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En contra del turismo

DSC_0020Un bar cerrado desde hace meses en el centro de Ayamonte (Huelva).

Seguramente has oído decir que no está bien basar la economía en el turismo. Esto a veces se dice como «turismo y servicios». No suscribo esto, no me parece que el conjunto del sector servicios se pueda tratar como la industria turística. Y el sector turístico, desde luego, hay que aprovecharlo económicamente. Pero aquí tienes algunas razones para no tratarlo como principal motor económico.

1. El turismo siempre está subordinado a que las personas de los países donde te has dado publicidad tengan dinero de más. Ir de vacaciones es un lujo. Por eso, ante una crisis económica es de lo primero que sufre. Dependes mucho del bienestar ajeno. No vale bajar los precios: ser turismo barato es peligroso a largo plazo. Quienes desean unas vacaciones baratas siempre las van a encontrar más baratas aún en otro país. Ah, ¿todavía te creías que vienen porque les gusta España?

2. El turismo y la hostelería pueden usarse para el desarrollo, pero no es lo más frecuente. No es que «no produzca»; el sector servicios tampoco. Pero un abogado resuelve conflictos, una médica cura, una peluquera me corta el pelo, sin el transporte no funciona nada más. Son cosas que mejoran la calidad de vida de la gente. El turismo podría estar relacionado con el desarrollo, sobre todo el cultural: restauración de monumentos, museología, gastronomía, por ejemplo. Pero sabemos que no es lo que se suele hacer. Tenemos hoteles, bares, chiringuitos y hamburgueserías. Nada de esto supone una mejora en el bienestar de los habitantes del país. Y en el bienestar de los usuarios…. qué quieres que te diga, no me parece que emborracharse y quemarse al sol sean actividades muy enriquecedoras.

3. Visto por el lado del conocimiento: es la más clara expresión del «que inventen ellos». Si lo que quieres desarrollar, en un esfuerzo global y sistemático, es el turismo, sobre todo el barato, estás cortando la capacidad de creación de conocimiento del país. Repito: con excepciones en lo cultural y gastronómico, que no son el grueso del turismo en España.

4. Casi todo el trabajo relacionado con la hostelería y el turismo es poco cualificado. Eso significa que estará mal pagado y que los trabajadores son fáciles de sustituir. Además es muy estacional, si dependes de que la gente vaya a la playa. En conjunto es un empleo muy frágil.

5. El turismo aumenta el coste de la vida en la zona turística, lo que es un problema para la población local. Algunas de las zonas con más pobreza de España son muy turísticas. Eso no trae riqueza: sirves hamburguesas por el salario mínimo y los pisos están el doble de caros que a 50 km.

6. El turismo ahuyenta a la población local, convirtiendo ciudades antes estupendas en parques temáticos hostiles a quienes llevaban allí toda la vida. Algunos ejemplos muy conocidos son Venecia y Barcelona.

7. El turismo, especialmente el playero, agrede el medio ambiente.

8. Las soluciones tipo «parque de atracciones/megacomplejo turístico» no son rentables. Hay una fuerte inversión al principio, y luego pérdidas. En España hay cuatro (Isla Mágica en Sevilla, Terra Mítica en Benidorm, Parque Warner en Madrid y Port Aventura en Salou). De los cuatro, sólo Port Aventura da beneficios.

Los únicos que sacan tajada de verdad de todo esto son los constructores, y alguna multinacional instaladora de franquicias. Un ejemplo de cómo se nos ha convencido de que la industria turística española tiene algún sentido es la normalización de la segunda residencia, que para una familia de ingresos medios es económicamente un despropósito. Suponte que pagas 400 euros al mes por la hipoteca y los gastos del piso de la playa. Por doce meses, 4800 euros. ¿Qué vacaciones de lujo no te darías con ese dinero?

No estoy en contra del turismo, así, en bloque. Está muy bien ir de vacaciones. Está muy bien que haya bares y hoteles. Lo que no está nada bien, porque es mentira, es convertirlo en la clave de la economía de un país, que es lo que está ocurriendo. Sólo va a servir para hundirnos más.

Feminismo interseccional, cuestión de vida o muerte.

kasturbaUn paritorio en Nueva Delhi. Fotografía de Lynsey Addario.

El feminismo es una cuestión de vida o muerte. Cuando se es una mujer blanca, con trabajo, razonablemente sana y que no pasa hambre, las cuestiones de vida o muerte se reducen, pero una mirada a la prensa nos recuerda de dónde venimos, y también, que la lucha feminista no nos afecta a todas por igual. Por ejemplo, publicaba El País hace un par de días que entre los «Objetivos del Milenio», el quinto, la mejora de la salud materna, no se está cumpliendo según lo previsto. «Mejora de la salud materna» es una manera afirmativa de decir «que las mujeres no se mueran en el embarazo, el parto, o poco después de parir».

En este riesgo de muerte entran muchos factores. Es transversal y terrorífico. A continuación voy a desmenuzar algunas de las causas por las que parir en muchas partes del mundo es jugarte la vida.

Si las niñas estudian, retrasan el matrimonio y el primer hijo. Ello repercutirá en su salud. Que ello ocurra depende de que la educación sea gratuita o barata, que la familia disponga de medios para gastos escolares, que los padres no piensen que vender a su hija les reportará un beneficio, y de que los padres consideren que las niñas merecen una educación, tanto si van a ser amas de casa como si no. Casi todos estos factores son económicos, o de clase. Algunos pueden afectar a niños y a niñas: se puede organizar un sistema público de educación que sea mixto, igualitario, segregado, con medidas específicas de apoyo para las niñas…. En muchos países, subvencionar los comedores escolares o el uniforme de todos o de las niñas puede hacer que las niñas sean menos vistas como una carga.

Puede que tengas acceso a un sistema de salud decente, y puede que no. En algunos países no lo hay para nadie, pero lo normal es que los ricos y sus mujeres sí tengan sanidad a su disposición. La salud también depende de la higiene: tener agua corriente, cuartos de baño. Esto también es cuestión de clase.

Una cuestión que no es tanto de clase es que la medicina trata a la mujer como un hombre con mamas y útero. Se toman los valores normales para los hombres, se observa su efecto en el sistema reproductor femenino, y ya tienes lo que la medicina considera la normalidad. En ese punto de vista, una embarazada no es un ser humano: es un útero con patas.El artículo enlazado señala cómo está poco estudiado el efecto de la maternidad en enfermedades infecciosas.

Además, ¿hay presión social para tener muchos niños? Más partos, más riesgo. Donde eso ocurre, suele ser porque los niños trabajan o son considerados, da igual por qué motivo, una inversión. Por ejemplo, porque cuidarán de sus padres cuando sean viejos. Porque se asume que van a morir varios, así que mejor tener trece y que sobrevivan cinco. Donde los niños y niñas no trabajan, donde las niñas no tienen que cuidar de sus hermanitos, donde hijos o hijas no son un seguro para la vejez, hay menos necesidad de tener muchos hijos.

¿Cómo son los primeros días o semanas tras el parto? ¿La recién parida puede descansar? ¿Puede ir al consultorio? ¿Puede comer adecuadamente? ¿Hay personas que pueden cuidarla a ella o a los hijos pequeños mientras ella se encarga del recién nacido? Aquí pesa la clase y también la familia. El padre, ante todo, o la red familiar que la mujer tenga. Quién se haga cargo dependerá de cada cultura. Sería ideal que estos cuidados fueran profesionales. Lo que sí va a depender más del padre es que la familia pueda prescindir del trabajo de la mientras descansa o va al consultorio. En algunos casos, será incluso concienciar a los hombres no para que se encarguen ellos de lo doméstico, sino para que den permiso a sus esposas. Esta tarea de educación no se puede dejar exclusivamente en la interesada. Corresponde a la sociedad… a los otros hombres.

También dependerá de factores económicos y de la educación de los hombres el acceso a anticonceptivos.

Por terminar con una reflexión, ¿estamos en una sociedad que valora a las mujeres como seres humanos, o como mulas y parideras? ¿interesa que sobrevivamos?

Morir tras parir en un país pobre es una situación extrema, pero ejemplos hay a patadas. Vayamos al otro extremo, a la situación de mujeres blancas y ricas. Cuenta Verónica del Carpio en su blog que el 50% de la judicatura en España son mujeres. Y muy pocas llegan a la élite: Tribunal Supremo, etc. El blog facilita un par de datos objetivos sobre la evolución de la carrera profesional de las juristas. Hace décadas que las mujeres son mayoría entre quienes se licencian en Derecho, por una parte, y la inmensa mayoría de las excedencias por cuidado de hijos entre jueces y fiscales se las cogen mujeres y no hombres.

¿Qué lleva a las chicas que acaban la carrera de Derecho a no sacarse unas oposiciones? El machismo de los tribunales de oposición, quizá. También lo caro que sale prepararse unas oposiciones. La necesidad de dedicarte en cuerpo y alma a estudiar, mucho más que durante la carrera, y además sin becas. Una vez en la judicatura, ¿qué? De nuevo: cuestión de clase: ¿puedo permitirme preparar esa oposición, esa mudanza, ese dejar a los niños solos? Y también un problema con los hombres. Novios, esposos, el padre de los hijos, que no ponen las cosas fáciles. Nos encontramos el machismo en la carrera profesional, pero el dato sobre excedencias para cuidar de los hijos revela que también lo tenemos en casa.

Yo lo tengo claro. Si el feminismo va a llegar a alguna parte, va a ser teniendo en cuenta la intersección género/clase, e implicando a los hombres hasta en lo más pequeño. Eso no significa que deje de hablar de series de TV, chistes, o zapatos. Me refiero a dónde está la solución de los problemas graves. Y en un mundo con muchas mujeres con dinero/tiempo de ocio (¡clase!) y facilidad para producir cultura (¡clase!), imaginad qué películas habría.

Viejas

Todos los días me cruzo por la calle con muchas mujeres mayores. Se puede distinguir su nivel socioecómico más fácilmente que a los hombres: es decir, con los hombres viejos no es tan fácil distinguir pobres de no-tan-pobres, ni extranjeros de nacionales. A veces veo una pareja de ancianos y sé que son turistas por ella, no por él, que podría parecer español hasta que abre la boca.

¿Que por qué me fijo en esta distinción? Porque me revela algunas de las terribles injusticias que se han cometido contra las mujeres pobres, en este país y en otros. Se ve a la legua, os explico. La mayoría de las ancianas no andan con soltura. Esa rigidez puede variar: algunas arrastran los pies, y otras se tambalean de lado a lado, como barcos, como palios en Semana Santa. Algunas, debido a la rigidez de la cintura, se tambalean o hacen pequeños movimientos innecesarios al caminar, sólo de cintura para arriba. Otras, pocas, cojean. Siempre tienen chepita, o los hombros caídos. No caminan con la espalda recta. Nunca parecen del todo cómodas. Muestran inseguridad. A menudo están gordas, con una distribución corporal de esa gordura distinta de las mujeres jóvenes, y de las mujeres más ricas que vienen a hacer turismo. Es, creo, la suma de flaccidez con acumulación de grasa. Esto se añade a la sensación de torpeza, dolor e incomodidad que transmiten.

No suelen ir de luto, pero sí van vestidas de manera discretamente fea. Muchos no-colores. Ropa barata (la que hay). Poca ropa que ajuste al cuerpo y defina las formas. Muy rara vez pantalones. Muy rara vez ropa que esté de moda. Sólo las muy ricas son elegantes. Las de en medio, las que no son pobres, tienen su propia forma de vestir, condicionada en primer lugar por qué está disponible en su talla, y en segundo, por la discreción. Algunas se pintan. Muchas se tiñen el pelo, mal, y en casa. Tienen el pelo corto, pero no como los hombres: lo llevan corto y sin forma. Son frecuentes, en las que se lo pueden permitir, las joyas de oro que son más un indicativo de clase que un complemento que embellezca.

Esto no es una necesidad de la vejez. Las viejas españolas parecen veinte o treinta años mayores que las turistas extranjeras de su misma edad. Esto es lo que pienso sobre las experiencias vitales, desde la infancia, que hacen que sea tan fácil identificar el origen o la clase social de las ancianas.

Los zapatos. De qué calidad han sido. Con cuánta frecuencia han podido renovarlos. ¿Han tenido un solo par de zapatos, el mismo para todos los días, sin poder alternar? ¿Han tenido que usar zapatos que les quedaban pequeños? ¿Han usado mucho zapato de tacón? Fíjate cuado veas una vieja por la calle: es probable que use zapatillas de estar por casa para salir, negras o marrones para que parezcan verdaderos zapatos. Todo lo demás les duele, y no están educadas para usar zapatos deportivos. Además, las zapatillas son más baratas.

El ejercicio físico.
¿Iban al colegio y había educación física? ¿Han hecho deporte por placer? Las tareas domésticas no cuentan: son un ejercicio asimétrico e irregular. Esa es otra cuestión: ¿cuánto tiempo han dedicado a tareas domésticas que pueden dañar la espalda o las articulaciones, del tipo de como fregar suelos, cargar pesos o lavar a mano? ¿qué edad tenía tu abuela cuando usó por primera vez una lavadora? ¿qué edad tenía una mujer holandesa o inglesa de la generación de tu abuela?

Un lenguaje corporal orientado a ocupar poco espacio. Esto no ha pasado de moda; recuerdo, por ejemplo, unas manos detrás de mí juntándome discretamente los codos contra el cuerpo alrededor del año 2000. Las viejas españolas han sido educadas en bajar la mirada, en caminar con pasos cortos, poco eficientes. A no pasar más que el tiempo justo en la calle. No están acostumbradas a ocupar el espacio público. ¿Han salido solas a hacer algo que no fuera un recado?

La comida.
Las viejas españolas se han criado a base de caldo, pan, dulce, legumbres, grasa. Esto conduce a desarrollar poca masa muscular. Cuando más adelante en us vidas hubo mayor cantidad de alimentos, su salud en parte mejoró, pero por otra parte  engordaron más rápidamente y con una distribución distinta a la que tendrían si hubieran tenido acceso a alimentos de buena calidad cuando eran más jóvenes.

El cuidado dental. Sobra cualquier comentario.

Los embarazos. ¿cuántos tuvieron, y cuántos hijos? ¿qué cuidados prenatales tuvieron? ¿cómo fue la asistencia al parto? ¿cómo pudieron recuperarse después?

La ropa, sobre todo la ropa interior.
¿Qué ropa interior usaron de jóvenes? ¿Fajas que las oprimían, que quitaban libertad de movimientos? ¿Qué edad tenían cuando empezó a ser normal que las mujeres usaran pantalones? ¿Y cuando fue normal que las mujeres usáramos ropa deportiva?

Una vida entera de sacrificio, poco ejercicio, poco acceso al espacio público, poco o ningún acceso al poder, ropa restrictiva, calzado de mala calidad, comida de mala calidad, nos han dado varias generaciones de viejas enfermas y cansadas, que asumen la enfermedad como un hecho de la vida a pesar de que sus maridos no están tan estropeados, o al menos no de la misma manera.

Me dan envidia, sí, las turistas. Y me entristece ver a las ancianas de mi familia arrastrar los pies. No me basta con haberme “liberado” yo, porque sé que es consecuencia de la crianza, bastante privilegiada, que he tenido. Si dentro de treinta años, yo camino más como una turista que como mis vecinas, habremos fracasado.