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La Ciencia de Mundodisco: guía de lectura

Terry Pratchett escribió, además de las novelas de Mundodisco de las que ya he hablado un poco por aquí, unos cuantos libros independientes pero situados en el mismo mundo. Son más de veinte, y no los he leído todos. Aquí voy a comentar los cuatro de la serie “La Ciencia de Mundodisco”.

Todos tienen una estructura similar: los capítulos impares tienen una novela breve protagonizada por los magos de la Universidad Invisible, y en capítulos alternos, dos científicos presentan ensayos autoconclusivos sobre ciencia, conectados muy superficialmente con el capítulo de ficción. Sus temas suelen ir saltando de un lado para otro de una manera que recuerda un poco a la serie Cosmos, la de Carl Sagan. A veces, esta manera de ir cambiando de tema los hace confusos y no creo que sea del gusto de todo el mundo. Los científicos son Ian Stewart, matemático, y Jack Cohen, biólogo. El nivel intenta ser accesible… digamos que soy de letras, MUY de letras, en lo que eso tiene de bueno y de malo, y aunque hay secciones que se me quedan grandes, dan la sensación de que quieren que les entienda el público general.

Libro por libro:

La Ciencia de Mundodisco (1999: publicada entre El Quinto Elefante y La Verdad, puedes leerla después de El País del Fin del Mundo): Los magos crean por accidente Mundobola, una especie de maqueta de un universo en el que para su sorpresa, no hay magia ni narrativium. Deducen experimentando las leyes básicas de la física newtoniana (bueno… más o menos) y utilizan la magia para entrar en la maqueta, que es por supuesto nuestro universo. Les decepciona no descubrir vida inteligente: para cuando se fijan en nosotros, hemos huido al espacio exterior.

Los capítulos sobre ciencia intentan ser muy generales. Perdonad si no os gusta alguna traducción de los títulos, son todas mías y los juegos de palabras no son fáciles.

  • Ciencia de campo de squash: Energía nuclear.
  • La ciencia y la magia: qué es la ciencia y cómo funciona.
  • Principios y fundaciones: El origen y naturaleza del universo.
  • Polvo de estrellas: qué son y cómo funcionan los átomos y la tabla periódica de los elementos.
  • La forma de las cosas: la forma del universo y la Teoría de la Relatividad.
  • ¿De dónde salen las reglas? Este capítulo plantea la posibilidad de una “teoría unificada” e introduce la mecánica cuántica.
  • Mundos disco. El Sistema Solar.
  • Tierra y fuego. Geología: la estructura de nuestro planeta.
  • Aire y agua. La atmósfera, los océanos, y la corteza terrestre.
  • Un gran salto: la luna.
  • Cosas que no son: un capítulo muy original sobre las cosas que se definen por ser opuestas, pares en los que normalmente solo una de las dospuede medirse, como la luz o el calor.
  • A pesar de lo cual….: el origen de la vida.
  • Selección antinatural: la evolución.
  • El Origen de Darwin: más evolución.
  • Llega el iceberg: las glaciaciones.
  • Universales y específicos: más evolución todavía, explicando seres y características que están por todas partes (universales) y otras puntuales para un problema concreto (específicos). También, biodiversidad.
  • No mires hacia arriba: ¿Qué podría provocar extinciones masivas? Para empezar, meteoritos.
  • Nueve de cada diez: estadísticas y sesgos.
  • Huyendo de los dinosaurios: evidentemente, dinosaurios.
  • La muerte de los dinosaurios.
  • Mamíferos en marcha: cómo se expandieron los mamíferos.
  • El hormiguero: el origen de los homínidos.
  • Exteligencia: la cultura. Qué es (definida como una “inteligencia externa”, ya sea transmitida por la familia, libros, etc) y por qué la necesitamos.
  • Cómo dejar tu planeta: los viajes espaciales.

Es una introducción muy sencilla y amena, adecuada para gente sin estudios especializados, porque ellos seguro que lo encontrarán demasiado básico. Podría ser incluso una introducción a Mundodisco a adolescentes y postadolescentes a los que les guste muchísimo la ciencia.

El segundo libro, The Science of Discworld: The Globe (2002: publicada entre El Asombroso Mauricio y Ronda de Noche), intenta hacer lo mismo con las humanidades, en mi opinión sin éxito. la historia es original y divertida: los magos pueden viajar en el tiempo en Mundobola y por lo tanto cambiar la historia de formas significativas. Aquí, descubren que el mundo tiene que encontrar un equilibrio entre la ausencia total de magia y que los seres humanos creamos en ella tanto que seamos vulnerables a los duendes y hadas, seres parásitos y dañinos (para más información, lee Lords and Ladies, Lores y Damas en la traducción). La clave aquí es que tienen que producir una serie de cambios que permitan que exista William Shakespeare y escriba las obras que conocemos.

Los capítulos de Stewart y Cohen tratan los siguientes temas:

  • El elemento nosécuántico: Recapitula la parte de ficción del libro anterior, define el narrativio, y explica que contar historias con sentido es fundamental para nuestra manera de pensar.
  • La posibilidad adyacente: El “espacio fase”, explicado como el conjunto de todo lo posible en una situación, estudio, etc., aplicado también fuera de las matemáticas. Por ejemplo, cálculo estadístico o de probabilidades de todos los libros que se podrían escribir, etc.
  • La filosofía del pulidor de lentes: el paso del pensamiento mágico al científico durante el Renacimiento y las ideas que vivieron en esa transición, como la adivinación, la alquimia, etc.
  • El Planeta de los Simios: los homínidos, su origen, cómo llegaron a  convertirse en Homo sapiens. El concepto de cultura.
  • Un ciego con una linterna. Más sobre nuestro origen. Algunos rasgos que nos diferencias de otros animales. La domesticación.
  • Gente al filo. Algunas características humanas, como la migración y los ritos de paso en la adolescencia. Distinción entre “gente tribal” y “bárbaros”.
  • Winnie the Pooh y los profetas. El lenguaje.
  • Libre determinación. Pues eso: ¿existe el libre albedrío? ¿Y la predestinación? Visiones científicas y religiosas.
  • Un cachito: Pasamos de hablar de lenguaje(s) a hablar de cómo funciona el ADN. Con cosas cuánticas en medio y alrededor. Sí, es así de enrevesado.
  • Dioses Menores: reflexiones acerca del origen, razón de ser e inconvenientes de la religión.
  • El nuevo narrativio: “del mito al logos”. Los orígenes del pensamiento científico o casi.
  • El presente extendido. Arte. Qué es, para qué sirve, cómo surge.
  • Mentiras a los chimpancés: mentiras.
  • Mundos de “y si…”: Historia con mayúscula y con minúscula. Lo impredecible, nuestros intentos de dar sentido al caos. Géneros literarios: la ciencia-ficción.
  • Mentiras a los humanos: el concepto de meme.
  • Puede contener frutos secos: conclusiones sobre la importancia de las historias. Las que nos creemos y las que contamos sin creerlas.

Si parece caótico, lo es, y mucho. Es el que menos me gusta de los cuatro, con diferencia.

El tercero, Darwin’s Watch (El reloj de Darwin) (2005: publicado tras Cartas en el Asunto, el mismo año que Thud!) mejora. La narración repite la idea de que los magos tienen que modificar la continuidad temporal terrestre para que la humanidad sobreviva… pero esta vez es Darwin y no Shakespeare quien tiene que escribir sus obras con éxito. Sin Shakespeare, o más bien, sin el nivel de fantasía que da lugar a artistas como Shakespeare, no se da la civilización. Sin Darwin, no se desarolla la ciencia de los últimos 150 años y los seres humanos se extinguen por alguna catástrofe natural sin inventar las naves espaciales con las que huyen de Mundobola.

Los capítulos de ciencia se conectan mejor con lo que ocurre en los de ficción, aunque salten de un tema a otro como te los voy a presentar:

  • El reloj de Paley:  introducción a quién era Darwin, la Teoría de la Evolución, qué es el creacionismo y por qué existe, cómo funciona la investigación científica.
  • Paley ontología: William Paley era un sacerdote que escribió un libro de teología acerca del origen de la vida, que incluye la famosa analogía: Si nos encontramos un reloj tirado por la calle creeremos que alguien lo ha construido, los relojes no se hacen solos. Este capítulo explica en qué se equivoca Paley y el creacionismo y habla también bastante de geología.
  • Tiempo prestado: la posibilidad de los viajes en el tiempo. Agujeros negros y otras opciones.
  • Avance hasta el pasado: más sobre viajes temporales.
  • Watch-22: algunos datos de la biografía de Darwin relacionados con sus descubrimientos.
  • El libro equivocado: más sobre la historia de la publicación de El Origen de las Especies.
  • Aleph-nosecuántiplex: líos matemáticos rarísimos. Universos paralelos, cosas cuánticas, operaciones con infinitos. Sí, infinitos en plural. No estoy segura de haber entendido nada.
  • Destino manifiesto: un intento raro de aplicar la idea de evolución a la Historia. No como “progreso”, sino… ¿de unos eventos determinados A se siguen necesariamente unas consecuencias B? Causalidad. Cómo al estudiar “Historia” seleccionamos acontecimientos según nos parezcan relevantes.
  • La época de la máquina de vapor: ¿las ideas brillantes cambian el mundo, o son una consecuencia de cambios? ¿o es que aparecen cuando el mundo está listo? Ejemplo: la máquina de vapor. Quizá la mejor “mezcla de temas de ciencias y de letras” de los tres libros que llevamos hasta ahora.
  • Los secretos de la vida: Una pequeña explicación de cómo funcionan la evolución y el ADN.
  • Olvídate de los hechos: Creencias, ideas, religiones, pseudociencia, ciencia. Cosas sobradamente tratadas en el libro anterior, aquí con más atención a lo religioso.
  • Una escasez de sargentos: qué tenía de especial la Gran Bretaña victoriana para dar pie a tantos avances científicos y tecnológicos.

Un libro muy entretenido. Si eres muy, muy de letras te puedes saltar los tres capítulos sobre viajes espaciales y matemáticas y no te vas a perder el hilo de la discusión, centrada en biología e historia.

El cuarto libro, El Día del Juicio (2013: coincide con A Todo Vapor) cuenta una historia muy diferente. Los Omnianos, que creen que Mundodisco es redondo, quieren que los magos les entreguen Mundobola porque piensan que les pertenece y para ellos es una reliquia sagrada. Mientras, una bibliotecaria de Mundobola acaba en Mundodisco por accidente. Esta historia es mucho más corta que las demás.

Los capítulos de Stewart y Cohen vuelven a tratar temas de humanidades mezclados con los de ciencias. Esta vez lo hacen de una forma más clara que en The Globe.

  • Pensar a lo grande. Introducción. Cómo funciona la ciencia y el método científico. Se presentan dos modos contrarios pero compatibles de pensamiento: centrado en el ser humano (tendente a la mitología y a las explicaciones inmediatas) y centrado en el universo.
  • Tortugas mundiales. Repaso a las mitologías que imaginan una tierra plana.
  • La realidad no es mágica. Ejemplos de causalidad y de cosas que parecen “magia” porque la mayoría no sabemos cómo funcionan.
  • Un globo entretenido. Demostraciones de que la tierra es redonda.
  • ¿Y eso de dónde ha salido? La preocupación humana por los orígenes. Explicación científica de dos orígenes misteriosos: la luna y la vida.
  • El largo brazo de la tradición. Qué es una ley científica.
  • Una ratonera mejor. Diseño desde el punto de vista de la tecnología y “diseño inteligente”. Evolución.
  • La esfericidad está por todas partes. Geometría. La forma del universo.
  • ¿Adiós al Big Bang? Algunas ideas que ponen en duda esta teoría.
  • Sistema de descreencia. Neurociencia. Saber, creer, pensar, imaginar.
  • Adiós a los ajustes. Constantes universales. Se insiste de nuevo en que nuestra existencia es pura casualidad.
  • No coleccionar sellos. Una defensa del ateísmo. La ciencia como lo contrario de la religión.

Lo breve del libro y su insistencia en la crítica a la religión, además de la fecha en la que se publicó, sugieren apresuramiento, como si los tres autores necesitaran echar esto fuera lo antes posible. Eso no le quita calidad, al contrario: se hace muy ameno, tanto como el primero o más.

Resumiendo: de los tres libros, recomiendo el primero y el último. El tercero está bien si te interesa el tema y el segundo solo es entretenido a ratos. Como pega, diría que si no te gusta que un ensayo vaya saltando de aquí para allá como un niño de cuatro años, definitivamente estos libros no son para ti. Pero me parecen un buen complemento a las novelas de los magos de Mundodisco, y si no sabes nada sobre los temas científicos que tratan puedes aprender muchísimo. No sé si alguien con más formación los puede encontrar demasiado básicos o no estar de acuerdo con la forma de exponer.

Los costaleros y la responsabilidad

COSTALEROS_SOLIDARIOSUn ensayo de costaleros en Bornos (Cádiz). De bornos.es.

Para los que no estén familiarizados con la Semana Santa tal como se celebra en Andalucía Occidental, existe la costumbre de colocar estatuas grandes de madera sobre un pedestal muy ornamentado, que unos hombres, llamados costaleros porque la protección de la cabeza se llama costal, cargan a hombros, sí, sobra la nuca, como los bueyes el yugo. He puesto una foto de un ensayo para que se observe bien la técnica, ya que las estatuas con todos sus adornos llevan faldones que impiden ver lo que se hace ahí dentro. Los costaleros, además de cargar con mucho peso, tienen un extra: van haciendo paradas a descansar, y si lo que van cargando es una estatua de María, que son cerca de la mitad, lo levantan pegando un salto. En este vídeo muy breve puede apreciarse un poco la dificultad:

Antiguamente, los costaleros eran de pago, gente como por ejemplo cargadores del puerto que se sacaban un dinero extra. Ser costalero era vergonzoso, porque eran pobres (ABC) y no eran una figura nada popular. Ahora son voluntarios llevados por un sentimiento religioso. Cargan con un peso de entre 30 y 50 kilos por persona (Diario de Sevilla), haciendo turnos en un recorrido que puede durar unas doce horas.

Como os podéis imaginar, este esfuerzo puede suponer lesiones físicas graves y permanentes. Los principales riesgos son las lesiones musculares desde el cuello a las piernas, y las hernias discales en los peores casos. También heridas en el cuello, por el roce, y las derivadas del esfuerzo físico intenso (agotamiento, bajadas de tensión, desmayos). Ante una conducta así, que supone un riesgo para la salud, se podría esperar que se tratara a los costaleros de irresponsables, incluso de temerarios, como si fueran por ahí en coche sin cinturón, o si fumaran, o cualquier otra conducta libremente asumida y que es mala para la salud. Quizá podríamos esperar un “que cada uno haga las locuras que quiera, pero que corra luego con las consecuencias”. Pues no, ni una cosa ni otra. Es más, los Colegios de Fisioterapeutas dan apoyo a los costaleros, información y tratamientos (aquí Sevilla y aquí Madrid).  También se puede ver a niños y bebés disfrazados de costaleros para la ocasión; no cargan ningún peso, claro, pero se considera más alegre y bonito que vestirlos de nazareno o monaguillo.

Sería inimaginable dar a los costaleros el mismo trato que para otras personas que tienen conductas peligrosas para sí mismos, como fumar, o incluso un discurso sobre la responsabilidad personal como el que encuentran quienes necesitan un aborto, una práctica que no tiene nada que ver pero en la que se habla de responsabilidad y de “asumir las consecuencias de tus actos”. No hay un mandato de  “asumir las consecuencias de tus actos” a quienes realizan una práctica peligrosa cuando la misma es socialmente aceptada. Por ejemplo, un “debería contarse con la opinión de su familia. Al fin y al cabo están arriesgando su vida”, ni tampoco un “no tengo nada en contra, pero que se lo paguen ellos, que la fisioterapia es carísima”.

La verdad es que me caen bien los costaleros en la medida en la que su hobby no colapse la ciudad. Echan las tardes en una actividad física con los amigos, no hacen daño a nadie más que a sí mismos (al contrario de, por ejemplo, un conductor a 120 por la circunvalación), y para el que le guste, los pasos de Semana Santa son un espectáculo (sí, hay una sevillana muy, muy escondida dentro de mí). Pero son un ejemplo de que cuando hablamos de responsabilidad personal, no contamos la historia completa. No llames “falta de responsabilidad” a no actuar como tú quieres.

Libros de espera.

Has leído poesía romántica y novelas de detectives. Has leído cuentos infantiles y hasta filosofía. Deja que entre en tu vida un nuevo género literario: el libro de salas de espera. Es un género exigente, pero quién sabe si de aquí saldrá tu nuevo libro favorito.

Necesitas un libro, eso por descontado. El móvil se queda sin batería y sin cobertura; el periódico abulta demasiado; tus acompañantes y tú, por muchas cosas que tengáis que contaros, caeréis en el embrujo espeso del local y quedaréis mudos y desganados. Puede que mañana retoméis la comunicación, pero en la sala, olvídalo. Los auriculares te desconectan de que te avisen de tu turno. La conversación con desconocidos no te la recomiendo, tiende a derivar a criticar al personal, a la salud, o a la política. Acabarás de peor humor del que entraste. Lleva un libro.

El libro de esperas debe ser pequeño, para que no te pese en el bolso, pero largo, para que no te dé tiempo a terminarlo horas antes de que te llamen. No hay nada peor que estar en la sala de espera, cerrar el libro, y no tener absolutamente nada que hacer hasta que te llamen. Eso significa que descartamos la poesía, el teatro, las ediciones ilustradas y las tapas duras. Texto largo (ensayo, biografía, narrativa) y en bolsillo.

Los libros episódicos, fraccionarios, son ideales; así los puedes coger y soltar en función de las interrupciones. Las novelas muy largas pero sin demasiados personajes y subtramas también sirven el mismo propósito. A algunas personas nos gustan los libros con poca acción, pero puede que eso te aburra.

Escoge cuidadosamente el contenido. No leas nada que sepas que termina mal, ni nada en lo que la enfermedad sea parte central del argumento. Por lo que más quieras, no leas autoayuda, y mucho menos, autoayuda relacionada con tu razón para estar en una sala de espera. Puede que leas que todo te va a salir bien a ti, escogido de los dioses, amado del Universo, pensador positivo, predestinado gozoso, justo antes de que te digan que no, que tu mundo se ha hundido irremediablemente. Habrías estado mejor leyendo una novela, créeme. O incluso un texto religioso, que por lo menos no suele decirte que todo se va a arreglar en este mundo y a corto plazo.

Si tienes que trabajar en vez de leer por placer, escoge aquello que te permita cargar con menos materiales diferentes. Sólo leer mejor que leer y tomar notas.

Lecturas optimistas sí, ligeras sí. Ni ligero ni optimista son sinónimos de bobo.

Nadie quiere estar en una sala de espera, pero la sala llega, siempre llega. Que no te pille sin haberte preparado.

*
En los últimos 10 meses he leído en salas de espera:

Furari, Jiro Taniguchi.
Americanah, Chimamanda Ngozi Adichie.
Remarkable Creatures, Tracy Chevalier.
Life of Pi, Yann Martel.
Parte de la trilogía de las matronas de Jennifer Worth.
Partes de siete novelas de Mundodisco.

Tengo que escoger el próximo.

 

 

 

 

Introducción elemental a la postmodernidad.

En el principio, eran los grandes relatos. Eran muchos, y aunque se contradecían entre sí, todos estaban de acuerdo en una cosa: la vida tiene sentido y se dirige a un fin. Algunos de estos grandes relatos son el cristianismo, la Ilustración, el marxismo, y el capitalismo. Explicaciones morales, sociales y económicas que dicen no sólo de dónde venimos, sino sobre todo, a dónde vamos. Sigue estas reglas y llegarás a la meta. Por cierto, las cosas que están orientadas a un fin se llaman teleológicas. Los grandes relatos son teleológicos, no confundir con “teológicos”. Esto no tiene nada que ver con que sean optimistas: hay corrientes de pensamiento, o personas concretas, que creen que cualquier tiempo pasado fue mejor, pero porque hemos dejado de cumplir las reglas como antes. O porque hubo un progreso, y una Era Clásica, pero ya se acabó. Eso no es negar la idea de progreso: es ser pesimista.

Entonces llegó el siglo XX, dos guerras mundiales y el fascismo, y eso obligó a cambiar las ideas anteriores. Se abandonaron los discursos globales, oponiendo microvisiones, una defensa de lo pequeño, cambiante o único. Así surgió la posmodernidad.

Algunos de los teóricos que formularon ideas relacionadas con esto son Adorno, Lyotard y Vattimo. A mí me gusta Foucault. Otros que ya me gustan menos son Lacan y Derrida. No voy a explicar las ideas de ninguno de ellos, sino a dar características generales del conjunto de lo posmoderno junto con algunas de sus consecuencias.

La posmodernidad no cree en el progreso. No es que crea que desde principios del siglo XX estamos en crisis y cuesta abajo: es que todas las ideas anteriores de “progreso” eran falsas.  Descubrir América no fue un progreso para los nativos (y para los esclavos africanos, ya me dirás).

La posmodernidad se niega a ser definida. Desgraciadamente, muchos textos posmodernos (ya sean de “teoría sobre qué es la posmodernidad” o una crítica de cine, por poner un ejemplo) son deliberadamente confusos. Más allá de esto, lo posmoderno asume que no es posible hallar explicaciones del mundo que sean coherentes, globales y sistemáticas. Eso afecta a la propia posmodernidad. En el mejor de los casos, es una búsqueda de la importancia de lo olvidado, lo pequeño y lo múltiple. De aquí se deriva el valor que damos hoy día a la multiculturalidad y a los derechos de las minorías. Cualquier discusión acerca de si es posible la coexistencia pacífica de grupos diferentes, si es necesario que las minorías se “integren”, si podemos convivir sin aplastarnos, viene de aquí. Todo esto es posmoderno (no la existencia de minorías, sino tener estos debates teóricos).

¿Alguna vez has leído o escuchado que Esto-O-Aquello es una construcción cultural? Posmodernidad pura. La idea de que, por ejemplo “las mujeres no somos como vosotros nos habéis definido” es muchísimo más antigua (Mary Wollstonecraft ya lo decía hace dos siglos) pero la posmodernidad la lleva al máximo. Asumir que casi todo lo que crees que es natural es una construcción cultural es la base de muchas teorías feministas y sobre los géneros (cuidado, que los trans nos han enseñado que no todo es cultural en el género).

La posmodernidad rechaza la alta cultura, o pone otras manifestaciones al mismo nivel. Lo moderno es pensar que los clásicos educan, nos hacen mejores personas, transmiten los valores más importantes de la civilización. Lo posmoderno, que el gusto por las obras de arte está completamente desconectado de la moral y la bondad. Se pueden poner ejemplos sobre la relación de los nazis con el arte clásico. Una consecuencia de dejar de atribuir unos valores especiales a la alta cultura es el interés por estudiar otras expresiones culturales (series, anuncios, videojuegos) con el mismo rigor que antes se reservaba para lo clásico.

La posmodernidad desconfía de la ciencia como forma de progreso. La ciencia trae cosas buenas, pero también cámaras de gas, la bomba atómica y el cambio climático. El negacionismo científico, lo “ecológico”, etc. , no son una vuelta a una era tradicional premoderna, sino un rechazo posmoderno.

La posmodernidad cree que la comunicación es imposible, o muy difícil. Que siempre es un problema. Que nadie puede conocer de verdad a otra persona. Estudiar la relación y desconexión entre lenguaje y pensamiento, o la diferencia entre conocer o estudiar algo y que eso te haya pasado a ti, es posmoderno.

¿La posmodernidad se ha acabado? Bueno… hay quien piensa que esta época es posmoderna aunque no te guste, y quien piensa que se terminó con la globalización y el actual auge del neoliberalismo. Si le preguntas a un neoliberal medio si cree que hay reglas claras para el progreso, te dirá que sí.

¿La posmodernidad es mala o buena? Ni una cosa ni otra. Ha dado lugar a mucha basura, muchas tonterías, entre las que destacaría todo lo anticientífico, los escritos innecesariamente complejos hasta lo incomprensible, y llevar el relativismo a extremos absurdos o dañinos. Además, ¿cómo defender la justicia social si no crees en el progreso? Pero creo que ha aportado suficientes buenas ideas.

¿El feminismo es posmoderno? O dicho de otro modo, ¿hay feminismo posmoderno? Por supuesto. Aunque sus expresiones son, como no podría ser de otra manera, múltiples. Definir un feminismo como posmoderno lo único que hace es situarlo en los últimos 60 años. Usar el término para insultar no aclara nada.

Esta entrada ha contado con la colaboración imprescindible de @octubrista (al que he copiado la idea general y algunas frases); Indvbio, que escribió otra introducción a la posmodernidad; @annngst; e @ismamullor.

 

Opiniones católicas sobre violencia de género y nulidad matrimonial.

En esta entrada puedes hacerte una idea del conjunto leyendo sólo lo que está en negrita.

Casi toda la doctrina de la Iglesia católica respecto al matrimonio proviene de la creencia de que es una institución doble, de naturaleza simultánemente legal y religiosa. Eso significa que todos los matrimonios, sea cual sea la religión de los contrayentes, son válidos a ojos de la Iglesia Católica, siempre que sean un lazo con voluntad de ser permanente entre un hombre y una mujer solteros. El Canon 1055.1 del Código Canónico (en adelante, CC), define el matrimonio para todos, no sólo para los cristianos: “La alianza matrimonial, por la que el varón y la mujer constituyen entre sí un consorcio de toda la vida, ordenado por su misma índole natural al bien de los cónyuges y a la generación y educación de la prole, fue elevada por Cristo Señor a la dignidad de sacramento entre bautizados”.

De esta breve definición pueden deducirse varias creencias. En primer lugar, el catolicismo distingue entre ley natural, ley divina y ley canónica. La ley natural es inmutable y universal; su existencia y cumplimiento está, en teoría, desconectado de la fe en Dios y en Cristo, puesto que se aplica siempre (como aquí la definición de matrimonio). Como es parte de la naturaleza humana, no se puede romper, en el sentido de que los actos contrarios a ella no pueden (o deben) recibir reconocimiento legal. No es necesario castigarlos o prohibirlos, a veces basta con actuar como si no existieran. Por ejemplo, las uniones de un hombre con más de una mujer, o viceversa; las uniones entre personas separadas o divorciadas, y demás casos que no son un matrimonio entre un hombre y una mujer, no existen legalmente para la Iglesia, porque rompen la ley natural.

De la ley divina se dice que viene de Dios. Sólo es aplicable a los cristianos (aquí la Iglesia Católica se permite legislar sobre los cristianos no católicos), y se la supone inmutable. En la definición de matrimonio, es ley divina que el matrimonio es sacramento. El Canon 1056 insiste: “Las propiedades esenciales del matrimonio son la unidad y la indisolubilidad, que en el matrimonio cristiano alcanzan una particular firmeza por razón del sacramento”. Finalmente, la ley canónica son las normas que se aplican sólo a los católicos, y que pueden cambiar si la jerarquía eclesiástica así lo desea.

La definición del matrimonio como sacramento es importante, porque significa que no se puede romper. Los sacramentos se pueden aplicar una sola vez (bautismo) o varias (como la confesión o la comunión) pero eso no cancela las anteriores; el matrimonio es del segundo tipo, se puede repetir, pero como es una unión entre sólo dos personas, es necesaria la muerte de un cónyuge para que el superviviente pueda volverse a casar.

Esta indisolubilidad del matrimonio se dice que refleja la unión de Cristo con la Iglesia, y de ahí se deriva que aunque el sacramento está en la celebración, la indisolubilidad sólo tiene lugar con la consumación del matrimonio. La esterilidad no influye, ya que tener hijos no es esencial, pero sí la impotencia, que anularía el matrimonio.

El amor no es una propiedad esencial manifestada explícitamente, pero queda implícito en la unión católica, debido a como se interpreta el concepto de sacramento y a que la doctrina se basa en Efesios, 5, 25: “Maridos, amad a vuestras mujeres como Cristo amó a la iglesia, y se entregó a sí mismo por ella”. El amor es un compromiso que requiere sacrificio, entregarse a la otra persona, y el sacrificio de Jesucristo que esto pretende imitar no fue un acontecimiento feliz: por lo tanto, el amor en el matrimonio es una obligación adquirida libre y generosamente. No amamos “para ser felices”.

El matrimonio católico no se puede romper pero sí se puede declarar nulo. La nulidad no rompe nada, simplemente declara que el acto nunca fue válido. Esa es la diferencia con el divorcio: para declarar la nulidad, es irrelevante cualquier cosa que fuera mal en la relación después de la boda, como por ejemplo violencia de género, siempre y cuando la ceremonia se hiciera en la forma correcta y entre contrayentes que consentían libremente. Conseguir la declaración de nulidad es más fácil y frecuente de lo que pueda parecer; en España se anulan más de mil uniones al año (Vitoria, 4-115).

Hay tres razones principales para la nulidad: fallo de forma, impedimentos, y falta de consentimiento válido suficiente. Los impedimentos son prohibiciones al matrimonio de ciertas personas (menores de edad, parientes, etc). Qué es un consentimiento válido está ampliamente regulado, lo que es comprensible porque un consentimiento inadecuado es la única manera abierta de obtener la nulidad, una figura legal que la Iglesia prefiere utilizar lo menos posible. Se supone preferible que dos personas estén unidas sin sacramento, a equivocarse por el otro extremo y dar por nulas uniones válidas.

La jerarquía actual no se pone de acuerdo sobre si la violencia de género es causa de nulidad. La Iglesia combina cierto grado de libertad para las diócesis con una fuerte tendencia a la centralización, y cuanto más arriba en la escala de poder, más fuerte es la tendencia a considerar válidos esos matrimonios. Por ejemplo, esto es así cuando se cree que la violencia tiene lugar cuando un matrimonio ha fracasado. Por ejemplo, Braulio Rodríguez Plaza, Arzobispo de Valladolid declara: “A erradicar ese profundo malestar en nuestra sociedad que deja ver la violencia doméstica, ¿no ayuda una buena relación entre los esposos que, según la fe católica, se exige en un matrimonio canónico […]? Justamente cuando ese matrimonio ha fracasado es más frecuente esa violencia”. Para este punto de vista, es la rotura de la unión la que produce violencia, y no al revés.

En estos casos, se permite la separación. El Canon 1153.1 habla de “grave peligro espiritual o corporal al otro o a la prole, o de otro modo hace demasiado dura la vida en común” como causas legítimas de separación. En 2003, la Pastoral de la Familia, un documento de la Conferencia Episcopal sin fuerza vinculante, se refiere a la violencia de género explícitamente:“Si se llega a situaciones graves de malos tratos ha de aceptarse la separación como un mal menor. Además, puede estudiarse si hubo causa de nulidad”, Capítulo IV.4.190. Como interpretación del Canon, no podría ser más conservadora. Los “malos tratos” (acciones, no situación) deben ser “graves”. Y el Código en ningún momento dice que la separación sea un mal, ni mayor ni menor. La Pastoral menciona dos veces la importancia de la reconciliación en los problemas matrimoniales, incluyendo los casos de violencia. En uno de los dos casos, considera la reconciliación preferible incluso a la nulidad (Capítulo V.1.210). Se habla de perdón en nueve ocasiones, relacionándolo con el sacramento de la confesión: como el matrimonio es un sacramento, dentro del mismo los actos cotidianos pueden tener importancia sagrada, y se cree en el poder redentor del perdón y del sufrimiento de las víctimas.

La distinción entre “malos tratos” y una situación de violencia constante es la clave entre la interpretación conservadora y la progresista. Las dos admiten que la violencia de por sí no es causa de nulidad, pero la progresista mantiene que la violencia es síntoma de una personalidad ya presente en el momento de contraer matrimonio, y por lo tanto incapaz de prestar un consentimiento verdadero. Es decir: el maltratador es una persona completamente incapaz de casarse porque no sabe amar, entregarse, como el sacramento exige. Y de ahí, que el matrimonio pueda ser declarado nulo, en una interpretación amplia del canon 1095.2, que declara incapaces de contraer matrimonio a “quienes tienen un grave defecto de discreción de juicio acerca de los derechos y deberes esenciales del matrimonio que mutuamente se han de dar y aceptar”. Esto sería aplicable al agresor, y el deber esencial no cumplido es el de fidelidad, que es más complejo que no cometer adulterio. La violencia sería una forma de traición, si se quiere decir así, una infidelidad al amor y al respeto que se le debe al cónyuge. El Canon 1098 sería de aplicación a la víctima, pues dice que el matrimonio no es válido si un contrayente ha sido engañado “acerca de una cualidad del otro contrayente, que por su naturaleza puede perturbar gravemente el consorcio de vida conyugal”.

Toda la investigación psicológica sobre violencia de género de los últimos 40 años apoya la versión progresista: la violencia de género parte de los rasgos de la personalidad del agresor. Los intentos de rehabilitar o reeducar son escasos y dan poco fruto. No importa si nos remitimos a teorías conductistas, psicoanalíticas, o sistémicas: todas coinciden en que las agresiones que se producen en relaciones íntimas no son reacciones a algo que ocurre en dicha relación, y no son actos aislados, sino que son manifestaciones de una personalidad agresora preexistente. El desacuerdo entre diversas teorías psicológicas está sólo en cuál es el origen de esta personalidad y por lo tanto, si tiene solución y cuál es.

Si se acepta esto, para declarar la nulidad de un matrimonio, los tribunales eclesiásticos pueden aceptar informes psiquiátricos o psicológicos, o pruebas de que el agresor ya era violento antes de que la boda se celebrase, aunque esa violencia no fuera física, por ejemplo en forma de insultos, peleas frecuentes, prohibir a la víctima contacto con familia y amigos, dañar sus objetos personales, y conductas similares. Si el agresor ya era claramente violento o si realizaba amenazas graves, el Canon 1103 también es de aplicación, pues manifiesta la nulidad de los matrimonios contraídos “por violencia o por miedo grave (…), incluso el no inferido con miras al matrimonio, para librarse del cual alguien se vea obligado a casarse”.

Es decir, la interpretación conservadora de la nulidad matrimonial por violencia de género asume que la violencia son actos aislados, no una dinámica que se establece en el mismo inicio de la relacion. También ignora la posible incapacidad de los maltratadores para establecer plenamente los compromisos y obligaciones del matrimonio, considerando que la capacidad para el perdón y el sufrimiento de la víctima sirve para suplir la falta de consentimiento real, informado, de ambas partes, y la falta de amor de la parte agresora. Paradójicamente, esto entraría en contradicción con el clarísimo Canon 1057: “El matrimonio lo produce el consentimiento de las partes legítimamente manifestado entre personas jurídicamente hábiles, consentimiento que ningún poder humano puede suplir”.

En definitiva, la cuestión para anular un matrimonio católico en el que se produzca violencia de género es a qué conjunto de valores se le quiere dar más importancia: al sufrimiento, la abnegación, el perdón, y la subordinación femenina, o a la definición de matrimonio como una unión amorosa y de entrega entre seres iguales y libres.

El cristianismo, un complicado club de fans

Diagrama color

Esa fiesta con globos de la imagen es un esquema de las variedades y ramificaciones más importantes del cristianismo. No están todas. Sólo la Iglesia Católica es única, todas las demás tienen más variaciones teológicas y más organizaciones independientes dentro.

Todo lo que está dentro del cuadrilátero es cristianismo. He excluido deliberadamente a Testigos de Jehová y Mormones, digan ellos lo que digan. De fuera a dentro, ¿quiénes son los unitarios? pues un conjunto de iglesias que tienen en común no creer en la Trinidad. De ahí se deduce que no creen, dudan, o consideran irrelevante el estatus divino de Jesús. Conozco la Iglesia Unitaria Universalista de EEUU y tienden a ser muy progresistas; por ejemplo, en su equivalente a la confirmación de los adolescentes, los chicos hacen una lista de en qué creen y en qué han decidido que no creen.

El óvalo rosa no tiene nombre; son las iglesias más antiguas. Comparten dos rasgos fundamentales: primero, la necesidad de intermediarios altamente cualificados entre las personas y Dios. Esto se ve en casi todos los aspectos de la práctica de la religión. En lo privado, es frecuente no rezar a Dios sino a santos, porque tienen una relación especial con Dios. Cuando un católico reza a Santa Lucía o un ortodoxo a la Virgen María, no le piden a estas dos señoras que cumplan algo: le piden a ellas, ya que tienen a Dios más a mano, que le pidan a Dios ese favor de su parte. Esto se llama “interceder”. En lo público, no hay casi nada que un católico o un ortodoxo pueda hacer frente a frente con su Dios, ni siquiera leer los textos sagrados, que sólo deben ser interpretados por los expertos, es decir por los curas. Leer la Biblia está permitido, pero no se anima a los creyentes a ello.

El segundo rasgo fundamental que comparten es la salvación por las obras. Los católicos mantienen sobre el tema un sí-pero-no porque llevan alrededor de un siglo copiando detallitos protestantes para que no se les escape el rebaño definitivamente, pero la idea básica es ésta: para ir al cielo hay que ser un cristiano bautizado que ha sido “bueno”, que ha realizado actos bondadosos o inversamente, que no ha cometido pecados graves. Además están los sacramentos, que son una serie de actos de valor sagrado que debe realizar en todos los casos menos dos (bautismo y matrimonio) un profesional.

La diferencia entre coptos, que son cristianos egipcios; ortodoxos, y católicos es sobre todo histórica. Los ortodoxos son más conservadores y están más apegados a lo ritual. Pero teológicamente hay poca diferencia.

Vayamos ahora al óvalo amarillo. Los protestantes se definen bien por oposición a los católicos. Lo primero: no hay nada entre Dios y el creyente. ¿Que hay santos? Haz lo que quieras, pero nada te distingue de un santo, nada te impide rezarle tú, directamente, a Dios. La Biblia está para leerla y es el único texto que cuenta. Otras personas, curas, teólogos o no, pueden haber escrito libros que te inspiren, pero no los necesitas. A los curas tampoco los necesitas: el cura, ministro o pastor sabe más que tú porque para eso ha estudiado, y hay un par de cosas que ellos están habilitados para hacer y la gente corriente no, pero NO es un intermediario entre Dios y tú.

Despejemos a los anabaptistas: ellos no se dan este nombre, que da a entender que no bautizan. Son un conjunto de iglesias muy distintas entre sí que niegan la validez del bautismo de los menores de edad. Suelen ser profundamente pacifistas. Aquí están los Amish y los Menonitas; hay menonitas que viven como los Amish de las películas y menonitas perfectamente integrados en la sociedad occidental.

Los protestantes de tradición luterana y los de tradición calvinista se distinguen en una cosa muy importante: cómo se consigue la salvación. No es por las obras, como en el caso de los católicos.

Lutero vino antes y llegó a una conclusión lógica que personalmente le interesaba. Si Dios es infinitamente bueno, y los seres humanos somos pecadores, y él asume que todos los pecados son igual de graves, entonces ¿cómo nos salvamos? Según él, por la fe. Si eres cristiano, al cielo de cabeza. Fácil, ¿verdad? Hay actos buenos y malos, la moral existe, por supuesto, pero para Dios lo mismo da cotillear que decir mentiras que cualquier cosa horrible que se te ocurra. El pecado es inevitable, no hay categorías de pecado, si eres creyente te salvas, y si no eres creyente, es opinable si te salvas o desapareces.

Los calvinistas son otra historia. Según Calvino, los seres humanos estamos tan corruptos en nuestra naturaleza que lo que nos salva no es la fe, es la voluntad de Dios. Unos se salvan, y otros no. Dios elige, Él sabra por qué, a los que se salvan, y esos elegidos se sabe quiénes son porque tienen una fe inquebrantable. Es decir: no es que dudar u obrar mal sean pecado: es que si no se tiene fe, se duda, o se cometen pecados, es un signo de que esa persona probablemente no ha sido elegida para salvarse.

Los anglicanos, también llamados episcopales, son protestantes luteranos que han decidido, en parte por una conveniencia histórica, conservar muchas características del catolicismo, especialmente rituales. La principal diferencia entre una misa católica y una anglicana es que el cura en la anglicana muy probablemente está casado y es posible que sea un mujer, pero en las fórmulas rituales apenas hay diferencia (en España sí, pero eso es una historia para otro día).

Los evangélicos son un grupo muy complejo. El evangelismo nació dentro del anglicanismo como un movimiento de renovación que daba énfasis a las obras sociales y a la responsabilidad personal para mejorar la sociedad, una cosa muy victoriana. Al tratarse de una renovación con un gran interés proselitista, se expandió y muchos evangélicos se aproximaron al calvinismo atraídos por su austeridad, y su énfasis en una relación personal con Dios que en el anglicanismo a veces se pierde al mantener los rituales y fórmulas del catolicismo. Cuando he oído decir a luteranos “en esa iglesia son muy evangélicos” suelen querer decir demasiadas cosas distintas: que utilizan un rito con pocas fórmulas y bastante improvisación, que va a haber canciones muy ñoñas y muchas palmas, que son calvinistas con un barniz de buen rollito, que son fundamentalistas, o muy dedicados al proselitismo. Lo que sí es verdad es que todas las iglesias que llevan “evangélica” en el nombre son de creación muy reciente y por eso mismo son más proselitistas, entusiastas, y practicantes que las demás.

Diagrama de Venn realizado por @sanfermina a partir de mis apuntes.

Control del discurso: un ejemplo.

Cada vez que ocurre una gran desgracia con efectos masivos, viene en tres partes: la noticia, enterarnos de porqué pasó lo que pasó y si se podría haber evitado, y el funeral. Las consecuencias del suceso, la segunda y tercera parte, sobre todo el funeral, en España siempre hay un conflicto muy grave entre los defensores del statu quo y los ateos y/o republicanos, y este conflicto tiene a su vez dos aspectos. Primero, los ateos, los republicanos, y la gente sensible y afín en general vemos un derecho pisoteado: el simple derecho a velar a unos muertos como a los familiares, o en el caso de tragedias muy graves, al país, le dé la gana, no se cumple.

El segundo conflicto serio, que es al que voy, es la posesión del discurso por el statu quo. Todos los conceptos son suyos y sólo ellos tienen derecho a hablar. Todos los seres infectos que estos días defienden un funeral católico-monárquico para las víctimas del tren de Santiago dicen lo mismo una y otra vez:

1) las palabras son mías y significan lo que yo quiera.
2) cállate.
3) escúchame 3b) Habla de lo que yo quiera, cuando yo quiera, si te pregunto.
4) tengo derecho a seguir hablando para siempre.

Este “El discurso es mío, en cantidad y en calidad” es característico de TODOS los opresores. Y me repugna. Mandar callar es un acto de violencia. Pero, a pesar de esa violencia, y de la pena que siento, observo con curiosidad cómo las respuestas que mis amigos ateos se llevan estos días son iguales a las que las mujeres, feministas o no, aguantamos a diario, sobre todo cuando el argumento contrario es una definición, puesto que sólo si controlas el discurso confías en esa técnica. La historia la escriben los vencedores, y también los diccionarios.

Para Ilse.

Lo que dice el privilegiado.

A continuación, mi traducción de este magnífico post. Quise ordenarla temáticamente, pero al final la dejé tal como estaba. Me ha hecho recordar discriminaciones concretas que he sufrido, sí, pero también me he sentido aludida. Un texto largo y fácil de comprender, difícil de digerir, para pensar y releer.

El privilegio dice que sólo escucharé a los oprimidos si dan soluciones prácticas a los problemas que describen.

El privilegio dice que aprendas mi idioma, mis costumbres, y mi manera de rezar. Así podremos disfrutar de estar unidos.

El privilegio dice que todos los problemas se resolverían si todo el mundo fuera como yo.

El privilegio dice que me puedo vestir como un pordiosero y que me califiquen de “único”, “transgresor” o “no materialista”, y no de “mendigo”.

El privilegio dice que sólo escucharé a los oprimidos si se comunican de una forma que me resulte fácil de entender.

El privilegio dice que yo no tengo una identidad cultural.

El privilegio dice que debería venir gente más diversa a mi iglesia, a mi terreno, a donde yo estoy a gusto.

El privilegio dice que todo lo que tengo, me lo he ganado.

El privilegio dice que las características de Jesucristo que son más evidentes en mi cultura son las más importantes.

El privilegio dice que ¿por qué los oprimidos están siempre hablando de su opresión? ¿es que no podemos llevarnos bien y ya está?

El privilegio dice que tu perspectiva está contaminada por tu cultura (o por tu identidad, si lo dices así). La mía no, es la verdad objetiva.

El privilegio dice que sólo escucharé a los oprimidos si describen sus experiencias negativas con mucha esperanza y me dejan sintiéndome súper lleno de esperanza.

El privilegio dice que los oprimidos me discriminan.

El privilegio dice que escucharé a los oprimidos si vienen a mis encuentros profesionales. No creo que se arriesguen a ser marginados si lo hacen.

El privilegio dice que sólo escucharé a los oprimidos si tienen el tipo de currículum que valoro.

El privilegio dice que sólo voy a escuchar a los oprimidos que me escuchen a mí.

El privilegio dice que quienes no están de acuerdo conmigo, están enfadados.

El privilegio dice que puedo ir a una iglesia que me acepte a mí y a mi familia.

El privilegio dice que yo escucharía a los oprimidos, pero es que ellos lo ven todo desde el punto de vista único de su cultura, y yo veo toda la cuestión globalmente.

El privilegio dice que tendré amigos oprimidos, siempre y cuando jamás me digan que soy el opresor.

El privilegio dice que tu opinión es importante, pero no tanto como la mía.

El privilegio dice que mi cultura tiene más cualidades cristianas y que eso es natural.

El privilegio dice que sólo escucharé a los oprimidos si hablan con calma (y qué es la calma lo defino yo).

El privilegio dice que vamos a organizar un encuentro y que luego añadimos a gente más diversa para dar un toque de color.

El privilegio dice que tener tanta gente distinta por aquí es incómodo. Me voy.

El privilegio dice que la historia que cuenta esta persona oprimida es deprimente. ¿No puede ser más optimista y agradecida?

El privilegio dice que claro que seguiría a un líder negro, o pobre, o mujer. Simplemente no ha ocurrido todavía.

El privilegio dice que merezco reconocimiento por mi amistad con gente oprimida.

El privilegio dice que yo, la raza de la gente ni la noto.

El privilegio dice que sólo escucharé a los oprimidos si afirman, repetidamente, que soy buena persona, distinto de los demás opresores.

El privilegio dice que todos tenemos igualdad de oportunidades.

El privilegio dice que yo no tengo una identidad cultural, pero la gente que es distinta de mí, sí.

El privilegio dice que yo no tengo privilegios.

Vida de Pi

Género: Aventura.

Idioma original: Inglés.

Argumento: Pi sobrevive a un naufragio. Ahora bien, está en una barquichuela, en mitad del Pacífico, y en compañía de un tigre hambriento.

Cumple el Test de Bechdel: No.

Violencia sexual: No.

Otras formas de violencia: No.

Usos en educación secundaria: El mayor mérito de esta película es estético. Merece la pena verla en una pantalla bien grande, así que en las circunstancias habituales en un aula pueden hacer que pierda interés. Los alumnos más pequeños pueden aprender algo sobre animales, y los más mayores reflexionar sobre la función que la religión tiene para los individuos. La película no toma partido por una religión concreta ni por el escepticismo, más bien defiende la tolerancia.