Al tener Filmin, fui siguiendo en cadena les recomendaciones del estilo «si te gusta esta eplícula seguro que esta otra también», algo que dicen que hacen personas y no un algoritmo, y mirando la filmografía de los actores. Así que al final vi todo esto:
- Las invisibles (2018) sobre un centro de día para mujeres sin casa.
- La brigada de la cocina (2022), sobre un centro para menores migrantes.
- Un doctor en la campiña (2016), sobre dicho médico y su sustituta.
- Mentes brillantes (2018), sobre dos chicos haciendo el curso de ingreso a las carreras universitarias sanitarias.
- Y podría añadir solo para contrastar una que vi hace meses, Los iluminados (2019), sobre una familia que entra en una secta ultracatólica.
Todas estas películas eran bastante buenas, razonablemente entretenidas, con actores entre aceptables y excelentes. Me gustó sobretodo Audrey Lamy, protagonista de La brigada de la cocina. El protagonista de Un doctor en la campiña, François Cluzet, es famoso sobre todo por Intocable (2011), que no he visto pero que estoy segura de que encajaría en este tipo de películas. A todas les he visto muchos rasgos en común hasta el punto de ser formulaicas. Son historias bien contadas, por supuesto, ¡si no, no habría visto cuatro! pero me han llamado mucho la atención los rasgos que comparten y en qué se distinguen de la última que señalo.
Para empezar, se presupone un entorno muy urbano hasta el punto de que si estamos en un entorno rural hay que decirlo en el título. La historia de Un doctor… sólo tiene sentido en el campo. Las demás da igual dónde sucedan, pero la ciudad se les presupone. El entorno urbano no es problemático en sí, al contrario, es deseable. El campo es la anomalía, una fuente de conflictos al igual que la mendicidad o una secta.
En las comedias, hay protagonistas cuyo principal conflicto surge de la cabezonería, y con el paso del tiempo se ablandan. Todo el mundo es comprensivo con el cabezota, o por lo menos lo es la gente que le quiere. Esa amabilidad de los demás, o la observación de que hay más necesidades que las suyas, les liman las asperezas para que al final puedan integrarse en la comunidad. Es como si Dr House se volviera simpático. Casi todos los personajes principales de las comedias tienen esta especie de arco de redención: en Las invisibles se trata de las mujeres usuarias del servicio, de una forma coral. En La Brigada, una chef de restaurante de lujo. En El doctor, el médico no quiere tener compañera; ¿qué trabajador no quiere que le quiten peso? Y en Mentes brillantes, el chico que repite por segunda vez (el trepetidor, como dice él mismo), quiere ser médico a costa de su propia salud mental y física. Los iluminados, al no ser una comedia, no participa de esto.
El sistema se cuestiona muy poco, no se cambia, y la lucha es apenas simbólica. El triunfo es apenas la adaptación o la supervivivencia a una normativa social que nunca se intenta cambiar, porque es imposible. No hay una Erin Brokovich que detecte que hay un fraude, no hay una campaña electoral o un juicio. En dos de los cuatro casos, hay actitudes para esquivar la norma que recuerdan un poco a las comedias de Ken Loach (tenéis que ver La parte de los ángeles), o a cine social inglés del tipo de Full Monty: hagamos esta pequeña trampita, hagamos algo creativo y divertido que nos permita seguir adelante a ver si para cuando nos pillen ya es tarde para cambiarlo. Pero son películas profundamente conformistas. ¿Cómo vas a cambiar desde dentro el examen de Selectividad? Pues no. Te adaptas o te hundes.
Esto me lleva al siguiente punto. Son historias de trabajadores y de integración social mediante el trabajo. De nuevo nos acercamos a la escuela británica de cine social: Los trabajadores tienen problemas derivados del trabajo, los pobres tienen problemas que les conducena la exclusión social, y las historias sobre sentimientos y humanidad las tienen los ricos. Iluminados se sale de aquí, porque no es una comedia. Una contable en paro mete a toda su familia en la secta que le ha dado trabajo para que les lleve las cuentas, y la historia que vemos es la de los niños, desde el punto de vista de la hija adolescente.
Esta última película muestra que en Francia son capaces de hacer un cine de temática social que se salga de la formulita mostrada, eso sí, aunque no sea comedia. Los niños no son víctimas del sistema sino que son rescatados por su hermana mayor. No se ven las intervenciones de los servicios sociales o el sistema educativo aunque podemos intuirlas.
Todo esto da una imagen de un país que diagnostica y expone sus problemas pero se paraliza a la hora de resolverlos. El sistema es el que es y ni en sueños vamos a cambiarlo, así que ya puedes ir adaptándote. Sonríe, trabaja duro, y verás como el apoyo de tus amigos te saca del lío. Un poco ñoño, aunque se puede disfrutar como una forma más de escapismo.
«Los trabajadores tienen problemas derivados del trabajo, los pobres tienen problemas que les conducena la exclusión social, y las historias sobre sentimientos y humanidad las tienen los ricos.» Me ha gustado mucho esto que has dicho. Cers que esto se extrapola a cine de otros países?
Gracias por tu comentario. No estoy segura, la verdad. Lo que estoy viendo de cine francés está un poco en la línea del británico en lo que respecta a las comedias. En el cine español casi todo el mundo tiene algún tipo de trabajo «normal». A Almodóvar le da igual hablar de ricos o pobres, por ejemplo. Sin embargo mucha gente ha aprendido a hacer drama en la «escuela Ken Loach».