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Opiniones católicas sobre violencia de género y nulidad matrimonial.

En esta entrada puedes hacerte una idea del conjunto leyendo sólo lo que está en negrita.

Casi toda la doctrina de la Iglesia católica respecto al matrimonio proviene de la creencia de que es una institución doble, de naturaleza simultánemente legal y religiosa. Eso significa que todos los matrimonios, sea cual sea la religión de los contrayentes, son válidos a ojos de la Iglesia Católica, siempre que sean un lazo con voluntad de ser permanente entre un hombre y una mujer solteros. El Canon 1055.1 del Código Canónico (en adelante, CC), define el matrimonio para todos, no sólo para los cristianos: “La alianza matrimonial, por la que el varón y la mujer constituyen entre sí un consorcio de toda la vida, ordenado por su misma índole natural al bien de los cónyuges y a la generación y educación de la prole, fue elevada por Cristo Señor a la dignidad de sacramento entre bautizados”.

De esta breve definición pueden deducirse varias creencias. En primer lugar, el catolicismo distingue entre ley natural, ley divina y ley canónica. La ley natural es inmutable y universal; su existencia y cumplimiento está, en teoría, desconectado de la fe en Dios y en Cristo, puesto que se aplica siempre (como aquí la definición de matrimonio). Como es parte de la naturaleza humana, no se puede romper, en el sentido de que los actos contrarios a ella no pueden (o deben) recibir reconocimiento legal. No es necesario castigarlos o prohibirlos, a veces basta con actuar como si no existieran. Por ejemplo, las uniones de un hombre con más de una mujer, o viceversa; las uniones entre personas separadas o divorciadas, y demás casos que no son un matrimonio entre un hombre y una mujer, no existen legalmente para la Iglesia, porque rompen la ley natural.

De la ley divina se dice que viene de Dios. Sólo es aplicable a los cristianos (aquí la Iglesia Católica se permite legislar sobre los cristianos no católicos), y se la supone inmutable. En la definición de matrimonio, es ley divina que el matrimonio es sacramento. El Canon 1056 insiste: “Las propiedades esenciales del matrimonio son la unidad y la indisolubilidad, que en el matrimonio cristiano alcanzan una particular firmeza por razón del sacramento”. Finalmente, la ley canónica son las normas que se aplican sólo a los católicos, y que pueden cambiar si la jerarquía eclesiástica así lo desea.

La definición del matrimonio como sacramento es importante, porque significa que no se puede romper. Los sacramentos se pueden aplicar una sola vez (bautismo) o varias (como la confesión o la comunión) pero eso no cancela las anteriores; el matrimonio es del segundo tipo, se puede repetir, pero como es una unión entre sólo dos personas, es necesaria la muerte de un cónyuge para que el superviviente pueda volverse a casar.

Esta indisolubilidad del matrimonio se dice que refleja la unión de Cristo con la Iglesia, y de ahí se deriva que aunque el sacramento está en la celebración, la indisolubilidad sólo tiene lugar con la consumación del matrimonio. La esterilidad no influye, ya que tener hijos no es esencial, pero sí la impotencia, que anularía el matrimonio.

El amor no es una propiedad esencial manifestada explícitamente, pero queda implícito en la unión católica, debido a como se interpreta el concepto de sacramento y a que la doctrina se basa en Efesios, 5, 25: “Maridos, amad a vuestras mujeres como Cristo amó a la iglesia, y se entregó a sí mismo por ella”. El amor es un compromiso que requiere sacrificio, entregarse a la otra persona, y el sacrificio de Jesucristo que esto pretende imitar no fue un acontecimiento feliz: por lo tanto, el amor en el matrimonio es una obligación adquirida libre y generosamente. No amamos “para ser felices”.

El matrimonio católico no se puede romper pero sí se puede declarar nulo. La nulidad no rompe nada, simplemente declara que el acto nunca fue válido. Esa es la diferencia con el divorcio: para declarar la nulidad, es irrelevante cualquier cosa que fuera mal en la relación después de la boda, como por ejemplo violencia de género, siempre y cuando la ceremonia se hiciera en la forma correcta y entre contrayentes que consentían libremente. Conseguir la declaración de nulidad es más fácil y frecuente de lo que pueda parecer; en España se anulan más de mil uniones al año (Vitoria, 4-115).

Hay tres razones principales para la nulidad: fallo de forma, impedimentos, y falta de consentimiento válido suficiente. Los impedimentos son prohibiciones al matrimonio de ciertas personas (menores de edad, parientes, etc). Qué es un consentimiento válido está ampliamente regulado, lo que es comprensible porque un consentimiento inadecuado es la única manera abierta de obtener la nulidad, una figura legal que la Iglesia prefiere utilizar lo menos posible. Se supone preferible que dos personas estén unidas sin sacramento, a equivocarse por el otro extremo y dar por nulas uniones válidas.

La jerarquía actual no se pone de acuerdo sobre si la violencia de género es causa de nulidad. La Iglesia combina cierto grado de libertad para las diócesis con una fuerte tendencia a la centralización, y cuanto más arriba en la escala de poder, más fuerte es la tendencia a considerar válidos esos matrimonios. Por ejemplo, esto es así cuando se cree que la violencia tiene lugar cuando un matrimonio ha fracasado. Por ejemplo, Braulio Rodríguez Plaza, Arzobispo de Valladolid declara: “A erradicar ese profundo malestar en nuestra sociedad que deja ver la violencia doméstica, ¿no ayuda una buena relación entre los esposos que, según la fe católica, se exige en un matrimonio canónico […]? Justamente cuando ese matrimonio ha fracasado es más frecuente esa violencia”. Para este punto de vista, es la rotura de la unión la que produce violencia, y no al revés.

En estos casos, se permite la separación. El Canon 1153.1 habla de “grave peligro espiritual o corporal al otro o a la prole, o de otro modo hace demasiado dura la vida en común” como causas legítimas de separación. En 2003, la Pastoral de la Familia, un documento de la Conferencia Episcopal sin fuerza vinculante, se refiere a la violencia de género explícitamente:“Si se llega a situaciones graves de malos tratos ha de aceptarse la separación como un mal menor. Además, puede estudiarse si hubo causa de nulidad”, Capítulo IV.4.190. Como interpretación del Canon, no podría ser más conservadora. Los “malos tratos” (acciones, no situación) deben ser “graves”. Y el Código en ningún momento dice que la separación sea un mal, ni mayor ni menor. La Pastoral menciona dos veces la importancia de la reconciliación en los problemas matrimoniales, incluyendo los casos de violencia. En uno de los dos casos, considera la reconciliación preferible incluso a la nulidad (Capítulo V.1.210). Se habla de perdón en nueve ocasiones, relacionándolo con el sacramento de la confesión: como el matrimonio es un sacramento, dentro del mismo los actos cotidianos pueden tener importancia sagrada, y se cree en el poder redentor del perdón y del sufrimiento de las víctimas.

La distinción entre “malos tratos” y una situación de violencia constante es la clave entre la interpretación conservadora y la progresista. Las dos admiten que la violencia de por sí no es causa de nulidad, pero la progresista mantiene que la violencia es síntoma de una personalidad ya presente en el momento de contraer matrimonio, y por lo tanto incapaz de prestar un consentimiento verdadero. Es decir: el maltratador es una persona completamente incapaz de casarse porque no sabe amar, entregarse, como el sacramento exige. Y de ahí, que el matrimonio pueda ser declarado nulo, en una interpretación amplia del canon 1095.2, que declara incapaces de contraer matrimonio a “quienes tienen un grave defecto de discreción de juicio acerca de los derechos y deberes esenciales del matrimonio que mutuamente se han de dar y aceptar”. Esto sería aplicable al agresor, y el deber esencial no cumplido es el de fidelidad, que es más complejo que no cometer adulterio. La violencia sería una forma de traición, si se quiere decir así, una infidelidad al amor y al respeto que se le debe al cónyuge. El Canon 1098 sería de aplicación a la víctima, pues dice que el matrimonio no es válido si un contrayente ha sido engañado “acerca de una cualidad del otro contrayente, que por su naturaleza puede perturbar gravemente el consorcio de vida conyugal”.

Toda la investigación psicológica sobre violencia de género de los últimos 40 años apoya la versión progresista: la violencia de género parte de los rasgos de la personalidad del agresor. Los intentos de rehabilitar o reeducar son escasos y dan poco fruto. No importa si nos remitimos a teorías conductistas, psicoanalíticas, o sistémicas: todas coinciden en que las agresiones que se producen en relaciones íntimas no son reacciones a algo que ocurre en dicha relación, y no son actos aislados, sino que son manifestaciones de una personalidad agresora preexistente. El desacuerdo entre diversas teorías psicológicas está sólo en cuál es el origen de esta personalidad y por lo tanto, si tiene solución y cuál es.

Si se acepta esto, para declarar la nulidad de un matrimonio, los tribunales eclesiásticos pueden aceptar informes psiquiátricos o psicológicos, o pruebas de que el agresor ya era violento antes de que la boda se celebrase, aunque esa violencia no fuera física, por ejemplo en forma de insultos, peleas frecuentes, prohibir a la víctima contacto con familia y amigos, dañar sus objetos personales, y conductas similares. Si el agresor ya era claramente violento o si realizaba amenazas graves, el Canon 1103 también es de aplicación, pues manifiesta la nulidad de los matrimonios contraídos “por violencia o por miedo grave (…), incluso el no inferido con miras al matrimonio, para librarse del cual alguien se vea obligado a casarse”.

Es decir, la interpretación conservadora de la nulidad matrimonial por violencia de género asume que la violencia son actos aislados, no una dinámica que se establece en el mismo inicio de la relacion. También ignora la posible incapacidad de los maltratadores para establecer plenamente los compromisos y obligaciones del matrimonio, considerando que la capacidad para el perdón y el sufrimiento de la víctima sirve para suplir la falta de consentimiento real, informado, de ambas partes, y la falta de amor de la parte agresora. Paradójicamente, esto entraría en contradicción con el clarísimo Canon 1057: “El matrimonio lo produce el consentimiento de las partes legítimamente manifestado entre personas jurídicamente hábiles, consentimiento que ningún poder humano puede suplir”.

En definitiva, la cuestión para anular un matrimonio católico en el que se produzca violencia de género es a qué conjunto de valores se le quiere dar más importancia: al sufrimiento, la abnegación, el perdón, y la subordinación femenina, o a la definición de matrimonio como una unión amorosa y de entrega entre seres iguales y libres.

¿Tienden a recaer las maltratadas?

Un lugar común bastante frecuente entre quienes saben poco sobre violencia de género es que las maltratadas que consiguen librarse de su agresor pueden caer en otra relación destructiva, ya sea porque ellas eran así de antes, con tendencia a sentirse atraídas por hombres que las agreden, o porque el resultado del maltrato es dejarte “tocada” para siempre y vas a caer en los mismos errores.

El primero de estos argumentos es fácil de desmontar. “Las mujeres maltratadas tienen, de antemano, una concepción de las relaciones humanas que las hace caer bajo el control de maltratadores”. El problema es que sufrir maltrato, abusos, o acoso, tiene efectos sobre la personalidad, a corto, medio y largo plazo. Se ha definido “el síndrome de la mujer maltratada”, con rasgos que son, fundamentalmente, los de la indefensión adquirida. Por ello, cualquier estudio a posteriori sobre qué tienen en común las víctimas, nunca va a servir para saber qué provocó que llegaran a serlo. Si realmente quisiéramos contestar a esa pregunta, tendríamos que tomar a personas que nunca hayan sido víctimas de maltrato infantil, acoso escolar, ni ninguna clase de violencia sistemática, hacerles una batería de tests, y volver a preguntar dentro de unos años, para ver si han acabado en relaciones violentas o no.

Pasemos ahora a la segunda versión. Ser maltratada te predispone psicológicamente a volver a serlo. Observemos cómo se sale de una relación así:

1) Deprimida, o con síndrome de la mujer maltratada. La maltratada se culpabiliza de lo que ha pasado. Es muy importante que la relación la ha roto ella: los maltratadores no rompen con sus parejas. O ella se va, o la matan. Una superviviente de maltrato es una viuda, o una mujer que ha dejado a un hombre del que lo último que sabes es que te considera una zorra egoísta.

2) Es posible que tenga que huir, esconderse, cambiar de vida social. Es posible que su ex-pareja la acose para que vuelvan o sólo para molestarla.

3) Es posible que tenga cargas familiares. Tiene que hacerse cargo de los niños ella sola, o los ha dejado atrás. Es posible que él le controlara el dinero. En cualquier caso, es poco independiente en lo material/económico.

Estas circunstancias, en primer lugar, convierten a las mujeres maltratadas en parejas poco atractivas a los ojos de cualquier hombre, ya sea un maltratador en potencia o no. Y son, también, razones de tipo práctico por las que una superviviente necesita bastante tiempo para empezar a pensar en nada que no sea… bueno, sobrevivir. De todas maneras, los expertos encuentran que las mujeres que han abandonado una relación violenta suelen ser muy reacias a establecer nuevas relaciones románticas.

Por otra parte, la violencia de género se vive en privado, no se habla mucho de ella después, y cuando la gente la conoce, le pone excusas. Comparémoslo con situaciones parecidas: el acoso escolar y el mobbing. Mis amigos que fueron víctimas de acoso escolar tienen bastantes rasgos en común:

– Son a menudo gente sensible. No es razon para ser acosado pero sí para percibir la violencia escolar como tal acoso.

– Son selectivos con sus amistades. Algunos son introvertidos y otros no, pero prefieren estar solos a mal acompañados.

– Muchos rehúyen situaciones que tienen algo que ver con el ambiente social escolar, con cosas que parece que tienen algo que ver. Algunos que he conocido estudiando carreras de Humanidades tenían muy claro que no pensaban ser profesores, que no iban a poner los pies en un colegio en su vida.

– Normalmente, no han tenido problemas para “rehacer sus vidas” a partir de infancias que a menudo fueron traumáticas. Algunos sí, pero son excepción.

Y sobre las personas que han pasado por un acoso laboral, lo único que les veo en común es que algunas evitan situaciones parecidas a las que llevaron al acoso: tras dejar la empresa o cambiar de jefes, han creado la suya propia para no tener jefes, o han hecho lo necesario para no caer en la red de mentiras de un jefe nuevo, o el trabajo ha dejado de ser menos importante en sus vidas que antes. En resumen, seguro que conoces casos así: personas que han pasado por traumas no sentimentales y que luego no los han repetido.

Finalmente, hay una razón bastante sencilla para creer que las maltratadas repiten: que la violencia está por todas partes. Alrededor de un 25% de las mujeres y 10% de los hombres son víctimas de violencia en relaciones íntimas. Sobre los niños, cerca de un 20% de las mujeres y un 5 a 10% de los hombres adultos manifiestan haber sufrido abusos sexuales en la infancia. Esto es lo que confiesan adultos, vete a saber cuál es la verdad, que es necesariamente mayor. Un 25 a 50% de los niños de ambos sexos refieren maltratos físicos (OMS). Esto no incluye la violencia emocional. Ante cifras así, es muy difícil encontrar mujeres que nunca hyan sido maltratadas de manera reincidente. Lo fácil es atribuirles la causa a ella. Ver la violencia que todos respiramos, la cultura de la violación, el patriarcado en todo caso, nos convierte en peces que se dan cuenta de que están mojados.

Recomendaciones de lectura:

Marie France Hirigoyen, El acoso moral.
Donald Dutton, The Domestic Assault of Women.

Hombres que me han enseñado sobre feminismo

Mi padre. Porque si el feminismo es la idea radical de que las mujeres somos seres humanos, el primero que me trató como tal fue mi padre.

Mi marido. El porqué sería largo de contar.

Tres de mis ex. Me enseñaron a gustarme. Y no deseaban “hacerme” cosas. Deseaban mi sí y me enseñaron a consentir en lugar de a dejarme hacer.

Joss Whedon. No soy su mayor fan, precisamente, pero me gusta cómo trabaja con sus ideas de “mujer fuerte”. Las series serían más aburridas sin él.

Charles Dickens. No era feminista; él quería un patriarcado amable. Se aprende mucho observando en sus novelas porqué eso es imposible.

Michael Kimmel. Autor de libros sobre roles de género. Le preocupa especialmente la masculinidad moderna. The Gendered Society es un libro suyo magnífico sobre sexismo.

James Eli Adams, catedrático de la Universidad de Cornell cuyo trabajo se centra en la masculinidad victoriana. También es un excelente profesor. Hay muchos buenos profesores y muchos victorianistas, pero me quedo con Adams porque me gustó verlo ejercer de padre de su hija.

Daryl Bem, otro profesor universitario en Cornell, éste de psicología. Me dio un curso breve pero intenso sobre formación de ideologías.

Bill, el marido de Suzanne, mi amiga que es cura episcopaliana. El primer hombre al que vi, en vivo y en directo, ser el apoyo logístico y emocional de su mujer y no al revés. Él compaginaba su propia carrera y sus hobbies con tener el rol de “cuidador” en la pareja. Sin problemas y sin alardes.

William Shakespeare, que inventó el personaje femenino con agencia. Exagero un poco, pero sólo un poquito.

Los comunistas en twitter. No todos, sólo algunos. Perdonad que no los mencione, prefiero no olvidarme de ninguno. Porque me recuerdan que no puedo hacer sólo feminismo para blancas y ricas.

Michel Foucault. Para recordar entre otras cosas que el sexo no libera. La libertad está en poder consentir o no.

Manuel Almagro y Brian Crews, profesores universitarios que me recomendaron a Jeanette Winterson. Otros editaron y publicaron mi artículo sobre una novela suya.

Donald Dutton escribió casi todo lo que sé sobre violencia de género. Miguel Lorente añadió otro poco. Juan José Millas remató con Hay algo que no es como me dicen.

Algunos feministas en twitter. No quiero dar nombres por si me olvido de alguno, pero ellos saben quiénes son. De su mirada de novato que se acaba de tomar la pastilla roja, de su odio por las injusticias, no sólo se aprende: se sacan fuerzas.

Algunos alumnos varones que no responden a los ideales de la masculinidad. “Hombres débiles”, como dice un hombre feminista; chicos no necesariamente amanerados ni homosexuales, pero que aún así, no responden a lo que se espera de ellos. Ellos lo saben. Procuran no llamar la atención. Estoy aprendiendo a convertir mi aula en un sitio donde puedan ser ellos mismos. Apenas estoy empezando.

Gustavo Bolívar, autor de la novela “Sin tetas no hay paraíso”. No os la perdáis. Buenísima.

Hayao Mizayaki, por tantas películas con buenos personajes femeninos, sobre todo con las mujeres más invisibles: las ancianas.

Roddy Doyle, novelista irlandés autor de entre otras “The Woman who Walked into doors”, una novela para mí con cualidades de exorcismo.

Michael Ende. Por Momo. Porque seguro que tuve mejor infancia que con un héroe masculino.

John Irving. Otro novelista. Porque en En Mundo Según Garp tuve mi primer contacto con feminismo pesimista, partidario de la segregación. Y en Las Normas de la Casa de la Sidra se habla de aborto como en ninguna otra obra de ficción que yo conozca.

Y tú, aliado posible, quién sabe si amigo, ¿vas a hablar de feminismo? ¿Vas a llamarte feminista? ¿Vas a enseñarme algo? ¿Vas a mejorar la vida de alguien? ¿Vas a echar abajo las injusticias a patadas? ¿O sólo piensas quedarte ahí, criticando?

Guía práctica para prevenir las violaciones.

¿Quieres saber qué hay que hacer para evitar la violencia sexual? Es fácil. No violes.

Ah, que querías algo más detallado. Quizá, cómo evitar que otros violen. Pues aquí tienes una lista de consejos. Son muchos, son exigentes. Son pedir demasiado. A mí me han pedido muchas tonterías antes, así que si por exigirte algunas cosas a ti la próxima generación de niñas va a pasar menos miedo, pues estoy en la obligaciónde exigirte.

  1. Edúcate sobre el consentimiento entusiasta. Te resumo la teoría: el consentimiento libre, consciente y explícito es erótico. Aquí hay más información. Aprende algo más que a ser un seductor-conquistador. Cuando te hayas educado sobre el tema, práctícalo y educa a otros.
  2. Las violaciones no son sexys ni divertidas. Ante una letra de canción como “los besos más bonitos son los robados” o “qué culpa tengo yo de que a las niñas les salgan las tetas antes que los dientes” (estoy dando ejemplos de poca intensidad, lo sé), analiza, critica, comenta. No te limites a absorber el mensaje.
  3. Para evitar que las mujeres que conoces sean agredidas por desconocidos, acompañarlas es una recomendación estándar. Ve más allá, porque la agresión por un desconocido es estadísticamente poco frecuente. Para evitar agresiones de sus parejas, sé un buen amigo y procura estar atento a las señales de alerta que dan los maltratadores (y las personas maltratadas).
  4. No culpes a las víctimas ni pongas en duda su testimonio. Si quieres y se puede, haz preguntas, pero no la pongas en duda. Compara con que te describan un atraco: piensa si preguntarías “¿Tanto dinero llevabas en la cartera? ¿de verdad te robaron, seguro que no lo has perdido?”, si dirías “bueno, por lo menos no te pegó, ¿no?”. ¿A que no?
  5. No obligues a una víctima real o potencial a hablar del tema. Además de respetar el cuerpo hay que respetar el silencio. Estarás enseñando a esa persona que su intimidad es valiosa para ti.
  6. Nunca les digas a las mujeres qué tienen que hacer para protegerse. Intenta salir de la cultura que nos marca que los delitos sexuales se previenen con el control físico y mental de las víctimas potenciales.
  7. No entres en “es que yo no soy un maltratador”, “no me pongas bajo sospecha”. No nos hagas perder tiempo consolándote. Busca para eso, si quieres, a otros hombres, o a personas que no se sientan vulnerables.
  8. El sexo con drogas o alcohol puede estar muy bien, pero resérvalo para personas y ocasiones con mucha confianza previa. Drogado o bebido te va a resultar más difícil detectar la falta de consentimiento, parar a tiempo si no lo hay… Vas a ser menos consciente si la otra persona no se lo está pasando bien. Igualmente, evita el sexo con personas que no estén en plenas facultades (volvemos al consentimiento entusiasta)
  9. Si conoces casos, habla de ellos sin dar nombres y la víctima te da permiso. Elimina con ejemplos prácticos la idea de que los maltratadores son monstruos. Compartir con discreción las experiencias de las mujeres maltratadas que conoces puede ser educativo para otros.
  10. Jerarquía + secretismo = abusos. Jerarquía + secretismo + discriminación o represión sexual = violencia sexual. Si estás en una situación de poder, aumenta la transparencia, la autocrítica de los líderes, la diversidad en la entrada de miembros y en la directiva. Ten una política previamente publicada sobre abusos. Que los depredadores potenciales sepan que sabes que existen y que vas a por ellos. Quieren víctimas indefensas, no las quieren protegidas por ti.
  11. Si eres responsable de niños, enséñales cosas como “a la gente no se la toca sin permiso. Pide permiso. Respeta el espacio de los demás”. Esto incluye, por supuesto, predicar con el ejemplo.
  12. No excuses a los violadores. Trátalos como tratarías a alguien que roba carteras a punta de navaja, como mínimo. Entiendo que puede ser duro cuando el violador es tu amigo, o tu cantante favorito. No dejes que se sientan cómodos.

Elaborado con la colaboración e inspiración de mis alumnos y alumnas del IES González de Aguilar; mi marido; @jaustral; @cora_alvarez; @ComandanteVimes; @minimaiko; @shakesphobic; @510nm; @undivaga; @ptraci. Muchísimas gracias.

Violencia y feminismo. Definiciones.

Hay áreas que se superponen, intereses particulares, ambigüedades, y palabras que cambian de valor según qué bibliografía usemos. Estoy terminando una tesis doctoral sobre este tema, y éstas son las definiciones que uso. Otro día os pongo la bibliografía de la “tesina”.

Crimen pasional: concepto sexista, patriarcal, para explicar el asesinato u homicidio en reaciones íntimas, casi siempre del hombre a la mujer, y si ella tiene amante, al mismo, en un arrebato incontrolable de celos o furia. Una búsqueda en Google, que no te recomiendo porque salen imágenes muy feas, revela que está en pleno uso en el periodismo latinoamericano. Aquí, un ejemplo gallego en el que la víctima es un hombre, el único uso que he encontrado en prensa española.

Violencia en relaciones íntimas:
la que comete un novio, novia, esposo, esposa, contra la otra parte. Puede ser de hombre a mujer, y viceversa, y en relaciones homosexuales.

Violencia de género: la que se comete contra una persona por la específica razón de qué género tiene o aparenta. Eso supondría: toda agresión misógina contra mujeres, las agresiones contra los hombres porque no parecen lo bastante heterosexuales para el gusto del agresor, y toda la transfobia. Pero en lugar de eso, que a mí la verdad, me gustaría, llamamos “violencia de género” a la violencia en relaciones íntimas de hombres a mujeres, incluyendo a las ex-parejas.

Violencia doméstica: Violencia en el entorno familiar. De padres a hijos y viceversa, incluye la violencia en relaciones íntimas.

Violencia machista:
violencia contra las mujeres porque son mujeres, ya sean familia del agresor o no. Incluye, por principio, toda violencia hombre-> mujer en relaciones íntimas. Es una etiqueta que no uso.

Violencia patriarcal: Un equivalente de violencia machista que pone el origen de la violencia contra la mujer en el patriarcado. Tampoco lo uso porque es demasiado ambiguo, pues tiene todos los inconvenientes de “violencia de género”.

Violencia sexual: actos sexuales que se realizan sin el consentimiento, o contra la voluntad, de la víctima.

Terrorismo machista: estrategias de agresión a la mujer dirigidas a mantener un clima de permanente alerta, control y terror en la población femenina.

Algunas de estas etiquetas se contradicen, pero ¿alguien se anima a hacer una representación visual? ¿Un diagrama de Venn, por ejemplo?

Indefensión adquirida y feminismo, o: por qué uso colorete rosa.

La indefensión adquirida es un fenómeno muy estudiado en mamíferos superiores y en seres humanos, en el que se observa que si al sujeto le ocurren cosas desagradables,  impredecibles e incontrolables, se pierde la sensación de que controlamos nuestras vidas, dando lugar a trastornos como ansiedad, depresión, irritabilidad, o la sensación de que hay problemas en otros aspectos de la vida que no tienen nada que ver con lo que produce ese mal. Es decir: los seres humanos somos capaces de soportar sufrimientos muy grandes, siempre y cuando nos parezcan merecidos, predecibles, y controlables, o que al menos nos dejen la sensación de que controlamos un espacio lo bastante grande de nuestra vida.

La primera vez que se asoció la indefensión adquirida y el feminismo fue en “La Mística Femenina” de Betty Friedan, uno de los mejores ejemplos de feminismo de segunda generación (y si no sabes de qué estoy hablando, léete esto antes de seguir). Incluye un capítulo llamado “Deshumanización progresiva: El campo de concentración acogedor”, en el que señala que muchos problemas psicológicos de los Baby Boomers americanos se debían a la deshumanización de sus madres. Fue un principio de una serie de paralelismos entre la condición femenina y los campos de concentración.

Aquí alguien podría decir: “Eugenia, te has pasado. Ser una mujer no se parece en nada a estar en un campo de concentración. En Buchenwald te asesinaban por existir y en Andalucía, año 2013, las mujeres pueden hacer lo que quieran”. Ya, sí. Pero primero, no todas las mujeres tienen la suerte de ser, como yo, nacionales, de la raza dominante, aparentemente heterosexuales, y ricas (yo no paso hambre). Segundo, sí hay unas cuantas cosas que compartimos las mujeres en el patriarcado y los judíos de Austria, años 30.

  • No podemos salir. Como no funde una comuna de feministas radicales, aquí me quedo.
  • No pertenecemos al grupo dominante, ni lo haremos nunca.
  • Vemos que les pasan cosas horribles, incluida la muerte, a gente como nosotras, y que les ocurre porque son de este colectivo (sí, hay más asesinatos de hombres que de mujeres, pero a los hombres no se los asesina porque son hombres y a las mujeres se las mata porque son mujeres).
  • Nos cuentan que si somos muy buenas y seguimos una serie de instrucciones al pie de la letra, no tenemos nada que temer. Podemos creerlo o no.
  • El Mal es aleatorio, o lo aparenta. Normalmente no nos dicen cuáles son los objetivos globales del opresor hacia todo nuestro colectivo.

Pongamos un ejemplo de algo pequeño que yo no puedo controlar. Como mujer, joven, de rasgos suaves tirando a infantiles, y personalidad entusiasta, he visto cómo diversos jefes y jefas me han tratado de forma protectora, paternal (maternal!!), condescendiente unas veces y muy amable otras. Esto me ha pasado con jefes italianos, españoles, escoceses, estadounidenses, hombres y mujeres de edades variadas. Ante esto yo puedo reprimir lo que provoca esa reacción en mis jefes: vestirme y peinarme de otra manera, adoptar un tono más frío. A lo mejor me toman más en serio. A lo peor caigo mal. Puedo favorecer los rasgos que provocan esto. Supongamos que mi jefe me llama con un diminutivo: ¿lo corrijo o lo dejo pasar? Parece algo tonto, pero ¿qué va a pasar el día que le diga a, un suponer, el director del instituto, que quiero coordinar un proyecto educativo importante? ¿me tratará como a un adulta responsable o como a una cría de cuarto de la ESO? ¿Y si un padre me amenaza? ¿Me conviene despertar los instintos de protección de jóvenes doncellas de ese director?

Lo importante es que mi margen de elección es estrecho, y que desde la primera vez que me dijeron que estaba muy guapa, la primera vez que me pusieron unas medias, la primera vez que observé que había elecciones de niño y elecciones de niña, sé que las posibilidades que se me abren son distintas, peores, y más impredecibles.

Ante esto, creo que es importante como feminista reaccionar con empatía ante las decisiones de las demás mujeres. Mucha gente que conozco, particularmente chicas adolescentes, critican a otras mujeres por conductas como la promiscuidad, el amor romántico, determinadas maneras de vestir, etc. En realidad, esas mujeres no tienen elección. O sí la tienen, pero no lo saben. O saben que la alternativa es peor. En cualquier caso, yo no soy quién para juzgar cómo sobrevive cada una a su particular campo de internamiento.