A principios de abril, la ministra Yolanda Díaz era criticada en algunos medios y redes sociales por dar una rueda de prensa vestida de este modo:

La Ministra de Trabajo con un vestido rojo, junto al Ministro de Inclusión, Seguridad Social y Migraciones, con traje gris y corbata que tiene un dibujo indistinguible de color morado, o azul y rojo. Imagen de moncloa.gob.es

He escogido esta foto y no una en la que salga Díaz sola, o desde más cerca, porque me interesa mostrar el contraste entre ella y su colega. El traje de los políticos es el traje de los hombres que van «arreglados». Hay matices, y un traje puede llevarse «bien» o «mal». Sin embargo, salvando los entierros y su propia boda, un hombre con traje y corbata que no sea de dibujos chillones está bien siempre. Las mujeres no tenemos eso, ni siquiera las jóvenes y delgadas. Nunca. Es difícil apreciar la enormidad que supone que en nuestra cultura, no hay (y no sé si la hubo en el pasado) una prenda neutra, símbolo de la clase alta o las ocasiones formales, que siempre resultase correcta. Las mujeres no tenemos ropa que no signifique nada, y ello presenta una enorme dificultad para vestir «formalmente». yendo ahora a lo que nos interesa, una mujer política debe cumplir el código de lo formal, con pocas guías, muchas limitaciones, y muchas posibilidades de hacerlo mal y ser criticada por ello.

El traje debe ser formal pero no parecer de fiesta. Es aceptable que diga algo sobre su ideología.

Irene Montero (Podemos), Ana Pastor (PP), Ana Pastor (moderadora), Inés Arrimadas (Cs), María Jesús Montero (PSOE) y Rocío Monesterio (Vox), casi uniformemente de los colores de sus respectivos partidos. Los colores de Podemos y Vox en representación mucho más apagada que en el logo. ¿Como distinguimos a la presentadora? Porque su traje va sin mangas y así ya no parece «de oficinista». Foto de La Sexta.

Es importantísimo que estén guapas, que parezcan jóvenes pero no demasiado, elegantes pero no de fiesta, monas pero no de una manera frívola, nunca «sexys», al menos no de diario o solo hablaremos de eso. No demasiado arregladas si la ocasión es una tragedia, tampoco. Pero jamás desaliñadas. Con el pelo eso es casi imposible, aunque en España hemos llegado a una aceptación esperanzadora del pelo rizado natural y de las colas de caballo para retirar todo el pelo de la cara. Esto puede parecer una tontería, pero un peinado con mechas, un poco de onda y más o menos movimiento como hemos estado acostumbrados a ver durante años, necesita maña, tal vez una peluquera profesional, y un buen rato de secado. Todo lo que has visto en un pantalla y te parecía pelo natural ha requerido mucho tiempo de peluquería, y hasta una delicada melena lisa al viento está planchada, lacada y un poco así con los dedos para que no quede muy artificial.

Disculpad la cutrez del montaje. Mujeres relevantes en la política española de hace unos 10 años: Arriba Esperanza Aguirre y Ana Botella del PP y abajo Carme Chacón y María Teresa Fernández del PSOE. Para este peinado, si tienes rizos necesitas alisar y si tienes pelo liso necesitas crear volumen donde no existe.

El pelo tiene la ventaja de que una vez que encuentras tu peinado, que te gusta porque te favorece o porque es fácil de mantener, ya no tienes que pensar más y no importa si vas siempre igual. Con la ropa, desgraciadamente, no ocurre así, y hay que vestirse distinto todos los días. Muchas mujeres que se dedican a la política tienen en cuenta que van a salir por televisión, y por ello tienen en cuenta algunos trucos.

Uno de ellos es vestir de rojo, que tiene muchas ventajas. Son conscientes de que tal vez sean la única mujer de la foto, y el rojo las distingue de los hombres enchaquetados. Además, no infantiliza, que sería pecado mortal. Es llamativo, pero no «cuqui». Como decíamos con los problemas de salir en televisión, sale bien en todas las pantallas de toda resolución. Es importante también que combina perfecto con todos los no-colores, es decir, puedes tener complementos grises o negros o marrones o crudo o azul marino. Intenta eso con un vestidito de medio luto gris con un detalle lila.

Lo mejor del rojo es que es una gama entera. Encuentras TU rojo, desde un poco tirando hacia escarlata o casi naranja, a casi morado, pero no hay mujer a la que no le pegue algún tono de rojo. Puede ser también el color de una prenda comodín en algo que afecta en a las políticas y no a las mujeres profesionales: la jerarquía. Estaría feo ir más arreglada a un acto que la Jefa de Estado, por ejemplo. Un vestido de cóctel (rojo) o un traje de chaqueta (rojo y a lo Merkel) siempre quedarán por debajo, sin pensar mucho.

Angela Merkel tiene muchas, muchas chaquetas rojas .

El segundo truco de las políticas es el «color block»: nada de estampados, color liso brillante, a veces contrastando varios colores. Algunos ejemplos internacionales, y repito con merkel. No estoy segura de si es la «creadora» del estilo pero se la identifica totalmente con él. Le permite también prescindir de abrigo, que es un engorro:

Theresa May (Reino Unido): casi siempre liso, casi siempre colores brillantes.
Cristina Kirchner (Argentina).

Tengo la impresión de que este estilo colorido que también tenemos en España no se da en Francia, donde la ropa es más discreta. No sé si mis hallazgos son casualidad. Personalmente me resulta llamativa la chaqueta rosa de Lagarde, que con su diseño obviamente de Chanel parece decir: «que no cunda el pánico, hoy visto de color pero la prenda vale 5.000 euros».

Christine Lagarde.

No busco dar consejo u opinar sobre si determinadas mujeres visten bien o mal, sino hacer ver que ponerse una prenda u otra siempre es una decisión, es todo consciente, no es fácil, y para el gusto de alguien siempre te vas a equivocar. Va a ser demasiado frívolo, informal, pijo, serio, pasado de moda, demasiado atrevido. Siempre.

Termino con un caso práctico, un desafío. Imagina a una mujer que se ha dedicado a otra cosa, porque no queremos políticos profesionales. No es ni rica ni famosa ni nada parecido. Ahora ocupa un cargo público y sale por televisión muy a menudo. Hasta hace seis meses apenas dedicaba dinero o atención a su vestuario. Tiene 45 años y la talla 46. ¿Qué tiene que tener en el armario para cogerlo sin mirar y que no se le pueda poner una pega?