públicas y de promoción del idioma. En España está el Instituto Cervantes, en Alemania el Goethe, en Italia el Dante y así sucesivamente. Suelen desarrollar exámenes que se llaman “Certificado de nuestro idioma” y luego el nivel. Por ejemplo, “Goethe-Zertifikat B2”. Lo mismo ocurre en francés: “Diplôme d’Etudes en Langue Française (DELF B2)”. En portugués lo indican en el nombre: Diploma Intermédio de Português Língua Estrangeira.

Además en España tenemos las escuelas oficiales de idiomas, que son una institución pública que en zonas rurales son a menudo la única manera de estudiar una lengua extranjera (o al menos dan más variedad que el inglés). Sin entrar en la calidad de la enseñanza, que creo que es buena, los exámenes son muy duros. En Andalucía se está certificando B2 a exámenes que responden a características “C”. Por ejemplo, a mí me cayó en inglés una lectura, una columna de opinión que hacía uso de la ironía para hablar de las consecuencias a largo plazo del Thatcherismo en la sociedad inglesa. En portugués este año cayó como audición un sketch radiofónico humorístico en el que los locutores ponían voces graciosas y acentos raros difíciles de entender.

Ahora un comentario sobre los exámenes en inglés. Como es el idioma más solicitado, hay muchas formas de conseguir un título, que además están en competencia entre sí… por ser fáciles. Los que mejor conozco son los de Cambridge. Si un título de las EOI es entre “medio escalón” y un escalón entero más duro de lo que te certifican, un título de Cambridge es un escalón como mínimo más fácil de lo que dice tu diploma. Te pongo como ejemplo el First. Hace veinte años, mi First Certificate decía que era Pre-intermediate. Era un nivel sencillo, equivalente a sacarte el inglés del Bachillerato con buena nota, y nada más. Todavía me quedaba mucho por aprender. Leía novelas con mucha ayuda del diccionario y apenas empezaba a aprender a tener conversaciones informales con naturalidad. Hoy, un First es igual de fácil que entonces y certifica B2, es decir, nivel “post intermedio”. Eso sencillamente no se sostiene si se compara con la documentación oficial sobre qué tienes que saber hacer cuando tienes un B2.

Además en inglés hay algunos exámenes multinivel, el TOEFL americano y el IELTS  británico, que certifican un nivel cuando te lo piden para un propósito concreto, por ejemplo un trabajo o que te den una beca. El TOEFL es tipo test. Ambos caducan a los dos años, así que nadie se los saca “por si acaso”.

Y ¿qué título te interesa sacarte? Pues depende de tus objetivos. Si por motivos laborales o académicos necesitas una certificación YA, vete al examen más fácil que encuentres, que nunca va a ser el de las EOI. Si quieres aprender un idioma, no te preocupes demasiado por las letritas, y sácate los títulos cuando estés preparado.

 

21 días, día 21 y conclusiones.

PHOTO_20160129_133404Parte de la decoración de la entrada en estos días.

La primera vez que hice este seguimiento de lo que hago todos los días en el trabajo escribí unas conclusiones. Mantengo casi todo, y las cosas que ahora son diferentes se deben a los cambios en mis grupos. Estas son las conclusiones que saco ahora:

1. He trabajado 105,5 horas en 20 días, incluidos un día acortado por tener que ir al médico. Esto supone una jornada laboral en abstracto y en teoría de 35 horas, pero como no contabilizo descansos y mi jornada matinal rara vez los tiene, si incluyéramos descansos hablamos de 37,5 horas, que es más o menos lo que la ley supone que hago. Debido a interrupciones y necesidades vitales variadas, cumplir con un horario así implica trabajar fines de semana, incluso si te propones, como yo, estar en el instituto unas 30 horas semanales.

2. El recuento que he hecho de las tareas usando trello no es completo: cada cinco días o así elimino tareas que he hecho, añado las que hayan ido surgiendo y me acuerde. Las que no me acuerdo de apuntar o he resuelto antes de abrir trello no figuran. Ha habido un ligero descenso, de 32 a 20. He hecho de todo: meterle el diente a tareas amplias y abiertas que no se terminan nunca, poner y corregir exámenes, cosas muy concretas como una llamada de teléfono. El trabajo no se termina nunca, y trabajar 8 horas al día no sirve para avanzar, que incluiría también hacer regularmente tareas más imaginativas que las del libro. Puedo hacerlas, pero muy de vez en cuando. De todas maneras, el trello es una ayuda magnífica, unque lo use poco.

3. Me paso la vida riñendo y creo que no soy la única. Dar clase en primero y a veces en segundo supone pasar más tiempo poniendo orden (en todos los sentidos, no solo la disciplina sino recordando, por ejemplo, qué día hay que entregar algo) que enseñando la materia.

4. El nivel de estrés es muy alto, para los profesores y para los alumnos. En los profesores se traduce en problemas de salud, que das clase peor, que riñes más y que no te concentras ni en el instituto ni en casa: hace dos años, con niños más mayores y más tranquilos, hacía más horas en casa. En los alumnos, en problemas de salud del tipo de ataques de nervios y dolores leves de cabeza o de barriga, en el ruido que hacen todo el día, y en peleas a las que ellos rara vez dan importancia. No sé qué habría que hacer para reducir el estrés aparte de aumentar los descansos y reducir las horas de clase.

5. Trabajar en un instituto pequeño (320 alumnos, 30 profesores, 4 grupos en 1º) y pasar la mayor cantidad posible de horas en el centro facilita la comunicación con otros profesores más que las reuniones regladas, porque en esas hay un orden del día que hay que seguir y consisten más bien en que alguien superior te transmite información. Poder tomarte un café o cruzarte en un cambio de clases con el tutor de ese niño que da problemas o con la Jefa de Estudios es lo que puede salvar un curso.

6. Otra cosa que puede salvar un curso es la atención personalizada. No es tan importante si tienes clases grandes o pequeñas (a 20 alumnos tampoco les das atención personalizada) como que tengas tiempo de llevar un registro de su trabajo y sus circunstancias, conocerlos, hablar con ellos en privado, hablar con sus familias y comunicarles si trabajan o no, hablar con los otros profesores del mismo niño, prepararles tareas aparte si es necesario, etc. Para mí la diferencia entre un grupo de 28 o un grupo de 20 no está en la clase en sí, sino en si al final tengo que echar cuentas de 130 niños o de 90. Ahí sí hay una diferencia, y estas tres semanas he observado un cambio de actitud grande en algunos alumnos/as que han recibido la clase de atención a la que me refiero. Eso sí, no es una fórmula mágica.

7. Doy clase con un método muy tradicional, pero cualquier pequeña ruptura con la monotonía, como una canción (que también es método tradicional), se percibe como la cumbre de lo innovador. Es como una boda por la iglesia, con todos sus perejiles, en la que la novia lleve un vestido rosa: dentro de una maquinaria que siempre hace lo mismo de la misma manera, los cambios más pequeños se notan muchísimo.

8. La clave de una clase de idiomas es usarlo. Todo lo demás son trucos de magia para que el alumnado no se aburra ni desmotive.

9. No me considero mala profesora, ni tampoco muy buena, pero no me veo puntos fuertes. Mis puntos más débiles son enseñar a hablar y a leer. El seguimiento de los 21 días me ha hecho mucho más organizada.

10. Hasta ahora me había parecido que las quejas del tipo “pasamos más tiempo haciendo papeleos y burocracia que dando clase” eran un poco exageradas. Ya no me lo parecen.