He jugueteado un año con una newsletter de Substack hasta que me ha parecido que lo mejor era volver a mi blog de toda la vida. Voy a ir entremetiendo algunos posts que me gustó cómo me quedaron allá con cosas nuevas. Esto es de mediados de 2022, algo modificado.

Volví a suscribirme a Filmin después de unos meses sin renovar, y con tanto donde elegir, seleccionaba qué ver por el método de comprobar a qué películas les queda una semana; esa sensación de “corre que se acaba” me quita la indecisión. Así que vi una que tenía pendiente desde la infancia, Exploradores (1985). De Joe Dante, con Ethan Hawke y River Phoenix. Tengamos una sesión de nostalgia, por qué no.

Exploradores se promocionó en su momento como una historia infantil, muy naïf, de unos chicos que contactan con extraterrestres. Por orientarnos, es tres años posterior a E.T. Lo que no me esperaba ver eran… las instrucciones detalladas sobre cómo llevar a cabo un proyecto tecnológico y lo que ello supone en cuanto a roles de género, también.

Veamos. Ethan Hawke, soñador, guapo, tímido, creativo, culto, tiene Una Visión. Literalmente una visión: es un sueño. Entonces se va a su amigo, River Phoenix, caracterizado para que no nos parezca atractivo. Mira que era difícil afear a un niño prodigio rubito de quince años, pero bueno, con un mal corte de pelo y ropa de friki adulto, más o menos se intenta. Tiene unas costumbres rarísimas y vive con una familia rarísima también, es víctima de acoso escolar, y su amigo Ethan le pregunta que si puede hacer algo con el dibujo de su sueño. River el friki crea un programita. Entonces ambos se hacen amigos de Chicomalo. Lo primero que sabemos de Chicomalo es que ha reparado catorce veces una moto cochambrosa. Chicomalo no tiene amigos pero por algún misterio los bullies lo dejan en paz; cuando se une a Ethan y River, construye maquinitas.

Aquí fue cuando me pareció que la película me estaba restregándome demasiado fuerte la lección sobre las relaciones en una empresa que se dedique, a grandes rasgos, a lo tecnológico. De forma muy amable y sin burlarse nunca de los niños protagonistas, todos los clichés sobre informáticos estaban aquí. Y también el de que las niñas no se dedican a esto, las niñas sobran, porque esto es ante todo un juego de chicos. Las chicas pueden hacer ciencia, como la profesora que sale con diálogo pero sin nombre en la película. Lo que no pueden hacer es crear máquinas y tener pandillas en las que se construyen cosas. Por otra parte, es un juego de muchachos en el borde de la aceptación social. Pueden no ser víctimas de acoso, y tener algún amigo, pero su pandilla es pequeña y aislada, no son populares y los profesores tampoco los aprecian mucho.

Me acordé entonces de Juegos de Guerra (1983) y el conocimiento informático como herramienta para conquistar a la chica (te dejo suspirar por Ally Sheedy un momento… venga, sigamos), y de La mujer explosiva, del mismo año que Exploradores pero para un público un poco mayor.

(Para quienes no hayáis tenido la ocasión de verlas, Juegos de Guerra es una película pacifista sobre la guerra fría en la que Matthew Broderick es un hacker que modifica sus notas en la web del instituto, se ennovia con Ally Sheedy y está a punto de provocar la Tercera Guerra Mundial. La recuerdo buena pero no sé cómo habrá envejecido. La Mujer Explosiva es una especie de Frankestein machista en la que dos chicos cablean una muñeca a un ordenador y crean una mujer que solo quiere servirles).

Cómo nos puede sorprender que hayamos considerado la tecnología “cosa de chicos” tanto tiempo. Si rondas los cuarenta años, nos enseñaron que nuestras opciones eran ser admiradas de lejos, o conquistadas de cerca.