Como conté en la primera entrada sobre el tema, Los Bridgertons es una serie muy bien documentada, en la que la ambientación se aproxima bastante bien a lo que sabemos sobre el período narrado. Pero más allá de las necesidades narrativas, hay pequeños detalles erróneos, sobre todo porque lo que aparece aún no existía entonces. La serie es muy entretenida y no pretende «educar», pero para quien les gusten este tipo de detalles, aquí lo tenéis: meteduras de pata. Voy a saltarme deliberadamente todo lo relacionado con la familia llegada de la India, porque el resumen es «todo mal», un resumen más amplio es «evidentemente cualquier cosa relacionada con asiáticos en Inglaterra va a ser inventada», y preferiría que ese análisis lo hicieran expertas en literatura postcolonial.

Dos de los muchos vestidos con el mismo escote de este personaje.

Sobre cosas bonitas: Portia Featherington luce vestidos con escote corazón, maravillosamente fuera de lugar pero a quién le importa. No es que fueran demasiado modernos, es que justo esta línea no estaba de moda entonces. Se trata de una época de líneas suaves, en la que la ropa interior no estaba pensada para colocar el pecho tan alto, sujeto y realzado. Este artículo señala que podías tener casi de todo: escote alto, bajo, todas las líneas posibles, pecho aplanado y caído, todo menos esa especie de «efecto Wonderbra», Pero da igual, crean personaje muy bien. Extravagante, sexy, chillona. Perfecto.

Más cosas bonitas menos de mi gusto: los trajes de novia blancos los puso de moda la reina Victoria… que se casó en 1840, 30 años más tarde de la época en la que se desarrolla la serie. No fue la primera en hacerlo, pero desde luego no eran la norma. Habría sido precioso poner un traje de color. Pero bueno, estamos acostumbrados a los vestidos de novia blancos. El de la primera temporada me resultó algo soso.

Los vestidos en general, pero sobre todo los de la segunda temporada, me parecen demasiado lujosos. El problema no es si tal técnica de bordado o las gasas de tal calidad existían en ese período, sino que era cada vez más importante distinguir entre ropa de campo y de ciudad, de noche y de día, de fiesta y de ir de visita. No era solo exhibir lujo, al alcance de cualquier nuevo rico, sino también buen gusto, unos conocimientos de etiqueta más sutiles y difíciles de comprar. Pero la decisión de la serie es usar el vestuario para definir personajes, no eventos.

Por último, sobre moda y complementos, aunque en la Regencia no se llegó a los extremos de luto estricto de la era victoriana, no queda bien que en un luto haya personajes con joyas de color. El luto afectaba a toda la ropa y complementos.

Es decir, algunos anacronismos bastante obvios acerca de la estética están pensados para que todo resulte más espectacular, pero son cuatro cositas de nada.

Por las necesidades de la trama, las mujeres tienen un poco más de autonomía de la que realmente hubo. Por ejemplo, salen en lugares como cafeterías y salones de té, que no se popularizaron hasta un siglo más tarde. Los ricos quedaban en sus casas, y los restaurantes eran más bien para los viajeros. Tampoco queda del todo bien que en una fiesta, una mujer nunca, nunca jamás se desplazaba libremente por la sala. La escoltaba un caballero siempre, especialmente a las solteras, pero vamos, a todas.

En esta línea, hay algo poco realista en los bailes: sí, la gente se disponía en largas filas, o en corro, pero ibas alternando pareja. La fila (o corro) de los hombres se iba desplazando en un sentido, el de las mujeres en otro, y de vez en cuando te volvías a cruzar con el muchacho que te había sacado a bailar. El vals, un poco más tarde, revolucionó los bailes pero para eso todavía faltan algunos años.

Los carnets de baile están estrechamente relacionados con esto. En un baile muy formal con mucha gente que no se conoce, se imprimen tarjetas con el programa musical, que variaba muy poco. También se podía traer hecho de casa, escrito a mano. No se ponían los nombres de las piezas, sino si eran polcas o quadrilles o valses o lo que fuera. Para evitar discusiones entre los caballeros que quisieran bailar con las chicas más populares, los olvidos, que alguna chica se quedara sin bailar, y problemas del estilo, cualquier hombre podía decir a cualquier mujer «resérvame el primero», o la gavota, o dos bailes, o cualquier petición similar. Lo escrito era sagrado y la chica no se podía echar atrás, ya le pidiera bailar un marqués. Esto tiene más sentido en un mundo de bailes íntimos por parejas, es decir, polcas y valses…. que como acabo de explicar, no eran muy populares todavía en torno a 1810.

Más: las mujeres solteras no aceptan regalos de hombres. Que no. Y menos aún cosas de valor. Las casadas los aceptan, pero no en público: un hombre rico que quiera tener un detalle con una amiga casada puede regalar cosas de comer que van directamente a la cocina, por ejemplo. Joyas solo se regalan a la esposa o la prometida. ¿Y al revés? Todavía no había una tradición de regalos de Navidad o cumpleaños, pero era posible tener un detallito, como un objeto de uso personal bordado, una acuarela (como sale en Emma) que de nuevo era casi equivalente a una declaración de amor. Dado que las mujeres «como debe ser» no declaran su amor, esto sugiere una amistad muy íntima. Lo que aparece en la serie son regalos de hombres a mujeres que nunca habrían sido aceptados en la realidad.

Más de la segunda temporada que de la primera, me chirría el personaje absolutamente anacrónico, no en el mundo real sino en la narrativa que Los Bridgerton imita, de la la joven «feminista», culta, respondona, que el narrador no castiga. El ejemplo más antiguo que recuerdo es Jo March en Mujercitas, americana, 1868. El mejor ejemplo inglés es George de Los Cinco, en el siglo XX. Y me chirría porque es un tipo muy americano que además nos quiere dar a entender que las mujeres que molan, las interesantes y listas de verdad, son rebeldes, autoconscientes, «revolucionarias».

Tiene poco sentido en la caracterización de Eloise, por ejemplo, que no sepa bailar o que lo haga muy mal. Puede que no le guste, pero es una de las poquísimas cosas que ha tenido que aprender y la única actividad física que puede realizar con facilidad, eso y pasear.

Y poco más. Sin entrar en si la serie es buena o mala, la verdad es que lo referido a costumbres de la Regencia está muy bien descrito.

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