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Tesis doctorales, salidas profesionales, y las raciones del McDonald’s.

Los que ya lo hemos intentado, con más o menos éxito, se lo hemos dicho mil veces a los que quieren probar su suerte. Primero, que no empieces una tesis doctoral. Segundo, que no intentes ser profesor universitario. Leed el post que os enlazo, es buenísimo sobre la situación española. Ahora me voy a dirigir a la gente que está terminando una carrera y no tiene muy claro qué quiere hacer el curso que viene.

Terminé la carrera en pleno boom económico, y las cosas han cambiado bastante, pero conocí entonces y también después a bastante gente que quería empezar una tesis sólo porque no sabía qué hacer con su vida, o porque les gustaba mucho estudiar. Esto luego me ha recordado a los alumnos que después de la ESO empiezan Bachillerato por inercia, porque no tienen claro qué quieren estudiar ahora, o porque no se ven cogiéndose una FP o empezando a trabajar a sus tiernas edades, independientemente de las salidas profesionales. El estudiante de último curso de universidad que se plantea el doctorado, desgraciadamente, a veces tiene los mismos conocimientos sobre el mundo laboral que ese adolescente que empieza Bachillerato por hacer algo.

En fin, la cosa es que nuestro casi-graduado quiere seguir estudiando. Lo hace bien, le encanta y se lo puede permitir. Estas son sus opciones: un máster, una formación profesional de grado superior, la tesis, y otro grado.

Ventaja de los másters: tienes un título en uno o dos años, pueden ser útiles para buscar trabajo dependiendo de qué máster hagas, y vas a tenr que hacer una tesis de máster, que te permitirá saber si escribir textos de investigación largos es lo tuyo, o no. Inconvenientes de un máster: son específicos y muy caros. Así que hacer uno depende, sobre todo, de qué temas te interesan.

La formación profesional te la puedes tomar como una especialización. Por ejemplo, no me escandalizaría que un biólogo hiciera Industria Alimentaria: en año y medio estás haiendo prácticas en un control de calidad. O que alguien que haya terminado cualquier carrera de Humanidades con intención de ser docente haga Integración Social para ver qué tal lleva el contacto directo con (por ejemplo) alumnado en riesgo de exclusión social. Es una formación tan específica como un máster, incluye formación laboral, y es lo más barato que puedes hacer. El inconveniente es que por mucho que eches pestes de Bolonia, la asistencia obligatoria y todas esas cosas que ocurren ahora en la universidad,  sigues teniendo más libertad que a los quince años y seguro que te cuesta readaptarte a la disciplina cuasi-escolar del instituto. Un horario muy estricto de entrada y salida, control de asistencia, tener que cumplir normas pensadas para niños de doce años… No hay adulto que lo aguante.

Ahora, qué pasa con la tesis. Pero primero, hablemos de McDonalds. La guarnición estrella del McDonald’s son las patatas fritas, que se sirven en tres tamaños. El más grande equivale a casi, casi, dos pequeñas: son 70, 100, y 150 gramos. Qué tontería, ¿no? ¿por qué lo hacen así? Pues hacen esto, en vez de tener dos tamaños o solo uno y te pides más, porque la gente es muy reacia a pedirse dos bolsas de papas. No quieren sentirse glotones o exagerados. No es por el dinero. Esto está explicado en el excelente libro Fast Food Nation de Eric Schlosser; por un determinado sesgo cognitivo cuyo nombre desconozco, estamos más dispuestos a ampliar algo que ya tenemos (en este caso la ración de patatas) que a repetirlo o cambiar. Algunos trabajadores de alto nivel de McDonalds lo estudiaron hasta el aburrimiento porque el fundador de la empresa se negaba a hacerles caso y servir raciones de varios tamaños.

Te preguntarás qué tiene que ver esto con tus estudios. Muy fácil: el estudiante un poco confuso e indeciso en su último año considera la tesis una pequeña extensión de su asignatura favorita de la carrera. Algo así como repetir el placer de cursarla unos pocos años seguidos. Y no, no funciona así. Vas a tener que aprender cosas que no sabes ni que existen. Vas a tener que llegar a un grado de profundización que ni te imaginas. Te va a costar mucho más caro. Vas a pasar mucho, muchísimo tiempo solo y muy poco en el aula. Y sobre todo: la inversión en tiempo va a ser como mínimo igual, pero probablemente mayor, que la de estudiar un segundo grado. Por otra parte, desde el punto de vista metodológico, lo único que has hecho que te ha preparado para la tesis es el trabajo de fin de carrera. Si no crees que es lo más fascinante, entretenido, y adecuado a tus capacidades que has hecho en toda la carrera, olvídate. No valen los “es que el tema no lo escogí yo” ni ninguna otra excusa similar.

Si lo que quieres es seguir aprendiendo cosas nuevas en un ambiente universitario, mi recomendación es que estudies otro grado. Es posible que te convaliden asignaturas ya cursadas y ese compromiso de cuatro años se reduzca mucho.

Suerte.

 

Los agradecimientos de la #tesiszombie

El germen de esta tesis está en la lectura infantil de obras que en ediciones resumidas o íntegras han estado en casa de mis padres desde que tengo memoria. Sólo por eso el primer agradecimiento es para mis padres. De mi madre ha sido, además, documentación médica.

Una parte fundamental de la documentación la obtuve en la Universidad de Cornell. Allí también tuve la generosa ayuda del profesor James Eli Adams, que me animó con lo más difícil, que es empezar. Mi introducción a la psicología vino del profesor Daryl Bem, que hizo atrayente un campo completamente nuevo para mí y me recomendó algunas lecturas. En Sevilla, el profesor Rafael Portillo hizo recomendaciones sobre la relación entre la novela victoriana y el teatro, y la importancia del melodrama.

Dice Umberto Eco en Cómo se hace una tesis que al director de una tesis no hay que nombrarlo en los agradecimientos porque sólo hace su trabajo, y se le presupone. Así que aquí sólo agradeceré a María Ángeles Toda Iglesia su paciencia y amabilidad. Puedo decir lo mismo de Ana Luisa Martín Bejarano. Las dos hacen mucho más de lo que se supone que es su obligación.

El profesor Carlos Portillo Fernández me prestó un libro con todas las ilustraciones originales de las novelas de Charles Dickens. Tras su muerte, tan lamentada, su hermano José Ramón quiso que lo conservara yo. Esas ilustraciones, aun quedando fuera del ámbito de estudio de esta tesis, han sido una inspiración que ha facilitado el análisis de los personajes.

Enrique Salom Marco sugirió cómo mejorar algunos aspectos de la bibliografía y a organizar fases finales del trabajo. Fernando de Sagarra me aclaró dónde buscar algunas comparaciones con la novela francesa. María García-Puente Sánchez localizó para mí documentación médica y me enseñó a usar PubMed. María García, César González-Pérez, María Jesús del Río y Ana Sáez dieron opiniones que mejoraron el Anexo. César también ayudó con los gráficos y me animó a escribir y compartir reflexiones personales que, si bien quedan fuera de esta tesis, me decidieron a terminarla.

La lista de amigos que han dado apoyo moral es demasiado larga para citarla entera. Sin sus preguntas esto no habría llegado a ninguna parte, especialmente “¿por qué estás haciendo una tesis? ¿para qué es?”. Gracias por ayudarme a matar la #TesisZombie.

Toni ha hecho más de lo que se podría esperar de nadie.

Esta tesis no se podría haber escrito sin las Suites para Cello de Johann Sebastian Bach en la interpretación de Yo-Yo Ma. Thank you, Mr. Ma.

Todo lo que siempre quisiste saber sobre la tesis y nunca te contestaron a tu gusto.

phd how long-Te presento a Beth, una estudiante de doctorado de Antropología. -Hola, ¿qué tal llevas la tesis? -¿Pero tú de qué vas? -(no me lo creo….) – ¿No sabes que es de mala educación preguntar eso a un estudiante de doctorado? -P-perdón, ¿cuándo vas a terminar? -Uau, ¿por qué no le preguntas su peso o su edad ya que estás en ello?

Alguien cercano a ti (tu sobrina, tu hija, un compañero que iba un curso por delante en la Universidad) está haciendo un doctorado, una tesis, una tesina, un posgrado…. como se llame, la cosa es que terminó la carrera y sigue estudiando. Y no sabes ni qué hace, ni por qué. No sufras más, que aquí te lo explicamos.

Quién puede hacer el doctorado: quien tenga una licenciatura, o un grado.

En qué se parece y se diferencia a un Master: los masters son títulos similares a una especialización, duran uno o dos años,  y tienen salidas normalmente profesionales. Su creación es bastante flexible. En un Master normalmente tienes que hacer algún tipo de trabajo de investigación breve al final, pero el sentido de un master no es solamente aprender a investigar. Un Master en traducción puede enseñar a traducir a un filólogo; un Master en cerebro y conducta enseña práctica clínica a psicólogos. Es discutible si el contenido de los Másters debería formar parte de los títulos de grado.

Un master se parece al primer o dos primeros años de doctorado, y aquí se acaba el parecido. El trabajo de fin de máster es mucho más corto que la tesis (producto final del doctorado). En el doctorado aprendes a investigar y la salida profesional es la investigación.

Esto nos lleva a….

Para qué sirve el doctorado (o la tesis). Un doctorado es un proceso largo y las razones que llevaron a empezarlo no son necesariamente las que se tienen al terminar. Yo empecé mi doctorado en los felices tiempos de la burbuja, así que tengo una perspectiva con y sin crisis económica. Por eso los motivos que expongo son tan variados.

Razones para empezar:  No hay trabajo de lo que he estudiado en la carrera, me voy a meter en el doctorado (esto lo hacía la gente antes de que hubiera tanta oferta de Másters). Tengo curiosidad por algo estudiado brevemente en la carrera y quiero profundizar en ello. Quiero ser investigador y la universidad es un buen lugar para empezar.  Quiero ser profesor universitario; el doctorado es un requisito importante para llegar a serlo.

Razones para terminar: además de las anteriores: quiero ver esto terminado, tanto si es útil como si no. Quiero acabarla. Puede darme algún tipo de ventaja profesional. Cuando la termine, puede que sea un libro publicable.

“Eso para qué sirve” significa dos cosas: en que me beneficia a mí terminar y en qué beneficia a los demás. Una tesis sobre el efecto de un alimento en una enfermedad está claro que puede contribuir, a muy largo plazo, a curar esa enfermedad. Una tesis de cualquier rama de las ciencias sociales sobre el comportamiento de las pandillas de niños que juegan en la calle en Córdoba puede contribuir a que mejore el urbanismo, la educación,  o los servicios sociales orientados a los niños. Y contribuyes a las investigaciones de los demás: en la bibliografía de mi tesis hay dos tesis sin publicar, que encontré buscando información por internet.

¿Te pagan por hacer el doctorado?: No. El doctorado son unos estudios, y a nadie le pagan por estudiar. Puede que tengas una beca, o que estés contratado para dar clases en la universidad donde estás estudiando, pero eso no es que te “paguen por estudiar”.

¿Qué estás haciendo exactamente? ¿qué es una tesis? Los estudios de doctorado se dividen en dos partes: primero vas a clase y haces unos trabajos de investigación cortos, los presentas, te ponen un “sellito de calidad” que para algunos trámites es equivalente a un master, y entonces lo que hacemos es investigar para crear algo así como un libro. Un doctorado en Derecho estudia, compara y comenta leyes; un doctorado en Filología como el mío analiza y comenta novelas; en una ciencia experimental puede que trabajes en un laboratorio. Hay investigación científica y no científica. El resultado final es como un libro, un ensayo largo, del que nos hacen un examen oral.

phd comics mom¡Voy a defender mi tesis, mamá! -¡bien! ¿eso qué significa? -Significa que casi he terminado, pero que hay una posibilidad de que me suspendan y que tenga que seguir, o abandonar. – Así que no debería alegrarme mucho. – Que te alegraras un poco estaría bien.

¿Cuándo vas a terminarla? Nunca preguntes esto a un estudiante de doctorado, porque se lo han preguntado mil veces, y no sabe contestar. Lo que hacemos es creativo. No es sólo que nos sentemos a escribir y punto; a veces volvemos atrás, repetimos cosas, nos damos cuenta de que nos hemos equivocado. Es duro, también, porque sólo nosotros ponemos la medida de lo bien que lo estamos haciendo. Escribir cualquier cosa mínimamente creativa ( y hay algo de creativo en todo esto, sí, en ciencias también) y además larga es algo que sólo termina cuando además de estar completo, no crees que puedas mejorarlo más.  Pero vamos: para que tengas una medida, es imposible terminar en menos de 4 años. Imposible del todo. Y 4 años no es “ir a curso por año” como en la licenciatura o el grado: es ser brillante, dedicado, muy trabajador y con suerte, y sin tener que simultanearlo con nada más. No empieces a preocuparte hasta que lleve diez años por lo menos.

Has dicho que se parece a un libro. ¿Luego se publica y se vende en las librerías? Una tesis suele ser el primer trabajo de investigación serio que escribimos. Para que se publique, tendría que ser de mucha calidad, y de interés para las editoriales que publican ensayo y divulgación. ¿Y luego se va a poder vender? Bueno, ¿en las librerías ves muchos libros de divulgación y ensayo? ¿tú compras muchos?

Recuerda que un doctorando es una persona más bien estresada, que o anda fatal de dinero o trabaja en otra cosa a la vez (o ambas). No tiene una medida real de lo bueno que es su trabajo y todas las preguntas le pueden sonar a reproche. Mi última pregunta es la mejor que puedes hacer al doctorando de tu vida para mostrar tu interés en su trabajo.

¿Quieres que te traiga un café? Sí, por favor.

phd blood sweat and tearsSangre. Sudor. Lágrimas. Café.

Todas las tiras cómicas están sacadas de phdcomics.com

Gracias por la inspiración y las respuestas a @rositafraguel, @darksapiens, @zifra, @hablaqueescucho, @phobophille, @verdewek, @ptraciogg, @indvbio, y @laletraB

Propósitos de año nuevo: revisión.

El año pasado hice aquí una lista de propósitos, que sin pretenderlo cumplía algunas de las condiciones que deben tener este tipo de buenas intenciones. Simplificando: deberían ser pocas, concretas, y medibles. Mejor que “apuntarme al gimnasio” es “ir al gimnasio dos veces a la semana”.

Veamos lo que conseguí y lo que no.

  1. Mantener la tasa de aprobados: lo conseguí, aunque lo tenía fácil al tener apenas 70 alumnos en vez de los habituales 100-120. Y con tres grupos de 2º ciclo, donde los resultados suelen ser mejores que en el 1º.
  2. Conseguir cien libros más para la biblioteca escolar: lo conseguí con ayuda. Solo no puedes, con amigos sí.
  3. Terminar la tesis doctoral: Pues no, no ha podido ser, pero casi. Me falta un capítulo, revisar, y concluir.
  4. Evitar los problemas de salud que está en mi mano evitar: psché. Podría ser peor.
  5. Seguir haciendo ejercicio: también psché. Hago un poco más de la mitad de lo previsto.
  6. Vaciar el cesto de la costura: JAJAJAJA. No. Apenas lo he tocado.
  7. Leer más de lo que compro (o me regalan). Pues tampoco. Redondeando lo leído (y en diez días que le quedan al año, puedo hacerlo), serían treinta leídos del montón acumulado y cincuenta nuevos. Echadle la culpa al Algarve Book Cellar: los libros de segunda mano son mi perdición.
  8. Leer más variado: esto sí. Estilos variados (mucho ensayo que no tenía que ver con la tesis, también), y autores también. Sin contar antologías, he leído a casi 20 autores desconocidos para mí, y apenas he repetido autores.
  9. Escribir semanalmente en los 3 blogs que mantenía en ese momento. No lo he hecho por dos motivos: por una parte, la biblioteca escolar no genera tanta información ni tanto tráfico, y una media de 2 posts al mes (o 15 al año) es más que suficiente. Lo importante es que si hay información, se incluya ahí. Respecto al blog de cocina, mantenerlo ahora mismo es una tarea demasiado ambiciosa considerando el tiempo que consume la tesis. En este blog llevo casi 70 entradas, superando ampliamente la media de una semanal.

Es decir: tres cumplidos, cinco que no se han cumplido pero me he acercado o al menos lo he intentado, uno que no, ni de lejos.

Este año no quiero ser demasiado ambiciosa. No quiero mezclar propósitos con deseos, y en realidad, mantengo casi todo lo que dije el año pasado. Este año quiero conseguir lo mismo, y un par de cosas más:

Una, dejar de tirarme del pelo. Me tiro del pelo como quien se muerde las uñas, sobre todo cuando estoy estresada.
Dos, pasar menos tiempo en internet. Que deje de ser mi principal distracción / forma de ocio. Este no es un propósito bien formulado porque debería ser medible, pero bueno. Así se queda, al menos de momento.

Hay un par de cosas más, pero son más deseos que intenciones, así que se quedan fuera. A ver qué tal sale todo.

Consejos para doctorandos presentes y futuros.

Mi primer consejo sobre tesis doctorales siempre es “no la hagas”. Pero en catorce años de investigación se aprende mucho, y no sólo sobre el tema que pretendías, así que aquí tienes, no muy organizadas, algunas ideas para escarmentar en cabeza ajena.

El tiempo. Me dijeron muy pronto: “de 4 a 10 años. Cuatro no te los quita nadie”. Yo escribo 1000 palabras en un día bueno. Una tesis ronda las 100.000 y la vas a revisar, así que necesitas al menos 200 días muy inspirados. He leído más de 200 libros y debería leer otros 50. En leer o repasar un libro tardo entre dos días y una semana. Digamos mil días por redondear. Vas a emplear al menos una semana al año en pelearte con la burocracia, un mes si tienes una beca. Súmalo: estamos hablando de 5 años de trabajo a tiempo completo, sin contar vacaciones, sin un dolor de cabeza.

El dinero. Lo vas a necesitar. Si no tienes un expediente brillante del que salga una beca de investigación grande y hermosa, son cinco años como mínimo de trabajar por amor al arte. Las matrículas son caras. Una tesis de Humanidades o de ciencias sociales no sirve para nada en el mercado laboral, por lo menos en el español.

Si quieres hacer una tesis por motivos profesionales, necesitas un plan B. Si quieres empezar la tesis porque no sabes en qué trabajar o porque no hay trabajo, empieza otros estudios más prácticos. Repetimos: las matrículas son relativamente baratas. Ser estudiante de doctorado es muy caro en el sentido de que no es rentable.

La organización. Apunta cada fuente que consultes, tanto si es útil como si no. Apunta dónde estaba el libro (en qué biblioteca, quién te lo prestó) y si te va  hacer más falta. Se pierde mucho tiempo volviendo sobre material que ya no necesitas.

Para hacerme listas de tareas, uso Trello.com.

Cuando estés completando cosas que están a medias, se puede intentar llenar un cuadrante decidiendo qué necesitas y buscando qué tienes, o hacer las cosas bien, poner en el cuadrante lo que hay, y ver si hay huecos.

Si tu director de tesis te dice que reduzcas y concretes el tema, hazlo. Si te dice que te documentes más, hazlo. De otras cosas lo puedes convencer, pero si te dice esas dos, siempre tiene razón.

La gente. Trabajar en una tesis es cansado y desmotivador entre otras cosas porque casi nadie entiende qué haces ni por qué. Busca con quién desahogarte. A mí esto me vino bien en las oposiciones: no es que aprendiera gran cosa en la academia, lo bueno era el café de antes y la cerveza de después con la compañera. Las redes sociales vienen bien, aunque no hay nada como el contacto humano.

Las lecturas. La lectura selectiva, de trozos, capítulos o fragmentos, es una de las habilidades más importantes del doctorando. Tienes que aprender a determinar si un libro es de tema irrelevante, de enfoque irrelevante, útil pero anticuado, útil, importante o imprescindible. Y tienes que aprender a leer sólo los trozos que son significativos para tu investigación. Apunta este tipo de datos de cada libro que te leas: evita empezar a leer varias veces el mismo libro por no haber apuntado que no te hacía falta. Créeme, pasa.

Para saber de qué pie cojea un autor, si ya estás familiarizado con las corrientes críticas, los libros fundamentales, etc. lee la bibliografía de cualquier cosa que haya escrito. Es lo más rápido.  Observa si cita a la misma gente que tú. Naturalmente, con los libros hay resúmenes en la contraportada, reseñas en publicaciones especializadas, y con casi todo (libro o artículo) hay abstracts, pero el método de dar un vistazo rápido a la bibliografía también te puede servir, entre otras cosas, para saber si una obra es “más de lo mismo”.

Entérate de si hay bibliografías críticas de tu campo. Comentan los principales estudios y ahorran mucho trabajo.  Sobre cuáles son los libros más importantes:  si ves que dos libros distintos citan a un tercero, necesitas ese tercero.

 

Continuará.

De tesis y zombies.

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Obras completas de Dickens. Cada pestaña de color marca un acto de violencia doméstica o de género. 

Hace muchos años que doy el mismo consejo. Lo mejor que puedes hacer con una tesis es no empezarla. La tesis es como los gatos, no es tuya, eres tú de ella. La tesis es como las drogas duras, los que se enganchan son los pringaos, tú puedes, tú controlas, tú vas a ser ESE doctorando único y especial que va a tener los subidones de poderío intelectual y nunca las resacas, las bajonas y las crisis.

Ya.

Claro.

Y el caso es que yo estoy intentando terminar la mía, si se deja. Veremos.

Nunca se sabe por dónde empezar. Un comienzo puede ser que empecé Filología Inglesa, una carrera que conduce de forma clara a la docencia, sin querer tener nada que ver con adolescentes, así que una de las opciones que quedaban era la universidad. La carrera me gustaba mucho, yo tenía un expediente muy bueno, y oye, tal como estaban las cosas en 199x parecía que la ruta era fácil y empezaba por ahí, por el doctorado.

En aquel momento la carrera tenía cinco años. El cuarto, me fui de Erasmus y pasaron dos cosas. Una, que la nota media me bajó del 9.5 al 8.5. Dos, que muchos de mis nuevos amigos me preguntaban: “¿cuál va a ser el tema de tu tesis?” Yo en aquel momento no tenía ni idea, pero me quedé un poco mosca. Y en el verano entre cuarto y quinto, me decidí. Sabía que quería hacer algo panorámico más que monográfico, no por ambición sino porque mi capacidad de atención y de análisis tiende más a buscar paralelismos y patrones entre objetos dispares y campos amplios, que a la disección precisa de cuestiones pequeñas y sutiles. Sabía que quería trabajar con narrativa, porque la poesía me parecía demasiado subjetiva y personal, y no confiaba en mi capacidad para analizar teatro, siempre cambiante, siempre dependiente de la ejecución. Sabía que no quería estudiar nada que me gustase muchísimo porque no quería arriesgarme a cogerle manía. Y sabía mucho más de lo que deseaba saber sobre violencia de género. Así que cuando mi madre me dijo “¡haz un estudio sobre violencia de género en Shakespeare!”, en mi cabeza triangularon dos lecturas de infancia y una reciente, y la respuesta fue: “sí, violencia de género en Dickens“.

Empecé a trabajar en ello en 5º de carrera. Conseguí una beca que me vino bien porque tenía que justificar algún tipo de trabajo, y lo que hice fue elaborar una base de datos a partir de las novelas. Es decir: cada vez que un personaje insultaba o pegaba a otro, a la base de datos que iba. En 5º no trabajé mucho en ello, tenía que estudiar, pero adelanté algo y me compré los materiales básicos de la tesis: los libros. Dickens escribió 14 novelas y montones de cuentos.

Estas fueron las circunstancias al principio. Teníamos el siglo recién estrenado, y la vida era bella. Veamos algunas circunstancias posteriores algo más deprisa.

1º curso: Hay que empezar por estudiar los cursos de doctorado. Entonces no había trabajo de fin de carrera para casi nadie. Pasé de los trabajos de unas 3000 palabras de la carrera a hacerlos de unas 5000. Me leí las 14 novelas, apuntando en la base de datos cada acto de maltrato. Tardé año y medio, más o menos.

2º curso: Me fui con una beca a una universidad americana, donde cursé dos asignaturas, una porque necesitaba completar créditos y otra porque quería cogerme algo que tuviera que ver con psicología, que necesitaba para la tesis. La asignatura fue absolutamente inútil para la tesis, pero aprendí muchísimo, así que me alegro de haberla cogido. Escogí tema para la “tesina” (algo así como una tesis de Máster que hay que hacer antes de la tesis de verdad), comparando a dos parejas en las que hay violenta sacadas de una novela de juventud y otra de madurez. Y aproveché que estaba en una universidad fabulosa para leer, leer y leer todos los libros que remotamente tuvieran algo que ver con mi tema de investigación. Cada vez que encontraba un dato útil, lo copiaba. Empecé algunos borradores de lo que luego han sido capítulos de la tesis.

3º curso: Cursar los últimos créditos que me faltaban en clases, pedir y no conseguir becas (¿recuerdas ese año Erasmus? la bajada de las notas supuso que no pudiera conseguir becas de investigación, tuve mucha suerte con la beca americana), buscar trabajo, y escribir la tesina. En esto último tardé un poco más de un curso, cosa de cuatro o cinco trimestres. Sobre el trabajo, malviví dando clases particulares.

4º curso:  la primera mitad, terminando la tesina. Fue una suerte tener tanta información recopilada en Estados Unidos porque la biblioteca de mi universidad se quedaba corta para mis necesidades. Con la tesina acabada, en teoría debía continuar con la tesis, pero estaba cansada y desanimada, porque en este tiempo habían cambiado bastantes cosas. La principal, que era muy obvio que los cambios en la Universidad y mis circunstancias personales hacían imposible la ruta profesional que era la principal razón por la que empecé todo esto. En realidad estaba claro desde bastante antes: profesionalmente, no necesitaba una tesis. Al contrario, era un obstáculo que me tenía apartada del mercado laboral.

Y aquí vino un parón absoluto de tres años. Uno para preparar las oposiciones, otro para empezar en el trabajo, y otro porque después de dos años de parón, estaba muy desentrenada. Allá que se fueron el quinto, sexto y séptimo año. El siguiente hice algo,  el siguiente casi nada. Y llevo dos años intentando terminar. Trabajar en otra cosa y hacer una tesis a la vez es agotador y desmotiva. Alarga la jornada laboral hasta el infinito. ¿por qué sigo? Porque me da pena dejarla sin terminar, porque sé lo que quiero decir y sólo tengo que escribirlo, y porque sé que si fuera un libro escrito por otra, me encantaría leerlo. Supongo que si volviera a 200X haría las cosas de otra manera, pero aquí, la única salida es terminar.

De aquí te puedo dar un par de consejos. No sé si hace diez años los habría seguido, pero allá van. Los tienes en esta entrada.

 

Dickens: un mapa para entrar en el bosque.

lizzie hexamIlustración original de Our Mutual Friend por Marcus Stone. Los Hexam pescan restos en el Támesis.

Charles Dickens es un autor incomprendido. Fue muy popular en su tiempo, más adelante criticado por ser demasiado sentimental y simplista en su visión de problemas sociales, y más adelante recuperado sobre todo como autor infantil. Casi todo el mundo lo conoce como “el autor de Oliver Twist” y de ahí se generaliza a “libros juveniles, protagonistas niños, problemas sociales, finales felices”. Bueno…. ahí aciertas más o menos la mitad.

En este novelista tan prolífico (catorce novelas, media docena de novelas cortas o cuentos, una vida entera de periodismo) se entrecruzan varias tendencias: el humor con tintes grotescos, el melodrama, y la preocupación por la reforma social. Dickens aprendió a escribir novelas desde el periodismo, y según mejora la calidad de la estructura de sus novelas, se aprecia cómo se va volviendo más pesimista y más interesado en cuestiones globales que en las aventuras de personajes individuales. Por eso, hacia el final de su obra no todos los finales son positivos (alguna novela de juventud tampoco termina bien).

Es muy importante también que todas sus novelas se publicaron por entregas. Una novela se publicaba normalmente en 20 entregas mensuales, es decir, cosa de año y medio. Y Dickens al principio escribía sobre la marcha, sin saber dónde iba a llegar, por lo que controlaba muy bien la estructura de cada entrega pero no tanto la de la novela completa. Como un guionista actual de series.

Con tantas novelas donde elegir, ¿por dónde empezar? Las voy a separar en los clásicos imprescindibles, las joyas poco conocidas y las que mejor que continúen en el olvido de las obras menores. Los números indican orden y año de publicación.

 Los clásicos:

Oliver Twist. (2; 1839) La que todo el mundo conoce, y quizá por eso malentendida como la más representativa. ¿Niño protagonista? El primero de dos… en una carrera con catorce novelas. ¿Ambientes marginales? La única novela que muestra el mundo de la delincuencia. ¿Fábricas, el efecto de la revolución industrial? Una de tres novelas en las que se habla, más o menos y tampoco mucho, de industrialización. Oliver Twist empieza satírica, irónica, escrita por un Dickens cercano al periodismo. Y según fue escribiendo, cambió hacia el modo que lo hizo más popular: sentimental y melodramático. Parecen dos novelas en una. Hay que leerla aunque sólo sea para darte cuenta de que no es un libro para niños.

Cuento de Navidad (A Christmas Carol, 1843) no me gusta mucho, quizá por haber leído/visto/escuchado demasiadas veces. Eso sí, es el único de los cuentos de navidad que merece la pena. Hay cuatro más.

David Copperfield (8, 1850). Probablemente la mejor. Empieza como alguna de las novelas de juventud, como la biografía de un muchacho desde que nace o se queda huérfano, pero se diferencia de ellas en que el sentimentalismo está más controlado, el autor sabe desde el primer momento a dónde nos quiere llevar, y los argumentos secundarios no se van por las ramas. Tiene algunos de los personajes mejor descritos de toda la carrera del autor, particularmente Mr Murdstone, el malvado padrastro del protagonista.

Casa Desolada (Bleak House, 9, 1853). Aunque tenga su mérito, no es de mis favoritas. Desde el punto de vista formal, un experimento: alternan un narrador impersonal que escribe en presente en vez de en pasado, con una narradora en primera persona, que es más un personaje secundario testigo de lo que ocurre que una protagonista. El argumento: cómo un pleito que se eterniza destruye una familia. Muy pesimista, y con un catálogo de secundarios que no se acaba nunca.

Tiempos Difíciles (Hard Times, 10, 1854). Una de las más cortas y quizá por eso muy buena para empezar. Es la única que habla algo, y no mucho, de la revolución industrial, pero es apenas una excusa para criticar el pensamiento de la época y no el sistema económico. El problema para Dickens no era la industria o el capitalismo, sino el énfasis en lo utilitario y no en, digamos “valores humanos”. Es significativo que vemos por dentro con más detenimiento una escuela que una fábria (las otras novelas que hablan de educación son Nicholas Nickleby, Dombey e Hijo, David Copperfield, Grandes Esperanzas y Our Mutual Friend)

La Pequeña Dorrit (11, 1857) tiene cierta relación con Casa Desolada porque es otra historia con gente que está esperando, esperando, sin hacer nada. Amy Dorrit, la “pequeña” del título, no es la protagonista: el libro a punto estuvo de llamarse “Nobody’s Fault” (No es culpa de nadie). Tanto Amy Dorrit como el protagonista, Clennam, son de un pasivo que dan ganas de zarandearlos, ambos dañados por unas familias desastrosas.

Historia de dos ciudades (A Tale of Two Cities, 12, 1859) Las dos ciudades son Londres y París, y la mayor parte de la acción sucede durante la fase llamada “El Terror” de la Revolución Francesa. Aquí se ve un rasgo muy dickensiano, la desconfianza ante las revoluciones y cierta francofobia. El Antiguo Régimen es una pesadilla dirigida por sádicos, y la revolución…. también. En cualquier caso, es una lectura amena y una de las novelas más cortas.

Grandes Esperanzas (Great Expectations, 13, 1861). En la Universidad, por una cuestión de tiempo, suelen mandar una de las tres novelas un poco más cortas, y a mí me tocó ésta. Me encantó y no me canso de releerla. Las “esperanzas” del título son las de Pip: un aprendiz de herrero con un misterioso benefactor que lo manda a Londres a vivir como un caballero. Pip está convencido de que su mecenas es Miss Havisham, la tutora legal de Estella, de quien él está enamorado desde niño. Al nivel de David Copperfield en “jovencito espabila a bofetones de realidad”, pero ésta es bastante más amarga.

 Los que merece la pena explorar:

 Los papeles del Club Pickwick. (The Pickwick Papers, 1, 1837) A mí no me gusta mucho, pero tiene sus fans. Me recuerda a algo que tampoco es mi género favorito: las novelas inglesas del siglo anterior. No tiene un argumento propiamente dicho: Mr Pickwick, un amable caballero, funda un “club” informal con sus amigos para salir de excursión y se mete contra su voluntad en toda clase de absurdas aventuras. Quizá si recordamos que se trata de un serial y que no se pensó como una novela se puede apreciar su falta de estructura global.

Dombey e Hijo (Dombey and Son, 7, 1848). Es de mis favoritas. Tengo debilidad por ella. Si se divide la obra de Dickens en dos mitades, juventud y madurez, ésta es la novela de la transición. Es la primera vez que el autor empezó a escribir con una idea aproximada del conjunto del argumento y sabiendo cómo quería terminar, porque hasta ahora el serial era entero improvisado. Esta es la historia de un empresario cuya mayor ilusión es tener un hijo para que el “Dombey e Hijo” de la empresa familiar vuelva a ser realidad. Y lo tiene, pero es un niño débil y enfermizo. Mientras tanto, su hija mayor, Florence, crece sin que nadie le haga mucho caso. Una novela con personajes que tienen todas las necesidades básicas cubiertas, excepto el amor, con los resultados que te puedes imaginar. Y la primera obra que se sepa con la estructura tan típica en Hollywood de las películas de millonarios sin vida familiar que pierden todo para darse cuenta de qué es lo importante.

Nuestro común amigo (Our Mutual Friend, 14, 1865) No tengo ni idea de por qué no es tan famosa como el resto de obras de madurez. Bastante descargada de melodrama y con menos sentimentalismo que la mayoría, la parte “social” y “realista” se centra en las cloacas de la revolución industrial, literalmente: el submundo de quienes viven de pescar restos en el Támesis, y el destino de una herencia en la que la parte principal son…. montones de basura, quizá estiércol o cenizas. El argumento es lo de menos: es para dejarse llevar por sus personajes, unos realistas, otros grotescos, y sus andanzas.

Obras menores, evítalas, hazme caso:

 Nicholas Nickleby (3, 1839). Déjala pasar sin remordimientos. Nicholas, un muchacho joven, bueno pero impulsivo, se queda huérfano. Él y su hermana Kate tienen que trabajar para vivir y tienen una serie de aventuras nada conectadas entre sí; si esto de ir pasando de trabajo en trabajo y la estructura episódica te suena a novela picaresca española, acertaste, pero el tono no es tan cómico y hay un fuerte mensaje moral.

Almacén de Antigüedades (The Old Curiosity Shop, 4, 1841) Abrir a lo bestia el grifo del sentimentalismo puso a Dickens en la cima de la popularidad. Veamos: Nell y su abuelo tienen una tienda, la que da nombre al libro. Por razones largas de contar, huyen de Quilp, un enano grotesco. Hay secundarios cómicos y mucho, mucho sentimentalismo.

Barnaby Rudge (5, 1841) Un intento de novela histórica sobre unas revueltas populares anticatólicas sesenta años atrás. Mucho mejor que las dos novelas anteriores, pero aún así, sólo apta para muy fans.

Martin Chuzzlewit (6, 1844) Por un lado, tiene la mayor parte de los defectos de las novelas de juventud: Martin es un muchacho valeroso que tiene aventuras y se enamora de una chica que no tiene un duro y a la que acosa un indeseable. Los argumentos secundarios crecen en todas direcciones como la mala hierba. Pero tiene un noséqué, un principio de lo que va a ser el desarrollo de personajes en las obras de madurez.

Y por redondear con la aplicación en secundaria, ¿cuáles son las más relevantes a ese nivel? Pues Oliver Twist, y las cortas: Cuento de Navidad, Historia de dos ciudades, Tiempos Difíciles, y quizá Grandes Esperanzas. Mejor leer una novela corta que una adaptación, aunque haría una excepción por David Copperfield.

Propósitos

Me encantan las listas, qué le vamos a hacer, y hacer resoluciones. Esto no tiene mucho interés para nadie, más que para mí, pero ponerlo en el blog es una manera de hacerlo real y obligarme a cumplirlo.

Trabajo:

  1. Quiero mantener e incluso superar la tasa de aprobados del año pasado. No porque sí, sino porque sé que con los alumnos que tengo, se puede.
  2. Y quiero 100 libros más en la biblioteca. No sé de dónde van a salir, es más un deseo que una resolución. Pero los quiero.
  3. Terminar mi tesis doctoral, ese zombie.

Salud:

  1. Evitar todo lo que sea consecuencia del estrés, o de descanso o ejercicio insuficiente.
  2. Seguir haciendo ejercicio ahora que he dejado el baile; caminar 25 km a la semana.

Hobbies:

  1. Ver el fondo del cesto de la costura. Ni siquiera es la parte creativa de aprender a hacerme ropa, no. Son esas cosas que necesitan una puntada, un botón….
  2. Leer más libros de los que compro. Con reducir el montón me vale. Ahora son casi 250.
  3. No me fijo cantidades de libros que quiero leer, pero… leer más variado. Menos narrativa, más poesía y ensayo.
  4. Ahora mantengo tres blogs: el de la biblioteca escolar, éste, y el de cocina lo tengo abandonado. Publicar un post semanal en cada uno. Este año han sido 126 aquí, 13 de cocina, y 5 (incluyendo las páginas en pestañas) en el de la biblioteca, 144 en total, así que no es un objetivo tan distinto de lo que ya estoy haciendo.

Escribir muchísimo, leer bastante, hacer un poco de ejercicio. Mantener, mejorando un poquito.

Suerte a todos, y feliz año nuevo.