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Educación y rentabilidad

La Education Endowment Foundation es una fundación creada por el Ministerio de Educación británico. El Ministerio está ahora en manos del gobierno conservador pero la fundación es, en teoría, independiente. Su principal interés es mejorar el desarrollo educativo del alumnado pobre en las escuelas más deprimidas. Y recientemente ha publicado un estudio del que hay un resumen aquí, sobre la rentabilidad de algunas estrategias para impulsar ese rendimiento académico. La rentabilidad es importante, claro, aunque no sea el único factor, ya que también hay que pensar en la formación integral, en los derechos de las familias, el alumnado y el profesorado, en su satisfacción, etc. Pero en un sistema público de enseñanza, será mejor optar por las medidas más económicas. El estudio se ha hecho en las escuelas inglesas, así que no tienen por qué ser universales, aunque son una buena pista.

Veamos las estrategias que el estudio considera más rentables:

Las dos medidas más rentables son el feedback y las técnicas de estudio. El feedback es para los alumnos y los profesores: para los alumnos, consistiría en dar no solo notas numéricas sino una explicación lo más detallada posible de la calidad de sus tareas, de sus progresos y de sus métodos de estudio o trabajo. Es decir, una evaluación continua y motivada. Para los profesores, la verdad es que recibimos bastante poco de esto. El uso de técnicas de estudio y también de autoevaluación es tan importante que sorprende que haya que recordarlo.

Las siguientes estrategias con un buen nivel de efectividad y rentabilidad son muchas a un nivel similar. El EEF mide en “meses lectivos en los que se compensa una desigualdad  educativa” y les da a todas un valor de cinco. Destacan en Primaria reforzar la expresión oral y la comprensión lectora; evidentemente sin comprensión lectora, que debe ser trabajada durante toda la educación obligatoria hasta alcanzar un nivel maduro y crítico, no podemos aprender nada más. El trabajo de la expresión oral obliga a crear clases lo más participativas posible, y que sea posible que los alumnos mantengan discusiones y no solo “reciten la lección” o resuelvan ejercicios. Además, esto sugiere que es bueno reducir el tamaño de los grupos o hacer que se trabaje en equipos supervisados. El aprendizaje colaborativo y supervisión a cargo de compañeros de clase son, por lo tanto, dos estrategias con beneficios múltiples. Por una parte, se ha demostrado que produce mejoras organizar un trabajo en equipo que garantice que todo el mundo hace algo (no vale mandar trabajo para casa y ya está). Y por otra, si se trabaja en grupitos en el aula en tareas sencillas, el profesor puede supervisar los grupos y atender a más frentes a la vez. La supervisión por compañeros no se haría tanto en el aula sino por ejemplo a la hora de hacer los deberes. Un poco al modo de clases particulares. Para realizarla puede ser muy práctico que haya jornadas un poco más cortas y horas de estudio libre o guiado en el centro escolar. Si no, se convierte en una extensión de los deberes.

Otras técnicas con el mismo nivel de eficacia son hacer deberes en Secundaria (en Primaria no), y una técnica de trabajo llamada en inglés “mastery learning” consistente en dividir el aprendizaje en bloques pequeños y hasta que no superas uno no avanzas. La estimulación temprana, es decir, ir a la guardería o recibir apoyo antes de los 7 años, junto con el apoyo individual o clases particulares son dos métodos útiles pero que salen carísimos. Es decir, yo los consideraría ineficientes. Pero claro, los niños no van a la guardería o a Infantil solo para garantizar su aprendizaje cinco años más tarde: van a socializar, a no estar todo el día metidos en casa, a aprender cosas que les gusten y les sean útiles en ese momento de sus vidas, y a dejar a sus padres hacer algo que no sea cuidarlos, unas horas al día. No todo se hace por criterios globales de eficiencia, como dije al principio.

Veamos las técnicas que suponen una compensación cercana a un trimestre, es decir, un impacto positivo pero muy moderado. Para empezar, los programas a nivel de centro o de aula para reducir la conflictividad requiere formación del profesorado, crear un programa con sus protocolos y demás, y trato individualizado al alumnado o los grupos más disruptivos. Sin tener en cuenta la mejora académica, es una medida básica porque contribuye al bienestar de todos. Sorprendentemente, tienen un nivel similar de eficacia la introducción de tecnología digital para apoyar el aprendizaje y la práctica de actividades deportivas al aire libre. Sí, como suena: dedicar un día a aprender escalada o una semanita a irnos de camping genera actitudes positivas (resiliencia, fuerza de voluntad…) y contribuye al trabajo en equipo, que ya hemos visto que funciona muy bien. También puede tener un valor para la motivación del alumnado: tan simple como “si os portáis bien os llevamos al rocódromo al final del trimestre”. Curiosamente las actividades artísticas o deportivas tienen un impacto un poco menor.

La implicación de las familias se pone en este nivel, aunque aquí dudo y me parece que debe haber problemas metodológicos. Y por último, reducir el tamaño de las clases, aunque es muy incompleto porque los estudios parecen centrados en reducciones pequeñas, por ejemplo de 30 a 25. Para que la reducción sea efectiva a corto plazo debe ser suficiente para permitir que el profesor haga cambios metodológicos que faciliten una dinámica más participativa. También es uno de los cambios más caros de efectuar.

Ahora, ¿qué es lo que no tiene ninguna efectividad? Intentar motivar a los alumnos a largo plazo con la orientación laboral. Tiene sentido: “si estudias cinco años más podrás trabajar de….” no tiene mucho sentido para las edades en las que comienzan las desigualdades educativas. Tampoco sirve de nada alargar las clases (es decir, 4 o 5 clases de 90 minutos en lugar de 5 o 6 de una hora). Sirve de poco alargar el curso o la jornada, e ir a clases extra en verano. Resumiendo: los niños ya tienen todas las horas que necesitan.

Pagar más a los profesores si los alumnos aprueban no sirve para que los estudiantes aprendan más. Me ahorro el sarcasmo. Os recuerdo que estos estudios provienen de un gobierno conservador; vaya, que muy a favor de mejorar las condiciones del profesorado no están. A ver si así se enteran algunos.

La medida más negativa de todas, que hace que los alumnos incluso retrocedan en el aprendizaje, es repetir curso. Y es carísima. Entonces ¿por qué seguimos haciéndolo? Porque no tenemos otra alternativa. Algo hay que hacer con el alumnado que no ha aprendido. De momento la propuesta de la LOMCE es sacarlos del itinerario estándar, pero seguro que hay medidas mejores, tanto preventivas como a posteriori. Por cierto, agrupar a los alumnos por habilidad, tal como la LOMCE propone, también es una medida ineficaz que provoca un retroceso en el aprendizaje según el mismo informe. Otra cosa es que a veces esa segregación se hace para que los alumnos no abandonen.

La verdad es que estos estudios tienen mucha miga. Tienen muchas medidas que el profesorado no puede llevar a cabo por sí mismo pero siempre es bueno saber qué es lo que ha demostrado que funciona.

Casos prácticos de fracaso escolar.

En otra ocasión hablé de MMC, y como es un nombre un poco frío, llamémosla Macarena. Al final, hemos fracasado todos, al menos de momento. Ha decidido que no va a seguir estudiando este año. Los mayores de 16 años que no hayan terminado la ESO puede hacer una prueba de acceso a los ciclos formativos de grado medio, y ella y su compañera han decidido que van a pasar un añito sabático mientras les llega la edad de hacer esa prueba. Las dos tienen claro que lo que quieren hacer con el resto de sus vidas es cuidar de niños pequeños, y la amiga ya trabaja. Me ha dicho que cuida niños en verano y que cuando una señora la vio en un parque vigilando a una niña, le preguntó si también podía hacerse cargo de los suyos.

He leído mucho en el último par de años sobre la falta de relación entre el  mercado laboral español, nuestra economía, y el sistema educativo. La síntesis de lo que se dice por ahí es un par de ideas sencillas:

1. Es mentira que estudiar muchísimo sirva para conseguir un buen trabajo, porque en España no se paga nada bien a la élite científica y no hay suficientes puestos de trabajo para los que se van formando.

2. El boom inmobiliario estimuló agresivamente una alta tasa de abandono escolar y fracaso escolar masculinos, porque los chicos podían ganar mucho dinero si dejaban de estudiar. A las chicas les afecta algo, pero no tanto.

En fin. Tenemos una tasa de fracaso escolar de un tercio, con alumnos listos y trabajadores como Macarena y su amiga, y yo no sé lo que les puedo decir. Porque, en realidad, ¿qué motivos tienen ellas para estudiar? ¿a dónde te lleva en este país la vocación de cuidar de los hijos de los demás? ¿A montar una guarderia privada? Sé por mis amigos y familiares lo extraordinariamente duro que es tener una empresa pequeña en este país, y el inmenso esfuerzo que tendrían que hacer para llevarla adelante. Lo único que puedo decirles es que su alternativa legal y segura a trabajar por horas cobrando en negro pasa por estudiar un mínimo de siete años más, a los que se suman unas oposiciones inciertas, para tener un sueldo de unos 1,500 euros si trabajan en un colegio y alrededor de la mitad si trabajan en una guardería privada. Ante estas opciones, lo extraordinario es que una adolescente con esta vocación siga estudiando, y así seguirá siendo mientras sea tan fácil trabajar sin preparación y el trabajo cualificado se pague tan mal.

Repetidores

Dicen por ahí que la repetición no sirve para nada, que los alumnos que no se enteraron la primera vez tapoco se enteran la segunda si se les enseña justo de la misma manera. Yo no sé suficiente pedagogía ni le he dado clase dos veces al mismo repetidorsuficientes veces como para saber si es verdad, pero creo que se escapa un detalle. La cosa ha ido cambiando, pero lo que ocurre ahora con la repetición es esto:

Primaria: se puede repetir un solo curso, una sola vez, con el consentimiento de los padres.
ESO: se puede repetir dos cursos, una sola vez por curso. Teóricamente no es posible matricularse con 18 años, pero el centro puede hacer excepciones.

En los 80, se podía repetir sin límite un máximo de dos veces por curso, pero con el límite de los 16 años. Es decir, ahora se puede repetir 2 o 3 veces en 10 años de obligatoria (6 + 4) y antes se podía repetir 2 o 3 veces en 8 años de obligatoria.

En la ESO, se repite a partir de tres suspensos, da igual en qué materias.

Y con la repetición se consiguen tres cosas:

1. Que al enseñar las cosas una segunda vez, el alumno las aprenda. Discutible.
2. Que el alumno se entere por primera vez de cosas a las que no estaba prestando atención la primera vez, por ejemplo porque no estaba en clase (enfermedad, problemas personales). o por otro motivo. Yo conservaría en cualquier caso la repetición por absentismo.
3. Lo que nadie quiere decir: como estímulo negativo al estudio. Los alumnos que estudian para no repetir. Es un estímulo muy pobre, cierto, pero a veces es el que hay. Y algo que sí me he encontrado en Bachillerato es alumnos que abandonan una materia con idea de pasar curso con pocas pendientes, y superarlas con un profesor distinto al que les ha tocado este año. Mientras tanto, en clase procuran boicotear. Un alumno que no quiere estudiar es un reto; un alumno que no quiere estudiar y que no va a repetir es dos retos en uno. Es triste pero es la realidad.

Verdades feas aparte, a mí me gustaría un sistema en el que la repetición fuera optativa (menos en el caso del absentismo) y que hubiera un par de horas semanales de “tutoría de pendientes”. Los alumnos sin asignaturas pendientes tendrían un rato de estudio, lectura libre, o actividades deportivas. Y los demás, refuerzo de lo suspendido el año anterior. Y la perfección sería hacerlo en las horas que ahora se dedican a religión. Por soñar…

Cronología del fracaso escolar.

Casi todas las medidas relacionadas con la educación que se han aplicado en España y han salido en los medios de comunicación en los últimos 20 años se han centrado en los extremos del sistema, y en la etapa favorita de los políticos de todas las tendencias: 3º y 4º de la ESO, que se hacen con la edad de los antiguos 1º y 2º de BUP, es decir, 14-16 años.

Recapitulando, primero se alargó la educación obligatoria de los 14 a los 16, una medida que muchos criticaron. La clave es que esos dos años favoritos de los políticos pasaron a formar parte de la educación obligatoria y nadie se ha planteado nunca en serio que dejen de serlo. Simultáneamente, se redujo cuántas veces se podía repetir curso, hasta el punto de que según la leyenda urbana en el sistema actual no se repite nunca.

Se mejoró y amplió la educación pre-obligatoria, que ahora se llama Infantil. Aquí, la tendencia ha sido el electoralismo de “los niños están recogidos para que las madres puedan ir a trabajar”. Ojo que no hablo de nadie más que de los políticos. Han visto que la salida más fácil al conflicto entre madres, niños, el resto de la familia, trabajo, salario, y que el día sólo tiene 24 horas es ésa.

Yendo al otro extremo del sistema, hace 20 años que tenemos un Bachillerato corto. El PP tiende a cuidarlo (que en este país quiere decir cambiarlo, o intentar cambiarlo) más que el PSOE. Pero no hay mucho que hacer por ahí mientras siga siendo corto y con Selectividad fijada por las Universidades y no por el Ministerio de Educación. Un Bachillerato de dos años es un Curso de Acceso a la Universidad Para Menores de Edad.

Así que los esfuerzos de los políticos se han centrado en universalizar la fase de la educación en la que los niños son más problemáticos: cuando son muy pequeños. Y en decir que les gustaría que el Bachillerato fuera como el que hicieron ellos: años largos y dorados en el recuerdo, de estudiar cosas teóricas que sirven para poco o nada en el mercado laboral. Y finalmente, en cambiar una y otra vez qué hacen los estudiantes en el final de la obligatoria. Cuando los alumnos tienen… ¿cuántos años dije al principio? ¿Entre 14 y 16? Perdón. Entre 14 y 18, si contamos a los repetidores. Resumiendo, la fase de la vida más problemática para los padres después de que los niños sepan hablar y no usen pañales.

Todos los esfuerzos de los políticos se centran en los bebés y en la adolescencia por la sencilla razón de que de los 5 a los 11 años, los niños dan pocos problemas y los padres piden pocas soluciones. Pero lo que ocurre en la práctica con todas las medidas y cambios que nos proponen en 3º de la ESO es que a menudo llegan tarde. Dos ejemplos prácticos.

Por las razones que sea, Pepe aprende despacio. Repitió un curso de primaria. No se entera bien de lo que se explica cuando es todo teórico. Si las cosas son prácticas, se equivoca varias veces hasta que le sale. Esto significa que tarda tranquilamente casi el doble que sus compañeros en asimilar cada contenido en muchas materias. Sus profesores de 1º de ESO tienen poco tiempo para prestarle atención personalizada, aunque tiene apoyo en Lengua y Matemáticas. ¿Repite 1º? ¿Repite 2º? Si repite un curso, llega a 3º con 16 y con vistas a graduarse con 18. Si repite 1º y también 2º, no nos salen las cuentas.  De todas formas, lo mejor que le puede pasar es que lo metamos en Diversificación, con grupo reducido y menos profesores no sólo para lengua y matemáticas, sino para la mitad de las materias. Diversificación existe para 3º y 4º.

Otro ejemplo. Loli dice que no quiere estudiar. Conducta, un desastre. Actitud, bajo cero. Puede que sepa en qué quiere trabajar y puede que no, pero el caso es que aquí y ahora no quiere ni abrir el libro. Repite una vez primero, una vez 2º, cumple 16, y desaparece del instituto como si la hubiéramos dejado salir de la cárcel. Da igual qué medidas tengamos pensadas en el final de la obligatoria.

En la ESO, el “curso tapón” es 2º porque es donde cumplen 16 años los alumnos que han repetido dos veces. Esto es algo que los políticos que quieren arreglar el fracaso escolar no ven: el problema no está en el curso que Loli no alcanza a hacer. No tenemos que hacer que el final de la obligatoria sea más fácil o más corto. Tenemos que conseguir “pescar” a los fracasados potenciales en la primer vez que cursan el primero de los dos años que repiten. Sería fácil coger una estadística y ver cuál es el año más repetido en la obligatoria, primaria y secundaria, y concentrar algunos recursos más en ese año y en el inmediatamente anterior. Y ya está. Sólo pido eso. Aunque el año clave sea 1º de la ESO y mi propuesta suponga dar un empuje extra a un año tan poco fotogénico como 6º de Primaria.