Niveles que suben y bajan

Aquí estoy, hablando de evaluación educativa y de legislación en pleno julio, pero los temas y el tiempo surgen cuando quieren.

Me pasa hasta si voy a cortarme el pelo: si alguien se entera de que soy profesora, casi seguro que me va a decir que los niños de ahora están peor que nunca, que nadie estudia como estudiábamos nosotros. Los profesores se quejan también de lo mismo, aunque me parece más comprensible porque a los grupos de este año los vives ahora, te hacen trabajar ahora, y los de hace diez años, pues no. Los recuerdos se dulcifican.

Pero tengo tres argumentos, unos más objetivos que otros, para contradecir la clásica idea «la educación va a peor y cada vez hay menos nivel». Pues mira, lo primero es a qué llamamos nivel. Hay una cosa que sé que es verdad: los libros de texto de hace un tiempo X tenían más texto, más riqueza de vocabulario y más profundidad que los actuales. ¿Sabes qué? Las novelas y las películas también. Y no veo a los adultos a mi alrededor leyendo clásicos, más bien mirando Instagram. Si quieres arreglar algo, empieza por ti. Además, ¿es el libro de texto la medida de lo que se hacía en tu clase? ¿La medida de lo que tus compañeros entendían? Yo tuve libros bastante buenos para clases que se dieron por apuntes. O libros que no entendía.

Pero ese no es mi argumento. El primero de ellos es este: llevo quince años de profesora y muy rara vez he tenido padres con un nivel educativo alto. No me refiero solamente al nivel de estudios sino a lo que son capaces de comprender. «Mi hijo tiene esta dificultad y yo no puedo ayudarle» es algo que escucho todas las semanas. Naturalmente, no es trabajo de los padres dar clases de refuerzo por las tardes a sus hijos, pero si un chico está en 3º de ESO y sus padres no entienden lo que tiene que estudiar, ya tenemos una pista de que o no se les enseñó hace veinte años, o se les enseñó de una manera poco significativa y se les ha olvidado. Son muchos los padres y madres que me dicen que no saben nada de inglés. No lo critico en absoluto, cada uno ha vivido las circunstancias que le han tocado. Pero ¿quiénes estudiaban y tenían «buen nivel»?

En segundo lugar, el alumnado extranjero. ¿El sistema educativo español es peor que otros? He tenido alumnado inglés, suizo, ucraniano, rumano, portugués, marroquí, chino, y de muchos países de habla hispana. Es decir, de muchas culturas diferentes. El alumnado latino tiene la ventaja del idioma. Rumanos y portugueses aprenden español, y a veces inglés, a una velocidad y con unas ganas admirables (los demás también aprenden pero estas dos nacionalidades destacan). Ahora bien: nunca tengo alumnos extranjeros que lleguen a España con un nivel superior a los de aquí en las materias que no dependen tanto de la cultura, fundamentalmente las ciencias. Al contrario: cuando los alumnos españoles quieren hacer un intercambio en un país de habla inglesa, da igual si es Estados Unidos, Canadá o Irlanda: siempre cuentan que todo era más fácil, sobre todo ciencias. ¿Ha bajado el nivel impartiendo ciencias en España en veinte años? Puede. Sigue siendo más difícil que en cualquier país del que me hayan hablado. Esto sabemos que se prolonga en la edad adulta porque cuando los españoles emigran, pueden optar a trabajos altamente cualificados y especializados en todo el mundo. Si nuestro sistema educativo fuera en su conjunto malo, no estaríamos exportando médicos e ingenieros.

España, en la media.

Por último, está el tema de qué queremos comparar. El abandono escolar en el año 2000 en España era del 29% y en 2022 era del 13%. La tasa de idoneidad a los 15 años (estar en el curso que te toca por edad) pasó del 57% en 2007 al 75% en 2022 (estadísticas en parte aquí). Dicho al revés: en 2007 en España el 43% de los estudiantes de 15 años habían repetido al menos una vez, y en 2019 eran el, 29%. Ese 57% no es del total de los estudiantes, es de los escolarizados. En ese momento el abandono era del 17%. La repetición de curso es, en primer lugar, una medida carísima (cada estudiante le cuesta al sistema un 10% extra por cada año repetido de educación obligatoria) y está demostrado que es poco eficaz. Solo funciona como amenaza.

Vamos a ver esto a escala. Si tienes cuarenta años y eras un buen estudiante, si en tu promoción de Primaria habíais sido 25 niños (por simplificar), en el año 2000, antes del boom del ladrillo, siete niños habían abandonado antes de terminar la ESO. de los 18 que quedaban, 10 no habíais repetido nunca. 10 de 25 llegaba a la primera a los mínimos exigidos. En 2022, de 25 niños se nos habían perdido por el camino tres en vez de siete. De los 22 que nos quedan, va a curso por año sin ningún problema dieciséis. Se podrá decir «es que ahora tienen menos nivel», y es donde nos topamos con que siempre vamos a tener un problema ideológico: es imposible convencer a algunas personas, porque si los resultados objetivos empeorasen, sería porque «los niños son malos», y si mejoran, es porque «habéis bajado el nivel». Para los críticos, no puede existir una prueba estadística que demuestre que el nivel no empeora con el paso del tiempo.

Aquí mi defensa es también ideológica. He comparado dos clases inventadas de los años 2000 y 2022. En la segunda, hay cuatro que no abandonaron y seis que no repitieron. Esos diez alumnos están mejor en un aula que en ningún otro lugar. Y están mejor trabajando con su grupo de edad que castigados a repetir. Convencer al alumnado con dificultades de que es mejor trabajar hasta donde puedas que no trabajar en absoluto tiene que ser visto, sí o sí, como un logro. Porque la alternativa es abandonarlos nosotros a ellos. Y eso sí que no tiene remedio.

2 comentarios

  1. Con los contenidos siempre está el argumento de que tienen menos, que ya «no estudian cabos, ríos y tal como nosotros»
    Pues la mía mayor tuvo que aprender este año el organigrama de la Unión Europea, que no lo tienen claro ni varios periodistas en Bruselas.

  2. Eso, además, dependiendo de la materia es falso. Y la LOMCE adelantó el año de introducción de muchos contenidos, contribuyendo a su simplificación. Más contenidos en el mismo tiempo significa una enseñanza más superficial.

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