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Los maltratadores y sus perfiles psicológicos.

Cuando se habla de violencia de género una forma frecuente de culpar a las víctimas es decir que a las mujeres, ya sea a todas o a las adolescentes, nos gustan los hombres a los que se ve a la legua que son violentos, los llamados “malotes”. De muestra, un botón. Como dije en otro lugar, se dice que “el atractivo sexual masculino se vincula a ser una persona indeseable para cualquier otro contacto social”. Quien crea esta estupidez seguirá

creyéndola; su error de base es creer que a los maltratadores “se los ve venir” o pertenecen en su mayoría a un tipo concreto, violento, chulesco, y demás características negativas. Las dos cosas son falsas. En lo siguiente me voy a referir sobre todo a las investigaciones de Donald Dutton, un psicólogo muy recomendable para estos temas.

Alrededor de un tercio de los hombres que maltratan a sus parejas son violentos a menudo, y con otras personas. Son los que más fácilmente recurren a la violencia física. Es probable que sean delincuentes, pero eso no quiere decir que sean necesariamente de las capas más pobres de la sociedad. Dicho de la manera más simple, su problema y el de quienes les rodean es que no saben controlarse. Expresan su desagrado ante la menor frustración con violencia que en muchos casos, es más un desahogo de su malestar que un intento de manipular o atemorizar a los demás, sobre todo cuando las víctimas no son de su círculo íntimo.

¿Por qué se siente una mujer atraída a un hombre así? Porque con ella es diferente, al principio). Porque ella se ha educado en un ambiente violento y le parece normal. Porque cree que puede cambiarlo, y recordad que a las niñas se las educa en dar ejemplo y facilitar las cosas a los demás. Pero aquí lo principal es que los maltratadores que pueden responder a un estereotipo de “malote” es, como mucho, un tercio del total.

El segundo tipo son los maltratadores cíclicos, que son de los más estudiados. También son alrededor de un tercio del total. Sus ciclos consisten en fases de acumular tensión en las que todos a su alrededor van de puntillas, descarga de esa tensión en forma de violencia, y fase de “luna de miel” en la que se deshacen en disculpas y en gestos románticos. Los maltratadores de este tipo son los que más recurren a decir que se arrepienten, y a amenazar con hacerse daño a sí mismos, como una de las formas de “enganchar” a sus víctimas en la fase de luna de miel. Son también los más manipuladores, porque en la fase posterior al estallido violento harán lo que sea con tan de recuperar una situación de aparente calma o equilibrio.

Mientras que las mujeres del primer tipo son escasas, sí que hay mujeres con una personalidad como la que estoy describiendo, aunque no sean maltratadoras de sus parejas. Y hay familias enteras, y lugares de trabajo con dinámicas parecidas.

¿Y por qué las mujeres se enamoran de un hombre así? Porque las fases de tensión y de descarga violenta no se activan hasta que la pareja está afianzada. La relación empieza en modo “luna de miel” y la mujer aprende a identificar a su pareja con el de los primeros tiempos. Luego, con la relación afianzada, llega la rutina, la confianza, y al igual que en las relaciones sanas, la fricción ante cualquier pequeño conflicto, y el agresor descarga su tensión en la víctima. Antes no ha sido violento porque eso no funciona como estrategia de “enganche” y porque no lo necesitaba como medio de control. Después de una temporada de relación positiva, a la mujer se la convence que las tensiones y los estallidos son culpa suya, o como mínimo algo que ella puede reducir. Os recuerdo (y van dos) que a las niñas se las educa en agradar a los demás y en que el peso emocional de las relaciones les toca a ellas, y que si algo va mal es culpa suya. Pero también influye que cuando nos hemos hecho una impresión de una persona, los cambios posteriores nos parecen accidentes. El maltratador es “de verdad” como se muestra los días buenos.

El tercer tipo no corresponde a ningún estereotipo utilizado habitualmente por Hollywood o los medios de comunicación para caracterizar a los maltratadores, hasta que salta un asesino en serie o un tipo más repulsivo que la media. Estos agresores no tienen ciclos, no pasan por fases de luna de miel. Sí tienen en común con el segundo tipo que se reprimen la mayor parte del tiempo, y están o tranquilos o enfadados hasta que estallan sin avisar. Son poco expresivos, “reprimidos”, en sus emociones y en cómo las manifiestan. También son los que menos recurren a la violencia física. Estas personas suelen ser rígidas, intransigentes, y a menudo camuflan su inseguridad con perfeccionismo. No cambian,  y no se disculpan porque o eso que dices nunca ocurrió, o tú te lo buscaste, o muy frecuentemente, lo hicieron por tu bien.

Violencia de género, estado de alerta.

En España, tenemos estados de especial alerta en algunas situaciones predecibles. Por ejemplo, las fechas en las que mucha gente sale de vacaciones y hay que vigilar más el tráfico. Fechas de calor, frío o precipitaciones. Pero hay una situación predecible que no genera alertas: la suma de vacaciones y calor que hace que más hombres maten a sus parejas en verano (y también que más hombres y mujeres maten a sus familiares más vulnerables, como niños y ancianos). Se ha desmentido que las competiciones deportivas (un momento que une consumir alcohol con los ánimos exaltados) aumente las agresiones, pero sí es verdad que la mayoría de los feminicidios se registran en verano o en fin de semana. Ahora no tenemos ese problema, pero dejola entrada publicada para cuando sea relevante. A lo mejor es útil en diciembre, con tantos festivos. A continuación voy a usar indistintamente “violencia de género”, y violencia familiar, para tener en cuenta a quienes son víctimas de alguien que no es su pareja.

Si conoces algún caso de violencia de género, ofrece ayuda especialmente en esos momentos. Es complicado porque a menudo, si le insistes a una mujer víctima en lo malo que es su pareja para ella, puede sentirse obligada a defenderlo. Es una reacción esperable: ella puede sentirse culpable de que él sea violento, culpable de haber elegido a una pareja que la maltrata, en fin, puede sentirse obligada a justificarse. Qué tipo de ayuda es útil depende mucho de la situación. Algunas mujeres necesitan tomar conciencia de lo atrapadas que están y de que lo que ocurre no es culpa suya. Otras ya están listas para dar el salto y pueden necesitar apoyo material. Siempre es útil ofrecer apoyo material, información, pasar unos días en tu casa, etc. En días festivos, no sabemos si poder pasar un rato fuera de casa, o no dejarla a solas con su maltratador, podría salvarle la vida.

Puede que quien lee esto sea víctima de violencia familiar. El “síntoma” más fácil de explicar es que tienes miedo de tu pareja (o de tus padres, o de quien sea que convive contigo). Piensa bien si es tu caso. Si eres víctima de violencia, seguro que ya sabes predecir los arranques de tu agresor. Te has preparado para ello. Quizá te has dado cuenta ya de que si tenéis que pasar mucho tiempo juntos, como en vacaciones, o cuando viene una ola de calor, el mal humor aumenta y una consecuencia es que se ponen más violentos contigo. Si te estás planteando cortar con tu agresor, planifícalo bien si puedes, y pide ayuda material a gente en la que confíes. Ahora puede ser tu momento.

Puede que no estés preparada para romper o que tengas miedo de las consecuencias que tenga para ti hacerlo. Es verdad que las rupturas son peligrosas, pero no más que continuar la convivencia. De todos modos, si no puedes romper la relación, piensa en estrategias para pasar menos tiempo juntos. Quédate en donde más apoyos tengas.

Desgraciadamente, hay que tener en cuenta que son momentos en los que a lo mejor es más difícil conseguir apoyo institucional. Servicios sociales tienen sus vacaciones, los sanitarios están bajo mínimos, y la policía también o pueden estar muy ocupados con la Operación Salida y otras emergencias propias de las fechas. Por eso también pienso que si estás dudando sobre terminar la relación, si ya tienes un plan o una sospecha, ponte en marcha antes del fin de semana o el día festivo.

Espero que en un futuro, alguien con responsabilidades en el tema examine con cuidado las estadísticas y establezca planes de prevención específicos en torno a momentos que son más peligrosos por este tipo de causas externas.

 

Prevenir o reducir la violencia de género. España en un contexto internacional.

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Mujeres víctimas de violencia de género en Europa.

Hace unos veinte años, coincidiendo con el caso de Ana Orantes, que la violencia de género está presente en España en los medios de comunicación, el discurso político y el sistema educativo. No todo el mundo le da la misma importancia, pero por fin se reconoce que existe y que es un problema grave. Por eso puede resultar algo sorprendente saber que en España hay menos denuncias y menos feminicidios que en otros países de Europa. Establecer el grado de violencia familiar en una sociedad es muy difícil por todo lo que no se denuncia, así que podemos tener varias hipótesis. De momento no estoy defendiendo ninguna de ellas, solo las expongo.

1. La violencia de género es un fenómeno que busca el poder y el control. En sociedades con mujeres más igualadas a los hombres, la inseguridad de los hombres que tengan tendencias violentas, psicopáticas, etc. los llevará a agredir a sus parejas. La sociedad española es en algunos aspectos bastante igualitaria y en otros muy poca. No es un aspecto en el que nuestro país destaque.

2. Las mujeres españolas sufren una desigualdad económica muy alta, y a menudo dependen económicamente de su agresor, por lo que les resulta más difícil denunciar. Además la posibilidad de que la mujer salga de la relación es uno de los factores que según la OMS puede aumentar el riesgo de feminicidio.

3. Hay más feminicidio en los países donde el acceso a armas de fuego es muy fácil, en los países con mucha violencia interpersonal independientemente de la causa, y donde la criminalidad en general es alta. Ninguno de los tres factores se da en España. Somos un país de gente excepcionalmente pacífica.

4. El alcohol y el uso de drogas también son un catalizador (ojo: no son una causa, sino un factor para el empeoramiento). En España el consumo de drogas es bastante alto pero el alcoholismo es más bajo que en el Este y Norte de Europa.

5. La falta de servicios sociales es un factor que disuade a las mujeres de denunciar o de salir de una relación violenta. Ejemplo: te animas a denunciar porque puedes dejar a los niños en la guardería. O vas a Urgencias en un país en el que el médico puede denunciar por ti.

6. La presencia de hijos de relaciones anteriores de la mujer. Es decir: un hombre con tendencias violentas será más violento hasta llegar al feminicidio si su actual pareja trae hijos de una relación anterior. En España, factores como los noviazgos largos y la natalidad tardía hacen que esto sea menos frecuente.

En resumen, no podemos saber con los medios de los que disponemos si somos un país “moderadamente violento” en lugar de muy violento, o si somos un país en el que hay tanta violencia como en otros que quedan peor sobre el papel, solo que aquí no se denuncia.

Dicho esto, para situarnos, ¿qué podemos hacer para reducir el nivel de violencia? La verdad es que los expertos a nivel internacional todavía no lo tienen muy claro. En estudios a nivel mundial, se observan una serie de factores relacionados con la violencia en una sociedad en su conjunto, y que está vinculados también a la violencia contra la mujer. Es decir: una sociedad muy violenta en general también produce más violencia de los hombres contra sus parejas. Reducir niveles globales de criminalidad, violencia interpersonal, alcoholismo, drogadicción, desigualdad económica y discriminación de la mujer baja los niveles de violencia de género hasta un suelo, pero no más. Un ejemplo lo da Japón: tiene tasas bajísimas de todo lo malo, y niveles de violencia contra la mujer que no descienden. Así que, ¿qué soluciones hay? Tenemos que distinguir la protección para que la violencia no llegue a producirse por un lado, y la capacidad de las mujeres de salir de una situación violenta por otro.

Para lo primero, casi toda la responsabilidad está en la educación de los niños varones, y en la conducta de los hombres adultos. ¿Cómo me protejo de empezar una relación con un hombre violento? Está claro que no es posible.  No puedo aislarme de los hombres, especialmente si soy una mujer que desea tener relaciones románticas con ellos, y los que tienen un potencial agresor no llevan un cartel. Además están los casos en los que él ataca precisamente porque ella no quiere epezar la relación: un par de ejemplos. Desgraciadamente, “educación contra la violencia de género” suele querer decir “educación en el entorno escolar para que las adolescentes aprendan a salir de relaciones que ya se han vuelto violentas”. En este sentido, se deben dan a conocer las señales tempranas de maltrato, salir por pies antes de que la cosa vaya a más, y ahí quedó. La realidad es que por más que se diga que “esto se arregla con educación”, tenemos varios problemas.

  1. Esa educación tiene que ser de los varones, por las razones expuestas. Las mujeres y las chicas jóvenes no pueden protegerse de todos los hombres ni tampoco identificar rápidamente a los agresores antes de que sea tarde. No es malo educar a las chicas, pero es muy insuficiente.
  2. Esa educación tiene que ser necesariamente en el entorno familiar. La educación escolar al respecto llega muy tarde, y es poca.
  3. Nadie tiene del todo claro qué ocurre en la educación de los hombres maltratadores para que hayan llegado a ser así. Hay muchas teorías distintas.

Sí, ya sé que es difícil.

Sigamos. Una vez que la violencia es inevitable y frecuente (en España, parece que menos frecuente que en otros sitios), ¿qué hacemos para que sea fácil y seguro salir de ella? Partamos de estudios internacionales unidos a las particularidades de este país.

  1. Red de apoyo. La víctima necesita tener a quien recurrir. Familia, amigos, servicios sociales, en ese orden. Primero emocional y luego estratégico, económico…
  2. Un sistema sanitario preparado para prevenir y detectar, trabajando en conjunción con servicios sociales. Servicio de salud mental en condiciones.
  3. Una policía muy bien preparada y en la que las víctimas puedan confiar.
  4. Un sistema judicial eficaz.
  5. Un mercado laboral igualitario y que funcione. Para ambos: el desempleo del hombre es factor de riesgo para el feminicidio, y la desigualdad social de las mujeres contribuye a que haya más violencia en total. Una mujer independiente económicamente podrá también salir antes de una relación.
  6. El alcoholismo y el consumo de drogas del agresor son factores de riesgo, no para que haya más casos de violencia sino para agravar los ya existentes, por lo que es necesaria una buena política social de prevención de ambas cosas.
  7. Fácil acceso a la anticoncepción para la mujer. No tener hijos facilita salir de la relación. También hay agresores que utilizan la concepción o los hijos para aislar, privar de libertad o maltratar a la mujer.
  8. Una sociedad en la que creamos a las mujeres y eliminemos los tópicos sobre qué tipo de hombre puede ser un agresor. Es imprescindible que cuando hablamos de “educación”, sobre todo a nivel escolar, dejemos clarísimo a las chicas que no hay ninguna relación entre ser un agresor y el estereotipo de los “malotes”. Hay agresores de todas las personalidades (en apariencia) y de todas las clases sociales.

Todo esto está entre lo utópico y las declaraciones vagas de buenas intenciones, pero son un mínimo para reducir tanto la cantidad de muertes como la violencia en su conjunto. NI los manifiestos, ni los actitos oficiales, ni las campañas escolares de un día al año nos sacarán de ésta.

Guía de lectura a las novelas de las hermanas Brontë

brontessmVIENDO PASAR TÍOS BUENOS CON LAS BRONTË, de Kate Beaton. -Mira ése. -Tú qué coño miras. -Me gusta. -¿Verdad? -¡Ese tío era un capullo! -En serio, Anne, no tienes gusto. -Sólo digo lo que hay -¿Y aquél? -Qué apasionado. -Qué misterioso. -Si te gustan los alcohólicos gilipollas. -¡Anne, qué modales! -No me extraña que nadie compre tus libros(*). -Oye, mira ese -Qué inquietante.

De las hermanas Brontë ya he hablado por aquí, pero ahora voy a sintetizar una guía de lectura a sus seis principales novelas (la séptima no la he leído). No me gusta mucho dar importancia a la biografía de los artistas, pero en el caso de las Brontë puede ser relevante. En total eran cinco hermanas y un varón, hijos de un sacerdote protestante, de origen irlandés, y una hija de comerciantes acomodados de Cornualles, que murió cuando su hija mayor tenía siete años y la más pequeña era un bebé. Se ha discutido si el padre era muy estricto o no. En cualquier caso, cuando la madre murió, su hermana fue a ayudar a cuidar de los niños y allí se quedó el resto de su vida. Los quiso mucho y dejó una buena herencia a las sobrinas que le sobrevivieron, que fue lo que les permitió intentar vivir de escribir y dejar sus trabajos de profesoras e institutrices.

Por el trabajo del padre, toda la familia residía en Haworth, un pueblito en el norte de Inglaterra. Las tres hermanas escritoras viajaron bastante por trabajo, no eran precisamente unas reclusas, pero su obra deja claro que allí es donde se sentían felices y el paisaje siempre es un personaje más. Nada tiene de extraño, se puede poner de ejemplo el Londres de Dickens como una ciudad literaria siempre de fondo, hasta cuando no sale.

Las dos hermanas que murieron de niñas enfermaron en un colegio para hijas de sacerdotes donde el trato y la educación eran pésimos, y murieron poco después. Las dos más jóvenes, Emily y Anne, murieron con 30 y 29 años respectivamente, de tuberculosis. Y Charlotte murió, según a quién preguntes, de una enfermedad infecciosa o de las complicaciones de un embarazo difícil. El hermano, Branwell, fue un pintor frustrado, alcohólico y quizá adicto al opio también. Las escritoras dedicaron gran parte de sus esfuerzos profesionales, como artistas y como profesoras, a mantenerlo.

Y ya pasamos a las novelas.

Charlotte Brontë.

Jane Eyre. En su momento fue muy polémica por mostrar a una mujer en la tierra de nadie entre la clase obrera y la burguesía, una huérfana que trabaja de institutriz para sobrevivir, que muestra abiertamente sus sentimientos y que exige ser tratada con respeto. Casi nada. Mi madre, que me la recomendó incansablemente hasta que me la leí, dice que cada personaje muestra un trastorno o enfermedad mental distinto, que es todo un tratado en ese sentido, y creo que tiene razón. No hay depresión mejor contada en literatura que la de Jane. Y eso aparte de la historia de amor, el suspense y todo lo demás. Hay infinidad de adaptaciones a cine. La de 1996 cumple con mostrar un primer tercio deprimente y una Jane fea. La de 2011 tiene unos actores que le dan un punto personal que se agradece, más original y menos académico.
¿Me la leo? Si quieres una historia complicada de amor apasionado con protagonistas que no siempre hacen lo correcto.

Shirley: Una historia coral con preocupaciones sociales. Shirley y Caroline son amigas (mira que es raro encontrarte amigas en una novela, como decía Virginia Woolf). Shirley es rica y de fuerte personalidad; Caroline es huérfana, tímida, y vive al cuidado de su tío que es cura; avanzada la novela se deprime por una mezcla de soledad y de no saber muy bien qué hacer con su vida. Ambas son amigas de los hermanos Moore, el mayor que intenta montar una fábrica textil y tiene problemas con los luditas y el pequeño que es profesor y por lo tanto pobre pobrísimo. El relato de estos cuatro personajes intenta reflejar los cambios en la sociedad rural. Algo así como qué pasó en los idílicos pueblitos de Jane Austen, cincuenta años más tarde.
¿Me la leo? Sólo si te han apasionado todas las demás. Le sobran cien páginas, se puede hacer un poco pesada.

Villette: Lo que pasaría si Jane Eyre cogiera un trabajo de profesora de inglés en el continente. Lucy Snowe es inteligente, más segura de sí misma pero también más reservada que Jane, y trabaja en un internado de señoritas finas en Bélgica. Esta vez la historia de amor es menos relevante que el costumbrismo; es ua novela en la que apenas pasa nada.
¿Me la leo? Si te gustan los novelones y Jane Eyre te supo a poco. Yo la prefiero a Villette.

 Emily Brontë.

Cumbres Borrascosas. La novela cuenta la relación, muy complicada, entre un par de familias de terratenientes y un extraño, Heathcliff, tratado más o menos como un hijo adoptivo por una de ellas. Heathcliff tiene una relación destructiva y chunguísima con Cathy, que se casa con otro, y esa relación frustrada destruye todo lo que toca. Todo, o casi, en dos generaciones de dos familias. No está mal. Esta entrada en Tumblr lo clava así que casi que me voy a limitar a adaptar muy libremente su segundo párrafo: Emily Brontë no habla de relaciones familiares ni sanas ni normales sino de antihéroes Byronianos. Y su problema es que siglo y medio de lectoras han creído que una historia sobre la pérdida, la represión, la mutilación emocional y encontrar tu lugar, geográfico y social, en el mundo, es una historia de amor y pasión. No lo es. Es una historia sobre gente mala que se hace daño.   Hay películas pero ninguna me convence.
¿Me la leo? Si te gustan los malos muy malos y las historias con un punto de culebrón.

Anne Brontë

Agnes Grey: Las experiencias de una institutriz en casas de la clase alta, basadas en anécdotas reales de la autora. Con una estructura episódica propia de una escritora con poca experiencia, y mucha moralina, es quizá el peor de los seis libros, aunque es una lectura ligera.
¿Me la leo?: Casi que no. O bueno, si te gustan los culebrones en los que una heroína muy buenita sufre mucho, mucho. Nivel literatura juvenil de medio siglo más tarde (Frances Hodgson Burnett, ese rollo)

La Inquilina de Wildfell Hall: En algunos aspectos es más convencional que las novelas de sus hermanas (la búsqueda de una vida tranquila, el amor como efecto secundario no buscado, el rechazo de la pasión) y en otros es la menos convencional de todas. No conozco una novela inglesa que describa tan a las claras la violencia contra la mujer, los efectos del alcoholismo, y el repertorio completo de vicios al alcance de quien pudiera pagarlos. Este sensacionalismo supuso que la novela tuviera un gran éxito de ventas y al mismo tiempo muchas críticas. Y las peores, las que dañaron la reputación académica posterior de Anne, fueron las de su hermana Charlotte, a la que el libro no le gustaba nada no por sí mismo, sino porque se había atrevido a escribirlo la hermanita pequeña, que había etiquetado como la dulce, suave y tímida. Además de impedir que se publicara una segunda edición un par de años después de la primera, Charlotte le hace un traje a Agnes en la “Nota biográfica” que acompaña a la edición conjunta de Cumbres Borrascosas y Agnes Grey de 1850, cuando las autoras ya habían muerto:

“La Inquilina de Wildfell Hall tuvo una recepción desfavorable(*). No me sorprende. La elección del tema fue un completo error. No se podría haber buscado algo más discordante con la naturaleza de la autora (…) había contemplado, de cerca y por mucho tiempo, los terribles efectos que tienen el talento malgastado y las facultades maltratadas; su naturaleza era sensible, reservada y triste; lo que vio la impresionó profundamente y le hizo daño (…) Su bienintencionado deseo (de ser fiel a la realidad) fue lo que la llevó a error”.

No está mal para ponerlo como prólogo de la segunda edición de la otra novela, la que sí te gusta, de tu hermana muerta. Con amigos así. Lo que Charlotte no dice es que si Anne conocía talento malgastado de primera mano era a travñes de su hermano Branwell, y hay críticos que dicen que lo que Charlotte no quería era ver publicada una novela basada en trapos sucios familiares. En fin, la consecuencia de todo esto es que Anne es más conocida por la peor de sus dos novelas.
¿Me la leo? Si tienes interés en la historia de la violencia de género. Si te gustó Jane Eyre o Grandes Esperanzas. Si te gustan las novelas epistolares. Si quieres morbo, y mucho, en una novela victoriana.

(*) El fracaso comercial de Anne es un bulo creado por Charlotte y aceptado por la crítica. Una novela de la que el editor quiere hacer una segunda edición no puede ser un fracaso.

Resumiendo, hay tres novelas que recomiendo (Jane Eyre, La Inquilina y Cumbres Borrascosas, en ese orden), una que está bien (Villette) y dos que no recomiendo tanto (Agnes Grey, Shirley). Casualmente coincide con las historias que muestran personajes apasionados y malos malísimos, y las que no. Jane Eyre y Cumbres Borrascosas son imprescindibles para entender la historia del drama romántico tal como lo entendemos ahora, ya sea en literatura o en cine.

Ellas los prefieren malotes… pero se casan con los angelitos.

A los efectos de este post, “clase media” significa grupo social prestigioso que necesita trabajar para vivir pero no realiza trabajo manual. Es una definición sociológica que no tiene nada que ver con lo económico. La clase media en sentido económico no existe. Socialmente es un gran separador de obreros según si trabajan sentados o de pie.

Este post fue inicialmente el guión de una charla que di en dos versiones: para el alumnado de Bachillerato del IES Juan de Mairena (Sevilla) y en la Facultad de Filología Inglesa de la Facultad de Sevilla.

Llevamos alrededor de una generación observando que nuestra cultura hace una distinción entre dos clases de hombre: los sexualmente atractivos para las mujeres son agresivos, incluso violentos, o de algún modo malas personas, y los simpáticos, tímidos o buenas personas (como si esto fuera relacionado u homogéneo) que se dice que no son atractivos, al menos para las mujeres jóvenes. Resumiendo: las mujeres somos tontas y no sabemos elegir, o “el atractivo sexual masculino se vincula a ser una persona indeseable para cualquier otro contacto social”. Qué nos lleva a escoger pareja lo estudian algunos biólogos y psicólogos. No sé cuál es la verdad, lo que sí sé es que esa selección de hombres agresivos proviene en buena parte de modas literarias. Comencemos por Jane Austen.

“Es una verdad universalmente reconocida que un hombre soltero en posesión de una buena fortuna debe buscar esposa (…) Esta verdad está tan bien fijada en las mentes de las familias de los alrededores, que se lo considera la legítima propiedad de alguna de sus hijas”. Jane Austen, Orgullo y Prejuicio.

La cita nos recuerda qué querían las madres. Y las hijas, ¿querían lo mismo? En aquel momento, el amor fuera del matrimonio no existía en la sociedad elegante. Era sencillamente impensable. El siglo XVIII había sido mucho más entretenido, pero estamos en una época de culto a los recién creados valores familiares. Además, las novelas inglesas eran mucho más pudorosas que las del resto de Europa. En España estaba La Regenta, Francia tenía Madame Bovary, Rusia tenía Anna Karenina. Las novelas inglesas son una excepción a esto. Un segundo factor, éste internacional, es que las mujeres no tenían una alternativa económica al matrimonio. Solteras, sobrevivir era difícil, y mantener un estilo de vida por encima de la pobreza era imposible con los sueldos que se pagaban a las mujeres. Había mujeres trabajadoras: en la agricultura, donde casi todo el empleo era estacional. En el servicio doméstico, en las fábricas. Se cosía, y empezaban a surgir las ocupaciones del sector servicios del tipo de camarera y dependienta en las que tantas trabajan hoy día. ¿Y en la clase media? Profesoras, institutrices, algunos trabajos de oficina escasísimos, y periodismo o escritura más escasos aún.
Y
eso
era
todo.

Y sobre todas, siempre, la amenaza de la prostitución, la criminalidad y la pobreza. No sé cómo iba la cosa en otros países, pero la prostitución británica solía ser intermitente y alternada con trabajo estacional… a menos que te pillara la policía, porque te fichaban y te obligaban a hacerte controles periódicos. Resumiendo: casarse no era una opción, era un seguro de vida. Y para el lector de novelas en el siglo XIX, la boda de la heroína no era uno entre varios finales felices posibles. Era una necesidad narrativa para que la heroína no muriera tirada por la calle. Un matrimonio bien avenido era solo el principio de un final feliz, y el amor, un extra.

Pasemos ahora a comentar un poco a Jane Austen. Intentaré ahorraros los spoilers; aquí tenéis una guía de lectura bastante detallada. Lo relevante ahora es que todas las novelas presentan una o varias heroínas casaderas, y al menos un triángulo amoroso entre ella, un hombre aburrido, borde, estirado o como mínimo muy pasivo, y otro hombre simpático, divertido, muy popular y que se lanza a por ella. A veces la corteja más de un hombre y a veces se añade un pesado que quiere ser divertido y ocurrente sin éxito, pero lo fundamental no cambia. El más soso y distante al principio es la pareja más adecuada para nuestra protagonista, y el hombre encantador puede ser inconstante, un cazafortunas profesional, alguien con el propósito de herirla porque sí, o simplemente mala persona. Y esto, ¿por qué?

Primero, porque da tensión. Si quien sea que parece un partidazo ES un partidazo, la novela necesita tener conflictos por otro lado o no tienes historia. Por otro lado, a Austen le encantaban las estructuras neoclásicas, simétricas, y los triángulos se prestan a ello. Y sobre todo, quiere ser educativa y entretenida a la vez (¿he dicho “neoclásica” ya?). La moraleja de toda esta repetición de triángulos es clara: no te fíes de las apariencias, porque un tío con el que tontear y un buen marido no tienen las mismas cualidades. Un tonteo es muy divertido, pero tú lo que necesitas un buen marido.

Y de aquí pasamos a las hermanas Brontë, o más bien a Charlotte y Emily, porque Anne no estaba nada de acuerdo con lo que voy a contar (y Charlotte la llamó de todo menos bonita por ello, pero eso es otra historia y deberá ser contada en otra ocasión). Si a las heroínas brontëanas se les da a elegir entre un hombre aburrido y uno emocionante, prefieren al segundo, aunque suponga su destrucción. No se busca que el amor produzca uniones duraderas; eso es secundario al hecho mismo de amar. De hecho, como veremos no siempre se casan con el hombre al que aman, y tampoco importa para el desarrollo de la novela. Ahí es nada: historias de amor correspondido que da igual si se consuma o no.

Emily Brontë solo escribió una novela, Cumbres Borrascosas. La historia es mucho más complicada, pero las elecciones amorosas van así:

  1. Catherine ama a Heathcliff, que es pobre, sin educación, brutal, y como se ve más adelante, violento. El amor es mutuo, pero como él es pobre no se pueden casar. Ella se casa con el elegante Edgar Linton, un tipo razonablemente normal.
  2. Heathcliff se hace rico, da igual cómo. Se casa con Isabella Linton, sólo por hacer daño a los Linton y a Catherine. Catherine muere en el parto de su hija, tras mucho sufrimiento emocional.
  3. Segunda generación. Cathy, la hija de Edgar y Catherine, se hace amiga del hijo de Heathcliff y Cathy, Linton. Heathcliff los obliga a casarse para unir las dos propiedades. Mientras, todo el mundo trata a Hareton (un sobrino de Catherine e hijo del enemigo de juventud de Heathcliff) a medio camino entre un criado un un animal doméstico.
  4. Linton se muere. Hareton y Cathy se hacen amigos. Heathcliff se muere, entre alucinaciones, recordando a Catherine. Hareton y Cathy se casan. Queda en la duda si se aman realmente, pero al menos son la única pareja que no sufre de todo el libro.

Y te tienes que creer que Heathcliff es un personaje seductor, un héroe romántico en todos los sentidos de la palabra, y que esta es una historia de amor. No, en serio. Te lo tienes que creer.

Charlotte escribió cuatro novelas y solo una, Jane Eyre, es popular. Jane, pobre, fea, huérfana; un cuadro, vaya, tiene que escoger entre Rochester, que es rico, tiene un oscuro pasado, violentos cambios de humor, y que le ha demostrado que es capaz de guardar secretos muy chungos y de contar unas mentiras gordísimas, y St John, que admite que no la quiere pero que desea que sea su compañera en la vida y en el trabajo, algo que socialmente solo es aceptable si se casan. Jane escoge a Rochester y es feliz (recomiendo la lectura del ensayo “Can Jane Eyre be happy?” de John Sutherland, para tener una visión crítica de ese final feliz).

A veces la heroína no tiene esta elección, como en Villette. Aquí, Lucy Snowe ama a dos hombres y es correspondida por el menos atractivo. Se insinúa que la relación no prospera, el final es abierto. En Shirley, una de las dos heroínas tiene tres pretendientes: un barón, el dueño de una fábrica (no demasiado rico), y un maestro (hermano del anterior, por cierto). Ella prefiere al hombre que considera más admirable intelectual y moralmente, aunque su amistad haya sido turbulenta y a trompicones porque los dos tienen un carácter muy fuerte.

Y todo esto, ¿tiene moraleja? Para empezar, es una visión del amor que admite que las mujeres pueden, y deben, ser libres al elegir a su pareja. A veces les sale bien, y a veces no. Lo que importa es la libertad de sentir y de expresar los sentimientos, que es lo que las dignifica y las hace verdaderamente humanas. Y en el caso de Charlotte, no es fatalista, es decir, ellas no dicen “no puedo evitar amar y no puedo controlarme cuando estoy en tu presencia”. En Cumbres Borrascosas los sentimientos son más poderosos que la gente, pero en mi opinión las protagonistas de Charlotte hacen algo precioso que es decir “yo decido aceptar que amo, decido disimular o declarar mi amor, decido cómo tratarte, decido casarme”. El sentimiento es intenso, pero no las anula, al contrario.

Nos quedan los novelistas masculinos. Los ejemplos más representativos son Charles Dickens, William Makepiece Thackeray y Thomas Hardy. Dickens y Thackeray eran Realistas; Dickens era más popular y Thackeray más prestigioso y menos comercial. Hardy era más cercano al Naturalismo. Sin entrar en el análisis de novelas individuales (las de Dickens las he comentado ya), su visión del amor es que las mujeres no pueden elegir. No deben y no saben. Si escogen ellas, se equivocan y van a por alguien inapropiado que no las hace felices, o por un maltratador. Eso no significa que no puedan encontrar el amor, solo que los demás deben elegir por ellas. Si una heroína es el interés romántico de un personaje masculino positivo, y ella es secundaria a él, la relación puede que funcione. Es decir: la heroína es secundaria al protagonista, y la amada del amigo del héroe está en un plano aún más discreto. Si hay conflictos, son externos: una decisión entre amor y la obligación de cuidar a un padre anciano, por ejemplo.

Estas novelas no pretendían tener un mensaje moral y educativo, sino que partían de ideas vigentes sobre hombres y mujeres y las aplicaban a la ficción. Había un miedo muy real a que dar a las mujeres la más mínima chispa de libertad significaría que serían incapaces de controlarse. Los hombres podían aprender autocontrol, pero las mujeres no.

Veamos qué pasa ahora. El público lector contemporáneo quiere finales felices tanto como el del siglo XIX, pero ahora, “felicidad” no significa lo mismo que entonces. Algunas de las asunciones de la literatura romántica moderna, incluida la dirigida a adolescentes, son las siguientes:

  1. El amor todo lo puede. El amor vence los obstáculos externos y consigue que cualquier relación funcione.
  2. El amor es, o debería ser, difícil. Emocionante. No estamos hablando de amor, sino de pasión.
  3. El amor puede funcionar entre dos personas de origen social muy diferente, incluso contrapuesto. De hecho, esto es lo deseable. La mujer está en posición de inferioridad respecto al hombre.
  4. El dinero, los bienes materiales, incluso al nivel imprescindible para la supervivencia, no deben formar parte del proceso para escoger pareja.

No todas las relaciones en las que ocurre esto son nocivas o de maltrato, pero tienen muchas papeletas para serlo. Rocío Vega hace aquí un buen análisis de ese problema. Yo sigo centrándome en la parte más literaria.

Todo esto es un fenómeno más americano que inglés. En la literatura juvenil inglesa hay mucha más fantasía y mucho menos amor. Por ejemplo, Harry Potter. No tenemos triángulos amorosos aquí: el triángulo central es una amistad. Sí tenemos a Ginny Weasley, una heroína en este sentido dickensiana: ama a Harry en secreto y sin molestar a nadie hasta que él se da cuenta de que también la quiere. Ginny y Hermione son personajes activos cuando no se trata de amor. De todos modos, las mayores influencias de la literatura juvenil inglesa no están en los clásicos “para adultos” del siglo XIX, sino en una tradición fantástica que empieza quizá con Alicia en el País de las Maravillas, llega a Tolkien, pasa a continuación por Roald Dahl, y aterriza en Terry Pratchett. Añade un poco de fascinación nostálgica por la naturaleza (El Viento en los sauces, Mi familia y otros animales) y ya lo tienes.

Pues eso. Que el triángulo amoroso juvenil es una tendencia casi exclusivamente americana. Una razón es que las autoras del subgénero han estudiado el grado de “English” o un Máster de Escritura Creativa en la universidad y se han leído los principales clásicos. También que allí no hay una carrera de Periodismo o de Comunicación como la entendemos aquí y que el estudio de la literatura, inglesa o universal, se considera troncal en las humanidades a nivel universitario. Todos los guionistas de tus series favoritas se empollaron las novelas que acabo de mencionar en primer ciclo de sus respectivas carreras.

Veamos algunos ejemplos de lo repetidas que pueden llegar a ser copiando un triángulo amoroso de tipo Brontëano:

  1. Crepúsculo: Bella tiene que elegir entre el amor de Edward Cullen, que le dice varias veces que él no le conviene, la acosa, en un momento dado la abandona contándole una mentira, y ya de paso ES UN VAMPIRO QUE SE LA QUIERE COMER, y Jacob, que decide que su misión en la vida es protegerla. Ella escoge a Edward. Los tres primeros libros son una reescritura de Jane Eyre, y el cuarto es más independiente. La historia tiene dos derivaciones: Cincuenta Sombras de Grey y After, que no presentan triángulos pero tienen mucha influencia de Crepúsculo.
  2. The Selection (La Selección), Kiera Cass. America (toma ya) está enamorada de Aspen, pero se ve forzada a participar en la selección de una esposa para el heredero del trono, Maxon. Aspen quiere cuidar de ella (esto no pinta bien) y son amigos desde la infancia (esto pinta peor), y Maxon se porta como alguien que piensa que es normal organizar una competición forzada para casarse con él, ordena palizas a las que incumplen las normas, y tiene ataques de ira. America se casa con Maxon y ambos son amigos de Aspen.
  3. Shadowhunters (Cazadores de Sombras), Cassandra Clare. El mejor amigo de Clarissa Fray es Simon Lewis. Él está enamorado de ella, pero ella está en una relación con Jace Wayland. En el cuarto libro de la serie, Simon se monta un triángulo que se resuelve en el quinto. ¿Y Jace? Bueno, qué sería de una historia de amor en la que el potagonista no quiere matar a su amada. Pues eso mismo: parecía que no, pero en el cuarto libro Jace tiene pesadillas en las que mata a Clary porque hay unos demonios controlándolo. Esto qué iba a ser aquí si no.
  4. The Vampire Diaries (Crónicas Vampíricas) by LJ Smith. Dos hermanos vampiros, Stefan y Damon (uno con nombre de santo y el otro con un nombre que suena parecido a “demon”, muy práctico para distinguirlos) se pelean por el amor de una chica humana, Elena. Ella suele preferir a Stefan pero gran parte del conflicto está en su incapacidad de decidirse, o visto de otro modo, en la incapacidad de Damon de dejarlos a ella y a Stefan en paz.

Hay una moda también de libros que aunque no muestren triángulos, toman la idea de una chica buena o inocente y un chico malo, o “chica humana y ser sobrenatural que es peligroso para ella”. Aquí de nuevo está la creencia de que el amor apasionado debe ser algo aventurero, peligroso, y que el varón es mejor que sea superior a la mujer, porque en estas historias él siempre es más fuerte que ella, no se une a un ser sobrenatural pero débil. Ellos son como superhéroes. En historias tradicionales o mitológicas nos encontramos también el inverso: la Sirenita, por ejemplo. Esa tendencia es una rareza en los bestsellers actuales.

En las historias con chico malo humano, destaca por su éxito A tres metros sobre el cielo. En las historias con chica y ser sobrenatural, además de los ya mencionados vampiros y hombres lobo, en Obsidian de Jeniffer Armentrout el amado es un extraterrestre y en Hush hush de Becca FitzPatrick es un ángel caído.

He localizado un solo ejemplo de triángulo austenita: Los Juegos del Hambre. Katniss está demasiado ocupada y traumatizada para tener una historia de amor, la verdad, pero se siente muy unida por amistad, lealtad, y sentido del deber a dos hombres: Peeta, que es tímido y cariñoso, y Gale, que es valiente y bastante chulo. Escoge a Peeta cuando ve que Gale, aunque la quiera, no tiene compasión con los demás.

Es decir: lo que observamos en la literatura juvenil contemporánea es el triunfo del estereotipo Brontëano, que cuando se creó era solo una forma minoritaria de escapismo romántico entre otras muchas disponibles. El mito de “ellas los prefieren malotes” se alimenta a sí mismo, porque las lecturas, las películas, etc. son la educación sentimental de mucha gente. Si te muestran que el amor es sufrir, cuando sufras creerás que es amor. Si te muestran que el amor es cuidar, divertirte o compartir aficiones, cuando cuides, te diviertas o tengas intereses comunes llamarás a eso “amor”. Por eso lo deseable es tener la mayor diversidad posible en literatura juvenil, algo a lo que la industria no parece muy dispuesta.

Mujeres que mueren, asesinos innombrables.

Dar noticias sobre delitos violentos no es fácil. Hay que evitar entrar en la intimidad de los implicados, especialmente si son menores de edad, no caer en el morbo fácil, y no cargarse la presunción de inocencia, algo que a veces lleva a meteduras de pata graves. A esto se añade que en el caso de la violencia de género, se diría que para la prensa española, la violencia de género, es decir, que tu pareja o ex-pareja te mate, es algo que las mujeres “nos” hacemos. A continuación, y para simplificar, no me voy a referir a la cuestión de la presunción de inocencia, sino a quién realiza la acción y quiénes deberían ser el centro de los titulares y de las noticias.

Empecemos por el núcleo de la oración: el verbo. Las opciones son morir, matar y asesinar. Morir coloca a la persona que fallece en el centro de atención. Hablando de delitos deberíamos reservarlo para accidentes o casos en los que no hay intención de matar, o de matar a alguien concreto. Matar te obliga a añadir quién realiza la acción, y por ello, o se indica que no hubo culpa, o entenderemos que el acto fue deliberado o negligente. Como los titulares deben ser concisos, evitaremos usar “matar” si no hay intención ni negligencia, pero lo preferiremos a “morir” si hay sujeto conocido de la acción. Por último, asesinar debe ser reservado para unos casos muy específicos: por recompensa o promesa (hay asesinos a sueldo, no homicidio a sueldo ni muertes a sueldo), con premeditación, con alevosía que quiere decir que el asesino tomó medidas especiales para tener éxito, o con especial crueldad. Si no sabemos cuáles fueron las circunstancias, es mejor no hablar de asesinato.

Veamos cómo contrastar estos verbos en casos que no son violencia de género.

Un accidente:
Seis trabajadores mueren en un accidente laboral en la fábrica de X (una pena, cosas que pasan; o también, ya les vale, ¿aplicaban las medidas de seguridad?).
Un accidente laboral mata a seis trabajadores en la fábrica de X (los accidentes laborales son una cosa terrible y hay que acabar con ellos).

Algo que escapa a nuestro control, o quizá queremos implicar que no:
Tres asistentes al concierto mueren en la avalancha.
La avalancha mata a tres asistentes al concierto (no implica intención pero sí que la avalancha tiene agencia, podría haberse evitado, la noticia hablará de la seguridad en la sala o el tono será sensacionalista).

Dos negligencias:
Mujer cordobesa muere tras una demora en Urgencias (vete a saber por qué, puede que ya estuviera muy grave)
Las demoras en Urgencias matan a una mujer cordobesa (el culpable es claro; recordemos que el slogan es “los recortes matan”, no “Con los recortes nos morimos”).
*
Tres muertos en accidentes de tráfico este fin de semana.
Los accidentes de tráfico / la carretera / un conductor borracho mata a tres personas este fin de semana (se insinúa o se declara que hay culpa).

Un atentado terrorista (hay intención de matar pero no a personas concretas).
Cinco policías mueren en un atentado en Roma (¿a que esto suena raro?)
Un atentado mata a cinco policías en Roma (vale, pero, ¿¡de quién!?)
Un atentado asesina a cinco policías en Roma (poco correcto: asesina la gente, no las acciones).
La banda terrorista GLAF asesina a cinco policías en Roma (está clarísimo quiénes son los malos, y los policías están claramente libres de toda participación en su muerte)

Un homicidio:
Muere un joven turista inglés en una pelea en las fiestas de la Villa (pudo ser un accidente, no tenemos ni idea de quién participó, al fin y al cabo en una pelea podía haber mucha gente).
Un homicidio en la fiesta de la Villa acaba con la vida de un turista inglés (un poco más de información)
Turistas ingleses, acusados de matar a un compatriota en las fiestas de la Villa (suavizamos con “acusados” pero estamos atribuyendo culpa clarísimamente).
Cualquier uso de “asesinato” es un error porque en una pelea no hay ni premeditación ni alevosía (a menos que lo sepáis con mucha seguridad).

Si comparamos estos casos inventados con la violencia de género, concluiremos que deberían estar en un plano superior de intencionalidad al del atentado terrorista, porque la víctima es escogida, y al del homicidio, porque hay clara intención de matar y a veces asesinato. En cambio, nos encontramos con titulares de prensa que una y otra vez convierten la violencia en una especie de clima, una circunstancia incontrolable en el que las mujeres tenemos la mala suerte de vivir. Como los accidentes. También hay un intento tras otro de volver invisibles a los agentes de esa violencia.

VG_titular_ABC_1ABC. 12/08/2015. Muere una mujer en Castelldefels apuñalada por su expareja. El presunto agresor ha pasado a disposición de los Mossos, que han abierto una investigación. Apuñala mortalmente a su expareja en Castelldefels. La Policía Local de Castelldefels ha detenido este miércoles a un hombre como presunto autor de la muerte….

Antes de entrar en el cuerpo de la noticia, el primer sujeto es una mujer que muere. El agresor, dos veces presunto, se oculta en estructuras pasivas (apuñalada por), acciones que se sufren (pasar a disposición), y sujetos elípticos (Apuñala… ¿quién apuñala?). Si hay que nombrarlo, es “presunto”. Si se lo oculta mediante la sintaxis, no (no se nos dice “presuntamente apuñalada”). En el cuerpo de la noticia, además, conocemos cuatro datos personales de ella (edad, otros familiares, barrio de residencia), y de él, solamente algunas de las agresiones que realizó. No es más que un monstruo que se vuelve invisible si lo miras de frente.

La misma noticia:VG_tuit_elpaís_1
VG_titular_elpaís_1El País, online y en twitter. 12/08/2015. Un hombre mata a su expareja con un machete en plena calle. Detenido un hombre por apuñalar a su exparej en la calle en Castelldefels. Los Mossos investigan un incendio en el piso de la víctima y de su coche hace unos meses. Un hombre mata a tiros a su esposa y a sus dos hijos y se suicida en Barcelona.

Aquí, además de que la mujer no se muere, sino que la matan, el cuerpo de la noticia nos da la misma cantidad de datos personales de ambos y más detalles sobre lo que ha debido ser un acoso grave y prolongado antes de que su expareja la matara. El agresor no es un accidente: es una persona y además aparentemente muy normal. El contraste entre los dos medios es muy intenso.

Con algunos ejemplos más se comprueba que cuando un hombre mata a una mujer, la noticia es sobre ella. Que vivía con él o no, que lo denunció o no, que había mantenido el contacto con él o no, que tenía una nueva pareja o no, y de la que sabemos como mínimo edad, nacionalidad y número de huérfanos que deja. De ellos no. Estos titulares dan a entender o que los titulares de VG dan a entender que las víctimas son responsables, pues son el agente del hecho (morir, romper una relación, denunciar), o que la violencia de género es un accidente que no tiene agente. En cualquier caso, se trata de ocultar tanto como sea posible que los agresores son hombres normalísimos en la mayor parte de los casos. Las noticias que como la de El País detallan el acoso en lugar de detallar las estrategias de supervivencia de la víctima son una excepción.

VG_titular_lainformación_2La Información, 12/08/2015. 790 mujeres han sido asesinadas en España por sus parejas o exparejas desde 2003. Al menos ocho niños han muerto a manos de sus padres, o los novios o exnovios de sus madres, sólo en lo que va de año. En todo caso, 2015 seguiría siendo el año con menos feminicidios desde 2003.

No se dice “790 hombres han asesinado a sus parejas en España desde 2003″(Serían más porque hay hombres que han asesinado a sus parejas homosexuales). No se dice “X hombres han asesinado a ocho niños, hijos suyos o de sus parejas”. Los feminicidios “son”, ni siquiera se cometen.

Hay cierta tendencia a indicar la actuación legal. Las mujeres se mueren y los hombres son detenidos.

VG_efe_3EFE, 29/06/2015. A la cárcel el marido de la mujer hallada muerta en el puerto de Barcelona.

Entre otras perlas esta noticia dice que un coche “se había precipitado, no de forma accidental, al mar”. Ni siquiera “el coche había sido empujado al mar intencionadamente”. No.

VG_palma_4Diario de Palma, 31/07/2015. Detenido por degollar a su expareja en Palma. Los hechos han ocurrido sobre las 4:15 en el domicilio de la víctima, ubicado en el número 115 del Camí de Sant Jordi. Este es el primer crimen de violencia de género que se registra en Baleares en 2015.

¿Detenido quién? Y de nuevo, tenemos más datos personales de la víctima que del agresor.
VG_lasprovincias_5Las Provincias, 06/08/2015. SUCESOS. Accidentes de tráfico. Violencia de género. Crímenes. Detenido un concejal de Serra por la muerte de su mujer en un incendio intencionado.

¿La noticia es que un concejal asesina a su mujer, que los incendios matan, o que los asesinos son detenidos? ¿Por qué no “Se investiga si un Concejal de Serra asesinó a su mujer en un incendio intencionado”, un titular menos confuso, o “Detenido por matar”?

Cambiar los titulares por otros en los que las mujeres dejen de ser las agentes de sus propias muertes no va a reducir la cantidad de asesinatos. Dejar de centrar la noticia en el grado de distanciamiento que la víctima consiguió de su agresor no va a sustituir que las que siguen vivas tengan una protección más eficaz. Se trata de que tenemos que cambiar cómo hablamos de la violencia de género para hablar menos de víctimas y más de agresores. De lo contrario, estaremos para siempre oscilando entre considerarlo una aberración monstruosa o un incidente banal, cotidiano. Sin método eficaz para entenderlo y sin medios reales para ponerle fin.

Los agradecimientos de la #tesiszombie

El germen de esta tesis está en la lectura infantil de obras que en ediciones resumidas o íntegras han estado en casa de mis padres desde que tengo memoria. Sólo por eso el primer agradecimiento es para mis padres. De mi madre ha sido, además, documentación médica.

Una parte fundamental de la documentación la obtuve en la Universidad de Cornell. Allí también tuve la generosa ayuda del profesor James Eli Adams, que me animó con lo más difícil, que es empezar. Mi introducción a la psicología vino del profesor Daryl Bem, que hizo atrayente un campo completamente nuevo para mí y me recomendó algunas lecturas. En Sevilla, el profesor Rafael Portillo hizo recomendaciones sobre la relación entre la novela victoriana y el teatro, y la importancia del melodrama.

Dice Umberto Eco en Cómo se hace una tesis que al director de una tesis no hay que nombrarlo en los agradecimientos porque sólo hace su trabajo, y se le presupone. Así que aquí sólo agradeceré a María Ángeles Toda Iglesia su paciencia y amabilidad. Puedo decir lo mismo de Ana Luisa Martín Bejarano. Las dos hacen mucho más de lo que se supone que es su obligación.

El profesor Carlos Portillo Fernández me prestó un libro con todas las ilustraciones originales de las novelas de Charles Dickens. Tras su muerte, tan lamentada, su hermano José Ramón quiso que lo conservara yo. Esas ilustraciones, aun quedando fuera del ámbito de estudio de esta tesis, han sido una inspiración que ha facilitado el análisis de los personajes.

Enrique Salom Marco sugirió cómo mejorar algunos aspectos de la bibliografía y a organizar fases finales del trabajo. Fernando de Sagarra me aclaró dónde buscar algunas comparaciones con la novela francesa. María García-Puente Sánchez localizó para mí documentación médica y me enseñó a usar PubMed. María García, César González-Pérez, María Jesús del Río y Ana Sáez dieron opiniones que mejoraron el Anexo. César también ayudó con los gráficos y me animó a escribir y compartir reflexiones personales que, si bien quedan fuera de esta tesis, me decidieron a terminarla.

La lista de amigos que han dado apoyo moral es demasiado larga para citarla entera. Sin sus preguntas esto no habría llegado a ninguna parte, especialmente “¿por qué estás haciendo una tesis? ¿para qué es?”. Gracias por ayudarme a matar la #TesisZombie.

Toni ha hecho más de lo que se podría esperar de nadie.

Esta tesis no se podría haber escrito sin las Suites para Cello de Johann Sebastian Bach en la interpretación de Yo-Yo Ma. Thank you, Mr. Ma.

¿No al sexting? Algunos consejos.

sexting policiaUna de las campañas intermitentes más constantes de la cuenta de twitter de la Policía Nacional es la relacionada con el sexting. Si quitamos los chistecitos, se resume así: para evitar que te chantajeen o avergüencen difundiendo tus fotos íntimas, no compartas fotos íntimas. Aquí se puede observar cómo, cuando el delito es de naturaleza sexual, la responsabilidad de evitarlo se atribuye socialmente a las víctimas potenciales. La policía no nos dice “para evitar que te roben en vacaciones, no viajes”: te recomiendan unas medidas de protección de tu casa que no son una molestia. No dicen “Para evitar que te atropelle un borracho, no salgas los fines de semana”, sino que hacen campañas contra quienes conducen tras beber o consumir drogas. Ni te dicen que no vayas al fútbol porque está lleno de ultras sedientos de sangre, sino que avisan discretamente de que hay que tener “respeto” y que allí están ellos vigilando los estadios.  Es una diferencia notable de la que ya he hablado antes.

Aquí se está perdiendo una buena oportunidad de educar de verdad sobre el sexting, así que lo vamos a intentar aquí. Estos consejos son, para variar, para la persona que envía sus fotos, o sus mensajes. No pretendo culpar a ninguna víctima de lo que le ocurra (suponiendo que las fotos que envíes sean mal utilizadas), sino ayudarte a que te diviertas con más seguridad.

  1. El sexting resérvalo para gente que conozcas muy bien, preferiblemente quienes conozcas en persona. En internet es muy fácil asumir una personalidad falsa y hay quien lo hace expresamente para estas cosas. Es sencillísimo mentir por internet. Las personas más vulnerables a esto son los menores de edad, aunque nunca se sabe.
  2. Recorta tu cara o cualquier otra cosa que te identifique de las fotos que mandes. Si alguien insiste en pedir una foto en la que salga tu cara como prueba de confianza o algo así, HUYE. Nadie puede pedirte pruebas de confianza, de este tipo o de otro.
  3. Hablando de pruebas: si alguien te pide fotos porque tienes algo que demostrar, corta la relación con esa persona. Esto es como el consentimiento sexual: ni “si me quisieras lo harías”, ni “hazlo por mí”, ni “¿es que no confías en mí?”, ni nada. Si la relación depende de que cumplas los caprichos de quien te pide fotos, si por ejemplo te insulta o critica por no enviarlas (“reprimida, egoísta, presumida”), termina la relación. No es una cuestión de proteger tu intimidad, sino de que quieren manipularte y no te respetan.
  4. Repito: trata el envío de fotos sexys como tratarías el sexo. Hazlo cuando te apetezca a ti, sólo si a ti te resulta sexy y divertido. Tu misión no es complacer a la otra persona, sino disfrutar juntos.
  5. Del mismo modo, rompe una relación con alguien que te envía fotos no deseadas. Trata el envío de fotos no deseadas como tratarías el sexo no deseado. Por tanto, si quieres tomar la iniciativa tú, pregunta primero.
  6. Borra las imágenes. Conserva los chats. Releer chats e emails te puede dar mucha perspectiva cuando estés intentando decidir si estás o no a gusto en una relación.
  7. Y por supuesto, el momento de recurrir a la policía es tan pronto como te amenacen o chantajeen.

Evidentemente, lo más seguro de todo sería no mandar nunca imágenes sexuales. También sería más seguro no salir nunca de casa. Con esto, como con cualquier conducta sexual, primero la seguridad, luego el consentimiento de todos los participantes tú incluido, luego el placer. Si te falta alguno de esos tres elementos, no merece la pena.

Presumir de cicatrices.

Violencia de género quería decir Ana Orantes en llamas. Desde luego, no quería decir que tras la mordedura de un perro en una urbanización pija, mi mayor preocupación fuera la reacción de él cuando se enterase. Y tenía razón: reaccionó mal, aunque no por mi accidente. Fui a recogerlo a la estación tras un viaje, llegué tarde por culpa de la cojera, y estuvo un par de horas sin hablarme.

A las mordeduras no se les pueden poner puntos porque son heridas muy sucias y coser atraparía las posibles bacterias dentro, así que me tocó pasar alrededor de tres días sangrando y diez más con vendajes, hasta que la herida cerró. El primer día libre de todo aquello, estábamos invitados a casa de unos amigos. Eran los tiempos de la Universidad, cuando una casa sin padres era fiesta obligada, pero como estábamos todos emparejados y éramos pocos y vagos, el plan era tranquilo, pizzas y vídeos. En aquella ocasión estaban allí mi prima, su novio, y dos o tres personas más que yo conocía poco. Comenté la mordedura, y la raza del perro. Nadie se creía que un pastor alemán fuera capaz de atacar con tanta saña, yo estaba segura de que el perro no podía ser ninguna otra cosa, y la discusión fue cortada en seco por él. “Bueno, ya está bien, ninguno de nosotros puede saber qué raza era”. Cambio de tema.

Cuando se fue de allí toda la gente que yo no conocía, me bajé la cinturilla elástica del pantalón para enseñarle la cicatriz a mi prima. Aquel horror me quedaba a la altura de donde habría tenido bolsillos un pantalón que no fuera esa especie de pijama de verano. Y sin más, nos fuimos.

La casa de la fiesta quedaba a medio camino entre mi casa y la de él. No recuerdo porqué tuve que llevarlo a su casa. Quizá su coche estaba roto o algo así. Nos montamos en el coche y él sólo decía frases cortas y desagradables. Estaba acostumbrada al silencio como castigo, y apenas empezaba a darme cuenta de que era una estrategia deliberada. Me recordó al día de la recogida en la estación y a alguna vez en la que comenté que prefiero pelear a los muros de silencio. Le pregunté que qué pasaba. Esta vez había dos problemas.

Problema número uno: yo era una niñata prepotente que siempre quería tener razón, como demostraba mi empeño en discutir sobre la raza del perro que me había mordido y del que llevaba dos semanas hablando con vecinos de los dueños, médicos y una abogada.

Problema número dos: yo le había enseñado el culo al novio de mi prima. Sí, ese novio que llevaba con ella desde el colegio y al que yo llamaba ante extraños “mi cuñado” había visto mi provocativo culo al enseñarle la cicatriz fresca de la herida. Porque yo iba provocando. Queriendo o sin querer. Porque yo no sabía estar en los sitios.

A estas alturas yo había detectado una maniobra que consistía en machacar preguntas que sólo se podían contestar con sí o no, e insistir si la respuesta no era la deseada. Yo hice lo mismo, pero sin insistencia, despacio. El coche había salido del pueblo y bajaba la amplia cuesta en dirección a la ciudad cuando  le hice la pregunta definitiva.

– Entonces, ¿te avergüenzas de mí?
– Sí, Eugenia, ¡me avergüenzo de ti!.

Ese fue el momento en el que corté con él, pero él no lo sabía. No tenía nada más que decir. No recuerdo si él dijo algo. A dos semáforos de su casa, pensé que la única decisión que me quedaba por tomar era si comunicarle que acababa de romper con él. Al día siguiente había una fiesta familiar en su casa, un cumpleaños infantil, y consideré por un momento darle plantón. No lo hice. En la puerta de su bloque y sin salir del coche tuve lo que quise que fuera nuestra última conversación (no lo fue, hubo algunas más y me insultó en todas ellas).

– Me has dicho que te avergüenzas de mí y por eso no quiero verte nunca más.

Repetí la misma frase, quizá con distintas palabras, hasta que salió del coche.

A continuación, pensé que tenía un problema. Tenía que garantizar a toda costa que no me iba a arrepentir de lo que acababa de hacer y que ninguna presión iba a conseguir que volviera con él. Puse música, algo calculado para no asociarlo a nada, bueno o malo, de nuestra relación. Tenía suerte de llevar en el coche un disco nuevo, recién comprado, más bien alegre y sin canciones de amor. Y repetí todo el camino de vuelta: “acabo de cortar con él”.

Eran las tres de la mañana cuando llegué a casa. Mis padres dormían y mi hermano no estaba. Marqué el número de teléfono de mi mejor amiga; sabía que estaría de fiesta en la playa. Ruido de bares.

– He cortado con él.
– Qué dices.
– Que he cortado con él.
– Un momento. Me estás diciendo una cosa muy rara. No sé. Espérate. Vuelve a empezar.

Supongo que le conté los detalles, pero me quedé con los pies fríos. En adelante, ella no me sugirió nunca que volviéramos, pero su actitud fue ambigua. Para ella, habíamos tenido una ruptura de las normales. Me quedé con ganas de más y llamé a mi hermano. Más ruido. Otro bar. Otro “espérate” y una conversación muy diferente. Me dijo que llamara a mis padres, que se iban a alegrar. Yo no lo creí. No me parecía que mis padres se alegraran por nada últimamente. Pero por probar, cuantas más veces lo dijera, cuanta más gente lo supiera, más real sería lo que había hecho.

En la habitación a oscuras me senté en el lado de la cama donde estaba mi padre. Mi madre estaba escuchando, pero eso sólo lo supe más tarde. De entrada, se hizo la dormida. Les conté a los dos lo que había pasado esa noche. Ellos ya me habían visto cada vez más irritable y agresiva los meses anteriores, e imagino que se hacían una idea de lo que estaba pasando. Más adelante no les he contado detalles, sólo los efectos de todo aquello.

En días posteriores, me dediqué a salir muchísimo y pasármelo lo mejor que pude. En eso tuve todo el apoyo de mi prima y de su pandilla de toda la vida. Un grupo-burbuja de gente que se conocía desde hacía 15 años se abrió un instante para absorber a alguien nuevo, y se cerró a mi alrededor. Debieron entender que era un caso desesperado.

Él me persiguió sin mucha insistencia durante varios meses. Siempre seguía el mismo patrón. Tenemos que hablar, yo ya te he dicho todo lo que tenía que decirte, eres una niñata egoísta. Una vez y otra. Meses más tarde, por curiosidad, continué la conversación, y así fue como supe que todo lo que has leído es mentira. Sí, como lo oyes, mentira. Yo no le dejé, me dejó él a mí, porque yo tenía miedo al compromiso.

La cicatriz sigue ahí. Es muy fea, pero pequeña, se ha desdibujado todo menos el centro. Solo la ves si sabes buscarla. A veces da sin avisar un dolor como pinchazos. Quién me mandaba a mí confiar en aquel perro.

La denuncia falsa.

Había una vez una sociedad en la que las denuncias por violación o violencia de género tenían un peso social tan grande, y eran una acusación tan grave, con tal estigma, que los hombres vivían aterrorizados ante la posibilidad de la calumnia.

– Pero vamos a ver, ¿tú qué le has hecho a ella para que te denuncie?
– ¿Yo? Yo, nada, de verdad tío, yo no le he hecho nada.
Bueno, algo le habrás hecho, ¿no? No te va a denunciar por las buenas, hay que calentar mucho a una mujer para que haga una cosa tan extrema como esa.
– En serio, que no. No le hice nada. Salimos a dar una vuelta, nos tomamos algo como siempre, la dejé en su casa como siempre, me fui, y lo siguiente que sé es que tengo a la policía en casa tomándome muestras biológicas hasta del cielo de la boca.
– Jodeeeeeerrrrrr, pero es que cómo se te ocurre. ¿Qué bebiste?
– Pero eso qué tiene que ver.
– Pues tiene todo que ver. Tú vas, te emborrachas, te pasas, te crees que ella tiene ganas, no las tiene, y ¡POM!, la violaste. Y encima es tu novia, o sea que es violencia de género. Da gracias a que la denuncia es por la violación nada más y no por maltratador.
– ¿Cómo te tengo que decir que no la violé? Que no es que ella no consintiera, que es que no hubo sexo, ni del bueno ni del malo. No. Sexo.
– Eso es lo que dices ahora, tío que soy tu amigo y creo que no tienes mala intención, pero si habías bebido, ¿cómo sabes que no la violaste?
– A ver, si te pones así, uno no está nunca seguro de nada, en fin, ni del suelo bajo los pies, yo qué sé, si hubiera habido sexo me acordaría.
– Aparte es que tú, también, es que da igual, es que eso es ir provocando. Vas y te tomas unas cervezas, y luego os vais a su casa, y claro, por aquellas calles tan vacías, pues ella, normal. Se asusta. Le entra miedo, y hace, pues lo normal en una situación así. Se asusta,  va y te denuncia.
– Pero ¿tú de parte de quién estás?
– Es que no es cuestión de parte de quién estoy, que sabes que eres mi amigo y me importa lo que te pase, pero es que tíos como tú sois los que nos dan mala fama a los demás. ¿Por qué no me llamaste para que fuera con vosotros? Yo también estaba por la parte de los bares, nos vamos los tres a su casa y ya está. Tienes tranquilidad, un testigo, y la seguridad de que no la violas. A ver, como si no te hubieran dicho mil veces que uno no se puede quedar solo con una mujer. Vamos, desde chicos en el colegio.
– ¿Y si nos acusa a los dos?
– Venga ya, que Silvia no es de esas. Silvia es legal.
– Será todo lo legal que tú quieras, ¡pero me acaba de calumniar!
– Ehhhhhh, que calumniar es una palabra muy gorda. Te ha denunciado.
– Me vas a venir a mí con qué palabras son gordas. ¡Que me han puesto un cartel al cuello!
– Venga, no dramatices. Espera a que se le pase un poco el enfado, hablas con ella, le pides perdón, y a ver si retira la denuncia, que yo creo que sí, que es una persona razonable y si le explicas tu versión, te comprenderá.
– Entre los que decís que algo hice y la culpa es mía, y los que decís que las mujeres no pueden evitarlo, y la culpa no es de ella, me tenéis todos harto ya. Voy a ver qué ponen en la tele.

En un canal de televisión hay un documental que se centra en los aspectos más tristes del día a día en prisión de hombres denunciados por violación y violencia de género. Todas las mujeres que aparecen son funcionarias de prisiones, juezas, y mujeres policía.

En otro canal están echando una comedia donde algunas actrices hacen chistes sobre un hombre que es demasiado feo para calumniarlo: no querrían que nadie las relacionara con él.

En otro canal donde también hay una película, es un drama romántico. Una mujer seduce a un hombre. Lo amenaza con denunciarlo, tras lo cual él se enamora de ella, seducido por su chantaje.

En otro canal hay un debate sobre la función que el sistema educativo debe tener enseñando a los chicos a evitar ponerse en situaciones que les lleven a ser calumniados, ya que se produce una escalada del “rumor” a la “acusación” al “chantaje” a la “denuncia” que los chicos deben saber detectar y frenar antes de que sea grave. En ningún momento se dice “las mujeres denuncian”, sino “los hombres reciben denuncias”.

– Estoy harto de toda la mierda antimasculina y calumniante que echan.
– Nah, no tendrías que ser tan radical. Tomátelo más a la ligera que no es algo personal, tío.