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Breve introducción a la ideología doméstica.

roman women at workGrabado flamenco de 1573 representando patricias romanas: una borda, otra cose y otra hila. Museo Británico. 

La ideología doméstica es un mito que lleva un par de siglos sirviendo a los intereses del patriarcado, y que con variaciones locales, es el siguiente: la gente, agrupada en familias por lo general pequeñas, tiene un cabeza de familia, un hombre que trabaja fuera, y una cuidadora doméstica a tiempo completo, su esposa. Todo lo que queda fuera del hogar es hostil, y según algunas ideas religiosas, pecaminoso. La función de la mujer es vital, porque consiste en que su presencia, sus principios éticos y morales, y sus sentimientos por el resto de la familia, conviertan el hogar en un refugio contra las agresiones del exterior. Eso se plasma en el cuidado doméstico: estamos en un Hogar y no en una simple casa porque hay una mujer limpiando y cocinando, y por eso, no sale. Esto hace feliz a cualquiera que entre, y a los miembros de la familia, más.

Como la perspectiva histórica se pierde rápido, y tendemos a creer que las cosas siempre han sido de la misma manera, lo que la mayoría de la gente acaba creyendo es que hasta mediados del siglo pasado, más o menos, las mujeres no eran trabajadoras asalariadas, o si lo eran, se trataba de una excepción. A lo que se dedicaban casi todas era a las tareas del hogar, que consistían en el cuidado de la casa y de los hijos. Es decir: todas las mujeres, menos las muy ricas, desde el Neolítico hasta tu abuela, han dedicado muchas horas del día a “crear hogar”, limpiar la casa y la ropa, cocinar guisos, y cuidar de los niños, y se han dedicado mínimamente a trabajar por cuenta ajena, sobre todo cuando estaban solteras, luego ya no.

El párrafo anterior es, naturalmente, una mentira muy cómoda que ha servido para que creamos que el grado de limpieza del hogar que puede dar una persona dedicada a tiempo completo es el estándar deseable, y que nuestras casas habrían requerido que una persona, preferiblemente una mujer, se dedicara a todo eso que a pesar de que es muy importante no queremos hacer nosotros.

Desmontar la ideología doméstica es una tarea compleja: sabemos que las familias nucleares no son “una organización natural”, que las mujeres han trabajado fuera del hogar más a menudo de lo que se cree, y que la externalización de según qué tareas domésticas o la introducción de empleadas (a veces empleados)  no hace que el Hogar desaparezca, sobre todo si La Señora de la Casa no trabaja por cuenta ajena. Aquí solo voy a explicar una de las partes: cómo “las taréas domésticas” han cambiado con el tiempo para que lo que importe no sean dichas tareas en sí, sino que las mujeres estén dentro de casa haciendo trabajo no asalariado o menos valorado que el masculino.

El trabajo doméstico fue cambiando por fases, entre las que destacan dos: la revolución industrial que llevó a la producción en masa de bienes de consumo que antes se hacían en casa (a veces en talleres y la gente los compraba hechos), y la generalización de la red eléctrica que nos permitió tener electrodomésticos. Por eso los cambios han sido cada vez más rápidos. Examinemos tarea por tarea, presuponiendo una mujer que no es rica y por eso tiene que hacerlo casi todo ella, sin criadas o quizá solo con una o dos:

Primero, el abastecimiento. En un mundo sin frigoríficos, tienes que hacer la compra a diario, menos en ciudades grandes donde viene el proveedor a casa o hay vendedores ambulantes. Puede que en lugares muy pequeños la compra no fuera diaria sino en día de mercado. No hay coches: la mujer de la casa, o sus criadas, tienen que darse el paseo, elegir, regatear, y llevárselo todo de vuelta a casa, antes de pensar en hacer la comida. Ya tienes la mañana echada (y no la has dedicado a limpiar el polvo). Mi abuela seguía haciendo una versión de esto en los años 80, y conozco gente que lo hacía en el año 2000 porque tenían el supermercado cerca. En su caso era costumbre, antes era necesidad.

Pasemos a la cocina. Antes de ir a comprar hemos dejado preparado el desayuno… que en muchos casos nos ha llevado un buen rato para encender el fuego. Sin cerillas, sin mechero. Comprar pan o hacerlo tú, encender el fuego para cocinar y lavarnos o usar agua fría, ha dependido de muchas cosas: vives en un lugar y tiempo donde el pan se compra hecho, hace frío, la costumbre local es desayunar bebidas calientes…. puede que fuera un proceso bastante engorroso o puede que cada uno se buscara la vida. Ahora, cocinemos: ten en cuenta que no hay ni un solo aparato eléctrico, ni tampoco inventos como la olla exprés. Las comidas o son muy sencillas, o necesitan que las vigiles mucho tiempo. Eso sí, seguro que en todos los casos son monótonas. No hay una variedad muy grande de ingredientes porque casi todo es local. Una manera de paliar esto son las conservas caseras: todavía hoy, en algunas partes del mundo la vida diaria se paraliza porque toca envasar tomates al natural o mermelada de fruta, ya sea en casa en privado, o como parte de una fiesta local (una amiga me contó que así ocurre aún hoy día con la mermelada de ciruela en una región de Polonia). Si vives en una zona rural, productos como el queso, la mantequilla, las salchichas y demás formas de conservar el cerdo, etc. son parte de la rutina, si no diaria, sí por lo menos anual.

Salgamos de la cocina. Habrá que vestirse. La fabricación de la ropa se ha ido industrializando por fases. Primero está el hilado, que hasta la Edad Media o un poco después podía hacerse en las casas pero era más frecuente que se hiciera en talleres y desde mediados del siglo XVIII en casas; luego está el tejido. Desde el siglo XVIII como muy tarde, lo normal era comprar la tela hecha. En cuanto a la confección, todas las mujeres menos las muy ricas hacían su ropa y la de toda su familia, a mano. La ropa masculina se compraba hecha desde algo antes de la femenina, y las máquinas de coser domésticas se generalizaron progresivamente en el siglo XX. Una de mis abuelas no tenía. La ropa de punto, los jerseys y demás, fueron de lo último que se externalizó. Tengo un vago recuerdo de que comprarlos hechos fuera novedoso a mediados de los 80, pero quizá en otros sitios era diferente.

Otros enseres domésticos, como el jabón y las velas, dependieron también del momento y el lugar. Pero en resumen, la norma es: si se consume a nivel doméstico, hace un siglo lo hacían las amas de casa. Gratis, sin pensar en vender al exterior.

¿Y la limpieza? Empecemos por la ropa. En un mundo sin lavadoras, la ropa se lava menos, todo el mundo tiene mucha menos ropa, y se está algo más sucio. Tienes dos mudas, quizá dos y la de los domingos, y un día en semana, el lavado de la ropa paraliza de verdad el resto de tareas. No se puede cocinar, ni limpiar, ni nada de nada, porque hay que calentar agua, frotar las manchas, frotar la ropa a base de bien, enjuagarla, escurrirla, y tenderla. Entonces puedes respirar un momento (quizá coincida con la hora de servir las sobras del día anterior) y recoger la ropa tendida.

Continuemos con la cocina. Sí, claro, después de comer hay que fregar los cacharros, de nuevo con agua fría o calentada al fogón… y por sorprendente que resulte, a menudo sin jabón. En la Inglaterra victoriana se usaba bicarbonato. Mi madre, nacida en los 40, ha usado una tierra parecida al albero para frotar ollas grasientas. Es decir, se tardaba muchísimo más que ahora.

Y por último, la limpieza de la casa. ¿En la vuestra se hacía limpieza de primavera? Pues hace unas décadas esa era casi la única que se hacía. Muchas cosas eran diferentes: las casas eran más pequeñas, tenían muchos menos objetos decorativos (menos necesidad de limpiar el polvo), no siempre tenían ventanas de cristal y las que había no eran grandes, y el uso de madera y carbón para calentar la casa y cocinar hacía que las paredes estuvieran siempre cubiertas de hollín. Y muy importante: la idea de que es necesario limpiar por higiene, para impedir la proliferación de gérmenes, es relativamente reciente. Antes se limpiaba por comodidad, no por pensar que era mejor para la salud. Una costumbre entre la gente más rica, con varias casas, era pasar varios meses en una de ellas, sin apenas limpiar, y trasladarse a la siguiente, la casa de verano por ejemplo, mientras los criados limpiaban. Para la mayoría de la gente, sin llegar a este extremo, la limpieza eran “zafarranchos” ocasionales.

Es decir: las mujeres que se dedicaban al cuidado de su casa, además de que no necesariamente lo hacían a tiempo completo, estaban ocupadísimas con tareas que hoy ya no son necesarias, se han externalizado o se hacen en menos tiempo. A medida que las labores domésticas se redujeron, surgió la idea de que es necesario que una casa tenga una mujer dentro para ser un lugar acogedor(1); en épocas anteriores, esas tareas se consideraron propias de la mujer pero no creadoras de hogar o beneficiosas para los demás. De hecho, y esto es de lo más importante, la idea de que las mujeres fueran transmisoras de valores morales, aunque solo fuera en el contexto hogareño, es históricamente muy novedosa. Antes, el trabajo femenino tenía que ver con lo doméstico no porque el hogar fuera importante, sino porque se pensaba que las mujeres no servían para nada más.

En las últimas décadas, las tareas domésticas se han definido como mantener un nivel de higiene muy alto, con limpieza diaria de suelos y superficies, porque literalmente no queda nada más que hacer. Y ahora que nos hemos dado cuenta de que una semana de polvo sobre los muebles ni nos mata ni “deshace hogar”, no ha tardado en llegar una obligación novedosa para la mujer: la exigencia de disponibilidad absoluta para los hijos pequeños, también llamada “crianza con apego”. Pero eso es otra historia que deberá ser contada en otra ocasión.

(1) En palabras de un compañero de trabajo estepeño en 2010: “una casa necesita una mujer. Y si esa mujer sale tienes que pagar a otra que entre”. En su pueblo, la inmensa mayor parte de las mujeres son trabajadoras industriales o agrícolas, y no pueden permitirse ni ser amas de casa a tiempo completo ni contratar a una asistenta. Pero persiste el mito de que deberían serlo.

Nota bibliográfica: las feministas que han tratado este tema en mayor profundidad son las de la Segunda Ola. Los libros más recomendados son Por tu propio bien de Bárbara Ehrenreich y Deirdre English, y La mística de la Feminidad de Betty Friedan (ojo, este es bastante clasista). El dato de la limpieza que requería mudar familias enteras está sacado de la biografía de María Estuardo, de Antonia Fraser (descatalogado en español). Entre los muchos libros sobre vida cotidiana destaco “What Jane Austen Ate and Charles Dickens Knew”, de Daniel Pool, y el primer volumen de Historia de las mujeres: una historia propia, de Anderson y Zinsser, editado por Crítica.

¿Sirve al feminismo que las mujeres lleguen al poder?

Un encuentro de la Unión Europea en Alemania, 2013.
Un encuentro de la Unión Europea en Alemania, 2013.

Cuando una mujer obtiene poder político, a veces se celebra como si fuera un triunfo de todas. Otras veces tenemos a los medios de comunicación y a los políticos ocupados con las cuotas para mujeres y con las listas cremallera. Se discute sobre si eso es positivo para las instituciones que lo practican, o si es justo. Es de justicia que las mujeres lleguen al poder y no discuto eso, sino algo más profundo: ¿beneficia al conjunto de la sociedad, o de las mujeres, que haya algunas en posiciones de poder político o económico? Veamos algunos de los argumentos que he escuchado alguna vez.

1. Las mujeres en el poder son como mínimo un síntoma de que se ha alcanzado la igualdad ante la ley, aunque luego socialmente se comentan todo tipo de discriminaciones e injusticias.
Bueno… esto es verdad. A menos que el cargo sea heredado. Ser la hija del rey, del ministro o del empresario, que tienen poder para cambiar o retorcer las leyes, puede conceder muchas ventajas respecto al conjunto de las mujeres y no “abrir camino” para nadie más. Antes de alegrarnos por la situación de ninguna mujer concreta, habría que preguntarse si la pusieron donde están sus relaciones familiares. En tal caso, no se trata de un logro “para la mujer” en absoluto. Te recomiendo comprobar cuántas de las mujeres más ricas del mundo lo son por herencia, ahí está la lista Forbes.

En cualquier caso, la llegada al poder por méritos propios de mujeres en un sistema democrático y con igualdad ante la ley es síntoma de que algunas mujeres han sido capaces de sortear las zancadillas que la vida les ha puesto a ellas y a las demás, ya sean en forma de discriminaciones directas, acoso, dificultades para trabajar y cumplir a la vez con otras obligaciones, etc. No quiere decir que esos obstáculos hayan desaparecido, ni que vayan a desaparecer, ni que otras mujeres tengan sus estrategias o su suerte.

2. Las mujeres con poder son más sensibles que los hombres. Más “femeninas”. Más colaboradoras, menos autoritarias.
Esto es una estupidez. A las mujeres se nos educa en eso, hasta ahí es verdad. Pero no todas somos así. Y cuando no lo somos, cuando una mujer es “dura”, se enfrenta a acusaciones de que no es una “verdadera mujer”. Una mujer no es lo que tú digas, ni lo que se ajuste a tu concepto de feminidad. Hay libros y debate sobre esto, pero no existe la ética femenina, la sensibilidad femenina, ni ninguna de esas patochadas que nos han hecho creer. Si fuera así, no habrían existido ni Isabel Bathory, ni Bloody Mary, ni Pilar Primo de Rivera, ni las monjas que torturaban niños en orfanatos franquistas. Ni Christine Lagarde. Todas estas son tan mujeres como la que más.

3. Bueno va, pero contribuyen a la conciliación. Y les preocupan los temas “femeninos”. Tienen más empatía con las “cosas de mujeres”.
Perdonadme que recurra al estereotipo más fácil. La medida que hizo famosa a Margaret Thatcher como ministra de Educación fue eliminar un suministro de leche gratis en los colegios. Y además del conjunto de su carrera, está la famosa declaración de que “la sociedad no existe. Hay hombres y mujeres individuales, y luego hay familias”, que en contexto quería decir que el Estado no tiene la obligación de velar por nadie, ni por los más débiles ni por nadie. La carrera entera de Margaret Thatcher es una demostración de que esa empatía y preocupación está subordinada a las ideas políticas previas. También dijo que no le debía nada al feminismo; la mayoría de la gente piensa que se ha ganado lo que tienen por sus propios logros individuales, y las mujeres poderosas no son la excepción.

Otro ejemplo más cercano son las diputadas del Partido Popular que votaron a favor de una ley del aborto que nos habría obligado a llevar a término y parir en todos los casos de malformación, incluidos los más graves, y dijeron que eso era apoyo a la maternidad. Hasta aquí la empatía y la solidaridad.

Sobre contribuir a la conciliación y demás problemas asociados a la mujer: la realidad es que las mujeres ricas lo tienen más fácil. Han podido pagar cuidados para sus hijos, han tenido familias que las han apoyado (si no, difícilmente estarían donde están), y luego llaman “organización” a renunciar al permiso de maternidad y a seguir trabajando quince horas diarias. Ojo, no critico: que cada una se organice como quiera y pueda. Solo que este estilo de vida desmiente que tener mujeres en puestos de poder contribuya a una mayor sensibilidad hacia los problemas de las demás.

Hay muchos ejemplos de países donde la participación política de las mujeres es alta y su desigualdad económico-laboral, también.

4. Ver que hay mujeres en el poder inspira respeto a los hombres porque demuestra que las mujeres pueden ser sus iguales o sus superiores. Ya no somos muñequitas sumisas.
Algunos países con participación política de las mujeres superior a la española (en términos relativos, comparadas con los hombres), son Nicaragua, Bolivia, Sudáfrica, India y Bangladesh. No parece que la existencia de mujeres poderosas influyan mucho en esos países, particularmente en los dos últimos, a la hora de respetar a las mujeres.

5. Que haya mujeres en el poder es un triunfo de todas que inspira solidaridad. Es un motivo de alegría porque es una de las nuestras.
No para mí, ya que estamos hablando de la pura subjetividad. Que haya mujeres capaces de reducir los salarios, de aumentar la desigualdad, de explotar laboralmente a otras mujeres, y así, no me llena de orgullo sino de desconfianza. Los mayores problemas de las mujeres están relacionados con la pobreza, la falta de independencia económica y la conciliación de todas nuestras obligaciones, y no veo que las mujeres con poder económico hagan nada por remediar esto. No son de las nuestras.

6. Las mujeres en el poder son un estímulo a las que vienen detrás. Ver que hay mujeres que mandan inspira a las niñas y jóvenes.
Pues no lo sé. A lo mejor. Sí que contribuye a la normalización. Esas fotos con 20 trajes grises y una sola chaqueta de color son muy tristes. Pero la foto con doce trajes grises y ocho chaquetas de colores es solo eso: una foto.

No al feminismo de la foto.

 

Criticar a feministas, 2

A veces se oye decir que es machista criticar a feministas, y dicho así tal cual, sin más matiz, no se me ocurre disparate mayor, dado que las feministas han tenido y siguen tenido enfrentamientos sobre todo tipo de cuestiones. Es natural: hay infinitas maneras de expresar una cultura patriarcal, ¿por qué íbamos a estar de acuerdo en cómo transformarla? Estos son algunos de los desacuerdos tradicionales entre diversas ramas del feminismo:

  1. Los inicios del movimiento fueron burgueses. Al principio, la reclamación del voto fue solamente para las mujeres más ricas. Había desacuerdo sobre la manera de conseguirlo: protesta pacífica o no, sufragio universal o no. No había conexión entre la reclamación de sufragio universal masculino y sufragio femenino sólo para burguesas. También había una lucha, que a menudo se recuerda en España, entre sufragistas que querían el voto para la mujer rápidamente y las que estaban preocupadas por la posibilidad de que eso supusiera un giro conservador.
  2. Hay feminismo que piensa que no conseguiremos casi nada sin la colaboración de los hombres y feminismo que piensa que no es así, ya sea porque no los necesitamos o porque son un aliado poco fiable.
  3. Acerca de la religión. Hay feministas que piensan que toda religión, especialmente toda religión organizada, es patriarcal. Otras, algo más light, rechazan aspectos concretos que no les gustan de las religiones ajenas (alguna críticas frecuentes son a la vestimenta de las musulmanas o a la jerarquía católica, enteramente masculina y con las mujeres en un papel subordinado).  Sin embargo, cada religión mayoritaria a nivel mundial tiene su propio movimiento feminista interno, por lo que hay feminismo islámico, cristiano, católico, etc. Finalmente, hay feministas que creen que hay algo sagrado en la feminidad, pero otras piensan que eso es una estupidez y que no hay nada divino en ser mujer, como no lo hay en ser hombre.
  4. Hay feministas que piensan que el feminismo es incompatible con comer carne, y que la violencia hacia los animales es una expresión del patriarcado (o del kyriarcado, en este caso). Esto ha sido atacado no sólo por omnívoros a los que no les convence la idea, sino también por movimientos por los derechos de los discapacitados, y por feministas (o afines) de países pobres, o de razas distintas de la blanca.
  5. Ah, las mujeres que no son blancas. Para empezar, han señalado que el feminismo burgués se benefició de la construcción patriarcal de la mujer blanca, deseable, protegible, y abandonó a su suerte no solo a las pobres sino también a las que no fueran blancas (las categorías de pobre y no-blanca son intercambiables en algunas situaciones dependiendo del país). A veces se ha rechazado el término “feminismo” en favor de “womanism”, por ejemplo. Algunos puntos de enfrentamiento han sido: el racismo de algunas feministas blancas, los cuidados llevados a cabo por mujeres pobres, migrantes y/o de razas distintas a la blanca, el desinterés de las blancas por las culturas ajenas, o los intentos bienintencionados pero mal dirigidos de “salvar” a personas adultas capaces de apañárselas solas (véase el tema de la religión, por ejemplo).
  6. Hay feministas que han rechazado lo doméstico. Otras se han casado y han tenido hijos, y han buscado personal pagado (a menudo muy mal), es decir, han externalizado los cuidados, como han hecho SIEMPRE la inmensa mayoría de los hombres y algunas de las mujeres más ricas. Otras han intentado realizar un feminismo de lo doméstico, llamar la atención sobre los cuidados, mejorar las condiciones de trabajo del personal que los realiza, o implicar a los hombres y los niños. Esto empezó con la profesionalización de la enfermería, así que viene de largo.
  7. La prostitución. Hay feministas que creen que es una profesión más (y fantástica), otras creen que es una profesión más (y por lo tanto un rollo, ¿a quién le gusta trabajar?), quien cree que es un problema debatible y quien cree que es la expresión máxima de lo patriarcal. Las dos primeras opiniones se conocen comúnmente como regulacionismo (la prostitución debe ser regulada) y las dos segundas, como abolicionismo (la prostitución debe ser eliminada).
  8. El sexo. Una de las bases del feminismo radical de los años 60-70 es que en el patriarcado la igualdad entre hombres y mujeres es imposible. Por lo tanto, el consentimiento verdadero no es posible en una relación heterosexual. A esto se añaden las condiciones materiales en las que casi siempre se unen hombres y mujeres: un matrimonio monógamo y permanente en el que el hombre casi siempre va a tener una superioridad económica sobre la mujer. Aquí hay posiciones variadas: rechazo total del sexo heterosexual, la negación de que el sexo sea liberador, o cierta cautela que ha desembocado en un estudio que empieza a ser profundo e interesante sobre la naturaleza del consentimiento. Enfrentado a esto tenemos un movimiento que defiende el sexo como una expresión necesaria de la personalidad, como un placer y una liberación, y a veces como modo de provocación.
  9. Todo lo dicho sobre prostitución y sexo es aplicable a la pornografía. Hay feministas que defienden que pornografía = patriarcado + capitalismo (es consumo de sexo a medida), otras piensan que lo que importa es el contenido (no les gusta el porno tradicional, pero consideran posible una pornografía feminista). Un tercer grupo piensa que la pornografía es una industria del ocio tan válida como cualquier otra y que lo importante es la libertad y las condiciones de trabajo de las actrices. Esta visión conectaría con la visión más favorable a la prostitución y al optimismo respecto al sexo, pero una misma feminista puede tener opiniones diferentes respecto al porno y la prostitución.
  10. Algunas feministas toman como termómetro de la igualdad la presencia de mujeres en el poder político y económico, y entre éstas, unas defienden medidas como las cuotas y las listas cremallera y otras las atacan. Otras feministas piensan que da igual que manden hombres o mujeres si hay una gran cantidad de mujeres muy pobres y que nuestras vidas no se ven beneficiadas por la existencia de mujeres poderosas.
  11. Algunas feministas piensan que el trabajo remunerado es la clave de la liberación. Parte de ellas son de derechas y otras no. Otras creen que da igual que tengamos empleos si no disfrutamos de seguridad e integridad física, de medidas intervencionistas que garanticen que podemos trabajar y tener tiempo libre o para estar con nuestras familias, o de una relación no conflictiva con los hombres.
  12. Hay feministas que se dedican al “feminismo para principiantes”. Hay quien piensa que la igualdad de la mujer debería explicarse sola y que no podemos perder más tiempo y energía con el nivel iniciación.
  13. Hay feminismo a favor y en contra de la existencia de espacios segregados para hombres y mujeres.
  14. Hay feministas que creen que la píldora anticonceptiva es lo mejor que nos ha podido pasar y otras que la critican debido a sus efectos secundarios y a que responsabiliza sólo a la mujer de la anticoncepción.

Creo que con estos ejemplos basta. Se podrían poner más, pero son más que suficientes para ejemplificar que criticar características concretas de feminismos concretos no siempre es machista y es a menudo inherente al propio movimiento. No hay apenas reclamaciones en las que las feministas estemos unánimemente de acuerdo.

Algunas de las ideas que acabo de exponer pueden ser tachadas de muchas cosas: tonterías, discriminatorias, egoístas, simplistas, falsas, equivocadas, irrealizables, de signo político contrario al que yo defiendo. Pero todas son feministas. Es imposible que estemos todas de acuerdo en todo, y así es como debe ser.

Terry Pratchett y sus mujeres.

the witches of lancreLas brujas de Lancre y de la Caliza. Portada del juego de mesa de Treefrog “The Witches”.

Los fans de Terry Pratchett a menudo coincidimos en su arte como creador de personajes memorables, carismáticos, admirables pero con un punto de antihéroes (y a veces, más que un punto). Casi todos los personajes más populares de Mundodisco son profesionales, y excelentes en lo que sea que hacen. El Comandante Vimes es un policía muy bueno. Vetinari es un buen gobernante, por lo menos para lo que le conviene a él. Húmedo von Mustachen es un especialista en sobrevivir. Por contra, Mort, protagonista de una sola novela, es divertidísimo en su torpeza… y desaparece en el éter cuando pierde un trabajo. Casi todos los personajes más recordados de Pratchett son trabajadores, y los personajes femeninos no son menos.

El ambiente más feminizado de todos los descritos en Mundodisco es el de las brujas de Lancre, que se introducen en Ritos Iguales, el tercer libro. Ritos es un juego de palabras entre rights (derechos) y rites (ritos), y se trata de la historia de una niña que más que aptitudes para bruja, las tiene para maga. Hay más personajes femeninos que se abren paso en profesiones que en Mundodisco son masculinas, algo que se mezcla a veces con problemas derivados de que no son seres humanos; Angua y Jovial Culopequeño en la Guardia de Ankh-Morpork son los mejores ejemplos. El escritor las trata con bastante cariño y muchísima solidaridad, y su profesionalidad nunca se cuestiona.

Las trabajadoras a las que Pratchett presta más atención se parecen mucho a sus personajes masculinos: son muy inteligentes, perfeccionistas, poco sociables, a veces cortantes. Y le interesa más su trabajo que cualquier otro aspecto de sus vidas. Si nos fijamos en las brujas, tenemos a Yaya Ceravieja, que no parece tener aficiones ni vida privada. Es el centro de la acción. Tata Ogg sí tiene vida social, y una familia de la que el narrador nos habla pero a la que apenas vemos. Y finalmente, el puesto de bruja joven (porque son la virgen, la madre y… la otra, como a veces se nos recuerda) es de Magrat Ajostiernos, sustituida por Agnes Nitt/Perdita y luego por Tiffany Dolorido. Magrat intenta compaginar una aventura con su nuevo papel de madre en una novela (Carpe Jugulum), pero no me parece un intento muy logrado. Pratchett sí conseguiría hablar de forma divertida de conciliación familiar con Vimes, quizá porque tenía el intento previo ya hecho.

Los personajes como Yaya Ceravieja o Angua parecen modelos algo anticuados de “supermujeres” que sacrifican lo personal, pero si las comparamos con masculinos equivalentes, como Vetinari, Vimes, o Ponder Stibbons, comprobamos que Pratchett se limita a crear, con gran acierto, versiones femeninas de sus modelos favoritos de trabajador incansable. Se dice de Jason Ogg “lo malo de ser el mejor herrero del mundo es tener que ser el mejor” y de ser bruja, “podías decir que era injusto, y lo era, pero al Universo le daba igual porque no sabía qué significaba la justicia. Es era el problema de ser bruja, que dependía de ti. Siempre dependía de ti”.  Da lo mismo ser herrero o policía o cocinera o bruja. No son simples caricaturas, tópicas “strong female character” cuya principal característica es resistir con entereza toda clase de desgracias haciéndolo todo muchísimo mejor que los hombres. Y algo maravilloso, por extraño que parezca, es que tienen defectos y aún así nos caen bien porque están retratadas con simpatía. En este sentido os recomiendo este artículo de aquí, que no habla de Pratchett sino de ese estereotipo de heroína de acción que está felizmente ausente de Mundodisco.

Un patrón que se repite con las suficientes variaciones como para que no canse son las mujeres que cuidan de los demás, unido a mujeres que tienen miedo de hacer daño. Entre las cuidadoras, por supuesto las hay profesionales (de nuevo, las brujas, que trabajan como parteras, médicas, veterinarias…) y otras que no. Lady Ramkin es criadora de dragones; es, en principio, una parodia del estereotipo de aristócrata británica dedicada a los caballos y los perros, pero en seguida trasluce una verdadera preocupación por el sufrimiento ajeno, animal o humano. No lo vemos mucho, pero sabemos que tiene amigas, algo que ya notó Virginia Woolf que era muy poco frecuente en la ficción.   También hay mujeres que tienen miedo de hacer daño a los demás, o de volverse malas. Yaya, la bruja más poderosa jamás conocida (hasta que Tiffany crezca un poco más), es una. Otros personajes dicen que no es mala porque elige no serlo. Angua la mujer loba es otra luchadora contra sus demonios internos, y también Agnes Nitt, que tiene una personalidad desdoblada. Su manifestación segura de sí misma, Perdita, es egoísta y demasiado cínica para la tranquilidad de Agnes.

Las relaciones amorosas en Mundodisco reciben un tratamiento variadísimo, y en mi opinión, comparado con su agudeza para observar todos los aspectos de las relaciones humanas, aquí falta algo. Veamos algunos casos: Mort hace muchas tonterías porque se enamora de una princesa, pero acaba emparejado con una chica con la que al principio se lleva fatal. Hasta ahí bastante clásico y bastante bien. El esquema de “pareja que desconfía, que se pelea, y luego se gusta” se repite de una manera muy diferente, muy bien llevada, en la relación de Húmedo von Mustachen y Adora Buencorazón. Angua y Zanahoria mantienen un noviazgo muy, muy largo, y muy muy cauteloso, provocado en parte por las circunstancias personales de Angua y en parte porque Carrot pone sus obligaciones por delante de lo personal. Magrat y Verencio se sobreponen a la tremendísima timidez de ambos. Y finalmente, el Comandante Vimes y Lady Sibyl Ramkin tienen una relación en la que se nos oculta todo el romance y se nos muestra la convivencia entre un hombre cariñoso pero demasiado ocupado y una esposa paciente y entregada pero que mantiene sus intereses anteriores al matrimonio. A veces tienen alguna escena tierna, más bien pequeños detalles que muestran que se quieren, más que diálogos o explicaciones del narrador. Es sutil y realista.

Las relaciones amorosas pratchettianas tienen, sin embargo, algunos puntos débiles. . Una novela, La Corona de Hielo, muestra varios de ellos de forma muy exagerada. Aquí, Pratchett recurre a un planteamiento de las relaciones entre hombres y mujeres que choca de lleno con la caracterización de muchos personajes creados anteriormente (aquí una reseña lo menciona de pasada, respecto al gato Greebo) . A saber: las hembras (mujeres y animales) nacen sabiendo seducir. Hay una sola manera femenina de seducir: la altivez, hacerse la estrecha. Esto siempre funciona: ante una mujer estirada, los hombres caen sin remedio. Además, los machos (incluye animales) son tontos, y enamorados más tontos. Y toleran la agresividad de las hembras que desean, se cohíben ante ellas. Un par de citas, que no son chistes sueltos sino que forman parte de una visión conjunta, coherente, que la novela da del amor.

“El cortejo es muy importante, tú sabes. Básicamente es la manera en la que el chico se puede acercar a la chica sin que ella lo ataque y le quiera sacar los ojos”.

 “Las chicas de la Creta no huían a menudo de un muchacho lo bastante rico como para tener su propio caballo – o no mucho rato y no sin dejarse alcanzar”. 

“No deberías tener miedo de él. Es él el que debería tener miedo de ti . . . ¡Porque eres una chica! Muy mal tienen que irnos las cosas si una chica lista no puede tener a un chico comiendo de su mano. Está loquito por ti. Podrías destrozarle la vida con una sola palabra”.

Aquí habla un Nac Mac Feegle intentando explicar a otro cómo funcionan las relaciones humanas (los Nac Mac Feegle tienen una especie de Abeja Reina por comunidad así que de amor humano no entienden nada), el narrador, y Tata Ogg, así que la visión es común a la novela entera, no simplemente una anécdota o la visión de un solo personaje. La Corona de Hielo es la 35º novela de Mundodisco, la tercera protagonizada por Tiffany, y la novena de las brujas, así que es poco probable que alguien empiece a leer por aquí. Como ya digo, chirría respecto al conjunto, aunque hay detalles que sí conocemos de antes, como la idea de que las personas enamoradas hacen muchas tonterías independientemente de su género.

Pratchett nos ha dejado. Se ha ido al mismo sitio que Aristófanes,  Fernando de Rojas, William Shakespeare, Jane Austen, Roald Dahl, Astrid Lindgren, y durante muchas generaciones leeremos a Yaya Ceravieja y a todas las demás como a la Celestina, Pippi Calzaslargas, Portia, Lizzie Bennett, Matilda, o Lisístrata. Todas ellas divertidas, reales, originales y al mismo tiempo un espejo en el que mirarnos. Gracias, Terry Pratchett.

Buscando definición del feminismo burgués

lagarde-merkel-GreeceChristine Lagarde y Angela Merkel, encuentro sobre la deuda de Grecia, Abril 2014. De greekreporter.com.

Cuando entendí que había varias clases de feminismo, mi visión estaba marcada por una división raza-clase presente en mis fuentes, que eran americanas. Por un lado estaban las mujeres blancas y ricas, y por otro las pobres a las que se presuponía ser negras, latinas, o migrantes. Entendí, de una manera más o menos intuitiva, que lo mismo ocurría en lugares donde las tensiones raciales no eran exactamente las mismas: el feminismo que yo había aprendido de pequeña era, de forma muy resumida, la lucha por los derechos de las mujeres que lo tenían todo en la vida, menos ser hombres. Y lo llamé “feminismo para ricas”. Bastante más adelante, me enteré de que la acusación de “feminismo burgués” se lanza contra las feministas, a veces sin criterio. Todo lo que no le gusta a según qué críticos es feminismo burgués, algo que tiene un peligroso tufillo a “pero de qué os quejáis, las de Yemen están peor”. Pero veamos si hay algún fundamento en la acusación e intentemos definir qué es eso del “feminismo burgués”.

Una dificultad que surge es que casi todo el feminismo académico, las teorías, los libros, lo fácil de difundir, lo han hecho precisamente burguesas, que para eso tenían el tiempo, la formación y las conexiones. Algunas de las ideas de las grandes autoras clásicas burguesas, como Virginia Woolf, son imprescindibles, y olvidarlas nos deja un feminismo bastante cojo. Que cometieron errores, sí. Pero sin disculparlos, hay que verlas en su contexto y extraer lecciones o propuestas de acción útiles para todas.

Sigamos; en un definición más estricta, sería aquello que beneficia a las mujeres burguesas. Algunos de los logros en este sentido nos parecen universales pero o no lo fueron en su momento, o no son igualmente positivos para todas. Por ejemplo, el derecho al voto, que históricamente no fue una petición de sufragio universal sino de acceso al voto en las mismas condiciones que los hombres. Otros derechos parecidos fueron el acceso a la universidad y a las profesiones liberales: primero se luchó porque fuera legal y luego porque fuésemos aceptadas y respetadas como profesionales, pero no había, y sigue sin haber, un gran interés equiparable por los estudios o el trabajo de las mujeres pobres. La generación de mi madre fue la primera que vivió esto: en los 70 dejó de ser muy sorprendente que una mujer estudiara una carrera universitaria que no fuera Magisterio o Enfermería. ¿Supuso esto una reducción de la desigualdad social y económica? No lo creo, desde luego no al mismo tiempo ni por los mismos motivos.

Otro ejemplo, más contemporáneo: la llamada “crianza natural”. ¿Quién puede permitirse poner otros aspectos de su vida en pausa durante varios años para dedicarse en cuerpo y alma a los hijos? Alguien que tiene todo lo demás resuelto, al menos en lo económico.

También podemos calificar de feminismo burgués todo aquello que además de beneficiar a las burguesas, perpetúa la situación de las oprimidas, normalmente por ser obreras, pero puede haber más intersecciones (por ejemplo, no ser de la raza o cultura dominante). Por dar un ejemplo que continúa lo anterior: la incorporación de las mujeres a profesiones de prestigio sin ningún cambio en la relación de los hombres con lo doméstico ha supuesto el mantenimiento de un servicio doméstico en unas condiciones de explotación inaceptables. No es el problema el servicio doméstico en sí, sino cómo se realiza.

Por último, la definición más amplia de feminismo burgués  sería la de todo aquello que nos distrae de lo que pueda suponer una mejora global de las condiciones de vida de todas las mujeres. Es un concepto quizás demasiado amplio: ¿es “feminismo burgués” hacer crítica feminista de productos culturales? ¿hablar de autoestima e imagen corporal? ¿Todos los problemas que no son a vida o muerte son desechables por “burgueses”? No me parece fácil decir que sí y desecharlo todo. La clave puede estar en no perder la perspectiva de conjunto sobre qué deseamos, y en preguntarnos siempre qué efecto tienen nuestras acciones en mujeres que no tienen las mismas circunstancias que nosotras. Hablo por mí; mi medida son mis alumnas, hijas de obreras, residentes en una zona rural. No todo lo que hago las beneficia directamente, pero están ahí, en mi campo de visión.

Y es que, al final, la explotación económica nos puede hacer tanto daño como el patriarcado. También nos mata. También nos dice que no somos del todo humanas. También nos engaña con la posibilidad de que algunas de nosotras estemos por encima de líneas arbitrarias. La existencia de mujeres explotadoras, burguesas en el sentido de dueñas ellas de los medios de producción y no esposas o hijas de los burgueses, es un logro del feminismo. ¿Es bueno para alguien que exista Christine Lagarde o Mónica Oriol? No. En absoluto. No hay dudas. No hay ni una chispa de mejora para nadie más que ellas mismas. Han hecho falta siglos de lucha para que existan, ¿y ha merecido la pena? Les hemos dado una plataforma para hacernos daño gracias al feminismo burgués. Son un efecto secundario, venenoso, de haber creído que bastaba con ser iguales que los hombres ricos. Un sueño que produce tales monstruos.

Por qué el feminismo no es igualdad.

El glosario feminista de este blog todavía no tiene una definición de feminismo, pero sí hablo de “igualdad” para decir que el feminismo no es, o no debe ser, la lucha por la igualdad entre hombres y mujeres. Al menos, tal igualdad no es más que un objetivo pequeño, parcial, y a corto plazo. No es lo mismo que la eliminación de la discriminación o la abolición del patriarcado.

En primer lugar, ¿qué significa igualdad? Si estamos hablando de igualdad legal, la tenemos desde hace tiempo para casi todo. Eso no significa que la posición de las mujeres en Occidente haya dejado de ser de desventaja. La igualdad legal no basta, es así de simple. Hay muchas razones para ello; el marco legal intenta garantizar unos mínimos de convivencia y la protección de la propiedad. Un pequeño ejemplo: las mujeres hemos tenido prohibido el acceso al conocimiento y a la propiedad privada durante siglos. Ahora, tenemos derecho a ambas cosas, pero eso no incluye la toma de medidas para compensar siglos de privación y desigualdad. Hemos entrado en una carrera que estaba empezada; eso sí, con igualdad legal.

Además, hay cuestiones que no tienen nada que ver con la igualdad. Por ejemplo, el acoso y la violencia sexual. Las mujeres la sufrimos de manera masiva y sistemática, y tiene efectos devastadores sobre nuestra libertad. Los hombres, en general no pasan por ello. Reclamar “igualdad” no es lo mismo que reclamar el respeto a nuestra libertad sexual, algo que no debería ser una conquista individual sino un objetivo de la sociedad entera.

Por otro lado, somos desiguales en algunos aspectos biológicos. Entender el feminismo como “igualdad” invisibiliza temas tan absolutamente claves como la anticoncepción, el aborto, el embarazo, el parto, la lactancia, la crianza, la dependencia absoluta de los bebés y quién se hace cargo de ellos, la baja por maternidad. Una situación en la que, por ejemplo, no exista la baja por maternidad y esté sometida al mismo régimen que las bajas por enfermedad, es perfectamente igualitaria, ya que las mujeres tendrían los mismos derechos que los hombres. Este aspecto, qué pasa con la reproducción y la crianza, es uno de los puntos más necesarios del feminismo actual, y con igualdad no puede solucionarse. Con esto apunto a otro problema: la igualdad es una cuestión de individuos. No es social. No incluye la creación de mecanismos de protección ni compensa ninguna desigualdad. Nos lanza a todos a jugar al tablero, como si fuéramos fichas iguales de jugar al parchís o a las damas. Da igual que seamos niñas pobres o ancianos discapacitados.

Otra cuestión: la igualdad se suele entender como que las mujeres se tienen que parecer más a los hombres. Tener sus derechos y además, reconocer que podemos tener las características positivas que la sociedad atribuye a lo masculino. Esto suele ignorar, de facto, la posibilidad inversa: que los hombres se dediquen a tareas tradicionalmente femeninas y que tengan características que han sido consideradas, arbitrariamente, femeninas. También se ignora una posibilidad más subversiva: que los géneros son una construcción social y que más que iguales, somos productos de esa construcción.

Por último, una razón histórica. La exigencia básica de la igualdad es una reclamación histórica de las mujeres burguesas que querían los mismos derechos que los hombres burgueses. Esto, en su momento, es decir, hace décadas, no era malo. Fue necesario pedir el voto de las burguesas para que luego lo consiguieran las obreras. Fue necesario exigir la entrada en la universidad. Pero no fue, en ningún caso, suficiente, porque se hizo ignorando de la manera más absoluta a las mujeres pobres, obreras, no-blancas….. La consecuencia ahora es que tenemos que tener mucho cuidado si somos mujeres con un pack saneado de privilegios y reclamamos nuestra igualdad con los hombres. Es más que probable que, incluso cuando no sea nuestra intención, la interpretación fácil es la igualdad de las mujeres ricas con los hombres ricos. La eliminación de un solo escaloncito de la pirámide, en lugar del derribo de la pirámide entera.

Test: ¿qué tipo de feminismo practicas?

Este test, apto para todos los públicos incluso los que no se consideran feministas, te puede enseñar qué punto de la evolución histórica del feminismo se ajusta más a tus ideas. Las soluciones se pueden interpretar si dejas preguntas en blanco, y puedes contestar 2 de 4 opciones si estás muy indeciso, pero eso hará que el resultado sea algo más impreciso. Aunque esté formulado en femenino, está pensado para que lo puedan hacer hombres y mujeres. Aquí tienes las soluciones. ¡Cuenta qué te ha salido en los comentarios!

NOTA: Desde que lo creé, este test ha recibido varias críticas, entre las que destacan que los lectores no se sienten identificados con todas las opciones,  es decir, que a veces echan en falta un “niguna de las anteriores”; y que está sesgado o que pretendo criticar lo que sólo estoy exponiendo. Este test no está pensado para adivinar o diagnosticar nada, sino para mostrar con un ejemplo que dentro del feminismo hay ideas contradictorias porque es un movimiento muy amplio. Todas las respuestas del test son ideas que han defendido activistas feministas en algún momento de los últimos 50 años. No pasa nada si no te identificas con una respuesta por cada pregunta o con un movimiento coherente. Casi nadie lo hace y eso es lo mejor.

Y sobre que este test pretende ser una crítica sutil y retorcida, pues no. El blog está lleno de críticas, unas explícitas y otras retorcidas. Este test no es una de ellas. Si os sirve de algo, la segunda ola es como la típica madre de los chistes machistas sobre madres pesadas: le debo la vida y la quiero un montón, pero me tiene harta y no la aguanto.

1 Los objetivos del feminismo son:
1 La igualdad entre hombres y mujeres.
2 Compensar la discriminación histórica de la mujer.
3 La destrucción del patriarcado, es decir, todo el sistema de opresión visible e invisible que afecta a toda la sociedad, a las mujeres más que a los hombres.
4 Un principio necesario pero parcial e insatisfactorio para resolver el conjunto de las injusticias sociales.

2 ¿Qué opinas de la discriminación positiva y las cuotas?
1 Sólo benefician a las mujeres que ya han llegado a “casi” lo más alto, que son una minoría privilegiada.
2 Estoy en contra. La igualdad ante la ley y la aplicación de méritos objetivos debería ser más que suficientes.
3 Estoy a favor. Es necesario que haya mujeres en las altas esferas de poder.
4 Estoy a favor, pero no me parecen una solución suficiente.

3 Contra la violencia de género:
1 Leyes específicas y medidas de protección concretas.
2 Información, independencia económica de la mujer, garantizar que los mecanismos legales de separación, denuncia por lesiones, etc. funcionen bien. Sin leyes específicas.
3 Las medidas legales son un parche, necesario pero parche. Es vital destruir el concepto del amor romántico y la feminidad sumisa.
4 No terminará hasta que cambie el concepto de masculinidad patriarcal. Hay que trabajar mucho con los hombres.

4 Prostitución:
1 Es el horror. Una muestra palpable de la opresión patriarcal.
2 Existe porque hay pobreza y miseria. Sería deseable que no existiese, pero mejor que prohibir la prostitución, arregla la pobreza.
3 Si hay igualdad entre hombres y mujeres, que haya prostitución masculina también.
4 Criticar la prostitución es insultar a las que la ejercen libremente. Que opinen ellas.

5 La pornografía.
1 Es irrelevante a los intereses del feminismo.
2 Puede ser no sólo feminista, sino además una expresión del feminismo.
3 No me gusta, pero eh, libertad de expresión.
4 Es una expresión de misoginia.

6 Espacios segregados:
1 Sí. A veces hay que descansar de tener tanto machote alrededor. Yo por mí me iba a una comuna lesbiana.
2 Están bien cuando no hay igualdad, pero cuando ya se ha conseguido la igualdad, debemos eliminarlos.
3 No. Las mujeres tienen que entrar en los espacios masculinos.
4 Puede haber quien los necesite. Si se trata de una necesidad cultural, por ejemplo.

7 Se le puede criticar al feminismo:
1 No ha conseguido que la mujer consiga igualdad en aspectos básicos como el laboral.
2 No ha conseguido la unidad de las mujeres contra el patriarcado.
3 No tiene en cuenta que los intereses de las mujeres poderosas (blancas, ricas, occidentales, heterosexuales) van directamente en contra de las demás mujeres.
4 Muchas de sus reivindicaciones están desfasadas o son extremistas.

8 El lenguaje inclusivo o no sexista:
1 Es una estupidez porque desvirtúa el lenguaje y sólo lleva a malentendidos y cursilerías.
2 A mí me va a dar igual que digas “personas en situación de pobreza” o “personas negras” si no vas a solucionar la pobreza y el racismo.
3 Puede ser conveniente y útil.
4 Es una necesidad y una prioridad.

9 ¿Dónde quieres ver a muchas feministas?
1 En el barrio chungo de mi ciudad, no “ayudando”, sino aprendiendo.
2 En la Universidad.
3 En los consejos de ministros.
4 En el Vaticano. Con motosierras.

10 “Una mujer donde tiene que estar es en casa con sus hijos”.
1 No, si contrata ayuda externa.
2 Ojalá. Hay muchas que quieren dedicarse más a su vida doméstica, pero no pueden.
3 Desgraciadamente, una mujer puede elegir entre la vida familiar o el éxito.
4 El hogar y la domesticidad son inventos del patriarcado.

11 Una afirmación como “Si las mujeres mandasen no habría guerras”.
1 Es falsa. Existirían discriminaciones por raza, clase social, etc. sobre las que se basarían nuevos conflictos.
2 No es cierta. Si ocupamos el mismo lugar de poder que los hombres haríamos lo mismo, porque somos iguales.
3 Es intrigante.
4 Es cierta, o al menos habría menos conflicto, porque el patriarcado provoca muchos de ellos.

12 Los ideales de belleza sobre la mujer:
1 Se usan para oprimirnos. Ser fea y aceptarlo es una liberación, ¡vivan las feas!
2 Para muchas son una opresión, pero también son un arma que se utiliza en contra de mujeres a los que jamás son aplicables. Las que no son blancas, por ejemplo.
3 Son injustos. No puede ser que tu vida entera dependa de ser guapa o fea.
4 Son arbitrarios, reivindico que cualquier mujer puede ser bella.

13 Hablemos de hombres:
1 No pintan nada en el feminismo. O muy difícilmente.
2 La igualdad jurídica y la existencia de una meritocracia verdadera requiere de su participación.
3 Deben ocuparse no sólo del feminismo sino de crear una masculinidad diferente. Y de las diferencias de raza y clase, que a veces dividen más que los sexos.
4 Deben sumarse al feminismo.

14 ¿Qué te inspira como feminista?
1 Las feministas radicales y los movimientos revolucionarios.
2 La lucha de las pioneras o de las mujeres en países en vías de desarrollo. Qué fuerza y qué valentía.
3 Las mujeres que consiguen poder en un mundo de hombres.
4 Luchas no necesariamente feministas, como el movimiento trans*, los derechos de los homosexuales, la lucha contra el racismo.

15 Eres concejal en tu pueblo y puedes financiar un curso. Escoge.
1 Talleres de economía y emprendimiento para amas de casa.
2 Talleres sobre anticonceptivos en el instituto.
3 Talleres de español para extranjeras.
4 Talleres de defensa personal.

16 ¿Qué ha contribuido más a liberar a la mujer?
1 Rebelarse
2 La lavadora.
3 El acceso a la educación.
4 ¿A qué mujeres?

17 Te enfadarías con una feminista porque:
1 Se dedique a intentar tener contento a todo el mundo. Con blanduras y simpatías no vamos a conquistar nada.
2 Traicione las raíces del movimiento con reivindicaciones superficiales. Esto es un asunto serio y lo que hay que cambiar son las leyes, no hacer chistecitos o criticar dibujos animados.
3 Es homófoba. O nos liberamos todos a la vez, o esto no va a ninguna parte.
4 Quiera pedirse dos años de baja de maternidad. ¿Para esto he luchado yo?

18 Recomiéndame algo para inspirar a mi sobrinita (suponte que todo va a ser de su gusto y apropiado a su edad).
1 El viaje de Chihiro.
2 Mafalda.
3 Buffy Cazavampiros.
4 Jane Eyre

19 Sólo una de estas reivindicaciones es extraordinariamente urgente (OJO: urgente no es lo mismo que importante)
1 Más gasto social.
2 Igualdad legal.
3 No a la violencia sexual.
4 Romper el techo de cristal.

20 Una feminista debería preocuparse…
1 Por si su liberación se basa en la explotación de otros/otras.
2 Por eliminar la acumulación de opresiones patriarcales en su día a día.
3 Por las corrientes tipo “crianza natural”. La reivindicación de la baja maternal de tres años es machismo.
4 Por liberar a las que aún están oprimidas en otros países donde no hay, por ejemplo, derecho al voto.

Varias preguntas son sugerencias de @undivaga. Gracias.

Feminismo: Bibliografía recomendada.

Cuando escribí una breve historia del feminismo pensada como introducción para principiantes absolutos en teoría feminista, dije que iba a añadir una bibliografía. Repito la advertencia: mi formación es fundamentalmente anglosajona, lo que en teoría feminista casi siempre significa de Estados Unidos.

Voy a poner aquí cualquier libro que me resulte interesante, sea básico o no. Las siglas

Feminismo de primera generación, “protofeminismos”:

A Vindication of the rights of woman (Mary Wollstonecraft). Vindicación de los derechos de la mujer. Es corto, y los derechos que se reivindican están en general bastante conseguidos, pero leer que las mujeres dependen de “el arbitrario poder que les da la belleza” en el mercado matrimonial sigue siendo emocionante.

A Room of one’s own (Virginia Woolf). Una habitación propia. Un libro que empezó como conferencia, así que no es muy largo. Tras observar que los hombres han tomado a la mujer obsesivamente como objeto de estudio, definiéndola, explicándola, criticándola y creando ideales femeninos, señala algunas razones históricas por las que las mujeres no han alcanzado mucha fama como artistas, y qué necesitan para serlo. Y comenta algunas obras escritas por mujeres o sobre mujeres.

Teatro:
Lisístrata. Aristófanes. 411 BC. El cómic de Ralf König (1987) está muy bien también.

Mrs Warren’s Profession. Bernard Shaw. De todos los esritores clásicos, prestigiosos y populares, ninguno es más antiromántico y más anti-sexo que Bernard Shaw. Era un tema que ni le iba ni le venía. Mrs Warren’s Profession es una obra de teatro que argumenta que la pobreza es la principal causa de que exista la prostitución. Es decir, es abolicionista. Puedes no estar de acuerdo con lo que dice si defiendes que la prostitución es un trabajo como cualquier otro, pero viene muy bien como explicación clásica al tema.

Cómic:
Mary & Brian Talbot, Sally Heathcote, sufragista. Una historia del movimiento sufragista, muy bien contada a través de la biografía ficticia de una mujer inventada pero utilizando acontecimientos históricos.

Novela: Hay muchas, sobre todo realismo del S XIX, aquí indico solo alguna de mis favoritas.
Jane Eyre. Charlotte Brontë.
Puede que hayas visto películas o críticas que te hagan pensar que Jane Austen es protofeminista. Es dudoso, pero hay que leerla de todos modos. Aquí tienes una guía de lectura a sus seis novelas.
Remarkable Creatures, Tracy Chevalier. Su mérito es tratar un tema original: las primeras buscadoras de fósiles, y sus dificultades para que los científicos y los curiosos como ellas las tomaran en serio.

Feminismo de segunda generación.

The Feminine Mystique (Betty Friedan). La mística femenina. Publicado en 1963 después de que la autora entrevistara a antiguas compañeras de universidad, y comprobara que casi todas se sentían muy insatisfechas. Es el primer ataque frontal a ese concepto idealizado de ama de casa, madre de familia, con un marido que gane mucho dinero y con una buena casa. La mayor crítica que se le puede hacer es que está demasiado centrado en esa clase social por lo que ignora hasta el insulto las preocupaciones de las mujeres pobres, no blancas, o no heterosexuales.

Cartas a una idiota española. Lidia Falcón. La mejor explicación que conozco sobre ser española en los setenta. Tu madre se crió en esto.

Usos amorosos en la posguerra española. Carmen Martín Gaite. Por continuar con lo que fue la educación de nuestras madres.

Feminismo y raza.

Alice Walker. El artículo “In search of our mother’s gardens” es muy poético y cuenta cómo para una mujer negra que quiera ser artista, la inspiración y el apoyo de la comunidad se pueden encontrar en la creatividad de otras mujeres negras que recurrieron a una expresión como el bordado, la jardinería, etc. al no poder dedicarse al arte en sentido estricto.

I Know Why The Caged Bird Sings, Maya Angelou. Esta autora escribió su autobiografía en siete volúmenes. Este es el primero, y cuenta su infancia, una niña negra en una zona rural de Estados Unidos en los años 30. Maravilloso.

Global Woman. Varias autoras. Un libro sobre la relación entre flujos migratorios y género, que señala cómo las mujeres pobres suelen dedicarse a los cuidados cuando emigran (niñeras, cuidadoras de ancianos, etc). No todos los artículos son igual de buenos.

Teatro:
A Raisin in the Sun, Lorraine Hansberry. Una obra de teatro sobre una familia afroamericana que se va a vivir a un barrio donde todos son blancos menos ellos.

Toni Morrison, entera de principio a fin.

Feminismo radical.

El manifiesto SCUM  de Valerie Solanas un documento que mucha gente conoce de oídas: una justificación de la exterminación de los hombres. Si existe el “hembrismo”, está justo aquí. Puede interpretarse en serio, probable intención de la autora; como una sátira; o como un punto de partida para el resto del feminismo radical.  Está incluido en esta lista porque si lees sobre feminismo en internet te vas a encontrar críticas y fans, y bien está que sepas de qué hablan.

Andrea Dworkin: el clásico es Intercourse, pero yo no lo he leído. Recomiendo absolutamente el primer capítulo de Pornography: Men possessing women. Aquí hay un resumen en inglés. Dworkin es necesaria para cualquier estudio serio del sexo como agresión, tanto si estás de acuerdo con ella como si no, y ese también es su punto débil porque no ayuda nada a las visiones positivas del sexo. Otra crítica importante es que sus libros han sido utilizados para apoyar posiciones transfóbicas. No he estudiado lo suficiente como para acusar de transfobia directamente a la autora.

Violencia de género y violencia sexual:

Violencia de género y cotidianidad escolar: Carmen Gregorio Gil. Una guía breve y simple sobre desigualdad en los centros de enseñanza andaluces.

Mi marido me pega lo normal. Miguel Lorente. Completamente centrado en la violencia de género desde el punto de vista de la situación española, da explicaciones bastante sencillas y convincentes a porqué una ley asimétrica no es discriminatoria.

Ibamos a ser reinas: Nuria Varela. También sobre violencia de género, desde un punto de vista social al contrario que el de Lorente que entra más en Medicina y en Derecho.

Rape, Joanna Bourke. En español, Los Violadores, Ed. Crítica. Una análisis del tratamiento legal, social y médico dado a la violación en los últimos 150 años. Muy centrado en la cultura americana.

El maltrato a la mujer. Piedad Ruiz Castillo. El enfoque psicoanalítico lo hace menos accesible que los de Varela o Llorente. Es un libro excelente con el que redondear sobre el tema.

El Acoso Moral, Marie France Hirigoyen. No es un libro sobre feminismo pero sí muy útil para aprender sobre las trampas que se establecen en una relación abusiva. No dejo de recomendarlo.

Cualquier cosa de Donald Dutton. Sus estudios tienen un enfoque psicológico tirando a conductista.

The Battered Woman Syndrome, Lenore Walker. Es el libro que da nombre al síndrome de la mujer maltratada a imagen y semejanza del síndrome de indefensión adquirida. Un clásico.

Yes means yes, Varios Autores. Una colección muy irregular, en tono y en calidad, acerca de la violencia sexual desde un enfoque centrado en el sexo como placer y como libre expresión. Consentimiento entusiasta, educación sexual, sobrevivir al trauma… No todos los ensayos son buenos y casi todos son muy accesibles a principiantes en leer teoría feminista.

Novela:

The Tenant of Wildfell Hall. Anne Brontë. Una visión sorprendentemente explícita de un caso de maltrato en el S XIX.

This Charming Man, Marian Keyes. Dentro del género moderno de la “chick lit”, en plan comedia romántica.

Sexo, sexualidad:

Historia de la Sexualidad. Foucault. Es breve, pero denso. Para eliminar la creencia de que a más sexo más libres somos.

La sexualidad según Michel Foucault de Maite Larrauri. Por si leer a Foucault sin adaptar se te hace cuesta arriba.

Novela:
The Handmaids Tale. (Margaret Atwood). En español, El Cuento de la Doncella. Una novela distópica con muy, muy mala idea, una especie de 1984 feminista. Casi una reducción al absurdo de lo que ocurre cuando los cuerpos de las mujeres están al servicio del bien común. Principal tema: control de la sexualidad. En general, leer cualquier cosa de Margaret Atwood es buena idea.

Written on the Body;  The Passion; The Powerbook. Jeanette Winterson. Esta autora escribe de forma muy poética historias de amor donde hay personajes queer sin que ello sea lo más importante. La temática no es estrictamente feminista, pero el juego con personajes que a veces ni siquiera sabes si son hombres o mujeres tiene gran atractivo.

Masculinidad:

The Masculinity Studies Reader, ed. Rachel Adams y David Savran. Una antología de textos cortos que van de Freud al presente. Muy variado en enfoques y temas.

The Gendered Society, Michael Kimmel. Más que un estudio de la masculinidad, lo es de la construcción de los géneros como opuestos, y su relación. Muy bueno, mi libro favorito sobre el tema.

Filología.

The Feminist Critique of Language, ed. Deborah Cameron. 1º edición 1990, 2º edición 1998. Coinciden en la mitad de los artículos. Una recopilación de ensayos muy variada sobre sexismo y representación de lo femenino en el lenguaje.

Literary Theory. A very short introduction. Jonathan Culler. La colección “Very short introductions” de Oxford son libritos pequeños y cortos que explican alguna cuestión de manera elemental. Yo me he leído dos. Este de Culler no es sobre feminismo pero define algunos términos como teoría queer, teoría feminista, y habla aunque sea de pasada de muchos autores. Si vas a tener que hacer estudios teóricos en una carrera de humanidades, empieza por leerte este libro porque te aclarará bastante las ideas. Hay Very Short Introductions sobre temas feministas, y su único inconveniente es que son un poco caros: en web, 12 dólares el ejemplar.

Acts of Desire. Sos Eltis. Una historia de la presencia, como autoras y como personajes, de la mujer en el teatro inglés del siglo XIX. Habla mucho y bien sobre sexualidad femenina e historia de la actitud hacia la prostitución.

Novela:
Native Tongue trilogy. Suzette Haden Elgin. No comparto alguno de sus presupuestos teóricos, pero es una fantasía interesante sobre las consecuencias de desarrollar un idioma basado en las percepciones y experiencias típicamente femeninas. El último de la trilogía está poco conectado con los temas de los otros dos.

Salud. Medicina. Estética.

For her own good, Barbara Ehrenreich y Deirdre English. Editado en España como Por tu propio bien (Ed. Capitán Swing). El prólogo es una explicación magistral de la creación del concepto moderno de hogar y el ideal doméstico. La base del libro es que cómo con la ciencia como excusa se ha controlado a las mujeres los dos últimos siglos, con la medicina moderna (psiquiatría sobre todo), la “economía doméstica”, y el aura científica y pseudocientífica dada al cuidado de los niños. Suena a anticientífico, pero de verdad que no lo es.

The Body Project. An Intimate History of American Girls. Joan Jacobs Brumberg. Lo que dice el título: una historia de la relación de las adolescentes estadounidenses con su cuerpo, durante el siglo XX, y cómo la belleza física ha sido cada vez más importante. Algunos capítulos hablan de la menstruación, el acné, la delgadez, y la virginidad.

Fasting Girls. The History of Anorexia Nervosa. Joan Jacobs Brumberg. Es una pena que este libro no esté traducido. Cuenta la historia de la anorexia desde sus orígenes documentados en la Edad Media hasta nuestros días.

The Female Malady. Elaine Showalter. Una historia del tratamiento de la enfermedad mental de las mujeres, lo que la autora califica de “feminización de la locura”, con fuerte énfasis en el Reino Unido.

Novela:
The Bell Jar. Sylvia Plath. También la poesía. No se puede reducir La Campana de Cristal a un solo tema, en este caso el de la salud mental, pero aquí se queda, por clasificarlo. También se puede considerar que es sobre sexismo en cuidados sanitarios.

The Cider House Rules, John Irving. Las normas de la casa de la sidra. Hay una película algo simplona. Una novela que trata, entre otros temas, del derecho al aborto y de qué pasa con los niños no deseados.

Infantil y juvenil.

Narrativa.

Las mil y una barbas, Marie Farre. Un libro infantil, sencillo, cortito, precioso. Está descatalogado, pero si lo puedes conseguir, no lo dudes.

Terry Pratchett. Las novelas de Mundodisco que más tratan temas relacionados con el feminismo son las protagonizadas por las brujas, especialmente Tiffany Aching, pero en general sus personajes femeninos están bien, en la línea “strong female character” o heroínas de acción.

Otros:

Historia de las mujeres, una historia propia. Ed. Bonnie S. Anderson y Judith P Zinsser. Dos volúmenes. Ed. Crítica. Una revisión de la Historia de Occidente desde un punto de vista feminista. Puede resultar anticuada en cuestiones de raza, aunque es bastante interseccional en lo relativo a clases sociales. La parte sobre Grecia Clásica (Vol. I) me resultó muy amena en la adolescencia.

Eve’s Bible. A Woman’s Guide to the Old Testament. Sarah Forth. Este libro puede interpretarse como teología feminista o como una razón para el ateísmo. Es una explicación muy accesible de los orígenes del Viejo Testamento desde un enfoque feminista e histórico.

Margaret Thatcher y el feminismo.

Margaret Thatcher, primera ministra británica entre 1979 y 1990, murió hace un par de semanas y se ha hablado algo, poco, sobre su relación con el feminismo, la feminidad, y las mujeres. La primera conclusión es que Thatcher no era feminista; así lo declaró abiertamente. Es normal: como conservadora, estaba en contra de cualquier movimiento de lucha por la justicia social. Creía firmemente en el individualismo, y en la capacidad de autosuperación, y para ser feminista es necesario partir de que las mujeres tenemos una desventaja y que para remediarla hace falta organizarse de algún modo.

Más extraño es que declarase que el feminismo no había hecho nada por ella. Esto es, sencillamente, una falta de visión histórica. Primero, nació tres años antes de que las mujeres tuvieran derecho al voto en las mismas condiciones que los hombres, y cinco años después de que se permitiera que las mujeres pudiesen graduarse en Oxford, donde estudió. Estos son derechos muy característicos del triunfo de la primera ola feminista: la concesión de la ciudadanía plena a las mujeres, beneficiosa sobre todo para las más ricas, que podían conservar sus bienes después de casarse, ir a la universidad, y acceder a las profesiones.

Por otra parte, la Primera Ministra fue un producto revelador de la Segunda Ola feminista. Triunfó en un mundo de hombres, a costa de perder su vida privada en favor de la pública y de comportarse “como un hombre”. Identificarse con una estética o con estereotipos masculinos no tiene nada de malo en sí, como decisión individual; lo malo es cuando las mujeres, para ser aceptadas y triunfar en recintos masculinos, sólo pueden hacerlo desde ese molde. En la larga década de gobierno de Thatcher, exactamente eso fue lo que ocurrió. Fue responsabilidad de muchos (y muchas), y aún vivimos las consecuencias.

 

Feminismo: un glosario.

En construcción. Perdona el desorden y ten cuidado de no tropezar.

Abolicionismo. En un contexto feminista, suele referirse al deseo de que la prostitución desaparezca. No implica desear que la prostitución sea ilegal, aunque también hay prohibicionistas. El abolicionismo tiene diversas fuentes: hay quienes piensan que la prostitución es, o genera, violencia sexual. Otros piensan que es una consecuencia de necesidades económicas, y asumen que todas las prostitutas, incluso las que no son víctimas de trata y explotación sexual, hacen su trabajo obligadas. Hay abolicionistas que quieren ilegalizar la prostitución, pero también es muy normal buscar que sea más difícil de ejercer, ilegalizando la publicidad, el proxenetismo o contratar servicios sexuales, por ejemplo.

Aliado Calco del inglés “ally”. Quien no puede pertenecer a un activismo, porque no forma parte del colectivo reivindicante, pero lo apoya. Se discute si los hombres pueden ser feministas; pero yo, evidentemente, sólo puedo ser aliada en la defensa de los derechos, por ejemplo, de los gitanos, porque soy paya.

Alienación: situación de la persona oprimida que interioriza y comparte el sistema de creencias del opresor. Eso supone no ser consciente de sufrir tal opresión, o incluso negarla. Una mujer machista o sexista estaría, por lo tanto, alienada.

Androfobia: Ver misandria.

Androsexual: persona con atracción sexual hacia los hombres. Es decir, los hombres homosexuales, y las mujeres heterosexuales, y todas las personas bisexuales.

Antifeminismo, antifeminista: Juicio de valor. No es un tecnicismo; es la palabra que uso para referirme a quienes se oponen al feminismo como teoría, independientemente de cómo sea su conducta. Seguro que tienes amigas o familia que ES feminista en su día a día, pero dice que no lo es. Pues esa gente.

Biohombre, biomujer: Persona cis. Término que sólo he visto utilizado por feministas radicales. No lo uso, y lo desaconsejo. Lo contrario de bio ¿qué es? ¿artificial, mecánico, sintético? ¿El cuerpo es biología y la mente no?

Cis: Abreviatura de Cisexual, lo contrario de transexual o transgénero.

Consentimiento entusiasta: Siempre se refiere a consentimiento sexual. Es la idea de que debe ser libre, consciente, y explícito para ser erótico. Más información.

Cuñado: No es que sea una palabra feminista, pero se usa en contextos similares a mansplainer. Puede usarse en femenino, cuñada. Una persona que habla de lo que no sabe de manera habitual, o que repite lugares comunes como si fueran idea suya. Esa persona que te dice que comer pescado por la noche es indigesto. Diferencia con mansplainer: no es necesariamente una conducta machista, es así siempre, con hombres y con mujeres, y no busca demostrarte cuánto sabe.

Discurso: Término filosófico asociado a Foucault y su pensamiento. El sistema de ideas que una sociedad tiene alrededor de un concepto. El discurso no tiene por qué ser coherente y organizado, pero puede serlo. Dicho de otro modo, hace falta que 1) muchas personas, quizá la mayoría o al menos las que controlan la comunicación 2) sepan lo que es una cosa 3) tengan una opinión sobre ella 4) la difundan por ahí. Por ejemplo: en Occidente existe un discurso acerca de la menstruación pero no acerca de la ovulación.

Doblepensar: La hipocresía es creer en un principio moral que se aplica a todo el mundo menos a ti, porque te conviene. La doble moral es juzgar situaciones iguales de distinta manera. El doblepensar es creer dos cosas contradictorias, que no tienen por qué ser juicios de valor, porque le conviene a los sistemas de poder (en el caso que nos ocupa, el patriarcado). La alienación puede requerir doblepensar.

Esencialismo: Esta palabra quiere decir mil cosas, pero en estudios de género, es la posición que argumenta que el comportamiento y pensamiento de las personas está predeterminado. Los esencialistas pueden ser religiosos o laicos, y eso distingue si atribuyen características a los sexos a “la naturaleza humana”, “la voluntad de Dios / la Creación”, “la evolución”, “la biología”… El resultado es el mismo: los esencialistas creen que todo o parte del patriarcado es, por decirlo de manera burda, “natural”.

Estudios de Género: Ciencia social transversal que observa la construcción de los géneros, y el efecto que ello tiene en las personas y en las diversas ramas del saber. Casi siempre asume que “Ciencia X” no es un estudio de la Humanidad, sino de los hombres como ser humano por defecto, y que para completar dicha ciencia es necesario un estudio objetivo de la mujer. Otros intereses y ramas: el estudio de cómo se crea el género, lo queer, la masculinidad, las relaciones entre hombres y mujeres. No confundir con “ideología de género”, término utilizado por machistas y muy especialmente por la Iglesia Católica.

Exoticismo: El exotismo es la cualidad de lo exótico y lo exótico es lo ajeno, sobre todo si es atractivo. Hasta ahí fácil. El exoticismo es una variante de racismo en la que se atribuyen características positivas a una cultura ajena que desconocemos. Es un intento de procurar que El Otro siga estando alejado, siga siendo un desconocido, y siga siendo inferior, pero depositando en él cualidades que no deseamos observar en nuestra cultura. Un ejemplo sencillo son todos los fetiches sexuales con mujeres no-blancas: la oriental sumisa, la Latina sensual.

Genderqueer o de género no binario: la situación de personas que no tienen género ni masculino ni femenino. Pueden ser personas que no tienen género, ya que no se identifican ni con el femenino ni con el masculino, mientras que otros son parcialmente femeninos y masculino. Hay quienes en su género no-binario se identifican con los intereses del colectivo trans*, pero también hay gente que no. Contrasta con intersex.

Estudios de la masculinidad; Masculinidad. El estudio de la construcción social del concepto de hombre, es decir, los ideales, prejuicios, etc. que una sociedad considera que forman parte de ser varón. Michael Kimmel es un buen autor de referencia. No confundir con masculinismo.

Feminismo de segunda generación o de segunda ola: Surge en los años 1950. La idea de que las mujeres heterosexuales, blancas y ricas deben tener los mismos derechos que los hombres blancos y ricos.

Feminismo de tercera generación o de tercera ola: Movimiento reciente. Un intento variopinto de compensar las discriminaciones internas del feminismo estándar.

Feminismo radical Movimiento que comenzó en los 70 que se caracteriza por el anticapitalismo y el mayor protagonismo (históricamente) de las lesbianas y de mujeres que no quieren imitar los ideales masculinos. Puntos flacos: transfobia y un pesimismo que llega a la misandria.

Género: Con el sexo se nace. El género es una construcción social. El género es el conjunto de ideas, expectativas, acciones, que crean los conceptos de hombre o mujer típicos o atípicos.

Ginesexual: persona con atracción sexual hacia las mujeres.

Hembrismo: La idea de que las mujeres merecen privilegios por serlo, o son superiores a los hombres. Frecuente ataque de los antifeministas al feminismo. No existe como tal movimiento. Algunas feministas radicales son, por así decirlo, separatistas.

Ideología de género: Nombre que dan algunos antifeministas, particularmente del entorno de la iglesia católica o a veces MRA, al feminismo, los movimientos queer y cualquier movimiento antipatriarcal o por la igualdad de género. En inglés, “gender ideology” son las actitudes que tiene un individuo o una sociedad sobre cuáles son los roles apropiados para cada género.

Igualdad: El feminismo bien entendido puede combatir dos cosas: la discriminación de la mujer en acciones concretas (machismo) y el conjunto de sistemas de opresión (patriarcado). “Luchar por la igualdad” es utópico, y además entramos en el espinoso terreno de la igualdad de quiénes (déjame adivinar: ¿la de las mujeres que conoces y los hombres que conoces? Eso se llama “segunda ola” y se nos ha quedado antiguo). “Combatir el patriarcado” expresa mejor el objetivo el feminismo de los últimos 40 años.

Intersexual: Una persona cuyo sexo biológico no es enteramente femenino o masculino. El sexo lo determinan muchos factores: los cromosomas, los genitales externos, los internos, y las hormonas. Cuando hay algún tipo de variación respecto a lo que nos enseñaron en Ciencias Naturales de Primaria, la persona puede ser intersex. Esta variación puede darse en uno solo de estos factores o en varios a la vez. Si afecta a los genitales externos, puede ser difícil para los padres y el personal médico determinar el sexo de los bebés. La intersexualidad no tiene porqué afectar a la identidad, de modo que alguien con una presentación ambigua puede tener clarísimo que es totalmente binaria. Por ejemplo, un hombre cis. O una mujer trans. Resumiendo: intersex no es lo mismo que genderqueer.

Kink: actividades sexuales que no siguen el estándar social. Todos los fetichismos, el sado-maso, etc. Las rarezas. No incluye la orientación sexual; véase queer.

Lenguaje inclusivo también llamado lenguaje no sexista. Decir “la gente” en vez de “los hombres”.

Machismo, machista:juicio de valor. Actitud o conducta que presupone defectos, o virtudes envenenadas como la paciencia y la abnegación, en la mujer. Actitud o conducta de discriminación de la mujer. Puede ser explícita o implícita.

Mansplaining La conducta de un hombre que “explica” a una mujer cosas que ella entiende mejor que él. No ser consciente de estar hablando a alguien que podría ser una experta.

Masculinismo: Depende de a quién le preguntes. Hay dos ideas diferentes: los estudios de la masculinidad, y la idea de que los hombres necesitan defender sus derechos de un supuesto ataque del feminismo. Sobre esto, Ver Varonismo.

Micromachismo: conductas poco perceptibles, cotidianas, y en su definición inicial, en el ámbito doméstico, que limitan la libertad o dañan a las mujeres. Por ejemplo: tu pareja no pone la lavadora porque “no sabe”. Este texto lo explica muy bien: Micromachismos, por Luciano Fabbri.

Misandria: Término creado por oposición a misoginia. El odio o prejuicio contra los hombres por ser hombres, o contra un determinado modelo de masculinidad.

MRA: Men’s Right Activist. Ver Varonismo.

“Nice Guy”: el equivalente más cercano en español es “pagafantas”. Hombre que cree que es justo realizar con una mujer un intercambio de amistad por sexo y se siente defraudado cuando la mujer le devuelve amistad con amistad. La expresión en inglés es más negativa que la española.

Opresión, oprimidos: Las personas que no tienen privilegios y su relación con quienes sí los tienen. Es decir: las mujeres, los homosexuales, los pobres, etc. son los oprimidos. Prefiero esta palabra a “minoría” porque algunos no-privilegiados somos mayorías (los pobres, los no-blancos, las mujeres) y porque la reclamación de nuestros derechos no debe depender de si somos muchos o pocos.

Pansexual: persona que siente atracción sexual indistintamente del sexo que tengan los objetos de su deseo. Es un calificativo usado por quienes rechazan que sólo haya dos géneros, y por eso no quieren ser llamados “bisexuales”.

Patriarcado: Si el machismo fuera robar, el patriarcado es la propiedad privada. El machismo es una agresión concreta; el patriarcado es el sistema completo de opresión que establece, en primer lugar, los privilegios del hombre frente a la mujer, y después todos los demás privilegios que se derivan de ahí (heterosexualidad,primar ciertas cualidades sobre otras, etc). El patriarcado explota a todas las mujeres todo el tiempo, y a parte de los hombres parte del tiempo.

Privilegio: Ventajas innatas que no te has ganado. El conjunto completo aquí y ahora es: varón, cis, blanco, nacional (no extranjero), heterosexual, rico, diestro, sin discapacidades, adulto joven, atractivo. Tener privilegios no es malo porque normalmete no los puedes evitar. Suponer que no son importantes, sí.

Queer: lo contrario de heterosexual. Es decir: gay, o lesbiana, o bisexual, o dudoso, o un “Hoy no me puedo etiquetar”. Véase Kink.

Ricos: en el contexto de este blog, si llegas a fin de mes eres rico. Las “mujeres blancas y ricas” son las principales beneficiarias del feminismo.

Señor, señoro. Despectivamente, un hombre. Sentido utilizado por feministas para referirse a hombres mayores, de visión tradicional del mundo y conducta sexista.

Sexismo, Sexista: juicio de valor. Actitud que discrimimina o difunde estereotipos sobre hombres o sobre mujeres. No tiene por qué tener una intención negativa: por ejemplo, asumir que una niña es obediente, o que un niño es más de Ciencias que de Letras es sexista.

Sororidad: del latín sor, hermana. Amistad y solidaridad entre mujeres, o específicamente entre feministas. Parafraseando “De la solidaridad a la sororidad”, surge de la toma de conciencia de nuestra discriminación y de las necesidades comunes de las mujeres, entre las que está la solidaridad,  .

Terrorismo machista: estrategias de agresión a la mujer dirigidas a mantener un clima de permanente alerta, control y terror en la población femenina.

TERF: Trans Exclusionary Radical Feminist. Mujer feminista que rechaza a las personas trans, especialmente a las mujeres trans. Buena parte de las feministas radicales “clásicas” de los años 70 son TERFs.

Trans: Persona que ha nacido con un sexo físico (o asignado) que no se corresponde con el sexo que tiene en la mente. Por favor, no los llames “A atrapados en un cuerpo de B”. Hay transexuales hetero, homo y bisexuales. Se los puede considerar dentro del ámbito queer.

Varonismo. También conocido por sus siglas en inglés MRA (men’s rights activism, activismo por los derechos masculinos). Movimiento de defensa de algunas reivindicaciones muy concretas: las denuncias falsas por violación y violencia de género, la custodia compartida por defecto en caso de divorcio o separación, y la violencia doméstica sufrida por hombres. Tales reivindicaciones serían dignas y necesarias si sus puntos de partida no fueran la misoginia, y el intento de equiparar la cantidad, gravedad y naturaleza de la violencia sufrida por hombres y mujeres.

Violencia de género: Teóricamente, la que se comete contra una persona por la específica razón de qué género tiene o aparenta. Eso supondría: toda agresión misógina contra mujeres, las agresiones contra los hombres porque no parecen lo bastante machos para el gusto del agresor, y toda la transfobia. Pero en lugar de eso, que a mí la verdad, me gustaría, llamamos “violencia de género” a la violencia en relaciones íntimas de hombres a mujeres, incluyendo a las ex-parejas.

Violencia doméstica: Antes llamábamos así a la violencia de género. Es mejor dejar el término para incluir toda la violencia en el entorno familiar. De padres a hijos y viceversa, incluye la violencia en relaciones íntimas. Borra las causas de las agresiones, así que no es la mejor manera de llamarlas.

Violencia en relaciones íntimas: la que comete un novio, novia, esposo, esposa, contra la otra parte. Puede ser de hombre a mujer, y viceversa, y en relaciones homosexuales.

Violencia machista: violencia contra las mujeres porque son mujeres, ya sean familia del agresor o no. Incluye, por principio, toda violencia hombre-> mujer en relaciones íntimas. Es una etiqueta que no uso.

Violencia patriarcal: Un equivalente de violencia machista que pone el origen de la violencia contra la mujer en el patriarcado. Tampoco lo uso porque es demasiado ambiguo, pues tiene todos los inconvenientes de “violencia de género”.

Violencia sexual: actos sexuales que se realizan sin el consentimiento, o contra la voluntad, de la víctima.

Womanism, mujerismo:corriente de defensa de los derechos de las mujeres no blancas, creada por afroamericanas que se sentían traicionadas por las feministas blancas.