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Cómo empezar de cero una biblioteca escolar.

La biblioteca que coordino, lista para empezar el curso.

Casi todos los bibliotecarios escolares que he conocido fueron el primero de su centro, o el primero en muchos años, y comenzaron con una biblioteca que era un almacén de trastos hasta que la pusieron en marcha. No sé si eso será la norma, pero sí es muy frecuente. Además, la legislación educativa nacional no dice casi nada de las bibliotecas escolares, cuyo día a día queda a criterio de las comunidades autónomas. Que alguien me corrija si me equivoco, pero en ninguna parte de España existe la figura del bibliotecario escolar, es decir, una persona con esas funciones exclusivas o casi. Lo que tenemos son “coordinadores de biblioteca”, profesorado que dedica parte de su horario a esa función. En este post sobre las guardias explico cómo nuestro horario se divide en clases, guardias, reuniones, y diversas tareas. Pues cuando llevas la biblioteca, normalmente se hace en el horario en el que no das clase; en algunos centros estar en la biblioteca es un tipo de guardia y le toca por turnos a todo el mundo.

¿Formación? La que hagamos voluntariamente. Cuando estudias y opositas, las bibliotecas escolares no existen. ¿Medios? Los que ponga el equipo directivo de cada centro. La biblioteca existe solamente por la buena voluntad de quienes participan en ella. ¿Y por qué lo hacemos? Por gusto, para no hacer otro tipo de tareas no lectivas, porque da puntos para el concurso de traslado, o porque nos lo han pedido. Aclarado esto, me voy a dirigir a un profesor que llega nuevo al centro, pregunta por la biblioteca y le dicen que no se usa.

Lo primero, dile al equipo directivo que quieres hacerte cargo. Los primeros días del curso hace falta adjudicar jefaturas de departamento, coordinaciones, y otros asuntos de ese estilo. Si nadie mantiene la biblioteca abierta, estás resolviendo un problema. Entérate de cuál es tu reducción horaria. Puede que sean 2 o 3 horas de la parte no lectiva del horario, o quizá tengan que asignarte menos guardias; dependerá de la comunidad autónoma. Decide si quieres que esas horas sean en el recreo, para abrir al público, o si el primer año no vas a abrir. Yo que tú abría 4 recreos, que son dos horas. Y claro, que no te pongan en el cuadrante de las guardias de recreo. Según cómo sean las cosas en tu comunidad autónoma, busca un equipo de apoyo, es decir, más profesorado que se comprometa a ayudarte aunque sea un poquito. En qué te van a ayudar va a depender de lo que necesites y lo que ellos sepan y puedan hacer, así que ahí no entro aún. En fin, este es el momento de mirar la legislación que se te aplique en tu comunidad, que seguramente te diga que tienes que hacer un plan de trabajo. A veces se te exige un formato concreto; al menos como documento para ti, como una especie de programación de aula, te propongo un esquema. Intento que mis posts sean muy ordenados, pero por una cuestión de fluidez desde aquí va a haber un poco de desajuste entre el orden del esquema, que me parece claro cuando ya tienes las ideas hechas, y el orden en el que os expongo cómo puedes actuar.

  1. Evaluación de la situación previa.
  2. Nombre y funciones del profesorado de apoyo.
  3. Funciones del alumnado de apoyo.
  4. Objetivos.
    1. Medios básicos y acondicionamiento de la sala.
    2. Organización del fondo.
    3. Formación bibliotecaria del alumnado.
    4. Comunicación con el profesorado y los departamentos.
    5. Relación con el resto de la comunidad educativa (familias, antiguo alumnado).
    6. Relación con la comunidad (bibliotecas públicas y otras instituciones).
  5. Criterios para la adquisición de nuevos fondos.
  6. Criterios para el expurgo.
  7. Calendario de actividades.
  8. Actividades extraescolares.
  9. Autoevaluación.

En esta web de la Junta de Andalucía hay algunos manuales de referencia, muy elementales, en los que destacan los dos primeros para estas tareas iniciales.

Además de un plan de trabajo más o menos teórico, te recomiendo usar un cuaderno, un simple cuaderno de papel o quizá tu medio electrónico favorito, y cada vez que hagas una tarea, lo apuntes, con su fecha. Lo que completas se vuelve invisible y la sensación de que no has progresado desmotiva mucho.

A continuación mira a ver la sala y saca sin compasión la basura. Todo lo que esté roto, o se arregla o fuera. Todo lo que no te haga falta en la biblioteca, se lo dices al secretario y que vaya a otro sitio. No puedo insistir suficiente: una biblioteca no puede funcionar bien con trastos estorbando. Tiene que ser un sitio acogedor. Si las estanterías tienen cristales, FUERA. No quieres que se den un cabezazo con ellas. Con los recursos materiales que tengas ahora mismo, según empiezas, plantéate dividir zonas de trabajo para los alumnos, y tu esquina. Necesitas un escritorio, y un ordenador a ser posible con conexión a internet. Vas a necesitar sitio y materiales para escribir a mano, y una impresora, aunque no tienes por qué tenerla aquí si la hay común en otra parte del centro.

Volvamos a la zona que usan los alumnos. Debería haber mesas grandes, o pupitres agrupados. No debe parecer un aula, aunque sea necesario usarla a veces para dar clase (los profesores que la utilicen se adaptarán a ella, y no al revés). Y por supuesto, no debe usarse NUNCA como el cuarto al que se manda a los alumnos expulsados de clase. Si a la biblioteca se va castigado, no se irá a otra cosa. Al principio de todo tu objetivo es que se pueda entrar sin ningún obstáculo, que no haya nada que no deba estar allí, y que haya sitios en los que sentarse a charlar tranquilos, leer o hacer un trabajo en equipo. La decoración mejor la pospones o la delegas, a menos que te guste mucho.

Ahora vamos a fijarnos en los libros. En dos aspectos: qué tenemos y si está catalogado en un programa informático útil. El que se nos recomienda es ABIES. Reconozco que hay detalles técnicos que olvido de una vez para otra, como por ejemplo la instalación de una lista de alumnos. Pero Abies es fácil de usar una vez que te pones a ello. Si no lo tienes, solicítalo. No te doy un enlace porque depende, de nuevo, de tu comunidad autónoma. Si lo tienes, enhorabuena. Te toca comprobar si los libros están catalogados. ¿Que sí? Bueno… a menos que la biblioteca estuviera en uso, te recomiendo comprobar que las fichas están bien hechas. En mi biblioteca había duplicados porque se había intentado poner en marcha en 2005 y 2010, y muchas incoherencias con libros introducidos como “Historia Interminable, La” o “La Historia Interminable”. En serio, repásalos. Y ni que decir tiene que un catálogo en fichas de papel solo te sirve a la desesperada. Usa el programa que quieras, pero hazlo a ordenador.

Si el catálogo no está hecho o está incompleto, es la tarea prioritaria. Habrá quien piense que hay que involucrar al alumnado, a las familias, hacer actividades de fomento de la lectura, y cosas así. Todo eso es muy importante, pero tu primera responsabilidad es la biblioteca y sin catálogo, lo que tienes un almacén desordenado. Es una tarea invisible y lenta, así que te puedes organizar para hacer, si tienes 3 horas por ejemplo, dos de catalogar y una de otras actividades. Date tiempo y no te agobies.

Cuando empieces a catalogar, empieza por tener claro cómo quieres clasificar. Te explico cómo lo hago yo. Uso la CDU, la Clasificación Decimal Universal, con algunas modificaciones. Tenemos una sección de narrativa juvenil que incluye libros infantiles; narrativa general, con los libros “adultos”. Siempre hay solapamiento, así que ante la duda el libro es juvenil, porque narrativa adulta puede intimidar un poco. Se me ocurren algunas circunstancias en las que necesites distinguir infantil de juvenil:

  1. En un colegio de Infantil y Primaria.
  2. En un centro rural que imparta hasta 2º de ESO.
  3. En un centro privado o concertado de los que tienen a los niños desde los 3 a los 18 años.
  4. En un Instituto de Secundaria con muchos alumnos con trastornos de aprendizaje. Es una pena que haya pocas lecturas muy fáciles que no tengan temática infantil, pero bueno.
  5. En un Instituto de Secundaria donde se impartan algunos ciclos formativos de la familia profesional de servicios socioculturales y a la comunidad, como por ejemplo el de educación infantil.

Si estás en un instituto de Secundaria, tanto si hay Bachillerato como si no, no te molestes. De verdad.

Aparte de esas narrativas, tenemos cómic, poesía y teatro. Y luego, todo lo demás está organizado según la CDU. Eso significa que si tienes una colección, por ejemplo Las Maravillas de la Naturaleza, no se guarda como colección. Separas Física de Biología de Matemáticas de Astronomía.  Algunos solapamientos: como si se tratara de un juego de piedra, tijera, papel, cómic gana a todo. Si parece un cómic da igual si es Historia o Matemáticas: va a Cómic. ¿Por qué? Porque es la categoría más popular. Así mientras buscan un Astérix, o un bikini furtivo, o -dios mío- un desnudo, se encuentran con la biografía de Marie Curie. Y si cuela, cuela.  Y ya puedes ponerte a clasificar y a poner tejuelos.

Ah, los tejuelos. Se pueden imprimir pegatinas y códigos de barras. Yo, como no tengo lector de códigos de barras y tengo alumnos dispuestos a hacer de voluntarios con cinta adhesiva, imprimo en folios y recortamos. Abies te genera los pdf de tejuelos automáticamente. Yo los imprimo cada vez que catalogo 20 o 30 libros, los recorto, los meto en la primera página del libro correspondiente, y le doy el montón a un grupo de voluntarios para que los peguen. Si usas pegatinas, yo que tú usaba cinta adhesiva o forro encima del lomo, porque del manoseo se ponen feas.

Recapitulemos un poquito. Tienes otros profesores que pueden ayudarte, una sala sin basura (no hemos mirado los libros todavía) y sabes cómo catalogar o corregir el catálogo que ya tienes. Siguiente paso: el expurgo, que debes hacer antes de catalogar, o al mismo tiempo. Expurgar es quitar de la biblioteca los materiales que no sirven. En mi primer expurgo hacía las dos cosas a la vez: pila de libros, cogía uno, y lo catalogaba o al montón. Antes de empezar debes tener una lista de criterios, por ejemplo:

  1. Material obsoleto.
  2. Material deteriorado.
  3. Ejemplares repetidos dependiendo de su interés (a lo mejor es un libro muy demandado o una lectura obligatoria; yo no tendría repetido Anna Karenina, pero Colmillo Blanco sí).

Puedes tener más criterios. Es conveniente ponerlos por escrito. En serio, si te parece que en la vida lo va a querer coger nadie, FUERA. Lo que esté en buen estado pero no coincida con vuestros intereses se puede vender en un mercadillo y así tienes dinero para comprar.

Ah, comprar libros. Al principio tómatelo con calma. Tienes que familiarizarte con lo que hay, con las necesidades de los profesores y los intereses de los alumnos.  Cuando te parezca que ya controlas la situación, le preguntas al secretario con cuánto puedes contar. Si la biblioteca no la ha llevado nadie en mucho tiempo, será insuficiente. Si tienes tiempo y ganas, pide libros directamente a quien te los pueda dar: alumnado y familias que den libros que ya no quieren, un mercadillo con los expurgos o con donaciones… yo he pedido con cierto éxito en redes sociales y a algunas editoriales. También puedes hablar con los departamentos que tienen lecturas obligatorias, para que dediquen parte de su presupuesto a comprar unos cuantos ejemplares pero que estén en la biblioteca. No puedo darte de sopetón unos criterios sobre qué adquirir, porque cada centro es diferente. Un buen objetivo son 10-15 libros por alumno, de manera que si en tu centro hay 200 alumnos empezarás a notar que tienes una colección adecuada a partir de los dos mil ejemplares. También deberías buscar un equilibrio entre los libros populares entre los alumnos, libros de estilo similar que ellos no conocen y podrían gustarles, las partes de la colección que no son narrativa juvenil, las lecturas obligatorias y los libros de consulta. Pero todo esto es a largo plazo.

Han pasado diez días sin sentir, y empiezan las clases. Las decisiones que tienes que tomar son:

  1. ¿Vas a abrir la sala? ¿los recreos o en algún otro horario? ¿con qué reglas? Mi sugerencia es la más laxa: prohibido comer y molestar. Se puede trabajar, leer, charlar, y si crees que funciona, jugar a juegos muy tranquilos que requieran una mesa.
  2. ¿Vas a prestar libros desde el principio?¿Con qué reglas?
  3. ¿Decoras? ¿Tú, el alumnado, o mitad y mitad?
  4. ¿Vas a buscar un equipo de apoyo de alumnos que hagan tareas auxiliares?
  5. ¿Por qué medio vas a informar al alumnado de las funciones de la biblioteca? Una posibilidad es una pequeña circular, o cartelesYo hago un miniconcurso para los de 1º de ESO, un pequeño cuestionario que dejan en una urna, y entre las respuestas correctas rifo un desayuno en la cafetería, o material escolar.

Y ya tienes todo lo básico para empezar tu “año cero”. Tómatelo con calma. Luego ya podrás colaborar con la biblioteca municipal, hacer extraescolares y crear todo tipo de actividades. La biblioteca puede ser el corazón del instituto o simplemente un rincón tranquilo para refugiarse del alboroto del patio.  Te deseo muchos buenos momentos en ella.

Contradicciones de las nuevas modas educativas.

@Anthromet escribió esto en forma de hilo de twitter, para animar al debate. Me encantó y le pedí permiso para publicarlo en el blog. Del batiburillo pedagógico que nos toca esta década destacaría algo que él concluye acertadamente: tenemos que educar en emociones, y al mismo tiempo preparar para el mercado laboral. Bueno, para el mercado laboral de dentro de una década como mínimo, a menos que quieras que mis alumnos de 13 años se busquen un trabajito los veranos. Eso, unido a la glorificación de cualquier recurso educativo que no sea el libro “tradicional” (de texto o no) y el profesor. En fin, os dejo con sus reflexiones.

1. Centrarse en emociones y eliminar exámenes porque generan frustración, quitando así la posibilidad de emocionarse por una buena nota.

2. El niño debe expresarse libremente y ser creativo pero el profesor debe doblegarse a lo que dicte la moda educativa.

3. Quieren enseñar para la vida a base de juegos, pero olvidan que la vida no es un juego.

4. Les parece mal la cultura del esfuerzo, pero dicen que educan para el mundo real, donde como todos sabemos, no hay que esforzarse.

5. Las clases tienen que ser divertidas, pero si los niños aprenden de maneras diferentes también se divierten de maneras diferentes.

6. Insistir en trabajar las emociones en el aula implica no respetar el derecho de los niños a ser tímidos o reservados: los marca.

7. Hablan de que la escuela debe ayudar a los niños a ser felices pero nunca de la parte que corresponde a la sociedad.

8. Hablan de fomentar la creatividad, pero no del estudio teórico y documentación necesaria para desarrollarla racionalmente.

9. Si un alumno no tiene interés es porque el profesor no sabe motivarle. ¿Qué pasa si no es esa la causa? ¿Hay plan B?

10. Dicen que no se puede aprender algo que no se ama, pero la realidad es que no se puede amar aquello que no se conoce.

11. No es que tengamos que emocionarnos para aprender, es que aprender siempre es emocionante.

12. Decir que los alumnos “vomitan” la información en los exámenes es una gran falta de respeto a su esfuerzo y su inteligencia.

13. No es posible centrar la educación en las emociones y al mismo tiempo estimular el desarrollo de la razón y el pensamiento crítico.

14. Decir que hay cosas que no hace falta aprender y al mismo tiempo lamentarse de que se aprenden mal y se olvidan.

15. Parcelar el conocimiento es un error, pero que el cerebro esté dividido en inteligencias múltiples es un hecho incuestionable.

16. Aprender de memoria es un error porque Gardner no la considera un tipo de inteligencia. La memoria es algo inútil para el alumno.

17. Los alumnos pueden elegir su itinerario de aprendizaje pero el responsable de su posible fracaso seguirá siendo el docente.

18. Hay que permitir al alumno que estudie solo lo que le interesa aunque luego no pueda apreciar nada de lo que hacen los demás.

19. Hay que motivar a los alumnos relacionando contenidos con sus intereses, mucho más adecuados que lo que ofrece la rancia escuela, claro.

20. Los alumnos deben aprender siguiendo el método científico, pero el profesor no necesita documentar la validez de su trabajo.

21. El profesor debe ser un guía que acompañe a los alumnos y al mismo tiempo tiene que aprender el camino junto a ellos.

22. Las notas numéricas les parecen un atentado contra los derechos del niño, reducir su capacidad de esfuerzo es un favor que les hacen.

23. Dicen preocuparse por los niños, pero apenas veo comentarios preguntándose por la situación que pueden tener en sus casas.

24. Es curioso que se conceda tan poco valor a la capacidad de aprender leyendo y escuchando. Parece que algo y alguien sobra.

25. Afirman que hay un aprendizaje bulímico, y pretenden erradicarlo a base de implantar la anorexia de los contenidos.

26. Se habla mucho de innovación metodológica, de cuestionar el sistema educativo, pero nada de cuestionar el sistema socio-económico.

27. Dicen que la educación puede cambiar el mundo y apuestan por metodologías recomendadas por el poder económico.

28. La educación cambiará el mundo, pero es un mundo gobernado por la avaricia y la mediocridad el que está cambiando la educación.

29. Se fomenta el trabajo en equipo como si trabajar solo fuera malo, cuando en realidad es la base del desarrollo personal e intelectual.

30. Se tilda el aprendizaje individual de competitivo y al mismo tiempo se fomenta que los alumnos sean emprendedores.

31. Se dice que la escuela debe abrirse a su entorno. De acuerdo, pero que sea para irradiar cultura, no para absorber infracultura.

32. Presumen de enseñar a pensar, pero van a disfrazar los contenidos de luz y de color para que se aprendan con anestesia.

33. Defienden que hay varias formas de aprender, pero quieren poner una manera única de enseñar.

34. Hay que fomentar el pensamiento crítico, por eso se adaptan las lecturas y se infantilizan los contenidos.

35. Hablan de metodologías activas, confundiendo estar de pie con estar activo y estar sentado con estar pasivo o catatónico.

36. Están de acuerdo en que estudiar, leer, estar sentado, escuchar al profesor, escribir… son un rollo, ¿y se consideran docentes?

37. Presumen de atender a la diversidad y centrarse en el alumno, pero discriminan a los niños que vienen a atender y a esforzarse.

38. El niño debe ser libre y expresarse, pero el profe tiene que hablar menos y no adoctrinar: debe seguir la moda sin rechistar.

39. No les parece bien que el profesor transmita contenidos, pero sí que el alumnado los copie de alguna página de internet.

40. La clase magistral es inútil, a no ser que la haga por Youtube un señor desconocido.

41. Hacer deberes está mal, pero la flipped classroom es un avance educativo.

42. Consideran tortura estar sentado en una silla siempre que no sea delante de un ordenador, claro.

43. Hay que fomentar el espíritu crítico en los alumnos pero los profes deben creer sin rechistar todo lo que digan gurús y fundaciones.

44. El profesor puede aprender mucho de sus alumnos, pero no hasta el punto de tener que compartir su sueldo con ellos, claro.

45. El docente solo puede ser guía, pero el gurú educativo tiene permiso para adoctrinar, sentar cátedra y condenar infieles.

46. Creen que el sistema educativo es del siglo XIX y al mismo tiempo aceptan que las empresas decidan cómo debemos enseñar.

47. Les parece que el profesor no tiene la verdad absoluta sobre nada, pero aceptan todo lo que diga su gurú de cabecera.

48. Los gurús suelen estar en contra de los libros de texto, pero todos escriben los suyos dictando lo que tenemos que hacer.

49. Se acepta mucho mejor una propuesta innovadora certificada por un gurú, que una idea nueva aportada por un compañero del centro.

50. Creen que innovar siempre se trata de hacer algo diferente, cuando a veces es solo cuestión de hacerlo mejor y con más ganas.

Algunos consejos sobre el peso de las mochilas

Todos los meses de septiembre, las noticias nos recuerdan que los escolares españoles llevan peso de más en sus mochilas, y que casi todo ese peso es de libros de texto. Las dos soluciones que se suelen aportar son la sustitución del libro de texto por un tablet con libros digitales, y que los libros sean cuadernillos trimestrales para reducir su peso a un tercio del original.

Como profesora de la ESO, los cuadernillos no me parecen mala opción; al fin y al cabo en inglés tenemos libro normal y “libro de actividades”, dejando el peso en la mitad si solo te llevas uno de los dos a clase. Esto multiplica costes, como expliqué una vez, pero bueno. El tablet no me parece solución con alumnado de cierta edad y circunstancias si tenemos en cuenta los factores dinero-golpes-agua-hurtos-recarga de la batería. Así que voy a comentar solamente un par de detalles que pueden contribuir a aligerar el peso, o a llevarlo mejor.

Primero, la manera adecuada de llevar la mochila. En mi generación la llevamos colgada de un hombro, asegurando el sustento de los fisioterapeutas al tratarnos aquellas magníficas escoliosis (dicen que no, que no hay relación, no sé). Desde hace más o menos una década, la moda escolar es llevar los tirantes en su posición más larga, con lo que la mochila cuelga sobre las nalgas o aún más abajo. Llevar el peso así no lo reparte por la espalda sino que la fuerza toda entera hacia atrás, verticalizando las dorsales y exagerando la curva lumbar. He probado a colocarme una así un momento para hacer una demostración en clase; el dolor lumbar es insoportable y duradero. Puedo cargar bastante peso, pero no así. Por tanto, si los menores a tu cargo hacen esta barbaridad, no se lo permitas. La mochila va sobre la espalda. Este vídeo lo explica muy bien. Aviso: ellos no quieren, dicen que les resulta incómodo.

En segundo lugar, el tipo de cuaderno. Entiendo que los niños pequeños usen cuadernos en vez de blocs de anillas o carpetas con folios: está el riesgo de perder las hojas sueltas. Pero los libros de texto suelen ser finos, y los cuadernos pesan  más. Yo recomiendo a todos mis grupos usar cualquier opción de hojas sueltas: bloc, carpeta, o cuaderno microperforado. Rara vez me hacen caso. Llevan cinco de sus seis cuadernos diarios porque quieren y sólo porque quieren. O porque algún profesor les obliga, lo que me parece una barbaridad.

Y por último, que algunos, no todos, se traen libros que no necesitan. Por ejemplo, si un libro tiene suplemento (el famoso workbook de inglés) lo traen a diario por si acaso aunque en clase no se les pida. O material de alguna asignatura que no toca hoy (todas las clases de primer ciclo de ESO tienen “el niño que trae a diario los materiales de Plástica”). No sé si es desconfianza de los profesores, creyendo que vamos a “ir a pillarlos”, o por quedarse ellos más tranquilos sabiendo que están preparados para todo lo que les pueda ocurrir.

La mejor solución centralizada desde la escuela es facilitar taquillas. Como profesora tengo más estrategias: los deberes son un día fijo a la semana así que solo necesitan llevarlo de vuelta a casa una o dos veces semanales. Uso el libro poco, es más un  guión para mí que un material importante para ellos. Doy apuntes y si usamos el libro lo proyecto en la pizarra digital, de modo que pueden leerlo aunque no lo tengan delante. Por eso no penalizo que no se lo traigan, pero entonces tendrán que compartirlo con alguien; algunos, en cuanto ven que en mi clase no hay puntos negativos por falta de material, se organizan para compartir siempre con el compañero. A veces aviso de que no vamos a necesitar libro, e intento que sea siempre el mismo día de la semana para que se organicen mejor.

Solo con ajustar correctamente los tirantes de las mochilas y con asegurarnos de que llevan el material que hace falta ese día y nada más, conseguiremos aligerar la carga un poco y proteger esas espalditas que tanta responsabilidad tienen encima.

*

Este post es parte de una iniciativa de sanitarios, que creo que comenzó la Dra. Blanca Usoz (por cierto, en su post estoy de acuerdo con todas las recomendaciones, sustituyendo “estudiar con el ordenador en casa” con “estudiar con apuntes” según la comodidad del niño o la metodología del profesor).  Aquí más posts sobre este tema, casi todos escritos por pediatras:

21 días, día 6. Accidentes e imprevistos.

A mi tutoría le gusta que ponga esta música como fondo cuando hacemos ejercicios de relajación.

Los viernes son, en teoría, el único día en el que puedo descansar en el recreo. La biblioteca la abre alguien del equipo de apoyo: 5 profesores que se turnan en ello. Lo hacen sin que conste en su horario: oficialmente están descansando. La única ventaja que consiguen son puntos para el concurso de traslados. Esto es algo bastante frecuente en algunas tareas que realizamos.

Hoy, sin embargo, en el recreo abro yo porque mis compañeros ya se encargaron ayer mientras yo estaba en el médico. Es importante para mí que la biblioteca abra todos los días, ya que solo se abre al público en los recreos. Además hoy llueve y no hay apenas sitio donde estar en esos casos.

Mi jornada empieza a las 10:30, pero me levanto muy temprano para corregir exámenes. Termino con un grupo, meto las notas en la hoja de cálculo que también me sirve para hacer una pequeña estadística. Hay un 0,9 y luego todas las demás notas están entre el 2,7 y el 6.3. Media: 4.6. Aprobados: justo la mitad. Descanso un rato, sigo con el otro grupo, y me voy al instituto.

Examen de primero. Quieren colocarse en filas separadas que empiecen en la pared de delante, bloqueando la puerta y todo el camino de salida del aula. Les digo que se echen para atrás. Se colocan, reparto, y doy instrucciones. Les pregunto a ellos que expliquen de uno en uno qué hay que hacer en cada ejercicio. Mi experiencia es que no las leen, esperan a que yo explique. Están muy alterados y resulta casi imposible que se callen del todo y no hagan ruido. No están haciendo trampa, solo ruido. Me preguntan hasta cuatro veces dudas de vocabulario y les digo todas ellas que no les voy a contestar. Me preguntan seis veces cómo se hace el ejercicio 11 y les digo que hay que poner signos de puntuación. Entonces, el desastre: en la funda donde llevo los CDs del libro de texto falta el de los exámenes de primero, el que pone “5 out of 5”. Lo busco por todas partes. No está. Los niños me dan sugerencias sobre qué hacer, todas inútiles. Le pido a uno que busque al maestro de guardia, que viene en un par de minutos, y me voy a buscar el CD. Me cruzo con mis compañeros de departamento: nadie tiene un ejemplar. El problema es que esos CDs están pegados al libro del profesor, que por distintos motivos yo no llevo nunca a las clases, así que metí los CDs en una de esas fundas pensadas para llevar CDs en el coche.

Encuentro un CD 5 en el departamento, pero cuando intento reproducirlo en el examen, está rayadísimo y no reconoce el corte. Me hacen más malas propuestas y les digo que les pondré el listening en ficha aparte el lunes, en diez minutillos. Terminan antes de la hora, parece que el examen me ha quedado corto.

Recreo. Niñas que tienen libros desde diciembre vienen a renovarlos. Un profesor que coordina una reunión a la que no pude asistir viene a pedirme unos datos y se los doy de memoria. Recomiendo Mort a dos que bichean estanterías. hago una copia a mp3 del corte que no se dejaba reproducir en la clase anterior y lo grabo en un pendrive. Recuerdo difusamente una época en la que podía catalogar en los recreos.

Me voy al grupo de segundo del que he corregido el examen y lo entrego. Cuando digo que los tengo, un par de ansiosos preguntan repetidamente “¿y están bien?”. No me dejan hablar. Les enseño la estadística en la hoja de cálculo, les reparto el examen, y les echo el enésimo discurso motivador: sois mejores en inglés de lo que creéis. Un par protestan por no haber hecho el examen adaptado. En un caso no negocio (el examen adaptado ha cumplido su función y ya no estás descolgada) y en el otro sí (haz tu trabajo diario y da menos guerra; el examen adaptado no es un capricho que me puedas exigir). A continuación, mi chasco: nadie, o casi, ha hecho los deberes. Dejo su corrección para el lunes y les digo que si ellos me dan disgustos, yo les daré disgustos a ellos (sí, es poco pedagógico y motivador, pero a veces me sale el ramalazo). Les cuento por encima de qué trata el próximo tema. En dos palabras, que el Past Simple es fácil, que la lista de los verbos irregulares hay que aprenderla sí o sí, y que las próximas seis semanas deberían estudiar inglés a diario si esperan enterarse de algo, no ya aprobar.

Entre aclarar las dudas con el examen y el anuncio del tema 3 (deberes míos para el fin de semana: preparar una plantilla. Ya os contaré), son casi menos veinte. Entre las cosas que puedo improvisar, ya que no quiero corregir deberes, está el vocabulario que introduce el tema 3. Por cierto, si estoy empezándolo no es porque sea muy lenta: he dado los temas 1, 2 y 8 porque me parecía más claro y pedagógico. El tema es la familia y es rápido y fácil poner el típico árbol genealógico en la pizarra. Aclaro las dudas, insisto en los sitios donde sé por otros años que más errores hay, y a poner un examen al otro grupo de primero.

Se ha roto la pizarra digital. Sí, la nueva, la que lleva instalada desde septiembre, cuando nos quitaron el proyector del ordenador que funcionaba perfectamente (cosas de la Junta: hay que usar pizarras digitales, no ordenadores conectados a un cañón proyector, aunque no necesites las funciones de una pizarra digital). Sí, esa pizarra en la que se instalaron esta misma semana los libros de texto digitales. Les digo que tienen que hacer el examen muy calladitos porque estoy muy cansada, y todo transcurre sin novedad, salvo que hacen veinte veces la misma pregunta. Me dan dos versiones sobre la posible causa de la avería: una pelea en broma acabó con una colisión múltiple A empuja a B -> B cae sobre C -> C golpea sin querer la pizarra, y que un niño (con nombre y apellidos) de otra clase vino y la estuvo aporreando. Se lo digo por el pasillo a la jefa de estudios, que dice que habrá que hablar con los respectivos tutores. Los compadezco, o quizá no, porque ellos han salido ya y a mí me queda por dar una clase.

Segundo. Soy la tutora, y a pesar de que ya tuvimos sesión de tutoría el miércoles, pretenden que reorganice ahora cómo se sientan. No me dejo engatusar, pero tengo que dedicar unos minutos a supervisar agendas y citas con sus padres. Compruebo los deberes: no los ha hecho casi nadie aquí tampoco. Los dejo para el lunes, y les doy la misma introducción a los verbos irregulares que hice en la otra clase. Antes del vocabulario sobre la familia, hacemos una relajación con música. Pongo The velocity of love, que ya la conocen. Son capaces de cerrar los ojos hasta con un vídeo de youtube y el proyector encendido.

La diferencia en el repaso del vocabulario sobre la familia es que al comentar el género gramatical father vs. parent hago una broma sobre su típico error “my fathers” y acabamos con un brevísimo debate y muchas preguntas sobre el matrimonio igualitario y la educación de los hijos de parejas del mismo sexo. Algunos arrugan la nariz porque sea posible; otros se escandalizan de que el matrimonio igualitario y la adopción por homosexuales no sean universalmente reconocidas. Un niño dice “pues yo no estoy de acuerdo” “¿con qué?” “con la homosexualidad”. En el coro de protestas escojo a la voz que dice “…derecho a su opinión”. Zanjo esto con que no todo es opinable, y que no podemos tener  un debate sobre los derechos más básicos de la gente. Decir “imagínate que tenemos un compañero de clase gay” ayuda.

Mi bolsa es un caos de papelitos, notas, agendas, exámenes. Eso me agobia muchísimo. La ordeno un poco, lo justo para separar el trabajo que merece la pena llevarme a casa.

Horas lectivas: 4.
Horas no lectivas: ninguna.
Horas reales trabajadas: 6.30

 

21 días, día 4. ¿Llamar, picar o golpear a la puerta?

Bob Dylan, Knockin’ on Heaven’s Door.

Los miércoles vienen completitos: tres horas seguidas de clase, recreo en la biblioteca, una reunión y otra hora de clase. Es decir, cinco horas y media sin pausas igual que los lunes, pero se agradece la reunión. Con un horario como el mío, las reuniones hacen las veces de descansos.

Empiezo con tercero. Son un grupo muy tranquilo, los que menos tengo que reñir. Nunca levanto la voz. Hoy parecen dormidos; iba a empezar con una audición pero no están muy por la labor. Improviso invirtiendo el orden con la actividad siguiente. El libro utiliza la palabra collocations sin definirla y dedico unos minutos a explicar en español, con ejemplos en inglés, español y portugués, la diferencia entre refrán, frase hecha y “collocation”. Les recuerdo que desde primero saben utilizar collocations y hacer ejercicios con ellas, y se me desmandan todos en un arrebato de nostalgia sobre compañeros de clase y anécdotas de 1º de ESO. Cuando consigo traerlos de nuevo a la Tierra, hacemos sin problema un ejercicio sobre qué complementos son adecuados para do (do your homework), have (a shower) y get (an award). Añado en la pizarra tres ejemplos con make. Hacemos el listening ahora que están más espabilados y les sale bastante bien. El actor tiene acento americano y les cuesta un poco; me pregunta uno cómo se distingue americano de británico y le imito las distintas pronunciaciones de four cars y reality. Como sobra tiempo, les pongo con mi móvil trocitos de dos versiones Knockin’ on Heaven’s Door, que mencioné para poner un ejemplo. Alguien dice “ha muerto el de California” refiriéndose a Glenn Frey, compositor de Hotel California. Íbamos a cantar noséqué de Maroon 5 por petición popular, pero cuando la escuchan los convenzo de cantar Hotel California. Deberes míos para el fin de semana: haz un listening a partir de ésta, junta las versiones de Eagles, Gypsy Kings a ser posible con videoclip de The Big Lebovski, y Kevin Johansen; reserva la biblioteca para tener un audio mínimamente decente.

¿Por qué hemos escuchado música usando mi móvil como reproductor? Porque no funciona el audio de la pizarra digital. Tengo una clase sin ordenador, una clase con ordenador pero sin audio, y una clase con pizarra digital y audio pero sin posibilidad de poner DVD (y hasta ayer sin libro digital).

Siguiente clase: primero. Les he dicho que me tienen que esperar en sus sitios y con el material de inglés y no lo ha hecho casi nadie. Reparto puntos negativos a diestro y siniestro. Les informo de que voy a hacer algunos cambios en mi manera de dar clase y de puntuar para que aprendan mejor y saquen mejores notas, y les leo lo que creo que es relevante para ellos del informe que elaboré ayer. A continuación corregimos los deberes:  tomo nota de quién no los ha hecho, pido agendas para avisar a las familias de quienes no los han hecho muchas veces seguidas, y proyecto en la pizarra digital lo que casi todos tienen en fotocopias. Son una colección de actividades de tipo tradicional, poco comunicativas, que reuní en septiembre a partir de materiales y suplementos que las editoriales consideran fotocopiables. No es lo ideal, pero es la manera más rápida y barata de tener un cuaderno de ejercicios. Hoy tengo que reñir muy poco y avanzamos muchísimo. Es el último día de clase antes del examen y les veo bastante bien preparados.

Tutoría. El plan inicial era hacer una autoevaluación de sus métodos de trabajo y estudio del 1º trimestre, y a partir de ahí hacer un dibujo o un poster con los puntos que se comprometen a mejorar. No vamos a poder hacerlo todo porque estoy enfadadísima con ellos y toca reñir: ayer una chica se enganchó con la puerta en un momento en el que estaba bloqueada de gente. Esta es una costumbre permanente de todo el instituto: donde quieren estar entre clase y clase es en el quicio de la puerta. En el recreo se ponen en la puerta de la biblioteca, cerrando el paso, sin mala intención. A mí me pone de los nervios porque cualquier día alguien da un portazo y les pilla un dedo, o como ayer, de un empujoncillo o broma alguien se desgarra la camiseta con el picaporte. Pregunto  qué pasó y me salen al menos cuatro personas que estaban donde no debían. Una amenaza de parte (cartita para las familias) acaba con una escena de llantos. Corto el drama con un ejercicio de relajación, y me alivia que nadie protesta. La fuerza de la costumbre hace que cuando digo “pies en el suelo, mira adelante, las manos caen, espalda recta, cierra los ojos”, inmediatamente se interrumpe lo que se esté haciendo. Les dirijo diez respiraciones profundas y pasamos a la tarea de autoevaluación que nos encomendó la orientadora. No da tiempo de hacer un dibujo y se lo dejo encargado a los que tienen Alternativa mañana.

Recreo. Poca gente viene a leer o estudiar pero hay un trasiego muy activo de préstamos y de consultas, además de los dos o tres niños que vienen a ayudar. Estoy molida, así que me planto en la silla y les hago traerme y llevarse cosas, entre ellas café.

Reunión de tutores. En estas reuniones, lo más habitual es que la orientadora nos vaya diciendo qué podemos hacer con nuestra clase en la hora de tutoría. Nos da algunas instrucciones sobre el día de la paz y alguna cosa más mientras me como el yogur que no pude tomarme ayer. Me comunican que se han establecido unos criterios comunes y obligatorios para el profesorado al evaluar los cuadernos de clase; lo único que no hago ahora es que los niños tienen que escribir los enunciados completos de los ejercicios. No sé si se refiere a copiar todo el contenido del libro cuando hacen, por ejemplo,  un ejercicio de rellenar huecos, o solo a copiar el título de cada ejercicio. En ese momento entiendo que se refiere a lo segundo, y de todas maneras si hiciera a mis alumnos copiar ejercicios completos antes de empezar a resolverlos, haríamos la cuarta parte del trabajo que hacemos ahora. Salgo a comentar un par de detalles disciplinarios o burocráticos con la jefa de estudios. Alguien dice que hoy es un día especialmente movido, todo el mundo quiere hablar con todo el mundo y todo da problemas. La reunión acaba un poco pronto, pero en los quince minutos escasos que me sobran ¿qué tarea puedo empezar y terminar? Me limito a poner papeles en orden.

La última clase del día. El otro grupo de primero. Será que es la quinta clase del día pero no hay quien haga nada. Tardamos casi toda la hora en hacer el ejercicio de escucha que el otro grupo hizo ayer. Les cuento lo mismo sobre cambios que voy a hacer en la clase, y protestan mucho, además de hacer muchas preguntas sobre hipotéticos casos de acumulación de amonestaciones. Dar por supuesto que se van a portar mal y que acabaré sancionando más que antes, cuando mi propósito es el contrario.

Salgo tarde. Me ha pasado más veces esta semana pero no es lo que acostumbro.

Ya en casa, lanzo al aire en twitter una pregunta sobre recomendaciones de lectura para los 12 años y en un momento hay veinte personas hablando a la vez. Tomo una nota rápida de los títulos que citan (esto no lo voy a añadir al conteo de horas que pongo al final). Decidir qué libros comprar para la biblioteca es una parte algo difícil de mi trabajo.

Para terminar el día, termino el examen de primero que tanto tiempo me ha llevado. La diferencia entre las versiones mayoritaria y simplificada es que en la mayoritaria, 5.5 puntos corresponden a preguntas tipo test, verdadero o falso, y similares, y en el muy fácil, es así el examen entero, pero los contenidos son los mismos. tengo la obligación legal de adaptar los contenidos a algunos alumnos, muy pocos, pero me gusta ponerle el examen fácil a cerca del 20% más rezagado de la clase.

Horas lectivas: 4.
Horas no lectivas: 1:30.
Horas reales trabajadas: 6:30

Cómo usar el diccionario y medios afines

Oxford dictionaryEste viejito monolingüe tiene 18 años y sigue siendo mi favorito. He aprendido muchísimo con él. 

Los diccionarios online y en papel son una herramienta básica para el estudiante de lenguas extranjeras. Ahora que tenemos traductores online cada vez mejores, a mis alumnos les parece que no necesitan el diccionario o simplemente no son capaces de distinguir entre los usos del diccionario online y el traductor. Incluso se olvidan de las palabras y los llaman por la dirección de la página web. No me dicen “lo busqué en el diccionario” sino “lo busqué en wordreference”, que no es exactamente un diccionario.

Las necesidades de los estudiantes difieren según edad, nivel educativo, y nivel alcanzado en el idioma extranjero, pero se pueden establecer algunas generalidades sobre las ventajas e inconvenientes de cada método, y sus técnicas.

Sobre los diccionarios en papel, es mejor empezar con diccionarios monolingües en la lengua materna, para hacernos con sus dos normas fundamentales: el orden alfabético, y que no buscamos cualquier palabra, sino las que por convención constituyen las entradas. Es decir, el infinitivo de los verbos y no una forma conjugada, los nombres en masculino singular, y así. No penséis que esto es evidente: solo resulta evidente cuando llevas mucho tiempo usando diccionarios. Mis alumnos a veces buscan formas conjugadas de verbos castellanos en el diccionario, y cuando no las encuentran, protestan. Y no creáis que el orden alfábetico es una cosa tan obvia, tampoco: en la biblioteca escolar compruebo que un “eso está por orden alfabético de autor, búscalo tú” recibe miradas de pánico. El uso del diccionario de papel en lengua materna debería ser una habilidad perfectamente adquirida en Primaria.

Los diccionarios bilingües en papel tienen como ventaja que sus entradas son compactas, breves, y en una sola variedad del idioma (británico o estadounidense), y van a inducir menos a error que los diccionarios online. También, que está disponible cuando no hay internet o electricidad. Sus inconvenientes son, naturalmente, que ocupan bastante sitio, que pesan y que cuestan dinero.

Entre los diccionarios online, yo suelo recomendar wordreference. Es gratuito, bastante bueno, completo, y multilingüe.

Y finalmente, los traductores online. En mis clases prohíbo su uso y penalizo con un cero las actividades que se hagan utilizándolo. Al principio del curso, para que comprendan que el traductor no es una herramienta válida, uso la pizarra digital. A la vista del grupo, voy a la wikipedia, cortapego un texto  en un idioma cuanto más lejano al nuestro mejor, a continuación obtengo una versión española en Google Translate. Esto es un ejemplo: un párrafo de la entrada dedicada a Mozart en la wikipedia en húngaro.

Mozart cuando finalmente rompió el patio del arzobispo de Salzburgo. Se instaló en Viena, donde fue reservado principalmente para la enseñanza. En 1782 se casó con Constanza Weber. En el mismo año se dio a conocer rapto en el serrallo estaba tocando la canción, que fue el primer gran éxito de la ópera de Viena. Mientras tanto, su padre reconciliado con la familia Weber, quien la antipatía sintió desde el principio.

Algunos no entienden nada, y otros se dan cuenta de que podemos captar la idea general en un texto lleno de incorrecciones. Luego siempre hay alguien que mete sus trabajos en el traductor y se lleva un cero, pero yo ya he cumplido explicando por qué el traductor no sirve para lo que ellos quieren (aparte de que es hacer trampa).

Finalmente, ¿cómo usar el diccionario? No creo que buscar palabras sueltas en el diccionario deba ser una tarea en sí misma ni tampoco que haya que buscar todas las palabras que no se entienden en un texto, sino solo las que no deduzcamos. Por lo tanto, buscar en el diccionario monolingüe debe ser una tarea vinculada a la lectura, a enseñar a leer, pero no solo en clase de Lengua, sino en todas. Si en clase se dedica tiempo a leer, ese es el momento de buscar en el diccionario, y podemos tener solo cuatro o cinco en el aula, repartidos entre varios alumnos que busquen lo que les va pidiendo el resto. También se pueden hacer “carreras” para ver quién encuentra antes una palabra. En lenguas extranjeras, además habrá que insistir en la necesidad absoluta de usar un diccionario para las tareas escritas como las redacciones. Aquí podemos trabajar desde cero (trabajamos un texto y cuando no sepan cómo se escribe algo, buscarlo) o a partir de sus errores, corrigiendo en clase y en común los problemas léxicos de trabajos que ya hayan terminado. Yo prefiero el segundo método. Al principio van un poco a ciegas, pero es más ameno y práctico porque así me adapto a lo que aún no saben hacer.

Lo principal en todos los casos es no convertir el diccionario en un castigo o un obstáculo y permitir cualquier formato, además de educar en la diferencia entre diccionario y traductor.

Problemas con libros de texto, 3: un repaso a las quejas más comunes

collageUna de mis primeras actividades de creación propia: poner en orden los versos de la letra de una canción. No recuerdo la canción pero sí que era Navidad.

El curso escolar sigue su ritmo propio, y los comentarios al mismo también. En Junio toca que las vacaciones son demasiado largas (nadie dice lo mismo de la jornada escolar, una de las más largas de la OCDE), y en Septiembre, que los libros de texto son El Mal. Las razones para criticar el libro de texto varían según las den docentes o familias, y a continuación vamos a hacer un repaso de algunas de ellas y de sus posibles soluciones. Hay dos que ya he tratado: que los libros de texto fáciles en lenguas extranjeras son aburridos y mecánicos en vez de proponer actividades comunicativas, y que por motivos que son solamente económicos, en lugar de ser completos vienen acompañados de un número creciente de apéndices y extras, todos ellos de pago.

El inconveniente que más oigo sobre los libros de texto me parece el que menos se refiere a la naturaleza del libro, el más fácil de arreglar, y el que más apunta a las soluciones equivocadas: que el libro de texto es caro. Esto suele asociarse a que la educación obligatoria es gratuita por mandato constitucional y que por lo tanto los libros y cualquier otro gasto escolar no debería ser responsabilidad de las familias. En su forma más extrema, esto incluye que los libros de texto no deberían existir, ni siquiera si se pagan con dinero público porque estarían financiándose con impuestos, con lo que no resultarían “gratis”.  El problema aquí no es el uso de libros, es quién paga los materiales escolares. Comparemos con la sanidad. “La sanidad es pública, pero me obligan a pagar las medicinas”. ¿Qué quieres, que te curen sin medicinas o que, en caso de que las necesites, estén pagadas total o parcialmente por el Estado? La respuesta es evidente. En el caso de los libros de texto, una necesidad menos imperiosa que las medicinas, algunas soluciones son el libro gratuito que ha estado implantado en algunas comunidades autónomas, la posibilidad de que sea el centro escolar el que compre los libros, los materiales escolares editados por instituciones públicas, las becas para la compra de material. Un factor importante es que los libros están hechos con material duradero y que no incluyan textos de lectura que caduquen rápido (referencias de actualidad, particularmente a famosos, una mala costumbre que van perdiendo los libros de idiomas). Seguro que hay más opciones. Pero en fin: no dejamos de usar una cosa porque sea cara.

Otra que sale siempre en los medios de comunicación es: los libros de texto pesan mucho. Bien, yo animo a mis alumnos a usar bloc de anillas, para no traer seis cuadernos todos los días. Sorpresa: ellos, y a veces sus familias, no quieren. Quieren cuadernos. Seis cuadernos pesan más que un bloc de anillas, pero les da igual. También tienen la costumbre de traer todo el material cada día: no seis libros, sino diez. “Si trajeran un tablet no necesitarían papel de ninguna clase”. Pero estamos hablando de leer y también escribir, y de alumnos de entre 12 y 17 años que necesitan material que aguante lo que le echen (botellas de agua, comida, golpes, calor) y leer y escribir textos relativamente largos. El soporte electrónico es bueno, pero no puede ser único. Aquí la solución es, según cada caso, enseñar a los alumnos a meter en la mochila sólo lo que necesitan cada día. Y también que los libros no tengan más material del imprescindible, porque suelen estar llenos de cosas que sobran. Ilustraciones, sobre todo. Y como decía al principio, de tener una jornada escolar más corta. ¿Eres capaz de fijar tu atención en algo seis horas seguidas? Los adolescentes españoles tienen que hacerlo. Una hora menos al día son un libro y un cuaderno menos al día.

Uno que encuentro en blogs educativos es: “el libro de texto presenta un conocimiento cerrado”. No es cierto, a menos que nos refiramos a todos los libros, no sólo los de texto. Nada diferencia al libro de texto en este sentido de ningún otro soporte educativo, incluida una página web. Este mismo blog presenta una lista cerrada de entradas. La queja no se sabe si se aplica al formato “libro de texto”, al “libro de papel”, o al “libro” como ente abstracto. Para mí no significa nada. Y como profesora, el libro de texto es un punto de partida, que expando, comprimo, resumo o altero según mi tiempo y mis ganas. ¿Dónde está escrito que los libros de texto son una Biblia y que no se pueden adaptar, o simultanear con otras fuentes? Sólo en la mente de sus fanáticos, o de sus peores enemigos. El libro debe ser, donde se use, un punto de partida.

Una manera de decir algo muy parecido es “el libro de texto fomenta un aprendizaje pasivo, en el que el profesor explica, los alumnos escuchan, hacen los ejercicios del Sagrado Libro y en casa estudian”. Pero esto no es, en absoluto, una característica del libro. Lo primero que puede pasar si sacamos el libro de las garras de esa clase de profesor es que dicte apuntes, los haga copiar de la pizarra (esto es lo que psaa en las escuelas Waldorf: eliminar el libro NO fomenta automáticamente la creatividad), los fotocopie, y utilice un sistema igual o más pasivo y autoritario que con libro. Igualmente, un profesor bien preparado puede usar el libro como la base con la que vamos a trabajar. Es mejor tener un texto completamente anodino sobre cualquier tema y utilizarlo como base para lo que deseemos hacer con los alumnos. Que el libro siempre pueda ser el Plan B.

Una reacción muy optimista es un “vivimos en la sociedad del conocimiento, el saber está en todas partes, al alcance de la mano, y limitarlo a lo que cabe entre las dos tapas de un libro es reducir lo que los alumnos pueden aprender”. Me pregunto si cuando se crearon las bibliotecas públicas, la radio y la televisión también se dijo que la escuela, o el libro de texto, estaban destinados a desaparecer. Sí es verdad que hay conocimiento por todas partes, pero creer que esa ubicuidad se va a filtrar sola hacia los niños y adolescentes es mucho suponer. Algo parecido ocurre con el profesor, que no es la fuente de todo el conocimiento, pero… ¿quién acerca ese conocimiento plural a los jóvenes? Aquí veo un argumento circular: vivimos en la sociedad del conocimiento, por lo tanto la educación debería reflejar este flujo de información, porque vivimos en la… pero ¿dónde está esa información? ¿en qué ambiente observamos que todo el mundo sabe mucho más,y es más inteligente, culto y crítico debido a esa información que circula abundante y libre?

Pasemos a una de las soluciones más habituales: “los profesores deberían utilizar recursos electrónicos en lugar de libros de texto”. Aquí la primera pregunta es ¿qué recursos digitales? Porque desde el punto de vista de mi materia, que es inglés, tanto da hacer ejercicios de rellenar huecos online que copiados de un libro de papel. Es igual de útil (poco) y de comunicativo (nada). Continúo haciéndome preguntas incómodas: ¿hay algo intrínsecamente mejor en lo digital, y si es así, qué? ¿si utilizamos un libro de texto digital, tiene una licencia que caduca? Porque aquí veo un riesgo grave respecto al primer inconveniente indicado, el del precio. Imaginemos que sustituimos los libros de papel por recursos digitales, y que esos recursos digitales requieren una suscripción. El papel, al menos, es duradero: aguanta hasta que el libro se rompe. Lo podemos prestar y donar. Una licencia digital expira sin dejar rastro, y estamos atados de pies y manos a quien nos la concedió. De una vez por todas: la defensa de recursos educativos específicos (plataformas educativas editoriales, libro digital) como alternativa al libro de texto no resuelve ni los problemas metodológicos ni el problema del coste.

¿Con recursos digitales nos referimos a internet en su conjunto, a recursos gratuitos? Entonces no es una simple cuestión de “lo digital”. Es una cuestión del profesor como creador, recopilador y editor de recursos educativos. Siempre digo que los músicos no tienen por qué ser compositores, los actores no tienen por qué ser guionistas, y un buen profesor no tiene por qué ser un buen creador de recursos educativos. Crear materiales consume muchísimo tiempo, un tiempo del que no siempre disponemos, especialmente al principio del curso. Hace dos semanas (escasos días antes de empezar el curso) que sé a qué niveles voy clase este año. Hace cuatro días lectivos que conozco a mis alumnos.  No tengo inconveniente en echarle horas: empecé a llevarme trabajo a casa por la tarde el primer fin de semana. Alrededor de la mitad de lo que voy a hacer en el aula este mes lo hago sin libro; puedo hacerlo así porque el libro me ofrece un índice, una ordenación de los contenidos, porque tengo diez años de experiencia y también porque llevo cinco años en este centro y conozco al alumnado. Cuando empecé no podía trabajar de una manera tan independiente, tenía parte de la formación pero no el tiempo ni la práctica. Además, en inglés los recursos gratuitos para nivel elemental son escasísimos, por otra parte.

“Materiales elaborados por el profesorado” significa que o se reducen mis horas lectivas para que pueda crear-buscar-seleccionar-editar, o utilizo material prestado (que no pasaría los controles de calidad que sí pasan los libros de texto, ¿y qué pasa si ese material prestado no me gusta?), o trabajo el doble (un trabajo que no sustituiría a nada de lo que ya hago, sino que se añadiría a las ocho horas diarias que trabajo en los meses tranquilos). Una opción que consume algo menos de tiempo es la adaptación y selección de materiales, en lugar de crearlos. Esto es lo que hacemos para acompañar al libro cuando nos resulta insuficiente, y aunque también es difícil y lleva mucho tiempo, es más viable.

He pasado por encima por la posibilidad de compartir materiales y de colaborar con otros profesores. De nuevo, el problema es el tiempo. Claro que me puedo coordinar con otros profesores afines para utilizar unos materiales puestos en común. Pero a menos que sean mis compañeros de departamento, y de que los convenza de que los materiales creados por mí son mejores que cualquier libro de cualquier editorial, ¿dónde está ese tiempo recogido en mi horario para que me coordine con compañeros de otros centros educativos?

Por recapitular: el principal inconveniente del libro de texto es que en manos de un profesorado con una formación científica entre media y buena, y una formación pedagógica bastante escasa, sin tiempo para crear material propio o para adaptar el que tiene, corre el peligro de convertirse en la única fuente de conocimiento. Lo que fomenta un aprendizaje pasivo no es el libro en sí, sino la baja formación o motivación del profesorado. Ante esto, lo útil es contar con libros baratos, reutilizables y subvencionados. Necesitamos más formación de profesores orientada a la adaptación de materiales y a la utilización de recursos preexistentes que no sean recursos digitales comerciales específicos, además de a la creación de materiales propios. Recursos digitales sí, pero sin considerarlos la panacea. También hace falta un sistema que nos permita coordinarnos entre nosotros más fácilmente.

El libro de texto no es un enemigo, es solo una herramienta. Nuestro mayor riesgo es que nos controle, en vez de nosotros a él.

Resumen y autoevaluación del año en la biblioteca

Poster Memoria Biblioteca 2014_2

Este ha sido mi segundo año coordinando la biblioteca del instituto. El primer año me centré en catalogar; el segundo, en corregir errores y en adaptar a un sistema más coherente y homogéneo la catalogación de la caótica sección de “Ensayo”.

El póster de la foto lo hice los últimos días, y tiene su historia.

Hay 2840 ejemplares de 1943 libros. Al principio parecía que había más. Tuve que dedicar casi todo el primer trimestre a cotejar el catálogo. Cosas que pasan; había una pequeña cantidad de pérdidas y más de 100 libros que estaban catalogados por duplicados. Son los accidentes inevitables cuando no hay una buena coordinación.

Me parece mentira tener 348 libros nuevos, y además tantísimos de ellos (casi 300!) regalados. Los principales donantes han sido @nouso@japartero, @darkor_LF y @elmasminimo. Muchísimas gracias a ellos y a cualqueira que me esté olvidando. Y a @Katiesony por hacer de mensajera. Me parece tremendo que la gente se moleste en donar libros a una biblioteca que les pilla en la otra punta del país.

Además hay una buena cantidad de libros comprados. Las cosas funcionan así; el secretario del centro asigna un presupuesto a cada Departamento, a veces a partes iguales y a veces en función del número de alumnos o de horas de clase que damos (no es lo mismo la necesidad en Matemáticas que en Portugués). Ahora que está a pleno rendimiento, la biblioteca cuenta como un departamento “grande”. El dinero del que se dispone son cuatro perras, estamos funcionando con alrededor de un 30% menos de dinero que hace 3 años, pero la directiva de mi centro se ha tomado la biblioteca en serio y yo he estirado el dinero hasta casi 60 libros nuevos. Necesitamos de todo, principalmente cómic y “no ficción”.

140 libros prestados, el equivalente de uno al día durante el curso escolar, puede parecer poco, pero el punto de partida era… nada. El año pasado fueron 106 y el anterior la biblioteca no abría al público, y ¿hay alguien que se deje llevar más que un adolescente? El año pasado, quienes cogían libros prestados eran mis alumnos de 1º. Este año, alumnos de 1º y de 2º. Se tardan años en normalizar algo así, en que nose vea como algo raro, y en que no se asocie a “los pequeños”. Por lo menos un par de años de un trabajo tan constante como el de ahora. La asociación de la biblioteca al primer ciclo se observa en quiénes leen más. La lectura media en 3º es de 4 libros por clase, pero casi todos los libros los leyó una sola persona, y las lecturas de 4º fueron casi todas obligatorias.

Sobre lecturas favoritas, hay unas tendencias muy claras: los cómics, y los libros basados en una película que les ha gustado. También hay interés en la educación sexual y sentimental, el Diario Rojo de Carlota es sólo el ejemplo más popular del interés en diarios y otras historias con protagonistas femeninas. No entra por los pelos Joan Manuel Gisbert, que es a quien recomiendo siempre que me piden algo de misterio.

De todo estoy estoy muy contenta, ¿y ahora qué? Pues ahora que he terminado de catalogar, queda hacer cosas más creativas. La que más cuesta arriba se me hace es decorar la sala. El póster de arriba deja bastante claro que mis habilidades ahí andas escasas. Lo mejor sería implicar a los alumnos, pero lo veo complicado. Un grupo estable me ayudaba a tejuelar, aunque ahora no tengo trabajo para ellos. Y he comprobado que no funciona hacer cartelería sólo en el recreo, es muy poco rato y no lo aprovechan. Así que de momento, nada de alumnos asistentes. El trabajo de los carteles a lo mejor se puede hacer a través de clase de Plástica.

En segundo lugar, implicar a más gente. Hay un equipo de apoyo con pocas tareas asignadas. También veo necesario informar mejor a las familias de los alumnos, y colaborar con la biblioteca municipal. Por ejemplo, podría llevar a los alumnos de 2º o 3º a sacarse todos el carnet.

 Y por último, planear actividades para celebrar “días de”, aniversarios literarios, y recomendaciones.

Ha sido un gran año. Lo que queda por hacer es menos visible, pero sigo con ganas.

21 días, día 21. Conclusiones.

DSC_0389Dedicar cada día un rato a escribir sobre la marcha normal de un momento normalísimo del año académico me ha hecho reflexionar, y darme cuenta de cosas que normalmente me pasan desapercibidas. Cualquiera que haya leído las 20 entradas anteriores podrá sacar sus propias conclusiones, que me encantaría saber. Estas son las conclusiones que saco yo.

1. Yo ya sabía que el trabajo no se termina nunca, pero no me había parado a contar cuánto hago de verdad. Eliminadas todas las pausas, me salen 113 horas efectivas, que dan una media de 7,5 horas si sólo trabajase los días laborables, es decir, una típica jornada de 40 horas porque en esas 7,5 no hay ni un solo momento de descanso. No trabajamos así, claro: hay momentos de más y de menos trabajo. Los funcionarios, seamos docentes o no, trabajamos en teoría 35 horas a la semana. Es decir, que estas tres semanas os he regalado, a mis alumnos, a la Administración, y a vosotros que sois los beneficiarios últimos de la función pública, una media de una hora de trabajo al día. Tened en cuenta que como Jefa de Departamento tengo un grupo-clase menos que mis compañeros, es decir, que otro año haría alguna hora más. Hay momentos del curso que son peores (todo el primer trimestre, el mes que viene, y Junio) y un momento más tranquilo (Enero).

Insisto en que el trabajo no termina nunca. Hay tareas no urgentes que estaban pendientes hace tres semanas, y siguen pendientes.

2. El trabajo se hace a pequeños golpes de un máximo de una hora-cincuenta minutos. Las interrupciones son constantes. Si necesitas concentrarte, lo haces en casa.

3. Hay centros donde los profesores no se llevan bien. No es mi caso. Las relaciones son cordiales y eso beneficia mucho cómo se trabaja.

4. No es un trabajo físicamente duro pero sí activo. Pasas frío (mucho) y calor (a veces). Estás todo el día en movimiento. Se trabaja de pie. Cargas pesos: libros, un portátil, cuadernos de alumnos. Mi bolsa suele pesar alrededor de 5 kilos y la cargo todo el día. Bajas y subes escaleras varias veces al día. Hablas. Elevas la voz. Y a tu alrededor, el ruido es alto y constante. Los alumnos disfrutan mucho haciendo ruido, tanto si están hablando como si no.

5. Todo lo que no es dar clase se hace a base de buena voluntad y generalmente fuera de horario. Dos ejemplos: la biblioteca y el mantenimiento informático. El profesor que se encarga de esas cosas arregla unas cosas y remite otras a un servicio técnico que actúa tarde y mal. El personal de un centro somos profesores, una orientadora, conserjes y uno o dos administrativos, no hay personal altamente cualificado para ese tipo de tareas. No he hablado de la orientadora porque como no soy tutora trabajo poco con ella, pero no dan abasto porque hay una sola para todo el centro.

6. Los medios materiales son pocos, viejos y si se estropean se arreglan, repito, tarde y mal. Encontrar una impresora que funcione conectada a un ordenador que funcione SIEMPRE es una aventura. Como me decía alguien que trabaja en la empresa privada, trabajamos con presupuestos de juguete.

7. La evaluación depende mucho del profesor. Desde que decides qué porcentaje de la nota va a ser el examen, y cómo diseñas ese examen, a cómo trabajas la materia en clase. Los mismos contenidos se pueden trabajar con distintos niveles de dificultad: hay, digamos, una “horquilla” de posibilidades variadas para el mismo curso. Esto no es un simple “subir o bajar” el nivel, porque, por ejemplo, puedes dar más o menos importancia a la parte práctica, o a la comunicativa, a la teórica, etc.

8. Mis grupos son mejores que la media porque tengo un solo grupo de primer ciclo de la ESO, y porque este año me ha tocado la lotería de los niños buenos. Aún así, casi todos los días hay algún problema. Hay muchos más problemas de convivencia leves de los que yo era consciente. Además, los alumnos, sobre todo los de 11 a 14 años, demandan mucha atención. A veces es obvio que lo único que busca el mal comportamiento es obtener atención. Hay una conexión muy clara entre familias de pocos recursos y bajo nivel académico.

Hay pocos recursos para integrar a quienes vienen con bajo nivel o un historial de mala conducta. En una clase de 1º de ESO se puede empezar a adivinar quiénes se van a salir del sistema en 1-3 años. En 1º suele haber unos 100 alumnos. En 4º, han sobrevivido unos 50.

Para los estudiantes que no se salen nunca de los raíles, el futuro no va a ser fácil. Sus salidas académicas y profesionales están condicionadas por la oferta de estudios local (Bachillerato y 3 grados de FP en el instituto grande del mismo pueblo), padres que quieren que estudien una carrera tradicional, la escasez de becas, la ausencia de ayudas que compensen nuestra situación periférica.

21 días, día 7. Trabajando desde casa.

Casi siempre pongo los exámenes en casa. En el instituto, a pesar de los numerosos huecos, tener que trabajar en pequeños golpes de unos 50 minutos no me deja concentrarme. Me tomo muy en serio el diseño de las pruebas porque sé que de ello depende la calificación de los alumnos. Nunca puedo simplemente fotocopiar el examen del libro del profesor, porque no he trabajado exactamente como el libro pretende.

La editorial me facilita un “libro del profesor” con exámenes en varios niveles de dificultad, y material extra, más fácil y más difícil del que viene en el libro. Estos recursos son un libro de papel y también hay un CD-rom idéntico. Por si no tengo el CD-rom puedo descargarlo todo de una página web, con contraseña. En ese sistema todo está en una versión antigua de Word (sí, de Microsoft, puedo abrirlo porque uso LibreOffice) También tengo, regalo de las editoriales, muchos libros de texto de papel, además del que usen los alumnos. Uso todo esto, y también obviamente mi imaginación, para preparar los exámenes.

Divido los exámenes en “comunicación” (lectura, redacción, ejercicio de escucha) y “corrección lingüística” (vocabulario y gramática). La carga suele ser mitad y mitad. Es artificial, pero uno de mis objetivos es que cada pregunta evalúe una sola cosa. Por eso, el ejercicio de lectura tiene las preguntas tipo test. Así, no se penaliza el no saber expresarse, eso va en la redacción. Mis exámenes tienen fama de difíciles por el peso que le doy a la parte de Comunicación y porque mis preguntas de comprensión lectora no permiten copiar literalmente del texto. Por ejemplo, a “Cuando Ana nació, en 1930…” la pregunta no sería “¿En qué año nació Ana?” sino “Ana es A) joven, B) vieja, C) una niña”.

En 4º de ESO no uso libro de texto. Esta semana he buscado libros que tengan un texto de lectura del tema, dificultad y longitud adecuados para este examen. Hoy he preparado casi todo el examen. Mañana tengo que hacer el de 1º, y alguna cosilla más.

Horas lectivas: 0
Horas no lectivas: 0
Horas reales trabajadas: 2