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Entrevista a Nía Cortijo (Las XL)

las XL

Las XL (o equisele, también) son un dúo de actrices, Nía Cortijo y Marta Sitjà, que han creado el espectáculo músico-teatral “Abandónate mucho”, que tuve el placer de ver la primavera pasada dentro del festival LaTeatral.  El espectáculo trata sobre el amor de una manera muy gamberra y con una buena dosis de feminismo. Quedamos en que las entrevistaría después, y por estas cosas que tiene la vida lo hemos dejado hasta ahora. Inauguramos con ellas la parte más feminista del nuevo curso escolar.

¿Qué habíais hecho antes de este espectáculo?

La verdad es que miro atrás y no me quejo, he trabajado siempre como actriz y simplemente eso me hace sentir bastante afortunada, porque en este país y en este gremio es muy difícil dedicarse a la cultura sin tener que buscarse un plan B en algún momento. Actores y actrices somos verdaderos supervivientes y luchadores, la realidad resulta desalentadora, y más hoy. Pero bueno, ¡he dicho que no me iba a quejar!

Así que te contaré que he trabajado como actriz en varias compañías, la mayoría de Granada, ciudad en la que vivo: LasaL, Lavíebel, Vagalume, Alsuroeste… y en ellas he hecho de todo: teatro clásico, piezas contemporáneas, teatro infantil, de calle, cabaret, en verso, creaciones colectivas… Adoro el teatro en todas sus formas. Y en estos años de profesión, más de 12, he aprendido a amarlo conociendo todas sus facetas y todo el engranaje que hace posible un espectáculo: los técnicos (y técnicas) de luces, de sonido, la dirección, la gestión, distribución, escenografía, vestuario,  todas las piezas que configuran el puzzle, que son muchas. Y estuve varios años gestionando la Sala de teatro EL APEADERO en Granada donde conocí a Marta, mi compañera en las XL.

¿Cómo os conocisteis? ¿cómo surgió el espectáculo?

Trabajamos juntas en el proyecto del APEADERO y montamos algunas piezas cortas para los cabarets que organizábamos. Éramos un grupo de mujeres y nos hacíamos llamar “Las Chotillas”. Hicimos 4 ó 5 cabarets con temática femenina, en los que intercambiábamos propuestas, intereses y curiosidades varias. En aquella época Marta tenía una compañía y necesitaban una sustituta porque la actriz se había quedado embarazada, así que entré yo. Ahí empezamos a trabajar juntas a tope.

El espectáculo surge después de un gran batacazo amoroso y profesional; va a ser verdad aquello de que los estados de crisis son una fuente de inspiración estupenda. Se me inflamó la glándula y decidí dejar Granada para instalarme en Madrid, convencida de que no me iba a resultar díficil encontrar un hueco. ¡¡¡Madre mía, benditos aquellos que aguantan en la capital!!! Qué rollo tener que venderse, ser la number one, ir a los estrenos siempre estupenda y simpatiquísisma, uff. Recuerdo la rabia que me daba verlos a ellos ataviados con deportivas y cazadora de cuero, tan cómodos, mientras nosotras debíamos lucir maquilladas como si de la Gioconda se tratara y tacones cuanto más imposibles, mejor. La verdad es que no tuve paciencia y decidí inventarme el trabajo en lugar de buscarlo.

El desengaño amoroso tuvo lugar en ese momento, así que llamé a Marta y le propuse montar un show todoterreno, que pudiéramos hacer en cualquier sitio, cómodo, barato y divertido. Ella me rió las gracias, y preguntarnos de qué queríamos hablar, surgió con  fluidez que hablaríamos de lo que hablamos siempre en nuestra vida, del AMOR.

¿Vuestros padres han visto el espectáculo? Y si sí, ¿qué opinaron? (tengo que preguntar esto, he coreado EL CLÍTORIS ES ASÍ sentada con toda la familia).

Claro que sí. Además, ¡ estaban encantados! ¡Me daba más apuro a mí que a ellos!

El amor al teatro lo he mamado en la teta, mi madre también hizo teatro y los dos han sido profesores de filosofía, ¡así que imagínate qué caldo de cultivo! Mi único hermano es músico, algo habrán hecho ellos también para que nos dediquemos a la cultura con tanto amor. La verdad es que les estoy muy agradecida, siempre me dejaron hacer lo que me gustaba, me han ayudado mucho y lo siguen haciendo.

He de reconocer que mi madre estaba preocupada porque el show fuera excesivo, pero cuando lo vio tuvo que reconocer que eran sus miedos. Aunque es cierto que nos ponemos brutas todo está muy pensado y medido, nada es gratuito.

Os he visto hacer muchas cosas diferentes, particularmente a Marta, porque la conozco desde hace más tiempo: actuar, circo, y ahora cantary bailar. ¿Qué es lo que más te gusta?

Me gusta todo.   Como decimos en el espectáculo: “¡Me cabe Troyaaaaa!”. Pero hay muchos lenguajes, muchas maneras de contar las cosas y comulgo con todas siempre que el mensaje me parezca auténtico y necesario. Lo que más me gusta es trabajar para la gente desde una actitud sincera. Considero clave hablar de lo que nos preocupa, inspirarnos en la vida que está llena de situaciones muy ricas, para dar energía de la buena a todo el que mira. Lo importante para mí es el QUÉ.

En el espectáculo podemos escuchar todo tipo de música, desde copla a Barricada. Obviamente tiene que ver con lo que es necesario en cada momento de la historia que contáis. ¿Cuál es vuestra música favorita? ¿Hicisteis algún descubrimiento preparando Abandónate Mucho?

¡Descubrimientos muchos! ¡¡Descubrimos que somos feministas!! ¡¡Que una mujer si muestra interés por conocerse, obligatoriamente ha de ser feminista!! Bueno, no quiero entrar en debates de terminología, pero para mí fue el descubrimiento mayor. Sabía muy poco del movimiento feminista, a nivel teórico sigo estando bastante pez, pero fue muy revelador decidir hablar del amor y encontrarnos con una cantidad de roles impuestos, de prejuicios y demás “perlitas” asumidas por mi parte y que no me generan más que dolor, frustración y otras lindezas.

Sobre la música, me gustan muchos tipos, no tengo una favorita.

¿Qué parte del show es la preferida del público? ¿y vuestra?

“Las punkies” triunfan bastante, también “las yonquis del amor”. Yo me lo paso genial en ese momento, ¡la risa del público es lo mejor!

Es difícil elegir un sólo momento porque todo está muy hilado, aunque las transiciones me gustan mucho porque es cuando sorprendemos; el público cree que todo va en una dirección y de repente ¡flash!, cambio radical. También el final, con la canción de “Yo soy aquella”, que resume todo el recorrido que hacemos para autoafirmarnos en positivo; la parte reflexiva minimalista donde reconocemos que sufrimos mucho con la concepción del amor que nos viene dada me emociona. Ahí me sale la vena dramática y lo disfruto porque siento que el público respira conmigo, que llevo la nave, y aunque lo que decimos es duro, el objetivo es aceptarlo para superarlo. En general es un espectáculo muy disfrutón, porque es muy nuestro y porque el mensaje que damos empodera.

Si pudierais prohibir, borrar, olvidar para siempre una forma de arreglo personal (depilarse, por ejemplo) ¿cuál sería?

La depilación se lleva la palma, sin duda. Aunque el maquillaje o los condenados tacones también los enterraría para siempre.

¿Qué crítica al espectáculo (buena o mala) se os ha quedado grabada?

Recuerdo al único hombre ofendido que nos lo ha hecho saber. Se quejaba de que en nuestro videoclip de “El Clítoris” la referencia a los hombres es “pequeños capullos”. Lo mejor es que a su crítica contestaron varios hombres indicándole razones varias: por un lado el contexto en el que está dicho, desde el humor ácido y autocrítico, desde el punkarrismo salvaje y ciego. Uno de ellos añadía que era lo mínimo que se despacha si tenemos en cuenta la de siglos de machaque que llevamos las mujeres. ¡Me encantó ese espontáneo! Y me gusta mucho que se genere debate y polémica, eso es lo que queremos: empezar a romper ciertos tabúes y llamar a las cosas por su nombre.

También vino una chica que nos veía por segunda vez, muy jovencita, y nos dijo que había sido el segundo día más feliz de su vida, ¡y que el primero fue la otra vez que nos vio! Me puso los pelos de punta porque ese tipo de agradecimientos son los que para mí dan sentido a este trabajo.

Habéis dicho que el  feminismo, al menos el teórico, había sido para vosotras un descubrimiento a raíz de crear Abandónate Mucho. ¿Me contáis algo más de cómo fue eso? ¿Habéis conocido a alguna autora o teoría que os guste especialmente?

Gracias a nuestra amiga Paloma Tosar, especialista en el tema, leímos a Clara Coria, su librito El amor no es como nos contaron y fue muy revelador. También leímos a Lucía Etxebarría, Ya no sufro por amor, que nos inspiró mucho. A mí me dio subidón teórico y compré Para mis socias de la vida de Marcela Lagarde, pero aún no me lo he terminado, es más denso y me cuesta. Mi último descubrimiento ha sido una granaína: Ana Belén Rivero ha publicado un cómic divertidísimo que se llama Somos pobres en euros pero ricos en pelos de coño. ¡Lloré de la risa!

“Abandónate Mucho” nos enseña una galería de efectos secundarios del amor. ¿Habéis averiguado cómo evitarlos? No me digáis que sin amor, que eso no vale.

La mejor receta para evitarlos es saber que son inevitables. Parece una contradicción, pero la vida es contradictoria. El amor y por tanto la felicidad tienen más que ver con dejar de luchar ante esa contradicción y aceptarla, que con intentar evitarla. Al menos eso voy aprendiendo yo.

¿Hay actuaciones previstas próximamente?

Sí, esperamos estar en Madrid en otoño, volveremos a Barcelona al festival de Poblenou, a Cardedeu. ¡Y estamos disponibles para todo el que nos quiera!!

Y para terminar, ¿amáis sin fin?

Lo intento, con todas mis fuerzas. No siempre lo consigo. Es un objetivo en mi vida pero a veces se aleja, a veces se acerca. ¡Lo importante es no perderlo de vista!

¿Es posible hacer chistes sobre violaciones?

Hace unas semanas, preguntaba Doszak que cuál era el problema con los chistes sobre violencia sexual y porqué ése es El Gran Tema Tabú para el humor entre las feministas. Sinceramente, no lo entendía. Me pilló con ganas de hablar y fui soltando motivos. Ahora los recompongo y esto no lo podría haber escrito sin su ayuda y su oído. Gracias. Gracias también a @losaeduguada por puntualizarme donde resulté poco convincente, a @AdriaMartiV que dio uno de los motivos (el segundo),  @Luzhilda, que además de animarme mucho me recordó los Safety Tips for Ladies, y @enderrap, que me pasó alguno de los enlaces de chistes sexistas enlazados más abajo.

No es cuestión de temas, sino de tratamiento. En primer lugar, es posible hacer chistes sobre violaciones que sean graciosos y que no resulten ofensivos ni para las feministas ni para las víctimas. Lo que ocurre es que muchos chistes de violaciones no son tales chistes; son una explotación de tópicos falsos, o se basan en la exageración o la ironía para describir algo que no es cómicamente exagerado, sino terroríficamente real. Un ejemplo reciente lo vemos en The Onion. Voy a traducir el titular y un extracto.

Chris Brown, destrozado, siempre creyó que acabaría matando a palos a Rihanna.

Brown, 24, dijo en una entrevista por radio que aún siente algo violento por su ex-novia y que conserva la esperanza de poder volver a meterle un puñetazo algún día. “Es duro saber que hay otro tío por ahí que puede dejarla inconsciente a golpes”.

Entiendo que esto es un intento de humor, comprendo su mecanismo: la exageración, y el uso fuera de lugar de lenguaje romántico. Pero falla, porque la exageración no funciona muy bien en el humor sobre cosas crueles: conocemos ejemplos idénticos que no son divertidos. Y la mezcla de lenguaje romántico y violento es tan vieja como la literatura. Lo que se presenta como un chiste se cae de boca, porque hay hombres que dicen completamente en serio lo que reproduzco. Y el contexto no intenta, en ningún momento, añadir un elemento de absurdo, por ejemplo.

Otro motivo es que la mayoría de la gente no tiene miedo de la mayoría de los temas objeto de humor duro. Un atentado terrorista, el cáncer, la muerte, nos pueden pasar a cualquiera, pero no es algo que nos preocupe a todos, todo el día, todos los días. En cambio, muchas mujeres tememos la violación. Desde muy jóvenes, se nos dice que debemos ocultar nuestro cuerpo y tomar medidas de seguridad, para mantenernos a salvo. Todas sabemos desde la primera vez que nos pusieron un bikini sin tener tetas, que si nos violaran, sería culpa nuestra. Pocos hombres violan, pero salvo felices excepciones, las mujeres sentimos la violación como instrumento de control y terror. Y es más frecuente de lo que se cree: aproximadamente el 25% de las mujeres son víctimas de violación en algún momento de su vida. ¿Harías un chiste sobre algo muy desagradable si supieras que le ha pasado a la cuarta parte de quienes te oirán?

Un punto muy importante es que casi siempre, los chistes de violaciones cuentan el punto de vista agresor: las víctimas en realidad disfrutan o desean la violación, la violación es en sí un hecho divertido, el acto violento se confunde con un acto sexual normal. Esto no tiene nada de transgresor: hay un acto violento con agresor y víctima, y los testigos se burlan. Vieeeeejo. Aburriiiiiiiido. Es posible hacer chistes sobre temas difíciles. Un ejemplo: “ya tengo drogas y rock&roll. Dame sexo”, dicho por una enferma de cáncer enchufada a la quimio y con música puesta. O los “Safety tips for ladies”, tuits que satirizaban con mucha ironía lo que las mujeres no debemos hacer para ser violadas (por ejemplo, volar, o no conocer a nadie). O el glorioso monólogo de Wanda Sykes sobre qué pasaría si las vaginas fueran de quita y pon.Son chistes que no ridiculizan a la víctima o al enfermo. Están hechos desde dentro. Es posible ridiculizar la cultura del abuso sexual sin ridiculizar a las victimas.

Es decir: Los chistes de violaciones más habituales están contados desde el punto de vista de los agresores, suelen usar estrategias que en realidad no tienen mucha gracia, como la exageración o que el elemento humorístico/sorpresivo es que la víctima disfruta de la violación, y además se refieren a un fenómeno que es mucho más frecuente de lo que se reconoce. Por último, aceptar sin crítica los chistes sobre violencia sexual reafirma a los depredadores sexuales en su visión del mundo: lo que ellos hacen, en realidad, no es para tanto, y total, todo el mundo lo hace. Si hasta es de chiste.

¿Quieres hacer chistes sobre la violencia sexual? Perfecto. Pero piensa: ¿eres capaz de hacer un chiste que provoque carcajadas en una víctima y haga sentirse incómodo a su violador?

El Mundo es Nuestro, esa película feminista.

Estaba yo en la puerta del cine para entrar a ver El Mundo es Nuestro y me fijé en lo que había en la cartelera. Os doy un resumen rapidito:

  • Una mujer quiere matar a otra porque es más guapa.
  • Dos hombres salvan el mundo del plan de otro hombre.
  • Un motín en una cárcel. De hombres. Con una mujer de rehén, claro.
  • Una de guerra con soldados machotes.
  • Unos niñatos dan una fiesta.
  • Si te acosa es que te quiere.
  • Chica pierde el culo por un muchacho que todavía se acuerda de su ex. La ex es mala y tontita.

Y El Mundo es Nuestro, una película que no prometía mucho como reflejo de que yo existo. Porque en los vídeos on Youtube de mundoficción las mujeres están ausentes, como personajes o como menciones. Afortunadamente, me equivocaba. Si el feminismo es creer que las mujeres somos seres humanos, El Mundo es Nuestro es una película maravillosamente feminista.

¿Cuándo fue la última vez que viste una película con más de dos personajes femeninos, ninguna de las cuales era víctima de violación, ni de maltrato doméstico? ¿Cuántas en la que algunas de esas mismas mujeres son listas y buenas personas a la vez? ¿Cuántas en las que los personajes femeninos son algo más que la novia del protagonista?

Pues El Mundo es Nuestro tiene casi todo lo que se podría desear en un retrato cómico de las mujeres en España. Para empezar, la cantidad: los personajes masculinos y femeninos con diálogo están en la bonita proporción de 13 a 8. No está mal.

Sobre sus caracterizaciones, entre ellos y ellas hay de todo: gente indeseable y encantadora, gente lista y tonta, gente que hace su trabajo con dosis variables de ética y de eficacia. Los problemas son humanos, y universales: ser un becario explotado. Estar en paro. Trabajar por dos porque quien está en paro es tu pareja. Salir del armario. Ser un pelotillero cobarde y miserable. Sentirte fuera de lugar en una cultura ajena, después de un traslado por motivos de trabajo. ¿A que no adivinas cuáles de estas situaciones corresponden a un hombre o a una mujer en la película? Ese es el mejor test: con todos los sexos cambiados, la película funcionaría igual de bien.

No es perfecta, pero se disfruta tanto que da igual. En palabras de quien me acompañó al cine, “una película con mujeres de verdad,  que son personas”. Gracias, Alfonso Sánchez, y a todos los demás enteristas.