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De Pemberley A Downton Abbey: el servicio doméstico en la ficción inglesa.

Parte del personal de Downton Abbey: seis doncellas, dos lacayos, los asistentes personales de los dueños de la casa, el mayordomo y el ama de llaves.

Un efecto que se percibe al contrastar las obras de Jane Austen con las novelas posteriores (Charles Dickens, por ejemplo) o con otro tipo de ficción más o menos romántica, como Downtown Abbey por decir un ejemplo reciente, es que Jane Austen se fija en la clase media-alta y se olvida de todo lo demás, muy especialmente de cómo pueden mantenerse esos campos y mansiones. El servicio doméstico era ya absolutamente clave en la vida cotidiana y las distinciones entre clases sociales cuando ella escribía, a principios del siglo XIX, pero lo da por sentado. No es algo muy significativo para esta autora.

¿Por qué era clave para distinguir clases sociales? Porque mantener criados no era barato, y como veremos, sin determinado tipo de servicio hay ciertas actividades sociales que no puedes realizar. Eso determina tu círculo. Pero vayamos poco a poco. Estas indicaciones son válidas casi desde 1790 a la primera guerra mundial.

Todo el que se lo podía permitir tenía algo de servicio por poco que fuera. La pobreza generalizada y la dureza extrema del trabajo de las fábricas y el campo hacían que las mujeres jóvenes estuvieran dispuestas a trabajar por poco más que la manutención. Si una mujer o una familia tiene contratada a una sola persona, es una chica para todo. Se levanta antes que la familia para encender el fuego, pero puede que se acueste antes. Cobra una miseria, y es probable que esté interna así que tiene la comida y el alojamiento incluidos. Libra muy poco: tal vez medio día a la semana. Es probable que la ropa no se lave en casa, y cocinan las mujeres. La señora de la casa hace bastante. Es importante recordar que casi todo el trabajo doméstico consistía en tareas que hoy hacen electrodomésticos: adquirir comida, encender fuegos, lavar ropa. Hacer jabón, velas, conservas, y prendas de vestir. Fregar cacharros con sin agua caliente corriente y sin jabón es una tarea durísima y lenta.

«La Marquesa», una niña que trabaja en condiciones de esclavitud en Almacén de Antigüedades, de Charles Dickens (1840).

Un hombre que viva solo puede tener un criado para todo. El ejemplo más famoso es Jeeves, el mayordomo en las novelas de Wodehouse. Es probable que se encargue de externalizar la colada y lo peor de la limpieza. ¿Qué hace un criado que no limpia la casa ni lava la ropa? Hacerse cargo de la carga mental. Puede preparar desayunos y comidas ligeras, quizá improvisadas. Sirve la mesa y recibe a las visitas. Hace recados. Limpia lo urgente, y lo delicado y lo valioso. Lidia con el personal externalizado. Se encarga de que la lavandería tenga las cosas limpias, escoge lo que el señor se pone. Cosas así.

Jeeves (Stephen Fry) y Wooster (Hugh Laurie) en una adaptación de los años 90.

Una unidad familiar con dos personas de servicio tiene dos opciones: en el campo, una mujer para las tareas domésticas y un hombre para el jardín, los caballos, los recados y las reparaciones caseras. Ese hombre puede ser la tercera persona si es mejor tener tres criados. Este hombre-para-todo que trabaja más hacia el exterior no es tan importante en ciudad, donde claramente lo más práctico es que la segunda persona sea otra mujer.

Si tenemos dos mujeres, una limpia y la otra es la cocinera. El ideal es un hombre francés. Lo práctico es una mujer inglesa bien preparada, y además es más barato. Una mujer también simplifica la jerarquía del servicio, que explicaré cuando hable de mayordomos y amas de llaves. La cocinera prepara dos comidas diferentes, para los señores y para los criados, y enseña el oficio a la criada que la asiste.

A partir de aquí el servicio doméstico no escala de forma proporcional ni uniforme. Posibilidades en Jane Austen., que describe un mundo rural: fregona, cocinera, y un hombre-para-todo que se encarga de los caballos, los recados, y las reparaciones caseras. La cantidad de mozos depende de la de caballos. Puede que en una casa con mucho servicio, se encargue en exclusiva de la cuadra. Un siglo más tarde, sería sustituido por el chófer.

Si subimos un escalón, entramos en lo que distingue la clase media regulera de la clase media pata negra buena de verdad: se supone que servir la mesa en la buena sociedad solo pueden hacerlo hombres. Cobran más, trabajan menos que las mujeres, y por tenerlos pagas un impuesto especial. El estatus de los criados varones está dirigido a distinguir dos capas dentro de la clase media, quienes se pueden permitir invitar a comer, y los que no.

Estos son los posibles cargos de un criado varón:

  1. Como ya se ha dicho, ser el chico para todo de un hombre soltero.
  2. Llevar caballos, o caballos/jardín/recados/bricolaje/esas cosas de hombres.
  3. Mozo de cuadras. Solo gente muy rica, con muchos caballos y en la casa del campo.
  4. Chófer. Solo gente muy rica en el siglo XX.
  5. Lacayo. Tareas: ayudar al mayordomo con su parte (el mayordomo se las trae, lo comentamos más abajo), abrir la puerta, poner y servir la mesa, y con gente muy rica o en pleno siglo XIX, hacer bonito. Literalmente. La clase de criado que está ahí para un por si acaso es siempre un hombre. Seguro que lo has visto en películas y series y nunca te habías dado cuenta.
  6. Ayuda de cámara. La ropa de hombre no es difícil de organizar o de poner, así que solo tienes ayuda de cámara si eres extraordinariamente rico. Esto es una diferencia entre las dos series que mejor describen la situación del servicio: en Downton Abbey, Robert Crawley tiene a John Bates, pero en Arriba y Abajo, Lord Bellamy ha ascendido en la carrera política desde la capa más baja de la clase media, y para él es suficiente con tneer solo tres criados hombres: mayordomo, criado y chófer. Le ayudará a vestirse el mayordomo. Eso sí, para un hombre que viaje mucho, tener ayuda de cámara facilita la vida al resto del personal, porque se lo lleva solo a él. Si Lord Bellamy viaja sin su familia, tendría que llevarse al lacayo.
  7. Y por último, el mayordomo.

El mayordomo tiene muchas labores diferentes. La más importante de un criado varón es servir la mesa. Sin mayordomo o lacayo, no puedes invitar a tu casa más que a la familia más íntima. Jane Austen solo nombra al servicio de pasada, pero si has leído Sentido y Sensibilidad, haz memoria: las Dashwood no invitan a comer o cenar. Reciben visitas cortas que nunca se quedan mucho tiempo y las invitan a ellas a sus mansiones. En otros libros no hay protagonistas con tan poco dinero, así que sus invitados pueden quedarse a comer.

Si hay mayordomo, lo correcto es que él sea quien abra la puerta y reciba a las visitas. Es quien pone la mesa para la familia, o supervisa que lo haga el lacayo. Lleva el inventario de los objetos de valor de la casa, incluido el servicio de mesa (vajilla, plata) y la bodega. Viste al señor de la casa si no tiene ayuda de cámara, lo que incluye, si no lavar su ropa, asegurarse de que está lista, planchada y guardada. Y muy importante: si no hay ama de llaves, es jefe de todo el personal que no cocine. Si hay ama de llaves, él es solo el jefe de los hombres.

Hudson en Arriba y Abajo es un modelo ideal de mayordomo.

Como este post procura ir de menos a más, se ha interrumpido la jerarquía de las mujeres. Sigamos con ellas. Resumiendo los primeros párrafos, si hay una lo hace todo menos lavar ropa (tal vez). Si hay dos, una cocina y la otra friega. Si hay tres o más, la cosa empieza a ponerse interesante. Veamos a las criadas por sus nombres en inglés:

  1. Kitchen maid: pinche, fregona. Limpia las partes de la casa que los señores no ven, hace lo más duro del trabajo de la cocina y aprende a cocinar.
  2. Housemaid: limpia, especialmente la parte de la casa donde viven los señores.
  3. Parlour maid o house parlour maid. Limpian la parte de noble de la casa por las mañanas, y por las tardes sirven el té o están más descargadas de trabajo. Si hay varias, la más antigua ocupa una posición senior respecto a las demás y las coordina o enseña. Ayuda a vestirse a las señoras que no tengan su propia doncella.
  4. Lady’s maid. Visten a la señora de la casa y también se encargan de que todas sus cosas estén limpias, arregladas y ordenadas. Teniendo en cuenta que una dama de la alta sociedad se vestía varias veces al día, y que llevaban varias capas de ropa interior y además complementos, era un trabajo más ligero que el resto pero no estaban mucho tiempo sentaditas quietas. Vestir a una hija es trabajo extra de la parlour maid más alta en la escala: la lady’s maid no se presta.

Solo queda el ama de llaves, una figura característica de casas muy grandes. Es la jefa del personal femenino de manera absoluta, y del masculino en ausencia del mayordomo. En una casa con ama de llaves, el mayordomo y la cocinera no suelen comunicarse directamente con la señora. En una casa con mucho servicio, la jerarquía doméstica tiene miga. Un repaso:

  • Mayordomo, chef y ama de llaves están al mismo nivel y en principio, hacen frente común y no se pisan entre sí. Un empleado muy junior obedece órdenes de quien se las dé, pero el mayordomo no daría instrucciones a un ayudante de cocina, por ejemplo.
  • Todo el personal está en una escala fuertemente jerárquica en el que si hay varias personas con la misma función (por ejemplo, tres lacayos) el que tenga más antigüedad coordina a los demás en ausencia del superior.
  • Esto significa que es posible, y deseable, la promoción interna.
  • El mayordomo es jefe del personal masculino siempre, y del femenino cuando la casa no es tan grande como para necesitar ama de llaves. El ama de llaves es jefa de las mujeres. La cocina es un mundo aparte.
  • La implicación de los señores de la casa en contratar servicio es muy variable. Las entrevistas de trabajo pueden ser dobles. Cuanto más junior sea la posición que hay que contratar, más probable es que la elección la haga personal senior y no los dueños de la casa.

Ahora, cómo se les llama: las criadas son por el nombre. Mary, Susan. Por el nombre pueden ser los lacayos de menor rango. Las lady’s maids y casi todo el personal masculino son por el apellido sin tratamiento de cortesía. Las amas de llaves y las cocineras son Mrs. Dirigirse a ellos o no puede variar según contexto y épocas: sirviendo la mesa, se finge que los criados no están. No se les habla, ni aunque hagan mal su trabajo. Por supuesto, la limpieza se hace «a escondidas». Se buscan momentos en los que la familia de la casa no esté. La familia y el servicio se pueden saludar, pero en conjunto se vuelven «invisibles».

Un resumen final de cuánto servicio podemos esperar en una casa en función del poder económico de los dueños. Vamos a suponer que viven en las afueras de una ciudad, lo que justifica una cuadra y un caballo o un coche, y que estamos a finales del siglo XIX o muy principios del XX. Suponemos también un hijo y una hijea menores de edad.

  • Un pequeño artesano y su mujer: Chica para todo.
  • Un sastre: chica para todo, un mozo para cuidar de un caballo, ayudar en el huerto, hacer recados, cortar leña, etc.
  • El sastre mejora de posición: cocinera, criada y mozo.
  • Al sastre le va muy bien, abre una mercería: Cocinera, fregona, criada y mozo.
  • El abuelo era sastre. Nosotros tenemos un negocio de importar seda: Cocinera, fregona, criada, mozo, mayordomo. Los chicos varones tal vez tengan un tutor, probablemente no. Este es el nivel mínimo de los Bennet en Orgullo y Prejuicio. Mínimo.
  • El negocio crece. Invitan a gente a cenar cada vez con más frecuencia, y a gente con mayor posición social: Se añade un lacayo, y dos criadas mejor que una. La señora de la casa asciende a la Primera Criada a su doncella personal. Este es el nivel de Arriba y Abajo (la de 1971).

Quedan dos posts para completar este: el cuidado de los niños, y cómo era el día a día del servicio. Así que si tenéis alguna pregunta, servirá para complementar esos.

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Madres en la ficción.

David Copperfield en un grabado de la novela original: su madre se desespera y su padrastro espera a que se equivoque para castigarlo.

¿Os habéis fijado en que las madres de muchas obras de ficción, clásicas y modernas, son menos importantes y menos interesantes que los padres? Incluso podemos ver que a menudo la madre está muerta, ya sea antes de comenzar la acción o justo en sus inicios.

¿Por qué ocurre esto de forma tan repetida? La primera respuesta es indirecta. Si Buscando a Nemo empieza con la muerte de la madre, es en parte porque en las escuelas de guión y facultades de letras se empieza por estudiar los modelos de éxito anteriores, audiovisuales o literarios. A menudo, la ruta hasta un aprendizaje de este tipo, al menos en EEUU, pasa por lo que en España sería un Grado en Estudios Ingleses. Sí, la producción audiovisual toma como sus primeros modelos clásicos literarios y éstos tienden a ser novelas del siglo XIX porque además quienes crearon las bases del lenguaje cinematográfico a principios del siglo XX lo hicieron fijándose en la novela clásica inmediatamente anterior. Y en la novela del siglo XIX es más fácil encontrar un avión que una madre viva y funcional.

Y ahora, como el niño que no para de preguntarnos «¿Y por qué?», repetimos. ¿Por qué en los novelones del siglo XIX no hay madres en condiciones? La primera razón no literaria es que la posición social de las mujeres estaba en profunda discusión en ese momento. Las mujeres necesitaban educación suficiente como para ser buenas madres en un mundo sin escuelas, pero no tanta como para que tuvieran ideas propias. Tenían que quedarse en casa, pero si eran pobres no había más remedio que trabajar por cuenta ajena. Tenían que ser el centro del hogar, pero para pertenecer a la buena sociedad debían tener criados. Es muy difícil ser un ser pasivo, madre, ama de casa, buena compañera del marido, inteligente, inspiradora,  y además estar satisfecha con tu lugar en el mundo. Las características positivas a la visión burguesa del siglo XIX de una mujer que ya ha completado su trayectoria vital la hacen un persona muy poco interesante desde el punto de vista literario, y más si solo funciona como apoyo al protagonista.

Hasta ahí la razón histórico-social. Pero en cualquier momento histórico, las madres en literatura son un elemento complicado. Hay una diferencia importante entre padres y madres. El padre puede ser una figura que protege, un héroe, o un mal padre. El padre es un Señor que Hace Cosas, o que debería hacerlas. Pueden ser una figura autoritaria con la capacidad  de prohibir lo que el protagonista quiere conseguir. Y sobre todo, es quien tiene el poder económico y social. La pérdida del estatus del héroe viene de perder al padre o a ambos padres.Por ejemplo, Jane Eyre y Harry Potter son los dos huérfanos, pobres e indefensos. Por decir un ejemplo más moderno, Rey en Star Wars empieza en el mismo lugar. Sin padre o sin ambos padres, los protagonistas no tienen Lugar En El Mundo y se lo tienen que buscar. Y además, estos tres personajes tan diferentes y tan lejanos en el tiempo tienen en común no solo que empiezan sus historias pobres y a merced de gente cruel que los desprecia (familia para Jane y Harry, no así para Rey) sino que además tienen que lidiar con bastante autodesprecio y con dudar de si merecen amor, o si son de naturaleza maligna, con alguna vinculación misteriosa al villano. Hace falta no tener padres para que esas dudas tengan sentidos. Son protagonistas sin raíces que las crean con sus amigos, y ganan esos amigos al mismo tiempo que su autoconcepto.

Harry Potter en el hueco de la escalera.

Cuando solo falta la madre, lo que pasa es que suena duro, pero desde el punto de vista del hijo, el papel de una madre es que o te cuida o no. Las mujeres hemos trabajado siempre, pero ser madre de niños pequeños lo dificulta mucho, nuestro trabajo se acerca a lo doméstico, y para los hijos importa más bien poco.Para el héroe, su madre no es Una Persona Que Hace. O está o no está disponible.

Un padre puede entrar en patrones relacionados con la emulación. Puede castigar, acompañar o decepcionar. Un ejemplo no infantil: en La Hoguera de las Vanidades, el narrador cuenta cómo a Sherman McCoy se le cae el alma a los pies al darse cuenta de que su padre, un abogado jubilado que le ha mostrado muchas veces su decepción, no es más que un señor muy cansado, y bastante ignorante de la vida fuera de su clase social alta. Un personaje adulto no puede descubrir de repente que su madre no lo sabe todo, porque la posibilidad de admirar a una mujer que todo lo sabe o todo lo arregla no existe.

En cambio, patrones más frecuentes en el tratamiento de las madres son:

  1. La madre muerta antes de empezar, como ya se ha descrito.
  2. La madre que no cuida, o cuida mal. Se parece mucho a la madre muerta en lo que afecta al protagonista, pero sirve para añadir reflexiones sobre qué es educar/cuidar bien.
  3. La madre que te cuida. Así el protagonista tiene un hogar al que volver, un referente educativo, una mujer que hace feliz al Padre que Hace Cosas. Penélope, por ejemplo. Es heroica, pero no sale de su cuarto.

La cuestión está en que a menudo da igual si fue la madre del protagonista quien le enseñó a cazar dragones. O era mala porque no cuidó del protagonista (modelo de madre número 2) o era buena, te enseñó a matar dragones y ahora ya te vas tú a tener aventuras (madre número 3). Y no tiene gracia saber que si un dragón te quema el flequillo puedes volver a que te lo repase tu madre. Si está muerta hay mucho más drama, más conflicto, más interés. No necesitamos verla morir, solo queremos que el protagonista salte sin red.

Naturalmente, todo esto tiene excepciones. Hay escritores hombres capaces de escribir buenos personajes maternales, a veces villanas o antagonistas. Lady Capuleto en Romeo y Julieta no es mala pero se opone a los deseos de su hija. La madre de Carrie, de Stephen King, sí es auténticamente malvada. La madre de Buffy mientras se mantiene ahí es una de las mejores creaciones de Joss Whedon, es muy difícil tener un secundario que hace poco y no aburre. Terry Pratchett tiene varios intentos de variado éxito, como Magrat Garlick, Nanny Ogg y Lady Ramkin. Hay, sin embargo, un modelo maternal que me parece característico de escritoras, y son las historias familiares que cuentan varias generaciones, ya sean biografías o novelas. Algo que puede empezar con «a mí no me miréis; os voy a contar la historia de mi madre. Bueno, mejor empiezo por mi abuela. Mi abuela tenía mucho carácter…». Se puede citar Caramelo, de Sandra Cisneros (novela), o Cisnes Salvajes, de Jung Chang (memorias). Sin embargo, no conozco historias escritas por hombres que pueda resumir en «Esta novela parecen mis aventuras pero en cinco páginas verás que no, que te estoy contando la biografía de mi padre y mi abuelo. Yo soy un pringao y no me enteré del Mito Fundacional Familiar ni del Gran Secreto hasta los 25». No quiero pensar que hay historias más típicamente masculinas ni femeninas, ni modos de narrar por géneros, pero sí que me parece característico que las «sagas familiares» escritas por hombres tienen más dificultad para la narrativa matrilineal.

¿Cuál es tu madre de ficción favorita?

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Cómo hacer un comentario de texto, y por qué no consiste en dar tu opinión.

Aprender a hacer un buen comentario de texto es una de las tareas más difíciles del estudio de las Humanidades. Tienen un nombre engañoso, porque todos sabemos que «un comentario» es «una opinión», y claro, soltamos nuestra opinión y nos suspenden. ¡Y yo tengo derecho a dar mi opinión! Pues veamos por qué un comentario no es una opinión. Si lo fuera, y no te cabe en la cabeza suspender sólo por opinar, no debería ser una tarea evaluable. No tiene sentido evaluar lo que todos sabemos hacer. Todos podemos decir «no me gusta», ¿verdad? En fin, en estos días en los que se evalúa hasta asistir a clase todo es posible, pero no.

¿Por qué nos mandan hacer comentarios de textos? Para evaluar lo siguiente:

  1. Nos sabemos la teoría.
  2. Podemos exponerla sin soltar un rollo memorizado.
  3. Comprendemos lo leído.
  4. Nos expresamos correctamente…
  5. …incluida la capacidad de expresar una opinión argumentada.

Son bastantes ideas, ¿verdad? Lo siguiente es saber distinguir comentario de análisis. En Bachillerato, yo hacía análisis, y me costó muchos años pasar del análisis al comentario. Un análisis es una descripción de un texto, y el comentario de texto es una interpretación que va más allá del análisis. Una opinión, finalmente, es un juicio de valor. Eso significa que un comentario ni siquiera necesita adjetivos. No necesita «me gusta», por sorprendente que parezca.

Las palabras mágicas son «como vemos en el texto». Si puedes insertar un «como podemos deducir del texto» en cada frase (aunque no lo vas a hacer, porque quedaría muy repetitivo) es muy posible que estés escribiendo un comentario. Si no, estás escribiendo otra cosa.

¿Qué puede salir mal? No demuestras que te sabes la teoría; por ejemplo, sitúas el texto en la época histórica equivocada. recuerdo a una compañera escandalizada y que guardó rencor durante años porque habló de represión católica en un texto inglés del siglo XVIII (porque «para ella», «en su opinión», qué más da católico que protestante). O mencionas teoría que estaba en el tema, pero que no sale en ese texto. En suma, hablas de algo que no es el texto. Otra posibilidad es que das opiniones que no puedes fundamentar, lo que incluye no citar correctamente. Por último, no te expresas con claridad y corrección.

Voy a poner algunos ejemplos a partir de la primera página de Orgullo y Prejuicio, porque mi especialidad es la literatura inglesa. Aquí la tienes en español y copio un trocito, igualmente:

Es una verdad universalmente reconocida que un hombre soltero, poseedor de una gran fortuna, necesita una esposa.
Sin embargo, poco se sabe de los sentimientos u opiniones de un hombre de tales condiciones cuando entra a formar parte de un vecindario. Esta verdad está tan arraigada en las mentes de algunas de las familias que lo rodean, que algunas le consideran de su legítima propiedad y otras de la de sus hijas.
––Mi querido señor Bennet ––le dijo un día su esposa––, ¿sabías que, por fin, se ha alquilado Netherfield Park?
El señor Bennet respondió que no.
––Pues así es ––insistió ella––; la señora Long ha estado aquí hace un momento y me lo ha contado todo.
El señor Bennet no hizo ademán de contestar.
––¿No quieres saber quién lo ha alquilado? ––se impacientó su esposa. ––Eres tú la que quieres contármelo, y yo no tengo inconveniente en oírlo.

Esta sugerencia le fue suficiente.
––Pues sabrás, querido, que la señora Long dice que Netherfield ha sido alquilado por un joven muy rico del norte de Inglaterra; que vino el lunes en un landó de cuatro caballos para ver el lugar; y que se quedó tan encantado con él que inmediatamente llegó a un acuerdo con el señor Morris; que antes de San Miguel vendrá a ocuparlo; y que algunos de sus criados estarán en la casa a finales de la semana que viene.
––¿Cómo se llama?
––Bingley.
––¿Está casado o soltero?
––¡Oh!, soltero, querido, por supuesto. Un hombre soltero y de gran fortuna; cuatro o cinco mil libras al año. ¡Qué buen partido para nuestras hijas!
––¿Y qué? ¿En qué puede afectarles?
––Mi querido señor Bennet ––contestó su esposa––, ¿cómo puedes ser tan ingenuo? Debes saber que estoy pensando en casarlo con una de ellas.

Un buen comentario empieza con tu conclusión personal, o con la identificación del texto. Tu conclusión no es opinión, sino interpretación. Por ejemplo: En este texto se utiliza la ironía para caracterizar a los personajes. En este texto se muestra el esquema de valores de la sociedad. En este texto se observa cómo las circunstancias económicas afectan a los personajes hasta lo más íntimo, hasta los sentimientos. En este texto se muestra una visión pesimista de las relaciones de pareja. ¿Ves es una técnica muy fácil de usar si el texto es relevante para el lector, si lo comprendes y te interesa, aunque no te guste. También puedes empezar identificando el texto, pero no le dediques más de una oración o dos. «Este texto es tal capítulo de tal novela, de tal autor de tal siglo, antes del texto ha ocurrido tal y después ocurrirá cual.» y entonces, hala, a entrar en materia. Si elaborásemos más un pequeño comentario de principante sobre ese fragment, deberíamos mencionar la ironía, el concepto de comedia costumbrista y su significado, las clases sociales y que se trata de la clase media, y el «Wit» o ingenio. Tal vez, el interés didáctico. Pero lo más importante es que ninguna de tus menciones a estos elementos tendrá ningún valor si no las justificas. «El texto utiliza la ironía aquí y lo hace para…» «La comedia costumbrista presta atención a…, como se ve cuando Mrs Bennet dice que…»

Algo que sería un error, por ejemplo, sería hablar aquí de que la novela da mucha importancia a un tema de interés a lo largo del siguiente siglo y medio que es la educación de las mujeres y cómo conjugar que no quieres que las mujeres de clase media trabajen, con que si no las educas estás perjudicano a la formación de su carácter. Qué educación debe recibir una mujer y quién debe dársela. Es verdad que Jane Austen y Orgullo y prejuicio versan sobre ese tema, pero el fragmento señalado no.

¡Y esto sería todo! Te deseo que escribas excelentes comentarios de texto sobre obras que te encanten.

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Lecturas de 2018.

Hace mucho tiempo que mi principal reto lector no es leer una cantidad de libros, sino «reducir la pila de libros pendientes». Durante mucho tiempo, eso ha significado tener el autocontrol de no comprar los libros de 15 en 15. Leía unos 50-70 libros al año, todos físicos y muy pocos prestados. Más recientemente, ha habido cambios muy grandes en mi manera de leer. Para empezar, leo la mitad que antes porque no tengo tanto tiempo libre. También leo mucho prestado y escucho audiolibros.

Este año he adquirido 20 libros de papel. Tres son ensayos sobre desarrollo infantil; cuatro son cómics; dos son infantiles; dos, poesía; tres, ensayo. Los demás son narrativa.

He leído 32 libros, de los que nada menos que catorce, casi la mitad, han sido audiolibros. Los escucho en inglés, con auriculares, camino del trabajo, y mientras limpio la casa. Soy muy conservadora con ellos, porque necesito un lector que me guste mucho para entenderlo bien y no aburrirme. Neil Gaiman tiene prioridad sobre cualquier otra cosa; si hay algo en audio suyo que no haya escuchado, no hay «lista de pendientes» que valga. También me vale en radioteatro, aunque algunas voces puedan ser más difíciles de entender. Este año he escuchado cinco libros suyos, algunos de los cuales aún no tengo en papel. Y de aquí sale uno de mis libros favoritos del año, que es su versión de los mitos nórdicos. El segundo autor importante de mis audios ha sido Arthur Conan Doyle en la versión de Stephen Fry. Fry es un lector excelente al que le gustan los proyectos ambiciosos; ya leyó los siete libros de Harry Potter y aquí no solo lee todo Sherlock Holmes sino que además pone prólogos mezclando comentario a las obras con su experiencia personal como aficionado sherlockiano desde niño.

Sobre los otros audiolibros que he escuchado, The Power tiene una voz por cada punto de vista (tres o cuatro voces en total, es llevadero) y son tan buenas que me gustó más que en papel. Call me by your name… bueno, se lee y se escucha como poesía lírica amorosa. Es mucho de golpe. Casi prefiero la película, o escuchar trocitos sueltos. Y Food era un podcast de antropología e historia de la alimentación, muy entretenido.

Los libros en papel no siguen más lógica que una manía: que cada uno sea lo más distinto posible del anterior. Después de cómic, poesía. Después de una novela ligerita, un ensayo sesudo. Así han caído:

Sólo dos de poesía, Poemanuario, de Loli Molina Muñoz y Nieve antigua de María Sotomayor. A ver si el año que viene leo más libros completos en vez de coger y soltar.

Cuatro cómics, que quitando Sandman tenían en común ser tristones.

Un par de biografías: Fugas de James Rhodes (aún no he leído Instrumental, he empezado por el final) y Léxico familiar, de Natalia Ginzburg, que me aburrió. Lástima.

Casi todo lo demás tenía en común ser narrativa de lectura bastante fácil, con la excepción de Jonathan Strange y Mr Norrell, que aunque fuera una lectura fluida y maravillosa, al ser tan largo a ratos se me atascaba. O simplemente era demasiado grande para llevármelo a la cama  o meterlo en el bolso.

No puedo prever si el año que viene leeré más o menos. Todo dependerá de qué tal nos las apañemos con el cuidado del nene, que ya no es un bebé pequeñito.

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Guía de lectura a las novelas de las hermanas Brontë

brontessmVIENDO PASAR TÍOS BUENOS CON LAS BRONTË, de Kate Beaton. -Mira ése. -Tú qué coño miras. -Me gusta. -¿Verdad? -¡Ese tío era un capullo! -En serio, Anne, no tienes gusto. -Sólo digo lo que hay -¿Y aquél? -Qué apasionado. -Qué misterioso. -Si te gustan los alcohólicos gilipollas. -¡Anne, qué modales! -No me extraña que nadie compre tus libros(*). -Oye, mira ese -Qué inquietante.

De las hermanas Brontë ya he hablado por aquí, pero ahora voy a sintetizar una guía de lectura a sus seis principales novelas (la séptima no la he leído). No me gusta mucho dar importancia a la biografía de los artistas, pero en el caso de las Brontë puede ser relevante. En total eran cinco hermanas y un varón, hijos de un sacerdote protestante, de origen irlandés, y una hija de comerciantes acomodados de Cornualles, que murió cuando su hija mayor tenía siete años y la más pequeña era un bebé. Se ha discutido si el padre era muy estricto o no. En cualquier caso, cuando la madre murió, su hermana fue a ayudar a cuidar de los niños y allí se quedó el resto de su vida. Los quiso mucho y dejó una buena herencia a las sobrinas que le sobrevivieron, que fue lo que les permitió intentar vivir de escribir y dejar sus trabajos de profesoras e institutrices.

Por el trabajo del padre, toda la familia residía en Haworth, un pueblito en el norte de Inglaterra. Las tres hermanas escritoras viajaron bastante por trabajo, no eran precisamente unas reclusas, pero su obra deja claro que allí es donde se sentían felices y el paisaje siempre es un personaje más. Nada tiene de extraño, se puede poner de ejemplo el Londres de Dickens como una ciudad literaria siempre de fondo, hasta cuando no sale.

Las dos hermanas que murieron de niñas enfermaron en un colegio para hijas de sacerdotes donde el trato y la educación eran pésimos, y murieron poco después. Las dos más jóvenes, Emily y Anne, murieron con 30 y 29 años respectivamente, de tuberculosis. Y Charlotte murió, según a quién preguntes, de una enfermedad infecciosa o de las complicaciones de un embarazo difícil. El hermano, Branwell, fue un pintor frustrado, alcohólico y quizá adicto al opio también. Las escritoras dedicaron gran parte de sus esfuerzos profesionales, como artistas y como profesoras, a mantenerlo.

Y ya pasamos a las novelas.

Charlotte Brontë.

Jane Eyre. En su momento fue muy polémica por mostrar a una mujer en la tierra de nadie entre la clase obrera y la burguesía, una huérfana que trabaja de institutriz para sobrevivir, que muestra abiertamente sus sentimientos y que exige ser tratada con respeto. Casi nada. Mi madre, que me la recomendó incansablemente hasta que me la leí, dice que cada personaje muestra un trastorno o enfermedad mental distinto, que es todo un tratado en ese sentido, y creo que tiene razón. No hay depresión mejor contada en literatura que la de Jane. Y eso aparte de la historia de amor, el suspense y todo lo demás. Hay infinidad de adaptaciones a cine. La de 1996 cumple con mostrar un primer tercio deprimente y una Jane fea. La de 2011 tiene unos actores que le dan un punto personal que se agradece, más original y menos académico.
¿Me la leo? Si quieres una historia complicada de amor apasionado con protagonistas que no siempre hacen lo correcto.

Shirley: Una historia coral con preocupaciones sociales. Shirley y Caroline son amigas (mira que es raro encontrarte amigas en una novela, como decía Virginia Woolf). Shirley es rica y de fuerte personalidad; Caroline es huérfana, tímida, y vive al cuidado de su tío que es cura; avanzada la novela se deprime por una mezcla de soledad y de no saber muy bien qué hacer con su vida. Ambas son amigas de los hermanos Moore, el mayor que intenta montar una fábrica textil y tiene problemas con los luditas y el pequeño que es profesor y por lo tanto pobre pobrísimo. El relato de estos cuatro personajes intenta reflejar los cambios en la sociedad rural. Algo así como qué pasó en los idílicos pueblitos de Jane Austen, cincuenta años más tarde.
¿Me la leo? Sólo si te han apasionado todas las demás. Le sobran cien páginas, se puede hacer un poco pesada.

Villette: Lo que pasaría si Jane Eyre cogiera un trabajo de profesora de inglés en el continente. Lucy Snowe es inteligente, más segura de sí misma pero también más reservada que Jane, y trabaja en un internado de señoritas finas en Bélgica. Esta vez la historia de amor es menos relevante que el costumbrismo; es ua novela en la que apenas pasa nada.
¿Me la leo? Si te gustan los novelones y Jane Eyre te supo a poco. Yo la prefiero a Villette.

 Emily Brontë.

Cumbres Borrascosas. La novela cuenta la relación, muy complicada, entre un par de familias de terratenientes y un extraño, Heathcliff, tratado más o menos como un hijo adoptivo por una de ellas. Heathcliff tiene una relación destructiva y chunguísima con Cathy, que se casa con otro, y esa relación frustrada destruye todo lo que toca. Todo, o casi, en dos generaciones de dos familias. No está mal. Esta entrada en Tumblr lo clava así que casi que me voy a limitar a adaptar muy libremente su segundo párrafo: Emily Brontë no habla de relaciones familiares ni sanas ni normales sino de antihéroes Byronianos. Y su problema es que siglo y medio de lectoras han creído que una historia sobre la pérdida, la represión, la mutilación emocional y encontrar tu lugar, geográfico y social, en el mundo, es una historia de amor y pasión. No lo es. Es una historia sobre gente mala que se hace daño.   Hay películas pero ninguna me convence.
¿Me la leo? Si te gustan los malos muy malos y las historias con un punto de culebrón.

Anne Brontë

Agnes Grey: Las experiencias de una institutriz en casas de la clase alta, basadas en anécdotas reales de la autora. Con una estructura episódica propia de una escritora con poca experiencia, y mucha moralina, es quizá el peor de los seis libros, aunque es una lectura ligera.
¿Me la leo?: Casi que no. O bueno, si te gustan los culebrones en los que una heroína muy buenita sufre mucho, mucho. Nivel literatura juvenil de medio siglo más tarde (Frances Hodgson Burnett, ese rollo)

La Inquilina de Wildfell Hall: En algunos aspectos es más convencional que las novelas de sus hermanas (la búsqueda de una vida tranquila, el amor como efecto secundario no buscado, el rechazo de la pasión) y en otros es la menos convencional de todas. No conozco una novela inglesa que describa tan a las claras la violencia contra la mujer, los efectos del alcoholismo, y el repertorio completo de vicios al alcance de quien pudiera pagarlos. Este sensacionalismo supuso que la novela tuviera un gran éxito de ventas y al mismo tiempo muchas críticas. Y las peores, las que dañaron la reputación académica posterior de Anne, fueron las de su hermana Charlotte, a la que el libro no le gustaba nada no por sí mismo, sino porque se había atrevido a escribirlo la hermanita pequeña, que había etiquetado como la dulce, suave y tímida. Además de impedir que se publicara una segunda edición un par de años después de la primera, Charlotte le hace un traje a Agnes en la «Nota biográfica» que acompaña a la edición conjunta de Cumbres Borrascosas y Agnes Grey de 1850, cuando las autoras ya habían muerto:

«La Inquilina de Wildfell Hall tuvo una recepción desfavorable(*). No me sorprende. La elección del tema fue un completo error. No se podría haber buscado algo más discordante con la naturaleza de la autora (…) había contemplado, de cerca y por mucho tiempo, los terribles efectos que tienen el talento malgastado y las facultades maltratadas; su naturaleza era sensible, reservada y triste; lo que vio la impresionó profundamente y le hizo daño (…) Su bienintencionado deseo (de ser fiel a la realidad) fue lo que la llevó a error».

No está mal para ponerlo como prólogo de la segunda edición de la otra novela, la que sí te gusta, de tu hermana muerta. Con amigos así. Lo que Charlotte no dice es que si Anne conocía talento malgastado de primera mano era a travñes de su hermano Branwell, y hay críticos que dicen que lo que Charlotte no quería era ver publicada una novela basada en trapos sucios familiares. En fin, la consecuencia de todo esto es que Anne es más conocida por la peor de sus dos novelas.
¿Me la leo? Si tienes interés en la historia de la violencia de género. Si te gustó Jane Eyre o Grandes Esperanzas. Si te gustan las novelas epistolares. Si quieres morbo, y mucho, en una novela victoriana.

(*) El fracaso comercial de Anne es un bulo creado por Charlotte y aceptado por la crítica. Una novela de la que el editor quiere hacer una segunda edición no puede ser un fracaso.

Resumiendo, hay tres novelas que recomiendo (Jane Eyre, La Inquilina y Cumbres Borrascosas, en ese orden), una que está bien (Villette) y dos que no recomiendo tanto (Agnes Grey, Shirley). Casualmente coincide con las historias que muestran personajes apasionados y malos malísimos, y las que no. Jane Eyre y Cumbres Borrascosas son imprescindibles para entender la historia del drama romántico tal como lo entendemos ahora, ya sea en literatura o en cine.

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Ellas los prefieren malotes… pero se casan con los angelitos.

A los efectos de este post, “clase media” significa grupo social prestigioso que necesita trabajar para vivir pero no realiza trabajo manual. Es una definición sociológica que no tiene nada que ver con lo económico. La clase media en sentido económico no existe. Socialmente es un gran separador de obreros según si trabajan sentados o de pie.

Este post fue inicialmente el guión de una charla que di en dos versiones: para el alumnado de Bachillerato del IES Juan de Mairena (Sevilla) y en la Facultad de Filología Inglesa de la Facultad de Sevilla.

Llevamos alrededor de una generación observando que nuestra cultura hace una distinción entre dos clases de hombre: los sexualmente atractivos para las mujeres son agresivos, incluso violentos, o de algún modo malas personas, y los simpáticos, tímidos o buenas personas (como si esto fuera relacionado u homogéneo) que se dice que no son atractivos, al menos para las mujeres jóvenes. Resumiendo: las mujeres somos tontas y no sabemos elegir, o «el atractivo sexual masculino se vincula a ser una persona indeseable para cualquier otro contacto social». Qué nos lleva a escoger pareja lo estudian algunos biólogos y psicólogos. No sé cuál es la verdad, lo que sí sé es que esa selección de hombres agresivos proviene en buena parte de modas literarias. Comencemos por Jane Austen.

“Es una verdad universalmente reconocida que un hombre soltero en posesión de una buena fortuna debe buscar esposa (…) Esta verdad está tan bien fijada en las mentes de las familias de los alrededores, que se lo considera la legítima propiedad de alguna de sus hijas”. Jane Austen, Orgullo y Prejuicio.

La cita nos recuerda qué querían las madres. Y las hijas, ¿querían lo mismo? En aquel momento, el amor fuera del matrimonio no existía en la sociedad elegante. Era sencillamente impensable. El siglo XVIII había sido mucho más entretenido, pero estamos en una época de culto a los recién creados valores familiares. Además, las novelas inglesas eran mucho más pudorosas que las del resto de Europa. En España estaba La Regenta, Francia tenía Madame Bovary, Rusia tenía Anna Karenina. Las novelas inglesas son una excepción a esto. Un segundo factor, éste internacional, es que las mujeres no tenían una alternativa económica al matrimonio. Solteras, sobrevivir era difícil, y mantener un estilo de vida por encima de la pobreza era imposible con los sueldos que se pagaban a las mujeres. Había mujeres trabajadoras: en la agricultura, donde casi todo el empleo era estacional. En el servicio doméstico, en las fábricas. Se cosía, y empezaban a surgir las ocupaciones del sector servicios del tipo de camarera y dependienta en las que tantas trabajan hoy día. ¿Y en la clase media? Profesoras, institutrices, algunos trabajos de oficina escasísimos, y periodismo o escritura más escasos aún.
Y
eso
era
todo.

Y sobre todas, siempre, la amenaza de la prostitución, la criminalidad y la pobreza. No sé cómo iba la cosa en otros países, pero la prostitución británica solía ser intermitente y alternada con trabajo estacional… a menos que te pillara la policía, porque te fichaban y te obligaban a hacerte controles periódicos. Resumiendo: casarse no era una opción, era un seguro de vida. Y para el lector de novelas en el siglo XIX, la boda de la heroína no era uno entre varios finales felices posibles. Era una necesidad narrativa para que la heroína no muriera tirada por la calle. Un matrimonio bien avenido era solo el principio de un final feliz, y el amor, un extra.

Pasemos ahora a comentar un poco a Jane Austen. Intentaré ahorraros los spoilers; aquí tenéis una guía de lectura bastante detallada. Lo relevante ahora es que todas las novelas presentan una o varias heroínas casaderas, y al menos un triángulo amoroso entre ella, un hombre aburrido, borde, estirado o como mínimo muy pasivo, y otro hombre simpático, divertido, muy popular y que se lanza a por ella. A veces la corteja más de un hombre y a veces se añade un pesado que quiere ser divertido y ocurrente sin éxito, pero lo fundamental no cambia. El más soso y distante al principio es la pareja más adecuada para nuestra protagonista, y el hombre encantador puede ser inconstante, un cazafortunas profesional, alguien con el propósito de herirla porque sí, o simplemente mala persona. Y esto, ¿por qué?

Primero, porque da tensión. Si quien sea que parece un partidazo ES un partidazo, la novela necesita tener conflictos por otro lado o no tienes historia. Por otro lado, a Austen le encantaban las estructuras neoclásicas, simétricas, y los triángulos se prestan a ello. Y sobre todo, quiere ser educativa y entretenida a la vez (¿he dicho “neoclásica” ya?). La moraleja de toda esta repetición de triángulos es clara: no te fíes de las apariencias, porque un tío con el que tontear y un buen marido no tienen las mismas cualidades. Un tonteo es muy divertido, pero tú lo que necesitas un buen marido.

Y de aquí pasamos a las hermanas Brontë, o más bien a Charlotte y Emily, porque Anne no estaba nada de acuerdo con lo que voy a contar (y Charlotte la llamó de todo menos bonita por ello, pero eso es otra historia y deberá ser contada en otra ocasión). Si a las heroínas brontëanas se les da a elegir entre un hombre aburrido y uno emocionante, prefieren al segundo, aunque suponga su destrucción. No se busca que el amor produzca uniones duraderas; eso es secundario al hecho mismo de amar. De hecho, como veremos no siempre se casan con el hombre al que aman, y tampoco importa para el desarrollo de la novela. Ahí es nada: historias de amor correspondido que da igual si se consuma o no.

Emily Brontë solo escribió una novela, Cumbres Borrascosas. La historia es mucho más complicada, pero las elecciones amorosas van así:

  1. Catherine ama a Heathcliff, que es pobre, sin educación, brutal, y como se ve más adelante, violento. El amor es mutuo, pero como él es pobre no se pueden casar. Ella se casa con el elegante Edgar Linton, un tipo razonablemente normal.
  2. Heathcliff se hace rico, da igual cómo. Se casa con Isabella Linton, sólo por hacer daño a los Linton y a Catherine. Catherine muere en el parto de su hija, tras mucho sufrimiento emocional.
  3. Segunda generación. Cathy, la hija de Edgar y Catherine, se hace amiga del hijo de Heathcliff y Cathy, Linton. Heathcliff los obliga a casarse para unir las dos propiedades. Mientras, todo el mundo trata a Hareton (un sobrino de Catherine e hijo del enemigo de juventud de Heathcliff) a medio camino entre un criado un un animal doméstico.
  4. Linton se muere. Hareton y Cathy se hacen amigos. Heathcliff se muere, entre alucinaciones, recordando a Catherine. Hareton y Cathy se casan. Queda en la duda si se aman realmente, pero al menos son la única pareja que no sufre de todo el libro.

Y te tienes que creer que Heathcliff es un personaje seductor, un héroe romántico en todos los sentidos de la palabra, y que esta es una historia de amor. No, en serio. Te lo tienes que creer.

Charlotte escribió cuatro novelas y solo una, Jane Eyre, es popular. Jane, pobre, fea, huérfana; un cuadro, vaya, tiene que escoger entre Rochester, que es rico, tiene un oscuro pasado, violentos cambios de humor, y que le ha demostrado que es capaz de guardar secretos muy chungos y de contar unas mentiras gordísimas, y St John, que admite que no la quiere pero que desea que sea su compañera en la vida y en el trabajo, algo que socialmente solo es aceptable si se casan. Jane escoge a Rochester y es feliz (recomiendo la lectura del ensayo «Can Jane Eyre be happy?» de John Sutherland, para tener una visión crítica de ese final feliz).

A veces la heroína no tiene esta elección, como en Villette. Aquí, Lucy Snowe ama a dos hombres y es correspondida por el menos atractivo. Se insinúa que la relación no prospera, el final es abierto. En Shirley, una de las dos heroínas tiene tres pretendientes: un barón, el dueño de una fábrica (no demasiado rico), y un maestro (hermano del anterior, por cierto). Ella prefiere al hombre que considera más admirable intelectual y moralmente, aunque su amistad haya sido turbulenta y a trompicones porque los dos tienen un carácter muy fuerte.

Y todo esto, ¿tiene moraleja? Para empezar, es una visión del amor que admite que las mujeres pueden, y deben, ser libres al elegir a su pareja. A veces les sale bien, y a veces no. Lo que importa es la libertad de sentir y de expresar los sentimientos, que es lo que las dignifica y las hace verdaderamente humanas. Y en el caso de Charlotte, no es fatalista, es decir, ellas no dicen «no puedo evitar amar y no puedo controlarme cuando estoy en tu presencia». En Cumbres Borrascosas los sentimientos son más poderosos que la gente, pero en mi opinión las protagonistas de Charlotte hacen algo precioso que es decir «yo decido aceptar que amo, decido disimular o declarar mi amor, decido cómo tratarte, decido casarme». El sentimiento es intenso, pero no las anula, al contrario.

Nos quedan los novelistas masculinos. Los ejemplos más representativos son Charles Dickens, William Makepiece Thackeray y Thomas Hardy. Dickens y Thackeray eran Realistas; Dickens era más popular y Thackeray más prestigioso y menos comercial. Hardy era más cercano al Naturalismo. Sin entrar en el análisis de novelas individuales (las de Dickens las he comentado ya), su visión del amor es que las mujeres no pueden elegir. No deben y no saben. Si escogen ellas, se equivocan y van a por alguien inapropiado que no las hace felices, o por un maltratador. Eso no significa que no puedan encontrar el amor, solo que los demás deben elegir por ellas. Si una heroína es el interés romántico de un personaje masculino positivo, y ella es secundaria a él, la relación puede que funcione. Es decir: la heroína es secundaria al protagonista, y la amada del amigo del héroe está en un plano aún más discreto. Si hay conflictos, son externos: una decisión entre amor y la obligación de cuidar a un padre anciano, por ejemplo.

Estas novelas no pretendían tener un mensaje moral y educativo, sino que partían de ideas vigentes sobre hombres y mujeres y las aplicaban a la ficción. Había un miedo muy real a que dar a las mujeres la más mínima chispa de libertad significaría que serían incapaces de controlarse. Los hombres podían aprender autocontrol, pero las mujeres no.

Veamos qué pasa ahora. El público lector contemporáneo quiere finales felices tanto como el del siglo XIX, pero ahora, “felicidad” no significa lo mismo que entonces. Algunas de las asunciones de la literatura romántica moderna, incluida la dirigida a adolescentes, son las siguientes:

  1. El amor todo lo puede. El amor vence los obstáculos externos y consigue que cualquier relación funcione.
  2. El amor es, o debería ser, difícil. Emocionante. No estamos hablando de amor, sino de pasión.
  3. El amor puede funcionar entre dos personas de origen social muy diferente, incluso contrapuesto. De hecho, esto es lo deseable. La mujer está en posición de inferioridad respecto al hombre.
  4. El dinero, los bienes materiales, incluso al nivel imprescindible para la supervivencia, no deben formar parte del proceso para escoger pareja.

No todas las relaciones en las que ocurre esto son nocivas o de maltrato, pero tienen muchas papeletas para serlo. Rocío Vega hace aquí un buen análisis de ese problema. Yo sigo centrándome en la parte más literaria.

Todo esto es un fenómeno más americano que inglés. En la literatura juvenil inglesa hay mucha más fantasía y mucho menos amor. Por ejemplo, Harry Potter. No tenemos triángulos amorosos aquí: el triángulo central es una amistad. Sí tenemos a Ginny Weasley, una heroína en este sentido dickensiana: ama a Harry en secreto y sin molestar a nadie hasta que él se da cuenta de que también la quiere. Ginny y Hermione son personajes activos cuando no se trata de amor. De todos modos, las mayores influencias de la literatura juvenil inglesa no están en los clásicos “para adultos” del siglo XIX, sino en una tradición fantástica que empieza quizá con Alicia en el País de las Maravillas, llega a Tolkien, pasa a continuación por Roald Dahl, y aterriza en Terry Pratchett. Añade un poco de fascinación nostálgica por la naturaleza (El Viento en los sauces, Mi familia y otros animales) y ya lo tienes.

Pues eso. Que el triángulo amoroso juvenil es una tendencia casi exclusivamente americana. Una razón es que las autoras del subgénero han estudiado el grado de “English” o un Máster de Escritura Creativa en la universidad y se han leído los principales clásicos. También que allí no hay una carrera de Periodismo o de Comunicación como la entendemos aquí y que el estudio de la literatura, inglesa o universal, se considera troncal en las humanidades a nivel universitario. Todos los guionistas de tus series favoritas se empollaron las novelas que acabo de mencionar en primer ciclo de sus respectivas carreras.

Veamos algunos ejemplos de lo repetidas que pueden llegar a ser copiando un triángulo amoroso de tipo Brontëano:

  1. Crepúsculo: Bella tiene que elegir entre el amor de Edward Cullen, que le dice varias veces que él no le conviene, la acosa, en un momento dado la abandona contándole una mentira, y ya de paso ES UN VAMPIRO QUE SE LA QUIERE COMER, y Jacob, que decide que su misión en la vida es protegerla. Ella escoge a Edward. Los tres primeros libros son una reescritura de Jane Eyre, y el cuarto es más independiente. La historia tiene dos derivaciones: Cincuenta Sombras de Grey y After, que no presentan triángulos pero tienen mucha influencia de Crepúsculo.
  2. The Selection (La Selección), Kiera Cass. America (toma ya) está enamorada de Aspen, pero se ve forzada a participar en la selección de una esposa para el heredero del trono, Maxon. Aspen quiere cuidar de ella (esto no pinta bien) y son amigos desde la infancia (esto pinta peor), y Maxon se porta como alguien que piensa que es normal organizar una competición forzada para casarse con él, ordena palizas a las que incumplen las normas, y tiene ataques de ira. America se casa con Maxon y ambos son amigos de Aspen.
  3. Shadowhunters (Cazadores de Sombras), Cassandra Clare. El mejor amigo de Clarissa Fray es Simon Lewis. Él está enamorado de ella, pero ella está en una relación con Jace Wayland. En el cuarto libro de la serie, Simon se monta un triángulo que se resuelve en el quinto. ¿Y Jace? Bueno, qué sería de una historia de amor en la que el potagonista no quiere matar a su amada. Pues eso mismo: parecía que no, pero en el cuarto libro Jace tiene pesadillas en las que mata a Clary porque hay unos demonios controlándolo. Esto qué iba a ser aquí si no.
  4. The Vampire Diaries (Crónicas Vampíricas) by LJ Smith. Dos hermanos vampiros, Stefan y Damon (uno con nombre de santo y el otro con un nombre que suena parecido a “demon”, muy práctico para distinguirlos) se pelean por el amor de una chica humana, Elena. Ella suele preferir a Stefan pero gran parte del conflicto está en su incapacidad de decidirse, o visto de otro modo, en la incapacidad de Damon de dejarlos a ella y a Stefan en paz.

Hay una moda también de libros que aunque no muestren triángulos, toman la idea de una chica buena o inocente y un chico malo, o “chica humana y ser sobrenatural que es peligroso para ella”. Aquí de nuevo está la creencia de que el amor apasionado debe ser algo aventurero, peligroso, y que el varón es mejor que sea superior a la mujer, porque en estas historias él siempre es más fuerte que ella, no se une a un ser sobrenatural pero débil. Ellos son como superhéroes. En historias tradicionales o mitológicas nos encontramos también el inverso: la Sirenita, por ejemplo. Esa tendencia es una rareza en los bestsellers actuales.

En las historias con chico malo humano, destaca por su éxito A tres metros sobre el cielo. En las historias con chica y ser sobrenatural, además de los ya mencionados vampiros y hombres lobo, en Obsidian de Jeniffer Armentrout el amado es un extraterrestre y en Hush hush de Becca FitzPatrick es un ángel caído.

He localizado un solo ejemplo de triángulo austenita: Los Juegos del Hambre. Katniss está demasiado ocupada y traumatizada para tener una historia de amor, la verdad, pero se siente muy unida por amistad, lealtad, y sentido del deber a dos hombres: Peeta, que es tímido y cariñoso, y Gale, que es valiente y bastante chulo. Escoge a Peeta cuando ve que Gale, aunque la quiera, no tiene compasión con los demás.

Es decir: lo que observamos en la literatura juvenil contemporánea es el triunfo del estereotipo Brontëano, que cuando se creó era solo una forma minoritaria de escapismo romántico entre otras muchas disponibles. El mito de “ellas los prefieren malotes” se alimenta a sí mismo, porque las lecturas, las películas, etc. son la educación sentimental de mucha gente. Si te muestran que el amor es sufrir, cuando sufras creerás que es amor. Si te muestran que el amor es cuidar, divertirte o compartir aficiones, cuando cuides, te diviertas o tengas intereses comunes llamarás a eso “amor”. Por eso lo deseable es tener la mayor diversidad posible en literatura juvenil, algo a lo que la industria no parece muy dispuesta.

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El descanso de la clase obrera, y sus jueces.

La sociedad victoriana mantuvo un intenso debate social acerca del descanso dominical, que tuvo dos vertientes fundamentales. La socialista y obrera estaba a favor de un aumento del tiempo libre y una reducción de la jornada laboral, contra la voluntad, por supuesto, de los empresarios y de la clase media. Las jornadas industriales eran muy largas: doce horas, seis días a la semana era corriente. Las más largas eran las del servicio doméstico: unas quince horas diarias, seis días en semana, y medio día los domingos. No todo el mundo tenía jornadas tan largas pero el fin de semana de dos días no era la norma.

El debate en la clase media no era si las jornadas eran largas o cortas, sino qué era adecuado hacer en el tiempo libre. Aquí nos encontramos a Charles Dickens, que en sus escritos periodísticos tomó partido en varias ocasiones. A Dickens  no le interesaba demasiado el derecho al descanso laboral, que presuponía, sino el libre disfrute del tiempo de ocio. Cuando este autor escribía (1830-70) existía una opinión dominante, la de los sabbatarians, un nombre derivado del nombre hebreo del sábado (Sabbat). Éstos eran cristianos, normalmente protestantes evangélicos, que hacían una interpretación muy restrictiva de la norma religiosa y pensaban que el domingo tenía que cerrar todo. Era aún pronto para que alguien pensara en garantizar el descanso de los trabajadores de la incipiente industria del ocio, y ese no era el motor de los sabbatarians, sino obligar a la gente a ir a misa porque literalmente no habría nada más que hacer. O vas a misa o te quedas en casa. Además, consideraban que muchas diversiones eran pecado, siempre o en el Día del Señor. El sabbatarianismo tenía cierto arraigo a mediados del siglo XIX, y en otros novelistas, como Anne Brontë, leemos que había incluso gente que iba a la iglesia mañana y tarde.

¿Qué podía hacer la mayor parte de la población un domingo por la tarde? En los pueblos, era fácil ir al campo y llevarte un picnic, si hacía sol. En ciudad, necesitabas un parque público en tu barrio, algo que no era habitual: los bloques de pisos iban comiendo terreno a campo que nunca había sido muy acogedor. De hecho, los parques públicos nacen a menudo como parte del altruismo de las clases altas que donan todo o parte del jardín de una mansión, para que los pobres disfruten de un poco de verde. Lo mismo tienes el Parque de María Luisa en Sevilla que el Duthie Park en Aberdeen.

¿Y si llueve? Había pubs, que servían alcohol. Los restaurantes eran más bien para ricos, y una hostelería del placer, que no fuera parte de las necesidades de los viajeros, estaba casi recién inventada. Dickens escribió sobre la necesidad de  crear un término medio entre el pub y el restaurante caro, para los obreros. Cuando la gente de cualquier clase social quedaba con sus amigos, casi siempre era en sus casas. Las fiestas eran a menudo bailes.

También estaba el teatro, que iba desde las obras clásicas a las modernas (normalmente muy populares y de no demasiada calidad literaria) y el teatro de variedades. A la ópera iban los ricos, y a las operetas, pantomimas y musicales iba todo el mundo.

Sobre el ocio de la clase obrera, Dickens veía con acierto que era una cuestión de lucha de clases. Los ricos podían hacer fiestas, estar en sus jardines, ir al campo en coche de caballos, leer libros, sentarse al piano, aunque alguna madre severa indicara que la lectura y la música deberían ser de temas religiosos o como mínimo serios. Los obreros no tenían nada de todo esto: un par de horas en la iglesia, y el resto del día mano sobre mano. Por eso le parecía que mantener parques públicos, pubs, y otros entretenimientos obreros abiertos en domingo era una necesidad urgente.

Siglo y medio más tarde, supuestamente con jornadas más cortas, aún debatimos sobre qué es ético que hagan los demás con su descanso. Concentrémonos en alargarlo. Todo lo demás es sabatarianismo.

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La Ciencia de Mundodisco: guía de lectura

Terry Pratchett escribió, además de las novelas de Mundodisco de las que ya he hablado un poco por aquí, unos cuantos libros independientes pero situados en el mismo mundo. Son más de veinte, y no los he leído todos. Aquí voy a comentar los cuatro de la serie «La Ciencia de Mundodisco».

Todos tienen una estructura similar: los capítulos impares tienen una novela breve protagonizada por los magos de la Universidad Invisible, y en capítulos alternos, dos científicos presentan ensayos autoconclusivos sobre ciencia, conectados muy superficialmente con el capítulo de ficción. Sus temas suelen ir saltando de un lado para otro de una manera que recuerda un poco a la serie Cosmos, la de Carl Sagan. A veces, esta manera de ir cambiando de tema los hace confusos y no creo que sea del gusto de todo el mundo. Los científicos son Ian Stewart, matemático, y Jack Cohen, biólogo. El nivel intenta ser accesible… digamos que soy de letras, MUY de letras, en lo que eso tiene de bueno y de malo, y aunque hay secciones que se me quedan grandes, dan la sensación de que quieren que les entienda el público general.

Libro por libro:

La Ciencia de Mundodisco (1999: publicada entre El Quinto Elefante y La Verdad, puedes leerla después de El País del Fin del Mundo): Los magos crean por accidente Mundobola, una especie de maqueta de un universo en el que para su sorpresa, no hay magia ni narrativium. Deducen experimentando las leyes básicas de la física newtoniana (bueno… más o menos) y utilizan la magia para entrar en la maqueta, que es por supuesto nuestro universo. Les decepciona no descubrir vida inteligente: para cuando se fijan en nosotros, hemos huido al espacio exterior.

Los capítulos sobre ciencia intentan ser muy generales. Perdonad si no os gusta alguna traducción de los títulos, son todas mías y los juegos de palabras no son fáciles.

  • Ciencia de campo de squash: Energía nuclear.
  • La ciencia y la magia: qué es la ciencia y cómo funciona.
  • Principios y fundaciones: El origen y naturaleza del universo.
  • Polvo de estrellas: qué son y cómo funcionan los átomos y la tabla periódica de los elementos.
  • La forma de las cosas: la forma del universo y la Teoría de la Relatividad.
  • ¿De dónde salen las reglas? Este capítulo plantea la posibilidad de una «teoría unificada» e introduce la mecánica cuántica.
  • Mundos disco. El Sistema Solar.
  • Tierra y fuego. Geología: la estructura de nuestro planeta.
  • Aire y agua. La atmósfera, los océanos, y la corteza terrestre.
  • Un gran salto: la luna.
  • Cosas que no son: un capítulo muy original sobre las cosas que se definen por ser opuestas, pares en los que normalmente solo una de las dospuede medirse, como la luz o el calor.
  • A pesar de lo cual….: el origen de la vida.
  • Selección antinatural: la evolución.
  • El Origen de Darwin: más evolución.
  • Llega el iceberg: las glaciaciones.
  • Universales y específicos: más evolución todavía, explicando seres y características que están por todas partes (universales) y otras puntuales para un problema concreto (específicos). También, biodiversidad.
  • No mires hacia arriba: ¿Qué podría provocar extinciones masivas? Para empezar, meteoritos.
  • Nueve de cada diez: estadísticas y sesgos.
  • Huyendo de los dinosaurios: evidentemente, dinosaurios.
  • La muerte de los dinosaurios.
  • Mamíferos en marcha: cómo se expandieron los mamíferos.
  • El hormiguero: el origen de los homínidos.
  • Exteligencia: la cultura. Qué es (definida como una «inteligencia externa», ya sea transmitida por la familia, libros, etc) y por qué la necesitamos.
  • Cómo dejar tu planeta: los viajes espaciales.

Es una introducción muy sencilla y amena, adecuada para gente sin estudios especializados, porque ellos seguro que lo encontrarán demasiado básico. Podría ser incluso una introducción a Mundodisco a adolescentes y postadolescentes a los que les guste muchísimo la ciencia.

El segundo libro, The Science of Discworld: The Globe (2002: publicada entre El Asombroso Mauricio y Ronda de Noche), intenta hacer lo mismo con las humanidades, en mi opinión sin éxito. la historia es original y divertida: los magos pueden viajar en el tiempo en Mundobola y por lo tanto cambiar la historia de formas significativas. Aquí, descubren que el mundo tiene que encontrar un equilibrio entre la ausencia total de magia y que los seres humanos creamos en ella tanto que seamos vulnerables a los duendes y hadas, seres parásitos y dañinos (para más información, lee Lords and Ladies, Lores y Damas en la traducción). La clave aquí es que tienen que producir una serie de cambios que permitan que exista William Shakespeare y escriba las obras que conocemos.

Los capítulos de Stewart y Cohen tratan los siguientes temas:

  • El elemento nosécuántico: Recapitula la parte de ficción del libro anterior, define el narrativio, y explica que contar historias con sentido es fundamental para nuestra manera de pensar.
  • La posibilidad adyacente: El «espacio fase», explicado como el conjunto de todo lo posible en una situación, estudio, etc., aplicado también fuera de las matemáticas. Por ejemplo, cálculo estadístico o de probabilidades de todos los libros que se podrían escribir, etc.
  • La filosofía del pulidor de lentes: el paso del pensamiento mágico al científico durante el Renacimiento y las ideas que vivieron en esa transición, como la adivinación, la alquimia, etc.
  • El Planeta de los Simios: los homínidos, su origen, cómo llegaron a  convertirse en Homo sapiens. El concepto de cultura.
  • Un ciego con una linterna. Más sobre nuestro origen. Algunos rasgos que nos diferencias de otros animales. La domesticación.
  • Gente al filo. Algunas características humanas, como la migración y los ritos de paso en la adolescencia. Distinción entre «gente tribal» y «bárbaros».
  • Winnie the Pooh y los profetas. El lenguaje.
  • Libre determinación. Pues eso: ¿existe el libre albedrío? ¿Y la predestinación? Visiones científicas y religiosas.
  • Un cachito: Pasamos de hablar de lenguaje(s) a hablar de cómo funciona el ADN. Con cosas cuánticas en medio y alrededor. Sí, es así de enrevesado.
  • Dioses Menores: reflexiones acerca del origen, razón de ser e inconvenientes de la religión.
  • El nuevo narrativio: «del mito al logos». Los orígenes del pensamiento científico o casi.
  • El presente extendido. Arte. Qué es, para qué sirve, cómo surge.
  • Mentiras a los chimpancés: mentiras.
  • Mundos de «y si…»: Historia con mayúscula y con minúscula. Lo impredecible, nuestros intentos de dar sentido al caos. Géneros literarios: la ciencia-ficción.
  • Mentiras a los humanos: el concepto de meme.
  • Puede contener frutos secos: conclusiones sobre la importancia de las historias. Las que nos creemos y las que contamos sin creerlas.

Si parece caótico, lo es, y mucho. Es el que menos me gusta de los cuatro, con diferencia.

El tercero, Darwin’s Watch (El reloj de Darwin) (2005: publicado tras Cartas en el Asunto, el mismo año que Thud!) mejora. La narración repite la idea de que los magos tienen que modificar la continuidad temporal terrestre para que la humanidad sobreviva… pero esta vez es Darwin y no Shakespeare quien tiene que escribir sus obras con éxito. Sin Shakespeare, o más bien, sin el nivel de fantasía que da lugar a artistas como Shakespeare, no se da la civilización. Sin Darwin, no se desarolla la ciencia de los últimos 150 años y los seres humanos se extinguen por alguna catástrofe natural sin inventar las naves espaciales con las que huyen de Mundobola.

Los capítulos de ciencia se conectan mejor con lo que ocurre en los de ficción, aunque salten de un tema a otro como te los voy a presentar:

  • El reloj de Paley:  introducción a quién era Darwin, la Teoría de la Evolución, qué es el creacionismo y por qué existe, cómo funciona la investigación científica.
  • Paley ontología: William Paley era un sacerdote que escribió un libro de teología acerca del origen de la vida, que incluye la famosa analogía: Si nos encontramos un reloj tirado por la calle creeremos que alguien lo ha construido, los relojes no se hacen solos. Este capítulo explica en qué se equivoca Paley y el creacionismo y habla también bastante de geología.
  • Tiempo prestado: la posibilidad de los viajes en el tiempo. Agujeros negros y otras opciones.
  • Avance hasta el pasado: más sobre viajes temporales.
  • Watch-22: algunos datos de la biografía de Darwin relacionados con sus descubrimientos.
  • El libro equivocado: más sobre la historia de la publicación de El Origen de las Especies.
  • Aleph-nosecuántiplex: líos matemáticos rarísimos. Universos paralelos, cosas cuánticas, operaciones con infinitos. Sí, infinitos en plural. No estoy segura de haber entendido nada.
  • Destino manifiesto: un intento raro de aplicar la idea de evolución a la Historia. No como «progreso», sino… ¿de unos eventos determinados A se siguen necesariamente unas consecuencias B? Causalidad. Cómo al estudiar «Historia» seleccionamos acontecimientos según nos parezcan relevantes.
  • La época de la máquina de vapor: ¿las ideas brillantes cambian el mundo, o son una consecuencia de cambios? ¿o es que aparecen cuando el mundo está listo? Ejemplo: la máquina de vapor. Quizá la mejor «mezcla de temas de ciencias y de letras» de los tres libros que llevamos hasta ahora.
  • Los secretos de la vida: Una pequeña explicación de cómo funcionan la evolución y el ADN.
  • Olvídate de los hechos: Creencias, ideas, religiones, pseudociencia, ciencia. Cosas sobradamente tratadas en el libro anterior, aquí con más atención a lo religioso.
  • Una escasez de sargentos: qué tenía de especial la Gran Bretaña victoriana para dar pie a tantos avances científicos y tecnológicos.

Un libro muy entretenido. Si eres muy, muy de letras te puedes saltar los tres capítulos sobre viajes espaciales y matemáticas y no te vas a perder el hilo de la discusión, centrada en biología e historia.

El cuarto libro, El Día del Juicio (2013: coincide con A Todo Vapor) cuenta una historia muy diferente. Los Omnianos, que creen que Mundodisco es redondo, quieren que los magos les entreguen Mundobola porque piensan que les pertenece y para ellos es una reliquia sagrada. Mientras, una bibliotecaria de Mundobola acaba en Mundodisco por accidente. Esta historia es mucho más corta que las demás.

Los capítulos de Stewart y Cohen vuelven a tratar temas de humanidades mezclados con los de ciencias. Esta vez lo hacen de una forma más clara que en The Globe.

  • Pensar a lo grande. Introducción. Cómo funciona la ciencia y el método científico. Se presentan dos modos contrarios pero compatibles de pensamiento: centrado en el ser humano (tendente a la mitología y a las explicaciones inmediatas) y centrado en el universo.
  • Tortugas mundiales. Repaso a las mitologías que imaginan una tierra plana.
  • La realidad no es mágica. Ejemplos de causalidad y de cosas que parecen «magia» porque la mayoría no sabemos cómo funcionan.
  • Un globo entretenido. Demostraciones de que la tierra es redonda.
  • ¿Y eso de dónde ha salido? La preocupación humana por los orígenes. Explicación científica de dos orígenes misteriosos: la luna y la vida.
  • El largo brazo de la tradición. Qué es una ley científica.
  • Una ratonera mejor. Diseño desde el punto de vista de la tecnología y «diseño inteligente». Evolución.
  • La esfericidad está por todas partes. Geometría. La forma del universo.
  • ¿Adiós al Big Bang? Algunas ideas que ponen en duda esta teoría.
  • Sistema de descreencia. Neurociencia. Saber, creer, pensar, imaginar.
  • Adiós a los ajustes. Constantes universales. Se insiste de nuevo en que nuestra existencia es pura casualidad.
  • No coleccionar sellos. Una defensa del ateísmo. La ciencia como lo contrario de la religión.

Lo breve del libro y su insistencia en la crítica a la religión, además de la fecha en la que se publicó, sugieren apresuramiento, como si los tres autores necesitaran echar esto fuera lo antes posible. Eso no le quita calidad, al contrario: se hace muy ameno, tanto como el primero o más.

Resumiendo: de los tres libros, recomiendo el primero y el último. El tercero está bien si te interesa el tema y el segundo solo es entretenido a ratos. Como pega, diría que si no te gusta que un ensayo vaya saltando de aquí para allá como un niño de cuatro años, definitivamente estos libros no son para ti. Pero me parecen un buen complemento a las novelas de los magos de Mundodisco, y si no sabes nada sobre los temas científicos que tratan puedes aprender muchísimo. No sé si alguien con más formación los puede encontrar demasiado básicos o no estar de acuerdo con la forma de exponer.

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Feminismo Literatura

Terry Pratchett y sus mujeres.

the witches of lancreLas brujas de Lancre y de la Caliza. Portada del juego de mesa de Treefrog «The Witches».

Los fans de Terry Pratchett a menudo coincidimos en su arte como creador de personajes memorables, carismáticos, admirables pero con un punto de antihéroes (y a veces, más que un punto). Casi todos los personajes más populares de Mundodisco son profesionales, y excelentes en lo que sea que hacen. El Comandante Vimes es un policía muy bueno. Vetinari es un buen gobernante, por lo menos para lo que le conviene a él. Húmedo von Mustachen es un especialista en sobrevivir. Por contra, Mort, protagonista de una sola novela, es divertidísimo en su torpeza… y desaparece en el éter cuando pierde un trabajo. Casi todos los personajes más recordados de Pratchett son trabajadores, y los personajes femeninos no son menos.

El ambiente más feminizado de todos los descritos en Mundodisco es el de las brujas de Lancre, que se introducen en Ritos Iguales, el tercer libro. Ritos es un juego de palabras entre rights (derechos) y rites (ritos), y se trata de la historia de una niña que más que aptitudes para bruja, las tiene para maga. Hay más personajes femeninos que se abren paso en profesiones que en Mundodisco son masculinas, algo que se mezcla a veces con problemas derivados de que no son seres humanos; Angua y Jovial Culopequeño en la Guardia de Ankh-Morpork son los mejores ejemplos. El escritor las trata con bastante cariño y muchísima solidaridad, y su profesionalidad nunca se cuestiona.

Las trabajadoras a las que Pratchett presta más atención se parecen mucho a sus personajes masculinos: son muy inteligentes, perfeccionistas, poco sociables, a veces cortantes. Y le interesa más su trabajo que cualquier otro aspecto de sus vidas. Si nos fijamos en las brujas, tenemos a Yaya Ceravieja, que no parece tener aficiones ni vida privada. Es el centro de la acción. Tata Ogg sí tiene vida social, y una familia de la que el narrador nos habla pero a la que apenas vemos. Y finalmente, el puesto de bruja joven (porque son la virgen, la madre y… la otra, como a veces se nos recuerda) es de Magrat Ajostiernos, sustituida por Agnes Nitt/Perdita y luego por Tiffany Dolorido. Magrat intenta compaginar una aventura con su nuevo papel de madre en una novela (Carpe Jugulum), pero no me parece un intento muy logrado. Pratchett sí conseguiría hablar de forma divertida de conciliación familiar con Vimes, quizá porque tenía el intento previo ya hecho.

Los personajes como Yaya Ceravieja o Angua parecen modelos algo anticuados de «supermujeres» que sacrifican lo personal, pero si las comparamos con masculinos equivalentes, como Vetinari, Vimes, o Ponder Stibbons, comprobamos que Pratchett se limita a crear, con gran acierto, versiones femeninas de sus modelos favoritos de trabajador incansable. Se dice de Jason Ogg «lo malo de ser el mejor herrero del mundo es tener que ser el mejor» y de ser bruja, «podías decir que era injusto, y lo era, pero al Universo le daba igual porque no sabía qué significaba la justicia. Es era el problema de ser bruja, que dependía de ti. Siempre dependía de ti».  Da lo mismo ser herrero o policía o cocinera o bruja. No son simples caricaturas, tópicas «strong female character» cuya principal característica es resistir con entereza toda clase de desgracias haciéndolo todo muchísimo mejor que los hombres. Y algo maravilloso, por extraño que parezca, es que tienen defectos y aún así nos caen bien porque están retratadas con simpatía. En este sentido os recomiendo este artículo de aquí, que no habla de Pratchett sino de ese estereotipo de heroína de acción que está felizmente ausente de Mundodisco.

Un patrón que se repite con las suficientes variaciones como para que no canse son las mujeres que cuidan de los demás, unido a mujeres que tienen miedo de hacer daño. Entre las cuidadoras, por supuesto las hay profesionales (de nuevo, las brujas, que trabajan como parteras, médicas, veterinarias…) y otras que no. Lady Ramkin es criadora de dragones; es, en principio, una parodia del estereotipo de aristócrata británica dedicada a los caballos y los perros, pero en seguida trasluce una verdadera preocupación por el sufrimiento ajeno, animal o humano. No lo vemos mucho, pero sabemos que tiene amigas, algo que ya notó Virginia Woolf que era muy poco frecuente en la ficción.   También hay mujeres que tienen miedo de hacer daño a los demás, o de volverse malas. Yaya, la bruja más poderosa jamás conocida (hasta que Tiffany crezca un poco más), es una. Otros personajes dicen que no es mala porque elige no serlo. Angua la mujer loba es otra luchadora contra sus demonios internos, y también Agnes Nitt, que tiene una personalidad desdoblada. Su manifestación segura de sí misma, Perdita, es egoísta y demasiado cínica para la tranquilidad de Agnes.

Las relaciones amorosas en Mundodisco reciben un tratamiento variadísimo, y en mi opinión, comparado con su agudeza para observar todos los aspectos de las relaciones humanas, aquí falta algo. Veamos algunos casos: Mort hace muchas tonterías porque se enamora de una princesa, pero acaba emparejado con una chica con la que al principio se lleva fatal. Hasta ahí bastante clásico y bastante bien. El esquema de «pareja que desconfía, que se pelea, y luego se gusta» se repite de una manera muy diferente, muy bien llevada, en la relación de Húmedo von Mustachen y Adora Buencorazón. Angua y Zanahoria mantienen un noviazgo muy, muy largo, y muy muy cauteloso, provocado en parte por las circunstancias personales de Angua y en parte porque Carrot pone sus obligaciones por delante de lo personal. Magrat y Verencio se sobreponen a la tremendísima timidez de ambos. Y finalmente, el Comandante Vimes y Lady Sibyl Ramkin tienen una relación en la que se nos oculta todo el romance y se nos muestra la convivencia entre un hombre cariñoso pero demasiado ocupado y una esposa paciente y entregada pero que mantiene sus intereses anteriores al matrimonio. A veces tienen alguna escena tierna, más bien pequeños detalles que muestran que se quieren, más que diálogos o explicaciones del narrador. Es sutil y realista.

Las relaciones amorosas pratchettianas tienen, sin embargo, algunos puntos débiles. . Una novela, La Corona de Hielo, muestra varios de ellos de forma muy exagerada. Aquí, Pratchett recurre a un planteamiento de las relaciones entre hombres y mujeres que choca de lleno con la caracterización de muchos personajes creados anteriormente (aquí una reseña lo menciona de pasada, respecto al gato Greebo) . A saber: las hembras (mujeres y animales) nacen sabiendo seducir. Hay una sola manera femenina de seducir: la altivez, hacerse la estrecha. Esto siempre funciona: ante una mujer estirada, los hombres caen sin remedio. Además, los machos (incluye animales) son tontos, y enamorados más tontos. Y toleran la agresividad de las hembras que desean, se cohíben ante ellas. Un par de citas, que no son chistes sueltos sino que forman parte de una visión conjunta, coherente, que la novela da del amor.

«El cortejo es muy importante, tú sabes. Básicamente es la manera en la que el chico se puede acercar a la chica sin que ella lo ataque y le quiera sacar los ojos».

 «Las chicas de la Creta no huían a menudo de un muchacho lo bastante rico como para tener su propio caballo – o no mucho rato y no sin dejarse alcanzar». 

«No deberías tener miedo de él. Es él el que debería tener miedo de ti . . . ¡Porque eres una chica! Muy mal tienen que irnos las cosas si una chica lista no puede tener a un chico comiendo de su mano. Está loquito por ti. Podrías destrozarle la vida con una sola palabra».

Aquí habla un Nac Mac Feegle intentando explicar a otro cómo funcionan las relaciones humanas (los Nac Mac Feegle tienen una especie de Abeja Reina por comunidad así que de amor humano no entienden nada), el narrador, y Tata Ogg, así que la visión es común a la novela entera, no simplemente una anécdota o la visión de un solo personaje. La Corona de Hielo es la 35º novela de Mundodisco, la tercera protagonizada por Tiffany, y la novena de las brujas, así que es poco probable que alguien empiece a leer por aquí. Como ya digo, chirría respecto al conjunto, aunque hay detalles que sí conocemos de antes, como la idea de que las personas enamoradas hacen muchas tonterías independientemente de su género.

Pratchett nos ha dejado. Se ha ido al mismo sitio que Aristófanes,  Fernando de Rojas, William Shakespeare, Jane Austen, Roald Dahl, Astrid Lindgren, y durante muchas generaciones leeremos a Yaya Ceravieja y a todas las demás como a la Celestina, Pippi Calzaslargas, Portia, Lizzie Bennett, Matilda, o Lisístrata. Todas ellas divertidas, reales, originales y al mismo tiempo un espejo en el que mirarnos. Gracias, Terry Pratchett.

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Literatura

Dickens: un mapa para entrar en el bosque.

lizzie hexamIlustración original de Our Mutual Friend por Marcus Stone. Los Hexam pescan restos en el Támesis.

Charles Dickens es un autor incomprendido. Fue muy popular en su tiempo, más adelante criticado por ser demasiado sentimental y simplista en su visión de problemas sociales, y más adelante recuperado sobre todo como autor infantil. Casi todo el mundo lo conoce como “el autor de Oliver Twist” y de ahí se generaliza a “libros juveniles, protagonistas niños, problemas sociales, finales felices”. Bueno…. ahí aciertas más o menos la mitad.

En este novelista tan prolífico (catorce novelas, media docena de novelas cortas o cuentos, una vida entera de periodismo) se entrecruzan varias tendencias: el humor con tintes grotescos, el melodrama, y la preocupación por la reforma social. Dickens aprendió a escribir novelas desde el periodismo, y según mejora la calidad de la estructura de sus novelas, se aprecia cómo se va volviendo más pesimista y más interesado en cuestiones globales que en las aventuras de personajes individuales. Por eso, hacia el final de su obra no todos los finales son positivos (alguna novela de juventud tampoco termina bien).

Es muy importante también que todas sus novelas se publicaron por entregas. Una novela se publicaba normalmente en 20 entregas mensuales, es decir, cosa de año y medio. Y Dickens al principio escribía sobre la marcha, sin saber dónde iba a llegar, por lo que controlaba muy bien la estructura de cada entrega pero no tanto la de la novela completa. Como un guionista actual de series.

Con tantas novelas donde elegir, ¿por dónde empezar? Las voy a separar en los clásicos imprescindibles, las joyas poco conocidas y las que mejor que continúen en el olvido de las obras menores. Los números indican orden y año de publicación.

 Los clásicos:

Oliver Twist. (2; 1839) La que todo el mundo conoce, y quizá por eso malentendida como la más representativa. ¿Niño protagonista? El primero de dos… en una carrera con catorce novelas. ¿Ambientes marginales? La única novela que muestra el mundo de la delincuencia. ¿Fábricas, el efecto de la revolución industrial? Una de tres novelas en las que se habla, más o menos y tampoco mucho, de industrialización. Oliver Twist empieza satírica, irónica, escrita por un Dickens cercano al periodismo. Y según fue escribiendo, cambió hacia el modo que lo hizo más popular: sentimental y melodramático. Parecen dos novelas en una. Hay que leerla aunque sólo sea para darte cuenta de que no es un libro para niños.

Cuento de Navidad (A Christmas Carol, 1843) no me gusta mucho, quizá por haber leído/visto/escuchado demasiadas veces. Eso sí, es el único de los cuentos de navidad que merece la pena. Hay cuatro más.

David Copperfield (8, 1850). Probablemente la mejor. Empieza como alguna de las novelas de juventud, como la biografía de un muchacho desde que nace o se queda huérfano, pero se diferencia de ellas en que el sentimentalismo está más controlado, el autor sabe desde el primer momento a dónde nos quiere llevar, y los argumentos secundarios no se van por las ramas. Tiene algunos de los personajes mejor descritos de toda la carrera del autor, particularmente Mr Murdstone, el malvado padrastro del protagonista.

Casa Desolada (Bleak House, 9, 1853). Aunque tenga su mérito, no es de mis favoritas. Desde el punto de vista formal, un experimento: alternan un narrador impersonal que escribe en presente en vez de en pasado, con una narradora en primera persona, que es más un personaje secundario testigo de lo que ocurre que una protagonista. El argumento: cómo un pleito que se eterniza destruye una familia. Muy pesimista, y con un catálogo de secundarios que no se acaba nunca.

Tiempos Difíciles (Hard Times, 10, 1854). Una de las más cortas y quizá por eso muy buena para empezar. Es la única que habla algo, y no mucho, de la revolución industrial, pero es apenas una excusa para criticar el pensamiento de la época y no el sistema económico. El problema para Dickens no era la industria o el capitalismo, sino el énfasis en lo utilitario y no en, digamos “valores humanos”. Es significativo que vemos por dentro con más detenimiento una escuela que una fábria (las otras novelas que hablan de educación son Nicholas Nickleby, Dombey e Hijo, David Copperfield, Grandes Esperanzas y Our Mutual Friend)

La Pequeña Dorrit (11, 1857) tiene cierta relación con Casa Desolada porque es otra historia con gente que está esperando, esperando, sin hacer nada. Amy Dorrit, la “pequeña” del título, no es la protagonista: el libro a punto estuvo de llamarse “Nobody’s Fault” (No es culpa de nadie). Tanto Amy Dorrit como el protagonista, Clennam, son de un pasivo que dan ganas de zarandearlos, ambos dañados por unas familias desastrosas.

Historia de dos ciudades (A Tale of Two Cities, 12, 1859) Las dos ciudades son Londres y París, y la mayor parte de la acción sucede durante la fase llamada “El Terror” de la Revolución Francesa. Aquí se ve un rasgo muy dickensiano, la desconfianza ante las revoluciones y cierta francofobia. El Antiguo Régimen es una pesadilla dirigida por sádicos, y la revolución…. también. En cualquier caso, es una lectura amena y una de las novelas más cortas.

Grandes Esperanzas (Great Expectations, 13, 1861). En la Universidad, por una cuestión de tiempo, suelen mandar una de las tres novelas un poco más cortas, y a mí me tocó ésta. Me encantó y no me canso de releerla. Las “esperanzas” del título son las de Pip: un aprendiz de herrero con un misterioso benefactor que lo manda a Londres a vivir como un caballero. Pip está convencido de que su mecenas es Miss Havisham, la tutora legal de Estella, de quien él está enamorado desde niño. Al nivel de David Copperfield en “jovencito espabila a bofetones de realidad”, pero ésta es bastante más amarga.

 Los que merece la pena explorar:

 Los papeles del Club Pickwick. (The Pickwick Papers, 1, 1837) A mí no me gusta mucho, pero tiene sus fans. Me recuerda a algo que tampoco es mi género favorito: las novelas inglesas del siglo anterior. No tiene un argumento propiamente dicho: Mr Pickwick, un amable caballero, funda un “club” informal con sus amigos para salir de excursión y se mete contra su voluntad en toda clase de absurdas aventuras. Quizá si recordamos que se trata de un serial y que no se pensó como una novela se puede apreciar su falta de estructura global.

Dombey e Hijo (Dombey and Son, 7, 1848). Es de mis favoritas. Tengo debilidad por ella. Si se divide la obra de Dickens en dos mitades, juventud y madurez, ésta es la novela de la transición. Es la primera vez que el autor empezó a escribir con una idea aproximada del conjunto del argumento y sabiendo cómo quería terminar, porque hasta ahora el serial era entero improvisado. Esta es la historia de un empresario cuya mayor ilusión es tener un hijo para que el “Dombey e Hijo” de la empresa familiar vuelva a ser realidad. Y lo tiene, pero es un niño débil y enfermizo. Mientras tanto, su hija mayor, Florence, crece sin que nadie le haga mucho caso. Una novela con personajes que tienen todas las necesidades básicas cubiertas, excepto el amor, con los resultados que te puedes imaginar. Y la primera obra que se sepa con la estructura tan típica en Hollywood de las películas de millonarios sin vida familiar que pierden todo para darse cuenta de qué es lo importante.

Nuestro común amigo (Our Mutual Friend, 14, 1865) No tengo ni idea de por qué no es tan famosa como el resto de obras de madurez. Bastante descargada de melodrama y con menos sentimentalismo que la mayoría, la parte “social” y “realista” se centra en las cloacas de la revolución industrial, literalmente: el submundo de quienes viven de pescar restos en el Támesis, y el destino de una herencia en la que la parte principal son…. montones de basura, quizá estiércol o cenizas. El argumento es lo de menos: es para dejarse llevar por sus personajes, unos realistas, otros grotescos, y sus andanzas.

Obras menores, evítalas, hazme caso:

 Nicholas Nickleby (3, 1839). Déjala pasar sin remordimientos. Nicholas, un muchacho joven, bueno pero impulsivo, se queda huérfano. Él y su hermana Kate tienen que trabajar para vivir y tienen una serie de aventuras nada conectadas entre sí; si esto de ir pasando de trabajo en trabajo y la estructura episódica te suena a novela picaresca española, acertaste, pero el tono no es tan cómico y hay un fuerte mensaje moral.

Almacén de Antigüedades (The Old Curiosity Shop, 4, 1841) Abrir a lo bestia el grifo del sentimentalismo puso a Dickens en la cima de la popularidad. Veamos: Nell y su abuelo tienen una tienda, la que da nombre al libro. Por razones largas de contar, huyen de Quilp, un enano grotesco. Hay secundarios cómicos y mucho, mucho sentimentalismo.

Barnaby Rudge (5, 1841) Un intento de novela histórica sobre unas revueltas populares anticatólicas sesenta años atrás. Mucho mejor que las dos novelas anteriores, pero aún así, sólo apta para muy fans.

Martin Chuzzlewit (6, 1844) Por un lado, tiene la mayor parte de los defectos de las novelas de juventud: Martin es un muchacho valeroso que tiene aventuras y se enamora de una chica que no tiene un duro y a la que acosa un indeseable. Los argumentos secundarios crecen en todas direcciones como la mala hierba. Pero tiene un noséqué, un principio de lo que va a ser el desarrollo de personajes en las obras de madurez.

Y por redondear con la aplicación en secundaria, ¿cuáles son las más relevantes a ese nivel? Pues Oliver Twist, y las cortas: Cuento de Navidad, Historia de dos ciudades, Tiempos Difíciles, y quizá Grandes Esperanzas. Mejor leer una novela corta que una adaptación, aunque haría una excepción por David Copperfield.