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Algunos consejos sobre el peso de las mochilas

Todos los meses de septiembre, las noticias nos recuerdan que los escolares españoles llevan peso de más en sus mochilas, y que casi todo ese peso es de libros de texto. Las dos soluciones que se suelen aportar son la sustitución del libro de texto por un tablet con libros digitales, y que los libros sean cuadernillos trimestrales para reducir su peso a un tercio del original.

Como profesora de la ESO, los cuadernillos no me parecen mala opción; al fin y al cabo en inglés tenemos libro normal y “libro de actividades”, dejando el peso en la mitad si solo te llevas uno de los dos a clase. Esto multiplica costes, como expliqué una vez, pero bueno. El tablet no me parece solución con alumnado de cierta edad y circunstancias si tenemos en cuenta los factores dinero-golpes-agua-hurtos-recarga de la batería. Así que voy a comentar solamente un par de detalles que pueden contribuir a aligerar el peso, o a llevarlo mejor.

Primero, la manera adecuada de llevar la mochila. En mi generación la llevamos colgada de un hombro, asegurando el sustento de los fisioterapeutas al tratarnos aquellas magníficas escoliosis (dicen que no, que no hay relación, no sé). Desde hace más o menos una década, la moda escolar es llevar los tirantes en su posición más larga, con lo que la mochila cuelga sobre las nalgas o aún más abajo. Llevar el peso así no lo reparte por la espalda sino que la fuerza toda entera hacia atrás, verticalizando las dorsales y exagerando la curva lumbar. He probado a colocarme una así un momento para hacer una demostración en clase; el dolor lumbar es insoportable y duradero. Puedo cargar bastante peso, pero no así. Por tanto, si los menores a tu cargo hacen esta barbaridad, no se lo permitas. La mochila va sobre la espalda. Este vídeo lo explica muy bien. Aviso: ellos no quieren, dicen que les resulta incómodo.

En segundo lugar, el tipo de cuaderno. Entiendo que los niños pequeños usen cuadernos en vez de blocs de anillas o carpetas con folios: está el riesgo de perder las hojas sueltas. Pero los libros de texto suelen ser finos, y los cuadernos pesan  más. Yo recomiendo a todos mis grupos usar cualquier opción de hojas sueltas: bloc, carpeta, o cuaderno microperforado. Rara vez me hacen caso. Llevan cinco de sus seis cuadernos diarios porque quieren y sólo porque quieren. O porque algún profesor les obliga, lo que me parece una barbaridad.

Y por último, que algunos, no todos, se traen libros que no necesitan. Por ejemplo, si un libro tiene suplemento (el famoso workbook de inglés) lo traen a diario por si acaso aunque en clase no se les pida. O material de alguna asignatura que no toca hoy (todas las clases de primer ciclo de ESO tienen “el niño que trae a diario los materiales de Plástica”). No sé si es desconfianza de los profesores, creyendo que vamos a “ir a pillarlos”, o por quedarse ellos más tranquilos sabiendo que están preparados para todo lo que les pueda ocurrir.

La mejor solución centralizada desde la escuela es facilitar taquillas. Como profesora tengo más estrategias: los deberes son un día fijo a la semana así que solo necesitan llevarlo de vuelta a casa una o dos veces semanales. Uso el libro poco, es más un  guión para mí que un material importante para ellos. Doy apuntes y si usamos el libro lo proyecto en la pizarra digital, de modo que pueden leerlo aunque no lo tengan delante. Por eso no penalizo que no se lo traigan, pero entonces tendrán que compartirlo con alguien; algunos, en cuanto ven que en mi clase no hay puntos negativos por falta de material, se organizan para compartir siempre con el compañero. A veces aviso de que no vamos a necesitar libro, e intento que sea siempre el mismo día de la semana para que se organicen mejor.

Solo con ajustar correctamente los tirantes de las mochilas y con asegurarnos de que llevan el material que hace falta ese día y nada más, conseguiremos aligerar la carga un poco y proteger esas espalditas que tanta responsabilidad tienen encima.

*

Este post es parte de una iniciativa de sanitarios, que creo que comenzó la Dra. Blanca Usoz (por cierto, en su post estoy de acuerdo con todas las recomendaciones, sustituyendo “estudiar con el ordenador en casa” con “estudiar con apuntes” según la comodidad del niño o la metodología del profesor).  Aquí más posts sobre este tema, casi todos escritos por pediatras:

21 días, día 3. De aquí para allá.

A los martes los llamo “el día tonto”, porque solo tengo dos horas de clase: de una a tres. Eso sí, tengo que abrir la biblioteca en el recreo, así que me he puesto una hora de gestión de la biblioteca a las doce. Muchos martes llego antes de la hora que me toca, para poder adelantar trabajo aquí en vez de en casa.

Tengo tres sitios para elegir: la sala de profesores, el departamento de inglés, y la biblioteca si no la ocupa nadie. En la sala de profesores hay un solo ordenador que funcione y hasta hace nada la impresora no funcionaba; en el departamento funciona todo; en la biblioteca no va la impresora (tengo que pedirle a quien lleva esas cosas que me compre un tóner) y la conexión a internet es lenta e intermitente por un problemilla técnico. Me voy a la biblioteca porque es la sala más cálida, pero en un cuarto de hora me piden que me vaya para proyectar algo: en una clase funciona la pizarra digital… sin sonido. He perdido ese cuarto de hora en arrancar el ordenador, sacar mis cosas, e intentar abrir un programa que se resiste.

En el departamento, empiezo por algo importante. Si en una evaluación suspenden más del 60% de los alumnos de un grupo en una materia, el profesor que la imparta tiene que hacer un documento explicando las causas, y sobre todo, qué piensa hacer para cambiar esto. En mi caso esto afecta a dos de cinco grupos. Otras veces, la redacción del documento ha estado sujeta a reglas estrictas, o ha sido una plantilla que no conservo. Esta vez la redacción es libre, lo que es quizá peor porque te lo pueden echar para atrás si no gusta el formato escogido, si las propuestas que haces se consideran insuficientes, o si más tarde proponen un esquema común. Redacto mi propia versión del documento, imprimo, saco copia para mí, y también imprimo el informe de autoevaluación de la biblioteca que lleva hecho diez días. Pensándolo bien, en el informe de mejoras hay cambios que podría hacer en todos los grupos, no solo en los que tienen muchos suspensos. Me tomo un café en diez minutos mal contados y dedico todo el tiempo que queda hasta el recreo en llamar por teléfono a los padres de 20 alumnos que se retrasan en devolver libros a la biblioteca. Estos retrasos me amargan la vida. La semana pasada alguien devolvió un libro que tenía desde primeros de noviembre.

En el listado en papel junto al teléfono de Secretaría, el formulario permite hasta cuatro números de teléfono, pero por cada alumno suele venir un solo número de fijo y otro de móvil. Son su casa y su madre. Consigo hablar con cinco madres, un solo padre y una abuela. Una de las madres se alarma y no se cree que su hija tenga un libro prestado, “debe ser de la otra niña de su clase con un nombre parecido, mi hija tiene en casa todos los libros que necesita y lee los que le compramos”. No me queda tiempo ni energía de explicar para qué sirve una biblioteca. Consigo hablar con todas las familias que me cogen el teléfono en horario de mañana. Me quedan cinco, y llevo paseando esta lista tres días lectivos.

Recreo. A la biblioteca. El ruido siempre es un problema porque no les obligo a estar en silencio y no saben hablar suavemente, pero hace poco descubrí que hacen mucho menos ruido si pongo música suave a un voumen muy bajo. Como la conexión a internet no me deja fiarme de Youtube ni de Spotify, abro iTunes para copiar algunos CDs míos que he traído de casa. Dice que hay una actualización pero no se dejan descargar. Abandono internet y copio Cosilas de Moby, Enya y John Coltrane: mi plan es hacer días temáticos, lunes de jazz, martes de clásica, algo así. Escribo en la pizarra “Hoy escuchamos un recopilatorio de chill out pop” sin decir nada y eso provoca preguntas y peticiones de que suba el volumen. Mi ayudante del día es un muchachín de 1º que aprende a colocar los libros por orden alfabético de autor. Una niña que no es de mi tutoría dice que su madre quiere hablar conmigo; eso es un caso poco frecuente. De todas maneras le cojo la cita.

Termina el recreo. Tengo una hora supuestamente para seguir en la biblioteca, pero he acordado con una alumna de 2º que para evitar que vaya a clases particulares la voy a supervisar individualmente un ratito de los martes. No tengo ninguna obligación de hacerlo, pero estoy harta de que las carencias se arreglen con clases particulares,  así que aquí estoy. Es nuestra segunda semana. Ha hecho los deberes extra que le puse y trabajamos el verbo have got como si no lo hubiera visto en su vida; de hecho, no recuerda una instrucción explícita como la que le acabo de dar. Está de buen humor y parece motivada. La semana que viene, el presente simple. Catalogo unos libros que compré justo antes de las vacaciones, y quiero picar algo en el cuarto de hora que me queda, pero no puedo: una familia (o quizá la niña) se han equivocado con el día en el que les tocaba venir a hablar conmigo y tengo que atenderlos sobre la marcha. Sólo quieren información general y yo suspiro por el yogur que me estaba esperando en el frigorífico de la sala de profesores.

Mientras, un drama. En mi tutoría, un grupo que jugaba a forcejear con una puerta, a bloquearla para no dejar pasar a los demás, le ha pillado un brazo a una niña que salía de una optativa para volver a su aula. No le han hecho mucho daño pero le han roto la camiseta. No se sabe quiénes eran ni cómo se les podría sancionar. Tengo que arreglarlo yo, que para algo soy la tutora, pero ahora no. Llego tarde a dar clase en primero.

En este grupo no hay ordenador con proyector o pizarra digital, sino una pizarra digital que no necesita ordenador. Funciona más o menos como un smartphone o tablet de dos metros de altura, y es infinitamente menos práctica que un ordenador. No se le podían poner DVDs o CDs así que para hacer ejercicios de audición necesitaba llevar a cuestas el radiocasette. Ayer le instalaron el libro digital, lo que me facilitará corregir ejercicios y hacer los “listenings”.

La clase empieza tarde por mi retraso, y además están un poco alterados. Quieren hablarme todos a la vez. Una niña ha perdido la agenda y no menos de cinco se levantan a buscarla o me dicen que ellos no la tienen. Hay una cadena infinita de gente pidiéndome permiso para ir al baño (solo pueden ir de uno en uno y no se puede ir en la hora anterior a ésta). Hay dos o tres grupitos que se pasan la hora entera cuchicheando con el compañero por más veces que les mando callar. La clase no empieza de verdad hasta que llevo allí diez minutos. Les informo de que vamos a tener un par de normas disciplinarias nuevas; no aviso de cuáles van a ser las novedades positivas para ellos, porque se me olvida y además no estoy de buen humor. Sí me acuerdo de sacar una hoja de pegatinas y ponerle una en la agenda a un niño de bajo rendimiento que hoy se entera de todo. Un niño aplicado protesta porque él también quiere una.

Hacemos un ejercicio de escuchar sobre unos niños que juegan con gatos. A pesar de lo revoltosos que están, el ejercicio les ha gustado. Me gusta preguntar “¿quién no se ha enterado de nada?” al final de las escuchas y hoy solo se levanta una mano. Después de corregirlo con nuestro recién estrenado libro digital, repasamos el vocabulario que no nos dio tiempo ayer y lo amplío un poco en la pizarra.

Tercero. Estoy agotada y trabajo sin ganas en un ejercicio de comprensión lectora. Un clásico: cómo es el trabajo de un adiestrador de animales. Parece que les gusta mucho y lo entienden bien. Se adelantan y en lugar de escribir las respuestas en sus cuadernos, me las dicen espontáneamente, la mayoría en español. No me importa porque me están dejando claro que entienden el texto.

Me voy a casa llevándome gran cantidad de material de trabajo. Habitualmente voy andando, lo que es un límite muy bueno a la tentación de ir con papeles arriba y abajo, pero hoy me llevan en coche. Una vez en casa, se me quitan las ganas de todo y solo hago una cosa: añadir ejercicios al examen para primero que empecé ayer (versión estándar y adaptada), pero no lo termino.

Horas lectivas: 2.
Horas no lectivas: 1:30
Horas reales trabajadas: 6:30.

Cómo usar el diccionario y medios afines

Oxford dictionaryEste viejito monolingüe tiene 18 años y sigue siendo mi favorito. He aprendido muchísimo con él. 

Los diccionarios online y en papel son una herramienta básica para el estudiante de lenguas extranjeras. Ahora que tenemos traductores online cada vez mejores, a mis alumnos les parece que no necesitan el diccionario o simplemente no son capaces de distinguir entre los usos del diccionario online y el traductor. Incluso se olvidan de las palabras y los llaman por la dirección de la página web. No me dicen “lo busqué en el diccionario” sino “lo busqué en wordreference”, que no es exactamente un diccionario.

Las necesidades de los estudiantes difieren según edad, nivel educativo, y nivel alcanzado en el idioma extranjero, pero se pueden establecer algunas generalidades sobre las ventajas e inconvenientes de cada método, y sus técnicas.

Sobre los diccionarios en papel, es mejor empezar con diccionarios monolingües en la lengua materna, para hacernos con sus dos normas fundamentales: el orden alfabético, y que no buscamos cualquier palabra, sino las que por convención constituyen las entradas. Es decir, el infinitivo de los verbos y no una forma conjugada, los nombres en masculino singular, y así. No penséis que esto es evidente: solo resulta evidente cuando llevas mucho tiempo usando diccionarios. Mis alumnos a veces buscan formas conjugadas de verbos castellanos en el diccionario, y cuando no las encuentran, protestan. Y no creáis que el orden alfábetico es una cosa tan obvia, tampoco: en la biblioteca escolar compruebo que un “eso está por orden alfabético de autor, búscalo tú” recibe miradas de pánico. El uso del diccionario de papel en lengua materna debería ser una habilidad perfectamente adquirida en Primaria.

Los diccionarios bilingües en papel tienen como ventaja que sus entradas son compactas, breves, y en una sola variedad del idioma (británico o estadounidense), y van a inducir menos a error que los diccionarios online. También, que está disponible cuando no hay internet o electricidad. Sus inconvenientes son, naturalmente, que ocupan bastante sitio, que pesan y que cuestan dinero.

Entre los diccionarios online, yo suelo recomendar wordreference. Es gratuito, bastante bueno, completo, y multilingüe.

Y finalmente, los traductores online. En mis clases prohíbo su uso y penalizo con un cero las actividades que se hagan utilizándolo. Al principio del curso, para que comprendan que el traductor no es una herramienta válida, uso la pizarra digital. A la vista del grupo, voy a la wikipedia, cortapego un texto  en un idioma cuanto más lejano al nuestro mejor, a continuación obtengo una versión española en Google Translate. Esto es un ejemplo: un párrafo de la entrada dedicada a Mozart en la wikipedia en húngaro.

Mozart cuando finalmente rompió el patio del arzobispo de Salzburgo. Se instaló en Viena, donde fue reservado principalmente para la enseñanza. En 1782 se casó con Constanza Weber. En el mismo año se dio a conocer rapto en el serrallo estaba tocando la canción, que fue el primer gran éxito de la ópera de Viena. Mientras tanto, su padre reconciliado con la familia Weber, quien la antipatía sintió desde el principio.

Algunos no entienden nada, y otros se dan cuenta de que podemos captar la idea general en un texto lleno de incorrecciones. Luego siempre hay alguien que mete sus trabajos en el traductor y se lleva un cero, pero yo ya he cumplido explicando por qué el traductor no sirve para lo que ellos quieren (aparte de que es hacer trampa).

Finalmente, ¿cómo usar el diccionario? No creo que buscar palabras sueltas en el diccionario deba ser una tarea en sí misma ni tampoco que haya que buscar todas las palabras que no se entienden en un texto, sino solo las que no deduzcamos. Por lo tanto, buscar en el diccionario monolingüe debe ser una tarea vinculada a la lectura, a enseñar a leer, pero no solo en clase de Lengua, sino en todas. Si en clase se dedica tiempo a leer, ese es el momento de buscar en el diccionario, y podemos tener solo cuatro o cinco en el aula, repartidos entre varios alumnos que busquen lo que les va pidiendo el resto. También se pueden hacer “carreras” para ver quién encuentra antes una palabra. En lenguas extranjeras, además habrá que insistir en la necesidad absoluta de usar un diccionario para las tareas escritas como las redacciones. Aquí podemos trabajar desde cero (trabajamos un texto y cuando no sepan cómo se escribe algo, buscarlo) o a partir de sus errores, corrigiendo en clase y en común los problemas léxicos de trabajos que ya hayan terminado. Yo prefiero el segundo método. Al principio van un poco a ciegas, pero es más ameno y práctico porque así me adapto a lo que aún no saben hacer.

Lo principal en todos los casos es no convertir el diccionario en un castigo o un obstáculo y permitir cualquier formato, además de educar en la diferencia entre diccionario y traductor.

EABE 12

Este fin de semana he participado en el Encuentro Andaluz de Blogs Educativos 2012 (EABE 12), que tuvo lugar en Carmona (Sevilla). No estaba allí por tener un blog educativo, ni yo ni la mayoría de los participantes, porque en sus cuatro convocatorias este encuentro ha acabado por convertirse en “Encuentro de la comunidad educativa con interés en la innovación”. Comunidad educativa y no profesorado porque allí había de todo. Infantil, primaria, secundaria, universidad. Familias, docentes, y personal tipo Orientación/Educación Social. Nada más que faltaba personal de limpieza y mantenimiento, y políticos.

Mi experiencia de novata total fue estupenda. El encuentro tenía un equilibrio excelente entre hacer contactos y vida social, trabajar pequeños proyectos en grupos de unas 10 personas, y sentarse a escuchar mesas redondas (había ronda de preguntas pero fueron mucho más breves que la parte de escucha). Además, a pesar de que muchos participantes tenían larga experiencia en EABEs o en los temas que se trataron, se nos acogió muy bien a los que no conocíamos a nadie o no tenemos las cosas nada claras cuando se está hablando de innovación educativa de calidad.

¿Y qué es eso de la innovación educativa? Pues lo llamo así porque no se trataba exactamente de hablar de “internet en el aula” o de nada parecido sino de una concepción global de una enseñanza más práctica y mejor. Las TIC se dan por supuestas, y lo que se comentó sobre ellas casi se limitó a comentar si en un centro o en otro se disponen de todos los medios necesarios para las actividades que quiere hacer un profesor. El centro del debate sobre el tema fueron más bien las redes profesionales, es decir, cómo el uso de todo tipo de tecnologías permiten expandir las redes de comunicación con el fin, ante todo, de mejorar lo que hacemos en las aulas todos los días. También se habló de las virtudes (e inconvenientes) de las redes físicas. Al fin y al cabo, el EABE es un creador físico de redes a distancia.

Otro axioma en el entorno EABE es la maldad de los libros de texto. La idea número uno es que el libro de texto es natural e inevitablemente malo, siempre, y que impide toda actividad creativa. No estoy de acuerdo, aunque creo que es difícil encontrar un libro que esté bien. No sólo que sea de un nivel de dificultad adecuado para unos alumnos concretos, y más o menos de mi gusto: objetivamente bien, bien para unos alumnos ideales. Hay pocos así. Pero de libros de texto hablo otro día. Aquí se habló fundamentalmente de que los libros favorecen un método de trabajo pasivo y con todos los defectos de la educación tradicional. Lo que se plantea como alternativa al libro de texto es, fundamentalmente, el aprendizaje colaborativo (que los alumnos se ayuden y enseñen unos a otros), y el trabajo por proyectos. Los proyectos empiezan en “escribe una redacción sobre un tema que vas a tener que investigar tú porque yo no te lo voy a explicar”, así que no hay por qué pensar que trabajar por proyectos tiene que ser necesariamente complicado. Dar clase de una manera que obligue a los alumnos a ser activos, intentando prescindir del libro de texto o usándolo solo como guía, es un reto, más un ideal al que intento llegar que la práctica diaria.

Se habló también mucho de familias, y aquí desgraciadamente estábamos hablando a quien ya está convencido, y si no dime a mí qué pintan unos padres echando un fin de semana metidos en un hotel hablando no de sus hijos sino del sistema educativo y la educación en general. Toma ya. Algo sí se dijo sobre la necssidad de los profesores de ser abiertos, de estar disponibles para las familias, y reconozco que en secundaria tenemos muy poca empatía con los padres de los alumnos que comienzan y terminan ciclo. Como no soy madre, no se me había pasado nunca por la cabeza la idea de que un padre puede estar muy preocupado o asustado simplemente porque su hijo cambia de centro o empieza etapa. Otros temas sí, pero no ese. Creo que debería haber más encuentros de padres y docentes no centrados en las notas, para que nos entendiéramos todos mejor.

Si algo cambiaría en los EABES del futuro es que sean más largos: intervenciones de 1 hora en vez de 45 minutos, y más descansos. Dos días en vez de uno y medio.

Al final, además de nuevos contactos vía twitter, después de dos días enteros de reposo las ideas que me quedan son sencillas, buenas para mis alumnos, y realistas: más TIC, más comunicación con otros profesores, más creatividad, más familia.

EABE 12

Este fin de semana he participado en el Encuentro Andaluz de Blogs Educativos 2012 (EABE 12), que tuvo lugar en Carmona (Sevilla). No estaba allí por tener un blog educativo, ni yo ni la mayoría de los participantes, porque en sus cuatro convocatorias este encuentro ha acabado por convertirse en “Encuentro de la comunidad educativa con interés en la innovación”. Comunidad educativa y no profesorado porque allí había de todo. Infantil, primaria, secundaria, universidad. Familias, docentes, y personal tipo Orientación/Educación Social. Nada más que faltaba personal de limpieza y mantenimiento, y políticos.

Mi experiencia de novata total fue estupenda. El encuentro tenía un equilibrio excelente entre hacer contactos y vida social, trabajar pequeños proyectos en grupos de unas 10 personas, y sentarse a escuchar mesas redondas (había ronda de preguntas pero fueron mucho más breves que la parte de escucha). Además, a pesar de que muchos participantes tenían larga experiencia en EABEs o en los temas que se trataron, se nos acogió muy bien a los que no conocíamos a nadie o no tenemos las cosas nada claras cuando se está hablando de innovación educativa de calidad.

¿Y qué es eso de la innovación educativa? Pues lo llamo así porque no se trataba exactamente de hablar de “internet en el aula” o de nada parecido sino de una concepción global de una enseñanza más práctica y mejor. Las TIC se dan por supuestas, y lo que se comentó sobre ellas casi se limitó a comentar si en un centro o en otro se disponen de todos los medios necesarios para las actividades que quiere hacer un profesor. El centro del debate sobre el tema fueron más bien las redes profesionales, es decir, cómo el uso de todo tipo de tecnologías permiten expandir las redes de comunicación con el fin, ante todo, de mejorar lo que hacemos en las aulas todos los días. También se habló de las virtudes (e inconvenientes) de las redes físicas. Al fin y al cabo, el EABE es un creador físico de redes a distancia.

Otro axioma en el entorno EABE es la maldad de los libros de texto. La idea número uno es que el libro de texto es natural e inevitablemente malo, siempre, y que impide toda actividad creativa. No estoy de acuerdo, aunque creo que es difícil encontrar un libro que esté bien. No sólo que sea de un nivel de dificultad adecuado para unos alumnos concretos, y más o menos de mi gusto: objetivamente bien, bien para unos alumnos ideales. Hay pocos así. Pero de libros de texto hablo otro día. Aquí se habló fundamentalmente de que los libros favorecen un método de trabajo pasivo y con todos los defectos de la educación tradicional. Lo que se plantea como alternativa al libro de texto es, fundamentalmente, el aprendizaje colaborativo (que los alumnos se ayuden y enseñen unos a otros), y el trabajo por proyectos. Los proyectos empiezan en “escribe una redacción sobre un tema que vas a tener que investigar tú porque yo no te lo voy a explicar”, así que no hay por qué pensar que trabajar por proyectos tiene que ser necesariamente complicado. Dar clase de una manera que obligue a los alumnos a ser activos, intentando prescindir del libro de texto o usándolo solo como guía, es un reto, más un ideal al que intento llegar que la práctica diaria.

Se habló también mucho de familias, y aquí desgraciadamente estábamos hablando a quien ya está convencido, y si no dime a mí qué pintan unos padres echando un fin de semana metidos en un hotel hablando no de sus hijos sino del sistema educativo y la educación en general. Toma ya. Algo sí se dijo sobre la necssidad de los profesores de ser abiertos, de estar disponibles para las familias, y reconozco que en secundaria tenemos muy poca empatía con los padres de los alumnos que comienzan y terminan ciclo. Como no soy madre, no se me había pasado nunca por la cabeza la idea de que un padre puede estar muy preocupado o asustado simplemente porque su hijo cambia de centro o empieza etapa. Otros temas sí, pero no ese. Creo que debería haber más encuentros de padres y docentes no centrados en las notas, para que nos entendiéramos todos mejor.

Si algo cambiaría en los EABES del futuro es que sean más largos: intervenciones de 1 hora en vez de 45 minutos, y más descansos. Dos días en vez de uno y medio.

Al final, además de nuevos contactos vía twitter, después de dos días enteros de reposo las ideas que me quedan son sencillas, buenas para mis alumnos, y realistas: más TIC, más comunicación con otros profesores, más creatividad, más familia.

El Google calendar

Aquí tenéis mi agenda. Le he creado una dirección compacta para que cualquiera la pueda recordar: bit.ly/english_calendar.

Este calendario nació el año pasado porque daba clase en tres grupos de 1º de bachillerato. Dependiendo del grupo, la clase era Inglés Primera Lengua, Inglés Segunda Lengua, o proyecto integrado, con lo que sumaban cinco programaciones de aula diferentes. Los alumnos eran de varios pueblos diferentes con lo que les dije que los trabajos en equipo los podían hacer mezclándose entre distintas clases. En cualquier caso, cada trimestre iba a tener dos exámenes de inglés, dos redacciones, un proyecto escrito, una prueba oral de agún tipo: seis fechas. En el caso del grupo de segunda lengua, era igual de complicado porque no había exámenes pero sí había mucho más trabajo por escrito. Así que en lugar de dedicar diez minutos de cada clase a sincronizar agendas, dije “eso está en el calendar”.

Ahora uso el calendar de una manera un poco diferente porque es mi propia agenda al mismo tiempo que la de los alumnos. Antes, me apuntaba en el cuaderno de profesor un croquis rápido de lo que quería hacer cada día, porque llega a haber momentos en los que pienso: “esta lección tan bonita que tengo diseñada, ¿pensaba darla en lunes o en martes? ¿Hemos hecho esta actividad, o sólo la he planeado y está por hacer?”. Sí, un lío.

Ahora, en lugar de mi agenda de papel, que normalmente actualizo a dos semanas o por unidades didácticas, uso el google calendar siempre. Esto tiene ventajas para los alumnos y también para las familias, que en la tutoría de tercero que tengo este año a veces me preguntan ¿y usted no nos podría avisar a nosotros de cuándo tiene Pepito los exámenes? Pues sí.

Ayer utilicé Séneca para comunicar a la mayor parte de los padres de mis alumnos que tenemos esta herramienta. Esta mañana un alumno me ha dicho que cuando su padre recibió el SMS, se creía que era un castigo y el chico le tuvo que enseñar la página web para que entendiera que no, castigo no era. Quizá los padres están demasiado acostumbrados a que todas nuestras comunicaciones sean malas noticias.

Google Calendar

Aquí tenéis mi agenda. Le he creado una dirección compacta para que cualquiera la pueda recordar: bit.ly/english_calendar.

Este calendario nació el año pasado porque daba clase en tres grupos de 1º de bachillerato. Dependiendo del grupo, la clase era Inglés Primera Lengua, Inglés Segunda Lengua, o proyecto integrado, con lo que sumaban cinco programaciones de aula diferentes. Los alumnos eran de varios pueblos diferentes con lo que les dije que los trabajos en equipo los podían hacer mezclándose entre distintas clases. En cualquier caso, cada trimestre iba a tener dos exámenes de inglés, dos redacciones, un proyecto escrito, una prueba oral de agún tipo: seis fechas. En el caso del grupo de segunda lengua, era igual de complicado porque no había exámenes pero sí había mucho más trabajo por escrito. Así que en lugar de dedicar diez minutos de cada clase a sincronizar agendas, dije “eso está en el calendar”.

Ahora uso el calendar de una manera un poco diferente porque es mi propia agenda al mismo tiempo que la de los alumnos. Antes, me apuntaba en el cuaderno de profesor un croquis rápido de lo que quería hacer cada día, porque llega a haber momentos en los que pienso: “esta lección tan bonita que tengo diseñada, ¿pensaba darla en lunes o en martes? ¿Hemos hecho esta actividad, o sólo la he planeado y está por hacer?”. Sí, un lío.

Ahora, en lugar de mi agenda de papel, que normalmente actualizo a dos semanas o por unidades didácticas, uso el google calendar siempre. Esto tiene ventajas para los alumnos y también para las familias, que en la tutoría de tercero que tengo este año a veces me preguntan ¿y usted no nos podría avisar a nosotros de cuándo tiene Pepito los exámenes? Pues sí.

Ayer utilicé Séneca para comunicar a la mayor parte de los padres de mis alumnos que tenemos esta herramienta. Esta mañana un alumno me ha dicho que cuando su padre recibió el SMS, se creía que era un castigo y el chico le tuvo que enseñar la página web para que entendiera que no, castigo no era. Quizá los padres están demasiado acostumbrados a que todas nuestras comunicaciones sean malas noticias.