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Neil Gaiman: ¿por dónde empiezo?

Oooh, Neil Gaiman disfrazado de Charles Dickens.

Este año ha tenido mucho éxito la emisión de la primera temporada de la serie “American Gods”, basada en una sección (más o menos el primer tercio) de la novela homónima de Neil Gaiman. Tal vez lo has conocido así, tal vez te suena el cómic Sandman o has visto sus muchos libros infantiles en una librería. Si te apetece investigarlo, aquí tienes una guía de lectura. No busco que sea exhaustiva, sino práctica para curiosos, así que me voy a saltar bastantes cosas.

Infantiles y juveniles, organizados por edad recomendada.

Wolves in the Wall (2003). Lobos en la pared.Uno de estos libros con solo un par de frases por página, una historia de terror para niños de cinco años, con heroína rescatadora de juguetes de peluche. Recomendado desde la edad en la que puedan seguir el argumento de los cuentos.

The Day I swapped my Dad for two Goldfish (1997). El día que cambié a mi padre por dos peces de colores. Un cuento cómico, absurdo y travieso. De las poquísimas obras de Gaiman sin ningún elemento fantástico. Para niños un poquito mayores que los que lean Lobos en la pared. Puntos extra si lo lee con papá.

Fortunately, the milk (2013). El galáctico, pirático y alienígena viaje de mi padre (sí, así lo han llamado). No me lo he leído; solo sé que es una historia de un humor muy absurdo sobre un padre que corre grandes aventuras cuando sale a hacer los recados, y que le gustó a mi sobrina de siete años.

Coraline (2002). Creo haber leído en alguna parte que el autor dice que a los adultos les asusta más que a los niños. La primera vez que me lo leí me dio tanto miedo que tuve que leerlo de un tirón. Un cuento fácil de resumir: una niña en el mundo encantado de una bruja. Como Chihiro, como Hansel y Gretel. Gusta muchísimo a mis alumnos de 1º ESO.

The Graveyard Book (2008). El Libro del Cementerio. Una historia algo melancólica sobre un niño criado por los monstruos y fantasmas del cementerio. Si a tu niño le gusta Roald Dahl o las cosas un poco siniestras, es su libro.

Stardust (1999). Una estrella cae a la tierra, y un muchacho tiene que ayudarla a volver. Una fantasía con un puntito romántico, y mucho humor.

 

Cómics, solo lo más popular y accesible.

Sandman (1989-1993). No es el primer cómic de Gaiman ni de lejos, pero sí el que lo hizo famoso. Su publicación original fue por entregas, luego se publicó en diez volúmenes y luego en una edición de lujo de cuatro tomos. No es una historia lineal, sino una serie de aventuras más o menos independientes entre sí de Sueño. ¿Y quién es Sueño? Pues bien, la idea inicial es que hay siete seres, más antiguos y poderosos que dioses. Destino, Muerte, Deseo, Desesperación, Delirio y Destrucción, además de Sueño. Son hermanos, y cada uno tiene un reino y unas funciones. Se mezcla fantasía, un poco de terror sobre todo al principio, mitología, reflexiones de todo tipo. Recomendado para cualquiera con interés en los cómics; un clásico de la literatura en cualquier formato.

Death: the high cost of living (1993); Death: the time of your life (1996). Sandman ha tenido muchas secuelas, muchas de ellas escritas por otros autores. Estas son dos historias que tienen como protagonista a la hermana mayor de Sueño, un personaje muy popular.

Sandman: Overture (2013). Una precuela que ocurre inmediatamente antes de la acción principal de Sandman.

Sandman: the Dream Hunters (1999). No es un cómic, sino un cuento ilustrado, pero por claridad lo pongo aquí. Una historia independiente, triste y maravillosa. Si no has leído nada de Gaiman o no te convence la idea de empezar un cómic tan larguísimo como Sandman, empieza por aquí.

1602 (2003). Gaiman se asoma un poquito al universo Marvel y decide juntar a un montón de superhéroes en el momento en el que Inglaterra empieza a colonizar América. Creo que lo mejor que puedo decir de este libro es que cuando lo leí, solo conocía los superhéroes Marvel de nombre y poco más, y a pesar de ello me pareció muy entretenido. Evidentemente, si te gustan los originales entenderás esta historia mejor que lo hice yo la primera vez.

Hay versiones en cómic de las novelas Coraline, Neverwhere, Stardust y The Graveyard Book.

Novelas.

Good Omens (1990). Buenos Presagios en español. Una colaboración con Terry Pratchett éste empezaba a ser famoso y a Gaiman le faltaba mucho para serlo. Se ha vendido como novela juvenil. Bueeeeno, el grado de sexo-y-violencia está en niveles de Pratchett y entre los protagonistas hay niños. Argumento: ha nacido el Anticristo. Los Jinetes del Apocalipsis viven camuflados (Hambre vende dietas para adelgazar; Guerra es reportera). Y un ángel y un demonio que viven en la Tierra porque es mucho más entretenida que sus lugares de origen van a hacer lo que puedan para evitar el Apocalipsis. Recomendado para todo el mundo e imprescindible para fans de Pratchett.

Neverwhere (1996). Mismo título en español. Podría considerarse “juvenil”. Como en otros casos (American Gods es el ejemplo más destacado), una persona normal descubre que hay un mundo fantástico paralelo al nuestro; aquí, en la ciudad de Londres. Una historia de aventuras muy divertida.

American Gods (2001). Mismo título en español. Una historia de aventuras que va de aquí para allá, suelta la trama central, la coge, se va un rato a tomar café, vuelve tarde, sigue… se nota mucho que el autor estaba acostumbrado a escribir en forma de serial. La premisa: los dioses se alimentan de fe y de adoración. Cada emigrante a Estados Unidos se ha llevado allí a los suyos, pero aquél no es país para dioses. Las divinidades de las viejas religiones politeístas languidecen en manifestaciones de apariencia humana, hasta que surgen otras (Tech Boy, Medios de Comunicación, y así). Humor, fantasía, y mucha menos violencia que en la serie de televisión. Recomendado si te gustan las sagas largas y la mitología.

Anansi Boys (2005). Los hijos de Anansi. Se promocionó como juvenil. Se entiende mejor si has leído antes American Gods, que es una libro más complejo y más pensado para adultos. Son las aventuras de los dos hijos de un personaje secundario de la novela anterior, Mr Nancy. Me parece que tiene mucha influencia de Terry Pratchett. Recomendado si te gusta la premisa inicial de American Gods, te gustó Good Omens y prefieres seguir con un libro más corto.

The Ocean at the End of the Lane (2013). El océano al final del camino. Este libro tiene detalles que lo hacen parecer juvenil, como un protagonista que cuenta una aventura de fantasía en su infancia, que lo hace parecer casi “Coraline con protagonista masculino”. Tiene detalles que no lo hacen adecuado para niños; hay muertes, y un suicidio, y a mí por lo menos me da muy mal rollo cualquier comportamiento autolesivo en una obra para menores.  Creo que es un buen libro para adolescentes creciditos por alguno de sus temas, como la sensación de desconexión de tus padres,  y los desengaños del final de la infancia. Muy nostálgico.

Norse Mythology (2016). Mitos Nórdicos. Tras una carrera entera dejándose influir por historias preexistentes, empezando por mitologías, Gaiman va a las raíces y nos cuenta la mitología nórdica a su manera.

Ficción breve, cuentos.

Gaiman publica periódicamente recopilaciones de cuentos. Suelen haber sido publicados previamente, unas veces de forma independiente en bonitas ediciones ilustradas, mientras que otras veces formaban parte de antologías u otros encargos. A veces también hay cuentos o poemas inéditos. Algunos cuentos salen repetidos en más de una recopilación. Empiezo por los principales.

Smoke and Mirrors (1998). Humo y espejos. Quizá la que tiene más terror y más poemas.

Fragile Things (2006). Objetos frágiles. Mi favorito. Sobre todo, mucha fantasía y un punto de humor. Menos crudo, en todos los sentidos, que Smoke and Mirrors.

Trigger Warning (2015). Material sensible. No me preguntes por qué, pero es el que menos me gusta.

M is for Magic (2007). Una selección de historias aptas para público infantil. Dos no están en los libros ya descritos  (“The Case Of The Four And Twenty Blackbirds”, que está disponible en su web oficial,  y “How to sell the Ponti bridge”), cuatro están en Smoke and Mirrors, otras cuatro en Fragile things y una es un extracto de The Graveyard Book, comentada en los libros infantiles. Solo lo recomendaría a niños fanáticos de sus libros infantiles que no puedan esperar a tener la madurez necesaria para disfrutar primero Fragile Things y luego Smoke and Mirrors enteros.

Estos son los cuentos incluidos en alguno de los libros anteriores de los que hay una edición independiente, ilustrada o en forma de cómic. Seguro que olvido alguno. ¿Recomendados? Si el cuento original te gusta tanto que quieres una edición especial.

  • Murder Mysteries. Ilustrado por P. Craig Russell.
  • Troll Bridge. Ilustrado por Colleen Doran.
  • The Facts In The Case Of The Departure Of Miss Finch. Ilustrado por Michael Zulli.
  • Harlequin Valentine. Ilustrado por John Bolton.
  • Instructions. Ilustrada por Charles Vess.
  • The Sleeper and the Spindle. Ilustrado por Chris Riddell.
  • The Truth is a Cave in the Dark Mountains. Ilustrado por Eddie Campbell.
  • How to talk to girls at parties. Ilustrado por Fábio Moon y Gabriel Bá.
  • Troll Bridge. Ilustrado por Colleen Doran.
  • Black Dog. Ilustrado por Daniel Egnéus.
  • The Monarch of the Glen. Ilustrado por Daniel Egnéus.

“No ficción”.

The view from the cheap seats (2016). No lo he leído, pero a juzgar por el índice, es una recopilación de ensayos sobre temas diversos y de opiniones sobre otros artistas (introducciones a sus libros, reseñas). Intuyo que es irregular y que no será tan interesante como la ficción para alguien poco familiarizado con el autor.

Make Good Art (2015). Errores infalibles. Un ensayo incluido en The view from the cheap seats, una reflexión sobre el proceso creativo.

A esta guía le falta una mención a la producción audiovisual. Os la dejo para otro post.

 

 

Guía de lectura a las novelas de las hermanas Brontë

brontessmVIENDO PASAR TÍOS BUENOS CON LAS BRONTË, de Kate Beaton. -Mira ése. -Tú qué coño miras. -Me gusta. -¿Verdad? -¡Ese tío era un capullo! -En serio, Anne, no tienes gusto. -Sólo digo lo que hay -¿Y aquél? -Qué apasionado. -Qué misterioso. -Si te gustan los alcohólicos gilipollas. -¡Anne, qué modales! -No me extraña que nadie compre tus libros(*). -Oye, mira ese -Qué inquietante.

De las hermanas Brontë ya he hablado por aquí, pero ahora voy a sintetizar una guía de lectura a sus seis principales novelas (la séptima no la he leído). No me gusta mucho dar importancia a la biografía de los artistas, pero en el caso de las Brontë puede ser relevante. En total eran cinco hermanas y un varón, hijos de un sacerdote protestante, de origen irlandés, y una hija de comerciantes acomodados de Cornualles, que murió cuando su hija mayor tenía siete años y la más pequeña era un bebé. Se ha discutido si el padre era muy estricto o no. En cualquier caso, cuando la madre murió, su hermana fue a ayudar a cuidar de los niños y allí se quedó el resto de su vida. Los quiso mucho y dejó una buena herencia a las sobrinas que le sobrevivieron, que fue lo que les permitió intentar vivir de escribir y dejar sus trabajos de profesoras e institutrices.

Por el trabajo del padre, toda la familia residía en Haworth, un pueblito en el norte de Inglaterra. Las tres hermanas escritoras viajaron bastante por trabajo, no eran precisamente unas reclusas, pero su obra deja claro que allí es donde se sentían felices y el paisaje siempre es un personaje más. Nada tiene de extraño, se puede poner de ejemplo el Londres de Dickens como una ciudad literaria siempre de fondo, hasta cuando no sale.

Las dos hermanas que murieron de niñas enfermaron en un colegio para hijas de sacerdotes donde el trato y la educación eran pésimos, y murieron poco después. Las dos más jóvenes, Emily y Anne, murieron con 30 y 29 años respectivamente, de tuberculosis. Y Charlotte murió, según a quién preguntes, de una enfermedad infecciosa o de las complicaciones de un embarazo difícil. El hermano, Branwell, fue un pintor frustrado, alcohólico y quizá adicto al opio también. Las escritoras dedicaron gran parte de sus esfuerzos profesionales, como artistas y como profesoras, a mantenerlo.

Y ya pasamos a las novelas.

Charlotte Brontë.

Jane Eyre. En su momento fue muy polémica por mostrar a una mujer en la tierra de nadie entre la clase obrera y la burguesía, una huérfana que trabaja de institutriz para sobrevivir, que muestra abiertamente sus sentimientos y que exige ser tratada con respeto. Casi nada. Mi madre, que me la recomendó incansablemente hasta que me la leí, dice que cada personaje muestra un trastorno o enfermedad mental distinto, que es todo un tratado en ese sentido, y creo que tiene razón. No hay depresión mejor contada en literatura que la de Jane. Y eso aparte de la historia de amor, el suspense y todo lo demás. Hay infinidad de adaptaciones a cine. La de 1996 cumple con mostrar un primer tercio deprimente y una Jane fea. La de 2011 tiene unos actores que le dan un punto personal que se agradece, más original y menos académico.
¿Me la leo? Si quieres una historia complicada de amor apasionado con protagonistas que no siempre hacen lo correcto.

Shirley: Una historia coral con preocupaciones sociales. Shirley y Caroline son amigas (mira que es raro encontrarte amigas en una novela, como decía Virginia Woolf). Shirley es rica y de fuerte personalidad; Caroline es huérfana, tímida, y vive al cuidado de su tío que es cura; avanzada la novela se deprime por una mezcla de soledad y de no saber muy bien qué hacer con su vida. Ambas son amigas de los hermanos Moore, el mayor que intenta montar una fábrica textil y tiene problemas con los luditas y el pequeño que es profesor y por lo tanto pobre pobrísimo. El relato de estos cuatro personajes intenta reflejar los cambios en la sociedad rural. Algo así como qué pasó en los idílicos pueblitos de Jane Austen, cincuenta años más tarde.
¿Me la leo? Sólo si te han apasionado todas las demás. Le sobran cien páginas, se puede hacer un poco pesada.

Villette: Lo que pasaría si Jane Eyre cogiera un trabajo de profesora de inglés en el continente. Lucy Snowe es inteligente, más segura de sí misma pero también más reservada que Jane, y trabaja en un internado de señoritas finas en Bélgica. Esta vez la historia de amor es menos relevante que el costumbrismo; es ua novela en la que apenas pasa nada.
¿Me la leo? Si te gustan los novelones y Jane Eyre te supo a poco. Yo la prefiero a Villette.

 Emily Brontë.

Cumbres Borrascosas. La novela cuenta la relación, muy complicada, entre un par de familias de terratenientes y un extraño, Heathcliff, tratado más o menos como un hijo adoptivo por una de ellas. Heathcliff tiene una relación destructiva y chunguísima con Cathy, que se casa con otro, y esa relación frustrada destruye todo lo que toca. Todo, o casi, en dos generaciones de dos familias. No está mal. Esta entrada en Tumblr lo clava así que casi que me voy a limitar a adaptar muy libremente su segundo párrafo: Emily Brontë no habla de relaciones familiares ni sanas ni normales sino de antihéroes Byronianos. Y su problema es que siglo y medio de lectoras han creído que una historia sobre la pérdida, la represión, la mutilación emocional y encontrar tu lugar, geográfico y social, en el mundo, es una historia de amor y pasión. No lo es. Es una historia sobre gente mala que se hace daño.   Hay películas pero ninguna me convence.
¿Me la leo? Si te gustan los malos muy malos y las historias con un punto de culebrón.

Anne Brontë

Agnes Grey: Las experiencias de una institutriz en casas de la clase alta, basadas en anécdotas reales de la autora. Con una estructura episódica propia de una escritora con poca experiencia, y mucha moralina, es quizá el peor de los seis libros, aunque es una lectura ligera.
¿Me la leo?: Casi que no. O bueno, si te gustan los culebrones en los que una heroína muy buenita sufre mucho, mucho. Nivel literatura juvenil de medio siglo más tarde (Frances Hodgson Burnett, ese rollo)

La Inquilina de Wildfell Hall: En algunos aspectos es más convencional que las novelas de sus hermanas (la búsqueda de una vida tranquila, el amor como efecto secundario no buscado, el rechazo de la pasión) y en otros es la menos convencional de todas. No conozco una novela inglesa que describa tan a las claras la violencia contra la mujer, los efectos del alcoholismo, y el repertorio completo de vicios al alcance de quien pudiera pagarlos. Este sensacionalismo supuso que la novela tuviera un gran éxito de ventas y al mismo tiempo muchas críticas. Y las peores, las que dañaron la reputación académica posterior de Anne, fueron las de su hermana Charlotte, a la que el libro no le gustaba nada no por sí mismo, sino porque se había atrevido a escribirlo la hermanita pequeña, que había etiquetado como la dulce, suave y tímida. Además de impedir que se publicara una segunda edición un par de años después de la primera, Charlotte le hace un traje a Agnes en la “Nota biográfica” que acompaña a la edición conjunta de Cumbres Borrascosas y Agnes Grey de 1850, cuando las autoras ya habían muerto:

“La Inquilina de Wildfell Hall tuvo una recepción desfavorable(*). No me sorprende. La elección del tema fue un completo error. No se podría haber buscado algo más discordante con la naturaleza de la autora (…) había contemplado, de cerca y por mucho tiempo, los terribles efectos que tienen el talento malgastado y las facultades maltratadas; su naturaleza era sensible, reservada y triste; lo que vio la impresionó profundamente y le hizo daño (…) Su bienintencionado deseo (de ser fiel a la realidad) fue lo que la llevó a error”.

No está mal para ponerlo como prólogo de la segunda edición de la otra novela, la que sí te gusta, de tu hermana muerta. Con amigos así. Lo que Charlotte no dice es que si Anne conocía talento malgastado de primera mano era a travñes de su hermano Branwell, y hay críticos que dicen que lo que Charlotte no quería era ver publicada una novela basada en trapos sucios familiares. En fin, la consecuencia de todo esto es que Anne es más conocida por la peor de sus dos novelas.
¿Me la leo? Si tienes interés en la historia de la violencia de género. Si te gustó Jane Eyre o Grandes Esperanzas. Si te gustan las novelas epistolares. Si quieres morbo, y mucho, en una novela victoriana.

(*) El fracaso comercial de Anne es un bulo creado por Charlotte y aceptado por la crítica. Una novela de la que el editor quiere hacer una segunda edición no puede ser un fracaso.

Resumiendo, hay tres novelas que recomiendo (Jane Eyre, La Inquilina y Cumbres Borrascosas, en ese orden), una que está bien (Villette) y dos que no recomiendo tanto (Agnes Grey, Shirley). Casualmente coincide con las historias que muestran personajes apasionados y malos malísimos, y las que no. Jane Eyre y Cumbres Borrascosas son imprescindibles para entender la historia del drama romántico tal como lo entendemos ahora, ya sea en literatura o en cine.

Guía de lectura a Sarah Waters

La autora inglesa Sarah Waters se especializa en imitar los estilos de épocas pasadas sin parodiarlos, adaptándose no solo a los temas sino a la manera de expresarse de corrientes literarias de los dos últimos siglos. Es decir, escribe lo que técnicamente se llaman “pastiches”, lo que no significa que sus obras sean de mala calidad. Sus seis novelas publicadas son todas muy diferentes entre sí y algunas son una buena lectura para el verano.

Tipping the Velvet (El lustre de la perla, 1998) tiene detalles que la traicionan como primera novela: una estructura en tres partes muy simétricas entre sí, narración en primera persona… a pesar de sus detallitos “de novata”, es una historia muy entretenida: las aventuras bastante gamberras y con un punto erótico de una inocentísima (al principio) lesbiana victoriana. Tiene toques de novela picaresca. Hay una miniserie en tres episodios de la BBC con un cuidado exquisito por los detalles y la ambientación.
Recomendada: si la idea de “lesbianas victorianas con un puntillo erótico” suena bien. Si te has leído todos los clásicos cómico-amorosos del siglo XIX y quieres más.

Affinity (Afinidad, 1999) continúa con la misma época y en su manera de describir una sociedad opresiva y mujeres tristes se parece un poco a Charlotte Brontë, aunque los ambientes no sean nada brontëanos. Cuenta la relación entre una señorita de la alta sociedad que hace obras de caridad porque se aburre, y la presa a la que visita en una cárcel de mujeres. Hay intriga y elementos sobrenaturales. Es muy, muy triste, yo aviso. También hay adaptación, esta vez una película.
Recomendada: Si quieres una historia victoriana deprimente. Si no te importa leer algunos topicazos en una historia con lesbianas (véase: finales deprimentes).

Fingersmith (Falsa identidad, 2002). Probablemente la mejor de las novelas situadas en el siglo XIX. ¿Qué habría pasado si Oliver Twist o La Dama de Blanco los protagonizara… acertaste, una chica lesbiana? Una historia con intriga y suspense que engancha mucho más que Afinidad, mucho más compacta y técnicamente más compleja que El Lustre de la Perla, acerca de una complicada estafa a un coleccionista de libros. La novela por la que empezar.
Recomendada: Si Dickens se te queda corto. Es ASÍ de buena.

The Night Watch (Ronda Nocturna, 2006). Yo lo siento, pero esta no fui capaz de acabarla. Parece que Waters alterne novelas buenas y malas y que haya que evitar las pares. Está escrita en orden cronológico inverso y empieza en 1947, con unos personajes que viven solos o peleados y están tristes, así que sabes desde el principio que lo que vas a leer es cómo llegaron a sentirse tan mal (pista: hace dos años que acabó la guerra).
Recomendada: por mi parte, no.

The Little Stranger (El Ocupante, 2009). En español yo la habría llamado “El intruso” o “el desconocido”. Y eso porque no se me ocurre una palabra de género más indefinido. Seguimos en los años 40: aquí el género imitado es “muchacho pobre y desclasado mantiene una relación complicada con una familia aristocrática, que se desmorona”. Dos ejemplos ingleses son The Go-Between de L. P. Hartley (un pestiño insufrible), Retorno a Brideshead (quédate con la adaptación televisiva de los 80), y fuera de Inglaterra, el mejor ejemplo es sin duda El Gran Gatsby, aunque se escribió veinte años antes que las novelas inglesas y las diferencias de clase son de una naturaleza bastante diferente. La novela de Waters me parece mejor que ninguna de sus inspiraciones: un médico de origen social bastante bajo se va a vivir cerca de la mansión donde su madre fue criada. La familia de clase alta que siempre ha vivido allí está muy venida a menos, y la casa es muy difícil de mantener. Mientras el médico se hace amigo de la familia, ocurren  todo tipo de fenómenos extraños.
Recomendada: Si quieres una historia gótica y melancólica muy bien ambientada. Si te gusta el terror psicológico manejado muy, muy despacito.

Waters tiene una novela más, que no he leído, The Paying Guests, no publicada en español. De nuevo, las relaciones entre unaclase alta que ya no puede mantener el estándar de vida de antes de la guerra, y gente recién ascendida a la “clase media”, esta vez en los años 20. Con unos agujeritos rotos en el muro que separaba las clases sociales, puede pasar cualquier cosa. Y pasa. La crítica del Guardian dice que es demasiado larga (cuidado que hay muchos spoilers). La del Independent da a entender que le falta chispa, que para el caso es lo mismo.

Así que para redondear: Si quieres lesbianas pasándoselo bien, El Lustre de la Perla y Falsa Identidad. Si quieres lesbianas pasándolo fatal, Afinidad y Ronda Nocturna. Si quieres intriga, con o sin lesbianas, Falsa Identidad y El Ocupante. Ya tienes lectura para el verano.

 

Ellas los prefieren malotes… pero se casan con los angelitos.

A los efectos de este post, “clase media” significa grupo social prestigioso que necesita trabajar para vivir pero no realiza trabajo manual. Es una definición sociológica que no tiene nada que ver con lo económico. La clase media en sentido económico no existe. Socialmente es un gran separador de obreros según si trabajan sentados o de pie.

Este post fue inicialmente el guión de una charla que di en dos versiones: para el alumnado de Bachillerato del IES Juan de Mairena (Sevilla) y en la Facultad de Filología Inglesa de la Facultad de Sevilla.

Llevamos alrededor de una generación observando que nuestra cultura hace una distinción entre dos clases de hombre: los sexualmente atractivos para las mujeres son agresivos, incluso violentos, o de algún modo malas personas, y los simpáticos, tímidos o buenas personas (como si esto fuera relacionado u homogéneo) que se dice que no son atractivos, al menos para las mujeres jóvenes. Resumiendo: las mujeres somos tontas y no sabemos elegir, o “el atractivo sexual masculino se vincula a ser una persona indeseable para cualquier otro contacto social”. Qué nos lleva a escoger pareja lo estudian algunos biólogos y psicólogos. No sé cuál es la verdad, lo que sí sé es que esa selección de hombres agresivos proviene en buena parte de modas literarias. Comencemos por Jane Austen.

“Es una verdad universalmente reconocida que un hombre soltero en posesión de una buena fortuna debe buscar esposa (…) Esta verdad está tan bien fijada en las mentes de las familias de los alrededores, que se lo considera la legítima propiedad de alguna de sus hijas”. Jane Austen, Orgullo y Prejuicio.

La cita nos recuerda qué querían las madres. Y las hijas, ¿querían lo mismo? En aquel momento, el amor fuera del matrimonio no existía en la sociedad elegante. Era sencillamente impensable. El siglo XVIII había sido mucho más entretenido, pero estamos en una época de culto a los recién creados valores familiares. Además, las novelas inglesas eran mucho más pudorosas que las del resto de Europa. En España estaba La Regenta, Francia tenía Madame Bovary, Rusia tenía Anna Karenina. Las novelas inglesas son una excepción a esto. Un segundo factor, éste internacional, es que las mujeres no tenían una alternativa económica al matrimonio. Solteras, sobrevivir era difícil, y mantener un estilo de vida por encima de la pobreza era imposible con los sueldos que se pagaban a las mujeres. Había mujeres trabajadoras: en la agricultura, donde casi todo el empleo era estacional. En el servicio doméstico, en las fábricas. Se cosía, y empezaban a surgir las ocupaciones del sector servicios del tipo de camarera y dependienta en las que tantas trabajan hoy día. ¿Y en la clase media? Profesoras, institutrices, algunos trabajos de oficina escasísimos, y periodismo o escritura más escasos aún.
Y
eso
era
todo.

Y sobre todas, siempre, la amenaza de la prostitución, la criminalidad y la pobreza. No sé cómo iba la cosa en otros países, pero la prostitución británica solía ser intermitente y alternada con trabajo estacional… a menos que te pillara la policía, porque te fichaban y te obligaban a hacerte controles periódicos. Resumiendo: casarse no era una opción, era un seguro de vida. Y para el lector de novelas en el siglo XIX, la boda de la heroína no era uno entre varios finales felices posibles. Era una necesidad narrativa para que la heroína no muriera tirada por la calle. Un matrimonio bien avenido era solo el principio de un final feliz, y el amor, un extra.

Pasemos ahora a comentar un poco a Jane Austen. Intentaré ahorraros los spoilers; aquí tenéis una guía de lectura bastante detallada. Lo relevante ahora es que todas las novelas presentan una o varias heroínas casaderas, y al menos un triángulo amoroso entre ella, un hombre aburrido, borde, estirado o como mínimo muy pasivo, y otro hombre simpático, divertido, muy popular y que se lanza a por ella. A veces la corteja más de un hombre y a veces se añade un pesado que quiere ser divertido y ocurrente sin éxito, pero lo fundamental no cambia. El más soso y distante al principio es la pareja más adecuada para nuestra protagonista, y el hombre encantador puede ser inconstante, un cazafortunas profesional, alguien con el propósito de herirla porque sí, o simplemente mala persona. Y esto, ¿por qué?

Primero, porque da tensión. Si quien sea que parece un partidazo ES un partidazo, la novela necesita tener conflictos por otro lado o no tienes historia. Por otro lado, a Austen le encantaban las estructuras neoclásicas, simétricas, y los triángulos se prestan a ello. Y sobre todo, quiere ser educativa y entretenida a la vez (¿he dicho “neoclásica” ya?). La moraleja de toda esta repetición de triángulos es clara: no te fíes de las apariencias, porque un tío con el que tontear y un buen marido no tienen las mismas cualidades. Un tonteo es muy divertido, pero tú lo que necesitas un buen marido.

Y de aquí pasamos a las hermanas Brontë, o más bien a Charlotte y Emily, porque Anne no estaba nada de acuerdo con lo que voy a contar (y Charlotte la llamó de todo menos bonita por ello, pero eso es otra historia y deberá ser contada en otra ocasión). Si a las heroínas brontëanas se les da a elegir entre un hombre aburrido y uno emocionante, prefieren al segundo, aunque suponga su destrucción. No se busca que el amor produzca uniones duraderas; eso es secundario al hecho mismo de amar. De hecho, como veremos no siempre se casan con el hombre al que aman, y tampoco importa para el desarrollo de la novela. Ahí es nada: historias de amor correspondido que da igual si se consuma o no.

Emily Brontë solo escribió una novela, Cumbres Borrascosas. La historia es mucho más complicada, pero las elecciones amorosas van así:

  1. Catherine ama a Heathcliff, que es pobre, sin educación, brutal, y como se ve más adelante, violento. El amor es mutuo, pero como él es pobre no se pueden casar. Ella se casa con el elegante Edgar Linton, un tipo razonablemente normal.
  2. Heathcliff se hace rico, da igual cómo. Se casa con Isabella Linton, sólo por hacer daño a los Linton y a Catherine. Catherine muere en el parto de su hija, tras mucho sufrimiento emocional.
  3. Segunda generación. Cathy, la hija de Edgar y Catherine, se hace amiga del hijo de Heathcliff y Cathy, Linton. Heathcliff los obliga a casarse para unir las dos propiedades. Mientras, todo el mundo trata a Hareton (un sobrino de Catherine e hijo del enemigo de juventud de Heathcliff) a medio camino entre un criado un un animal doméstico.
  4. Linton se muere. Hareton y Cathy se hacen amigos. Heathcliff se muere, entre alucinaciones, recordando a Catherine. Hareton y Cathy se casan. Queda en la duda si se aman realmente, pero al menos son la única pareja que no sufre de todo el libro.

Y te tienes que creer que Heathcliff es un personaje seductor, un héroe romántico en todos los sentidos de la palabra, y que esta es una historia de amor. No, en serio. Te lo tienes que creer.

Charlotte escribió cuatro novelas y solo una, Jane Eyre, es popular. Jane, pobre, fea, huérfana; un cuadro, vaya, tiene que escoger entre Rochester, que es rico, tiene un oscuro pasado, violentos cambios de humor, y que le ha demostrado que es capaz de guardar secretos muy chungos y de contar unas mentiras gordísimas, y St John, que admite que no la quiere pero que desea que sea su compañera en la vida y en el trabajo, algo que socialmente solo es aceptable si se casan. Jane escoge a Rochester y es feliz (recomiendo la lectura del ensayo “Can Jane Eyre be happy?” de John Sutherland, para tener una visión crítica de ese final feliz).

A veces la heroína no tiene esta elección, como en Villette. Aquí, Lucy Snowe ama a dos hombres y es correspondida por el menos atractivo. Se insinúa que la relación no prospera, el final es abierto. En Shirley, una de las dos heroínas tiene tres pretendientes: un barón, el dueño de una fábrica (no demasiado rico), y un maestro (hermano del anterior, por cierto). Ella prefiere al hombre que considera más admirable intelectual y moralmente, aunque su amistad haya sido turbulenta y a trompicones porque los dos tienen un carácter muy fuerte.

Y todo esto, ¿tiene moraleja? Para empezar, es una visión del amor que admite que las mujeres pueden, y deben, ser libres al elegir a su pareja. A veces les sale bien, y a veces no. Lo que importa es la libertad de sentir y de expresar los sentimientos, que es lo que las dignifica y las hace verdaderamente humanas. Y en el caso de Charlotte, no es fatalista, es decir, ellas no dicen “no puedo evitar amar y no puedo controlarme cuando estoy en tu presencia”. En Cumbres Borrascosas los sentimientos son más poderosos que la gente, pero en mi opinión las protagonistas de Charlotte hacen algo precioso que es decir “yo decido aceptar que amo, decido disimular o declarar mi amor, decido cómo tratarte, decido casarme”. El sentimiento es intenso, pero no las anula, al contrario.

Nos quedan los novelistas masculinos. Los ejemplos más representativos son Charles Dickens, William Makepiece Thackeray y Thomas Hardy. Dickens y Thackeray eran Realistas; Dickens era más popular y Thackeray más prestigioso y menos comercial. Hardy era más cercano al Naturalismo. Sin entrar en el análisis de novelas individuales (las de Dickens las he comentado ya), su visión del amor es que las mujeres no pueden elegir. No deben y no saben. Si escogen ellas, se equivocan y van a por alguien inapropiado que no las hace felices, o por un maltratador. Eso no significa que no puedan encontrar el amor, solo que los demás deben elegir por ellas. Si una heroína es el interés romántico de un personaje masculino positivo, y ella es secundaria a él, la relación puede que funcione. Es decir: la heroína es secundaria al protagonista, y la amada del amigo del héroe está en un plano aún más discreto. Si hay conflictos, son externos: una decisión entre amor y la obligación de cuidar a un padre anciano, por ejemplo.

Estas novelas no pretendían tener un mensaje moral y educativo, sino que partían de ideas vigentes sobre hombres y mujeres y las aplicaban a la ficción. Había un miedo muy real a que dar a las mujeres la más mínima chispa de libertad significaría que serían incapaces de controlarse. Los hombres podían aprender autocontrol, pero las mujeres no.

Veamos qué pasa ahora. El público lector contemporáneo quiere finales felices tanto como el del siglo XIX, pero ahora, “felicidad” no significa lo mismo que entonces. Algunas de las asunciones de la literatura romántica moderna, incluida la dirigida a adolescentes, son las siguientes:

  1. El amor todo lo puede. El amor vence los obstáculos externos y consigue que cualquier relación funcione.
  2. El amor es, o debería ser, difícil. Emocionante. No estamos hablando de amor, sino de pasión.
  3. El amor puede funcionar entre dos personas de origen social muy diferente, incluso contrapuesto. De hecho, esto es lo deseable. La mujer está en posición de inferioridad respecto al hombre.
  4. El dinero, los bienes materiales, incluso al nivel imprescindible para la supervivencia, no deben formar parte del proceso para escoger pareja.

No todas las relaciones en las que ocurre esto son nocivas o de maltrato, pero tienen muchas papeletas para serlo. Rocío Vega hace aquí un buen análisis de ese problema. Yo sigo centrándome en la parte más literaria.

Todo esto es un fenómeno más americano que inglés. En la literatura juvenil inglesa hay mucha más fantasía y mucho menos amor. Por ejemplo, Harry Potter. No tenemos triángulos amorosos aquí: el triángulo central es una amistad. Sí tenemos a Ginny Weasley, una heroína en este sentido dickensiana: ama a Harry en secreto y sin molestar a nadie hasta que él se da cuenta de que también la quiere. Ginny y Hermione son personajes activos cuando no se trata de amor. De todos modos, las mayores influencias de la literatura juvenil inglesa no están en los clásicos “para adultos” del siglo XIX, sino en una tradición fantástica que empieza quizá con Alicia en el País de las Maravillas, llega a Tolkien, pasa a continuación por Roald Dahl, y aterriza en Terry Pratchett. Añade un poco de fascinación nostálgica por la naturaleza (El Viento en los sauces, Mi familia y otros animales) y ya lo tienes.

Pues eso. Que el triángulo amoroso juvenil es una tendencia casi exclusivamente americana. Una razón es que las autoras del subgénero han estudiado el grado de “English” o un Máster de Escritura Creativa en la universidad y se han leído los principales clásicos. También que allí no hay una carrera de Periodismo o de Comunicación como la entendemos aquí y que el estudio de la literatura, inglesa o universal, se considera troncal en las humanidades a nivel universitario. Todos los guionistas de tus series favoritas se empollaron las novelas que acabo de mencionar en primer ciclo de sus respectivas carreras.

Veamos algunos ejemplos de lo repetidas que pueden llegar a ser copiando un triángulo amoroso de tipo Brontëano:

  1. Crepúsculo: Bella tiene que elegir entre el amor de Edward Cullen, que le dice varias veces que él no le conviene, la acosa, en un momento dado la abandona contándole una mentira, y ya de paso ES UN VAMPIRO QUE SE LA QUIERE COMER, y Jacob, que decide que su misión en la vida es protegerla. Ella escoge a Edward. Los tres primeros libros son una reescritura de Jane Eyre, y el cuarto es más independiente. La historia tiene dos derivaciones: Cincuenta Sombras de Grey y After, que no presentan triángulos pero tienen mucha influencia de Crepúsculo.
  2. The Selection (La Selección), Kiera Cass. America (toma ya) está enamorada de Aspen, pero se ve forzada a participar en la selección de una esposa para el heredero del trono, Maxon. Aspen quiere cuidar de ella (esto no pinta bien) y son amigos desde la infancia (esto pinta peor), y Maxon se porta como alguien que piensa que es normal organizar una competición forzada para casarse con él, ordena palizas a las que incumplen las normas, y tiene ataques de ira. America se casa con Maxon y ambos son amigos de Aspen.
  3. Shadowhunters (Cazadores de Sombras), Cassandra Clare. El mejor amigo de Clarissa Fray es Simon Lewis. Él está enamorado de ella, pero ella está en una relación con Jace Wayland. En el cuarto libro de la serie, Simon se monta un triángulo que se resuelve en el quinto. ¿Y Jace? Bueno, qué sería de una historia de amor en la que el potagonista no quiere matar a su amada. Pues eso mismo: parecía que no, pero en el cuarto libro Jace tiene pesadillas en las que mata a Clary porque hay unos demonios controlándolo. Esto qué iba a ser aquí si no.
  4. The Vampire Diaries (Crónicas Vampíricas) by LJ Smith. Dos hermanos vampiros, Stefan y Damon (uno con nombre de santo y el otro con un nombre que suena parecido a “demon”, muy práctico para distinguirlos) se pelean por el amor de una chica humana, Elena. Ella suele preferir a Stefan pero gran parte del conflicto está en su incapacidad de decidirse, o visto de otro modo, en la incapacidad de Damon de dejarlos a ella y a Stefan en paz.

Hay una moda también de libros que aunque no muestren triángulos, toman la idea de una chica buena o inocente y un chico malo, o “chica humana y ser sobrenatural que es peligroso para ella”. Aquí de nuevo está la creencia de que el amor apasionado debe ser algo aventurero, peligroso, y que el varón es mejor que sea superior a la mujer, porque en estas historias él siempre es más fuerte que ella, no se une a un ser sobrenatural pero débil. Ellos son como superhéroes. En historias tradicionales o mitológicas nos encontramos también el inverso: la Sirenita, por ejemplo. Esa tendencia es una rareza en los bestsellers actuales.

En las historias con chico malo humano, destaca por su éxito A tres metros sobre el cielo. En las historias con chica y ser sobrenatural, además de los ya mencionados vampiros y hombres lobo, en Obsidian de Jeniffer Armentrout el amado es un extraterrestre y en Hush hush de Becca FitzPatrick es un ángel caído.

He localizado un solo ejemplo de triángulo austenita: Los Juegos del Hambre. Katniss está demasiado ocupada y traumatizada para tener una historia de amor, la verdad, pero se siente muy unida por amistad, lealtad, y sentido del deber a dos hombres: Peeta, que es tímido y cariñoso, y Gale, que es valiente y bastante chulo. Escoge a Peeta cuando ve que Gale, aunque la quiera, no tiene compasión con los demás.

Es decir: lo que observamos en la literatura juvenil contemporánea es el triunfo del estereotipo Brontëano, que cuando se creó era solo una forma minoritaria de escapismo romántico entre otras muchas disponibles. El mito de “ellas los prefieren malotes” se alimenta a sí mismo, porque las lecturas, las películas, etc. son la educación sentimental de mucha gente. Si te muestran que el amor es sufrir, cuando sufras creerás que es amor. Si te muestran que el amor es cuidar, divertirte o compartir aficiones, cuando cuides, te diviertas o tengas intereses comunes llamarás a eso “amor”. Por eso lo deseable es tener la mayor diversidad posible en literatura juvenil, algo a lo que la industria no parece muy dispuesta.

Atravesar el muro: una guía turística en notas al margen.

“Atravesar el muro” está lleno de referencias culturales que no quitan mucho a la comprensión del cuento, y también de referencias a la ciudad de Glasgow, unas más importantes que otras, que he contado aquí muy a mi manera. Puedes ir leyendo el cuento con sus referencias, dejártelas para el final, o ignorarlas y dejarte llevar. Las referencias a canciones las he incluido todas en el propio cuento como enlaces a Youtube.

No he querido cambiar las millas a kilómetros porque el corredor va midiendo sus tiempos, e indicar cifras que no fueran redondas distraería demasiado y habría quitado mucha fluidez. Te vale con recordar que una maratón = 42 kilómetros = 26 millas. Para lo que nos interesa, las yardas son casi iguales a los metros.

Glasgow Green: Un parque grande. Está en el límite sureste del centro histórico.

Candleriggs y Saltmarket: nombres de calles contiguas a Glasgow Green.

La morgue: un depósito de cadáveres municipal. Es un edificio histórico y ahora es una oficina de objetos perdidos.

Partick Thistle: un equipo de fútbol local. Originarios del barrio de Partick, su estadio está en Maryhill desde 1909. Cuando se escribió este cuento, se habían pasado una década en 2º división y aunque recién ascendidos, estaban a punto de desaparecer.

Tron: un teatro en un edificio histórico.

Tolbooth: La torre, alta y delgada, del ayuntamiento viejo.

Merchant City: un distrito financiero muy antiguo que hace tiempo que tiene tiendas caras y restaurantes modernitos.

Sloan’s: un restaurante y pub que lleva ahí toda la vida.

High Street: la expresion suele ser una metáfora para las calles del centro. Esta no es especialmente animada, es solo una “frontera” de la Merchant City.

Great Eastern: El “Great Eastern Hotel” está en Duke Street, una calle perpendicular que a nuestro corredor está dejando atrás. Era un albergue de propiedad privada en el que vivían hombres pobres; cerró en el 2001.

George Square: La plaza del ayuntamiento. Es muy grande y muy animada.

La estación de Queen Street: está en uno de los lados de George Square. Glasgow tiene dos estaciones de tren en el centro, y esta es la pequeña. La grande está cuatro manzanas al sur de aquí.

Sauchiehall Street: es una calle muy larga que conecta el centro con el West Side. La zona oriental es muy comercial, con muchas tiendas y restaurantes.

Lo que había sido Charing Cross destrozado por la autovía: Charing Cross era una plaza a la mitad de Sauchiehall Street, creada por el cruce de caminos que conectaban el centro con el West End (el barrio de la universidad). A finales de los 60 alguien pensó que era una buena idea unir dos proyectos: una autovía Edimburgo-Glasgow y una ronda en torno al centro de Glasgow. El chapucero resultado es que la autovía atraviesa la ciudad, separando barrios en una especie de F (centro/oeste y centro/noroeste). El anillo no se completó. Se puede pasar a pie porque hay pasarelas y soterramientos. “Lo que era Charing Cross” ahora es un acceso a la autovía.

El “puente a ninguna parte”: Debido a lo parcheado e intermitente de la construcción de la autovía M8, se hicieron dos puentes en los 60 que no conectaron nada. El de Charing Cross se usó como base a un bloque de oficinas en los 90. Otro un poco más al sur es un carril bici desde 2013.

Garnethill: un barrio residencial, límite entre el centro y el West End. Está al lado oriental de la autovía. Uno de esos barrios con mucha población inmigrante, estudiantes y artistas, porque está cerca de la Escuela de Artey sin ser céntrico está bien situado.

Kelvin Way, University Avenue: Al final de Sauchiehall street, a tu derecha (es decir al norte) te queda Kelvingrove Park, que es tan grande como Glasgow Green. Kelvin es el río, el nombre no es más que “Parque de los Jardines del Kelvin”. Kelvin Way es una calzada que atraviesa el parte de sur a norte y lo divide en dos mitades. La Avenida de la Universidad atraviesa el campus.

The Union: Union significa Sindicato. Aquí se refiere al de estudiantes. Se llama simplemente “The Union” al bar o conjunto de ellos que funcionan como una especie de club privado para universitarios, a menudo con precios y servicios algo mejores que los del resto de pubs.

“El mercadillo de los irlandeses”: un mercadillo popular por sus artículos de segunda mano, a veces robados, por Saltmarket.

Byres Road: la calle más comercial y concurrida del West End.

Kibble Palace: el invernadero principal del Jardín Botánico, que está en uno de los extremos de Byres Road. Se llama así por su diseñador, John Kibble.

Maryhill: un barrio grande y densamente poblado en el noroeste de la ciudad.

Merryhell: “Alegre infierno” suena casi igual que “Maryhill”.

“Tiny Mental Fleet Matan”. Hasta hoy, Maryhill siempre ha tenido bandas callejeras de delincuentes juveniles. Aquí nuestro corredor está pensando en un slogan o un titular de prensa. La banda de los 60 y también sus miembros se llamaban Young Mental Fleet (donde “mental” significa “loco”).

Garioch Road: Desde Byres Road hemos cogido dirección norte. Estamos bastante lejos del centro.

Dawsholm Park: El parque de la zona noroeste. Se mantiene como una mini reserva natural, asilvestrado.

Temple y Bearsden Road hacia Anniesland: Dos calles de Maryhill que llevan a Anniesland, un barrio residencial del West End, bastante anodino. Estamos empezando a tomar dirección sur pero seguimos yendo hacia el oeste. “Bearsden” significa literalmente “el cubil del oso”.

Blythswood Square: Una plaza muy céntrica, muy lejos de donde estamos ahora.

Great Western Road: Una calle que parte del Jardín Botánico en dirección noroeste trazando una diagonal bastante clara, hasta que sale de la ciudad convertida en carretera . Nuestro corredor la coge hacia fuera.

Drumchapel: El barrio del extremo noroeste de la ciudad, obrero y pobre. Si el corredor vivía en los pisos altos del párrafo siguiente y su novia más allá de la fábrica, el camino a Drumchapel fue de mínimo una hora andando. Y luego la vuelta.

Scotstounhill: Scotstoun, a la que pertenece Scotstounhill como una pequeña cuña, es un barrio que mezcla casas históricas muy bonitas con cinco bloques de pisos gigantes y espantosísimos de protección oficial. Salvando un trozo de la Great Western Road, llevamos dos millas casi rectas dirección sur.

Dumbarton. Un pueblo a quince kilómetros.

Por la autovía: La A814 sale del mismísimo centro hacia el noroeste (si te parece que detectas un patrón en las calles de la ciudad, felicidades), entre el río Clyde y la Great Western Road. Hace las veces de zona sur de la circunvalación fallida.

Firhill: el estadio del Partick Thistle.

Minerva Street: Hemos cogido carrerilla en una diagonal hacia el sureste y ahora estamos justo al sur del West End. O sea que de momento hemos atravesado el centro, hemos dado la vuelta a la zona noroeste, hemos vuelto casi hasta el centro por una ruta paralela a la de ida.

El muelle de Finnieston: Glasgow tiene dos ríos, el Kelvin y el Clyde. El Kelvin es pintoresco, cortito, y serpentea por la zona noroeste hasta desembocar en el Clyde justo una milla (kilómetro y medio) más arriba de donde estamos ahora, a la altura a la que el corredor se cruzó con el muchacho del Partick Thistle. El Clyde es caudaloso, y atraviesa la ciudad de este a oeste. Este muelle está un poco al oeste del centro.

Broomielaw: una avenida junto al río que va del muelle de Finnieston hasta el centro.

Ibrox. El estadio de fútbol de los Rangers, uno de los dos equipos grandes de la ciudad. Hay una rivalidad intensa entre este equipo, popular entre los protestantes, y los Celtic, de los católicos.

Mejormejormejor: juego de malabras intraducible. Miles = millas. Miles better = mucho mejor. Smile = sonrisa. “Glasgow’s miles better”, Glasgow es mucho mejor o Glasgow sonríe mejor, fue una campaña publicitaria del turismo en la ciudad, una de las primeras del mundo en la estela del “I Love NY”, en los 80.

Benny Lynch: un boxeador escocés de la primera mitad del S XX.

Puente de Kingston: Hemos vuelto a tomar dirección oeste, ahora en la orilla sur.

Tradeston: un barrio muy pequeño en la zona suroeste, adyacente al río, víctima de la reconversión industrial del puerto y de la rama norte-sur de las autovías que atraviesan la ciudad.

Howden: empresa fabricante de ventiladores industriales, aún con sede en Glasgow.

Campbeltown: un pueblo en la costa oeste de Escocia a más de 200 km de Glasgow. 120 si se coge un ferry.

Marcha Orangista: a mediados de julio, los protestantes de distintas localidades de Irlanda del Norte y de Escocia organizan un desfile en el que lucen simbología de la Orden de Orange (y en Glasgow, los colores de los Rangers) para celebrar unas victorias militares en Irlanda del rey de Inglaterra, Guillermo III, en 1690. El sentido de esos desfiles es atravesar los barrios de mayoría católica en una exhibición de fuerza y poder, por lo que han sido violentos hasta hace poco.

Cessnock, Paisley Road, Ibrox: seguimos cogiendo dirección suroeste en el mismo barrio, de amplios espacios abiertos.

Bellahouston Park: Un parque grande al sur de Ibrox, con un museo de arte y otros edificios públicos.

Palacio del Arte, Exposición Imperial: la Exposición se celebró en el 38. El Palacio del Arte nunca llegó a usarse como museo y ha sido casi siempre un gimnasio y centro comunitario.

Mosspark Boulevard, Corkerhill Road: la calle que marca el sur de Bellahouston Park, y la perpendicular a ésta.

Pollok: un barrio casi al extremo sur de la ciudad, construido de una sola vez y planeado para alojar a población chabolista. Enguijarrar es una técnica de hacer fachadas muy británica, propia de construcción barata. Una especie de gotelé de piedrecitas.

Barnsley: una ciudad pequeña al sur de Yorkshire.

Barrhead Road, campos de golf: seguimos en Pollok y recto al sur. Sí, a pesar de los campos de golf seguimos en un barrio obrero. En Escocia es un deporte popular y no muy caro, sobre todo en los campos de golf urbanos.

Pollowshawks road, Pollok Park. La zona verde más grande de la ciudad, con diferencia. Pollok House y la Colección Burrell son una antigua mansión y un museo de arte (sí, otro).

Dumbreck road, Fleurs Avenue: empezamos a volver hacia el norte.

El desastre que han hecho con los Gorbals: El barrio sureste contiguo al río ha sido de los más pobres y peligrosos de la ciudad. Tras la reconversión industrial ha pasado por varias oleadas de mejora urbanística, sin dejar de ser obrero y con problemas causados por la construcción de viviendas sociales de muy mala calidad.

Largs, Troon: dos pueblos turísticos, de playa, a una hora en coche al oeste de Glasgow.

Buchanan Street, la iglesia de Tom Allan: el centro del centro. No hay sitio más concurrido a esa hora.

La Ciencia de Mundodisco: guía de lectura

Terry Pratchett escribió, además de las novelas de Mundodisco de las que ya he hablado un poco por aquí, unos cuantos libros independientes pero situados en el mismo mundo. Son más de veinte, y no los he leído todos. Aquí voy a comentar los cuatro de la serie “La Ciencia de Mundodisco”.

Todos tienen una estructura similar: los capítulos impares tienen una novela breve protagonizada por los magos de la Universidad Invisible, y en capítulos alternos, dos científicos presentan ensayos autoconclusivos sobre ciencia, conectados muy superficialmente con el capítulo de ficción. Sus temas suelen ir saltando de un lado para otro de una manera que recuerda un poco a la serie Cosmos, la de Carl Sagan. A veces, esta manera de ir cambiando de tema los hace confusos y no creo que sea del gusto de todo el mundo. Los científicos son Ian Stewart, matemático, y Jack Cohen, biólogo. El nivel intenta ser accesible… digamos que soy de letras, MUY de letras, en lo que eso tiene de bueno y de malo, y aunque hay secciones que se me quedan grandes, dan la sensación de que quieren que les entienda el público general.

Libro por libro:

La Ciencia de Mundodisco (1999: publicada entre El Quinto Elefante y La Verdad, puedes leerla después de El País del Fin del Mundo): Los magos crean por accidente Mundobola, una especie de maqueta de un universo en el que para su sorpresa, no hay magia ni narrativium. Deducen experimentando las leyes básicas de la física newtoniana (bueno… más o menos) y utilizan la magia para entrar en la maqueta, que es por supuesto nuestro universo. Les decepciona no descubrir vida inteligente: para cuando se fijan en nosotros, hemos huido al espacio exterior.

Los capítulos sobre ciencia intentan ser muy generales. Perdonad si no os gusta alguna traducción de los títulos, son todas mías y los juegos de palabras no son fáciles.

  • Ciencia de campo de squash: Energía nuclear.
  • La ciencia y la magia: qué es la ciencia y cómo funciona.
  • Principios y fundaciones: El origen y naturaleza del universo.
  • Polvo de estrellas: qué son y cómo funcionan los átomos y la tabla periódica de los elementos.
  • La forma de las cosas: la forma del universo y la Teoría de la Relatividad.
  • ¿De dónde salen las reglas? Este capítulo plantea la posibilidad de una “teoría unificada” e introduce la mecánica cuántica.
  • Mundos disco. El Sistema Solar.
  • Tierra y fuego. Geología: la estructura de nuestro planeta.
  • Aire y agua. La atmósfera, los océanos, y la corteza terrestre.
  • Un gran salto: la luna.
  • Cosas que no son: un capítulo muy original sobre las cosas que se definen por ser opuestas, pares en los que normalmente solo una de las dospuede medirse, como la luz o el calor.
  • A pesar de lo cual….: el origen de la vida.
  • Selección antinatural: la evolución.
  • El Origen de Darwin: más evolución.
  • Llega el iceberg: las glaciaciones.
  • Universales y específicos: más evolución todavía, explicando seres y características que están por todas partes (universales) y otras puntuales para un problema concreto (específicos). También, biodiversidad.
  • No mires hacia arriba: ¿Qué podría provocar extinciones masivas? Para empezar, meteoritos.
  • Nueve de cada diez: estadísticas y sesgos.
  • Huyendo de los dinosaurios: evidentemente, dinosaurios.
  • La muerte de los dinosaurios.
  • Mamíferos en marcha: cómo se expandieron los mamíferos.
  • El hormiguero: el origen de los homínidos.
  • Exteligencia: la cultura. Qué es (definida como una “inteligencia externa”, ya sea transmitida por la familia, libros, etc) y por qué la necesitamos.
  • Cómo dejar tu planeta: los viajes espaciales.

Es una introducción muy sencilla y amena, adecuada para gente sin estudios especializados, porque ellos seguro que lo encontrarán demasiado básico. Podría ser incluso una introducción a Mundodisco a adolescentes y postadolescentes a los que les guste muchísimo la ciencia.

El segundo libro, The Science of Discworld: The Globe (2002: publicada entre El Asombroso Mauricio y Ronda de Noche), intenta hacer lo mismo con las humanidades, en mi opinión sin éxito. la historia es original y divertida: los magos pueden viajar en el tiempo en Mundobola y por lo tanto cambiar la historia de formas significativas. Aquí, descubren que el mundo tiene que encontrar un equilibrio entre la ausencia total de magia y que los seres humanos creamos en ella tanto que seamos vulnerables a los duendes y hadas, seres parásitos y dañinos (para más información, lee Lords and Ladies, Lores y Damas en la traducción). La clave aquí es que tienen que producir una serie de cambios que permitan que exista William Shakespeare y escriba las obras que conocemos.

Los capítulos de Stewart y Cohen tratan los siguientes temas:

  • El elemento nosécuántico: Recapitula la parte de ficción del libro anterior, define el narrativio, y explica que contar historias con sentido es fundamental para nuestra manera de pensar.
  • La posibilidad adyacente: El “espacio fase”, explicado como el conjunto de todo lo posible en una situación, estudio, etc., aplicado también fuera de las matemáticas. Por ejemplo, cálculo estadístico o de probabilidades de todos los libros que se podrían escribir, etc.
  • La filosofía del pulidor de lentes: el paso del pensamiento mágico al científico durante el Renacimiento y las ideas que vivieron en esa transición, como la adivinación, la alquimia, etc.
  • El Planeta de los Simios: los homínidos, su origen, cómo llegaron a  convertirse en Homo sapiens. El concepto de cultura.
  • Un ciego con una linterna. Más sobre nuestro origen. Algunos rasgos que nos diferencias de otros animales. La domesticación.
  • Gente al filo. Algunas características humanas, como la migración y los ritos de paso en la adolescencia. Distinción entre “gente tribal” y “bárbaros”.
  • Winnie the Pooh y los profetas. El lenguaje.
  • Libre determinación. Pues eso: ¿existe el libre albedrío? ¿Y la predestinación? Visiones científicas y religiosas.
  • Un cachito: Pasamos de hablar de lenguaje(s) a hablar de cómo funciona el ADN. Con cosas cuánticas en medio y alrededor. Sí, es así de enrevesado.
  • Dioses Menores: reflexiones acerca del origen, razón de ser e inconvenientes de la religión.
  • El nuevo narrativio: “del mito al logos”. Los orígenes del pensamiento científico o casi.
  • El presente extendido. Arte. Qué es, para qué sirve, cómo surge.
  • Mentiras a los chimpancés: mentiras.
  • Mundos de “y si…”: Historia con mayúscula y con minúscula. Lo impredecible, nuestros intentos de dar sentido al caos. Géneros literarios: la ciencia-ficción.
  • Mentiras a los humanos: el concepto de meme.
  • Puede contener frutos secos: conclusiones sobre la importancia de las historias. Las que nos creemos y las que contamos sin creerlas.

Si parece caótico, lo es, y mucho. Es el que menos me gusta de los cuatro, con diferencia.

El tercero, Darwin’s Watch (El reloj de Darwin) (2005: publicado tras Cartas en el Asunto, el mismo año que Thud!) mejora. La narración repite la idea de que los magos tienen que modificar la continuidad temporal terrestre para que la humanidad sobreviva… pero esta vez es Darwin y no Shakespeare quien tiene que escribir sus obras con éxito. Sin Shakespeare, o más bien, sin el nivel de fantasía que da lugar a artistas como Shakespeare, no se da la civilización. Sin Darwin, no se desarolla la ciencia de los últimos 150 años y los seres humanos se extinguen por alguna catástrofe natural sin inventar las naves espaciales con las que huyen de Mundobola.

Los capítulos de ciencia se conectan mejor con lo que ocurre en los de ficción, aunque salten de un tema a otro como te los voy a presentar:

  • El reloj de Paley:  introducción a quién era Darwin, la Teoría de la Evolución, qué es el creacionismo y por qué existe, cómo funciona la investigación científica.
  • Paley ontología: William Paley era un sacerdote que escribió un libro de teología acerca del origen de la vida, que incluye la famosa analogía: Si nos encontramos un reloj tirado por la calle creeremos que alguien lo ha construido, los relojes no se hacen solos. Este capítulo explica en qué se equivoca Paley y el creacionismo y habla también bastante de geología.
  • Tiempo prestado: la posibilidad de los viajes en el tiempo. Agujeros negros y otras opciones.
  • Avance hasta el pasado: más sobre viajes temporales.
  • Watch-22: algunos datos de la biografía de Darwin relacionados con sus descubrimientos.
  • El libro equivocado: más sobre la historia de la publicación de El Origen de las Especies.
  • Aleph-nosecuántiplex: líos matemáticos rarísimos. Universos paralelos, cosas cuánticas, operaciones con infinitos. Sí, infinitos en plural. No estoy segura de haber entendido nada.
  • Destino manifiesto: un intento raro de aplicar la idea de evolución a la Historia. No como “progreso”, sino… ¿de unos eventos determinados A se siguen necesariamente unas consecuencias B? Causalidad. Cómo al estudiar “Historia” seleccionamos acontecimientos según nos parezcan relevantes.
  • La época de la máquina de vapor: ¿las ideas brillantes cambian el mundo, o son una consecuencia de cambios? ¿o es que aparecen cuando el mundo está listo? Ejemplo: la máquina de vapor. Quizá la mejor “mezcla de temas de ciencias y de letras” de los tres libros que llevamos hasta ahora.
  • Los secretos de la vida: Una pequeña explicación de cómo funcionan la evolución y el ADN.
  • Olvídate de los hechos: Creencias, ideas, religiones, pseudociencia, ciencia. Cosas sobradamente tratadas en el libro anterior, aquí con más atención a lo religioso.
  • Una escasez de sargentos: qué tenía de especial la Gran Bretaña victoriana para dar pie a tantos avances científicos y tecnológicos.

Un libro muy entretenido. Si eres muy, muy de letras te puedes saltar los tres capítulos sobre viajes espaciales y matemáticas y no te vas a perder el hilo de la discusión, centrada en biología e historia.

El cuarto libro, El Día del Juicio (2013: coincide con A Todo Vapor) cuenta una historia muy diferente. Los Omnianos, que creen que Mundodisco es redondo, quieren que los magos les entreguen Mundobola porque piensan que les pertenece y para ellos es una reliquia sagrada. Mientras, una bibliotecaria de Mundobola acaba en Mundodisco por accidente. Esta historia es mucho más corta que las demás.

Los capítulos de Stewart y Cohen vuelven a tratar temas de humanidades mezclados con los de ciencias. Esta vez lo hacen de una forma más clara que en The Globe.

  • Pensar a lo grande. Introducción. Cómo funciona la ciencia y el método científico. Se presentan dos modos contrarios pero compatibles de pensamiento: centrado en el ser humano (tendente a la mitología y a las explicaciones inmediatas) y centrado en el universo.
  • Tortugas mundiales. Repaso a las mitologías que imaginan una tierra plana.
  • La realidad no es mágica. Ejemplos de causalidad y de cosas que parecen “magia” porque la mayoría no sabemos cómo funcionan.
  • Un globo entretenido. Demostraciones de que la tierra es redonda.
  • ¿Y eso de dónde ha salido? La preocupación humana por los orígenes. Explicación científica de dos orígenes misteriosos: la luna y la vida.
  • El largo brazo de la tradición. Qué es una ley científica.
  • Una ratonera mejor. Diseño desde el punto de vista de la tecnología y “diseño inteligente”. Evolución.
  • La esfericidad está por todas partes. Geometría. La forma del universo.
  • ¿Adiós al Big Bang? Algunas ideas que ponen en duda esta teoría.
  • Sistema de descreencia. Neurociencia. Saber, creer, pensar, imaginar.
  • Adiós a los ajustes. Constantes universales. Se insiste de nuevo en que nuestra existencia es pura casualidad.
  • No coleccionar sellos. Una defensa del ateísmo. La ciencia como lo contrario de la religión.

Lo breve del libro y su insistencia en la crítica a la religión, además de la fecha en la que se publicó, sugieren apresuramiento, como si los tres autores necesitaran echar esto fuera lo antes posible. Eso no le quita calidad, al contrario: se hace muy ameno, tanto como el primero o más.

Resumiendo: de los tres libros, recomiendo el primero y el último. El tercero está bien si te interesa el tema y el segundo solo es entretenido a ratos. Como pega, diría que si no te gusta que un ensayo vaya saltando de aquí para allá como un niño de cuatro años, definitivamente estos libros no son para ti. Pero me parecen un buen complemento a las novelas de los magos de Mundodisco, y si no sabes nada sobre los temas científicos que tratan puedes aprender muchísimo. No sé si alguien con más formación los puede encontrar demasiado básicos o no estar de acuerdo con la forma de exponer.

Libros de espera.

Has leído poesía romántica y novelas de detectives. Has leído cuentos infantiles y hasta filosofía. Deja que entre en tu vida un nuevo género literario: el libro de salas de espera. Es un género exigente, pero quién sabe si de aquí saldrá tu nuevo libro favorito.

Necesitas un libro, eso por descontado. El móvil se queda sin batería y sin cobertura; el periódico abulta demasiado; tus acompañantes y tú, por muchas cosas que tengáis que contaros, caeréis en el embrujo espeso del local y quedaréis mudos y desganados. Puede que mañana retoméis la comunicación, pero en la sala, olvídalo. Los auriculares te desconectan de que te avisen de tu turno. La conversación con desconocidos no te la recomiendo, tiende a derivar a criticar al personal, a la salud, o a la política. Acabarás de peor humor del que entraste. Lleva un libro.

El libro de esperas debe ser pequeño, para que no te pese en el bolso, pero largo, para que no te dé tiempo a terminarlo horas antes de que te llamen. No hay nada peor que estar en la sala de espera, cerrar el libro, y no tener absolutamente nada que hacer hasta que te llamen. Eso significa que descartamos la poesía, el teatro, las ediciones ilustradas y las tapas duras. Texto largo (ensayo, biografía, narrativa) y en bolsillo.

Los libros episódicos, fraccionarios, son ideales; así los puedes coger y soltar en función de las interrupciones. Las novelas muy largas pero sin demasiados personajes y subtramas también sirven el mismo propósito. A algunas personas nos gustan los libros con poca acción, pero puede que eso te aburra.

Escoge cuidadosamente el contenido. No leas nada que sepas que termina mal, ni nada en lo que la enfermedad sea parte central del argumento. Por lo que más quieras, no leas autoayuda, y mucho menos, autoayuda relacionada con tu razón para estar en una sala de espera. Puede que leas que todo te va a salir bien a ti, escogido de los dioses, amado del Universo, pensador positivo, predestinado gozoso, justo antes de que te digan que no, que tu mundo se ha hundido irremediablemente. Habrías estado mejor leyendo una novela, créeme. O incluso un texto religioso, que por lo menos no suele decirte que todo se va a arreglar en este mundo y a corto plazo.

Si tienes que trabajar en vez de leer por placer, escoge aquello que te permita cargar con menos materiales diferentes. Sólo leer mejor que leer y tomar notas.

Lecturas optimistas sí, ligeras sí. Ni ligero ni optimista son sinónimos de bobo.

Nadie quiere estar en una sala de espera, pero la sala llega, siempre llega. Que no te pille sin haberte preparado.

*
En los últimos 10 meses he leído en salas de espera:

Furari, Jiro Taniguchi.
Americanah, Chimamanda Ngozi Adichie.
Remarkable Creatures, Tracy Chevalier.
Life of Pi, Yann Martel.
Parte de la trilogía de las matronas de Jennifer Worth.
Partes de siete novelas de Mundodisco.

Tengo que escoger el próximo.

 

 

 

 

Alan Spence y los libros que te llaman.

Cuando vivía en Glasgow tardé en hacer una visita a Edinburgo, ciudad de postal a la que tenía manía por motivos que no vienen al caso. Me decidí cuando supe que había una feria del libro, junto con el famoso festival de artes escénicas, y que un autor que entonces me gustaba iba a dar una charla. Así que me planté allí, sobre la marcha, y me quedé con las ganas porque el evento era pagando una entrada que no me podía permitir. Mirando sin ganas las estanterías, leí con sorpresa un lomo que decía

GLASGOW ZEN.

Ir a Edinburgo para leer aquello. De verdad, parecía un chiste sobre la rivalidad entre las dos ciudades. Hojée el libro, un volumen muy pequeño de poesia experimental. Me lo llevé de recuerdo junto con otro del mismo autor, éste menos innovador, quizá: haikus. Seasons of the heart. Del segundo me llamó más la atención la portada, una instalación de Andy Goldsworthy. Hojas rojas tapizando una piedra en mitad de un río gris.

Intenté comprar otros libros de Spence en las librerías de Glasgow. Yo era asidua de la Waterstones de la calle Sauchiehall y algo menos de la Borders de Buchanan. Ambas son parte de cadenas, iguales a sí mismas en todo el país, pero en este caso con la ventaja de ser inmensas y tener un fondo muy amplio y secciones variadas. En ninguna de las dos habían oído hablar de Spence y yo no tenía tiempo de encargar nada antes de volver a España. Al menos tenía los dos libros de poemas.

Me olvidé de buscar más, de momento. Me fui a Estados Unidos a estudiar. Pasé días enteros metida en la biblioteca Olin, la de Humanidades. Siete plantas, y largos pasillos en los que perderte. No recuerdo si busqué a Spence en el catálogo, o si me topé con él buscando otra cosa, pero sí recuerdo que el corazón me dio un salto al ver que el poeta había escrito una novela.

Way to Go es una novela sobre la muerte. Sí, sobre la muerte en abstracto. La anécdota, la narración, es lo de menos. La realidad no es la sucesión de acontecimientos, es el hombre consciente de que es mortal desde la primera línea del libro. I sat in the coffin, reading a comic and eating a sherbet fountain. Esa lectura me llevó a comprar todo lo que pudiera de Spence, por difícil que fuera. Sólo tenía dos maneras de comprar: encargos a tiendas físicas (un libro, mientras aún estaba en Estados Unidos) y compras online. Aquí fue cuando descubrí que los libros dejan de publicarse. Qué tontería, ¿no? Claro que dejan de publicarse. Pero yo no me lo podía creer: ¿cómo podía ser que un autor tan bueno, tan brillante, y que iba escribiendo libros nuevos lento pero seguro, progresivamente más popular y prestigioso, no viera sus primeros libros reeditados?

Tengo ocho libros de Alan Spence, y sólo tres los compré nuevos: todos los demás los compré a librerías de segunda mano que venden por internet. He regalado varias veces Way to Go, siempre de la misma manera.

Es cada vez más raro descubrir un autor desconocido. Recomendar algo que no conoce nadie. Explorar una estantería y sorprenderme. Visitar una librería que no sea una franquicia. Comprar a ciegas. Comprar un libro que no sea ni novedad ni un clásico. Incluso ver una portada que no sea lo mismo de siempre (más y todavía más). Los libros se convierten en copias hasta el infinito, por dentro y por fuera, igual que las tiendas, incluidas las librerías. Me entristece esa uniformidad, porque lo que quiero no es que leas a Alan Spence, es que puedas perderte en una librería, que un título te salte encima y te agarre, que te lo tengas que llevar, que te obsesiones con él, que vuelvas a la librería y preguntes si hay más cosas parecidas y que el librero sepa de qué le estás hablando.

No quiero que leas a Alan Spence. No tiene que gustarte su mezcla de Glasgow y Zen. Quiero que encuentres a tu Spence particular, ese autor o ese libro íntimos tuyos. Búscalo. Tiene que estar ahí, donde menos te lo esperas.

Dedicado con cariño a Cristina Riera y la librería Sant Jordi.

 

Dickens: un mapa para entrar en el bosque.

lizzie hexamIlustración original de Our Mutual Friend por Marcus Stone. Los Hexam pescan restos en el Támesis.

Charles Dickens es un autor incomprendido. Fue muy popular en su tiempo, más adelante criticado por ser demasiado sentimental y simplista en su visión de problemas sociales, y más adelante recuperado sobre todo como autor infantil. Casi todo el mundo lo conoce como “el autor de Oliver Twist” y de ahí se generaliza a “libros juveniles, protagonistas niños, problemas sociales, finales felices”. Bueno…. ahí aciertas más o menos la mitad.

En este novelista tan prolífico (catorce novelas, media docena de novelas cortas o cuentos, una vida entera de periodismo) se entrecruzan varias tendencias: el humor con tintes grotescos, el melodrama, y la preocupación por la reforma social. Dickens aprendió a escribir novelas desde el periodismo, y según mejora la calidad de la estructura de sus novelas, se aprecia cómo se va volviendo más pesimista y más interesado en cuestiones globales que en las aventuras de personajes individuales. Por eso, hacia el final de su obra no todos los finales son positivos (alguna novela de juventud tampoco termina bien).

Es muy importante también que todas sus novelas se publicaron por entregas. Una novela se publicaba normalmente en 20 entregas mensuales, es decir, cosa de año y medio. Y Dickens al principio escribía sobre la marcha, sin saber dónde iba a llegar, por lo que controlaba muy bien la estructura de cada entrega pero no tanto la de la novela completa. Como un guionista actual de series.

Con tantas novelas donde elegir, ¿por dónde empezar? Las voy a separar en los clásicos imprescindibles, las joyas poco conocidas y las que mejor que continúen en el olvido de las obras menores. Los números indican orden y año de publicación.

 Los clásicos:

Oliver Twist. (2; 1839) La que todo el mundo conoce, y quizá por eso malentendida como la más representativa. ¿Niño protagonista? El primero de dos… en una carrera con catorce novelas. ¿Ambientes marginales? La única novela que muestra el mundo de la delincuencia. ¿Fábricas, el efecto de la revolución industrial? Una de tres novelas en las que se habla, más o menos y tampoco mucho, de industrialización. Oliver Twist empieza satírica, irónica, escrita por un Dickens cercano al periodismo. Y según fue escribiendo, cambió hacia el modo que lo hizo más popular: sentimental y melodramático. Parecen dos novelas en una. Hay que leerla aunque sólo sea para darte cuenta de que no es un libro para niños.

Cuento de Navidad (A Christmas Carol, 1843) no me gusta mucho, quizá por haber leído/visto/escuchado demasiadas veces. Eso sí, es el único de los cuentos de navidad que merece la pena. Hay cuatro más.

David Copperfield (8, 1850). Probablemente la mejor. Empieza como alguna de las novelas de juventud, como la biografía de un muchacho desde que nace o se queda huérfano, pero se diferencia de ellas en que el sentimentalismo está más controlado, el autor sabe desde el primer momento a dónde nos quiere llevar, y los argumentos secundarios no se van por las ramas. Tiene algunos de los personajes mejor descritos de toda la carrera del autor, particularmente Mr Murdstone, el malvado padrastro del protagonista.

Casa Desolada (Bleak House, 9, 1853). Aunque tenga su mérito, no es de mis favoritas. Desde el punto de vista formal, un experimento: alternan un narrador impersonal que escribe en presente en vez de en pasado, con una narradora en primera persona, que es más un personaje secundario testigo de lo que ocurre que una protagonista. El argumento: cómo un pleito que se eterniza destruye una familia. Muy pesimista, y con un catálogo de secundarios que no se acaba nunca.

Tiempos Difíciles (Hard Times, 10, 1854). Una de las más cortas y quizá por eso muy buena para empezar. Es la única que habla algo, y no mucho, de la revolución industrial, pero es apenas una excusa para criticar el pensamiento de la época y no el sistema económico. El problema para Dickens no era la industria o el capitalismo, sino el énfasis en lo utilitario y no en, digamos “valores humanos”. Es significativo que vemos por dentro con más detenimiento una escuela que una fábria (las otras novelas que hablan de educación son Nicholas Nickleby, Dombey e Hijo, David Copperfield, Grandes Esperanzas y Our Mutual Friend)

La Pequeña Dorrit (11, 1857) tiene cierta relación con Casa Desolada porque es otra historia con gente que está esperando, esperando, sin hacer nada. Amy Dorrit, la “pequeña” del título, no es la protagonista: el libro a punto estuvo de llamarse “Nobody’s Fault” (No es culpa de nadie). Tanto Amy Dorrit como el protagonista, Clennam, son de un pasivo que dan ganas de zarandearlos, ambos dañados por unas familias desastrosas.

Historia de dos ciudades (A Tale of Two Cities, 12, 1859) Las dos ciudades son Londres y París, y la mayor parte de la acción sucede durante la fase llamada “El Terror” de la Revolución Francesa. Aquí se ve un rasgo muy dickensiano, la desconfianza ante las revoluciones y cierta francofobia. El Antiguo Régimen es una pesadilla dirigida por sádicos, y la revolución…. también. En cualquier caso, es una lectura amena y una de las novelas más cortas.

Grandes Esperanzas (Great Expectations, 13, 1861). En la Universidad, por una cuestión de tiempo, suelen mandar una de las tres novelas un poco más cortas, y a mí me tocó ésta. Me encantó y no me canso de releerla. Las “esperanzas” del título son las de Pip: un aprendiz de herrero con un misterioso benefactor que lo manda a Londres a vivir como un caballero. Pip está convencido de que su mecenas es Miss Havisham, la tutora legal de Estella, de quien él está enamorado desde niño. Al nivel de David Copperfield en “jovencito espabila a bofetones de realidad”, pero ésta es bastante más amarga.

 Los que merece la pena explorar:

 Los papeles del Club Pickwick. (The Pickwick Papers, 1, 1837) A mí no me gusta mucho, pero tiene sus fans. Me recuerda a algo que tampoco es mi género favorito: las novelas inglesas del siglo anterior. No tiene un argumento propiamente dicho: Mr Pickwick, un amable caballero, funda un “club” informal con sus amigos para salir de excursión y se mete contra su voluntad en toda clase de absurdas aventuras. Quizá si recordamos que se trata de un serial y que no se pensó como una novela se puede apreciar su falta de estructura global.

Dombey e Hijo (Dombey and Son, 7, 1848). Es de mis favoritas. Tengo debilidad por ella. Si se divide la obra de Dickens en dos mitades, juventud y madurez, ésta es la novela de la transición. Es la primera vez que el autor empezó a escribir con una idea aproximada del conjunto del argumento y sabiendo cómo quería terminar, porque hasta ahora el serial era entero improvisado. Esta es la historia de un empresario cuya mayor ilusión es tener un hijo para que el “Dombey e Hijo” de la empresa familiar vuelva a ser realidad. Y lo tiene, pero es un niño débil y enfermizo. Mientras tanto, su hija mayor, Florence, crece sin que nadie le haga mucho caso. Una novela con personajes que tienen todas las necesidades básicas cubiertas, excepto el amor, con los resultados que te puedes imaginar. Y la primera obra que se sepa con la estructura tan típica en Hollywood de las películas de millonarios sin vida familiar que pierden todo para darse cuenta de qué es lo importante.

Nuestro común amigo (Our Mutual Friend, 14, 1865) No tengo ni idea de por qué no es tan famosa como el resto de obras de madurez. Bastante descargada de melodrama y con menos sentimentalismo que la mayoría, la parte “social” y “realista” se centra en las cloacas de la revolución industrial, literalmente: el submundo de quienes viven de pescar restos en el Támesis, y el destino de una herencia en la que la parte principal son…. montones de basura, quizá estiércol o cenizas. El argumento es lo de menos: es para dejarse llevar por sus personajes, unos realistas, otros grotescos, y sus andanzas.

Obras menores, evítalas, hazme caso:

 Nicholas Nickleby (3, 1839). Déjala pasar sin remordimientos. Nicholas, un muchacho joven, bueno pero impulsivo, se queda huérfano. Él y su hermana Kate tienen que trabajar para vivir y tienen una serie de aventuras nada conectadas entre sí; si esto de ir pasando de trabajo en trabajo y la estructura episódica te suena a novela picaresca española, acertaste, pero el tono no es tan cómico y hay un fuerte mensaje moral.

Almacén de Antigüedades (The Old Curiosity Shop, 4, 1841) Abrir a lo bestia el grifo del sentimentalismo puso a Dickens en la cima de la popularidad. Veamos: Nell y su abuelo tienen una tienda, la que da nombre al libro. Por razones largas de contar, huyen de Quilp, un enano grotesco. Hay secundarios cómicos y mucho, mucho sentimentalismo.

Barnaby Rudge (5, 1841) Un intento de novela histórica sobre unas revueltas populares anticatólicas sesenta años atrás. Mucho mejor que las dos novelas anteriores, pero aún así, sólo apta para muy fans.

Martin Chuzzlewit (6, 1844) Por un lado, tiene la mayor parte de los defectos de las novelas de juventud: Martin es un muchacho valeroso que tiene aventuras y se enamora de una chica que no tiene un duro y a la que acosa un indeseable. Los argumentos secundarios crecen en todas direcciones como la mala hierba. Pero tiene un noséqué, un principio de lo que va a ser el desarrollo de personajes en las obras de madurez.

Y por redondear con la aplicación en secundaria, ¿cuáles son las más relevantes a ese nivel? Pues Oliver Twist, y las cortas: Cuento de Navidad, Historia de dos ciudades, Tiempos Difíciles, y quizá Grandes Esperanzas. Mejor leer una novela corta que una adaptación, aunque haría una excepción por David Copperfield.

Jane Austen: ¿por dónde empiezo?

Sense-and-SensibilityJane Austen es una escritora inglesa que escribió solamente seis novelas hace ahora doscientos años, y que siempre ha sido muy popular, aunque ha estado más “de moda” desde que en 1995 se hiciera una magnífica versión para cine de “Sentido y Sensibilidad” y en 1996 se publicara la novela “El Diario de Bridget Jones”, que es un remake de Orgullo y Prejuicio.

El estilo de la autora es difícil de clasificar. Su estilo cuidado y elegante y su defensa del sentido común, la moderación, y (hasta cierto punto) la educación femenina son neoclásicos. Su interés en el amor, en el matrimonio basado en la compatibilidad de caracteres, y en los sentimientos como formadores del carácter, la vincula al romanticismo y la hace continuación de la “novela de sentimientos”, un subgénero romántico. La importancia de los sentimientos se ve en que sus protagonistas crecen y mejoran como personas debido a experiencias emocionales, a veces sufriendo, a veces no.

Todas sus obras tienen un tema único, pero eso no significa que todas sigan el mismo esquema. Lo que comparten casi todas es esto: una chica de la burguesía rural está soltera y en edad de merecer. Tiene algún problema para casarse; normalmente, que aunque su posición social sea buena, su familia no tiene dinero. Ella está muy engañada sobre su personalidad, la de otros, o qué hombre realmente le conviene. Al final, su unión es feliz, pero algunos de los personajes secundarios pueden no terminar bien.

El interés de Jane Austen para cualquiera a quien simplemente le guste leer buenas novelas es su uso de un lenguaje elegante pero fácil de entender, la caracterización de los personajes, y ya que ya sido reciclada hasta el aburrimiento por las autoras de novela romántica, es interesante irse a la fuente. Y ahora, una guía sobre las novelas en sí, en un orden recomendado de lectura.

* Sentido y Sensibilidad. Tengo debilidad por ella y en cuanto a calidad, me resulta intercambiable con Orgullo y Prejuicio, la más popular de todas. Las protagonistas son dos hermanas: Elinor, práctica y Marianne, romántica. La película de Ang Lee protagonizada por Emma Thompson y Kate Winslet toma algunas decisiones bastante libres sobre los personajes (malas muy malas, amigas muy cursis, la relación entre las dos hermanas). Es excelente, y puede ser mejor ver primero la película.

* Orgullo y Prejuicio. Aquí las películas, sintiéndolo mucho, no están a la altura. Hay una de 1940 que ha envejecido mal, y una de 2005 protagonizada por la mandíbula de Kiera Knightley donde ella transmite una especie de enfado constante. Su personaje no es en absoluto la rebelde que esa película nos transmite. La mejor opción para la pantalla es la miniserie de la BBC de 1995, algo cansina porque dura seis horas y pretende leernos al oído el libro entero. Es mejor leer el libro y dejar las adaptaciones para después, si nos apetece. Sintetizando el argumento, “Orgullo” es Mr Darcy, y “prejuicio”, Elizabeth Bennet, que harían buena pareja si no fuera porque se han caído instantáneamente mal. Están acompañados de un coro de secundarios fa-bu-lo-so, y eso es precisamente la razón para no recomendarlo como primera lectura: tanta descripción podría aburrir.

* Persuasión: la más agridulce de todas, y la última que Austen completó. Anne era rica, se enamoró de un soldadito, y la persuadieron (ay) de que él era poco para ella. Han pasado diez años, la familia de ella conserva el prestigio pero ni un duro, y él es el soltero de oro, un apuesto capitán. Recomendable para fans del naturalismo, porque la novela no es naturalista pero se observa bien cómo los personajes están atrapados en sus posiciones. Hay una película bastante prescindible.

*Emma: En cuanto a películas, Clueless es tan buena o mejor que la protagonizada por Gwyneth Paltrow. Emma es la única protagonista de Jane Austen sin problemas serios que le impidan ser feliz o encontrar pareja… más allá de que es una niña mimada insoportable.

* Mansfield Park: tiene demasiada carga moral. La protagonista, Fanny Price, se va a vivir con sus tíos ricos para educarse mejor y tener más posibilidades de casarse cuando crezca. Su familia y sus amigos viven vidas vacías, coqueteando para pasar el rato y haciéndose daño como por juego. Aquí los secundarios no son tan divertidos como en otros libros, aunque tiene la novedad de mostrar más a las claras el punto de vista de “las malas amigas” y de Henry Crawford, el Don Juan. La película de 1999 intenta entremezclar con poco éxito la autobiografía de Austen con el personaje protagonista; hay una adaptación de la BBC de 2007 que no he visto.

* Northanger Abbey: es la primera novela de Austen, y se nota (se publicó póstumamente). Es una parodia de las novelas góticas: la protagonista se empeña en ver misterios donde no los hay. Pretende ser humorística, pero se queda corta, y tiene la protagonista más boba y menos interesante de las seis novelas. Tiene su punto, pero es la única que no he releído. Hay una película, y el guionista es el mismo que el de la versión de seis horas para la BBC de Orgullo y Prejuicio, así que anque no la he visto, podría merecer la pena.

Las tres novelas con protagonista “listilla que necesita que le den una lección” son más entretenidas y populares que las tres novelas con “bobita que necesita espabilarse” (aunque a mí me gusta mucho más Persuasión, con protagonista ingenua, que Emma, con protagonista cabezona). Leer a Jane Austen y cogerle gusto tiene dos inconvenientes: cuando te acabes las seis novelas no hay más, y todas las historias de amor de la tradición occidental posteriores la copian, así que te van a resultar más predecibles, planas y sosas. No digas que no avisé.