No hay literatura que hable de ir con bolsas de la compra y que tu hijo se siente en el poyete de un escaparate, por lo que es un poco más alto que tú, y te abraza muy fuerte pero tú no puedes corresponderle porque tienes las manos llenas de bolsas. Así que te dejas abrazar y hundes la cabeza en su cuello y quiere que te apoyes tú en él, y por primera vez en la vida, casi se puede.
Qué bonito. Un momento mágico dentro de la dura rutina de los cuidados.