Sororidad

Ni siquiera tenemos una definición satisfactoria de la sororidad, y mira que es fácil, porque esta vez el diccionario de la RAE lo deja muy claro.

1. f. Amistad o afecto entre mujeres.

2. f. Relación de solidaridad entre las mujeres, especialmente en la lucha por su empoderamiento.

La amistad y el afecto nunca son un imperativo. No se las debes a nadie, ni por ser ambas mujeres, ni tal vez por ser feministas o compañeras en alguna otra causa común. La sororidad no es más que el nombre que damos a la amistad de las mujeres. Nadie se espanta de que tengamos una palabra especial para las nueras, las reinas o la maternidad.

La sororidad debe ser nombrada porque nos dijeron que las mujeres son traicioneras. Porque nos dijeron que un niño malo, pase, pero que una niña mala es retorcida, es insoportable. Que las niñas siempre son peores porque guardan rencor.

La sororidad es quedar a desayunar porque no hay tiempo para más.

Es enviar por correo ropa usada de niño. Paquete internacional si hace falta. Son los wasaps de audio y las llamadas de teléfono a medianoche. Es contar y escuchar cosas sobre sexo, familia y dinero de las que te dijeron que «de eso no se habla».

La sororidad es reconocer un dolor o una felicidad similares a las tuyas en la experiencia de la mujer que creías distinta a ti.

La sororidad es llevar en el bolso pañuelos y compresas que no necesitas en ese momento. Es tener un tubo de crema de manos a compartir entre varias, en el trabajo. Es saludar a mujeres que trabajan en el mismo edificio y saber cómo se llaman sus niños. Es sorprenderte cuando ves la diferencia entre tus conversaciones de café y las de los hombres.

La sororidad es decirle a tu amiga que ese tío es gilipollas. Es decirle a tu amiga que ese familiar cercano, sí, esa madre o ese hermano, son gilipollas. Es saber cuándo «Amiga, date cuenta» es comedia, tragedia o terror.

Os quiero, amigas mías.

Más sobre el sueño infantil: Estivill y por qué los "métodos" tienen trampa.

Disclaimer: esto no es una guía para dormir bebés. Es solo una crítica a todos los manuales para dormir niños, empezando por un estilo. Todos son autoayuda, y como todos los manuales de autoayuda, son mentirosos, simplificadores y manipuladores.

Cuando mi hijo tenía unos seis meses, escribí un post sobre el sueño de los bebés. Ahora que cumple tres años, aquí va un poco más sobre los problemas de sueño que nos podemos encontrar y por qué ningún método de libro funciona, Estivill menos que ninguno.

Lo único que casi todos tenemos claro es que nos beneficiamos de tener rutina, y los niños más, porque aún no han aprendido a razonar las cosas. Hay al menos un autor que dice que no, utilizando analogías chapuceras respecto a los adultos: como tú no haces lo mismo un martes y un sábado, en febrero y el agosto, pues que los niños no «necesitan» rutina. Eso lo he leído yo en libros que me dolió pagar. Me he deshecho de ellos así que no puedo citar libro y página, pero si buscas «Carlos González rutina niños» en internet, leerás que las rutinas no son ni buenas ni malas. Eso es entre mentira y una manipulación de la verdad, y no es la opinión mayoritaria. Otra experta, Rosa Jové, sí dice en su libro que las rutinas son buenas, no para inducir al sueño sino para crear un ambiente agradable, para comprobar qué funciona con un niño concreto. A todos nos reduce el estrés que la vida sea previsible, y un niño de dos años no sabe qué cosa es un miércoles y si eso se come. Por caótico que sea el niño o su familia, ayuda que todo ocurra en un orden y más o menos a la misma hora: el baño, la cena, el cuento, a dormir. Te das cuenta de que se lo pide el cuerpo.

Si no has leído ningún libro sobre crianza, tal vez no sepas que tienes dos opciones en los extremos y nada en medio: una es acompañar al niño en su cama o en la tuya, donde él quiera y como él quiera, y la otra en España se conoce como «método Estivill» y en el resto del mundo como Ferber por el médico que se lo inventó. La idea es que los niños duermen bien o mal por cómo los has habituado, y que si los duermes acompañándolos no van a saber hacerlo de otra manera. Sobre todo, si se despiertan de madrugada van a esperar el mismo grado de dedicación que a las nueve de la noche, porque los has condicionado a que si no estás tú, no se duermen, como si fueras su almohada favorita. La solución es que la única manera de dormir a los niños y bebés es dejarlos en su cama, en su cuarto, y largarte hasta la mañana siguiente, da igual que lloren, chillen o prendan fuego a las cortinas.

Es fácil de formular. Norma número 1: no dejes que el niño se duerma NUNCA en un sitio distinto de su cuna o cama, fuera de tu habitación.

Norma número 2: No acudas a ver por qué llora. Consuélalo desde la puerta del cuarto. Se dormirá tarde o temprano. Aprenderá a no llamarte.

Al principio este método se defendía desde el nacimiento o casi, y ahora desde los seis meses. No quiero entrar en la parte ética (dicen que el niño no sufre secuelas al llorar y a mí me da igual si no crea un trauma: en ese momento el niño sí sufre). La primera norma, como cualquiera que ha tenido a un bebé muy pequeño puede comprobar, es de cumplimiento casi imposible. Se te va a dormir en brazos porque es pequeñín y está a gusto. Decir que «no es capaz de dormir en la cuna porque lo coges» es decir «no sabe saltar a la pata coja porque lo coges». Es decir, si es de sueño fácil se dormirá donde pille, y si es de sueño difícil, vete a saber. Podría decirse «intenta acostumbrar al bebé a que en su cuna se está a gusto. Quédate cerca para que te huela, tócalo». Pero decir «depende» no vende libros, y una base de este método es que el niño duerma lejos de su madre.

Además, algunos recién nacidos no son capaces de dormirse tumbados porque tienen cólico o reflujo y les duele. No es buena idea dormirlos en una sillita o cuco, porque no sostienen la cabeza. Es un fastidio, para ellos y para quien los cuida. No hay más solución que esperar a que maduren un poco y el problema digestivo se resuelva solo, o cambiar de marca de leche si toman biberón, o cambiar la dieta de la madre si toman teta, porque algunos alimentos les pueden sentar mal de esa manera indirecta.

Ya que estoy hablando de la teta, añado: dar de mamar por la noche suele ser incompatible con tener el niño en otra habitación, o lejos de la madre, o incluso en la cuna. Muchas veces, lo que ayuda a mantener la lactancia, o a hacértela más llevadera, es lo contrario de lo que viene en cualquier método que venga en un libro. A la porra las reglas, todas ellas. Haz lo que más os compense a ti y al bebé.

Por otra parte, el método del «ahí te pudras» no tiene en cuenta que un niño que llora de noche a lo mejor quiere algo que le negarías, como dormir en la cama de otra persona, jugar, o levantarse porque cree que es de día, pero tal vez, igual que te pasa a ti, tiene hambre o le duele algo. Es una temeridad no acudir a la llamada de un niño. Lo práctico sería decir «si llora de noche, comprueba si no se ha hecho daño, que no está mojado, consuélalo, dale de comer si es lo que pide, y dile que cada uno duerme en su camita y que hasta mañana. Entonces te vas». Pero «depende» no vende libros, y el método insiste en que no entres en el cuarto. Como mucho, desde la puerta. Mi matrona, en las clases de educación maternal, nos explicaba que con un bebé que llora, si todo lo demás falla, debíamos desnudarlo y mirar si se le había enredado en un dedito un pelo nuestro, o un hilo de la ropa. Estivill pensando que tienes un pequeño manipulador, y la criatura con un dedo atado.

Por último, todas las estiviladas que te hayan contado dejan de funcionar cuando el niño no duerme en una cuna. Si se siente solo o se aburre, saldrá de la cama y te buscará por la casa. Puedes pelearte con él para que vuelva a su cama, o acompañarlo. Tú verás. Puedes ser muy firme y acostumbrarlo a que no, no se puede quedar en el salón, aunque diga que tiene sueño, ahora hay que dormir. Pero eso no significa que te vaya a hacer caso.

Nosotros experimentamos lo que yo llamé bromeando «el estivill flojito» a los 12 meses, porque el bebé se había acostumbrado a dormir en un carrito y queríamos que durmiera en la cuna, en nuestra habitación. Lo consolábamos en brazos o lo metíamos en la cuna, pero no podía estar en otro sitio. «Consolarlo sí, dormirlo no, a la gente no se la duerme, se duermen solos cuando tienen sueño» ha sido un poco el lema en casa. Tardamos varios días, pero acabó por funcionar. No había más remedio, de la cuna no podía salirse, acababa por vencerlo el agotamiento. Ahora, cuando se despierta de madrugada, quiere venir a nuestra cama, y se lo impedimos no porque Dormir Con Mamá Está Mal, sino porque no cabemos bien y yo no duermo. Si lo intenta cerca de la hora de despertarme, me da igual y lo dejo. Una vez más, la respuesta a si dejar que un niño duerma en tu cama es «depende».

Lo que veo, y con esto concluyo, es que el método estándar de moda dice que el niño me necesita, que es normal que un niño duerma poco e interrumpido, que debe dormir donde y cuando quiera. El método de moda me dice, hablando claro, «jódete, pues claro que te vas a pasar unos años sin dormir, haberte comprado un cactus». El Estivill propone cosas falsas como que si dejo a un niño dentro de su cama, se quedará quieto dentro de ella, aunque sea llorando. El método estándar desprecia las necesidades de las madres, pero al menos no nos miente.

Modos de lectura; o cómo recuperar el hábito.

Los medios de comunicación nos dicen a menudo (por si se nos olvida) que estamos perdiendo capacidad de concentración o de atención, si es que son cosas diferentes. Algunas madres amigas mías, que eran aficionadas a la lectura, no leen como antes por una mezcla de falta de tiempo y de adquirir aficiones que compiten con la lectura de libros. Destaca leer desde el móvil: redes sociales, mensajería instantánea… Desde mi experiencia de haber perdido el hábito lector y haberlo recuperado varias veces en la vida por causas muy diferentes, aquí dejo algunas ideas para ayudar a que vuelva.

En primer lugar, ¿qué es la atención? Voy a parafrasear a Héctor Ruiz Martín, a quien podéis leer aquí. Os lo recomiendo, tiene muchísima información en un formato ameno. Este profesor habla de la «memoria de trabajo», que es «el espacio mental» ocupado en una tarea determinada en un momento determinado. Ahora me estás leyendo, por ejemplo. La memoria de trabajo no es multitarea: si estás, por ejemplo, leyendo y a la vez viendo la televisión, tu atención pasará con una velocidad variable de una cosa a la otra, como haciendo zapping. Podrás hacer las dos tareas mejor o peor, pero nunca tan bien o tan rápido como harías primero una y luego otra. Lo que nos ocurre cuando nos cuesta mucho leer (y estoy simplificando un montón) es que tenemos poco control sobre qué está en la memoria de trabajo. Estamos leyendo y la mente «se nos va». El nombre técnico de la capacidad de no dejarnos distraer, si queréis rebuscar en el twitter de Héctor, es «control inhibitorio».

La excepción a la imposibilidad de trabajar en varias cosas a la vez son las tareas que tenemos muy automatizadas. Puedes hablar, mascar chile y caminar a la vez. En la lectura, hay una parte automatizada, que es el reconocimiento de las letras, el nivel más elemental (y sobre niveles de lectura tengo que hacer otra entrada).

Es decir: tienes automatizado leer y esa capacidad no se pierde, sólo has perdido la costumbre de leer un determinado tipo de texto y de no intentar hacer varias cosas a la vez. En mi experiencia, desarrollamos diversos modos de lectura según la ocasión, que no están basados en la longitud o dificultad del texto tanto como en nuestra intención.

  1. Buscar información específica. La «lectura en diagonal» buscando un dato. Imagina buscar tu nombre en una lista de premiados.
  2. Leer de forma rápida y superficial, generalmente por entretenimiento o para conocer el tema general de un texto o colección de textos. En papel, sería la lectura de prensa del corazón, de titulares de prensa, la relectura de una novela ligera. Casi toda la lectura que hacemos online es de este tipo. Cuando leemos estados de facebook, los comentarios a una foto de Instagram, una noticia sobre un tema que ya conocemos… podemos leer mucho tiempo seguido así, y podemos interrumpir en cualquier momento porque el texto es muy fácil o es una colección de textos muy breves.
  3. Lectura selectiva cuando estudiamos o necesitamos seguir unas instrucciones. Es la técnica que nos hace falta cuando queremos resumir o subrayar, cuando unas partes nos resultan familiares y otras no. También es la que necesitamos cuando somos investigadores (yo lo aprendí con la tesis) y estamos buscando en textos largos información que no es particularmente relevante. Es similar al primer modo, pero en textos complejos en los que nuestra tarea incluye comprender además de seleccionar.
  4. Leer poesía, sobre todo lírica, tiene su propia técnica porque es una lectura especializada de textos breves.
  5. Estudiar: una lectura que busca la memorización de textos normalmente largos.
  6. Leer por placer textos largos. Esta es la madre del cordero: fíjate que el problema no es hacer la misma tarea mucho rato seguido (seguro que puedes pasarte una hora leyendo titulares, tweets, estados de facebook), es que según vas leyendo, no puedas cambiar de tema porque si no, pierdes el hilo. A mí me pasó algo diferente cuando opositaba: perdí el placer de la lectura, porque como todo lo que leía eran temas de oposición (textos escritos por mí, muy cohesionados y de entre 2000 y 3500 palabras), se me fue la capacidad de leer sin concentrarme. Era como olvidarme de cómo se anda sin tacones altos.

Antes leías con una variedad de técnicas y has perdido alguna de ellas. Pero como se fue, puede volver. Y ahora, ya sí, los consejos.

  1. Busca momentos concretos para leer. No tiene por qué ser todos los días, pero sí que sea en las mismas circunstancias. Ayuda a leer más. Antes de nacer mi hijo, esos momentos eran el desayuno y el verano. Si te acostumbras a leer en un momento donde ahora coges el móvil o lo consideras un tiempo muerto, antes de que te des cuenta te habrás acabado un libro.
  2. Acostúmbrate a leer en ambientes con distracciones. El móvil o la televisión tienen una influencia demasiado poderosa, pero si tienes muchas obligaciones o un niño pequeño y esperas a disfrutar de un ambiente silencioso y apartado, no empezarás nunca. Puedes leer en el transporte público, en cafeterías, en el parque, en casa mientras el niño juega. Si puedes estar medio pendiente de varias pantallas de navegador a la vez, si puedes mantener a la vez varias conversaciones de Whatsapp, puedes leer mientras otros hacen ruido.
  3. Cambia de libro tan a menudo como lo necesites. Alterna entre varios y abandona los que no te enganchen.
  4. Busca lecturas ligeras o que sean naturalmente «fraccionarias». Algunas de las que he probado yo son libros infantiles, cuentos cortos, antologías de ensayo, y cómic. También puede servir la relectura.
  5. No tengas miedo a leer poesía. Una de sus ventajas es que los textos suelen ser breves.
  6. Haz listas. Digital o en papel, apunta lo que vas leyendo. A lo mejor es más de lo que piensas.

Lo que a mí me ocurrió es que cuando se me acabó la baja maternal, pensé que podía empezar un libro corto y leer mientras desayunaba, como siempre. Fue imposible y no he vuelto a leer desayunando con la misma regularidad, porque repasaba con el móvil los mensajes que no había contestado el día anterior, o simplemente no me concentraba, el libro no me apetecía. Tarde cuatro meses en leer 150 páginas, porque me atasqué en una escena, un poco porque era tan bello, tan triste, tan poético todo que mi cabecita posparto no se veía capaz de hacerle justicia como lectora. Ahora pienso que podría haber saltado tres páginas o cambiar de libro.

El año siguiente, según Goodreads leí 37 libros. ¿Dónde está el truco? En diversificar. Trece eran audiolibros. De los 24 restantes, ya ves qué cosa, dos al mes, solo ocho eran largos y unificados (novelas, biografía). Los dieciséis restantes, una combinación de infantiles cortos, poesía, cómic, cuento… Yo necesitaba recuperar el hábito, y para mejorar la confianza en que podría hacerlo, quería aumentar la cantidad de libros y leer lo más deprisa posible. En 2019, parecido. 47 libros, solo ocho que respondieran a la idea de «libro» que tienes en la cabeza: un texto ininterrumpido de más de 200 páginas. Este año, quiero aprovechar la necesidad de leer de forma interrumpida para leer el texto fragmentario más largo y más clásico que conozco: la Biblia. Por qué no, es otra mitología más.

Espero que estos consejos te sean útiles. Feliz lectura.

Qué he leído en 2019

Un estante con cómics, ordenados por tamaño y no por tema u orden alfabético porque si estuvieran bien colocados, no cabrían.

Este año ha sido una mejora en cantidad respecto al pasado, de 32 libros a 47 nada menos, y eso que los audiolibros han pasado de catorce a solo cuatro. Lo que no mejora es mi propósito de reducir la cantidad de libros pendientes, no porque haya comprado muchos (37) sino porque he leído mayoritariamente libros prestados. Sí, con todo lo que tengo en casa, qué le vamos a hacer, tenemos esas incongruencias.

Participé en un solo reto que no necesitaba mucho en cuanto a compras nuevas, el #LeoOrgullo, del que hice entrada en verano. Y he descubierto maravillas de la editorial Cerbero, de la que destaco el pequeño cuento casi infantil La Ladrona de Tomates, perfecto para una lectura en la playa.

A ver qué he leído: Como siempre, procuro que cada lectura sea lo más distinta posible que la anterior, si he leído una novela lo siguiente es un ensayo, y así. Sin embargo este año ha habido más más literatura de evasión (la suma de fantasía, terror y ciencia ficción antes se llamaba así y voy a recuperar la etiqueta porque PUEDO) porque me interesaban algunas novedades. He leído:

  • Diez novelas,
  • siete cuentos o recopilaciones de cuentos,
  • seis ensayos,
  • trece cómics,
  • cuatro poemarios,
  • tres biografías,
  • tres infantiles,
  • y una obra de teatro.
  • 24 libros escritos por hombres,
  • 20 libros escritos por mujeres.
  • Sólo tres autores repetidos: Javier fernández Panadero, Neil Gaiman y Arthur Conan Doyle. Qué trío, madre.
  • Sólo 18 libros de 16 autores que ya conociera antes de empezar el año. Lo de ampliar horizontes lo llevamos bien.
  • Varias novedades (para mí) que me han emocionado o me han gustado con locura: La hoguera de las vanidades de Wolfe, La Casa de Daniel Torres (una historia de la vivienda en forma de cómic), Debut de Christina Rosenvinge, Los Huéspedes de pago de Sarah Waters, Rialto 11 de Belén Rubiano.
  • Libros que me han decepcionado muchísimo, entre los que puedo mencinar Invisible Women de Caroline Criado-Pérez.

Y esto es todo. Ojalá pueda mantener un buen ritmo de lectura el año que viene, no ya por leer muchos libros sino por disfrutar de todo lo que tengo ahí quietecito esperando en las estanterías.

Día de las escritoras

El lunes más cercano al 15 de octubre, día de Teresa de Ávila, es el Día de las Escritoras, por una iniciativa de la Biblioteca Nacional. Me pregunto si también es el día de las escritoras que han dejado de escribir. Y es que es el día de muchos tipos de escritoras.

Día de las escritoras que no creen ser lo bastante buenas.

Día de las escritoras con tres manuscritos sin publicar.

Día de las escritoras de diarios en forma de notitas. Día de las escritoras de hilos de tuiter, de cuentos para sus hijos, de cartas, que no se consideran escritoras.

Día de las escritoras de un libro firmado por otro. Día de la publicación con seudónimo o con iniciales.

Día de las escritoras que escriben Juvenil porque «las mujeres no escriben fantasía ni ciencia ficción».

Día de las escritoras que escriben cuando el niño se ha dormido.

Día de la única escritora reconocida de su estilo, país o generación. Día de la Pitufina.

Día de «es demasiado personal», «es demasiado corto», «es demasiado pesado» «es demasiado específico» y «lo escribí hace demasiado tiempo».

Día de que el género literario que te interesa no sea ni prestigioso ni comercial. Y es cosa individual tuya, por supuesto.

Día de no conseguir publicar. Día de publicar y que no te hagan promoción. Día de que la editorial no te promocione y la crítica no te haga caso. Día de ser una adelantada a tu tiempo y de haber nacido una generación demasiado tarde.

Feliz día a todas.

Diarios de crianza, el eterno borrador.

Mi escritorio tal como está ahora mismo, sin tocar nada. Sí, eso es un limón. El cuaderno estampado del centro es un diario de crianza semiabandonado.

Te quedas embarazada o tienes tu primer hijo, y si eres una lectora voraz o te gusta mucho el cine y las series, te preguntas «¿pero por qué nadie cuenta bien todo esto?» Piensas que en la vida te habías sentido así, que no quieres olvidarlo, hay que atrapar el momento, y te animas a hacer un diario.

Tardas en escoger un cuaderno de papel y nunca está a mano, quieres hacer dibujitos o un álbum de recortes y lo actualizas rara vez, lo empiezas a ordenador por la inmediatez que supone y te arrepientes porque no es tán portátil como ese cuaderno que desdeñaste. Al final tienes dos y piensas que ya juntarás toda la información cuando pases a limpio. Compras un cuaderno especial para este menester y se te olvida después de veinte páginas y dos meses.

Cuando empiezas, no sabes si escribir para ti, e incluir todo lo malo porque quieres que permanezca, que conste, que lo lean tus amigas; o para tus hijos, y no poner casi nada sobre ti porque no se trata de eso y no crees que sea lo que les va a interesar. Necesitas poner por escrito sentimientos únicos y todas las cosas preciosas o divertidísimas que ha hecho tu nenito. Al final son frases escuetas y lenguaje simple para hablar de si hoy fuimos al parque o te caíste, de si hiciste cualquier cosa por primera vez, algo que palidece al lado de la magnífica, exuberante realidad. Como en la agenda de 1969 de la madre de Mauro Entrialgo, te queda un «hoy el niño tuvo fiebre. El hombre ha llegado a la luna».

Pero sigues. A veces escribes, otras te pasas meses sin coger el dichoso cuaderno. Haces una ensalada de pronombres porque a veces le hablas a la criatura, a veces es tu diario y a veces no se sabe por qué escribes en tercera persona, para la posteridad. Usas whatsapps a la abuela y las fotos del móvil para rellenar los huecos de tu memoria. Otras veces dices «que salga como sea, pero esto yo lo escribo» y ahí que te pones. Y es maravilloso cuando se cuenta con ayuda. Del padre que duerme al niño para que aproveches ese ratito. De la amiga que lo lee y te dice que le gusta. De alguien como el Hematocrítico, que publica un cuaderno para niños que funciona genial para que escriban los adultos de sus vidas. Este verano he conseguido escribir algo sobre el verano de mi niño casi todos los días. No es una obra literaria, pero a él le quedará para saber cuál era su película favorita y con quién jugaba el verano de sus dos años. Gracias, Miguel Ángel. Qué regalazo.

Una entrada cualquiera (esta es de las más breves) del diario de verano, 2019.

Panteón.


Nos asiste la Santísima Trinidad
de la almendra, la grasa y el cacao.
Su sustento continuo, su cíclico consuelo.
La fuerza de las hermanas mayores
y los bajistas
que dan ritmo y forma a los días,
Los amaneceres.
La búsqueda del único hombre bueno.
Lo que sueñan los bebés dormidos,
Lucien,
Jane Austen,
un buen plato de lentejas.

Hipogalactia, lactancia mixta, y otras cosas que no existen.

En las clases de preparación al parto me lo dijeron bien claro: no existe la «leche materna de mala calidad». Me hablaron de buena parte de los problemas que pueden surgir en una lactancia exitosa, y hala, a casa. Leí algún libro, popular y prestigioso, que explicaba que por razones evolutivas las madres que no dieran leche verían morir a sus hijos por lo que «el gen de tener poca o ninguna leche» desaparecería por selección natural (si ves el fallo de este argumento tan bonito, premio para ti).  No existe el «no tengo suficiente leche», me dijeron. Así que iba yo tan contenta, algo preocupada por si dolería, por el enganche, pero ya está. Y luego resultó que no. Que lo que nadie decía claramente, ni muchísimo menos al principio de la discusión, es esto: existe la baja producción de leche materna, temporal o permanente.

Algunas causas de hipogalactia.

Se llama hipogalactia, es bastante rara, y puede tener que ver con problemas «externos», como la técnica al dar el pecho, aunque también puede ser que sea una circunstancia de la madre. Una causa posible de esto último es el hipotiroidismo, que no es tan raro. Otra es tener poco tejido mamario, que no tiene nada que ver con tener poco pecho. Hay pechos pequeños con una cantidad adecuada de tejido mamario; los pechos con este problema tienen forma cónica o casi «tubular»,
Extraído de la web de una clínica de estética. 
De Alba Lactancia Materna.
Indico esto para descartar el «pecho pequeño» sin más. Con el pecho pequeño se puede dar de mamar. Resumiendo: hay causas de base, características de la madre, que te tienes que comer con patatas. Las puedes mitigar con diversas medidas, así que si ya embarazada ysabes que tienes una de estas circunstancias, puedes ir previniendo los problemas y buscando soluciones. Tranquilamente, pero preparada. El enlace de Alba de arriba es útil.
Ahora veamos causas que no son las condiciones previas de la madre. En primer lugar, las circunstancias del nacimiento. El parto inducido, la cesárea, y la separación de la madre y el recién nacido dificultan la producción del cóctel hormonal que provoca la subida de la leche. Cuando no puede haber parto natural, la manera de mitigar esto es darle el bebé a la madre lo antes posible y que mame a menudo. Cógelo antes de que llore y pida. Y no tengas miedo: retrasar el contacto inmediato tras un parto natural no significa que no vayas a tener leche. Han dado el pecho madres adoptivas, incluso. Solo quiere decir que tal vez haya dificultades al principio.
En segundo lugar, tenemos la «subida de la leche tardía». Al principio no hay leche, hay calostro, luego leche de transición y luego leche madura. El resultado cada vez tiene más calorías. La «subida de la leche» suele producirse entre 1 y 3 días después del parto… menos cuando no. Yo noté sensación de «aaaah, ESTO era la subida» cuando el niño tenía tres semanas. Es decir, a lo mejor la primera semana parece que no tienes leche, el niño no coge peso, todo parecen problemas, y en unos días BOOM. En serio, si tienes tiempo de amamantar, ganas, y ayuda, y tu único problema es que parece que no tienes leche, espera unas semanas.

Pero, ¿cómo sabes que está mamando lo suficiente?

Los recién nacidos pasan muchísimo tiempo al pecho, y a veces lloran sin que sepamos por qué. Así que empiezo por descartar.
Pistas que NO sirven para saber si tienes leche o no. Repito: te las van a sugerir, y engañan.

  • El bebé quiere estar mucho tiempo al pecho.
  • Quiere estar muchas veces al pecho.
  • No hace caca.
  • Llora mucho.
  • Llora más o parece más nervioso cuando lo coges tú. Se impacienta y rechaza el pecho.
  • Con el sacaleches sale poco.

Sobre lo primero no te puedo decir gran cosa; mi bebé era lento. Cada uno tiene su ritmo. Del segundo hablé un poco en una entrada más general: es lo normal, también con biberón. Sobre las cacas, hay bebés que hacen poca y no muy a menudo y otros que son más efusivos. Se dice que hacen poca porque de la leche materna lo aprovechan todo. Sobre que lloren, pide consejo. Y la pista falsa del bebé que te rechaza o llora te la explican en Alba Lactancia Materna. Son las «crisis» o picos de demanda. Resumo: la lactancia exitosa con leche «de sobra» no es fácil, y siempre está el riesgo de confundir cualquiera de sus muchas dificultades con «poca leche».
(Del sacaleches hablamos luego).
Entonces, ¿cómo sabes que tu bebé no está bien alimentado? Fundamentalmente por el peso. Los recién nacidos pierden hasta un 10% de su peso al nacer en unos días, y luego lo recuperan. Si pierde más de un 10% en una semana, algo va mal. Debería recuperar el peso que tenía al nacer en un mes como mucho. A lo mejor tienes un bebé menudito que coge peso con dificultad, así que paciencia, pero este es el signo más objetivo. Otras pistas (algunas están aquí y otras me las dijo mi comadrona):

  • Después de una toma está nervioso, irritable, o llorón.
  • Hace poco pipí. Debería mojar media docena de pañales al día.
  • Siempre tiene sueño, tienes que despertarlo para que mame (está en modo ahorro de energía, el pobre; esto le pasaba al mío).
  • Su llanto es más como un gemido largo y débil.
  • Tiene la piel seca o escamosa, parece deshidratado.

Por contra, un bebé bien alimentado está contento después de mamar, si llora lo hace con energía y se va poniendo gordito o por lo menos con piel suave y rosita.
Mi experiencia fue: en el hospital, me indujeron, no funcionó, me hicieron una cesárea y cuando en un par de horas me dieron al bebé, enganchó bien. Desde el principio fue lento mamando, y muy dormilón. Al tercer o cuarto día, ya en casa, empezó a llorar inconsolable  entre quitármelo del pecho y que se quedara dormido. Cada toma podía durar una hora. El  quinto día de vida la matrona lo vio; lloraba sin parar, creo que recién amamantado. Atribuimos el llanto a cualquier otra cosa. Al octavo día de vida vi que había perdido el 20% de su peso.

Algunas soluciones para mejorar la producción de leche materna.

A partir de ahora, ¿qué hacemos para solucionar esto? Primero y muy importante: si para ti es muy importante dar el pecho y tu bebé no está cogiendo peso, no está todo perdido. Tienes que tener en cuenta que el problema puede ser temporal, circunstancial, debido a un mal acople, al uso de pezoneras, a que la leche te va a «subir» tarde. Tú no «tienes poca leche», como que ya has nacido así, porque la producción se puede modular. Puede reducirse, y puede aumentar (*). Vamos a ver cómo conseguirlo.
Medida número uno: el enganche y el dolor. La producción de leche depende de la estimulación y para que ésta se produzca, la boca del bebé debe estar bien agarrada. Eso significa bien abierta. Si te duele, quiere decir que el niño no tiene la boca en la mejor postura, y si eso ocurre, no estás produciendo leche de la mejor manera posible. De los muchos vídeos que hay en Youtube te dejo uno que me ha parecido claro aunque esté en inglés:

Y te recomiendo muchísimo este hilo de Nyita en Twitter.

Segunda cuestión: las pezoneras. Si ya las usas, intenta prescindir de ellas, por la misma razón que ya te he dicho: el roce directo del pezón y la areola es lo que produce la leche, y con este chisme, vas a producir menos leche, o menos densa.

En algunos hospitales te las sugieren enseguida, para prevenir las grietas o por si tus pezones no son largos y grandes. Habrá a quien le vayan bien, pero estorban más que ayudan.  A lo mejor puedes empezar con ellas para ir aprendiendo, como con una bici con ruedines, y quitarlas si ves que no os van bien.

Tercera solución: sobreestimular, con tomas frecuentes o con sacaleches. Una explicación super rápida de cómo funciona la producción de leche: al principio de la toma, la leche es más ligera y dulce, y al final es más grasa y por lo tanto engorda más. Por eso no debemos interrumpir al niño, sino que mame lo que quiera. Lo que aumenta la producción no es una toma larga sino que sean frecuentes. Cuando la criatura está al pecho una hora entera te parecerá que «larga» y «frecuente» es incompatible y no hay horas en el día, y al principio algo de verdad es. Otro factor a tener en cuenta es que la leche tiene una proteína que inhibe la producción, con lo que si tu recién nacido no te deja el pecho vacío, estamos enviando un mensaje de «gracias, la próxima vez haz menos cantidad».

Para mantener el pecho estimulado la solución más directa es coger al niño, y hala. Mínimo cada dos horas. Pero suponte que no es posible, o que no es lo bastante rápido, o cualquier otra razón, como que tu bebé duerme tres o cuatro horitas y no hay quien lo despierte, o que uno de los dos está ingresado. Lo que sea. Aquí es cuando te viene bien un sacaleches. En Alba Lactancia Materna lo explican con detalle y yo aquí solo te resumo mi experiencia. Necesitas ayuda doméstica porque entre alimentar al bebé si está contigo,sacarte leche y limpiar el aparato vas a estar ocupada casi todo el día. Encarga comida para llevar, o que cocine otro. Y durante dos días y una noche como mínimo, tres días y dos noches como máximo, extrae leche 5 minutos de cada pecho cada hora. De noche, deja pasar como mucho cuatro horas. «5 minutos cada hora» en realidad es un momento para montar el trasto, 5 minutos cada pecho, y el tiempo de lavarlo: 20 minutos de cada hora. Búscate una buena serie o película, un sacaleches de muy buena calidad y silencioso, y hazte a la idea de pasar esos dos días tirada en el sofá. Es duro, y es imprescindible estar acompañada, pero puedes doblar o triplicar la producción. A mí me la alargó un mes en una lactancia muy problemática.

Tu otra opción con el sacaleches es que en momentos tranquilos del día hagas una extracción breve para asegurarte de que tienes el pecho vacío. Yo lo hice en ocasiones como después de una toma, con el niño dormido de puro cansancio; antes de acostarme por la noche, para irme a la cama cómoda; cuando el bebé empezó a rechazar el pecho en serio.

No calcules cuánta leche produces a partir de cuánto sale del sacaleches. Es menos efectivo succionando que el niño, siempre, y esto también es así cuando se fabrica leche de sobra.

¿Y las «ayuditas»? ¿Le doy un biberón?

  • Todos los de llevar encima biberones, polvitos, refrigerar leche materna, etc. Es engorroso. Y lento, porque no es buena idea recortar del tiempo que el niño pasa al pecho. Para mí, una toma no bajaba de una hora (pecho, biberón, a veces después sacaleches).
  • Es más fácil tomar biberón que mamar. Es menos cansado. Existe el riesgo de que rechacen el pecho. Una manera de evitar esto es darles la leche con cucharita o con una jeringa. Yo usé cucharita. Da un poco de pena verterla gota a gota por los labios de esa boquita… aquí hay una buena explicación de la técnica de la jeringa.
  • Si dejas al niño muy lleno, tardará más en volver a pedir, y si quieres que la lactancia mixta sea solo una medida transitoria, tiene que mamar tan a menudo como sea posible. Yo para paliar esto le daba con interrupciones, lo justito para que dejara de llorar.

Si tu intención es usar la lactancia mixta o suplementada como un apoyo puntual y librarte de ella cuanto antes, nunca la uses en lugar de tomas de pecho. Tu cuerpo se acostumbrará rapidísimo a no producir a esas horas, o dejará de producir y ya. Para favorecer la lactancia materna mientras haya suplementos, primero das el pecho, y entonces el extra en la forma que mejor te vaya.

Propósitos de Año Nuevo, 2018.

El año pasado hice nada más que tres: ahorrar ha podido ser regular, más bien hemos administrado lo mejor posible lo que había sin endeudarnos a lo loco, teniendo en cuenta la mudanza a un piso vacío y las necesidades del bebé. Quería viajar y no lo hice, y «decorar la casa» se convirtió en «ir comprando muebles de IKEA a medida que se conviertan en una necesidad urgente». El bebé me ha cambiado la vida (sin arruinarla) y he perdido, bueno, en realidad poca cosa.
El bebé ya va siendo grandecito, va entrando en las rutinas de los casi-niños-pero-todavía-un-poco-bebés, y espero que pasemos un buen año juntos. Procurando no mezclar deseos y propósitos, estas son algunas cosas que quiero conseguir este año.

  1. Ahorrar. No va a ser fácil.
  2. Mantener despejado mi escritorio, donde va a parar todo lo que no sé dónde poner. Espero que eso sirva para usarlo más y mejor.
  3. Volver a recuperar la costumbre de leer, aunque sea poco.
  4. Lo mismo con el yoga.
  5. Si me compro cosas por gusto o para regalar, que sean de amigos y conocidos. Conozco a mucha gente creativa y hay que apoyar su trabajo.
  6. En el trabajo, volver a las tasas de aprobados de hace tres años.

Hay muchas más cosas que me gustaría conseguir, pero esto es suficiente para centrarme. Feliz año.
 

El sueño de los bebés, una guía para no-padres.

Disclaimer: Este post no es una guía para dormir bebés. Es lo que le diría a la Eugenia del pasado, cuando le preguntó a una amiga: «pero a ver, ¿los niños cuándo duermen?» sin entender muy bien el porqué de los chistes sobre la falta de sueño.
Hace poco estuve en una tienda de segunda mano de cosillas de bebé, y había un estante entero de libros de crianza. La mitad estaba dedicada a libros especializados en el sueño de los bebés. Y esto es de lo que más te dicen cuando estás embarazada: que el niño no te va a dejar dormir. Y piensas que qué exagerados, que en algún momento dormirán, ¿no? Bueno, sí duermen. Eso no significa que lo hagas tú.
El primer problema: los estilos personales.
Piensa en qué necesitas tú para dormir. Tu cama, tu almohada, esa postura, una determinada temperatura, la ventana abierta o cerrada, luz u oscuridad, silencio total, leer un rato… algunos podemos dormir en un medio de transporte y otros no. Pues los bebés igual, con una diferencia. Por razones que no vienen al caso, casi siempre se duermen mejor en movimiento. Pero el bebé no te puede decir que tiene frío, o calor, o que estaría más cómodo un poquito incorporado, ni nada; además, los recién nacidos tienen muy poco control de su cuerpo y no se pueden colocar espontáneamente en una postura más cómoda. Así que al principio se tarda un poco en aprender cómo le gusta adormecerse, y esos gustos cambian en el tiempo. Igual tienes una criatura que pasa hora y media llorando desesperada y de repente se queda frita porque has dado con La Postura. Añade otra complicación: dependiendo del niño y de sus gustos, pasan meses o años hasta que si se despierta o se desvela, se puede distraer mirando algo. Tú puedes leer en la cama o contar ovejitas, un niño de seis meses no. A lo mejor le gusta mirar un móvil o escuchar una canción, pero no tiene por qué.
Con algunos niños y bebés funciona dejarlos a su bola en la cuna, y solamente vigilarlos para que no trepen, calmarlos si lloran, o cambiarlos si hay algún accidente (algunos vomitan en la cuna).  En un rato se duermen. Con otros no: se echan a llorar desesperadamente, o simplemente se quedan despiertos. Entonces cada familia tiene una técnica: cogerlos en brazos, mecerlos, o lo que sea.
Otra cuestión es si los bebés, igual que tú, son de mucho o poco dormir, de sueño ligero o pesado, y más nocturnos o diurnos. Lo que la gente suele llamar «un bebé muy bueno» es uno que no sólo duerme mucho, sino además pesadamente y de noche. Ahora piensa: de los adultos que han convivido contigo, ¿cuántos conoces cuyo sueño reúna las tres características? ¿por qué iban a tener que ser los niños más predecibles y uniformes?
Otra razón importante por la que a los bebés les puede resultar difícil conciliar el sueño, esta sí distinta de los adultos, es que chupar algo puede formar parte del mecanismo de relajarse. No solo chupete; muchos bebés se quedan dormidos en mitad de una toma (de pequeñines) o con el biberón de la cena (cuando ya son grandes y hacen comidas diferenciadas). A veces se desvelan justo después y entonces ya no hay quien los duerma: pierden interés en el biberón o la teta porque ya no tienen hambre, y te has quedado sin tu mejor técnica.
Más diferencias: los bebés tienen mucha necesidad de contacto físico y algunos lo requieren para dormir. Hay quien los duerme en brazos y entonces los pasa a la cuna, y quien directamente los mete en la cama familiar. Desgraciadamente nos hemos educado con teorías según las cuales los niños que duermen así ya no van a saber (no, nunca, nunca jamás) dormirse de otra manera, y si es bueno o malo para los niños compartir cama con sus padres es una idea bastante discutida. Ahora mismo, digamos que está de moda. No es la panacea: mi bebé cree que mi cama es para jugar y si lo meto conmigo, se desvela del todo.
Por último, queda la cuestión de las interrupciones del sueño. Los recién nacidos no pueden dormir mucho rato seguido, porque les entra hambre. Tienen un estómago muy pequeño, la leche materna se digiere muy bien, y en una o dos horas piden más. Se suele decir que los niños que toman biberón duermen un poco más seguido y también son más predecibles porque la composición de la leche siempre es la misma. Este ritmo (suponte media hora despierto, dos horas dormido) va concentrando leeeeentameeeeente bloques de sueño más largos. Cada niño es diferente, pero con un poco de suerte, entre uno y dos meses duermen de noche un par de períodos largos (de tres a cinco horas) y los períodos diurnos se van volviendo más cortos y más predecibles. Cuando tienen entre seis meses y un año, aún no son capaces de dormir de un tirón. Pueden pasar muchas cosas: lloran, los calmas, se duermen. Se desvelan y ya no se duermen en un buen rato (o hasta el día siguiente!). Algo cambia, como que se les cae el chupete de la boca o cogen frío, y protestan. Tienen pesadillas y lloran, en sueños o despiertos. Tienen hambre. Tienen ganas de teta, que no es lo mismo. A esas alturas, con suerte es llevadero para quien los cuide porque se despiertan pocas veces y poco rato. Volvemos a lo que es paralelo en niños y adultos: a ti te despierta una pesadilla, el frío, el calor, la sed, el pis… mil cosas. Vas al baño y sigues durmiendo. El bebé no puede, y aunque a lo mejor se calma solo, de paso nos despertará a todos.
Resumiendo, entre los 6 meses y que los niños tienen varios años, sí que pueden dormir bastantes horas de noche, entre 9 y 12. Pero tardan en quedarse dormidos, y pueden despertarse varias veces todas las noches, necesitando un grado de atención en cada despertar muy variable. Y casi nunca vas a poder dormir tú hasta tarde. La cosa se termina de complicar cuando hay hermanos: imagina a los mayores durmiendo como acabo de describir y la llegada de un hermanito nuevo, que sigue su propio ritmo.
La última dificultad para que puedas dormir es que como a los niños hay que dedicarles mucho tiempo y atención, los adultos solo pueden dedicarse a muchas tareas cuando los niños se duermen. Lo ideal es acostarse poco después de ellos, pero si son pequeños estará casi seguro toda la casa tirada, la cena sin recoger, la ropa de mañana sin preparar… y se te van una hora o dos entre eso y poner los pies en alto en el sofá a tener un momento de tranquilidad y adultez. Para esto, la solución es que otros cuidadores (el padre es quien suele estar más a mano) hagan su parte y se repartan las tareas de forma que todo el mundo pueda dormir.
Tal vez te estás preguntando: ¿y los padres no se pueden turnar para dormir al bebé, o en los despertares nocturnos? Pues imagino que sí. En casa, yo me encargo de la cena o de la comida del día siguiente mientras el niño se duerme. Pero los despertares nocturnos y los desarreglos de la siesta son 100% cosa mía, siempre, porque tengo Sentido Especial Mamá y el más mínimo ruido del bebé me despierta. Ya me podía haber tocado un superpoder menos pringao.