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Consejos para estudiar los verbos irregulares ingleses.

La lista de los verbos irregulares nos amarga la vida a estudiantes y profesores por igual, reconozcámoslo. Los estudiantes se agobian ante una lista de vocabulario sin dibujos y con más de veinte palabras, que se les suele presentar en 2º de ESO o en el momento de empezar a estudiar el Past Simple, es decir, sin ningún contexto, antes de que sepan comunicarse en pasado, y mucho antes de que necesiten la columna de los participios pasados. Los profesores nos amargamos al ver cómo por más que lo desmenucemos y pongamos tests, no hay manera: no se la estudian, no se la aprenden, y no saben el significado de esos verbos cuando se los encuentran en un contexto comunicativo.

Uno de los errores más frecuentes que he visto en el alumnado es estudiar la lista por columnas y no por filas, memorizando una lista de infinitivos, pasados o participios sin conectar con nada. Sí, leer o copiar algo como

be
beat
become
begin
bend
bet
bite.

Sin pasados y sin significados. Y también estudiar la lista sin saber lo que significa nada. Otro problema es la actitud de que los temas se memorizan, se sueltan en un examen y se olvidan. “¿Esto cae en el examen?”. No, queridos, esto te lo tienes que aprender para siempre. Como el abecedario, como la tabla de multiplicar. A veces parece que haya un esfuerzo deliberado por el olvido, por el descarte de información. Por último, la actitud de que los verbos irregulares son un extra, un plus para estudiantes avanzados, y que de verdad vas a poder aprender inglés sin saber cómo se dice comer, beber, salir, pasártelo bien o dormir.

Entre los errores pedagógicos veo enseñar primero pasados y solo años más tarde los participios; prefiero dar la lista entera. Utilizar el orden alfabético y no contextos comunicativos. Priorizar la lista sobre otros conocimientos, y como se ha hecho muchos años, convertirla en “llave” para aprobar un curso, que suele ser 2º de ESO.

Se podría argumentar que por qué trabajamos una lista de vocabulario sin contexto si queremos que el aprendizaje sea comunicativo. Creo que ambas tareas deben ser simultáneas. Cuando aprendes cómo se forma el pasado, ya sea con la regla o con un contexto, puedes entender cualquier verbo regular en pasado o participio, pero los irregulares no. No vas a poder crearlos ni entenderlos sin un poco de trabajo extra. Un ejemplo: el principio de la canción Someone like you:

I heard that you’re settled down
That you found a girl and you’re married now
I heard that your dreams came true
I guess she gave you things
I didn’t give to you
Supongamos a una entusiasta alumna de nivel bajito, de 3º de ESO para abajo. Se sabe la regla básica de formar el Past Simple. Entiende que toda la canción está en pasado; puede adivinar qué son heard, settled, married, didn’t give y en contraste con didn’t give, si es lista, sacará gave. Puede que se líe con found, dreams (llevan mal que la misma palabra sea nombre y verbo sin sufijos que lo aclaren) y guess (porque imaginará que el texto entero está en el mismo tiempo verbal). Y necesitará mucha práctica para entender verbos más rarillos, como see-saw-seen. Por eso pienso que hay que compaginar las dos cosas. Sí, soy de esas profesoras de inglés muy cotillas y muy pesadas que te preguntan todos los lunes qué has hecho el fin de semana. Adivinad qué: no saben contestar.
Vale, y ahora ¿cómo nos estudiamos la lista? El primer paso es no hacerlo en orden alfabético. A mí se me ocurrió cuando empecé un orden que no he visto en ningún libro pero que usamos algunos profesores: por terminaciones. Es más práctico agrupar los verbos terminados en -t, los que añaden una -n, los que cambian la vocal, etc. Esa es la lista que he dado a mis alumnos durante años. Hace poco pensé en agruparlos también por temas. En casi treinta años de estudiar inglés, no he visto nunca nada parecido. Mis alumnos y yo, porque esta actividad la puse como deberes, fuimos juntando “verbos sobre violencia” “verbos relacionados con lenguaje” “verbos sinónimos” y así. Nos salieron una docena de categorías.
Ahora, para estudiarlos, recomiendo tomar un grupo al día (los que terminan en -n; los referidos a deporte), hacerte un test para ver cuánto sabes ya, copiar la lista completa, y construir frases o textos que te ayuden a recordar. Eso es darle una vuelta completa al mes. Así hasta que te la sepas.
Mis alumnos de 4º y yo hemos creado una hoja de cálculo para facilitarte esta tarea. Casi todas las actividades están basadas en una lista de poco más de cien verbos, pensada para la ESO. Las listas “advanced” son un extra con verbos algo menos útiles. Aquí tienes la lista, para que hagas una copia para ti.
Espero que esta vez consigáis aprenderla, o conseguir que la aprendan vuestras clases.¡Suerte y ánimo!

Neil Gaiman, segunda parte: guía audiovisual.

Los protagonistas de la adaptación televisiva de Buenos Presagios (en preparación)

En el post sobre Neil Gaiman hablé de su producción escrita, que es mucha y variada. Aquí hablaré de la audiovisual, que también tiene miga. Como la vez anterior, no es una guía completa, solo lo que me parece más interesante.

Los audiolibros.

Que yo sepa, todos los libros de Gaiman (los cómics no, claro) están disponibles en inglés en forma de audiolibro. Casi siempre los lee él (hay excepciones como la edición de Coraline que lee Dawn French). Tiene una voz bonita, una dicción clara, y un acento británico suavizado por décadas de vivir en Estados Unidos. Es perfecto si estas empezando a escuchar inglés sin apoyo visual, como subtítulos. Aquí un vídeo para que te hagas una idea:

(Resumo; Neil cuenta qué tres libros le cambiaron la vida, y son las Crónicas de Narnia, Stormbringer de Michael Moorcock y el cómic de Alan Moore La Cosa del Pantano)

Yo es que soy muy fan, pero de verdad, hay cosas de Gaiman, sobre todo los cuentos, que mejoran cuando las lee. Tengo por ahí una actividad nivel A2 con The Day I Swapped My Dad For Two Goldfish que… pero bueno, sigamos.

Música.

An evening with Neil Gaiman and Amanda Palmer y A Prelude to an evening with Neil Gaiman and Amanda Palmer (2011-2012). Neil y Amanda se fueron de gira y combinaron los espectáculos de ella con las lecturas de él en un show mixto. Hay canciones de Amanda Palmer, populares e inéditas hasta el momento; colaboraciones de ambos en canciones cómicas; Gaiman leyendo cuentos, alguno inédito, y algún poema también; diálogo humorístico; interacción con el público. Es larguísimo todo, casi siete horas en total. También me parece una buena introducción a Amanda Palmer, con arreglos que me gustan más que algunos de los discos originales.

Radioteatro.

La diferencia con los audiolibros es que son versiones para la radio, resumidas, con actores para los diversos personajes. Todas son de la BBC. Son muy entretenidos pero más difíciles de entender que un audiolibro porque te tienes que hacer al acento de cada actor, y en algunos casos varían muchísimo.

Neverwhere (2013): Dramatización de la novela. El acento escocés del actor que hace del protagonista, James McAvoy, puede echar para atrás pero dentro de lo escocés es bastante accesible. También están Natalie Dormer, Sophie Okonedo, Benedict Cumberbatch… toda una superproducción. 6 episodios de unos 45 minutos (es decir casi 4 horas; el libro leído son casi 14, para que te hagas una idea de lo resumido que está).

Anansi Boys (2017). Lo tengo a medio escuchar. Es muy entretenido. Han puesto cuidado en dar papeles a actores y actrices con acentos representativos y auténticos, más o menos (africanos, caribeños),  y a veces puede ser un poco difícil de seguir si no estás acostumbrado. Después de un episodio lo pillas bien.

How the marquis got his coat back (2016): un cuento situado en el mundo de Neverwhere. El original solo está disponible en una antología de temática picaresca editada por George R. R. Martin, Rogues, y en algunas reediciones nuevas de Neverwhere.

Stardust (2016) y Good Omens (2017): No las he escuchado y los actores no son muy famosos, pero aquí os la dejo para que sepáis que existen.

Ahora las cosas que puedes ver dobladas.

Televisión.

American Gods (2017). Adaptación de la novela. El libro da pie a según lo interpretes a más humor, más terror… la serie lo coge todo por un lado más de sexo-y-violencia. Alguien lo interpretó como influencia de Juego de Tronos; a mí estas cosas siempre me parecen un intento de conseguir prestigio atrayendo público más adulto. En cualquier caso, yo aviso. Me encanta el libro, pero no pasé de un capítulo de la serie. Demasiado violenta para mí.

Cine

Por orden de edad recomendada de visionado, como siempre.

Coraline. (2009) Adaptación de cuento infantil. Una película buenísima aunque odio el final (no quiero reventártelo, pero es distinto del libro).

Mirrormask / La máscara de cristal (2005): Guión. Dirigida por el ilustrador Dave McKean. No está basada en una historia original. Tiene un aire a película de fantasía de los 80, con efectos especiales cutrecillos y mucho encanto.

Stardust (2007). Adaptación de novela infantil-juvenil. Recuerda, de nuevo, a historias del tipo de La Princesa Prometida. Cine de palomitas del mejor.

Beowulf (2007). Guión, a partir de poema épico del S XI (aprox). Se toma muchas libertades con el texto del poema y la estética, en fin, se hace rara. A mí me gustó pero no soy imparcial.

En preparación están una serie y una película. La serie se basa en Buenos Presagios y es de la BBC. Gaiman adapta su novela coescrita con Terry Pratchett y produce. Se emitirá en 2019. La película es una adaptación de su cuento How to talk to girls at parties y se estrena en primavera. El cuento es divertidísimo así que sin saber más, me parece recomendable.

Hala, ya podéis ir buscando algo para ver o escuchar, que hay mucho donde elegir.

Cómo tener un sistema escolar bilingüe que funcione

La implantación del bilingüismo en los sistemas educativos públicos españoles está muy discutida por su implantación irregular y apresurada, además de por los resultados que produce. Se ha dicho, entre otras cosas, que perjudica a la adquisición de contenidos y competencias en las materias no lingüísticas; por entendernos, que se está dedicando al inglés un tiempo y unas energías que se le quitan a las ciencias, etc., y que, al no ser los pobres niños las “esponjas” que nos imáginabamos, aprenden menos que antes.

No es mi intención criticar el bilingüismo, al menos no directamente, sino indicar de dónde surge este método de enseñanza y si podría llegar a funcionar. Veamos qué tienen los sistemas de éxito. La mayoría de las escuelas bilingües del mundo son privadas. Por ejemplo, los colegios franceses y alemanes diseminados por el mundo son una iniciativa cultural pensada, en principio, para que personas con estas lenguas maternas puedan escolarizarse en las mismas. Si no eres francés o alemán (o imagino, también austriaco, o belga), tienes que pagar tasas. Otros colegios en lengua extranjera son los que usan la lengua de la metrópolis en ex-colonias; en la India hay colegios en lengua local y colegios en inglés. Tuve una amiga escolarizada en la India con monjas irlandesas. Y luego tenemos el caso de la educación pública en zonas del mundo donde la población es bilingüe, como Cataluña. Es decir, si empezamos por las características del alumnado, lo tenemos de entrada seleccionado fuertemente motivado por el ambiente o por sus familias. ¿Podría funcionar aplicado de manera global, a alumnos sin seleccionar? Este parece el primer problema: hay que encontrar formas de motivarlos, a ellos y a sus familias. Y hay que trabajar desde la premisa de que muchos alumnos no van a tener esa motivación fuera de la escuela. El trabajo de clase, junto con los deberes, va a a ser todo lo que se haga. Por eso, si no se hace un método de inmersión desde muy pronto, desde Infantil o primero de Primaria, será importantísimo que la escuela facilite refuerzos, desde apoyo en el centro a actividades lúdicas y extraescolares.

Hay una cuestión complicada que es la selección interna del alumnado cuando un centro ya es bilingüe. Tenemos dos modelos, y grados entre ellos, desde una sola línea sí y varias no, hasta todos bilingües excepto el alumnado con dificultades, apoyo, diversificación, etc. Aquí no tengo una opinión hecha pero como soy partidaria de los cambios lentos optaría por el modelo de una sola línea para empezar y no ampliaría hasta pasada por lo menos una generación. ¿Que esto segrega? ¿Lo decimos de Apoyo, de Diversificación, de tener opciones de ciencias y letras en la enseñanza obligatoria, de religión, con la misma energía? Me resulta curiosísimo ver a defensores de la materia de religión, necesariamente optativa, criticar el bilingüismo por segregador. Y qué decir de la segregación por sexos.

Hay algo también muy importante en la actitud de los profesores: no naturalizar las clases particulares y las academias. No se puede pensar, ni desde Lengua Extranjera ni desde las materias no lingüísticas impartidas en la misma, que “el nivel” de nuestro idioma va a ser que alcanza, digamos, el 40% más avanzado de la clase, y que el 20% de peores resultados, que espabile. En esto como en todo, pero aquí es aún más apremiante porque estamos hablando de la herramienta necesaria para empezar siquiera a aprender.

Sobre ese papel de la lengua como herramienta, hay estrategias que hacen el proceso de adquisición más lento pero que evitan o reducen el riesgo de que los alumnos no aprendan matemáticas o naturales: utilizar la lengua extranjera para todo lo que no es estricta transmisión de conocimientos, usarla para dar clase un día en semana o en los repasos… hacer, en suma, una aplicación parcial y siempre para cosas que ya se trabajaron en la lengua materna del alumnado. Esto obliga a aumentar la cantidad de recursos; por ejemplo, si usamos libro de texto, o se usan dos, o se suplementa el que haya con materiales en el otro idioma. Este tipo de decisiones no le corresponden a un profesor, sino a un equipo de coordinación del bilingüismo para que no vayamos a una velocidad distinta en cada materia.

Ahora lo más jugoso: la formación y condiciones del profesorado. Lo primero es que tiene que ser voluntario, no puedes obligar dar clases bilingües, y con una formación excelente en el idioma en cuestión. “Excelente” quiere decir un C1 por lo menos.

Paréntesis explicativo: certificar supone varios problemas. Primero,  la mayoría de Escuelas Oficiales de Idiomas, que son de la mejor enseñanza de idiomas de este país, no certifican más allá de un B2 a pesar de que exigen un estándar bastante duro, pero eso es reformable. Segundo, algunos títulos que se dan por válidos son demasiado bajos.El First Certificate certifica un B2 pero es un examen fácil que no capacita para algo tan complejo como dar clase. Esto se resolvería dando por buenos solo los títulos de la EOI, que al fin y al cabo permite el examen de alumnos “libres”.

Para que entendáis porqué C1 os voy a poner algunos indicadores de la diferencia entre B2 y C1. Los he sacado de una guía oficial y traducido:

B2: Puede dar descripciones claras y detalladas de una amplia variedad de temas de su interés, expandiendo y apoyando ideas con puntos secundarios y ejemplos relevantes.
C1: Puede dar descripciones claras y detalladas acerca de temas complejos, desarrollando puntos concretos y redondeando con una conclusión apropiada.

Muchas diferencias en los descriptores oficiales se centran en ese “…sobre temas de su interés” frente a “…temas complejos”. La filosofía es un tema complejo, pero también lo es enseñar a sumar. Y los profesores actuamos ante muchos públicos diversos al cabo del día, ¿o te da igual dar clase en 1º A y en 3ºB? . Os pongo un ejemplo de estrategias de comunicación:

B2: puede corregir sus errores si se hace consciente de ellos o si han llevado a un malentendido. Puede llevar un listado de “sus errores favoritos” y repasarlos conscientemente.
C1: Puede recomponer el discurso si encuentra una dificultad y reformular lo que quiere decir sin interrumpir del todo la fluidez discursiva.
Sobra cualquier comentario, ¿verdad? Y si no tenemos suficientes profesores habilitados, se implanta el sistema más despacio. O se ponen incentivos económicos, verás como a todo el mundo le entran ganas de estudiar.
Los profesores seleccionados tendrían entonces que hacer un curso sobre la didáctica de su materia en lengua extranjera, dividido en una parte general (didáctica y metodología de la enseñanza bilingüe) y una específica (conocimiento de su materia en lengua extranjera). Ese curso debería ser de bastantes horas, y al menos en parte debe ser presencial. Después, debería haber una reducción horaria para preparar materiales y coordinarse con el equipo de bilingüismo del centro. Este equipo, dirigido por un profesor de idiomas, sería responsable de cuestiones como las modificaciones que se hagan a la programación de lengua extranjera para acomodarse a las necesidades de las otras asignaturas. Por ejemplo, supongamos que se va a trabajar la alimentación en Francés y en Naturales: hacerlo a la vez, o justo antes en Francés, y de forma coordinada.
Por último, me he dejado lo primero: qué queremos conseguir con el bilingüismo. Hablantes bilingües no, eso es otra cosa. Queremos hablantes fluidos, que alcancen una competencia razonable (digamos entre un B1 y un B2, depende del hablante), y que hayan interiorizado que los idiomas son una herramienta de comunicación que necesitamos todos y que enriquece la vida, no un lujo para los cuatro raros que van a academia. Tal vez es un poco triste que haga falta dedicar tantos recursos a que los niños y adolescentes aprendan esa lección.

 

 

Mínima introducción a la formación del profesorado.

Al principio del verano siempre hay un runrún sobre qué estamos haciendo los docentes en julio y si no sería buena idea que nos dedicáramos a hacer cursos de formación. Por eso este mes me parece un buen momento para escribir algo muy básico sobre cómo funciona la formación continua del profesorado, al menos en Andalucía. Lo escribo pensando sobre todo en futuros profesores que no hayan opositado ni nada de eso y quieran saber cómo es seguir formándose (oficialmente) una vez ya estás trabajando.

La formación continua tiene un par de alicientes externos muy claros. El primero es que da puntos para el concurso de traslados. ¿Qué es eso? Pues verás, cuando eres profesor, tu experiencia, tu formación, y todo lo que hace currículum como haber sido jefe o coordinador de cualquier cosa, se convierte en “puntos” para que el baremo se lo más objetivo posible. Desde que entras en el proceso, te ponen en orden de puntos con los demás profesores de tu especialidad, tú solicitas dónde quieres trabajar, y te pasas unos años sin un lugar fijo, obligado a echar el papel de “los destinos” todos los años. Luego te hacen fijo, probablemente muy lejos de donde quieres estar, y cuando acumules suficientes puntos pues te planteas pedir traslado a donde sea. Casi nadie empieza trabajando donde quiere porque las ciudades y su zona metropolitana están muy disputadas, y las zonas rurales no, aunque en un centro lejano a las capitales se puede trabajar muy a gusto.

El segundo estímulo externo para formarse son los sexenios. Cada seis años puedes optar a un pequeño suplemento en el sueldo que está condicionado a haber hecho cursos de formación en los seis años anteriores. Son cuatro perras, pero ahí están.

Es decir: no estamos obligados a formarnos(*) pero tenemos dos estímulos externos para ello. Ahora, ¿qué cosas hacemos?

Una de las más populares son los cursos de idiomas. Una titulación oficial tiene valor en sí misma, y en segundo lugar, puede capacitarte para dar clase en centros bilingües. Una rareza del sistema es que si eres, como yo, profesora de idiomas, los títulos oficiales de la Escuela de Idiomas de la misma lengua de la que eres profesor puntúan igual que para otras personas, porque la Administración educativa, en su sabiduría, cree que una Filología no demuestra competencia comunicativa en el idioma. Capacidad de enseñarla sí, capacidad de comunicarme yo, no. Absurdo, ¿verdad? Los profesores de idiomas, de todas formas, no solemos sacarnos el título de la EOI de nuestra lengua. Las ventajas externas no son suficientes porque examinarte de algo que ya te sabes es caro y además aburrido.

Otra opción posible pero minoritaria es estudiar otra carrera o algún tipo de posgrado, como un doctorado o un máster. Conozco muy pocos doctores que sean profesores de Secundaria y casi todos lo hacen porque empezaron el doctorado, luego se metieron a profesores y quisieron terminar lo que habían empezado. Estudiar una segunda carrera se lo he visto hacer a profesores de asignaturas a los que se ha ido quitando importancia en la escuela, para tener una segunda opción: mi tío, profesor de Latín, hizo Filosofía y cambió de especialidad. Mi profesora de Latín del instituto hizo Filología Italiana y ahora es profesora de italiano. Un profesor de magisterio que me dio un curso hizo Derecho y acabó de asesoría jurídica en inspección educativa. Siempre es gente que estudia por puro placer y luego le busca uso práctico.

Si ya entramos en la formación específica para profesores, lo principal depende de los llamados “CEPs”, que son los “Centros de Formación del Profesorado”. Son comarcales; Huelva tiene tres. Esto ofrece posibilidades en el propio centro educativo. En la formación en centros puedes solicitar que un curso te lo den en tu mismo lugar de trabajo, por las tardes. También puedes crear un “grupo de trabajo”; un profesor coordina a unos cuantos y entre todos, a lo largo de todo un curso, con la ayuda del CEP, realizan alguna tarea como por ejemplo creación de materiales educativos. Esto suele coordinarse online porque hay que rendir cuentas al CEP de que efectivamente estás trabajando en algo.

Los cursos pueden ser presenciales, semipresenciales o a distancia. La parte “semi” o a distancia casi siempre es online. Durante el curso, la parte presencial casi siempre es por la tarde y la mayoría de los cursos son de unas 20-30 horas. También hay “jornadas”; la diferencia entre un curso y una jornada es mínima, pero las jornadas o encuentros suelen ser más cortas y ser más un “vamos a reunirnos todos”, o un conjunto de sesiones muy breves, por ejemplo cuatro talleres de una hora todos en el mismo día.

Es muy excepcional que la formación sea en días lectivos y por la mañana. Si lo solicitamos con antelación, nos dan permiso, aunque depende de que alguien juzgue que es realmente formación sobre educación.

Como puede verse, de las muchas alternativas que tenemos sólo algunas tienen sentido que se realicen, si uno quiere, en julio. Estudiar idiomas, una titulación universitaria, o montar un grupo de trabajo es algo que necesita un seguimiento continuado. Yo prefiero hacer cursos en el segundo trimestre, el más tranquilo académicamente. Si alguien quiere formarse en julio, me parecería, como mucho, un buen momento para encuentros y congresos de varios días, para vernos las caras, algo que durante el curso no hacemos para no tener que faltar a clase.

(*) En contadas ocasiones sí hay una obligación de formación. Por ejemplo, hay cursos para quienes son directores de centro educativo por primera vez.

¿Qué quieren decir los niveles de idiomas A1, A2, etc.?

Oigo mucho decir “mi prima tiene el B2 de inglés” “Me estoy sacando el B1”. Estas expresiones son poco correctas, porque los A1, A2, etc. que tantos quebraderos de cabeza nos dan no son títulos o diplomas, sino niveles homologados. Eso significa que esperamos que todas las clases y todos los exámenes en todos los idiomas al nivel B2 (por ejemplo) traten más o menos acerca de lo mismo.Hablar de dificultad es espinoso, porque por ejemplo para un hispanohablante el B2 de italiano va a ser bastante más sencillo que el de ruso. Mejor que hablar de dificultad, se piensa en grado de independencia que tiene el hablante en una variedad cada vez mayor de situaciones comunicativas.

Todo esto se llama “Marco Común Europeo de Referencia para las Lenguas“, proviene de Suiza, un país de tradición políglota, fue adoptado por el Consejo de Europa, y se aplica por comodidad y mayor proyección internacional a algunos idiomas no europeos, como el chino. Su utilidad va mucho más allá de los cursos de inglés de las academias privadas. Desde que se ha generalizado, si uno solicita empleo o estudios, no tiene que recurrir a decir “Francés: nivel intermedio”, y esperamos que con el tiempo ya no sea necesario explicar y justificar tus estudios a un entrevistador que no domina el idioma como tú. Suponte que tienes un B2 en finlandés porque estuviste de Erasmus en Helsinki, y que tienes que contar qué organismo finlandés te lo concedió y cuánto finlandés sabes de verdad.

A continuación, qué significan cada uno de los seis niveles.

A1.

  • Expresiones cotidianas de uso muy frecuente.
  • Necesidades básicas.
  • El interlocutor coopera activamente: repite lo que ha dicho o a lo dice con otras palabras y a una velocidad más lenta. Nos  ayuda a formular lo que intentamos decir.
  • Es el nivel que tenemos cuando podemos ir de vacaciones a un lugar y entender lo más básico.
  • Es el nivel que cualquier persona aficionada y con soltura podría desarrollar en muy pocos meses o semanas.
  • No hay muchos títulos oficiales disponibles. Los de inglés se publicitan para niños. Nos interesa tener un título oficial solo cuando se trata de un idioma muy difícil y alejado de nuestra lengua materna, como el chino. En ruso, que sería buena idea, no hay título oficial.

A2.

  • Es el nivel al que “nos defendemos” en conversaciones elementales.
  • Puedes hacer tareas sencillas de comunicación que no sean sobre necesidades básicas.
  • Podrías tener un trabajo donde la comunicación sea fácil pero sobre todo predecible (camarero, por ejemplo), o estudiar la ESO.
  • Es el nivel mínimo que en España esperamos tener al final de la ESO, si nos hemos dedicado como es debido a la comunicación más que a la gramática.
  • Casi todos los idiomas que ofrecen titulación homologada empiezan por un nivel A2.

B1

  • Es el nivel “Intermedio”, aunque se puede quedar un poco corto. Suele ser el nivel intermedio de las Escuelas Oficiales de Idiomas.
  • Se trata del primer nivel en el que podremos tener comunicación natural no guiada.
  • Es el nivel que necesitarías para buscar trabajo, ver películas sin subtitular que no sean muy complicadas, leer libros fáciles sin adaptar.
  • Puedes comunicarte con bastante corrección en contextos familiares. Puedes tener conversaciones naturales.
  • Es el nivel que busca el Bachillerato (si trabajas equilibrando gramática y comunicación).

B2

  • Es el nivel en el que superamos el “me defiendo”.
  • Podemos hablar y escribir sobre una variedad de temas.
  • Podemos hablar de cosas abstractas y tener conversaciones sobre casi todo.
  • Es el nivel mínimo que necesitas para trabajar en una profesión que requiera comunicarte en contextos poco predecibles (por ejemplo, ser profesor, o cualquier sanitario)

C1  Certifica que te comunicas casi tan bien como un nativo.

C2 Certifica que te comunicas como un nativo “ideal”. Lo malo de estas dos últimas certificaciones es que como estamos hablando de comunicación en contextos cada vez más impredecibles y variados, un examen no facilita esa “variedad de contextos”. Son pruebas difíciles, sí, pero también porque requiren conocer un contexto cultural. Hay muchos idiomas de los que no se ofrece un examen de nivel C2 y en España las Escuelas Oficiales de Idiomas a menudo no tienen ninguna de las “C”.

¿Crees que me he olvidado del acento? Pues no. Los españoles ahí suelen tener un complejito bastante tonto. Tener “acento” no tiene nada que ver con tu nivel en un idioma, puesto que lo importante es que se nos entienda. Tal vez al viajar nos encontremos gente antipática o racista a la que le desagrade cómo hablamos pero lo importante es la corrección en su conjunto. También puedes observar la ausencia de elementos gramaticales concretos. Evidentemente, necesitas poder utilizar tiempos verbales pasados para contestar a “qué hiciste el fin de semana” (que estaría en un A2), oraciones condicionales para amenazar: “como no hagas esto no pienso hacer aquello”, que nos sitúa más cerca de los niveles B, y así. Pero no hablamos de saber gramática sino de desenvolvernos en una variedad de contextos progresivamente más impredecibles.

Ahora hablemos de qué títulos hay.  Muchos países tienen una institución que hace las veces de embajada cultural, de relaciones públicas y de promoción del idioma. En España está el Instituto Cervantes, en Alemania el Goethe, en Italia el Dante y así sucesivamente. Suelen desarrollar exámenes que se llaman “Certificado de nuestro idioma” y luego el nivel. Por ejemplo, “Goethe-Zertifikat B2”. Lo mismo ocurre en francés: “Diplôme d’Etudes en Langue Française (DELF B2)”. En portugués lo indican en el nombre: Diploma Intermédio de Português Língua Estrangeira.

Además en España tenemos las escuelas oficiales de idiomas, que son una institución pública que en zonas rurales son a menudo la única manera de estudiar una lengua extranjera (o al menos dan más variedad que el inglés). Sin entrar en la calidad de la enseñanza, que creo que es buena, los exámenes son muy duros. En Andalucía se está certificando B2 a exámenes que responden a características “C”. Por ejemplo, a mí me cayó en inglés una lectura, una columna de opinión que hacía uso de la ironía para hablar de las consecuencias a largo plazo del Thatcherismo en la sociedad inglesa. En portugués este año cayó como audición un sketch radiofónico humorístico en el que los locutores ponían voces graciosas y acentos raros difíciles de entender.

Ahora un comentario sobre los exámenes en inglés. Como es el idioma más solicitado, hay muchas formas de conseguir un título, que además están en competencia entre sí… por ser fáciles. Los que mejor conozco son los de Cambridge. Si un título de las EOI es entre “medio escalón” y un escalón entero más duro de lo que te certifican, un título de Cambridge es un escalón como mínimo más fácil de lo que dice tu diploma. Te pongo como ejemplo el First. Hace veinte años, mi First Certificate decía que era Pre-intermediate. Era un nivel sencillo, equivalente a sacarte el inglés del Bachillerato con buena nota, y nada más. Todavía me quedaba mucho por aprender. Leía novelas con mucha ayuda del diccionario y apenas empezaba a aprender a tener conversaciones informales con naturalidad. Hoy, un First es igual de fácil que entonces y certifica B2, es decir, nivel “post intermedio”. Eso sencillamente no se sostiene si se compara con la documentación oficial sobre qué tienes que saber hacer cuando tienes un B2.

Además en inglés hay algunos exámenes multinivel, el TOEFL americano y el IELTS  británico, que certifican un nivel cuando te lo piden para un propósito concreto, por ejemplo un trabajo o que te den una beca. El TOEFL es tipo test. Ambos caducan a los dos años, así que nadie se los saca “por si acaso”.

Y ¿qué título te interesa sacarte? Pues depende de tus objetivos. Si por motivos laborales o académicos necesitas una certificación YA, vete al examen más fácil que encuentres, que nunca va a ser el de las EOI. Si quieres aprender un idioma, no te preocupes demasiado por las letritas, y sácate los títulos cuando estés preparado.