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Indefensión adquirida y feminismo, o: por qué uso colorete rosa.

La indefensión adquirida es un fenómeno muy estudiado en mamíferos superiores y en seres humanos, en el que se observa que si al sujeto le ocurren cosas desagradables,  impredecibles e incontrolables, se pierde la sensación de que controlamos nuestras vidas, dando lugar a trastornos como ansiedad, depresión, irritabilidad, o la sensación de que hay problemas en otros aspectos de la vida que no tienen nada que ver con lo que produce ese mal. Es decir: los seres humanos somos capaces de soportar sufrimientos muy grandes, siempre y cuando nos parezcan merecidos, predecibles, y controlables, o que al menos nos dejen la sensación de que controlamos un espacio lo bastante grande de nuestra vida.

La primera vez que se asoció la indefensión adquirida y el feminismo fue en “La Mística Femenina” de Betty Friedan, uno de los mejores ejemplos de feminismo de segunda generación (y si no sabes de qué estoy hablando, léete esto antes de seguir). Incluye un capítulo llamado “Deshumanización progresiva: El campo de concentración acogedor”, en el que señala que muchos problemas psicológicos de los Baby Boomers americanos se debían a la deshumanización de sus madres. Fue un principio de una serie de paralelismos entre la condición femenina y los campos de concentración.

Aquí alguien podría decir: “Eugenia, te has pasado. Ser una mujer no se parece en nada a estar en un campo de concentración. En Buchenwald te asesinaban por existir y en Andalucía, año 2013, las mujeres pueden hacer lo que quieran”. Ya, sí. Pero primero, no todas las mujeres tienen la suerte de ser, como yo, nacionales, de la raza dominante, aparentemente heterosexuales, y ricas (yo no paso hambre). Segundo, sí hay unas cuantas cosas que compartimos las mujeres en el patriarcado y los judíos de Austria, años 30.

  • No podemos salir. Como no funde una comuna de feministas radicales, aquí me quedo.
  • No pertenecemos al grupo dominante, ni lo haremos nunca.
  • Vemos que les pasan cosas horribles, incluida la muerte, a gente como nosotras, y que les ocurre porque son de este colectivo (sí, hay más asesinatos de hombres que de mujeres, pero a los hombres no se los asesina porque son hombres y a las mujeres se las mata porque son mujeres).
  • Nos cuentan que si somos muy buenas y seguimos una serie de instrucciones al pie de la letra, no tenemos nada que temer. Podemos creerlo o no.
  • El Mal es aleatorio, o lo aparenta. Normalmente no nos dicen cuáles son los objetivos globales del opresor hacia todo nuestro colectivo.

Pongamos un ejemplo de algo pequeño que yo no puedo controlar. Como mujer, joven, de rasgos suaves tirando a infantiles, y personalidad entusiasta, he visto cómo diversos jefes y jefas me han tratado de forma protectora, paternal (maternal!!), condescendiente unas veces y muy amable otras. Esto me ha pasado con jefes italianos, españoles, escoceses, estadounidenses, hombres y mujeres de edades variadas. Ante esto yo puedo reprimir lo que provoca esa reacción en mis jefes: vestirme y peinarme de otra manera, adoptar un tono más frío. A lo mejor me toman más en serio. A lo peor caigo mal. Puedo favorecer los rasgos que provocan esto. Supongamos que mi jefe me llama con un diminutivo: ¿lo corrijo o lo dejo pasar? Parece algo tonto, pero ¿qué va a pasar el día que le diga a, un suponer, el director del instituto, que quiero coordinar un proyecto educativo importante? ¿me tratará como a un adulta responsable o como a una cría de cuarto de la ESO? ¿Y si un padre me amenaza? ¿Me conviene despertar los instintos de protección de jóvenes doncellas de ese director?

Lo importante es que mi margen de elección es estrecho, y que desde la primera vez que me dijeron que estaba muy guapa, la primera vez que me pusieron unas medias, la primera vez que observé que había elecciones de niño y elecciones de niña, sé que las posibilidades que se me abren son distintas, peores, y más impredecibles.

Ante esto, creo que es importante como feminista reaccionar con empatía ante las decisiones de las demás mujeres. Mucha gente que conozco, particularmente chicas adolescentes, critican a otras mujeres por conductas como la promiscuidad, el amor romántico, determinadas maneras de vestir, etc. En realidad, esas mujeres no tienen elección. O sí la tienen, pero no lo saben. O saben que la alternativa es peor. En cualquier caso, yo no soy quién para juzgar cómo sobrevive cada una a su particular campo de internamiento.

Breve historia del feminismo: preguntas.

Cuando dividí en tweets una breve historia básica del feminismo, un par de personas me hicieron algunas preguntas que era difícil contestar en uno o dos tweets. Prometí una respuesta, o no me quedé a gusto con la que di, y aquí están los temas que surgieron.Mis disculpas por no presentar enlaces a los tweets correspondientes, pero el archivo de Twitter está un poco tonto hoy.

@akavania planteó dos cuestiones: primera, que si alguna vertiente feminista tiene el cuenta las diferencias biológicas y neurológicas entre hombres y mujeres, y en segundo lugar, lamenta que la sociedad ignore dichas supuestas diferencias en aspectos como las cuotas, las listas cremallera… en suma, en la paridad obligatoria.

A la primera pregunta, la respuesta es que, que yo sepa, sólo algunas feministas radicales han defendido cierta superioridad femenina basada en las diferencias Sencillamente, que para la supervivencia de la especie necesitamos úteros y semen o cigotos clonados, lo que hace al varón prescindible. Algunos estudiosos de la masculinidad, como Michael Kimmel, se han referido a la forma en la que la sociedad modifica las tendencias agresivas que la testosterona produce en hombres y en primates macho. La conclusión feminista suele ser que las diferencias biológicas se sitúan en un amplio espectro, es decir, que las mujeres no son una esfera y el hombre otra, sino que más bien somos como dos abanicos superpuestos. La existencia de mujeres en el ejército, por pocas que sean, y de hombres tímidos, descarta que haya algo “natural” en la personalidad, menos de forma universal. Por otra parte, cualquier característica que se haya atribuido a uno u otro sexo históricamente han variado de una cultura a otra. Incluso el concepto occidental de “instinto maternal” entendido como un deseo de tener hijos y un amor sentimental hacia los mismos no es más antiguo que la Revolución Industrial y no se da fuera de Occidente (ver “Global Woman” en bibliografía, o casi que no, porque es tela de deprimente).

Respecto al tema de las cuotas y la paridad, tengo dos opiniones. Una, que no tengo opinión, que me importa poco. Dos, que si me importa poco es porque es una preocupación muy característica del feminismo de segunda ola (recordemos: las mujeres como yo queremos tener los mismos derechos y posición social que los hombres blancos, sanos, relativamente ricos, y que son o aparentan ser heterosexuales). Me resbala cuánto poder político tengan las mujeres ricas, y si su poder político es causa de resentimiento entre los hombres en general y las mujeres pobres o sin poder, más vale que las mujeres ricas alcancen el poder por sus propios medios o que pongamos las ayuditas y los escaloncitos muy abajo en la escala (por ejemplo, ayudas especiales para mujeres muy pobres).

@bagaudas pregunta si estoy de acuerdo con todo lo que ha defendido la tercera ola. No, y además, sería tan imposible como ser un socialista que esté de acuerdo con todo lo que haya dicho cualquier autodenominado socialista en todo el planeta en los últimos doscientos años. El feminismo es un movimiento muy amplio.

Además me pregunta que cómo puede ser que creamos que estamos en un mundo hostil a la mujer cuando la mayoría de asesinados, presos, víctimas de crímenes violentos, sin techo, suicidas, y víctimas de accidentes laborales, y demás violencias, sean hombres.

Como dicen por ahí, “la culpa es del patriarcado”. El patriarcado es al machismo lo que el capitalismo es a la pobreza. Es decir: es una macro-estructura que no sólo define la falta de poder de la mujer sino también qué es la feminidad, qué es la masculinidad, y las relaciones de poder entre los hombres. A los hombres se los engaña con la idea de que si son machos, pero machos machos de verdad, conseguirán por fin ser el Macho Alfa, el coche, la moto, y el chalet en Torrevieja (Alicante). Y por fin estarán fuera de todo peligro, ellos y su masculinidad. Es mentira, es el timo de la estampita, y algunos hombres (ya mencioné a Kimmel) y bastantes feministas (como las radicales más pacíficas) llevan algunas décadas intentando desmontarlo.

En fin, al grano: lo más fácil de explicar son los accidentes laborales. Primero, a los hombres se los educa desde bebés en ser irresponsables y en despreciar el peligro. También en la inferioridad de la mujer. Luego, cuando las mujeres quieren ser mineras, bomberas, obreras de la construcción, soldados o policías, los propios hombres les niegan la entrada en esas profesiones, o se la ponen difícil.

Los delitos violentos, los homicidios y los presos forman parte del mismo problema: la criminalidad. La respuesta es la misma: quienes cometen esos delitos son mayoritariamente hombres. ¿Y por qué? Mi intuición personal es que la sociedad occidental ha creado en la mujer conductas que están medicalizadas (depresiones, trastornos de la conducta alimentaria, hipocondría, cansancio crónico, debilidades variadas) y en el hombre, conductas violentas, criminalizadas. En un universo paralelo, al adolescente agresivo se lo mandaría al médico.

Por otro lado, un hombre que agrede a otro suele agredir a un desconocido. La violencia sistemática contra el hombre se da más hacia menores, discapacitados, enfermos mentales, o en ambientes cerrados como la cárcel o el ejército. En cambio, las agresiones hacia mujeres lo son normalmente específicamente porque son mujeres: violaciones, abusos, o violencia en el entorno familiar. Está destinada a controlarlas y lo hace muy eficazmente. Pregunta en un aula de 1º de carrera de cualquier universidad cuántas chicas tendrían miedo de darse una vuelta solas por la noche, y cuántos chicos. Los chicos también corren peligro, pero no se sienten controlados.

Sobre el suicidio, no lo sé, y me gustaría conocer una explicación. Sé que es cierto que los hombres se suicidan más a menudo que las mujeres y me sorprende, porque las mujeres tienden a actuar más “hacia adentro” (autolesiones, por ejemplo) que hacia afuera.

Frente a esto, ¿por qué aún así creemos que vivimos en un mundo hostil a la mujer? Por lo ya dicho sobre la violencia sistemática, y porque relativamente hablando, no tenemos ni el dinero, ni las tierras, ni los demás medios de producción, ni el poder político, ni los medios de comunicación de masas.

El próximo, bibliografía recomendada. Ahora, ¿alguna pregunta más?

Breve historia del feminismo

El 10 de Septiembre, aniversario de la muerte de Mary Wollstonecraft, puse en Twitter una breve historia del feminismo con el hashtag #feminismo101, acompañada de la advertencia de que mi punto de vista es fundamentalmente anglosajón, porque esa es la formación que he tenido. Hay más teorías y escuelas, fundamentalmente francesas.

Como muchos movimientos políticos, el feminismo ha pasado por fases que a veces son contradictorias entre sí. Algo domina al principio: la clave es que se ha preocupado durante unos dos siglos (desde finales del XVIII) sólo por las mujeres burguesas. Por lo tanto, el “pecado original” no ha sido atacar a los hombres, sino ser un movimiento discriminatorio contra muchas mujeres.

Aunque hay precedentes más antiguos, las primeras reivindicaciones, en los siglos XVIII-XIX las reivindicaciones fueron: el voto, el acceso a la educación y a las profesiones, y la propiedad. Un malentendido común es que se pedía la “incorporación al mercado laboral”. Esto es una simplificación. Las mujeres trabajaban en la industria, la agricultura, el servicio doméstico y alguna otra tarea más. Siempre fuera de la clase media. Las primeras feministas no defendían mejores condiciones o igualdad salarial con los hombres para estas mujeres.

La sociedad del siglo XIX aplicaba un triple estándar: por un lado, estaba su construcción de lo masculino. Y por otra parte, se predicaba un naturaleza completamente diferente para las mujeres obreras y para las burguesas. El ideal femenino tenía características incompatibles con estudiar o con ser profesional: inocencia sexual, ingenuidad, pasividad, ausencia de instintos animales como la violencia, falta de competitividad, fragilidad física, hipersensibilidad, miedo, espíritu de sacrificio, domesticidad. Las burguesas feministas rechazaron la feminidad de su tiempo sin atacar la contradicción que era la existencia de lecheras, mineras, cocineras, etc.

La reclamación de derechos civiles también beneficiaba a las mujeres ricas. En aquel momento y hasta bien entrado el siglo XX, las mujeres casadas no eran personas ante la ley. Sus propiedades, y su salario caso de tenerlo, pertenecían a su marido. Para solucionar posibles injusticias, hubo dos corrientes que se llevaron mal entre sí: la defensa del divorcio y la defensa de la personalidad ante la ley de la mujer casada.

A la larga, la primera oleada tuvo éxito. Sólo 5 naciones niegan hoy los derechos civiles básicos.

En los 50-60, surge el “Feminismo de 2º generación”. Simplificando, mujeres blancas, ricas, heterosexuales reclamaron la igualdad social con los hombres blancos, ricos y heterosexuales. Aunque tenía buenas intenciones y consiguió algunos resultados muy positivos, fue profundamente racista y clasista, a veces por omisión y otras veces activamente. Resulta algo embarazoso leer en algunos de sus textos principales cómo para que las madres salieran a trabajar, se presupone un servicio doméstico de mujeres negras (en Estados Unidos) y/o pobres (en todas partes). La domesticidad es un concepto muy atacado y se propone que es una trampa para mantener a las mujeres alejadas del mundo laboral y económico. También se ataca la feminidad tal como se entendía en aquel momento: coquetería, suavidad, romanticismo, instinto maternal.

El feminismo original no había hablado de sexo, excepto en casos contados para referise al control de la natalidad. En la segunda ola, las actitudes respecto al sexo son variadas, aunque tienden a ser positivas. Rechazar la coquetería no es rechazar el sexo.

En los años 70 la cosa empieza a ponerse complicada cuando aparecen dos movimientos contra las limitaciones del feminismo de 2º generación: el womanism (“mujerismo”) y el feminismo radical. Es importante recordar que la década de los 60 es la de la lucha por los derechos civiles en Estados Unidos (donde hasta 1965 había un régimen muy parecido al apartheid) y que en los 70 tienen lugar muchas reivindicaciones por los derechos de los homosexuales.

El womanism se resume fácil: el feminismo es racista, y todas las mujeres blancas se benefician del racismo. Como mujer blanca, leer a autoras mujeristas me da la sensación que imagino que deben sentir los hombres cuando oyen hablar de feminismo: una vaga sensación de que me están acusando de unos actos de violencia que no he realizado yo personalmente. Aquí se explica que la feminidad no ha sido inventada sólo por oposición a los hombres, haciendo de las mujeres anti-hombres (no-violentas, no-fuertes, no-sexuales, etc, etc) sino que además se crea por oposición a la mujer de cualquier otra raza, que se convierte en todo lo que interesa a los blancos, hombres y mujeres: no es delicada, ni frágil, pura o inocente, tiene unos irreprimibles deseos sexuales…

El feminismo radical es otra cosa. Las principales voces son lesbianas que reaccionan en contra de los ideales masculinizados de la 2º generación, que había caído en la trampa de aspirar excesivamente a lo masculino. Si antes se quería “ser como hombres”, las radicales querían lo contrario: evitar todo lo masculino. El movimiento era (es) provocativo, a veces anti-heterosexual, a veces misándrico, a veces anarquista y otras de izquierda. No todas sus propuestas son serias ni viables, sino que buscan hacer pensar. Algunas radicales piensan que la feminidad es una estrategia de supervivencia en un mundo hostil a la mujer, y su opinión sobre la domesticidad es parecida a la de la segunda ola: no, gracias. Comparte con el womanismo la búsqueda de un modo-de-ser-mujer nuevo, libre, algo más que un “quiero los derechos de los hombres”.

La mejor herencia del feminismo radical es su anticapitalismo, y la idea de que los diversos sistemas de opresión están interconectados. Por ejemplo: el hombre primero determina que las mujeres deben pertenecer a los hombres, y a cada hombre los hijos de su mujer o mujeres. De ahí se deriva por una parte la propiedad, y la idea accesoria de que los ricos son mejores y mandan sobre los pobres, y por otra parte, la idea de que los más mayores mandan sobre los más jóvenes. Lo siguiente puede ser la lucha por el territorio, las cosas, o las mujeres de los demás hombres. O un ejemplo positivo: las mujeres deberían sentirse unidas entre sí y debería haber más solidaridad entre ricas y pobres, pues sus problemas son muy diferentes pero el “enemigo común” es el patriarcado.

La tercera ola, por último, quiere ser un movimiento global que supere los errores de la segunda. Empieza entre finales de los 80 y principios de los 90. Se asume que si no luchamos contra todas las desigualdades a la vez, sólo estamos manteniendo un equilibrio violento y frágil. Si la sociedad tiene forma de pirámide escalonada con los hombres blancos y ricos arriba, y las mujeres como yo en segundo lugar, no podemos desear una pirámide truncada con los hombres a nuestra altura: tenemos que derribar toda la pirámide entre todos.

Los principales intereses de la tercera generación son la violencia de género, la violencia sexual, las alternativas a la familia nuclear, la mujer en el 3er Mundo, y el colectivo LBGT. Se piensa que la feminidad es una construcción social, pero ni positiva ni negativa a menos que atrape o sea impuesta, al igual que la domesticidad.

Quienes critican el término “feminismo” aunque estén a favor de la igualdad de hombres y mujeres suelen malentender “1º generación”, un movimiento superado porque funcionó, y dicen “¡pero si ya hay igualdad!”. Pregúntaselo a, no sé, una familia pobre en el sur de la India a la hora de decidir cómo reparten la carne y cuántos años van a la escuela sus hijas. Otros malentienden “feminismo radical”, es decir, que todas creemos que la mujer es mejor o que la convivencia es imposible. Nada más falso. Claro que hay feministas radicales, pero también hay muchas que no.

En otros dos posts, pronto: preguntas surgidas de Twitter, y lecturas recomendadas.