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Viejas

Todos los días me cruzo por la calle con muchas mujeres mayores. Se puede distinguir su nivel socioecómico más fácilmente que a los hombres: es decir, con los hombres viejos no es tan fácil distinguir pobres de no-tan-pobres, ni extranjeros de nacionales. A veces veo una pareja de ancianos y sé que son turistas por ella, no por él, que podría parecer español hasta que abre la boca.

¿Que por qué me fijo en esta distinción? Porque me revela algunas de las terribles injusticias que se han cometido contra las mujeres pobres, en este país y en otros. Se ve a la legua, os explico. La mayoría de las ancianas no andan con soltura. Esa rigidez puede variar: algunas arrastran los pies, y otras se tambalean de lado a lado, como barcos, como palios en Semana Santa. Algunas, debido a la rigidez de la cintura, se tambalean o hacen pequeños movimientos innecesarios al caminar, sólo de cintura para arriba. Otras, pocas, cojean. Siempre tienen chepita, o los hombros caídos. No caminan con la espalda recta. Nunca parecen del todo cómodas. Muestran inseguridad. A menudo están gordas, con una distribución corporal de esa gordura distinta de las mujeres jóvenes, y de las mujeres más ricas que vienen a hacer turismo. Es, creo, la suma de flaccidez con acumulación de grasa. Esto se añade a la sensación de torpeza, dolor e incomodidad que transmiten.

No suelen ir de luto, pero sí van vestidas de manera discretamente fea. Muchos no-colores. Ropa barata (la que hay). Poca ropa que ajuste al cuerpo y defina las formas. Muy rara vez pantalones. Muy rara vez ropa que esté de moda. Sólo las muy ricas son elegantes. Las de en medio, las que no son pobres, tienen su propia forma de vestir, condicionada en primer lugar por qué está disponible en su talla, y en segundo, por la discreción. Algunas se pintan. Muchas se tiñen el pelo, mal, y en casa. Tienen el pelo corto, pero no como los hombres: lo llevan corto y sin forma. Son frecuentes, en las que se lo pueden permitir, las joyas de oro que son más un indicativo de clase que un complemento que embellezca.

Esto no es una necesidad de la vejez. Las viejas españolas parecen veinte o treinta años mayores que las turistas extranjeras de su misma edad. Esto es lo que pienso sobre las experiencias vitales, desde la infancia, que hacen que sea tan fácil identificar el origen o la clase social de las ancianas.

Los zapatos. De qué calidad han sido. Con cuánta frecuencia han podido renovarlos. ¿Han tenido un solo par de zapatos, el mismo para todos los días, sin poder alternar? ¿Han tenido que usar zapatos que les quedaban pequeños? ¿Han usado mucho zapato de tacón? Fíjate cuado veas una vieja por la calle: es probable que use zapatillas de estar por casa para salir, negras o marrones para que parezcan verdaderos zapatos. Todo lo demás les duele, y no están educadas para usar zapatos deportivos. Además, las zapatillas son más baratas.

El ejercicio físico.
¿Iban al colegio y había educación física? ¿Han hecho deporte por placer? Las tareas domésticas no cuentan: son un ejercicio asimétrico e irregular. Esa es otra cuestión: ¿cuánto tiempo han dedicado a tareas domésticas que pueden dañar la espalda o las articulaciones, del tipo de como fregar suelos, cargar pesos o lavar a mano? ¿qué edad tenía tu abuela cuando usó por primera vez una lavadora? ¿qué edad tenía una mujer holandesa o inglesa de la generación de tu abuela?

Un lenguaje corporal orientado a ocupar poco espacio. Esto no ha pasado de moda; recuerdo, por ejemplo, unas manos detrás de mí juntándome discretamente los codos contra el cuerpo alrededor del año 2000. Las viejas españolas han sido educadas en bajar la mirada, en caminar con pasos cortos, poco eficientes. A no pasar más que el tiempo justo en la calle. No están acostumbradas a ocupar el espacio público. ¿Han salido solas a hacer algo que no fuera un recado?

La comida.
Las viejas españolas se han criado a base de caldo, pan, dulce, legumbres, grasa. Esto conduce a desarrollar poca masa muscular. Cuando más adelante en us vidas hubo mayor cantidad de alimentos, su salud en parte mejoró, pero por otra parte  engordaron más rápidamente y con una distribución distinta a la que tendrían si hubieran tenido acceso a alimentos de buena calidad cuando eran más jóvenes.

El cuidado dental. Sobra cualquier comentario.

Los embarazos. ¿cuántos tuvieron, y cuántos hijos? ¿qué cuidados prenatales tuvieron? ¿cómo fue la asistencia al parto? ¿cómo pudieron recuperarse después?

La ropa, sobre todo la ropa interior.
¿Qué ropa interior usaron de jóvenes? ¿Fajas que las oprimían, que quitaban libertad de movimientos? ¿Qué edad tenían cuando empezó a ser normal que las mujeres usaran pantalones? ¿Y cuando fue normal que las mujeres usáramos ropa deportiva?

Una vida entera de sacrificio, poco ejercicio, poco acceso al espacio público, poco o ningún acceso al poder, ropa restrictiva, calzado de mala calidad, comida de mala calidad, nos han dado varias generaciones de viejas enfermas y cansadas, que asumen la enfermedad como un hecho de la vida a pesar de que sus maridos no están tan estropeados, o al menos no de la misma manera.

Me dan envidia, sí, las turistas. Y me entristece ver a las ancianas de mi familia arrastrar los pies. No me basta con haberme “liberado” yo, porque sé que es consecuencia de la crianza, bastante privilegiada, que he tenido. Si dentro de treinta años, yo camino más como una turista que como mis vecinas, habremos fracasado.

Eso, por gorda.

El 31 de Agosto, en Twitter, tuvo lugar una larga conversación, con muchos participantes, sobre qué efectos sociales negativos tiene estar gorda. Esto fue a raíz de que un desconocido que no recuerdo dijera algo en la línea del tópico “las mujeres gordas son atractivas, no deben preocuparse tanto por gustar a los hombres”, así que quise contar porqué para mí los problemas derivados de estar gorda tieen poco que ver con atraer a los hombres. Para muchas mujeres es parecido; al fin y al cabo, muchas gordas tenemos relaciones felices con hombres que nos quieren así.

Los problemas se pueden resumir en: los médicos te hacen poco caso, la mayoría de la gente asume que eres vaga y no tienes autoestima, las otras mujeres te tratan peor, y es muy difícil encontrar ropa de tu talla. Pero mejor lees lo que todos estos gordos y gordas tenemos que decir sobre nuestras vidas (mis observaciones son las que están sin firma). Gracias a los participantes, a los que he dejado fuera también, y a los delgados que dieron apoyo.

Comida, culpabilidad y educación.
Condenada a mantener una relación de amor-odio con la comida y tu cuerpo mientras la sociedad te prejuzga (@sibylbanshee)

Sentirte culpable al comerte un donut, porque tu madre lleva toda la vida diciéndote que tú lo que tienes q hacer es ponerte a dieta. (@Child_Deirdre)

Cuando una flaca come en el McDonalds, todo bien. Ven una gorda y piensan: “claro, por eso está así de gorda”. (@Child_Deirdre)

Y ya no os hablo de la relación entre nivel económico y obesidad. “Pero la culpa es tuya, que no te sabes alimentar” (@AnaLangstrump)

Deporte.
Si estás gorda y corres por la ciudad, antes o después alguien se va a reír de ti. (@Child_Deirdre)

Y si ya te cuesta encontrar ropa de calle de tu talla, ni se te ocurra entrar en una tienda de ropa de deporte. (@Child_Deirdre)

Los gordos no corremos, ni jugamos al fútbol, o nos peleamos, somos patosos en gimnasia. Aunque seamos listos, nos tratan de gilis. (@carlos28051)

Os estoy leyendo con lo de #EsoPorGorda y me estoy acordando de las clases de gimnasia y el test de cooper con la alergia y el asma… (@LordTesla)

La gordura es un tabú. Porque sabéis que es un insulto aunque lo neguéis.
Cuando dices que estás gorda, te dicen “mujer, tú no estás gorda”. Como si hubieras dicho algo terrible. (@Child_Deirdre)

No eres gorda, eres rellenita (@perdidiya)

Que la gente que te aprecia se espante cuando te autodefines como gorda, porque creen que es un insulto.

La ropa. La que no hay.
Comprar ropa es difícil, sobre todo si eres una mujer joven o quieres ropa que podríamos llamar pija, formal, o profesional. Tu talla no se encuentra. De la 46 o 48 en adelante, tienes ropa fea y conservadora pero sin llegar a elegante (resumiendo: “para viejas”), algo de ropa deportiva, y todo caro.

De bañadores mejor no hablar. Por encima de una determinada talla, todos son negros o marrones. Enterizos. Nada de bikinis.

¿No estará buscando ropa para usted, verdad? Aquí no tenemos esas tallas -No, estudio cómo se gana la vida una impertinente. (@De MadridAlCiel1)

Comprando ropa: “A ver si tengo algo, es que es usted tan… abundante” (@_equaliza)

– ¿Te llevas el vestido? – No me gusta cómo me queda. – Pues con esas anchuricas que tienes y este precio, no sé qué esperas. (@maiteolondriz)

Que preguntes por una talla y te miren como su estuvieras loca o te traten como si tuvieras la peste. (@annaga94)

Es difícil encontrar sujetadores por encima de la 95B. Cuando los hay, a menudo son caros, feos, o las dos cosas. Luego ya veremos si realmente sujetan.

Imposible encontrar un sujetador que no desborde, barato y que te siente bien. (@AnaLangstrump)

Estar gorda o delgada importa más que cualquier logro personal.
Oído por la calle: La celulitis de Serena Williams levanta el ánimo de cualquier chica (@rosarmario)

Marion Bartoli, campeona de Wimbledon, presentador de la BBC: te ha dicho tu padre que nunca serás un bombón? (@rosarmario)

Que se hable más del físico de Adele que de su música. (@LauraLunaMun)

Tu capacidad profesional está en entredicho. Y tu fuerza de voluntad, y tu disciplina.

Maneras de convencerte de que no vales. Las gordas somos tontas y raras.
“Que lástima que sea gorda, con la cara tan bonita que tiene” (@Analangstrump)

Tener miedo de encontrarte con chicas más delgadas que tú por la calle por si te miran con desprecio (@annaga94)

No eres una persona más, sino una víctima de estereotipos y menciones por tu peso y volumen como #EsoPorGorda (@sibylbanshee)

Sorprenderte a ti misma haciéndote chistes y insultos sobre tu peso para evitar el juicio de las delgadas (@Lasti_)

Que cada dos por tres el TT sea de chistes sobre gordas. (@LauraLunaMun)

Que tus amistades hagan “bromas” con tu cuerpo. (@annaga94)

Las niñas somos tontas, y los niños, empollones.

Nos consideran torpes, tontos, sudorosos…(@carlos28051)

Asociar obesidad y sobrepeso a dejadez, poca autoestima y poca higiene, y no, en su mayoría no (@AnaLangstrump)

No ver mujeres parecidas a ti en ningún medio de comunicación. Sólo de vez en cuando, y de “graciosas”. Siempre solteras.

No ver NIÑAS parecidas a ti en ningún medio de comunicación. Jamás.

Los niños gordos que salen en los medios de comunicación siempre son matones o tontos perdidos.

Los hombres empiezan contigo, o sin ti pero en tu presencia, conversaciones que no son asunto tuyo ni quieres oír sobre qué tipos de mujer les gustan.

Si tienes una enfermedad mental, la gente la asociará a tu gordura. Estás gorda porque no te quieres.

Otras personas hablan de ti a tus espaldas de problemas emocionales reales o imaginados que te impiden adelgazar.

Otras personas quieren opinar e incluso decidir sobre el ejercicio físico que haces.

Otras personas te dan consejos que no les has pedido, sobre lo que comes o sobre tu salud. (Añade @laeme: y sobre cualquier cosa)

La identificación tetas=sexo es tan intensa que si te pones la misma ropa que otra mujer, tú resultas basta, provocativa y poco profesional.

Hay gente que te recuerda como “la gorda”. Te encasillan en un papel sobre cómo creen que deben ser los gordos.

Los médicos te toman menos en serio. Vas al médico porque tienes tos y te dice que pierdas peso.